El abanico de seda

El abanico de seda


Años de arroz y sal » Invierno

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Mi esposo tembló al añadir:

—Te busqué muchas veces.

Cuando cantamos, las mujeres solemos decir «Yo no sentía nada por mi esposo» o «Mi esposo no sentía nada por mí».

Son versos populares que utilizamos en los coros, pero aquel día yo tenía profundos sentimientos hacia mi esposo y él los tenía hacia mí.

Los últimos momentos que pasé en Jintian fueron como un torbellino. Mi esposo pagó una generosa recompensa al carnicero. Flor de Nieve y yo nos abrazamos. Ella me entregó el abanico para que me lo llevara a mi casa, pero yo preferí que se lo quedara, porque su sufrimiento era aún reciente y yo, en cambio, sólo sentía felicidad. Me despedí de su hijo y le prometí que le enviaría cuadernos para que estudiara la caligrafía de los hombres. Por último me agaché para hablar con la hija de mi laotong.

—Nos veremos muy pronto —le aseguré.

A continuación subí al carro y mi esposo agitó las riendas. Miré a Flor de Nieve, le dije adiós con la mano y me volví hacia Tongkou, hacia mi hogar, mi familia, mi vida.

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