El bosque oscuro

El bosque oscuro


Tercera Parte. El bosque oscuro » Año 205, Era de la Crisis

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En ese momento el líquido de aceleración abisal apareció en el espacio esférico de Zhang Beihai, acumulándose en el entorno ingrávido. Los globos líquidos, cada uno reflejando una imagen distorsionada del interfaz y el mapa estelar, se fueron combinando para formar esferas mayores. Los dos oficiales miraron a Dongfang Yanxu.

—Obedezcamos. Toda la nave pasará al estado abisal —dijo la capitana.

Los dos oficiales la miraron fijamente. Eran bien conscientes de lo que sucedería si pasaban a impulso cuatro fuera del estado protector abisal: el cuerpo quedaría aplastado contra el mamparo por una fuerza 120 veces superior a la de la gravedad terrestre. Bajo el peso inmenso, lo primero en reventar sería la sangre, extendiéndose para formar una capa delgada de enormes y radiales manchas de sangre. A continuación, saldrían los órganos, formando otra delgada capa que junto con el cuerpo acabaría formando una desagradable pintura daliniana.

Mientras iban a sus camarotes daban órdenes para que todos pasaran al estado abisal.

—Es usted una capitana bien cualificada. —Zhang Beihai asintió con un gesto en dirección a Dongfang—. Demuestra madurez.

—¿Adónde vamos?

—Vayamos a donde vayamos, será una opción más responsable que permanecer aquí.

A continuación, quedó sumergido en el fluido abisal de aceleración y Dongfang Yanxu apenas pudo distinguir un cuerpo impreciso por entre el líquido que ahora llenaba la esfera.

Mientras flotaba en el líquido traslúcido, Zhang Beihai recordó su experiencia de submarinismo en la marina, dos siglos antes. Nunca se le había ocurrido que a apenas unas docenas de metros de profundidad el océano pudiese estar tan oscuro, pero el mundo subacuático le provocó la misma sensación que más tarde volvería a experimentar en el espacio. El océano era un espacio en miniatura sobre la Tierra.

Probó a respirar, pero los reflejos le obligaron a expectorar con fuerza líquido y gas residual, y el cuerpo se desplazó por el retroceso. Pero no sentía que se ahogase, que era lo que había esperado, y mientras el frío líquido le llenaba los pulmones, el oxígeno que portaba llegaba a la sangre. Podía respirar libremente, como un pez.

En el interfaz comprobó que el fluido abisal de aceleración estaba llenando todos los espacios ocupados de la nave. El proceso continuó durante más de diez minutos. Empezó a perder la conciencia. El líquido para respirar contenía un componente hipnótico para que toda la tripulación durmiese, y evitar así los daños al cerebro por efecto de la alta presión y la hipoxia relativa producida por la aceleración en impulso cuatro.

Zhang Beihai sintió que el espíritu de su padre venía del más allá y se manifestaba en la nave, convirtiéndose en uno con el suyo. Pulsó el botón del interfaz, dando en su mente la orden por la que había trabajado toda su vida.

—¡Selección natural, impulso cuatro!

En órbita joviana apareció un pequeño sol. Era una brillante luz anegando la fosforescencia de la atmósfera del planeta. Arrastrando dicho sol, la nave de guerra estelar Selección natural abandonó la base de la Flota Asiática y aceleró con rapidez, proyectando las sombras de las otras naves —cada una de ellas formaba una zona oscura tan grande como para contener la Tierra— sobre la superficie de Júpiter. Diez minutos más tarde, una sombra mayor cayó sobre Júpiter como quien cierra una cortina sobre el gigantesco planeta. Selección natural lo dejaba atrás.

Fue en ese punto cuando el alto mando de la Flota Asiática confirmó el increíble hecho de que Selección natural había desertado.

Las Flotas Europea y Norteamericana enviaron protestas y advertencias a la Flota Asiática, creyendo inicialmente que había sido una maniobra no autorizada para ir al encuentro de la sonda trisolariana, pero pronto comprendieron que ese no era el destino de Selección natural. Iba en dirección opuesta.

Los distintos sistemas que intentaban comunicarse con Selección natural fueron renunciando poco a poco al no recibir respuesta. El alto mando inició el despliegue de naves de persecución e interceptación, aunque pronto comprendieron que no había mucho que pudieran hacer en el caso de la nave desertora. Las bases en cuatro de las lunas de Júpiter poseían suficiente capacidad de fuego como para destruir Selección natural, pero era una orden que no estaban dispuestos a dar, porque muy probablemente solo había desertado una pequeña minoría de la tripulación, o incluso un único individuo, y los dos mil soldados en estado abisal no eran más que rehenes. Los mandos de la base del láser de rayos gamma de Europa se limitaron a mirar mientras el pequeño sol cruzaba el cielo y pasaba al espacio profundo, salpicando las vastas capas de hielo de Europa con una luz que era como el fósforo en ignición.

Selección natural atravesó la órbita de dieciséis lunas jovianas y para cuando llegó a Calisto había alcanzado la velocidad de escape. Desde el punto de vista de la base de la Flota Asiática, el pequeño sol se fue contrayendo de grado a grado, para acabar convertido en una estrella brillante que fue poco visible durante una semana. Un recordatorio entre las estrellas del persistente dolor de la Flota Asiática.

Como la fuerza de persecución debía pasar a estado abisal, esas naves tardaron en volar cuarenta y cinco minutos después de la partida de Selección natural, iluminando Júpiter con varios soles.

