El bosque oscuro
Tercera Parte. El bosque oscuro » Año 205, Era de la Crisis
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—Di geometría en el instituto. «Entre dos puntos solo puede pasar una línea recta». Ese tipo de cosas.
—Correcto. Bien, ahora vamos a establecer dos axiomas para las civilizaciones cósmicas. Primero, la necesidad primordial de toda civilización es su supervivencia. Segundo, aunque las civilizaciones crecen y se expanden, la cantidad total de materia del universo siempre es la misma.
—¿Y?
—Eso es todo.
—¿Qué se puede deducir de algo tan simple?
—De la misma forma que tú puedes resolver un caso a partir de una bala o una gota de sangre, la sociología cósmica puede describir una imagen completa de las civilizaciones galácticas y cósmicas a partir de esos dos axiomas. Así es la ciencia, Da Shi. Los puntos de apoyo de todas las disciplinas son muy sencillos.
—Bien, derivemos conclusiones.
—Primero, hablemos de la batalla de la Oscuridad. ¿Me creerías si te digo que Nave Tierra era un microcosmo de civilización cósmica?
—No. Nave Tierra carecía de recursos como los repuestos y el combustible, pero ese no es el caso del universo. El universo es demasiado grande.
—Te equivocas. El universo es grande, ¡pero la vida es todavía mayor! A eso se refiere el segundo axioma. La cantidad de materia del universo permanece constante, pero la vida crece exponencialmente. Las exponenciales son los demonios de las matemáticas. Si en un océano hay una bacteria microscópica que se divide cada media hora, en unos pocos días sus descendientes ocuparán todo el océano siempre que dispongan de suficientes nutrientes. Que ni la humanidad ni Trisolaris te ofrezcan una impresión equivocada. Son dos civilizaciones diminutas, pero están en su infancia. Una vez que una civilización supera cierto nivel tecnológico, la expansión de la vida por el universo se produce a un ritmo aterrador. Por ejemplo, considera la velocidad de navegación actual de la humanidad. En un millón de años la humanidad podría ocupar toda la galaxia. Y en contraste con el universo, un millón de años es un parpadeo.
—Quieres decir que, dado el suficiente espacio de tiempo, todo el universo podría tener ese tipo de… ¿cómo lo llaman? ¿«Mano con la que es imposible ganar»?
—No hace falta considerar mucho tiempo. Ahora mismo todo el universo carga con esa mano de cartas imposibles de jugar. Como dice Hines, es posible que el universo tuviese sus primeras civilizaciones hace miles de millones de años. Es posible que el universo ya esté abarrotado. ¿Cuánto espacio libre sigue habiendo en la Vía Láctea, o en el universo, y cuántos recursos quedan?
—Pero no es correcto, ¿no? El universo parece vacío. No conocemos más extraterrestres que los de Trisolaris, ¿no es así?
—De eso hablaremos ahora. Dame un cigarrillo. —Luo Ji tanteó un momento en la oscuridad antes de coger el cigarrillo de la mano de Shi Qiang. Cuando Luo Ji volvió a hablar, Shi Qiang se dio cuenta de que se había alejado tres o cuatro metros—. Hay que aumentar la distancia para que parezca más el espacio exterior —añadió. Luego giró el filtro y encendió el cigarrillo. Shi Qiang hizo lo propio. En la oscuridad, los dos diminutos planetas se encontraban en oposición—. Bien. Para ilustrar el problema, debemos establecer el modelo más elemental de civilización cósmica. Estos dos puntos de luz representan dos planetas civilizados. El universo está compuesto únicamente por estos dos planetas, y no hay nada más. Borra todo lo que te rodea. ¿Tienes esa sensación?
—Sí. Resulta fácil en un lugar tan oscuro.
—Pongamos que esos dos mundos son tu civilización y mi civilización. Están separadas por una gran distancia; por ejemplo, cien años luz. Tú puedes detectar mi existencia, pero no conoces los detalles. Sin embargo, yo no sé nada de tu presencia.
—Correcto.
—Ahora es preciso definir dos ideas: la «benevolencia» y la «malicia» entre civilizaciones. Las palabras en sí mismas no son muy rigurosas en un contexto científico, así que vamos a limitar su significado. «Benevolencia» significa no ser el primero en atacar y erradicar a otras civilizaciones. «Malicia» es lo contrario.
