El bosque oscuro
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Año 205, Era de la Crisis
Distancia de la flota trisolariana
al Sistema Solar: 2,10 años luz
Oscuridad. Antes de la oscuridad no había nada excepto la nada y la nada carecía de color. Nada había en la nada. Al menos la oscuridad implicaba la presencia de espacio. Pronto apreció alteraciones en la oscuridad del espacio, penetrando como una suave brisa. Era la sensación del paso del tiempo, porque en la nada no existía el tiempo, pero ahora el tiempo adoptaba la forma de un glaciar derritiéndose. Solo más tarde llegó la luz. Primero como una masa informe de simple brillo y luego, tras otra larga espera, se fue manifestando la forma general del mundo. La consciencia recién resucitada se esforzó por comprenderlo, distinguiendo primero unos pocos tubos delgados y transparentes, luego un rostro humano que desapareció con rapidez, dejando al descubierto la cremosa luz blanca del techo.
Luo Ji despertó de la hibernación.
Volvió el rostro. Un hombre de rasgos amables miró a Luo Ji:
—Bienvenido a nuestra época.
Un campo de rosas llamativas destelló en la bata blanca para luego difuminarse hasta desaparecer. Mientras hablaba, la bata mostraba una selección continua de imágenes agradables que se correspondían con sus expresiones y emociones: mares, puestas de sol y llovizna sobre bosques. Le contó a Luo Ji que le habían curado durante la hibernación y que su despertar había ido perfectamente. La recuperación llevaría unos tres días y así volvería a disfrutar de todas las funciones corporales normales…
La mente de Luo Ji, que todavía estaba espesa y no había despertado del todo, se centró en un detalle concreto de lo que le había dicho el doctor: estaba en el año 205 de la Era de la Crisis y había pasado 185 años en hibernación.
Al principio le llamó la atención el acento del médico, pero pronto descubrió que si bien el sonido del mandarín estándar no había cambiado mucho, sí que ahora venía acompañado de grandes cantidades de palabras en inglés. Mientras el médico hablaba, en el techo aparecía el texto de lo que decía, aparentemente por acción de algún sistema de reconocimiento de voz. Quizá para que el recién despertado comprendiese mejor, los caracteres chinos sustituían las palabras en inglés.
Al final el médico concluyó que Luo Ji podía pasar de la sala de revitalización al pabellón general. A modo de despedida, su bata mostró una escena de tarde con un sol poniente que pronto se transformó en un cielo nocturno. Mientras tanto, Luo Ji sintió el movimiento de la cama. Ya en la puerta, oyó al médico decir:
—Siguiente.
Girando la cabeza para mirar, vio entrar a otra cama con alguien acostado. Alguien que era evidente que acababa de salir de la cámara de hibernación. La cama se acercó rápidamente al banco de monitores y el médico, ahora con una bata toda blanca, tocó la pared con un dedo, haciendo que un tercio mostrase curvas y datos complejos que se puso a manipular con atención.
Luo Ji comprendió que lo más probable era que su despertar no tuviese mayor importancia, sino que más bien fuese parte de la rutina diaria de ese lugar. El doctor había sido amistoso, pero a sus ojos Luo Ji no era más que un hibernado del montón.
Al igual que en la sala de revitalización, no había lámparas en el pasillo. Eran las propias paredes las que emitían luz, y aunque no era intensa, Luo Ji tuvo que cerrar los ojos. Pero justo al hacerlo, las paredes de la zona donde se encontraba redujeron el brillo y ese segmento atenuado siguió el movimiento de la cama. Una vez que sus ojos se acostumbraron a la luz, volvió a abrirlos, momento en el que el pasillo volvió a estar iluminado, permaneciendo en la zona cómoda. Quedaba claro que el sistema de ajuste de brillo de las paredes podía seguir los cambios de sus pupilas.
De ese hecho dedujo que se encontraba en una época personalizada.
Y eso superaba con creces lo que había esperado.
Al pasar poco a poco junto a las paredes vio en ellas muchas pantallas activas de distintos tamaños y distribuidas aleatoriamente. Muchas mostraban imágenes en movimiento a las que no pudo prestar atención y que los usuarios anteriores debían de haber dejado sin molestarse en desactivarlas.
En algunas ocasiones la cama automática se cruzaba con gente por el pasillo. Se dio cuenta de que las suelas de los zapatos y las ruedas de la cama emitían ondas acuosas y luminosas en el punto de contacto con el suelo, como sucedía en su época al presionar una pantalla LCD con el dedo. El largo pasillo le provocaba una intensa sensación de limpieza, como si se tratase de una animación 3D, aunque sabía perfectamente que todo era real. Se dejaba llevar con una sensación de tranquilidad y comodidad como no había conocido antes.
Lo que más le impresionó de esa gente era que todos, ya fuesen doctores, enfermeras o visitantes, se veían limpios y elegantes, le sonreían con sinceridad y le saludaban con la mano. Las ropas mostraban imágenes hermosas, un estilo diferente para cada persona, algunas abstractas, otras concretas. Pero lo que le ganó de verdad fueron las miradas, porque sabía que los ojos de una persona normal son el mejor reflejo del nivel de civilización de una época o lugar. En una ocasión había visto las imágenes tomadas por fotógrafos europeos a finales de la dinastía Qing y su recuerdo más claro era la expresión apagada de aquellos ojos. Los ojos de los funcionarios y de las personas corrientes expresaban insensibilidad y estupidez. No se apreciaba ni la más mínima vitalidad. Cuando la gente de esa nueva época miraba a los ojos de Luo Ji, podría ser que pensasen lo mismo de él. Las miradas que le dirigían eran de firme sabiduría, de sinceridad, comprensión y amor, cualidades que rara vez había visto en su propio tiempo. Pero sobre todo le impresionaba la confianza demostrada en sus expresiones. Era evidente que la soleada confianza que habitaba en cada par de ojos era el fondo espiritual de las gentes de esa nueva era.
