El Cuarto Mono
76. Clair. Día 2 – 17:12
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Clair
Día 2 – 17:12
—¿Qué es? —preguntó Clair.
—Un montón de documentos y una nota —respondió Nash mientras metía la mano en la caja. Sacó la hoja de papel de carta que descansaba sobre miles de documentos, todos ellos formando unos fajos perfectos sujetos con gomas elásticas.
Clair se inclinó para acercarse.
—¿Qué dice?
Nash lo leyó en voz alta.
¡Ay, amigos míos!
¡Qué bueno saber que por fin han llegado hasta aquí! Esperaba estar ahí con ustedes cuando llegara este momento, pero, bueno, no ha podido ser. Me consuela el hecho de que todo este material haya caído en sus capacitadas manos, pues tengo la seguridad de que se lo trasladarán a sus compadres de Delitos Económicos para que ellos lo puedan añadir a la montaña de pruebas contra el señor Talbot y compañía. Si bien estoy convencido de que esta caja contiene información más que de sobra para una condena contundente, me temo que no he podido esperar a la parte judicial del programa y he dictado una sentencia que creo será más que adecuada para los delitos que tenemos entre manos. Muy al estilo de su sempiterno socio Gunther Herbert, el señor Talbot se encontrará hoy cara a cara con la justicia, y responderá de sus actos en el plazo más inmediato. Quizá le permita darle un último beso a su hija antes del adiós definitivo, quién sabe. Quizá no. Tal vez sea mejor dejar que ambos vean cómo el otro se desangra.
Sinceramente,
Anson Bishop
Nash entornó los párpados.
—¿Todavía tenemos un coche siguiendo a Talbot?
Clair ya tenía el móvil en la mano.
—Estoy en ello.
Nash volvió con la caja y sacó uno de los fardos de documentos. El paquete era de unos cinco centímetros de grosor y contenía unos trescientos papeles. La página de arriba del todo era de color blanco con rayas verdes, y cada línea estaba llena con una letra minúscula y perfecta.
—Esto parece una especie de libro de contabilidad. Viejo, también. Esta página tiene fecha de hace casi veinte años. ¿Quién demonios sigue llevando la contabilidad en papel?
Clair le hizo un gesto con la mano para que se callase y comenzó a pasearse por la habitación con el teléfono en la oreja.
Nash se encogió de hombros y regresó con el documento. En la primera línea decía «163.WF14 2,5k. JM».
—¿Será una especie de código?
Metió la mano en la caja y comenzó a sacar los demás libros de contabilidad, doce en total. Cada uno de ellos contenía anotaciones similares. Nash, cuidadoso, los amontonó a un lado. En el fondo de la caja había un sobre de color sepia.
—Esto ya está mejor —se dijo antes de sacarlo.
Clair colgó el teléfono y se volvió a acercar a él.
—Me sale el buzón de voz del coche patrulla. En Control tampoco son capaces de localizarlos. Tenemos que ir a casa de Talbot.
Nash señaló la caja.
—¿Y qué pasa con todo esto?
—Encárgate de que alguien se lo lleve todo a Kloz —le indicó Clair.
Nash asintió y abrió el sobre. Estaba lleno de polaroids. Metió la mano y sacó una… una foto de una chica desnuda que no tendría más de trece o catorce años.