—Es muy fácil cumplir la condición de benevolencia.
—A continuación, valoremos tus opciones para tratar conmigo. Por favor, durante todo el proceso es preciso tener presentes los axiomas de las civilizaciones cósmicas, así como la distancia y el entorno espacial.
—Podría escoger comunicarme contigo.
—Si lo haces, debes ser consciente del precio que vas a pagar: me habrás dejado clara tu existencia.
—Correcto. En el universo eso no es poco.
—Se dan distintos grados de exposición. La forma más fuerte es cuando conozco tus coordenadas estelares precisas. Lo siguiente es cuando sé más o menos tu dirección, y la forma más débil es simplemente saber que existes. Pero incluso esa forma débil me deja la posibilidad de buscarte, ya que si tú has detectado mi existencia, yo podré también dar contigo. Es solo cuestión de tiempo desde el punto de vista del desarrollo tecnológico.
—Pero colega, todavía podría arriesgarme a hablar contigo. Si eres malicioso, pues mala suerte. Pero si eres benévolo, entonces charlaremos y con el tiempo nos uniremos para formar una civilización benévola.
—Vale, Da Shi. Ya hemos llegado a la cuestión. Ahora volvamos a los axiomas: incluso si yo soy una civilización benévola, al comienzo de nuestra comunicación, ¿yo puedo determinar si tú también eres benévolo?
—No, claro que no. Eso violaría el primer axioma.
—Por tanto, una vez recibo tu mensaje, ¿qué debo hacer?
—Pues deberías descubrir si soy benévolo o malicioso. Malicioso, me eliminas. Benévolo, podemos seguir hablando.
La llama junto a Luo Ji se elevó y se movió de un lado a otro. Estaba claro que se había puesto en pie y caminaba.
—Eso vale en la Tierra, pero no en el universo. Así que ahora introduciremos una idea importante: las cadenas de sospecha.
—Qué término más extraño.
—Al principio la formulación era lo único que tenía. No se me explicó. Pero posteriormente, pude deducir su significado a partir de las palabras.
—¿Quién no te lo explicó?
Luo Ji vaciló.
—Te lo contaré más tarde. Sigamos. Si me consideras benévolo, esa no es razón para sentirte seguro, porque según el primer axioma, una civilización benévola no puede predecir que cualquier otra civilización será benévola. No sabes si yo pienso que eres benévolo o malicioso. A continuación, incluso si sabes que yo pienso que eres benévolo, y yo también sé que tú piensas que yo soy benévolo, no sé lo que piensas sobre lo que pienso sobre lo que tú piensas sobre mí. Retorcido, ¿no? Eso es en esencia el tercer nivel, pero la lógica se extiende indefinidamente.
—Entiendo a qué te refieres.
—Es una cadena de sospecha. Algo que no se manifiesta en la Tierra. La humanidad es una única especie, comparte similitudes culturales, tiene ecosistemas conectados y las distancias son cortas, por lo que en ese entorno las cadenas de sospecha no pasan de uno o dos niveles antes de resolverse por medio de la comunicación. Pero en el espacio una cadena de sospecha puede ser muy larga. Antes de que la comunicación pueda resolverla, ya se habrá producido algo como la batalla de la Oscuridad.
Shi Qiang inhaló el cigarrillo y durante un momento su rostro contemplativo se manifestó en la oscuridad.
—Supongo que podemos aprender mucho de la batalla de la Oscuridad.
—Así es. Las cinco naves de Nave Tierra formaban una civilización semi-cósmica, no una real, porque estaba compuesta de una única especie, seres humanos, que se encontraban muy cerca. Pero incluso así jugaban con esa mano de cartas imposibles de jugar y la cadena de sospecha se manifestó. En una civilización cósmica real, las diferencias biológicas entre varios grupos pueden incluso darse al nivel biológico de reino, y las diferencias culturales ya son imposibles de imaginar. Si a eso le añades las grandes distancias, acabas con cadenas de sospecha casi indestructibles.
—¿El resultado es el mismo independientemente de que seamos civilizaciones benévolas o maliciosas?