No daba la impresión de ser una era de desesperación.
Otra sorpresa inesperada.
La cama de Luo Ji entró sin hacer ruido en el pabellón general, donde había otros dos hibernados recién despertados. Uno estaba tendido en su cama. El otro, junto a la puerta, recibía la ayuda de una enfermera para recoger sus cosas y parecía estar listo para irse. Por la mirada de sus ojos, Luo Ji supo que los dos pertenecían a su época. Sus ojos eran como ventanas al tiempo, y a través de ellos recibió otra impresión de la época gris de la que había venido.
—¿Cómo pueden portarse así? ¡Soy su tatara-tatarabuelo! —se quejaba el hibernado que estaba a punto de irse.
—No puede usar su antigüedad. A efectos legales, la hibernación no cuenta como edad, en presencia de un anciano, usted pertenece a la generación más joven… Vamos. Llevan ya bastante tiempo esperando en la recepción —dijo la enfermera. Hacía lo posible por evitar las palabras inglesas, pero en ocasiones trastabillaba con las chinas, como si hablase una lengua antigua, y se veía obligada a usar la lengua moderna. En ese momento la pared mostraba la traducción al chino.
—Ni siquiera les entiendo cuando hablan. ¡Mezclan todos esos sonidos de pájaros! —dijo el hibernado mientras él y la enfermera cogían cada uno una bolsa y salían por la puerta.
—En esta época debe seguir aprendiendo. En caso contrario, tendrá que ir a vivir a lo alto —le oyó decir Luo Ji a la enfermera. Ya era capaz de seguir la lengua moderna sin dificultad, pero no tenía claro a qué se refería con esa última frase.
—Hola. ¿Hibernaste por enfermedad? —le preguntó el hibernado de la cama contigua. Era joven, de unos veintipocos años.
Luo Ji abrió la boca, pero sin producir sonido. El joven le sonrió dándole ánimos.
—Puedes hablar. ¡Prueba otra vez!
—Hola —logró decir Luo Ji con voz ronca.
El joven asintió.
—El que acaba de irse hibernó por enfermedad. Yo no. Yo lo hice para escapar de la realidad. Oh, me llamo Xiong Wen.
—Aquí… ¿cómo es? —preguntó Luo Ji ahora con mucha más facilidad.
—No lo tengo muy claro. Solo llevo cinco días. Es evidente que se trata de una buena época. Pero lo vamos a tener difícil para integrarnos en la sociedad. Sobre todo, porque hemos despertado demasiado pronto. Habría sido mejor dentro de unos años.
—¿No sería más difícil?
—No. La sociedad ahora mismo no se puede ocupar de nosotros porque sigue en estado de guerra. Pero dentro de unas décadas habrá paz y prosperidad. Después de las conversaciones de paz.
—¿Conversaciones de paz? ¿Con quién?
—Evidentemente, con Trisolaris.
Luo Ji intentó sentarse, conmocionado, tras oír la última frase de Xiong Wen. Entró una enfermera que le ayudó a incorporarse en la cama.
—¿Han dicho que quieren mantener conversaciones de paz? —preguntó con inquietud.
—Todavía no. Pero tampoco tienen muchas otras opciones —le respondió Xiong Wen, quien salió con agilidad de su cama y fue a sentarse en la de Luo Ji. Era evidente que llevaba días pensando en el placer de presentarle esa época a otro recién despertado—. ¿No lo sabes? Ahora la humanidad es impresionante. ¡Impresionante!
—¿En qué?
—Tenemos naves espaciales de una potencia increíble, mucho más poderosas que las naves de Trisolaris.
—¿Cómo es posible?
—¿Por qué no iba a serlo? Si nos concentramos en la velocidad, sin contar las superarmas, ¡cada una de ellas puede alcanzar un quince por ciento de la velocidad de la luz! ¡Son mucho más rápidas que las de Trisolaris!
Luo Ji miró a la enfermera con escepticismo y se dio cuenta de que era especialmente guapa. En esa época todos parecían ser muy atractivos. La mujer asintió con una sonrisa.
—Es cierto.
Xiong Wen no pudo parar.
—¿Y sabes cuántas naves tiene la flota espacial? ¡Dos mil! ¡El doble que Trisolaris! ¡Y el número sigue creciendo!
Luo Ji volvió a mirar a la enfermera. Otro asentimiento.
—¿Sabes que ahora la flota de Trisolaris está en un estado penoso? En dos siglos ha pasado tres veces por el polvo estelar que llaman bancos de nieve. Alguien comentó que la última vez fue hace tres años y los telescopios confirmaron que la formación es ahora más dispersa. No logran mantener la flota junta. Hace mucho tiempo que la mitad de la flota dejó de acelerar y desaceleraron considerablemente al pasar por el polvo. A estas alturas se van arrastrando y pasarán más de ochocientos años antes de que lleguen al Sistema Solar. Es posible que ahora mismo no sean más que cascos rotos. Estimando a partir de su velocidad actual, no más de trescientas naves llegarán a tiempo dentro de dos siglos. Por otra parte, pronto llegará una sonda trisolariana al Sistema Solar. Este mismo año. Las otras nueve la siguen de cerca y llegarán tres años después.
—La sonda… ¿Qué es eso? —preguntó Luo Ji, confundido.
Fue la enfermera la que habló:
—No alentamos el intercambio de información práctica. El anterior hibernado descubrió todo esto y le llevó muchos días volver a tranquilizarse. No ayuda a la mejoría.
