El bosque oscuro

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Tercera Parte. El bosque oscuro » Año 205, Era de la Crisis

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Cuando transmitieron esa resolución al Sistema Solar, Naciones Unidas y la Asamblea Conjunta de la Flota Solar tardaron mucho tiempo en responder. Sin posicionarse de forma abierta, se limitaron a enviar su beneplácito tácito.

Y así fue como el mundo humano quedó dividido en tres coaliciones: la antigua Coalición Tierra, la Coalición Flota de la nueva era y la Coalición Nave que viajaba por el insondable cosmos. Ese último grupo contenía algo más de cinco mil personas, pero llevaba con él todas las esperanzas de la civilización humana.

Durante la segunda reunión de la Asamblea Ciudadana, se iniciaron las discusiones sobre la estructura de liderazgo de Nave Tierra.

Al comienzo de la reunión, Zhang Beihai dijo:

—Creo que es demasiado pronto para tratar este tema. Primero debemos decidir la forma que adoptará la sociedad de Nave Tierra antes de pensar en los órganos de gobierno que vamos a necesitar.

—Es decir, primero debemos redactar un borrador de constitución —dijo Dongfang Yanxu.

—Al menos los principios básicos de una constitución.

Fue la línea seguida por la reunión. Dado que Nave Tierra era un ecosistema extremadamente frágil que viajaba por el cruel entorno espacial, la mayoría se inclinaba por establecer una sociedad disciplinada que garantizase la voluntad colectiva de sobrevivir en esas condiciones. Alguien propuso mantener el sistema militar actual, idea que recibió el apoyo mayoritario.

—Quieren decir una sociedad totalitaria —aclaró Zhang Beihai.

—Señor, debería tener un nombre aceptable. Después de todo, somos militares —dijo el capitán de Espacio azul.

—No creo que salga bien. —Zhang Beihai hizo un decisivo gesto negativo—. Seguir con vida no es suficiente para garantizar la supervivencia. La mejor forma de garantizarla es el desarrollo. Para ampliar el tamaño de nuestra flota, sería preciso que durante el viaje desarrollemos ciencia y tecnología propias. Los hechos históricos de la Edad Media y el Gran Cataclismo demuestran que un sistema totalitario es la mayor barrera para el progreso humano. Nave Tierra va a requerir nuevas ideas e innovaciones brillantes, cosa que solo se puede lograr en una sociedad que respete la libertad y el individuo.

—Señor, ¿habla de establecer una sociedad como la actual Coalición Tierra? Nave Tierra tiene varias limitaciones intrínsecas —dijo un oficial de bajo rango.

—Así es. —Dongfang asintió en dirección a la persona que había hablado—. Es posible que Nave Tierra tenga pocos ciudadanos, pero dispone de un sistema informático muy refinado. Con él es muy fácil que todos los ciudadanos discutan y voten cualquier problema. Estamos en posición de establecer la primera sociedad humana verdaderamente democrática.

—Eso tampoco saldrá bien. —Zhang Beihai volvió a negar con la cabeza—. Como ya han dicho otros ciudadanos, Nave Tierra viaja a través del cruel entorno espacial, donde en cualquier momento se puede producir una catástrofe que amenace nuestro mundo. La historia de la Tierra durante la Crisis Trisolariana ha dejado claro que, al enfrentarse a desastres de esa magnitud, sobre todo cuando nuestro mundo debe realizar sacrificios en aras de preservar el todo, ese tipo de sociedad humanitaria es especialmente frágil.

Todos los asistentes se miraron unos a otros. En sus ojos tenían la misma pregunta: «Entonces, ¿qué hacemos?».

Sonriendo, Zhang Beihai dijo:

—Mis ideas son demasiado simples. La historia humana jamás ha dado una respuesta a esta pregunta, por tanto, ¿cómo podríamos responderla en una única reunión? Tengo la impresión de que será necesario un largo proceso de práctica y exploración antes de que demos con el modelo social más adecuado para Nave Tierra. Tras la reunión se debería abrir la discusión de este aspecto… Por favor, acepten mis disculpas por haber alterado la agenda. Deberíamos continuar con el punto original.

Dongfang nunca había visto a Zhang Beihai sonreír de esa forma. Las pocas veces que lo hacía, era una sonrisa de confianza e indulgencia. Pero esta vez mostraba una timidez pesarosa que no había visto nunca antes. A pesar de que interrumpir la reunión no tenía mayor importancia, era un hombre con una mente particularmente discreta y esta era la primera vez que había expresado una opinión para luego retirarla. Se dio cuenta de que estaba distraído. No había tomado notas durante la reunión, al contrario que durante la primera. Era el único a bordo que todavía usaba papel y pluma, que se habían convertido en su sello distintivo.

Por tanto, ¿en qué estaba pensando?

La reunión pasó a tratar la cuestión de los órganos de gobierno. El sentimiento general era que todavía no se daban las condiciones adecuadas para celebrar elecciones, por lo que la cadena de mando de las naves no cambiaría por ahora. Los capitanes dirigirían sus respectivas naves y un Comité de Gobierno de Nave Tierra formado por los cinco discutirían los asuntos importantes y tomarían decisiones. A Zhang Beihai se le eligió unánimemente como presidente del comité, en su papel de comandante supremo de Nave Tierra. La resolución se presentó a la asamblea y se aprobó con el cien por cien de los votos.

Pero él rechazó el cargo.

—Señor, es su responsabilidad —dijo el capitán de Espacio profundo.

—En Nave Tierra es usted el único con el prestigio suficiente para comandar todas las naves —afirmó Dongfang Yanxu.

