Dulce maldad

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Dulce maldad » 37. Asher

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Asher me ayudó a desempacar las maletas cuando nos guiaron a nuestra habitación. Ahora está duchándose y no ha vuelto a pronunciar palabra alguna. La habitación es enorme, pero tiene una decoración sencilla. Cortinas blancas cubriendo las ventanas, una cama grande para dos personas, con relojes y cuadros antiguos que adornan las paredes.

Abro las ventanas y miro las calles de Baggot. La lluvia no se ha detenido y crea un hermoso escenario que me hace sonreír. Una canción irlandesa retumba en la casa vecina. De pronto, tengo la necesidad de bailar bajo el aguacero y perderme en la buena música. Estar lejos de todo lo conocido se siente asombroso. Quiero ver lugares exóticos, saborear el aire diferente y no recordar nada de lo que he vivido. Quiero olvidar un momento que soy Arianne Laroux.

Espero tener un poco de tiempo para conocer una ciudad tan preciosa, como dicen que es Dublín.

—¿Arianne? —Escucho la voz de Asher desde el baño—. ¿Puedes pasarme una toalla?

Frunzo el ceño.

—Sí —digo—. Ya voy.

¿Quién olvida llevar lo más importante a la ducha? Rodando los ojos, empiezo a rebuscar entre los cajones y encuentro una toalla azul. Lo inhalo como una boba antes de dirigirme al baño. Huele a Asher, mi aroma favorito.

—¿Asher? —Toco la puerta.

Cuando se abre, mi boca cae al suelo por la vista explícita. Mi pecho se siente apretado y mi aliento sale en bocanadas de aire. Asher está desnudo como si fuera lo más normal del mundo. Las gotas de agua se deslizan de su cabello y su piel húmeda. Se ríe entre dientes mientras evito mirar más abajo. Mis mejillas arden por el exceso de rubor. Mi reacción no se debe solo a la timidez, también es excitación en todo su esplendor; si estaba ansiosa por los besos que compartimos en el jet, ahora me encuentro peor.

—Ari. —Me da una sonrisa torcida—. ¿Tienes calor? Estás roja.

Me río con nerviosismo.

—Uff, sí. ¿Has visto el clima? Hace calor.

Chasquea la lengua.

—Está lloviendo.

Mierda. Que alguien me dé un puñetazo en la cara lo antes posible. No puedo dejar de mirarlo boquiabierta y el ego de Asher aumenta cada segundo. ¡Idiota!

—¿De verdad? No me di cuenta. —Le aviento la toalla en el pecho que se desploma al piso.

Se pellizca el puente de la nariz con una risa.

—No tan rápido, bonita.

Intento irme, pero sus brazos se envuelven alrededor de mi cintura y chillo divertidamente mientras me arrastra al interior del baño. Oh, no. Él no hará eso.

—¡Suéltame en este mismo instante!

—Nop. —Se burla—. Ahorraremos agua.

Mis gritos se intensifican cuando me conduce bajo el chorro de agua fría. ¡Voy a matarlo! Estoy empapada de pies a cabeza, indignada con él mientras me pone de espaldas y me desnuda con sus ágiles dedos.

Lo voy a matar.

—Relájate.

Mis dientes castañean.

—Dame agua caliente.

Lleva la mano al grifo y la temperatura del agua cambia, pero provoca un efecto estremecedor en mi cuerpo. Siento a Asher en todas partes, su aliento, su tacto, la forma en que su pecho sube y baja, la intensidad de sus ojos avellana. Me encuentro flotando mientras me rindo ante las sensaciones, en el momento en que su aroma a cítricos y menta invade el espacio.

Agacho la cabeza, pero su dedo en mi mentón me obliga a mirarlo.

—No te avergüences frente a mí —dice—. Eres hermosa.

Mi corazón retumba en cada extremidad mientras late frenéticamente.

—Yo… nunca he hecho esto antes.

Envuelve sus brazos alrededor de mi cuerpo, acercándome mientras nuestras respiraciones pesadas se funden y mi cabeza se hunde en la curva de su cuello. Huele a seguridad.