—A mí me hace feliz, por tanto, qué más te da —dijo Xiong Wen, encogiéndose de hombros. Volvió a su cama y se acostó. Contemplaba la luz delicada que surgía del techo—. Los críos están bien. La verdad es que lo han hecho bien.
—¿Quiénes son los críos? —bufó la enfermera—. La hibernación no cuenta como edad. Ustedes son los críos.
Por lo que Luo Ji podía valorar, la enfermera parecía más joven que Xiong Wen, aunque sabía que en esa era lo de juzgar la edad en base a la apariencia probablemente no sería lo más exacto.
La enfermera le dijo:
—Los de su época cargan todos con una buena dosis de desesperación. Pero la situación está lejos de ser tan grave.
A Luo Ji le pareció la voz de un ángel. Tuvo la sensación de haberse transformado en un niño que acabara de despertar de una pesadilla y la sonrisa de un adulto se hubiera encargado de todo lo que le había dado miedo. Al hablar, el uniforme de la enfermera mostró un sol que salía del horizonte, y bajo su luz dorada, la amarillenta y seca tierra se volvía verde y todo florecía a su alrededor.
Una vez se hubo ido la enfermera, Luo Ji le preguntó a Xiong Wen:
—¿Qué hay del Proyecto Vallado?
Xiong Wen negó con la cabeza en gesto de confusión.
—¿Vallado…? No me suena de nada.
Luo Ji le preguntó a Xiong Wen cuándo había pasado a hibernación. Había sido antes del inicio del Proyecto Vallado, cuando la hibernación era muy cara; debía de venir de una familia de dinero. Pero si en los cinco días que llevaba despierto no había oído hablar del Proyecto Vallado, era que o bien se habían olvidado o bien ya no era importante.
A continuación, Luo Ji sintió el nivel tecnológico de la época en dos aspectos triviales.
Poco después de entrar en el pabellón, la enfermera le trajo su primera comida tras despertar: un poco de leche, pan y jamón. Era limitada porque las funciones del estómago seguían recuperándose. Le dio un mordisco al pan y le pareció que masticaba serrín.
—El sentido del gusto también se tiene que recuperar —dijo la enfermera.
—Una vez que lo recuperes te sabrá todavía peor —dijo Xiong Wen.
La enfermera rio.
—Por supuesto, no es tan rica como la comida de su época, la que crecía en la superficie.
—¿De dónde sale esta comida? —preguntó Luo Ji con la boca llena.
—De una fábrica.
—¿Saben sintetizar cereales?
Xiong Wen respondió por la enfermera.
—No les queda más opción que sintetizarlos. En la tierra ya no se puede hacer crecer nada.
Luo Ji sintió verdadera lástima por Xiong Wen. Había gente en su época inmune a la tecnología y que sentía indiferencia ante cualquier maravilla tecnológica. Daba la impresión de que Xiong Wen pertenecía a ese grupo. Le resultaba imposible apreciar adecuadamente esa nueva época.
El siguiente descubrimiento fue para Luo Ji una gran fuente de asombro, aunque el hecho en sí fue de lo más sencillo. La enfermera señaló la taza y le indicó que habían puesto la leche en una taza térmica pensada para hibernados, porque la gente de su época rara vez bebía líquidos calientes. Incluso tomaban el café frío. Si no le apetecía beber leche fría, podía calentarla con facilidad desplazando el control de la parte inferior de la taza hasta la temperatura que quisiera. Al terminar de beber examinó la taza con mucha atención. Parecía perfectamente normal, de vidrio, con una base gruesa y opaca que debía contener la fuente de calor. Pero por mucho que miraba, no daba con ningún otro control aparte del que había usado. Al intentar retorcer la base descubrió que estaba toda integrada con el resto.
—No juegue con los suministros. Todavía no comprende cómo funcionan. Es peligroso —dijo la enfermera al presenciar los esfuerzos de Luo.
—Me gustaría saber cómo se recarga.
—¿Re… carga? —La enfermera no supo bien cómo pronunciar la palabra. Era evidente que la escuchaba por primera vez.
—Cargar. Recargar —dijo Luo Ji en inglés.
Aun así, la enfermera negó con la cabeza, confundida.
—¿Qué sucede cuando se le acaba la batería?
—¿Batería?
—Batería —dijo en inglés—. ¿Ya no hay baterías? —La enfermera volvió a negar—. Entonces, ¿de dónde sale la electricidad para la taza?
—¿Electricidad? Hay electricidad por todas partes —respondió la enfermera con tono de desaprobación.
—¿La electricidad de la taza no se agota?
—No se agota.
—¡¿Es inagotable?!
—Inagotable. ¿Cómo podría agotarse la electricidad?
La enfermera se fue.
Luo Ji fue incapaz de olvidarse de la taza, así que obvió los comentarios de desprecio de Xiong Wen. Sus emociones le decían que sostenía un objeto sagrado, ese antiguo sueño de la humanidad: una máquina de movimiento perpetuo. Si era cierto que la humanidad había conseguido energía inagotable, entonces podía hacerlo todo. Ahora sí que creía las palabras de la guapa enfermera: era posible que las cosas no fuesen tan graves.
Cuando el doctor vino a hacerle una revisión rutinaria, Luo Ji le preguntó por el Proyecto Vallado.
—Lo conozco. Una ridiculez antigua —respondió el médico sin darle mayor importancia.
—¿Qué fue de los vallados?
—Me parece que uno se suicidó y al otro lo lapidaron… sucedió en la primera época del proyecto y ya han pasado casi dos siglos.
—¿Y los otros dos?
—Ni idea. Probablemente sigan hibernados.
—Uno era chino. ¿Le recuerda? —se aventuró a decir Luo Ji mientras miraba al médico con nerviosismo.
—¿Se refiere al que maldijo una estrella? Creo que lo mencionaron en la clase de historia premoderna —intervino la enfermera.