—Tengo la impresión de haber cumplido con todas mis obligaciones. Estoy cansado y he llegado a la edad de jubilación —respondió Zhang Beihai en voz baja.

Una vez concluida la reunión, Zhang Beihai le pidió a Dongfang Yanxu que se quedase. Una vez que salieron todos, le dijo:

—Dongfang, quiero recuperar mi puesto como capitán en funciones de Selección natural.

—¿Capitán en funciones? —lo miró sorprendida.

—Sí. Vuelva a darme permisos operativos sobre la nave.

—Sí, le puedo entregar la silla de capitán de Selección natural. Lo digo totalmente en serio. Y el Comité de Gobierno y los ciudadanos no se opondrán.

Hizo un gesto negativo acompañado de una sonrisa.

—No, usted seguirá siendo la capitana, con todos sus poderes. Por favor, confíe en mí. No daré ningún tipo de problema.

—Entonces, ¿por qué quiere los privilegios de capitán en funciones? ¿Los necesita en su situación actual?

—Simplemente me gusta la nave. Fue nuestro sueño durante dos siglos. ¿Sabe lo que he hecho para que esta nave esté hoy aquí?

Al mirarla, la dureza pétrea que antes se había manifestado en sus ojos había desaparecido. Solo quedaba el vacío del cansancio y una profunda pena que le hacía parecer otra persona. Ya no era el superviviente tranquilo y adusto que pensaba profundamente y actuaba con decisión, sino más bien un hombre que soportaba el peso del tiempo. Al mirarle, Dongfang Yanxu sintió una preocupación nueva.

—Sí, no piense en eso. Los historiadores han alcanzado una valoración objetiva de sus acciones en el siglo veintiuno: escoger la investigación en la propulsión por radiación fue un paso importante en la dirección correcta para lograr avanzar la tecnología espacial de la humanidad. Quizás, en su momento… fuese la única opción, de la misma forma que huir era la única opción para Selección natural. Además, según la ley moderna, cualquier delito prescribió hace tiempo.

—Pero no puedo liberarme de mi cruz. No lo comprendería… Siento esta nave, la siento más de lo que la siente usted. Es como si fuese una parte de mí. No puedo abandonarla. Además, en el futuro debo tener algún tipo de ocupación. Las tareas hacen que se me calme la cabeza.

Después se volvió y se fue; era una figura cansada que se alejaba flotando, convirtiéndose en un pequeño punto negro en medio de la enorme esfera blanca. Dongfang lo observó hasta que se perdió en el blanco. Una soledad como no había experimentado antes llegó desde todos los rincones de su ser.

En futuras reuniones de la Asamblea Ciudadana, la gente de Nave Tierra se embarcó con pasión en la creación de un nuevo mundo. Mantuvieron animados debates sobre la constitución y la estructura social del mundo, esbozaron distintas leyes y planearon las primeras elecciones… Se produjo un exhaustivo intercambio de puntos de vista entre oficiales y soldados de distinta graduación y entre las diversas naves. La gente aceptaba su futuro y aspiraba a convertir Nave Tierra en un núcleo que acabase siendo el germen de una futura civilización, incrementando el tamaño de la flota a medida que pasaban de un sistema estelar a otro. Un número cada vez mayor de personas empezó a referirse a Nave Tierra como «segundo Edén», un segundo punto de partida para la civilización humana.

Pero ese estado de júbilo no duró mucho, porque efectivamente Nave Tierra no era un Jardín del Edén.

El teniente coronel Lan Xi dirigía, al ser el psicólogo jefe de Selección natural, el Segundo Departamento de Servicios Civiles, una agencia de oficiales militares con conocimientos de psicología y que tenía como objetivo la salud psicológica de la nave durante los viajes espaciales largos y durante la batalla. Lan Xi y sus subordinados se pusieron en estado de alerta, como guerreros enfrentándose al ataque de un enemigo formidable, en cuanto Nave Tierra inició su viaje de no retorno. Los planes que habían estudiado en muchas ocasiones anteriores les habían preparado para todo un abanico de posibles crisis psicológicas.

Estaban de acuerdo en que el peor enemigo era el mismísimo «Problema N»: la nostalgia. Después de todo, esta era la primera ocasión en la que la humanidad se había embarcado en un viaje sin fin, por lo que el Problema N podría potencialmente provocar un desastre psicológico masivo. Lan Xi ordenó al Segundo Departamento que tomase todas las precauciones posibles, hasta el punto de establecer canales exclusivos para comunicarse con la Tierra y las tres flotas. Así, todas las personas de Nave Tierra podían mantener contacto constante con sus familiares y amigos en la Tierra y la flota, y les permitía seguir la mayoría de las noticias y otros programas de las dos coaliciones. Aunque Nave Tierra se encontraba a setenta unidades astronómicas del sol, por lo que el retraso de las señales era de nueve horas, la calidad de la comunicación era excelente.

Además de realizar intervenciones y ajustes cuando se daban señales del Problema N, los oficiales psicólogos del Segundo Departamento también tenían preparado un mecanismo de último recurso para tratar un desastre psicológico a gran escala: la cuarentena de la multitud incontrolable usando la hibernación.