—¿Cómo te hago sentir? —susurra en mi oído. Su aliento mentolado me hace temblar—. Dime, bonita.

Una explosión de sentimientos invade mi corazón. ¿Qué me hace sentir? Todo. Segura, nerviosa, ansiosa, hermosa, feliz… Son tantas sensaciones que podría seguir y no terminaría de enumerar lo que pasa dentro de mí cada vez que lo veo.

—Yo…

La sonrisa de Asher es radiante y disfruto la forma en que le afecto. Sus ojos bajan a mis labios y humedece los suyos.

—No necesito que me respondas con palabras exactas. —Su mano toca mi mejilla—. Porque puedo sentirte en cada parte de mí, Arianne. Estás en mi cabeza, en mi sangre, en cada latido…

Arrastro las manos por su pecho. Es delgado, pero tiene músculos perfectos y abdominales divididos minuciosamente. Mis ojos se fijan en sus tatuajes, las tintas en su piel lo hacen ver amenazador y sexy. Un deseo feroz se enciende en mi interior y me lamo los labios, el físico de este hombre es mi nueva perdición.

—He pensado en ti desnuda muchas veces —admite y aparta el cabello de mis hombros para lamer mi piel mojada. Mis piernas se debilitan por la calidez de su lengua—. He soñado con escucharte gemir mi nombre.

Lo miro a través de mis pestañas mientras se agacha y desliza el pantalón por mis piernas. Su inhalación es brusca cuando mi ropa interior está fuera. Hago el trabajo más fácil, quitándome el suéter y el sujetador.

No voy a cubrirme, no con él mirándome como si fuera la chica más hermosa del mundo.

—Carajo… —susurra—. Tu cuerpo me pide a gritos que lo consienta. Eres tan hermosa.

Pasa las palmas de sus manos ásperas por mis muslos y gimo suavemente. Empieza con besos dulces en la piel de mi estómago y mi ombligo. Me muerdo los labios para suprimir los jadeos mientras apoyo mi cabeza contra los azulejos y permito que toque la zona más sensible de mi cuerpo. El agua de la ducha baña nuestras pieles sudorosas, haciéndonos resbaladizos. Hace una pausa, esperando una negativa de mi parte, pero no la tendrá. Quiero esto tanto como él.

—Asher…

—Recuerda cómo te hago sentir.

Baja los labios entre mis piernas y me aferro a su cabello antes de que su lengua se impulse en mí. Me muerdo los nudillos para callar los gritos de placer, pero Asher niega y agarra con fuerza mis caderas para mantenerme quieta.

Lame, mordisquea, chupa y coloca una de mis piernas alrededor de sus hombros. Sus ojos avellana se encienden por la lujuria feroz y me devora como si hubiera esperado por este momento toda su vida. Su lengua gira, acaricia, succiona. Todos los pensamientos abandonan mi mente, cualquier duda e inseguridad desaparecen. Necesito que continúe, lo necesito.

—Dioses. No pares, por favor.

Un fuerte gemido vibra desde su garganta.

—Nunca, bonita.

Reemplaza su lengua con un dedo en mi interior y la combinación es exquisita. Él sabe exactamente cómo tocarme, acariciarme y qué palabras susurrar para llevarme al límite. Y cuando exploto, se traga cada gota de mi excitación, robándome sollozos de placer. Más de una vez me he preguntado cómo se sentiría y ya tengo la respuesta perfecta.

El cielo…

Asher Karlsson acaba de llevarme al cielo.

Los bosques siempre han sido el santuario de los druidas. Cualquier energía positiva es bienvenida. Según el libro que le robé a mamá, los druidas usaban su conexión con la naturaleza para comunicarse con seres de otro mundo y dirigir su pueblo. Cada descubrimiento es fascinante.

Yo soy uno de ellos y no deja de asombrarme.

Despierto temprano para empezar de una vez con mi entrenamiento. Mi propósito es ser poderosa como las mujeres de la cultura celta y usar la magia que poseo a mi favor, sé que voy a lograrlo.