—Cierto. Y ahora él… —dijo Luo Ji.
—No tengo ni idea de dónde está. Creo que sigue en hibernación. No presto mucha atención a esas cosas —dijo el doctor sin darle mayor importancia.
—¿Y la estrella? ¿La estrella maldita, la que tenía un planeta? ¿Qué fue de ella? —preguntó, sintiendo tensión en el corazón.
—¿Qué cree que pasó? Lo más seguro es que siga en su sitio. ¡Vaya una broma esa maldición!
—¿Así que a la estrella no le pasó nada?
—Al menos, nada que yo sepa. ¿Usted? —dijo a la enfermera.
—Yo tampoco —respondió con un gesto de negación—. En aquella época el mundo se moría de miedo y cometieron muchas tonterías.
—¿Y luego? —añadió Luo Ji, acompañando las palabras de una exhalación.
—Se produjo el Gran Cataclismo —contestó el doctor.
—¿El Gran Cataclismo? ¿Qué es eso?
—Ya lo descubrirá. Ahora toca descansar —dijo el doctor con amabilidad—. Pero quizá sea mejor que no lo sepa. —Al girarse para salir, la bata blanca mostró nubes negras y agitadas y el uniforme de la enfermera mostró muchos pares de ojos, algunos asustados, otros rebosantes de lágrimas.
El médico se fue y Luo Ji permaneció mucho tiempo inmóvil en la cama. Murmuraba para sí.
—Una ridiculez. Una ridiculez de la antigüedad.
A continuación, se echó a reír. Primero en silencio, luego a grandes carcajadas, estremeciéndose en la cama y dando un susto a Xiong Wen, quien insistía en llamar al médico.
—Estoy bien. Vete a dormir —le dijo Luo Ji. Luego se acomodó mejor y se quedó dormido por primera vez desde su reanimación.
Soñó con Zhuang Yan y la niña. Como en la vez anterior, Zhuang Yan caminaba sobre la nieve cargando con la niña dormida en brazos.
Al despertar, la enfermera entró y le dio los buenos días. Habló en voz baja para no despertar a Xiong Wen.
—¿Ya es la mañana? ¿Por qué no hay ventanas? —preguntó Luo Ji mientras miraba a su alrededor.
—Cualquier punto de la pared se puede volver transparente. Pero a los médicos les parece que no están preparados para mirar fuera. Es demasiado diferente. Le desconcertaría y afectaría a su descanso.
—Llevo reanimado un tiempo, pero todavía no sé cómo es el mundo exterior. Eso sí que afecta a mi descanso. —Luo Ji señaló a Xiong Wen—. Yo no soy ese tipo de persona.
La enfermera rio.
—No hay problema. Estoy a punto de terminar mi turno. ¿Quiere que le lleve a ver el exterior? Al regresar puede tomar el desayuno.
Emocionado, Luo Ji siguió a la enfermera a la sala de personal. Dando un vistazo por encima, pudo deducir qué era la mitad de lo que había allí, pero no tenía ni idea sobre el resto. No había ordenadores ni nada parecido, algo comprensible considerando que podían invocar una pantalla en cualquier parte de la pared. Le llamaron la atención los tres paraguas situados al otro lado de la puerta. Los estilos eran diferentes, pero por la forma eran claramente paraguas. Lo que le sorprendía era la masa. ¿En esa época ya no había paraguas plegables?
La enfermera salió del vestuario vestida con su ropa de calle. Obviando la tela que mostraba películas, los cambios en la moda femenina encajaban bien en la imaginación de Luo Ji. En comparación con su época, el cambio más llamativo era la asimetría, tan evidente. Le gustó descubrir que, después de 185 años, la ropa de mujer le seguía pareciendo bonita. La enfermera agarró uno de los paraguas, que debía de ser muy pesado, porque tuvo que llevarlo apoyado en el hombro.
—¿Está lloviendo?
Hubo un gesto negativo.
—¿Cree que llevo un… paraguas? —dijo, pronunciando con dificultad una palabra tan extraña.
—Si no es un paraguas, ¿qué es? —Luo Ji lo señaló, suponiendo que tendría algún nombre nuevo.
Pero no.
—Es mi bicicleta —dijo.
Al llegar al pasillo, Luo Ji preguntó:
—¿Su hogar está lejos?
—Si me pregunta por mi residencia, no está lejos. A diez o veinte minutos en bicicleta. —Luego, se quedó inmóvil, le miró con esos ojos encantadores y dijo algo que le conmocionó—. Ya no hay hogares. El matrimonio, la familia, todo desapareció tras el Gran Cataclismo. Es lo primero a lo que deberá acostumbrarse.
—Eso es algo a lo que no podré acostumbrarme.
—Oh, no sé. En la clase de historia aprendí que ya en su época el matrimonio y la familia empezaban a desintegrarse. Había mucha gente que no quería ataduras. Querían vivir en libertad. —Era la segunda vez que mencionaba la clase de historia.
«Yo fui así, pero luego…», pensó Luo Ji. No había pasado ni un momento desde que había despertado que no pensase en Zhuang Yan y la niña. Eran el fondo de pantalla de su mente, siempre presente. Pero allí nadie le reconocía y, dado lo incierto de la situación, no iba a cometer la temeridad de preguntar por ellas, aunque le atormentaban las ganas de verlas.
Recorrieron el pasillo. Luego, tras dejar atrás una puerta automática, los ojos de Luo Ji se iluminaron al ver una estrecha plataforma que se extendía en la distancia y sentir el aire fresco dándole en la cara.
Tuvo la sensación de estar en el exterior.
—¡Qué cielo tan azul! —fue lo primero que gritó al mundo exterior.
—¿De verdad? Ni se compara con los cielos azules de su época.