En la comandancia de la Flota Asiática, que había dejado de girar, el comandante contemplaba en silencio el enorme lado oscuro de Júpiter justo cuando un rayo destellaba en la atmósfera a diez mil kilómetros de él. La potente radiación de los motores de fusión de Selección natural y de las naves que habían salido tras ella había provocado ionización atmosférica y rayos. Los fugaces rayos iluminaban la atmósfera circundante, visible en la distancia en forma de halos que cambiaban continuamente de posición, convirtiendo la superficie de Júpiter en un estanque salpicado por una lluvia fluorescente.

Selección natural aceleró en silencio hasta una centésima parte de la velocidad de la luz, el punto de no retorno en lo que a consumo de combustible de fusión se refería. Ahora era incapaz de regresar al Sistema Solar usando su propio motor, por lo que se había convertido en una nave solitaria destinada a vagar por siempre por el espacio exterior.

El comandante de la Flota Asiática contempló las estrellas aspirando infructuosamente hasta dar con una en concreto. En esa dirección solo se veía la tenue luz de los motores de fusión de las naves perseguidoras. Pronto llegó un informe: Selección natural había dejado de acelerar. Poco después esta restableció la comunicación con la flota. Y entonces se produjo el siguiente intercambio con retrasos de más de diez segundos entre transmisiones, porque la nave se encontraba ya a más de cinco millones de kilómetros de distancia:

SELECCIÓN NATURAL: ¡Selección natural llamando a la Flota Asiática! ¡Selección natural llamando a la Flota Asiática!

FLOTA ASIÁTICA: Selección natural, Flota Asiática le recibe. Informe de situación.

SELECCIÓN NATURAL: Habla el capitán en funciones Zhang Beihai. Hablaré directamente con el comandante de la flota.

COMANDANTE DE LA FLOTA: A la escucha.

ZHANG BEIHAI: Asumo toda la responsabilidad por la partida no autorizada de Selección natural.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Algún otro responsable?

ZHANG BEIHAI: No. La responsabilidad es completamente mía. La situación no tiene nada que ver con ninguna otra persona a bordo de Selección natural.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Quiero hablar con la capitana Dongfang Yanxu.

ZHANG BEIHAI: Ahora no.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Cuál es la situación actual de la nave?

ZHANG BEIHAI: Todo está bien. Todos los miembros de la tripulación, excepto yo, siguen en estado abisal. Los sistemas de energía y soporte vital operan con normalidad.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Y su razón para esta traición?

ZHANG BEIHAI: Es posible que haya desertado, pero no soy un traidor.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Su razón?

ZHANG BEIHAI: Es seguro que la humanidad perderá en el campo de batalla. Mi único deseo es salvar una de las naves estelares de la Tierra para preservar una semilla de la civilización humana en este universo. Una pequeña esperanza.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Eso le convierte en un escapista.

ZHANG BEIHAI: No soy más que un soldado que cumple con su deber.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Ha recibido el precinto mental?

ZHANG BEIHAI: Sabe que eso es imposible. La tecnología no se había inventado cuando entré en hibernación.

COMANDANTE DE LA FLOTA: En ese caso, sus creencias extrañamente firmes en el derrotismo son incomprensibles.

ZHANG BEIHAI: No necesito el precinto mental. Soy dueño absoluto de mis creencias. Mi fe es firme porque no se deriva de mi propio intelecto. Al comienzo de la Crisis Trisolariana, mi padre y yo nos dedicamos a valorar concienzudamente las cuestiones básicas de la guerra. Poco a poco, un grupo de grandes pensadores, que incluía a científicos, políticos y estrategas militares, se concentró alrededor de mi padre. Se hacían llamar historiadores del futuro.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Se trataba de una organización secreta?

ZHANG BEIHAI: No. Analizaban los aspectos fundamentales y toda discusión se realizaba en abierto. Incluso el gobierno y los militares organizaron varias conferencias académicas sobre historia del futuro. Y fue a partir de esas investigaciones cuando comprendí que la humanidad está condenada.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Pero desde esa época ya se ha demostrado que las teorías de la historia del futuro eran incorrectas.

ZHANG BEIHAI: Señor, les subestima. No solo predijeron el Gran Cataclismo, sino también la Segunda Ilustración y también el Segundo Renacimiento. Lo que predijeron para la presente era de prosperidad es virtualmente indistinguible de la realidad. Y, por último, anticiparon la derrota absoluta de la humanidad y su desaparición en la batalla del Día del Juicio Final.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Ha olvidado que se encuentra en una nave espacial capaz de viajar a un quince por ciento de la velocidad de la luz?

ZHANG BEIHAI: La caballería de Gengis Khan era capaz de atacar con la velocidad de las unidades acorazadas del siglo veinte. Los arcos de la dinastía Song poseían un alcance de mil quinientos metros, comparable a un rifle de asalto del siglo veinte. Pero es imposible que la caballería antigua o los arcos compitan con las armas modernas. Esa teoría fundamental lo determina todo. Fue un aspecto que los historiadores del futuro comprendieron bien. Ustedes, sin embargo, se han dejado cegar por el brillo mortecino de la tecnología de bajo nivel y se entretienen en el jardín de infancia que es la civilización moderna, sin tener ningún tipo de preparación mental para la batalla final donde se decidirá el destino de la humanidad.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Usted viene de un gran ejército, que triunfó sobre un enemigo que disponía de equipo mucho más avanzado. Logró la victoria en una de las guerras terrestres más grandes del mundo, disponiendo solo de las armas confiscadas. Su comportamiento deshonra a ese ejército.