Termino de vestirme y mi mirada se desvía hacia la cama donde él duerme desnudo plácidamente.

Asher.

Está tumbado en el centro de la cama, acostado boca abajo. Una sábana está envuelta alrededor de sus caderas y los músculos de su espalda se ven relajados. Sus gruesas pestañas rozan las puntas de sus mejillas y me sorprende que sean tan largas. Me toco los labios al recordar las cosas que hicimos anoche.

Nunca nadie me miró con tanto anhelo. Soy yo misma cuando estoy con él, confiada, segura y apreciada. Me ha influenciado tanto como yo le afecto. Me adapto poco a poco a su forma de ser. Me dice qué cosas le gustan, cómo quiere que lo complazca, no presiona demasiado ni se burla por mi falta de experiencia.

Él me ayuda a descubrir las partes más exquisitas de la vida. Encajamos muy bien y mis sentimientos son más fuertes cuando estamos juntos. Me asusta pensar adonde estamos dirigiéndonos. Me asusta, pero no quiero parar.

Jamás.

—Quiero complacerte. —Nuestros labios chocan mientras mis dedos se cierran alrededor de su erección—. Quiero hacerte sentir bien.

Asher exhala con brusquedad y los músculos de su abdomen se contraen.

—Arianne. —Su voz se quiebra por los movimientos de mis manos—. No tienes que hacerlo.

Pasamos de toques calmados a desesperados. Un rugido resuena en las paredes del baño y su pecho se agita por las respiraciones toscas. Mis manos son torpes, pero el calor en sus ojos no tiene precio. Estoy volviéndolo loco.

—Sí, sí quiero. —Lo acaricio de arriba abajo—. Te deseo tanto, Asher.

Sacudo la cabeza y beso su mejilla antes de dirigirme a la puerta. Apuesto a que pensaré en ese momento el resto del día. El deseo que siento por Asher es un tornado, arrasando todo a su paso.

Me miro en el espejo y contemplo mi aspecto con ropa deportiva. Josh también formará parte de mis entrenamientos, estará pendiente de que reciba las instrucciones correctas.

—Mmm… —protesta Asher—. ¿Adónde vas?

—Iré a entrenar con Kellan.

Asiente y parpadea. Estoy derritiéndome al ver ese rostro somnoliento y los ojos un poco rasgados por el sueño.

—Llámame si necesitas algo.

—De acuerdo. —Sonrío.

Vuelve a dormirse y abandono la habitación. Bajo las escaleras de dos en dos y llego al vestíbulo justo al momento para chocar contra Julianne, doblando la esquina. Ella me dedica una mirada que podría quemar las plantas.

—Te ves muy bien, Arianne —comenta—. Asher provoca ese efecto en todas las chicas.

Es temprano para caer en sus provocaciones así que la ignoro y paso de ella, pero Julianne no quiere dejarme ir tan pronto. Maldita serpiente venenosa.

—Lamento decepcionarte, pero tu felicidad es efímera —continúa y tengo la súbdita necesidad de golpearla—. Asher se dará cuenta de que eres un monstruo y te dejará sola como el resto de tu familia. La pobre Arianne huérfana…

Mi cuerpo se tensa, mis manos están empuñándose.

—Tú no sabes nada de mí —siseo.

Me mira de pies a cabeza.

—¿Quién no conoce a Arianne Laroux? —bufa—. Eres nieta de una bruja quemada en New Hope y devoradora de niños. Eso te hace igual o incluso peor.

Antes de que pueda detenerme, me muevo rápido y la acorralo contra la pared con mis manos envueltas alrededor de su garganta. Julianne jadea con horror e intenta apartarme, pero no puede. Soy demasiado fuerte. Me sorprende mi fuerza, es inhumana… sobrenatural.

—Escúchame con atención, Julianne —digo con calma—. Puedo entender que estés celosa porque Asher jamás corresponderá a tus sentimientos, pero no permitiré que me insultes. ¿De acuerdo? Mantén tus distancias y estaremos bien.