«Claramente más azul. Mucho más». Luo Ji no lo dijo en voz alta. Se limitó a deleitarse con ese infinito abrazo azul y dejó que su alma se fundiese con él. A continuación, tuvo una duda: ¿estaba en el cielo? Por lo que recordaba, solo en una ocasión había visto un cielo de un azul tan puro durante los cinco años que pasó aislado del mundo, refugiado en el Jardín del Edén. Pero en ese cielo azul había menos nubes blancas, apenas unos rizos en la parte oeste del cielo, como si alguien intencionadamente hubiese dejado una mancha. El sol que acababa de salir por el este relucía como el cristal en el aire totalmente transparente, con su borde bordeado de rocío.
Luo Ji bajó la vista y se mareó al instante. Desde lo alto, le llevó un momento darse cuenta de que lo que veía era la ciudad. Al principio tuvo la impresión de mirar a un bosque gigantesco, los esbeltos troncos elevándose al cielo, cada uno con sus ramas perpendiculares de distintas longitudes. Los edificios de la ciudad eran las hojas que colgaban de esas ramas. La disposición de la ciudad parecía aleatoria y los distintos árboles tenían densidades diferentes de hojas. El Centro de Hibernación y Reanimación formaba parte de uno de esos grandes árboles y la hoja que contenía su cama colgaba de la estrecha plataforma que tenía delante.
Miró atrás. El tronco al que conectaba esa rama se extendía tan a lo alto que desaparecía de la vista. La rama en la que se encontraba estaba situada en medio de la sección superior del árbol. Por encima y por debajo se veían otras ramas y sus hojas. Al prestar más atención, comprendió que las ramas formaban una compleja red de puentes en el espacio, que tenían un extremo flotando en el aire.
—¿Dónde estamos? —preguntó Luo Ji.
—En Pekín.
Miró a la enfermera. Ahora, bajo el sol matutino, estaba todavía más guapa. Volviendo a mirar al lugar que ella había llamado Pekín, dijo:
—¿Dónde está el centro de la ciudad?
—En esa dirección. Estamos en el exterior del Cuarto Anillo Oeste, en el Árbol 179, Rama 23, Hoja 18, así que se puede ver casi toda la ciudad.
Luo Ji miró a la distancia que ella le indicaba y exclamó:
—¡Imposible! ¿Cómo es que no queda nada?
—¿Qué debería quedar? ¡Aquí no había nada en su época!
—¿Nada? ¿El palacio Imperial? ¿El parque Jingshan? ¿Tiananmen? ¿La torre mundial? No han pasado doscientos años. No puede ser que lo hayan derribado todo.
—Todo eso sigue donde estaba.
—¿Dónde?
—En la superficie.
Al ver la cara de terror de Luo Ji, se echó a reír con tanta fuerza que tuvo que agarrarse a la barandilla.
—Ah, ja, ja. Me olvidé. Lo siento de veras. Lo he olvidado tantas veces. Mire, ahora estamos bajo la superficie. A dos mil metros por debajo. Si alguna vez viajo en el tiempo hasta su época, me la puede devolver olvidándose de contarme que la ciudad está en la superficie. Me aterrará tanto como a usted. Ja, ja, ja.
—Pero… todo esto… —Levantó las manos.
—El cielo y el sol son falsos —dijo la mujer, intentando contener la sonrisa—. Por otra parte, no es muy exacto decir que son falsos, porque se trata de una imagen tomada a una altitud de diez mil metros y mostrada aquí abajo. Es posible que cuente como real.
—¿Por qué construir una ciudad subterránea? Y dos mil metros… es muy profundo.
—Por la guerra, por supuesto. Piénselo un momento. Cuando llegue la batalla del Día del Juicio Final, ¿la superficie no será un océano de fuego? Sí, ahora esa batalla es otra idea desfasada, pero tras el Gran Cataclismo, todas las ciudades del mundo pasaron al subsuelo.
—¿Así que ahora todas las ciudades son subterráneas?
—La mayoría.
Luo Ji miró de nuevo al mundo. Ahora comprendió que los grandes árboles eran a la vez las columnas que sostenían la bóveda del mundo subterráneo y también el apoyo para los edificios de la ciudad.
—No sentirá claustrofobia. ¡Mire ese cielo! En la superficie el cielo no es ni de lejos tan esplendoroso.
Luo Ji observó el cielo azul, o mejor dicho, a su proyección. Percibió entonces unos pequeños objetos, al principio simples fragmentos dispersos, pero una vez que se acostumbró a verlos se dio cuenta de que cubrían todo el cielo. Curiosamente, esos objetos celestes le recordaron algo que no tenía nada que ver: el expositor de una joyería. Antes de convertirse en vallado, al enamorarse de la Zhuang Yan de su imaginación, había pasado un tiempo obsesionado con qué comprarle a su ángel imaginario. Fue a la joyería y miró todos los colgantes de platino que exhibían. Cada uno de ellos era magnífico, tendido sobre el terciopelo negro y reluciendo bajo las luces. Si el terciopelo en lugar de ser negro hubiese sido azul, el cielo que veía habría sido idéntico.
—¿Eso es la flota espacial? —preguntó, emocionado.
—No. La flota se encuentra más allá del cinturón de asteroides, no es visible desde aquí. Eso es… bien, lo es todo. Los que tienen forma visible son ciudades espaciales y los puntos de luz son naves espaciales civiles. Pero en ocasiones también hay naves de guerra en órbita. Sus motores emiten mucho brillo, así que no las puedes mirar fijamente… Bien, tengo que irme. Usted debería regresar ya. Aquí suele hacer mucho viento.