Los futuros acontecimientos acabarían demostrando que tales preocupaciones eran superfluas. El Problema N se extendió por toda Nave Tierra, pero quedó bastante lejos de descontrolarse, y jamás llegó a alcanzar los niveles de otros viajes normales de larga distancia realizados anteriormente. Al principio, ese hecho dejó perplejo a Lan Xi, pero no tardó en encontrar la explicación: tras la destrucción de la flota principal de la humanidad, la Tierra había perdido toda esperanza. A pesar de que la batalla final seguía estando a dos siglos de distancia (si se aceptaban las estimaciones más optimistas), las noticias llegadas de la Tierra les transmitían que el mundo, tras haberse hundido en el caos por efecto de la gran derrota, ya se sentía como muerto. No había nada en la Tierra o el Sistema Solar que pudiese alentar a Nave Tierra. Ante un hogar así, la nostalgia alcanzaba sus límites.

Sin embargo, sí que apareció un enemigo, todavía más ominoso que el Problema N. Para cuando Lan Xi y el Segundo Departamento se dieron cuenta, ya no había nada que pudiesen hacer.

Lan Xi sabía por experiencia que en un viaje espacial largo, el Problema N solía aparecer primero en soldados y oficiales de bajo nivel, ya que sus puestos y responsabilidades exigían menos atención que en el caso de oficiales de alto nivel, y su acondicionamiento mental era relativamente peor. Así que el Segundo Departamento se concentró primero en los niveles inferiores. Por desgracia, la sombra cubrió de entrada a los niveles superiores.

Más o menos al mismo tiempo, Lan Xi se topó con un hecho curioso. Se iban a celebrar las primeras elecciones para los cuerpos de gobierno de Nave Tierra. Estarían abiertas a toda la población, por lo que la mayor parte de los mandos de alto rango se enfrentaban a la situación de dejar de ser oficiales militares y pasar a ser funcionarios de gobierno. Habría que hacer cambios en sus puestos y a muchos de ellos los sustituirían competidores de menor nivel. A Lan Xi le sorprendió descubrir que a ninguno de los mandos de mayor nivel de Selección natural les preocupaban las elecciones, a pesar de que sus resultados determinarían el resto de sus vidas. No vio que ningún oficial de alto rango intentase hacer campaña, y cuando mencionaba las elecciones, ninguno mostraba ni el más mínimo interés. No pudo evitar recordar el aire distraído de Zhang Beihai durante la segunda reunión de la Asamblea Ciudadana.

Posteriormente detectó señales de desequilibrios psicológicos entre los oficiales de graduación superior a teniente coronel. Muchos se iban volviendo cada vez más introvertidos, pasando mucho tiempo a solas con sus pensamientos y reduciendo radicalmente el contacto social. En las reuniones cada vez hablaban menos, y en ocasiones guardaban completo silencio. Lan Xi se dio cuenta de que ya nada les iluminaba los ojos y sus rostros solo transmitían pesimismo. No se atrevían a mirar a los demás a los ojos por temor a que la otra persona detectase su tristeza. En aquellas ocasiones en que las miradas se cruzaban, apartaban la vista de inmediato como si hubiesen recibido una descarga… Cuanto mayor era la graduación, más evidentes eran los síntomas. Y algunos indicios apuntaban a que se iban extendiendo por el resto de los oficiales de menor rango.

Era imposible realizar sesiones psicológicas. Todos se negaban en redondo a tener cualquier charla con los oficiales psicólogos, por lo que el Segundo Departamento se vio obligado a invocar su prerrogativa especial que le permitía imponer terapias obligatorias. Aun así, la mayoría guardó silencio.

Lan Xi decidió que tenía que hablar con la comandante suprema, Dongfang Yanxu. Aunque Zhang Beihai había poseído un estatus y un insólito prestigio en Selección natural y el resto de Nave Tierra, lo había rechazado todo. Se había retirado de cualquier competición e insistía en ser una persona normal. Solo había conservado las obligaciones de capitán en funciones: transmitía las órdenes de la capitana al sistema de control de la nave. El resto de su tiempo vagaba por Selección natural, aprendiendo todos los detalles posibles directamente de oficiales y soldados de toda graduación, y demostrando un afecto constante por el arca espacial. Por lo demás, se mostraba tranquilo e indiferente, sin sufrir en nada la enorme sombra psicológica de la nave. Sin duda, aspiraba a mostrarse distante, pero Lan Xi conocía una muy buena razón para su inmunidad: los antiguos no eran tan sensibles como los modernos, y dadas las circunstancias actuales, la insensibilidad poseía excelentes funciones de autoprotección.

—Capitana, debe darnos algún indicio de lo que está pasando —dijo.

—Teniente coronel, son ustedes los que nos deberían estar aconsejando.

—¿Quiere decir que no es consciente para nada de su estado actual?

En los ojos de la mujer asomó una tristeza infinita.

—Solo sé que somos los primeros humanos en salir al espacio.

—¿A qué se refiere?

—Esta es la primera vez que la humanidad ha salido realmente al espacio.

—Oh, ya comprendo. Antes, por muy lejos que los seres humanos viajasen por el espacio, seguía siendo una cometa enviada a los cielos por la Tierra. Había un hilo espiritual que conectaba a los viajeros con la Tierra. Ahora el hilo se ha roto.

—En efecto. Aunque el cambio esencial no es que hayan soltado el hilo, sino que la mano al otro lado ha desaparecido. La Tierra se dirige a su destrucción. Es más, en nuestras mentes ya está muerta. Nuestras cinco naves no mantienen conexión con ningún mundo. A nuestro alrededor la única presencia es el abismo del espacio.

—Así es. Nunca antes la humanidad se había enfrentado a un entorno psicológico como este.