ZHANG BEIHAI: Mi estimado comandante, yo estoy más cualificado que usted para hablar de ese ejército. En él sirvieron tres generaciones de mi familia. Durante la Guerra de Corea, mi abuelo atacó un tanque Pershing armado con una granada. La granada dio al tanque y rodó por su lateral antes de explotar. El blanco apenas sufrió unos rasguños. Sin embargo, mi abuelo recibió el fuego de la ametralladora del tanque, perdió las dos piernas bajo las orugas y pasó el resto de su vida como un inválido. Pero en comparación con dos de sus camaradas, aplastados hasta dejar una masa informe, podría considerarse afortunado… Es la historia de ese ejército lo que nos demuestra con tanta claridad la importancia de una diferencia tecnológica para la guerra. La gloria que usted conoce es la que ha leído en los libros de historia, pero nuestros traumas se fraguaron con la sangre de nuestros padres y abuelos. Conocemos el significado de la guerra mejor que ustedes.

COMANDANTE DE LA FLOTA: ¿Cuándo concibió este traicionero plan?

ZHANG BEIHAI: Me repito. Es posible que haya desertado, pero no soy un traidor. Concebí el plan la última vez que vi a mi padre. En sus ojos comprendí lo que debía hacer y me ha llevado dos siglos cumplirlo.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Y para lograrlo se hizo pasar por un triunfalista. Fue un disfraz casi perfecto.

ZHANG BEIHAI: El general Chang Weisi casi me descubre.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Sí. Era muy consciente de que jamás había descubierto el fundamento de su fe triunfalista, y su entusiasmo poco habitual por los sistemas de propulsión por radiación capaces de realizar viajes interestelares no hizo más que reforzar sus sospechas. Siempre se opuso a que formase usted parte del Contingente Especial de Refuerzos Futuros, pero no podía desobedecer a sus superiores. Nos advirtió en la carta que envió, pero lo hizo siguiendo el estilo sutil de su época. Simplemente no lo comprendimos.

ZHANG BEIHAI: Maté a tres personas para poder tener una nave capaz de huir al espacio.

COMANDANTE DE LA FLOTA: De eso no teníamos constancia. Quizá no lo supo nadie. Pero puede estar seguro de que el camino elegido en ese momento para la investigación resultó crucial para el desarrollo posterior de la tecnología del vuelo espacial.

ZHANG BEIHAI: Gracias por decirlo.

COMANDANTE DE LA FLOTA: También le diré que su plan fracasará.

ZHANG BEIHAI: Quizá. Pero todavía no ha fracasado.

COMANDANTE DE LA FLOTA: El combustible de fusión de Selección natural se encuentra solo a un quinto de su capacidad.

ZHANG BEIHAI: Pero debía actuar de inmediato. No iba a tener ninguna otra oportunidad.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Me refiero a que ahora solo habrá podido acelerar a un uno por ciento de la velocidad de la luz. No puede consumir demasiado combustible porque los sistemas de soporte vital de la nave deben disponer de la energía necesaria para operar durante un período de tiempo que podría ser de unas pocas décadas, o varios siglos. Pero a esa velocidad, la fuerza que le persigue le alcanzará pronto.

ZHANG BEIHAI: Sigo controlando Selección natural.

COMANDANTE DE LA FLOTA: Cierto. Y, por supuesto, comprende nuestra preocupación. La persecución le forzará a seguir acelerando, gastando combustible hasta que el sistema de soporte vital falle y Selección natural se convierta en una nave muerta a casi el cero absoluto. Es por eso que por ahora los que le persiguen no se acercarán a Selección natural. Confiamos en que el comandante y los soldados a bordo resolverán los problemas de su propia nave de guerra.

ZHANG BEIHAI: Yo también estoy convencido de que todos los problemas se resolverán. Cargaré con mi responsabilidad, pero sigo creyendo firmemente que Selección natural avanza en la dirección correcta.

Cuando Luo Ji despertó de golpe, reconoció algo más que había persistido desde el pasado: los petardos. Amanecía y bajo las primeras luces de la mañana el desierto brillaba de color blanco al otro lado de la ventana, iluminado por estallidos de petardos y fuegos artificiales. A continuación, alguien llamó a la puerta. Sin esperar respuesta, Shi Xiaoming la abrió y entró a toda prisa. Tenía el rostro enrojecido por la emoción y animó a Luo Ji a ver las noticias.

Luo Ji solo veía la televisión de vez en cuando. Desde su llegada a Pueblo Nueva Vida #5, había vuelto a una existencia en el pasado. Para él era una sensación valiosa tras el impacto de enfrentarse a la nueva época después de la reanimación, y no quería alterarla con información sobre el presente. Se pasaba la mayor parte del día sumergido en los recuerdos de Zhuang Yan y Xia Xia. Había presentado todo el papeleo necesario para la reanimación, pero como era el gobierno el que controlaba a los hibernados, tendría que esperar todavía dos meses.

El reportaje televisivo decía:

Hace cinco horas, el telescopio Ringier-Fitzroy observó una vez más a la flota trisolariana cruzar una nube de polvo interestelar. Es la séptima vez desde su lanzamiento hace dos siglos que la flota se manifestaba de ese modo, aunque había perdido su formación rigurosa y la figura de brocha al pasar por la primera nube era ya irreconocible. Pero al igual que la segunda vez, se observó una cerda adelantándose. En esta ocasión era diferente, ya que la forma de la trayectoria indicaba que no se trataba de una sonda sino de una de las naves de guerra de la flota. Al haber completado las fases de aceleración y crucero de su viaje al Sistema Solar, quince años atrás se observó cómo algunas naves de la flota trisolariana desaceleraban. Hace diez años, la mayoría reducían su velocidad. Ahora está claro que esta nave en concreto jamás redujo su velocidad. Es más, a juzgar por su trayectoria a través de la nube de polvo, se ve que sigue acelerando. Dada su aceleración actual, podría llegar al Sistema Solar medio siglo antes que el resto de la flota.