Luo Ji se volvió para decir adiós, pero su sorpresa fue tan mayúscula que no pudo hablar. La mujer llevaba la bicicleta, lo que antes había tomado por un paraguas, colocada a la espalda como si fuese una mochila. Luego se elevó y se abrió por la parte superior para formar dos rotores coaxiales que se pusieron silenciosamente en marcha, girando en sentido contrario para compensar el momento angular. A continuación, se elevó poco a poco en el aire y saltó por encima de la barandilla para pasar al abismo que tanto le había deslumbrado.
Allí suspendida, le dijo:
—Comprobará que esta es una época bastante aceptable. Considere que su pasado fue un sueño. ¡Nos vemos mañana!
Las dos pequeñas hélices dispersaban la luz del sol mientras se alejaba y acabó convertida en una diminuta libélula entre dos gigantescos árboles lejanos. Por entre los árboles de la ciudad volaban enjambres de esas libélulas. Era todavía más llamativo: unas corrientes de coches voladores como si fuesen bancos de peces moviéndose sin parar por entre las algas del fondo marino. El sol matutino alumbró la ciudad. Los árboles cortaban la luz en rayos que iluminaban el tráfico de un color dorado.
Luo Ji lloró al contemplar ese glorioso mundo. La sensación de una vida totalmente nueva penetró hasta en la última de sus células.
En efecto, el pasado era un sueño.
Cuando vio al europeo en recepción, a Luo Ji le pareció que tenía un aire diferente. Más tarde comprendió que se debía a que su traje formal no emitía destellos ni mostraba imágenes, sino que se parecía a la ropa de una era pasada. Quizás intentase dar solemnidad.
El visitante se presentó después de que Luo Ji le diese la mano.
—Soy el comisionado especial Ben Jonathan de la Asamblea Conjunta de la Flota Solar. Activé su reanimación a petición de la Asamblea y ahora asistiremos a la última reunión del Proyecto Vallado. Oh, ¿me comprende? El inglés ha cambiado mucho.
Luo Ji entendía lo que le decía. Pero al oírle hablar desapareció la sensación que había tenido los últimos días de invasión de la cultura occidental debido a los cambios del chino moderno; el inglés de Jonathan estaba salpicado de vocabulario chino. Por ejemplo, dijo «Proyecto Vallado» en chino. El inglés, que había sido la lengua más usada del mundo, y el chino, hablado por la mayor población, se habían combinado para formar la lengua más potente del planeta. Más tarde Luo Ji descubriría que el mismo proceso lo sufrían los otros idiomas.
«El pasado no es un sueño —pensó Luo Ji—. El pasado acaba alcanzándote». Pero recordó que Jonathan había dicho «última» y se preguntó si podría sentir la esperanza de una resolución rápida.
Jonathan miró atrás, como si quisiera asegurarse de que la puerta se hubiese cerrado, y luego se acercó a la pared y activó un interfaz. Tocó un par de veces la superficie, y las cuatro paredes y el techo se desvanecieron para convertirse en una pantalla holográfica.
Ahora Luo Ji se encontraba en un auditorio. Aunque se habían producido grandes cambios, y las paredes y mesas relucían un poco, estaba claro que sus diseñadores habían intentado imitar el estilo de una era pasada. Todos los detalles, desde la enorme mesa circular y el estrado hasta la disposición general, exudaban nostalgia y le permitían comprender dónde se encontraba. Estaba totalmente vacío, excepto por dos ayudantes que colocaban documentos sobre las mesas. Luo Ji se asombró al comprobar que todavía se usaba papel. Era un caso parecido al de las ropas de Jonathan: una señal de solemnidad.
—Ahora son habituales las reuniones remotas. Esta forma de participación no tiene ningún impacto sobre su seriedad o importancia —dijo Jonathan—. Nos queda algo de tiempo antes de empezar y da la impresión de no saber mucho sobre el mundo exterior. ¿Quiere que repasemos lo básico?
Luo Ji asintió.
—Por supuesto. Gracias.
Jonathan indicó el auditorio y dijo:
—Seré breve. Primero, hablemos de los países. Europa es un único país, llamada la Mancomunidad Europa, que incluye todo el este y el oeste de Europa, excepto Rusia. Rusia y Bielorrusia se unificaron para formar un país que todavía se llama Federación Rusa. Canadá se dividió en dos países, uno de habla francesa y otro de habla inglesa. Eso son los cambios importantes. Ha habido otros en otras regiones.
Luo Ji quedó conmocionado.
—¿Son los únicos cambios? Han pasado casi dos siglos. Daba por supuesto que los cambios serían tales que el mundo resultaría irreconocible.
Jonathan volvió a mirar a Luo Ji y asintió, solemne.
—Irreconocible, doctor Luo. Así es, el mundo es irreconocible.
—No, esos cambios ya se manifestaban de forma incipiente en mi época.
—Pero hay aspectos que no anticiparon. Ya no queda ninguna gran potencia. El poder político de todos los países se ha reducido.
—¿De todos los países? Entonces, ¿quién ha ascendido?
—Una entidad supranacional: la flota espacial.
Luo Ji reflexionó un momento antes de comprender a qué se refería Jonathan.
—¿Quiere decir que la flota espacial es independiente?
—Sí. Las flotas no pertenecen a ningún país. Forman entidades políticas y económicas independientes que, al igual que los países, son miembros de Naciones Unidas. Ahora mismo hay tres flotas importantes en el Sistema Solar: la Flota Asiática, la Flota Europea y la Flota Norteamericana. Los nombres simplemente indican las principales regiones de origen, ya que las flotas en sí ya no están subordinadas a esas regiones. Son absolutamente independientes. Cada una posee la capacidad política y económica de una superpotencia de su época.
—Dios mío… —exclamó Luo Ji.