—Sí. En un entorno así el espíritu humano sufrirá cambios muy importantes. La gente se volverá… —dejó de hablar de pronto y la tristeza de los ojos se esfumó, dejando simplemente pesimismo, como un cielo cubierto de nubes una vez ha terminado de llover.

—¿Quiere decir que en este entorno la gente se convertirá en nueva gente?

—¿Nueva gente? No, teniente coronel. La gente se convertirá en… no-gente.

Lan Xi se estremeció al oír eso último. Miró a Dongfang Yanxu y esta le devolvió la mirada. En el vacío de esos ojos solo vio que las ventanas al alma se habían cerrado completamente.

—Lo que quiero decir es que no será gente en el antiguo sentido… teniente coronel, eso es todo lo que puedo decir. Haga lo que pueda. Y… —las siguientes palabras sonaron como si hablase en sueños—. Pronto le tocará a usted.

La situación siguió empeorando. Un día después de que Lan Xi hablase con Dongfang Yanxu, se produjo un caso de violencia en Selección natural. Un teniente coronel asignado al sistema de navegación de la nave le había disparado a otro oficial con el que compartía alojamiento. Según la víctima, el oficial se había despertado de pronto en medio de la noche y al ver que la víctima también estaba despierta, le había acusado de escuchar a escondidas lo que decía en sueños. En la pelea posterior, las emociones le habían quitado todo el control y había disparado el arma.

De inmediato, Lan Xi fue a visitar al teniente coronel detenido.

—¿Qué temía que le oyese decir en sueños? —le preguntó.

—¿Entonces lo oyó? —preguntó a su vez el aterrorizado atacante.

Lan Xi negó con la cabeza.

—Dice que no oyó nada.

—¿Y qué pasa si dije algo? Lo que se dice en sueños no se puede considerar verdad. Mi mente no cree realmente nada de eso. ¡No voy a ir al infierno por algo que dije en sueños!

Al final, Lan Xi fue incapaz de lograr que le contase lo que creía haber dicho en sueños. Le preguntó si le importaría que usasen hipnoterapia. La propuesta no hizo más que enfurecer, extrañamente, al atacante, quien se lanzó contra Lan Xi e intentó estrangularlo hasta que llegó la policía militar a separarlos. Al irse, uno de los guardias que había oído la conversación le dijo:

—Teniente coronel, no vuelva a mencionar la hipnoterapia a menos que quiera que el Segundo Departamento se convierta en el grupo más odiado de la nave. No durarían mucho.

De modo que Lan Xi se puso en contacto con el coronel Scott, psicólogo en Enterprise. Scott también ocupaba el puesto de capellán de la nave, puesto que no existía en la mayoría de las naves de la Flota Asiática. Enterprise y las otras tres naves del grupo de persecución todavía se encontraban a doscientos mil kilómetros.

—¿Por qué está tan oscuro? —dijo Lan Xi al recibir la señal de vídeo de Enterprise.

Scott se encontraba en una cabina tenue que habían ajustado de forma que las paredes curvas emitían un resplandor amarillo, y mostraban una imagen de las estrellas, lo que ofrecía la impresión de encontrarse en un cosmos neblinoso. El rostro estaba oculto entre las sombras, pero aun así Lan Xi fue consciente de que los ojos de Scott escapaban rápidamente de los suyos.

—Las tinieblas se ciernen sobre el Jardín del Edén. La oscuridad se lo tragará todo —dijo Scott con voz cansada.

Lan Xi quería hablar con él porque como capellán de Enterprise era posible que durante la confesión la gente le confiase la verdad. Quizá tuviese algún consejo que darle. Pero al oír esas palabras y ver los ojos del coronel entre las sombras, Lan Xi supo que no lograría sacar nada en limpio. Reprimió la primera pregunta y le hizo otra que incluso le sorprendió a él mismo:

—¿Lo sucedido en el primer Jardín del Edén se repetirá en el segundo?

—No lo sé. Lo que sé es que las víboras campan a sus anchas. Las serpientes del segundo Edén trepan en estos mismos momentos por las almas de la gente.

—¿Quiere decir que ha consumido el fruto del conocimiento?

Scott asintió lentamente. Luego agachó la cabeza y no la volvió a levantar, como si desease ocultar los ojos que le traicionarían.

—Se podría expresar así.

—¿A quién se expulsará del Jardín del Edén? —La voz de Lan Xi se estremecía y le sudaban las palmas.

—Muchos serán expulsados. Pero al contrario que la primera vez, es posible que algunas personas permanezcan.

—¿Quiénes? ¿Quiénes se quedarán?

Scott exhaló.

—Teniente coronel Lan, ya he hablado de más. ¿Por qué no busca usted mismo el fruto del conocimiento? Todos deben dar ese paso. ¿No es así?

—¿Dónde debo buscar?

—Deje su trabajo y piense. Conecte con los sentimientos y lo encontrará.

Tras hablar con Scott, Lan Xi, sintiendo emociones contradictorias, detuvo sus trabajos y se puso a pensar, siguiendo el consejo del coronel. Más rápido de lo que había supuesto, las víboras frías y escurridizas del Edén se agitaron en su mente. Dio con el fruto del conocimiento, lo devoró y los últimos rayos de luz de su alma se apagaron, dejándole en una eterna oscuridad.

En Nave Tierra, una cuerda invisible se tensaba cada vez más, amenazando con romperse.

Dos días después, el capitán de Ley final se suicidó. Se había situado en una plataforma rodeada de una bóveda transparente que parecía estar en contacto directo con el espacio. La popa de la nave miraba al Sistema Solar, donde a esas alturas el sol no era más que una estrella amarilla algo más brillante que el resto. Las estrellas dispersas del brazo periférico de la Vía Láctea se encontraban también en esa dirección. La profundidad y extensión del espacio profundo manifestaba una arrogancia que no ofrecía ningún apoyo a mente u ojos.