En caso de tratarse de una invasión, sería un suicidio que una solitaria nave se internara en el territorio del Sistema Solar al alcance del poderoso armamento de la flota. Por tanto, la única conclusión posible era que venía a negociar. Las observaciones de la flota trisolariana a lo largo de dos siglos habían determinado la aceleración máxima de cada nave, y las proyecciones indicaban que esa nave avanzada no podría desacelerar lo suficiente, por lo que al cabo de ciento cincuenta años atravesaría el Sistema Solar. Aquello solo dejaba dos posibilidades: la primera era que los trisolarianos querían que la Tierra ayudase con la desaceleración. Pero lo más probable era que, al pasar por el Sistema Solar, liberaría una nave más pequeña que desaceleraría con más facilidad y traería a la delegación negociadora de los trisolarianos.

—Pero si quisiesen negociar, ¿no lo notificarían a la humanidad vía sofón? —preguntó Luo Ji.

—¡Eso resulta fácil de explicar! —respondió Shi Xiaoming, emocionado—. Es una forma de pensar diferente. Los trisolarianos tienen mentes totalmente transparentes, ¡así que imaginan que ya sabemos lo que están pensando!

No era una explicación muy convincente, pero Luo Ji compartió la emoción de Shi Xiaoming mientras el sol se elevaba en el exterior.

Cuando hubo salido definitivamente, el júbilo llegó a su punto álgido. Ese lugar no era más que una pequeña esquina del mundo, y el centro de la actividad se encontraba en las ciudades subterráneas, donde la gente salía de los árboles y ocupaba calles y plazas con sus ropas ajustadas a su máximo brillo para crear un reluciente mar de luz. En las bóvedas se veían fuegos artificiales virtuales, y, en ocasiones, un estallido colorista cubría todo el cielo igualando con su luz la del sol.

Siguieron llegando noticias. Al principio el gobierno se mostró cauteloso y los portavoces afirmaron una y otra vez que no había pruebas concluyentes que demostrasen que los trisolarianos querían negociar. Pero al mismo tiempo, Naciones Unidas y la Asamblea Conjunta de la Flota Solar convocaron una cumbre de urgencia para formular las estrategias sobre los procedimientos y términos de la negociación…

En Pueblo Nueva Vida #5, un breve interludio dividió la fiesta: un legislador de la ciudad vino a dar un discurso. Era un defensor fanático del llamado Proyecto Radiante y aprovechaba la oportunidad para ganarse el apoyo de los hibernados.

El Proyecto Radiante era una propuesta de Naciones Unidas cuyo punto principal decía que, en caso de victoria de la humanidad en la batalla del Día del Juicio Final, a los trisolarianos derrotados se les debería ceder espacio en el Sistema Solar. Había varias versiones del proyecto. El Plan Mínimo de Supervivencia establecía a Plutón, Caronte y las lunas de Neptuno como reserva trisolariana que solo admitiría a los que estuviesen a bordo de las naves trisolarianas derrotadas. En esas reservas las condiciones de vida serían muy duras y para su subsistencia deberían recurrir a la energía de fusión y el apoyo de la sociedad humana. El Plan Máximo de Supervivencia usaría Marte para los trisolarianos y con el tiempo admitiría a todos los inmigrantes trisolarianos, además de a los miembros de la flota. Así pues, concedería a la civilización trisolariana las mejores condiciones de vida del Sistema Solar aparte de la Tierra. Las otras versiones encajaban más o menos entre esas dos, pero también había algunas más extremas, tal como aceptar a los trisolarianos en la sociedad terrestre. El Proyecto Radiante había ganado un amplio apoyo en Coalición Tierra y Coalición Flota, y ya se habían iniciado la planificación y los estudios iniciales, con muchas fuerzas no gubernamentales de ambas coaliciones defendiéndolo. Sin embargo, había encontrado una resistencia feroz en la comunidad de hibernados, que incluso habían creado un nombre para los que apoyaban el proyecto: «Dongguo», por el estudioso de tierno corazón de la famosa fábula que cometía el error de salvar la vida de un lobo que luego pretendía devorarle.

En cuanto empezó a hablar, el legislador se enfrentó a la extrema resistencia del público, que le lanzó tomates. Agachándose, dijo:

—Me gustaría recordarles que tras el Segundo Renacimiento vivimos en una era humanitaria. Se concede el máximo respeto a la vida y la civilización de todos los pueblos. Ustedes mismos disfrutan de la luz de esta época, ¿no es así? En la sociedad moderna, los hibernados disfrutan de ciudadanía en total igualdad y no sufren ningún tipo de discriminación. Es un principio que reconoce la Constitución y la Ley, pero lo que es más importante, está también presente en el corazón de todos. Confío en que lo aprecien en su justa medida. Trisolaris es también una gran civilización. La sociedad humana debe reconocer su derecho a la existencia. El Proyecto Radiante no es un acto de caridad. ¡Es reconocer y manifestar los valores mismos de la humanidad! Si nosotros… eh, imbéciles. ¡Centraos en el trabajo!

Eso último se lo había gritado a su equipo, que estaba muy atareado recogiendo los tomates del suelo; después de todo, eran muy caros en el subsuelo. Al darse cuenta de lo que pasaba, los hibernados se pusieron también a lanzar pepinos y patatas al escenario. Y así un enfrentamiento menor se resolvió en medio del regocijo mutuo.

A mediodía, hubo festines en todas las casas. Sobre la hierba dispusieron productos agrícolas naturales para la gente de ciudad que había venido a unirse a la diversión, incluyendo al legislador señor Dongguo y su séquito. Las festividades, con sus dosis de alcohol, se extendieron toda la tarde hasta la puesta de sol, que ese día fue excepcionalmente hermosa. Bajo el sol rojo y anaranjado, las planicies de arena del exterior del poblado tenían un aspecto cremoso y delicado. Las dunas redondeadas parecían los cuerpos de mujeres dormidas…

Por la noche, cuando empezaban a sentirse cansados, una noticia adicional llevó las emociones a nuevos máximos: ¡Coalición Flota había tomado la decisión de combinar las naves de guerra de tipo estelar de la Flota Asiática, la Flota Europea y la Flota Norteamericana en una única flota de 2015 naves para salir al unísono e interceptar a la sonda trisolariana en su tránsito por la órbita de Neptuno!