—Sin embargo, no debe hacerse una idea equivocada. El gobierno de la Tierra no es militar. La zona territorial y de soberanía de las flotas espaciales es el espacio, y muy rara vez interfieren con los asuntos internos de la sociedad terrestre. Eso viene detallado en el acta de Naciones Unidas. Por tanto, en estos momentos el mundo humano se divide en dos esferas internacionales: la tradicional de Coalición Tierra y la nueva de Coalición Flota. La Coalición Flota (las flotas asiáticas, europeas y norteamericana) compone la Flota Solar. El antiguo Consejo de Defensa Planetaria se transformó en la Asamblea Conjunta de la Flota Solar, que es nominalmente la mayor autoridad de la Flota Solar. Sin embargo, al igual que sucede con Naciones Unidas, no posee poder real y su función es principalmente de coordinación. De hecho, Flota Solar no es más que un nombre. El verdadero poder de las fuerzas armadas humanas en el espacio recae en los comandantes supremos de las tres flotas.
»Bien, ya sabe lo suficiente para participar en la reunión de hoy. La convoca la Asamblea que es la heredera del Proyecto Vallado.
En el holograma se abrió una ventana que mostró la imagen de Bill Hines y Keiko Yamasuki. Estaban igual que siempre. Hines le dedicó una sonrisa a Luo Ji, pero Yamasuki permaneció sentada a su lado, impasible, ofreciendo la mínima inclinación de cabeza para aceptar el saludo de Luo Ji.
Hines habló:
—Acabo de despertar, doctor Luo. Lamenté mucho saber que el planeta que maldijo sigue orbitando alrededor de esa estrella a cincuenta años luz de la Tierra.
—Ja, ja. Un chiste antiguo —dijo Luo Ji, burlándose de sí mismo mientras agitaba una mano.
—Pero en comparación con Tyler y Rey Díaz, ha tenido usted mucha suerte.
—Parece que usted es el único vallado con éxito. Es posible que su estrategia elevase la inteligencia humana.
Hines imitó la misma sonrisa de burla hacia sí mismo que había mostrado Luo Ji segundos antes. Hizo un gesto negativo con la cabeza.
—No, la verdad es que no. Hemos sabido que tras pasar a hibernación, la investigación sobre la mente humana se topó con un obstáculo insuperable. Para avanzar hubiese sido preciso estudiar los mecanismos cuánticos de la mente humana, pero eso, como sucede en todas las ciencias, significaba estrellarse contra la barrera sofón. No incrementamos la inteligencia humana. Como mucho logramos aumentar la confianza de algunas personas.
Luo Ji no comprendió ese último detalle, porque el precinto mental no existía cuando entró en hibernación. Pero sí percibió que cuando Hines lo había dicho, una sonrisa misteriosa apareció brevemente en el rostro por lo demás hierático de Keiko Yamasuki.
La ventana desapareció y Luo Ji se dio cuenta de que el auditorio ahora estaba repleto de personas. La mayoría vestía con uniformes militares que no habían cambiado demasiado. Nadie llevaba ropa que mostrase imágenes, pero galones y charreteras sí que relucían.
La Asamblea todavía empleaba una presidencia por turnos, que ahora mismo ocupaba un civil. A Luo Ji le recordó a Garanin. Pensó que él no era más que un hombre de la antigüedad, de doscientos años en el pasado, pero afortunado en comparación con aquellos aniquilados por el río del tiempo.
El presidente tomó la palabra en cuanto empezó la reunión.
—Representantes, durante esta reunión votaremos finalmente la proposición 649, presentada por la Flota Norteamericana y la Flota Europea durante la cuarenta y siete Asamblea Conjunta de este año. Empezaré leyendo el texto de la proposición.
»En el segundo año de la Crisis Trisolariana, el Consejo de Defensa Planetaria de Naciones Unidas estableció el Proyecto Vallado. Los miembros permanentes de Naciones Unidas lo aprobaron por unanimidad y se activó al año siguiente. En esencia, el Proyecto Vallado aspiraba a desarrollar estrategias ocultas para resistirse a la invasión trisolariana. Lo haría asignando a cuatro vallados, propuestos por los miembros permanentes, la formulación y ejecución de planes estratégicos en sus mentes, lejos de la vigilancia continua de los sofones. Naciones Unidas aprobó la Ley de los Vallados para garantizar los privilegios de los mismos durante la creación y ejecución de sus planes.
»El Proyecto Vallado lleva activo doscientos cinco años, un período que incluye una pausa de más de un siglo. Durante ese tiempo, el liderazgo del proyecto pasó del antiguo Consejo de Defensa Planetaria a la actual Asamblea.
»Los orígenes del Proyecto Vallado se encuentran en una situación histórica singular. La Crisis Trisolariana acababa de empezar y, enfrentados a un peligro como no había habido otro en la historia humana, la comunidad internacional sufrió unos niveles de desesperación y miedo desconocidos hasta entonces. En ese clima se gestó el Proyecto Vallado. No se trató de una decisión racional sino de una reacción desesperada.
»Los hechos históricos demuestran que, como plan estratégico, el Proyecto Vallado ha resultado ser un fracaso sin paliativos. Sin exagerar, podemos afirmar que se trató de la acción más ingenua y estúpida tomada jamás por la sociedad humana en su conjunto. A los vallados se les concedieron poderes sin precedentes y sin ningún tipo de control legal, e incluso disponían de la libertad de engañar a la comunidad internacional. Esa situación violentaba las normas morales y legales de la sociedad humana.
»La ejecución del Proyecto Vallado implicó malgastar enormes cantidades de recursos sin razón de ningún tipo. La Miríada de Mosquitos del vallado Frederick Tyler resultó no tener ninguna importancia estratégica. La reacción en cadena en Mercurio del vallado Manuel Rey Díaz era imposible incluso disponiendo de los recursos tecnológicos de la actualidad. Es más, ambos planes eran criminales. La idea de Tyler consistía en atacar y eliminar la flota terrestre. El objetivo de Rey Díaz era todavía más siniestro: usar de rehén a toda la vida del planeta.