—Está todo tan oscuro… —murmuró el capitán. Luego se disparó.

Cuando Dongfang Yanxu recibió la noticia del suicidio del capitán de Ley final, tuvo la premonición de que se había acabado el tiempo, por lo que convocó una reunión de emergencia con los dos oficiales de puente. La celebraron en el enorme hangar para cazas.

Mientras recorría el pasillo de camino al hangar, oyó a alguien decir su nombre. Era Zhang Beihai. Dado su estado pesimista, hacía unos días que prácticamente se había olvidado de él. Zhang Beihai la observó de arriba abajo, expresando con los ojos una preocupación paternal que a ella le resultó agradable de una forma que no creía posible, porque en Nave Tierra ya resultaba difícil encontrar un par de ojos que no estuviesen ensombrecidos.

—Dongfang, creo que no está usted bien. No entiendo la razón, pero parece ocultar algo. ¿Qué pasa?

No respondió. Se limitó a preguntar:

—Señor, ¿cómo ha estado?

—Muy bien. He estado estudiando y visitando todos los puntos de la nave. Me estoy familiarizando con el sistema de armamento de Selección natural. Por supuesto, es un estudio superficial, pero me resulta fascinante. Imagínese lo que habría sentido Colón si visitase un portaaviones. Pues igual.

Viéndole tan tranquilo y relajado, Dongfang Yanxu se sintió algo celosa. Sí, había completado su gran misión y por tanto tenía derecho a disfrutar de la tranquilidad. Aquel gran hombre capaz de hacer historia había vuelto a ser un hibernado ignorante. Ahora solo requería protección. Con esa intención, dijo:

—Señor, no haga las preguntas que acaba de plantearme. No pregunte.

—¿Por qué? ¿Por qué no debo preguntar?

—Preguntar es peligroso. Además, es algo que no necesita saber. Créame.

Zhang Beihai asintió.

—Muy bien, no preguntaré. Gracias por tratarme como a una persona normal. Era lo que he estado esperando.

Ella le lanzó un adiós apresurado, pero al avanzar oyó a su espalda la voz del fundador de Nave Tierra:

—Dongfang, independientemente de lo que suceda, deje que las cosas sigan su curso. Todo saldrá bien.

Vio a los dos oficiales en el centro de la sala esférica. Había escogido ese lugar porque su tamaño les ofrecía la sensación de estar en una extensión ilimitada. Los tres flotaban en el centro de un universo de un blanco puro, como si todo el universo, excepto por ellos, estuviese vacío. Así la conversación ganaba cierta sensación de seguridad.

Cada uno miraba en una dirección diferente.

—Debemos aclarar las cosas —dijo Dongfang Yanxu.

—Sí. Hasta un segundo de retraso es peligroso —dijo el primer oficial Levine.

Luego él y Akira Inoue se giraron para mirar a Dongfang Yanxu. El sentido era evidente: «Usted es la capitana, usted habla primero».

Pero no tenía valor.

Lo que sucediese ahora, durante el segundo amanecer de la civilización humana, podría ser la base de una nueva épica homérica o una Biblia. Judas se transformó en quien era al ser el primero en besar a Jesús, lo que le convirtió en alguien fundamentalmente diferente a la segunda persona que le besó. Ahora la situación era la misma. El primero en hablar marcaría un hito en la historia de la segunda civilización. Quizás esa persona se convirtiese en Judas, o quizás en Jesús, pero las opciones daban igual, Dongfang Yanxu no tenía el valor.

Sin embargo, debía cumplir con su misión, así que tomó una decisión inteligente. No evitó la mirada de los oficiales. Ahora ya no era necesario el lenguaje. Bastaba con los ojos para comunicarse. Mientras se observaban, sus miradas entrelazadas eran como conductos de información uniendo sus tres almas y comunicándose a gran velocidad.

Combustible.

Combustible.

Combustible.

La ruta sigue sin estar clara, pero han encontrado al menos dos nubes de polvo interestelar.

Fricción.

Por supuesto. Al atravesarlas, por efecto del arrastre del polvo, las naves reducirán su velocidad a un 0,03 por ciento de la velocidad de la luz.

Todavía nos encontramos a más de diez años luz de NH558J2. Harán falta sesenta mil años para llegar al destino.

En ese caso no llegaremos nunca.

Es posible que las naves lleguen, pero la vida a bordo no. Ni siquiera la hibernación puede persistir tanto tiempo.

A menos…

A menos que mantengamos la velocidad al atravesar las nubes de polvo o aceleremos después.

No hay suficiente combustible.

El combustible de fusión es la única fuente de energía en la nave y es necesario en otras áreas: sistemas ambientales, posibles correcciones de trayectoria…

Y para la desaceleración una vez llegados a destino. NH558J2 es mucho más pequeña que el sol. No podremos situarnos en órbita dependiendo exclusivamente de la gravedad para lograr la desaceleración. Tendremos que consumir grandes cantidades de combustible o nos pasaremos el sistema.

Todo el combustible de Nave Tierra es más o menos suficiente para dos naves.

Pero si tenemos cuidado, es suficiente para una.

Combustible.

Combustible.

Combustible.

—Y luego está la cuestión de los repuestos —dijo Dongfang Yanxu.

Repuestos.

Repuestos.

Repuestos.