La noticia llevó la fiesta hasta nuevos niveles y los fuegos artificiales llenaron el cielo nocturno. Pero también provocó desdén y burla.

—¿Movilizar dos mil naves de guerra por una diminuta sonda?

—¡Es como usar dos mil cuchillos de carnicero para matar a un pollo!

—¡Así es! ¡Dos mil cañones para darle a un mosquito! ¡No son tan resistentes!

—Eh, todos deberíamos ser más comprensivos con Coalición Flota. Ya sabéis, puede que sea su única oportunidad para luchar contra Trisolaris.

—Cierto. Si a esto se le puede llamar luchar.

—Está bien. Hay que pensarlo como un desfile militar para la humanidad. Veamos de qué es capaz la superflota. ¡Dará un susto de muerte a los trisolarianos! Tendrán tanto miedo que ni podrán orinar. Si orinan.

Siguieron unas risas.

Cerca de medianoche llegaron más noticias: ¡la flota combinada había salido de la base de Júpiter! Se informó a los espectadores de que la flota era visible en el cielo meridional. Al oírlo, muchos se tranquilizaron por primera vez y buscaron a Júpiter en el cielo. No resultó fácil, pero con la guía de los expertos que salían en la televisión pronto localizaron el planeta en el sudoeste. Para entonces, la luz de la flota combinada se movía en la dirección de la Tierra desde una distancia de cinco unidades astronómicas. Cuarenta y cinco minutos más tarde, el brillo de Júpiter se incrementó de pronto, superando a Sirio, para convertirse en el objeto más brillante del cielo nocturno. A continuación, una estrella muy intensa se separó de Júpiter, como el alma que abandona su cuerpo. El planeta regresó paso a paso a su brillo original mientras la estrella se alejaba lentamente. Había sido el lanzamiento de la flota combinada.

Casi al mismo tiempo llegaron a la Tierra imágenes en directo de la base de Júpiter. La gente pudo presenciar en televisión la súbita aparición de dos mil soles en medio de la negrura del espacio. Allí, épicamente destacada frente a la eterna noche del espacio, la definida formación rectangular hizo que todos pensasen lo mismo: «Dios dijo, hágase la luz, y la luz se hizo». Era como si Júpiter y sus lunas se hubiesen incendiado bajo la intensidad de esos dos mil soles. La atmósfera del planeta, ionizada por la radiación, produjo rayos que ocuparon todo el hemisferio que daba a la flota, cubriéndolo con una gigantesca capa de luz eléctrica.

La flota aceleró sin alterar la formación, su rotundidad tapando el sol, y luego avanzó, majestuosa, hacia el espacio con la potencia de un trueno, declarando ante el universo la dignidad e invencibilidad de la especie humana. El espíritu humano, reprimido desde la aparición dos siglos antes de la flota trisolariana, por fin se había liberado. En ese momento, todas las estrellas de la galaxia contuvieron su luz, y la humanidad y Dios avanzaron con orgullo hacia el universo como si fuesen uno.

Lloraron y vitorearon, y muchos lanzaron potentes aullidos. Nunca en la historia se había dado un momento similar en el que todos se sentían afortunados de ser miembros de la misma especie.

Pero algunos conservaron la calma. Y entre ellos, Luo Ji. Al examinar la multitud se dio cuenta de que alguien más se mantenía sereno: Shi Qiang estaba solo, apoyado contra el lateral de un gigantesco televisor holográfico, fumando y observando la fiesta con indiferencia.

Luo Ji se le acercó y preguntó:

—¿Qué…?

—Ah, colega. Tengo un deber que cumplir. —Señaló a la entusiasta multitud—. La alegría extrema se convierte fácilmente en pena y este es el mejor caldo de cultivo para los problemas. Como con el señor Dongguo esta mañana. Si no se me hubiese ocurrido a tiempo lo de los tomates, habrían usado piedras.

Hacía poco que habían nombrado a Shi Qiang jefe de policía de Pueblo Nueva Vida #5. Para los hibernados, resultaba un poco extraño el hecho de que alguien que pertenecía a la Flota Asiática, alguien que ya no era ciudadano chino, recibiese un puesto oficial en el gobierno nacional. Sin embargo, los ciudadanos habían alabado unánimemente su labor.

—Además, no soy de los que se dejan llevar —añadió dándole una palmada entre los hombros a Luo Ji—. Ni tú tampoco, colega.

—No, no me dejo llevar —admitió Luo Ji—. Siempre buscaba la gratificación instantánea. El futuro no me importaba, a pesar de que durante un tiempo estuve obligado a ser un mesías. Quizá mi estado actual sea una compensación por todo el daño que me causó esa situación. Me voy a la cama. Lo creas o no, Da Shi, esta noche podré dormir sin problemas.

—Vete a hablar con tu colega que acaba de llegar. Para él, la victoria de la humanidad puede que no sea tan buena noticia.

A Luo Ji el comentario le pilló por sorpresa. Miró al hombre que Shi Qiang le indicaba y le sorprendió descubrir al antiguo vallado Bill Hines. Tenía el rostro ceniciento y parecía encontrarse en estado de trance. Había estado de pie no lejos de Shi Qiang y no se había percatado de la presencia de Luo Ji. Cuando se abrazaron para saludarse, Luo Ji sintió un cuerpo débil y tembloroso.