—Eso es. Es el aspecto más importante de la cadena de sospecha. No tiene ninguna relación con la moral de la civilización en sí o con su estructura social. Basta con considerar a cada civilización como el punto final de una cadena.
Con independencia de que las civilizaciones sean benévolas o maliciosas, al penetrar en la red tejida por las cadenas de sospecha, todas son idénticas.
—Pero si eres mucho más débil que yo, no eres una amenaza. Así que siempre me podría comunicar contigo, ¿no?
—Eso tampoco funcionaría. En este punto es preciso introducir otra idea importante: la explosión tecnológica. Tampoco me lo explicaron, pero fue mucho más sencillo de entender que la cadena de sospecha. La civilización humana tiene cinco mil años de historia y la vida en la Tierra unos miles de millones de años. Pero la tecnología moderna se ha desarrollado en los últimos tres siglos. Visto desde la escala del universo, eso no es desarrollo, ¡es una explosión! El potencial de dar saltos tecnológicos es el explosivo oculto en el interior de toda civilización, y si algún factor interno o externo lo dispara, revienta. En la Tierra llevó trescientos años, pero no hay ninguna razón para creer que la humanidad es la civilización cósmica más rápida. Quizás haya otras que han pasado por explosiones tecnológicas todavía más veloces. Yo soy más débil que tú, pero en cuanto reciba tu mensaje y conozca tu existencia, queda establecida la cadena de sospecha entre nosotros. Si en cualquier momento experimento una explosión tecnológica que de pronto me ponga por delante de ti, entonces yo soy más fuerte. Desde el punto de vista de la escala del universo, unos pocos cientos de años es como chasquear los dedos. Y podría ser que saber de tu existencia y tener la información que he recibido de ti fuesen la chispa perfecta para provocar la explosión. Por tanto, a pesar de ser una civilización recién nacida, todavía supongo un gran peligro.
Shi Qiang pensó durante unos segundos mientras contemplaba la llama de Luo Ji en la oscuridad. Luego miró su propio cigarrillo.
—Así que tengo que callarme.
—¿Crees que con eso vale?
Fumaron. Las esferas de llamas ganaban en brillo y sus caras se manifestaban en la oscuridad como los dioses de ese sencillo universo, meditando profundamente.
Shi Qiang dijo:
—No, no vale. Si eres más fuerte que yo y yo he podido dar contigo, algún día tú darás conmigo. Y entonces se establecerá la cadena de sospecha. Si eres más débil que yo, en cualquier momento podrías pasar por una explosión tecnológica y volveríamos a la primera situación. Resumiendo: uno, hacerte saber de mi existencia y dos, permitir que sigas existiendo, son dos opciones igualmente peligrosas y violan el primer axioma.
—Da Shi, tu mente es diáfana.
—Mi cerebro puede seguirte hasta cierto punto, pero apenas hemos empezado.
Luo Ji guardó silencio en la oscuridad durante un buen rato. Su rostro apareció dos o tres veces bajo la débil luz de la llama antes de decir:
—Da Shi, esto no es un comienzo. Ya hemos llegado a la conclusión del razonamiento.
—¿Conclusión? ¡No hemos dado con nada! ¿Dónde está la imagen de las civilizaciones cósmicas que me prometiste?
—Si una vez que sabes de mi existencia no vale con el silencio ni con la comunicación, solo queda una opción.
Se hizo un largo silencio. Las dos llamas se apagaron. No había viento, y el oscuro silencio se volvió denso como el asfalto, convirtiendo el cielo y el desierto en un todo turbio. Al fin Shi Qiang soltó una palabra a la oscuridad.
—¡Mierda!
—Extrapola esa opción a los miles de millones de miles de millones de estrellas y cientos de millones de civilizaciones, y ahí tienes tu imagen —dijo Luo Ji, asintiendo en la oscuridad.
—Es… es una imagen oscura de verdad.