Sobre todo, repuestos para los sistemas más críticos: motores de fusión, sistemas de información y control, sistemas ambientales.

Puede que no sea un problema tan apremiante como el del combustible, pero es la base de la supervivencia a largo plazo. NH558J2 no dispone de un planeta habitable para asentamientos o industria. Ni siquiera los recursos para crearlos. No es más que un lugar donde repostar antes de ir al siguiente sistema, donde podrían crearse industrias para producir repuestos.

Selección natural solo posee dos niveles de redundancia en los repuestos importantes.

Muy poco.

Muy poco.

Exceptuando los motores de fusión, la mayor parte de los repuestos clave de Nave Tierra son interoperables.

Con las modificaciones adecuadas los repuestos de motores se pueden usar.

—¿Se puede reunir a todo el personal en una o dos naves? —dijo Dongfang en voz alta, pero su voz sencillamente pretendía indicar la dirección de la comunicación ocular.

Imposible.

Imposible.

Imposible. Somos demasiados. Los sistemas de hibernación y medio ambiente no pueden hacerse cargo de todos. Si se les recarga, aunque sea un poco, las consecuencias serían fatales.

—Bien, ¿ya está claro? —La voz de Dongfang Yanxu resonó en el espacio vacío como los murmullos de alguien profundamente dormido.

Cristalino.

Cristalino.

Algunos deben morir o en caso contrario todos morirán.

Luego los ojos guardaron silencio. Sintieron el incontrolable deseo de apartarse, como si un trueno surgido de las profundidades del universo hubiese hecho que sus almas se estremeciesen de terror. Dongfang Yanxu fue la primera en estabilizar su mirada.

—Alto —dijo.

Alto.

No nos rindamos.

¿No nos rindamos?

¡No nos rindamos! Porque nadie más se ha rendido. Si nos rendimos, entonces seremos expulsados del Jardín del Edén.

¿Por qué nosotros?

Por supuesto, tampoco deberían ser ellos.

Pero es necesario expulsar a alguien. La capacidad del Jardín del Edén es limitada.

No queremos abandonar el jardín.

¡Entonces no podemos rendirnos!

Tres pares de ojos, tan a punto de distanciarse, volvieron a confluir.

Bomba de hidrógeno infrasónica.

Bomba de hidrógeno infrasónica.

Bomba de hidrógeno infrasónica.

Las hay en todas las naves.

Es difícil defenderse contra un ataque por sorpresa.

Las miradas se separaron temporalmente. Sus mentes estaban al borde del colapso. Necesitaban descanso. Cuando los tres pares de ojos volvieron a encontrarse, se manifestaban inciertos y vacilantes, como velas agitándose frente al viento.

¡Maldad!

¡Maldad!

¡Maldad!

¡Nos hemos convertido en demonios!

¡Nos hemos convertido en demonios!

¡Nos hemos convertido en demonios!

—Pero… ¿qué están pensando ellos? —preguntó Dongfang en voz baja. A oídos de los dos oficiales, aunque la voz había sido baja, permanecía interrumpida en aquel espacio blanco, como el zumbido de un mosquito.

Sí. No queremos convertirnos en demonios, pero quién sabe lo que están pensando.

Entonces ya somos demonios, o si no, ¿cómo podríamos considerarlos a ellos demonios sin que hayan hecho nada?

Muy bien, entonces no los consideraremos demonios.

—Eso no resuelve el problema —dijo Dongfang Yanxu con un elegante movimiento de cabeza.

Sí. Aunque no sean demonios, tenemos el mismo problema.

Porque no saben lo que nosotros estamos pensando.

Supongamos que saben que no somos demonios.

El problema persiste.

Ellos no saben lo que pensamos sobre ellos.

No saben lo que estamos pensando sobre lo que ellos están pensando sobre nosotros.

Lo que nos conduce a una cadena de sospecha sin fin: no saben lo que estamos pensando sobre lo que ellos están pensando sobre lo que nosotros estamos pensando sobre lo que ellos están pensando sobre lo que nosotros…

¿Cómo puede romperse tal cadena de sospecha?

¿Comunicación?

En la Tierra, quizá. Pero no en el espacio. Alguien debe morir o todos morirán. Es la mano mortal imposible de ganar que el espacio le ha repartido a Nave Tierra para su supervivencia. Es un muro imposible de escalar. Por tanto, la comunicación no tiene sentido.

Solo queda una opción. La duda es quién toma esa decisión.

Oscuro. Está tan jodidamente oscuro.

—No podemos demorarlo más —dijo Dongfang Yanxu con decisión.

No más demora. En esta oscura región del espacio los duelistas contienen el aliento. La cuerda está a punto de romperse.

El peligro crece exponencialmente con cada segundo que pasa.

Dado que el resultado es el mismo decida quien decida, ¿por qué no lo hacemos nosotros?

En ese momento Akira Inoue de pronto rompió el silencio.

—¡Hay otra opción!

Nos sacrificamos.

¿Por qué?

¿Por qué nosotros?

Nosotros tres podríamos, pero ¿tenemos la autoridad para tomar esa decisión en nombre de las dos mil personas a bordo de Selección natural?

Los tres se encontraban en el borde de una navaja. Aunque el filo cortaba con dolor, saltar a cualquiera de los lados sería caer en un abismo sin fondo. Tales eran los dolores del parto que predecía al nacimiento de los nuevos humanos espaciales.

—¿Qué tal esto? —dijo Levine—. Primero fijamos los objetivos y luego lo pensamos mejor.