—He venido a verte —le dijo a Luo Ji—. Solo nosotros, la basura de la historia, nos comprendemos. Pero ahora temo que ni siquiera tú me comprendas.

—¿Qué hay de Keiko Yamasuki?

—¿Recuerdas la sala de meditación del edificio de la Asamblea General de Naciones Unidas? —preguntó Hines—.

Nunca había nadie. Solo pasaba algún turista de vez en cuando… ¿Recuerdas el trozo de hierro? Allí realizó el seppuku.

—Oh…

—Me maldijo antes de morir. Me dijo que mi vida sería peor que la muerte, porque estoy mancillado por el precinto mental del derrotismo justo cuando la humanidad sale victoriosa. Tenía razón. Ahora sufro mucho dolor. Por supuesto, me alegra la victoria, pero a mí me resulta imposible creerla. Es como si tuviese a dos gladiadores peleándose en mi mente. Creer que el agua se podía beber era mucho más fácil.

Después de que acomodasen a Hines en una habitación, Luo Ji regresó a su cuarto y se quedó dormido de inmediato. Volvió a soñar con Zhuang Yan y la niña. Cuando despertó, el sol entraba por la ventana y en el exterior la fiesta seguía.

Selección natural volaba a un uno por ciento de la velocidad de la luz siguiendo una ruta entre Júpiter y la órbita de Saturno. Detrás, el sol ahora era pequeño, aunque todavía era la estrella más brillante, mientras que, por delante, la Vía Láctea relucía con un brillo todavía mayor. La nave iba más o menos en dirección a la constelación del Cisne, pero dadas las extensiones del espacio, su velocidad resultaba imperceptible. Para un observador cercano hubiera sido como si Selección natural estuviese suspendida en el espacio. De hecho, desde su punto de vista, todo el movimiento habría desaparecido del universo, dejando a la nave en un estado aparentemente estático, con la Vía Láctea por delante y el sol por detrás. El tiempo parecía haberse detenido.

—Ha fracasado —le dijo Dongfang Yanxu a Zhang Beihai. Toda la tripulación, excepto ellos dos, seguía en el estado de sueño abisal.

Zhang Beihai seguía encerrado en el interior de la esfera, y Dongfang Yanxu, sin poder entrar, debía hablarle por medio del sistema de comunicación. A través de la sección transparente del mamparo podía ver al hombre que había secuestrado la nave de guerra más potente de la humanidad flotar tranquilamente en el centro del espacio, con la cabeza gacha, concentrado en escribir en un cuaderno. Frente a él, el interfaz mostraba que la nave se encontraba a la espera de impulso cuatro, lista para partir si pulsaba un botón. Varios pegotes de líquido para la aceleración abisal flotaban a su alrededor, el que no se había evacuado. Se le había secado el uniforme, pero las arrugas le hacían parecer mayor.

Él la obvió y siguió escribiendo con la cabeza gacha.

—Nuestros perseguidores se encuentran a solo 1,2 millones de kilómetros —dijo.

—Lo sé —dijo sin levantar la vista—. Tuvo razón en mantener a toda la nave en el estado abisal.

—Era necesario. En caso contrario, los oficiales y soldados habrían atacado la cabina. Y si usted llevase a Selección natural a impulso cuatro, los mataría a todos. Por eso la fuerza de persecución no se acerca.

Zhang Beihai no dijo nada. Siguió escribiendo tras pasar la página.

—No lo haría, ¿verdad? —preguntó en voz baja.

—Jamás imaginé que llegaría a hacer algo así. —Dejó de hablar unos segundos y añadió—: Las personas de nuestra época tenemos una forma propia de pensar.

—Pero no somos enemigos.

—No hay camaradas y enemigos permanentes, solo el deber permanente.

—En ese caso, su pesimismo con respecto a la guerra carece totalmente de fundamento. Trisolaris acaba de dar señales de querer hablar y la flota solar combinada ha salido a interceptar la sonda. El conflicto acabará con la victoria de la humanidad.

—He visto las noticias…

—¿Y, sin embargo, insiste en el derrotismo y el Escapismo?

—Así es.

Dongfang Yanxu hizo un gesto de frustración.

—Su forma de pensar es, en efecto, muy diferente a la nuestra. Por ejemplo, desde el principio sabía que su plan no saldría bien, porque Selección natural solo tiene un quinto de combustible y la atraparán con toda seguridad.

Zhang Beihai dejó el lápiz y la miró con expresión calmada.

—Somos soldados, pero ¿sabe cuál es la mayor diferencia entre los soldados de mi época y los actuales? Ustedes deciden sus acciones según los resultados posibles. Pero nosotros debemos cumplir con nuestro deber independientemente del resultado. Era mi única oportunidad, así que la aproveché.

—Lo dice para consolarse.

—No. Es parte de mi naturaleza. No espero que lo comprenda, Dongfang. Después de todo, nos separan dos siglos.

—Bien, ha cumplido con su deber, pero su empresa escapista no tiene ninguna posibilidad. Ríndase.

Zhang Beihai le sonrió y volvió a mirar al cuaderno.

—Todavía no es el momento. Debo escribir todo lo que he vivido. Es preciso apuntar todo lo sucedido durante doscientos años para que durante los dos próximos siglos pueda ser de ayuda a algunas mentes serenas.

—Puede dictarle al ordenador.

—No, estoy acostumbrado a escribir a mano. El papel perdura más que un ordenador. No se preocupe. Aceptaré toda la responsabilidad.