—El universo real es así de oscuro. —Luo Ji agitó la mano, palpando la oscuridad como si acariciase terciopelo—. El universo es un bosque oscuro. Cada civilización es un cazador armado que recorre el bosque como un fantasma, apartando delicadamente las ramas que le impiden el paso, intentando moverse sin emitir sonido. Incluso respira con mucho cuidado. El cazador debe ser precavido, porque el bosque está lleno de otros cazadores secretos como él. Si da con otra forma de vida, otro cazador, un ángel, o un demonio, un infante delicado o un anciano tambaleante, un hada o un semidiós, solo tiene una opción: abrir fuego y eliminarlo. En este bosque, el infierno son los otros. La amenaza eterna de que cualquier vida que revele su existencia será exterminada con rapidez. Esa es la imagen de las civilizaciones cósmicas. Es la explicación de la Paradoja de Fermi.
Shi Qiang encendió otro cigarrillo, aunque solo fuese para tener algo de luz. Luo Ji siguió:
—Pero en ese bosque oscuro hay un niño estúpido llamado humanidad, que ha encendido una hoguera y está de pie a su lado gritando: «¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!».
—¿Alguien nos ha escuchado?
—Seguro. Pero los gritos por sí mismos no bastan para dar con el niño. La humanidad todavía no ha transmitido ninguna información sobre la posición exacta de la Tierra y el Sistema Solar en el universo. Por la información que hemos enviado solo pueden conocer la distancia entre la Tierra y Trisolaris y más o menos la dirección dentro de la Vía Láctea. La posición precisa de los dos mundos sigue siendo un misterio. Al estar situados en el territorio salvaje de la periferia de la galaxia, estamos un poco más seguros.
—Entonces, ¿qué fue la maldición?
—Usé el sol para transmitir al cosmos tres imágenes. Cada una estaba compuesta por treinta puntos que representaban la proyección sobre el plano de un sistema de coordenadas de tres dimensiones con las posiciones de treinta estrellas. Al combinar las tres imágenes para obtener coordenadas tridimensionales, se formaba un espacio cúbico ocupado por esos treinta puntos. Representaban la posición relativa de 187J3X1 y las veintinueve estrellas circundantes. Había una etiqueta que señalaba a 187J3X1.
»Piénsalo con atención y lo comprenderás. Un cazador en un bosque oscuro, persiguiendo mientras respira con ansiedad, de pronto da con un trozo de corteza arrancada del árbol que tiene delante. En el trozo de madera clara se encuentra una posición en el bosque indicada con caracteres que el cazador puede comprender. ¿Qué pensará? Está claro que no imaginará que se trata de suministros para él. De todas las posibilidades, la más probable es que informe de la presencia de una presa viva en ese punto que debe ser eliminada. No importan las motivaciones para dejar esa indicación. Lo importante es que la mano de cartas imposibles ha tensado los nervios del bosque oscuro hasta el punto de la ruptura, y es el nervio más sensible el que tiene más probabilidades de moverse. Supongamos que hay un millón de cazadores en el bosque… el número real de civilizaciones en los miles de millones de miles de millones de estrellas de la Vía Láctea podría ser mil veces mayor. Es posible que novecientos mil cazadores pasen de la indicación. De los otros cien mil, quizá noventa mil sondearán esa posición y la obviarán al comprobar que no hay vida. Pero uno de los restantes diez mil tomará la decisión de disparar a esa posición, porque para las civilizaciones con cierto nivel de desarrollo tecnológico, atacar puede ser más seguro y más fácil que sondear. No se pierde nada si al final allí no había nadie.
»Ahora —concluyó Luo Ji—, ese cazador ha aparecido.
—Esa maldición ya no se puede volver a enviar, ¿no es así?
—En efecto, Da Shi. Es preciso enviar la maldición a toda la galaxia, pero han bloqueado el sol, así que ya no se puede enviar.
—¿La humanidad se retrasó un paso? —Shi Qiang tiró la colilla. La llama al caer trazó un arco en la oscuridad, iluminando momentáneamente un pequeño círculo de arena.
—No, no. Piénsalo: si no hubieran sellado el sol y yo hubiese amenazado a Trisolaris con enviar otra vez la maldición, esta vez contra ellos, ¿qué habría pasado?
—Te habrían lapidado como a Rey Díaz. Y luego habrían aprobado leyes para prohibir que otros siguiesen por ese camino.