Está mirándome como si quisiera matarme.

—Tú…

—Soy la compañera de Asher, la chica con quién duerme todas las noches —le interrumpo—. Supéralo, vive con eso y ocúpate de tus asuntos. Decidí que vengas con nosotros, pero puedo cambiar de opinión. Una palabra mía bastará para que te envíen a patadas de regreso a New Hope.

La empujo con brusquedad y ella cae al suelo, tocándose el cuello. Qué dramática. ¿Cómo reaccionaría si quemo su cabello o quiebro sus huesos?

—Soy muy peligrosa cuando me enojo —advierto—. Apártate de mi camino y no vuelvas a molestarme. ¿He sido clara?

Sus ojos marrones desbordan ira y escupe a mis pies. Veo su asquerosa saliva ensuciar mis preciadas botas favoritas. El insulto de sus acciones manda al carajo mi paciencia. Empuño su cabello rubio y tiro de él, casi hasta arrancarlo de su cuero cabelludo. El odio en su mirada me desequilibra; sé que le caigo mal, pero la expresión en su cara demuestra que es un asunto personal.

—¿Crees que me intimidas? —sisea—. He visto a muchas chicas pasar por la cama de Asher, pero ninguna duró el tiempo suficiente. Jamás podrían manejar a un hombre como él.

Hija de…

—¿Y tú sí, Julianne?

—Claro que sí. Debí ser su compañera desde el principio. —Sonríe con suficiencia—. Eres… demasiado niña para él.

Los celos me devoran viva, la ira me enciende y levanto mi puño, pero alguien interviene a tiempo.

Wow, wow, cálmense, chicas. —Kellan me aparta de Julianne—. ¿Por qué pelean tan temprano? ¿Qué clase de modales son esos?

Julianne se levanta y suelta un sonido feo. Arregla su cabello rubio, empuja los hombros hacia atrás y me observa con repugnancia. El odio inalterable.

—Con esta idiota me olvido de ser una dama —escupe.

¿Ella una dama? Pff. La llama destella en mi palma derecha y sus ojos se ensanchan. Tiembla, víbora.

—Vuelve a meterte conmigo y desfiguraré tu estúpida cara —amenazo—. Tus genes de licántropo no podrán reparar ninguna cicatriz. Estás advertida.

Cierra los puños a sus costados y se da media vuelta sin expresar otra respuesta. Muy bien, no seré tan civilizada la próxima vez. Observo a Kellan con una inocente sonrisa.

—Hola —musito—. Lamento que hayas visto eso.

—Me imagino que el espectáculo se debe al licántropo que duerme arriba.

Me sonrojo.

—Tal vez.

Su expresión divertida no cambia, pero no hace más comentarios sobre el asunto.

—¿Estás lista para nuestro entrenamiento de hoy? Tu padre está esperándonos en el bosque.

—Me levanté temprano para no perder tiempo.

Asiente y abandonamos el vestíbulo para dirigirnos al bosque. El olor a aire fresco es relajante y me encuentro maravillada por la naturaleza ante mis ojos. A lo lejos veo muchas montañas y árboles. Kellan mantiene las manos en los bolsillos de su chaqueta.

—¿Hay algo que deba saber sobre ti? —me pregunta mientras caminamos.

Me encojo de hombros.

—Soy una chica que ha perdido demasiado y tengo inmensas ganas de aprender.

—Podría llevar hasta siglos, ¿sabes? —murmura—. Somos conocidos por ser lentos en el proceso.

—Sé que los hechizos no están escritos en ningún libro.

—Nuestros conocimientos eran transmitidos de un individuo a otro por muy buenas razones. No encontrarás documentos sobre las características de la magia —explica—. Existieron unos pocos, pero fueron destruidos por los romanos. Ellos pensaban que incitábamos a la brujería.

Sonrío tristemente.

—Conozco la historia.

—No voy a negar que la cultura celta tuvo sus partes oscuras, pero la mayoría de nosotros usamos la magia para hacer el bien. Espero que cuando termines de aprender, comprendas el verdadero significado.