Ding Yi miró por la amplia portilla de Cuántica. Aunque la pantalla holográfica de la cabina esférica ofrecía mejor visión, seguía prefiriendo mirar las cosas con sus propios ojos. Lo que vio es que se encontraba situado en un plano enorme compuesto por dos mil pequeños y deslumbrantes soles, cuya luz parecía encender su pelo gris. Se había familiarizado con esa visión en los días anteriores al lanzamiento a la flota combinada, pero su grandeza le conmovía siempre que la observaba. La configuración adoptada por la flota no era una simple cuestión de demostrar fuerza o majestuosidad. En la configuración tradicional naval de columnas escalonadas, la radiación producida por el motor de una de las naves afectaría a las naves que tuviese detrás. Adoptando esta formación rectangular, las naves estaban separadas por unos veinte kilómetros. A pesar de que cada una de ellas tenía de media tres o cuatro veces el tamaño de un portaaviones naval, vistas desde la distancia eran casi puntos. Solo el resplandor del motor de fusión en el espacio demostraba su existencia.

La flota combinada había adoptado una formación densa, una que solo antes se había usado en revistas de la flota. En una formación normal, las naves habrían estado espaciadas a unos trescientos o quinientos kilómetros, así que veinte kilómetros de separación era casi como navegar casco contra casco en el océano. Muchos de los generales de las tres flotas estaban en desacuerdo con dicha formación, pero las formaciones convencionales tenían muchos problemas. Primero, estaba la cuestión de ser justos en las oportunidades de batalla. Si se acercasen a la sonda en una formación estándar, entonces las naves en los límites se habrían encontrado a decenas de miles de kilómetros del objetivo una vez que la formación hubiese alcanzado la distancia mínima. Si se producía algún combate, se habría considerado que un buen número de naves no habrían participado en él, lo que no les dejaría nada en los libros de historia excepto una decepción eterna. Pero era imposible dividir las tres flotas en formaciones menores al no poder coordinar cuál de ellas ocuparía la posición más ventajosa dentro de la formación global. Así que esta debía ser lo más densa posible, una formación de revista que colocaba a todas las naves a distancia de combate de la sonda. Una segunda razón para seleccionar esa formación era que tanto Coalición Flota como Naciones Unidas ansiaban obtener imágenes impactantes, no tanto para los trisolarianos como para ofrecer a las masas algo que mirar. Para los dos grupos, el impacto visual era de una importancia política enorme. Con la fuerza principal del enemigo todavía a dos años luz de distancia, la formación densa no ofrecía ningún peligro.

Cuántica se encontraba en la esquina de la formación, lo que permitía a Ding Yi observar la mayor parte de la flota. Al pasar la órbita de Saturno, todos los motores de fusión se habían vuelto hacia la dirección de avance y la flota había iniciado la desaceleración. Ahora, a medida que la flota se acercaba a la sonda trisolariana, su velocidad era negativa: se movía hacia el sol mientras acortaba la distancia que la separaba del objetivo.

Ding Yi se llevó una pipa a los labios. Como en esa época no había tabaco suelto, se trataba simplemente de una pipa vacía que le colgaba de los labios; los sabores persistentes del tabaco de hacía dos siglos ya eran lejanos y poco definidos, como un recuerdo del pasado.

Le habían reanimado siete años antes y desde entonces había dado clases en el Departamento de Física de la Universidad de Pekín. El año anterior había solicitado a la flota ser una de las personas que examinarían de cerca la sonda trisolariana una vez que fuese interceptada. Aunque Ding Yi era un hombre que disfrutaba de mucha estima, rechazaron su petición. Declaró que, en ese caso, se suicidaría frente a los tres comandantes de las flotas. Entonces le dijeron que se lo pensarían. De hecho, escoger a la primera persona que entraría en contacto con la sonda era un problema complicado, al convertirse en el primer contacto con Trisolaris. Según el principio de imparcialidad que debía regir la interceptación, ninguna de las tres flotas podría tener ese honor por sí sola, pero mandar un representante de cada una ofrecía problemas operativos y podría complicar las cosas. Así que el encargado de la misión debía ser alguien que no perteneciese a Coalición Flota. Ding Yi era de forma natural el candidato más adecuado, aunque otra razón implícita había inclinado la balanza: ni Coalición Flota ni Coalición Tierra tenían la más mínima confianza en obtener la sonda, porque era casi totalmente seguro que se autodestruiría durante o tras la interceptación. Antes de que eso sucediese, era clave realizar observaciones cercanas y mantener contacto si deseaban obtener la mayor cantidad posible de datos. Como descubridor del macroátomo e inventor de la fusión controlada, el veterano físico estaba más que cualificado para la misión. En cualquier caso, la vida de Ding Yi le pertenecía a él, y a los ochenta y tres años, sus cualificaciones le daban el poder de hacer lo que quisiera.

En la reunión final del mando de Cuántica antes del inicio de la interceptación, Ding Yi vio una imagen de la sonda trisolariana. Las tres flotas habían enviado tres naves de seguimiento para sustituir a Sombra azul de Coalición Tierra. Habían obtenido una imagen a quinientos kilómetros del objetivo, lo más cerca que una nave humana había estado de la sonda. Esta tenía el tamaño esperado, 3,5 metros de largo, y al verla, Ding Yi tuvo la misma impresión que todos los demás: parecía una gotita de mercurio. La sonda tenía una forma perfecta de lágrima, redondeada en la parte delantera y afilada en la cola, con una superficie tan lisa que lo reflejaba todo. La Vía Láctea se reflejaba en su superficie como un patrón delicado de luz que confería una belleza absoluta a la gotita de mercurio. La forma de gota resultaba tan natural que los observadores la imaginaban en estado líquido, por lo que cualquier estructura interna era imposible.

Ding Yi guardó silencio tras ver las imágenes de la sonda. No habló durante la reunión y mantuvo una expresión abatida.

—Maestro Ding, da la impresión de que algo le abruma —comentó el capitán.