—Así es, Da Shi. Como ya hemos revelado la distancia entre el Sistema Solar y Trisolaris, así como nuestra dirección general dentro de la Vía Láctea, revelar la posición de Trisolaris equivale a revelar la posición del Sistema Solar. Es una estrategia mortal. Quizá nos hayamos retrasado un paso, pero es un paso que la humanidad jamás estaría dispuesta a dar.
—Debiste amenazar a Trisolaris en su momento.
—La situación era muy extraña. Entonces no estaba seguro de la idea, así que precisaba confirmación. Después de todo, había tiempo de sobra. Pero la razón real es que, en lo más profundo de mi corazón, carecía de la fuerza mental suficiente. Creo que a cualquiera le hubiese pasado igual.
—Ahora que lo pienso, hoy no deberíamos haber ido a ver al alcalde. Esta situación, si el mundo llega a conocerla, es todavía más desesperada. Recuerda cómo acabaron los dos primeros vallados.
—Tienes razón. Lo mismo me ocurrirá a mí, así que espero que ninguno de los dos contemos nada. Pero tú puedes, si lo deseas. Como me dijo alguien una vez: en cualquier caso, he cumplido con mi parte.
—No te preocupes, colega, no diré nada.
Caminaron siguiendo el terraplén y llegaron a la autopista, donde la oscuridad era algo menor. Las luces lejanas de la zona residencial bastaron para cegarles.
—Hay algo más. ¿La persona que mencionaste?
Luo Ji vaciló.
—Olvídalo. Lo único que debes saber es que yo no inventé los axiomas de las civilizaciones cósmicas ni la teoría del bosque oscuro.
—Mañana iré a la ciudad para trabajar con el gobierno. Si en el futuro precisas de ayuda, llámame.
—Da Shi, tu ayuda ha sido más que suficiente. Yo también iré mañana a la ciudad, al Departamento de Inmigración de Hibernados, para ocuparme de despertar a mi familia.
Al contrario de lo que esperaba Luo Ji, el Departamento de Inmigración de Hibernados respondió que la reanimación de Zhuang Yan y Xia Xia seguía bloqueada, y el director dejó claro que sus poderes de vallado no valían de nada a ese respecto. Habló con Hines y Jonathan, que no conocían los detalles de la situación, pero que le dijeron que la Ley de los Vallados revisada contenía un artículo que decía que Naciones Unidas y la Comisión del Proyecto Vallado podría dar todos los pasos necesarios para garantizar que el vallado se concentraba en su trabajo. Es decir, después de dos siglos, Naciones Unidas volvía a aprovecharse de la situación de Luo Ji para intentar forzarle y controlarle.
Luo Ji solicitó que su asentamiento de hibernados conservase su actual estado y que no hubiese acoso del exterior. La petición se ejecutó con toda precisión. Mantuvieron a distancia a los medios de comunicación y a las masas de peregrinos, y tras restablecer la calma en Pueblo Nueva Vida #5, fue como si no hubiera pasado nada.
Dos días más tarde, Luo Ji asistió a la primera reunión del renovado Proyecto Vallado. No fue al cuartel general subterráneo de Naciones Unidas en Norteamérica, sino que participó por medio de una conexión de vídeo desde su espartana residencia en Pueblo Nueva Vida #5, donde las escenas de la asamblea aparecieron en un televisor.
—Vallado Luo Ji, nos habíamos preparado para enfrentarnos a su furia —dijo el presidente de la comisión.
—Mi corazón ha ardido para convertirse en cenizas. He perdido la habilidad de enfurecerme —respondió Luo Ji, cómodamente sentado en el sofá.
El presidente asintió.
—Es una gran actitud. Sin embargo, la comisión considera que debe abandonar su pueblo. Ese pequeño lugar no es un centro de mando digno para la defensa del Sistema Solar.
—¿Conocen Xibaipo? Es un pueblo todavía más pequeño, no muy lejos de aquí. Hace más de dos siglos, desde ahí los fundadores de nuestra nación dirigieron una de las ofensivas más grandes de la historia.
El presidente negó con la cabeza.
—Está claro que no ha cambiado usted en nada. Muy bien. La comisión respeta sus hábitos y decisiones. Debe ponerse a trabajar. No va a ser como antaño, ¿no?, afirmando que siempre estaba trabajando.
