El Cuarto Mono

El Cuarto Mono


87. Clair. Día 2 – 17:33

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Clair

Día 2 – 17:33

Nash tomó la delantera y cruzó el pasillo moviéndose con fluidez. Clair lo siguió muy de cerca. La puesta de sol no solo había sumido la casa en la oscuridad, sino que un frío otoñal se había filtrado en el aire. Se le erizó el vello de la nuca y el de los brazos, y se dijo que aquello era también efecto del frío, pero los latidos del corazón que sentía en el pecho le contaban una historia completamente distinta.

El primer escalón crujió con el peso de Nash; Clair le oyó soltar un juramento en voz baja y le apretó el hombro con la mano libre. Oyó crujir las tablillas también bajo su propio peso y pensó en quitarse los zapatos, pero se imaginó que probablemente serviría de poco en una casa como aquella. Las estructuras con tantos años solían tener suelos de madera que crujían al pisar.

Subieron despacio para intentar minimizar el ruido, palpando con los pies los escalones conforme ascendían. Cuando los dedos de Clair dieron con algo húmedo sobre la barandilla, se detuvo y se llevó a la nariz las yemas de los dedos. Era inconfundible el aroma a cobre de la sangre. Lo había olido más veces de las que recordaba, pero eso no hacía que resultara más fácil.

Nash se detuvo también y se volvió para mirarla con el rostro envuelto en la penumbra.

Clair le mostró los dedos en alto.

—Sangre —susurró, y la palabra se le escapó en un solo suspiro.

Nash se miró la mano. Clair vio cómo se limpiaba la sangre en los pantalones antes de continuar subiendo la escalera.

Le sudaban las palmas, y la Glock le pesaba cada vez más.

En lo alto de los escalones encontraron un rellano con un pasillo que se prolongaba en ambas direcciones. Tenían un cuarto de baño justo enfrente. Nash entró agachado y con el arma por delante para confirmar que estaba vacío.

Clair permaneció con la espalda pegada a la pared del pasillo y apuntando hacia el interior hasta que Nash regresó al rellano.

El pasillo estaba iluminado con una pequeña hilera de luces led incrustada en el rodapié, de modo que pudieron ver tres puertas cerradas a la izquierda y una puerta doble al fondo del pasillo de la derecha. Las paredes estaban forradas de fotografías familiares de diversas formas y tamaños. Clair dio por sentado que la puerta doble daba al dormitorio principal, mientras que las otras eran de los cuartos de invitados y la habitación de Carnegie.

—¿Por dónde? —preguntó en un susurro.

—Al principal —le respondió Nash, que ya avanzaba por el pasillo.

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