—Me inquieta —susurró, y usó la pipa para indicar la gota holográfica.

—¿Por qué? Parece una obra de arte inofensiva —dijo un oficial.

—Y es por eso que me inquieta —replicó Ding Yi, agitando la cabeza gris—. Tiene el aspecto de una obra de arte, no de una sonda interestelar. No es buena señal cuando algo se aleja tanto de nuestros conceptos mentales.

—Es curiosa, sí. La superficie está sellada por completo. ¿Dónde está la tobera del motor?

—Y, sin embargo, enciende su motor. Es algo que hemos visto. Al encenderse por segunda vez, Sombra azul no estaba lo suficientemente cerca como para capturar una imagen a tiempo, así que no sabemos por dónde sale la luz.

—¿Qué masa tiene? —preguntó Ding Yi.

—Ahora mismo no disponemos de un valor exacto. Una estimación inicial, obtenida empleando instrumentos gravitatorios de gran precisión, indica que menos de diez toneladas.

—En ese caso al menos no está fabricada con materia de una estrella de neutrones.

El capitán interrumpió la discusión de los oficiales y siguió con la reunión. Le dijo a Ding Yi:

—Maestro Ding, voy a contarle cómo ha planeado la flota su visita. Después de que la nave autónoma complete la captura del objetivo y realice una observación durante un tiempo, si no se encuentra nada fuera de lo común, usted entrará en la nave de captura por medio de un transbordador y realizará observaciones de cerca. No puede permanecer más de quince minutos. Esta es la mayor Xizi. Será la representante de la Flota Asiática y le acompañará mientras realiza su examen.

Una joven oficial saludó a Ding Yi. Al igual que las otras mujeres de la flota, era alta y esbelta, la personificación de la Nueva Humanidad Espacial.

Dando apenas un vistazo a la mayor, Ding Yi se volvió hacia el capitán.

—¿Por qué debe acompañarme alguien? ¿No puedo ir solo?

—Claro que no, señor. No está usted familiarizado con el entorno espacial y requerirá ayuda durante todo el proceso.

—En ese caso, prefiero no ir. No es necesario que nadie me siga hasta… —dejó de hablar sin decir «la muerte».

El capitán habló:

—Maestro Ding, es cierto que se trata de una empresa peligrosa, pero no del todo. Si la sonda se autodestruye, lo más probable es que eso suceda durante la interceptación. Es muy poco probable que se autodestruya dos horas después, siempre que el proceso de examen no emplee instrumentos destructivos.

De hecho, la principal razón de Coalición Tierra y Coalición Flota para enviar a un humano a la sonda no era la inspección. Cuando el mundo vio la sonda por primera vez, a todos les cautivó su espléndido exterior. La gota de mercurio era tan hermosa, de una forma tan simple pero tan magistralmente ejecutada, con cada punto de su superficie justo donde debería estar. Poseía un dinamismo grácil, como si en cada momento estuviese goteando sin pausa en la noche cósmica. Uno diría que incluso si los artistas humanos probasen con todas las superficies cerradas lisas, jamás lograrían recrear la de la sonda. Trascendía toda posibilidad. Ni siquiera en la República de Platón moraba una forma tan perfecta: más recta que la línea más recta, más circular que un círculo perfecto, un delfín espejado que saltaba desde el mar de los sueños, la cristalización de todo el amor del universo… La belleza siempre es prueba de bondad, por lo que, si el universo contenía una demarcación definida entre lo bueno y lo malo, este objeto se encontraba claramente en el lado de lo bueno.

Por tanto, una hipótesis se manifestó con rapidez. Era bien posible que el objeto ni siquiera fuese una sonda. Posteriores observaciones confirmaron la hipótesis hasta cierto punto. En primer lugar, su exterior, la superficie tan lisa, que era un reflector total. La flota usó una enorme cantidad de equipo para realizar un experimento con la sonda: irradiaron toda su superficie con ondas electromagnéticas de alta frecuencia en distintas longitudes de onda y midieron la reflectancia. Para su sorpresa, descubrieron que la reflectancia era prácticamente del cien por cien en todas las frecuencias, incluyendo la luz visible. No detectaron ningún tipo de absorción. Es decir, la sonda era incapaz de detectar ondas de alta frecuencia o, expresado de forma más simple, estaba ciega. Un diseño ciego debía tener su sentido. La explicación más razonable era que se trataba de un gesto de buena voluntad de Trisolaris a la humanidad, manifestado como un diseño que no servía para nada y una forma hermosa. Una aspiración sincera de paz.

Así que la sonda recibió un nuevo nombre inspirado por su forma: «la gota». Tanto en la Tierra como en Trisolaris el agua era la fuente de la vida y un símbolo de paz.

La opinión pública exigía que el primer contacto con la gota lo realizase una delegación formal, en lugar de una expedición compuesta por un físico y tres oficiales. Pero después de valorar la idea, Coalición Flota decidió seguir con el plan original.

—¿No podríamos al menos poner a otra persona? Que esta joven… —dijo Ding Yi, señalando a Xizi.

Xizi le sonrió y dijo:

—Maestro Ding, soy la oficial científica de Cuántica. En nuestros viajes me ocupo de las expediciones científicas fuera de la nave. Este es mi trabajo.

—Y las mujeres conforman la mitad de la flota —añadió el capitán—. Le acompañarán tres personas. Las otras dos son oficiales científicos enviados por las Flotas Europea y Norteamericana. Vendrán pronto. Maestro Ding, déjeme que me repita: obedeciendo la decisión de la Asamblea Conjunta de la Flota Solar, usted debe ser el primero en establecer contacto directo con el objetivo. Solo entonces se les permitirá a los otros establecer contacto.

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