—No puedo trabajar. Las condiciones para realizar mi trabajo ya no existen. ¿Pueden hacer uso de la potencia estelar para transmitir mi hechizo al universo?
La representación de la Flota Asiática dijo:
—Sabe que eso es imposible. La supresión del sol por parte de la gota es continua. Y no parece que vaya a parar en los próximos tres años, cuando otras nueve sondas lleguen al Sistema Solar.
—Entonces no puedo hacer nada.
El presidente dijo:
—No, vallado Luo Ji. Hay algo muy importante que no ha hecho. No ha revelado a Naciones Unidas y a la Asamblea Conjunta de la Flota Solar el secreto de su maldición. ¿Cómo la empleó para destruir una estrella?
—No lo puedo revelar.
—¿Y si fuese una condición para reanimar a su esposa e hija?
—Es despreciable decir algo así en un momento como este.
—Esta reunión es secreta. Además, el Proyecto Vallado no tiene lugar en la sociedad moderna. La recuperación del Proyecto Vallado implicaba que todas las decisiones tomadas por la Comisión del Proyecto Vallado de Naciones Unidas hace dos siglos siguen siendo válidas. Y según dichas resoluciones, Zhuang Yan y su hija despertarán en la batalla del Día del Juicio Final.
—¿No acabamos de pasar por la batalla del Día del Juicio Final?
—Las dos coaliciones no lo ven así, considerando que la flota principal trisolariana todavía no ha llegado.
—Mantener el secreto de la maldición es mi responsabilidad como vallado. En caso contrario, la humanidad perdería su última esperanza, aunque es posible que esta ya haya desaparecido.
En los días posteriores a la reunión, Luo Ji no salió. Bebía mucho y pasaba casi todo el tiempo borracho. En ocasiones alguien le veía salir con las ropas sucias y la barba larga. Parecía un vagabundo.
Luo Ji volvió a asistir desde su casa a la siguiente reunión del Proyecto Vallado.
—Vallado Luo Ji, su estado nos preocupa —dijo el presidente al ver su aspecto sucio. Hizo que la cámara tomase una panorámica del salón de Luo Ji y la asamblea comprobó que estaba cubierta de botellas.
—Debería ponerse a trabajar, aunque solo sea para recuperar la salud mental —dijo la representación de la Mancomunidad Europea.
—Ya saben lo que me devolvería la normalidad.
—La reanimación de su esposa e hija no es tan importante —añadió el presidente—. No queremos usarlas para controlarle. Sabemos que no podemos forzarle. Pero es una resolución tomada por la comisión anterior, así que tratar ese asunto plantea sus dificultades. En resumen: debe haber una condición.
—Rechazo la condición.
—No, no, doctor Luo. La condición ha cambiado.
La mirada de Luo Ji se iluminó al oír las palabras del presidente.
—¿Y ahora la condición es…?
—No podría ser más sencilla. Debe hacer algo.
—Si no puedo enviar una maldición al universo, no hay nada que pueda hacer.
—Debe pensar en algo que hacer.
—¿Quiere decir que podría ser algo sin sentido?
—Siempre que el público lo considere significativo. A sus ojos, usted es el portavoz de la fuerza de la justicia cósmica o un ángel de justicia enviado por el cielo. Como poco, es posible usar esas identidades para estabilizar la situación. Pero si no hace nada, con el tiempo perderá la fe del público.
—La estabilidad lograda de esa forma es peligrosa. Causaría todo tipo de problemas.
—Pero ahora mismo lo que precisamos es estabilizar la situación global. Dentro de tres años las nueve gotas llegarán al Sistema Solar y debemos prepararnos.
—La verdad es que no quiero malgastar recursos.
—En ese caso, la comisión le asignará una tarea. Una que no malgastará recursos. Le pediré al presidente de la Asamblea Conjunta que se la explique. —El presidente hizo un gesto al presidente de la Asamblea Conjunta, que también asistía por vídeo. Estaba claro que se encontraba en algún tipo de instalación espacial, porque a través del enorme ventanal que tenía a su espalda las estrellas se movían lentamente.