Dongfang Yanxu asintió. Levine invocó el interfaz de control del sistema de armas y abrió la ventana para las bombas de hidrógeno infrasónica y los misiles portadores. En un sistema de coordenadas esférico, con Selección natural en el origen, Espacio azul, Enterprise, Espacio profundo y Ley final eran cuatro puntos de luz a doscientos mil kilómetros de distancia. La distancia ocultaba la estructura de los blancos, porque a la escala del espacio, todo era un punto.

Pero los cuatro puntos de luz estaban rodeados por cuatro halos rojos, cuatro lazos mortales que indicaban que el sistema de armamento ya tenía esos blancos asignados.

Asombrados, los tres se miraron y cada uno negó con la cabeza para indicar que no era cosa suya.

Aparte de ellos tres, el privilegio de fijar objetivos lo tenían también los oficiales de control de armamento y objetivos, pero sus decisiones debían recibir la autorización del capitán o un oficial de puente. Por tanto, solo quedaba otra persona con privilegios directos para fijar objetivos y lanzar ataques.

Somos estúpidos. ¡Es una persona que ha cambiado la historia dos veces!

¡Fue el primero en darse cuenta de que esto pasaría!

¿Quién sabe cuándo lo comprendió? Quizá durante la fundación de Nave Tierra, o incluso antes, al conocer la destrucción de la flota combinada. Es el último en mostrar preocupación. Como los padres de su época, siempre busca lo mejor para sus hijos.

Dongfang Yanxu cruzó la sala esférica todo lo rápido que pudo, seguida de los dos oficiales. Recorrieron el pasillo hasta llegar a la entrada del camarote de Zhang Beihai. Delante de él estaba suspendido un interfaz idéntico al que acababan de ver. Corrieron, pero se repitió la escena de la huida de Selección natural: chocaron contra el mamparo. No había puerta, solo una zona oval transparente.

—¿Qué hace? —gritó Levine.

—Niños —dijo Zhang Beihai, usando el término por primera vez. A pesar de que les daba la espalda les resultó fácil imaginar que sus ojos estaban tan tranquilos como el agua—. Dejad que lo haga.

—Es decir, «Si yo no voy a ir al infierno, ¿quién irá?» como Ksitigarbha, el bodhisattva —dijo Dongfang Yanxu en voz alta.

—Cuando me convertí en soldado también acepté ir adonde fuese necesario —afirmó siguiendo con el procedimiento anterior al lanzamiento de las armas. Desde fuera los tres comprobaron que si bien no era muy ágil, todos los pasos eran correctos.

Las lágrimas anegaron los ojos de Dongfang Yanxu, quien gritó:

—Vayamos juntos. Déjeme pasar. ¡Le acompañaré al infierno!

No respondió. Se limitó a seguir con la operación. Fijó los misiles guiados a autodestrucción manual, para que la nave nodriza los pudiese detonar en cualquier momento. Solo al terminar el último paso dijo:

—Piense, Dongfang: ¿podríamos haber tomado antes esta decisión? No, claro que no. Pero ahora lo podemos hacer, porque el espacio nos ha convertido en nuevos humanos. —Estableció que las bombas de los misiles estallasen a cincuenta kilómetros de los objetivos. Así evitarían provocar daños internos en estos, pero a pesar de la distancia seguirían estando dentro del límite fatal para la vida a bordo—. El nacimiento de una nueva civilización incluye la formación de una nueva moral. —Retiró el primer control de seguridad de las bombas de hidrógeno—. Cuando desde el futuro repasen todo lo que hemos hecho, les podría resultar perfectamente normal. Por tanto, niños, no iremos al infierno. —Retiró el segundo mecanismo de seguridad.

De pronto sonaron las alarmas por toda la nave, como si diez mil fantasmas aullasen en la oscuridad del espacio. Por todas partes aparecieron pantallas, mostrando enormes cantidades de información que los sistemas de defensa de Selección natural habían recibido sobre los misiles entrantes. Pero nadie tuvo tiempo de leerla.

Solo pasaron cuatro segundos desde que la alarma empezó a sonar hasta la detonación de las bombas de hidrógeno infrasónicas.

Las imágenes transmitidas a la Tierra desde Selección natural mostraron que ya en el primer segundo Zhang Beihai bien podría haber comprendido lo que estaba pasando. Él mismo había creído que el arduo proceso de dos siglos había dejado su corazón tan duro como el hierro. Pero no había prestado atención a un elemento oculto en lo más profundo de su alma, por lo que vaciló antes de tomar la decisión final. Hizo lo posible por controlar el estremecimiento de su corazón y fue esa debilidad momentánea la que le mató junto con todos los pasajeros de Selección natural. Tras el largo mes de enfrentamiento cara a cara con la oscuridad, fue unos segundos más lento que la otra nave.

Tres pequeños soles, a una distancia media de cuarenta kilómetros, se encendieron en la oscuridad del espacio, dibujando un triángulo equilátero con Selección natural en el centro. Las explosiones de fusión duraron veinte segundos y brillaron con frecuencias infrasónicas invisibles al ojo humano.

Las imágenes enviadas mostraron que, en los tres segundos restantes, Zhang Beihai se volvió hacia Dongfang Yanxu, le dedicó una sonrisa y le dijo:

—No importa. Es igual.

Las palabras exactas fueron una suposición, porque no tuvo tiempo de terminar de hablar antes de que un potente pulso electromagnético llegase desde tres direcciones, haciendo vibrar el enorme casco de Selección natural como vibran las alas de la cigarra. La energía de esas vibraciones se convirtió en ondas infrasónicas, que en las imágenes se manifestó como una niebla de sangre que lo envolvió todo.