Parpadeo hacia él.

—¿Algunos no lo hicieron?

Kellan no me mira cuando responde.

—Muchos usaron la magia de manera equivocada y desataron graves consecuencias.

Abigail es un ejemplo vivo.

Trago saliva y nos adentramos en el bosque. Escucho los pájaros cantar y el sol brilla en el cielo. El olor a humedad flota en el aire, junto a las hojas caídas de los árboles. Mis ojos se dirigen a Josh, quien está recostado contra un viejo roble. Tiene puesto un traje oscuro y me mira impasible, la frialdad que impregna ni siquiera me sorprende.

—Arianne —dice.

—Hola.

—Me alegra ver que estás mejor.

—Gracias.

—Kellan es aprendiz de Connan. Uno de los mejores druidas de este pueblo —explica Josh—. Él te enseñará lo necesario.

Kellan asiente.

—Tu padre me ha dicho que lograste despertar tus habilidades sin ayuda de nadie —comenta—. Eso es extraordinario, suelen necesitarse instrucciones de otro druida superior para lograrlo.

Una pequeña emoción me atraviesa.

—Yo… no tuve oportunidades de aprender.

Kellan me toca el hombro.

—Eso cambiará a partir de hoy.

—Genial.

Me lleva bajo un árbol.

—Hemos venerado la naturaleza por milenios —prosigue—. Es nuestra principal fuente de energía. Los bosques son sagrados, el sitio perfecto para armonizar y espantar los maleficios.

Elevo una ceja.

—¿Armonizar?

—Los dioses quieren estar seguros de que usarás tus poderes para el bien —expone—. Quieren ver tus verdaderas intenciones.

—¿Cómo?

Kellan curva sus labios con una despreocupada sonrisa.

—A través de los entrenamientos sabremos qué intenciones tienes con la magia.

—Es esencial que estés preparada —murmura Josh—. Entrenarás de la mejor manera posible. No solo aprenderás a usar tu magia, también a atacar y a defenderte.

Me cruzo de brazos.

—Quiero ser capaz de hacer muchas cosas.

—Dime cuál ha sido tu mayor motivación para usar tus habilidades —indaga Kellan—. No omitas detalles.

Me trago el nudo de emoción.

—Asher —respondo con una sonrisa. Mi corazón da un vuelco mientras recuerdo cuando los Persson nos atacaron ese día en el bosque, yo solo quería defenderlo—. El miedo y la ira también sirvieron. Normalmente mis emociones son los botones que encienden mis habilidades.

El druida asiente.

—¿Qué harías si intentan atacarte?

—Defenderme —contesto lo obvio—. Intentaría usar mis poderes.

—Nosotros podemos manipular cualquier elemento de la naturaleza: agua, tierra, aire y fuego. ¿Y tú has usado…?

—Fuego.

—¿Cómo fue?

—Simplemente pensé en llamas y ya. Estaba tan enojada —digo por lo bajo y me encuentro con los ojos de Josh—. Ese día descubrí quién mató a mi hermano y desató lo peor de mí.

—El odio no debería ser una motivación —agrega Kellan.

Josh mantiene su rostro sereno.

—¿Podrías dejarme a solas con mi hija, Kellan? —ordena.

Parpadeo en confusión y mordisqueo mi uña. Se siente extraño que se refiera a mí como su hija.

—Por supuesto, señor —responde Kellan con respeto antes de retirarse.

Josh me mira.

—Aulus sigue prófugo —empieza—. Tiene litros de tu sangre a su disposición y no es bueno.

Mi estómago se revuelve con temor.

—¿Qué tan malo es?

—Tu madre estuvo protegiéndote durante dieciocho años de Abigail y sus súbditos —expone—. Toda esa mentira que ha creado la forjó por ti y Theo.

El dolor se hincha en mi corazón.

—No funcionó.

—Abigail tarde o temprano iba a encontrar la forma de llegar a ella y lo logró. Usurpó su cuerpo ese día que fueron al bosque, pero Aimeé logró regresar por ti.