Dijo:
—Nuestra estimación de la llegada de las nueve gotas al Sistema Solar se basa en las medidas tomadas cuando atravesaron, hace cuatro años, la última nube de polvo interestelar. La diferencia con la que llegó primero es que sus motores operan sin emitir luz. No emiten ningún tipo de radiación electromagnética que nos pudiera indicar su posición. Creemos que es un ajuste realizado después de que la humanidad lograse seguir la primera gota. Resulta increíblemente difícil localizar y rastrear objetos tan pequeños y oscuros, y ahora que no sabemos dónde están, no sabemos cuándo llegarán al Sistema Solar. Ni siquiera tenemos claro cómo detectarlas cuando lleguen.
—¿Y qué puedo hacer yo? —preguntó Luo Ji.
—Queremos que dirija el Proyecto Nevado.
—¿Eso qué es?
—Usar bombas estelares de hidrógeno y lámina oleosa de Neptuno para fabricar nubes de polvo espacial donde las gotas dejarán marcas al pasar.
—Debe de ser una broma. Son conscientes de que no sé nada sobre el espacio.
—Fue usted astrónomo. Lo que le cualifica todavía más para dirigir el proyecto.
—La última vez, fabricar una nube de polvo salió bien porque se conocía la trayectoria aproximada del objetivo. Pero ahora no sabemos nada. Si las gotas aceleran o cambian de dirección mientras no son visibles, ¡podrían entrar en el Sistema Solar por otro lugar muy diferente! ¿Por dónde van a extender la nube de polvo?
—En todas direcciones.
—¿Quiere decir que van a fabricar una nube de polvo para rodear todo el Sistema Solar? Si es así, entonces es usted el enviado de Dios.
—Una bola de polvo es imposible, pero podemos crear un anillo de polvo en el plano de la eclíptica, entre Júpiter y el cinturón de asteroides.
—¿Y si las gotas no entran por el plano de la eclíptica?
—Sobre eso no podemos hacer nada. Pero desde el punto de vista de la astrodinámica, si el grupo de gotas desea localizar todos los planetas del Sistema Solar, entonces la mayor probabilidad se da entrando por el plano de la eclíptica. Eso es lo que hizo la primera gota. De esa forma, la nube de polvo podrá seguir sus estelas y, una vez conocidas, el sistema de seguimiento óptico del Sistema Solar será capaz de seguirlas.
—Pero ¿qué sentido tiene?
—Al menos sabremos cuándo las gotas han entrado en el Sistema Solar. Es posible que ataquen blancos civiles en el espacio, por lo que todas las naves deberían volver, o al menos las que estén en el camino de las gotas. Y habría que evacuar a los ocupantes de las ciudades espaciales, porque esos son blancos débiles.
—Hay otra cuestión todavía más importante —dijo el presidente de la Comisión del Proyecto Vallado—. Identificar rutas seguras para las posibles retiradas de naves espaciales al espacio profundo.
—¿Retirada al espacio profundo? No estaremos hablando de Escapismo, ¿verdad?
—Si es preciso usar ese nombre…
—¿Por qué no escapar ahora?
—Las condiciones políticas actuales no lo permiten. Pero cuando las gotas se aproximen a la Tierra, es posible que la comunidad internacional autorice un vuelo a escala limitada. Claro está, no es más que una posibilidad. Pero Naciones Unidas y las flotas deben prepararse.
—Comprendo. Pero no es que el Proyecto Nevado me necesite.
—Sí le necesita. Incluso dentro de la órbita de Júpiter, crear una nube de polvo es una empresa enorme y exigirá el despliegue de casi diez mil bombas estelares de hidrógeno, más de diez millones de toneladas de lámina oleosa y la formación de una enorme flota espacial. Hacer todo eso en tres años requiere aprovecharse de su prestigio actual para organizar y coordinar los recursos de las dos coaliciones.
—Si acepto ejecutar esa misión, ¿cuándo las despertarán?
—Una vez puesto en marcha el proyecto. Ya he dicho que no será un problema.
Pero el Proyecto Nevado nunca arrancó del todo.