El ataque lo había realizado Ley final, que había disparado contra las otras cuatro naves doce misiles ocultos armados con bombas de hidrógeno infrasónica. Los tres misiles disparados contra Selección natural, que se encontraba a doscientos mil kilómetros, los habían lanzado antes, de forma que todos detonasen al mismo tiempo. Tras el suicidio del capitán de Ley final, un oficial había tomado el mando, pero no se sabía quién había decidido lanzar el ataque. Y jamás se sabría.

Ley final no sería una de las afortunadas que se quedaría en el Jardín del Edén.

De las otras tres naves, Espacio azul había sido la mejor preparada en caso de que sucediese algo inesperado. Antes del ataque había hecho el vacío en su interior y todo su personal llevaba trajes espaciales. Nadie sufrió daño, porque las ondas infrasónicas eran imposibles en el vacío. La nave en sí sufrió daños mínimos por efecto del pulso electromagnético.

Justo antes de la detonación de las bombas nucleares, Espacio azul inició el contraataque empleando láseres, la respuesta más rápida posible. Iluminó Ley final con cinco láseres de rayos gamma y le abrió cinco enormes agujeros en el casco. Su interior ardió de inmediato y hubo explosiones menores, lo que hizo que la nave perdiese todo su poder de combate. Espacio azul siguió con ataques más duros, empleando continuamente misiles nucleares y cañones de riel, por lo que al final Ley final explotó violentamente sin dejar supervivientes.

Casi al mismo tiempo que la batalla de la Oscuridad de Nave Tierra, al otro lado del Sistema Solar se producía una tragedia similar. Edad de bronce lanzó un ataque sorpresa contra Cuántica, empleando las mismas bombas infrasónicas para matar la vida en el interior del objetivo, pero conservar la nave en sí. Como las dos naves solo habían enviado una información mínima de vuelta a la Tierra, nadie sabía qué había sucedido entre ellas. Las dos habían adoptado una enorme aceleración para huir del ataque de la sonda, pero no habían desacelerado como habían hecho los perseguidores de Selección natural, por lo que el combustible que les quedaba debería haber dado de sobra para regresar a la Tierra.

El interminable espacio daba en su oscuro seno nacimiento a una nueva humanidad igualmente oscura.

En medio de la nube metálica producida por la explosión de Ley final, Espacio azul se encontró con Enterprise y Espacio profundo, que no daban señales de vida, y recogió todo su combustible de fusión. Tras llevarse todo el hardware posible, Espacio azul voló doscientos mil kilómetros hasta Selección natural y repitió el proceso. Nave Tierra era ahora como un solar en construcción, los enormes cascos de las tres naves muertas marcados por los destellos de los soldadores láser. Si Zhang Beihai hubiese estado vivo, con toda seguridad la escena le habría recordado al portaaviones Dinastía Tang, dos siglos antes.

Espacio azul tomó fragmentos de las tres naves de guerra derrelictas y las dispuso en formación Stonehenge, creando así una tumba en el espacio exterior. Allí celebraron un funeral por todas las víctimas de la batalla de la Oscuridad.

Vestidos con traje espacial, los 1273 miembros de la tripulación de Espacio azul se reunieron flotando en el centro de la tumba. Ellos eran ahora los únicos ciudadanos de Nave Tierra. A su alrededor, enormes fragmentos de naves espaciales se alzaban como un anillo montañoso. Los grandes cortes en los cascos eran como enormes cavernas. Los cuerpos de las 4247 víctimas permanecían en el interior de los restos, que proyectaban sombras sobre todos los vivos como un valle montañoso a mediodía. La única luz presente era el frío helado de la Vía Láctea allí donde aparecía en el espacio entre los restos.

Se mantuvo la calma durante el funeral. La nueva humanidad espacial había superado su infancia.

Encendieron una pequeña lámpara votiva. Era una bombilla de cincuenta vatios con cien bombillas de repuesto a su lado que se cambiarían automáticamente. Alimentada por una pequeña batería nuclear, la devota lámpara permanecería siempre encendida durante diez mil años. Su débil luz era como una vela en medio del valle de montaña, proyectando un pequeño halo sobre el elevado acantilado de restos e iluminando un trozo de mamparo de titanio donde habían grabado los nombres de las víctimas. No había epitafio.

Una hora más tarde, la luz producida por la aceleración de Espacio azul iluminó por última vez la tumba espacial, que se movía a un uno por ciento de la velocidad de la luz. A lo largo de varios cientos de años acabaría desacelerando a un 0,03 por ciento de la velocidad de la luz por efecto de la fricción de las nubes de polvo interestelar. En sesenta mil años llegaría a NH558J2, pero más de cincuenta mil años antes Espacio azul ya se habría dirigido a su siguiente sistema estelar.

Espacio azul se internó en el espacio profundo cargando con suficiente combustible de fusión y ocho piezas de repuesto por cada elemento crítico. Había tanto material que resultaba imposible meterlo todo dentro de la nave, por lo que habían fijado al casco varios compartimentos externos de almacenamiento, modificando por completo el aspecto de la nave, convirtiéndola en un cuerpo enorme, irregular y feo. De hecho, daba la impresión de haberse preparado para un largo viaje.

El año anterior, al otro lado del Sistema Solar, Edad de bronce aceleró para alejarse de los restos de Cuántica. Iba en dirección a Tauro.

Espacio azul y Edad de bronce habían venido de un mundo de luz, pero se habían transformado en dos naves de la oscuridad.

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