»Los otros dos vallados fueron decepciones similares. El vallado Hines todavía no ha revelado la verdadera intención estratégica de su plan de mejora mental, pero el uso en las fuerzas armadas de uno de sus resultados preliminares, el precinto mental, es también un crimen. Se trata de una violación muy grave de la libertad de pensamiento, el fundamento último de la supervivencia y el progreso de la civilización humana. En cuanto al vallado Luo Ji, fue primero un irresponsable malgastando dinero público para mantener un tren de vida hedonista, y luego decidió congraciarse con la multitud jugando a un misticismo ridículo.
»Entendemos que ahora el Proyecto Vallado carece de sentido teniendo en cuenta el gran crecimiento de la potencia humana y su control de la iniciativa bélica. Ha llegado el momento de resolver el problema que la historia nos ha legado. Proponemos que la Asamblea dé inmediatamente por concluido el Proyecto Vallado y también que se derogue la Ley de los Vallados de Naciones Unidas.
»Así concluye la proposición.
Lentamente el presidente bajó el documento y tras mirar al auditorio, añadió:
—Comenzamos la votación de la proposición 649 de la Asamblea Conjunta de la Flota Solar. ¿Votos a favor?
Todos los representantes levantaron la mano.
En esa época las votaciones todavía se realizaban empleando los métodos primitivos. El personal recorría el auditorio registrando con solemnidad el número de votos. Tras informar a la presidencia del resultado, dijo:
—La proposición 649 queda aprobada por unanimidad con efectos inmediatos.
El presidente levantó la cabeza. Luo Ji no sabía si le miraba a él o a Hines, porque al igual que en la primera reunión remota a la que había asistido 185 años antes, seguía sin saber dónde se mostraban en el auditorio su imagen y la de Hines.
—Ahora que el Proyecto Vallado ha concluido, la Ley de los Vallados queda derogada con él. En nombre de la Asamblea, comunico a los vallados Bill Hines y Luo Ji que su estatus como vallado ha sido revocado. Todos los derechos asociados conferidos por la Ley de los Vallados, así como la correspondiente inmunidad legal, ya no tienen efecto. Han recuperado sus identidades como ciudadanos corrientes de sus respectivos países.
El presidente declaró el fin de la sesión. Jonathan se puso en pie y desactivó la imagen holográfica, haciendo desaparecer la pesadilla de dos siglos de Luo Ji.
—Doctor Luo, por lo que entiendo, este es el fin que deseaba —le dijo Jonathan, acompañando las palabras de una sonrisa.
—Sí. Es justo lo que deseaba. Gracias, señor comisionado. Y gracias a la Asamblea por devolverme mi condición de ciudadano corriente —dijo Luo Ji desde el fondo de su corazón.
—La reunión fue sencilla, no más que el voto de una proposición. Se me ha autorizado para hablar con usted en más detalles de otras cuestiones. Puede empezar con su principal preocupación.
—¿Qué hay de mi mujer y de mi hija? —preguntó Luo Ji, incapaz de contener la pregunta que le atormentaba desde que le habían reanimado. Era lo único que le había querido decir incluso antes del comienzo de la reunión.
—No debe preocuparse, las dos están bien. Siguen en hibernación. Le entregaré los informes y podrá solicitar su reanimación en cualquier momento.
—Gracias, gracias. —A Luo Ji se le humedecieron los ojos, sintiendo de nuevo que llegaba al cielo.
—Debo, sin embargo, darle un consejo —añadió Jonathan, acercándose a Luo Ji en el sofá—. Para un hibernado no es fácil acostumbrarse a vivir en esta época. Le aconsejo que primero estabilice su propia situación antes de despertarlas. Los fondos de Naciones Unidas son suficientes para mantenerlas en hibernación durante otros doscientos treinta años.
—¿Y cómo se supone que debo vivir?
El comisionado rio al oír la pregunta.
—Tampoco debe preocuparse de eso. Es posible que no esté acostumbrado a esta época, pero la vida no será un problema. En nuestro tiempo la asistencia social es excelente y una persona puede disfrutar de una vida cómoda incluso sin realizar ningún trabajo. La universidad para la que trabajaba sigue aquí, en esta ciudad. Han dicho que valorarán su ocupación y se pondrán en contacto con usted.
De pronto a Luo Ji se le ocurrió una idea que casi le hizo estremecerse.
—¿Qué hay de mi seguridad? ¡La Organización Terrícola-trisolariana quiere matarme!
—¿La Organización Terrícola-trisolariana? —Jonathan no pudo evitar echarse a reír—. La Organización fue eliminada por completo hace un siglo. En este mundo no hay fundamento social para su existencia. Evidentemente, todavía hay gente con esas tendencias ideológicas, pero no pueden organizarse. Su seguridad es total.
Una vez que estaba a punto de irse, Jonathan abandonó la pose oficial y su traje mostró una imagen muy exagerada del cielo. Sonrió y le dijo:
—Doctor, de todas las figuras históricas con las que he tratado, usted es la que tiene el mejor sentido del humor. Una maldición. Una maldición contra una estrella. Ja, ja, ja…
Luo Ji se quedó a solas en la recepción. Reflexionaba sobre la realidad que se abría ante él. Tras dos siglos ejerciendo de mesías, ahora volvía a ser una persona normal y le esperaba una vida nueva.
—Eres un tipo corriente, colega. —Una potente voz ronca rompió los pensamientos de Luo Ji. Al levantar la mirada descubrió a Shi Qiang en la puerta—. Eh, se lo he oído decir al tipo que se acaba de ir.