A las dos coaliciones no les interesaba el proyecto. Lo que el público ansiaba era una estrategia para la salvación global, no un plan que se limitase a informarles de la llegada del enemigo para poder escapar. Además, sabían que no era idea del vallado. No era más que un plan de Naciones Unidas y la Asamblea Conjunta que se aprovechaba de su autoridad. El lanzamiento completo del Proyecto Nevado paralizaría toda la economía espacial y provocaría una recesión económica generalizada en la Tierra y la flota. Además, al contrario que las predicciones de Naciones Unidas, a medida que se acercaban las gotas, el Escapismo se volvió más repugnante en la estimación del público, así que las dos coaliciones no estaban dispuestas a pagar un precio tan alto por un plan tan impopular. Por tanto, avanzó muy lentamente tanto la construcción de la flota para recoger la lámina oleosa en Neptuno, como la fabricación de las suficientes bombas estelares de hidrógeno para añadirlas a las poco más de mil del Gran Cataclismo que todavía eran útiles.
Pero Luo Ji se entregó al proyecto. Inicialmente, la única intención de Naciones Unidas y la Asamblea Conjunta había sido explotar su prestigio para movilizar los recursos requeridos, pero Luo Ji supervisó todos sus detalles, pasando noches sin dormir codo con codo con los científicos e ingenieros del comité técnico y proponiendo muchas ideas de su cosecha. Por ejemplo, insistió en que cada bomba llevase instalado un pequeño motor iónico interestelar para permitir cierto grado de movilidad en su órbita, lo que dejaría realizar ajustes precisos en la densidad de distintas regiones de la nube estelar. Lo que era más importante, las bombas de hidrógeno podrían emplearse como armas de ataque. Las llamaba «minas espaciales» y argumentaba que, a pesar de la incapacidad de las bombas estelares de hidrógeno para destruir gotas, a la larga bien podrían ser útiles contra las naves trisolarianas, porque no había pruebas de que esas naves estuvieran fabricadas con material de interacción fuerte. Calculó personalmente la órbita de cada bomba. Desde una perspectiva tecnológica moderna, puede que sus ideas rebosasen de la ignorancia y la ingenuidad del siglo XXI, pero su prestigio y posición de vallado les hizo adoptar la mayor parte de sus propuestas.
Luo Ji trataba al Proyecto Nevado como una vía de escape. Sabía que deseaba huir de la realidad, y la mejor forma de lograrlo en el presente era implicarse al máximo en ello. Pero cuanto más tiempo pasaba, más se decepcionaba el mundo con él. Todos sabían que se había unido a un proyecto en gran parte insignificante para poder ver a su mujer e hija lo antes posible. El mundo esperó por un plan de salvación que no llegó nunca. Luo Ji declaró una y otra vez a los medios que sin la opción de enviar una maldición usando el sol, no había nada que pudiera hacer.
Tras año y medio, el Proyecto Nevado se detuvo por completo.
En ese momento en Neptuno solo habían recogido 1,5 millones de toneladas de lámina oleosa. Incluso sumadas a las 600 000 toneladas recogidas para el Parasol de Niebla, la cantidad total quedaba muy lejos de la exigida por el proyecto. Al final, desplegaron en órbita a dos unidades astronómicas del sol, 3614 bombas estelares de hidrógeno envueltas en lámina oleosa. No llegaba ni a la quinta parte del número exigido. Al detonar, formarían varias nubes de polvo independientes alrededor del sol, en lugar de un cinturón de polvo continuo, con la consecuente reducción de su efectividad como sistema de alarma.
Era una época en la que la esperanza se lograba a la misma velocidad que la decepción, y tras aguardar ansiosamente durante año y medio, el público perdió la paciencia y también la fe en Luo Ji, el vallado.
En la reunión general de la Unión Astronómica Internacional, una organización que había llamado por última vez la atención mundial en 2006 cuando decidió que Plutón no era un planeta, una gran cantidad de astrónomos y astrofísicos decidieron que la explosión de 187J3X1 había sido una casualidad. Al ser astrónomo, Luo Ji bien podría haber dado con indicios de que la estrella explotaría. La teoría hacía aguas por todas partes, pero mucha gente acabó creyéndola, lo que aceleró el declive del prestigio del propio Luo. A ojos del público, su imagen cambió gradualmente de mesías a tipo vulgar, y luego a fraude. Todavía disfrutaba del estatus de vallado concedido por Naciones Unidas, y la Ley de los Vallados seguía en vigor, pero ya carecía de todo poder real.