Siento un fuerte nudo en mi garganta, tanto que hasta duele.

—Theo sirvió como alimento de un demonio. ¿Crees que puedo superarlo? Probablemente jamás me acostumbre a la idea de que mi abuela es una devoradora de niños y su sangre corre por mis venas. Me repugna estar relacionada con ella.

—Abigail no siempre fue un demonio —expone—. La oscuridad que lleva en ella es por un motivo muy fuerte, también fue druida alguna vez.

Mis manos se cierran y lo miro con furia.

—No me importan sus malditas razones. Acabaré con ella de la misma forma que lo hizo con mi familia, y Aulus tendrá el mismo destino.

Da un paso hacia mi.

—Abigail ha intentado regresar hace siglos —dice con la vista fija en el cielo—. Consumir el alma de los niños es su manera de ser más fuerte. Ella ofrece sacrificios a su señor y él a cambio le otorga más poder.

Es como una bruja que hace un pacto con el diablo a cambio de poder.

—Aulus dijo que ella busca un cuerpo que soporte su magia.

La tensión se agita en el aire mientras la comprensión se hace presente.

—Las leyes de la naturaleza prohíben que los muertos regresen, pero ella encontró la forma. —Su tono se torna serio—. Aulus te extrajo sangre para dársela a Abigail. Eres druida, Arianne, y posees un alma inmensamente pura. Si logra consumirte, será más poderosa y nada la detendrá.

Nunca he sido buena ocultando mis emociones. El terror y la rabia hacen que mis terminaciones nerviosas se estremezcan.

—Es un espíritu sin un cuerpo…

—Y por esa razón posee a quien desea —dice Josh—. Es un espíritu que tiene súbditos fieles a ella y harán lo que sea para ver a su señora fuerte. Necesito que seas aún más poderosa y aceptes la marca de Asher.

Lo miro con incredulidad.

—¿Eso que tiene que ver? —Me río en shock—. ¿Qué demonios?

Su cara solemne no cambia. Es un robot.

—Cuando un lobo marca a su compañera, sus almas se unen para siempre. Tu alma ya no será solo tuya, complicando las cosas para Abigail. Ella quiere poseerte, Arianne. ¿Por qué crees que robó tu sangre y no te mató cuando tuvo oportunidad?

El terror provocado por la adrenalina desgarra mis nervios. Si logró poseer a mamá, es muy probable que haga lo mismo conmigo; no soy rival para ella en estas condiciones.

—La marca no es un simple vínculo, Arianne —prosigue a pesar de mi silencio—. También significa protección.

ASHER

Despierto por el constante pitido de mi celular bajo la almohada. Le echo un vistazo a la pantalla para ver el nombre de mi padre destellar. Lanzo un bostezo mientras me enderezo y respondo con la voz ronca.

—Papá.

—No he recibido noticias de ti, mucho menos por parte de tus hermanos. ¿Qué tal todo? Sé que Julianne también asistió al viaje. ¿Cómo te sientes con eso?

Me cubro los ojos con el antebrazo.

—Llegamos a Dublín sin inconvenientes, pero el viaje fue un fastidio. Estoy seguro de que mamá envió a Julianne aquí. Niégalo, papá.

—No lo haré. —Su respuesta es concisa y volvemos a la misma mierda donde estoy molesto con mamá—. Sabes que nunca estaré de acuerdo con la mayoría de sus decisiones.

Aparto las sábanas con rudeza y busco mi ropa en el armario. Anoche no quise hablar con Julianne, pero hoy no planeo posponer la conversación. Me escuchará y olvidará cualquier plan que tenga con mi madre.

—Lo de mamá es un maldito caso perdido. —Me pongo un bóxer sin apartar el celular de mi oreja—. Espero que no sea tarde cuando abra los ojos. Ashton ya la odia y yo estoy en el mismo camino. Axel y Andrew tampoco van a tragarse sus mierdas.

Papá suspira.

—Cualquier consejo que le dé es inútil. Ella elige ignorarlos y confío en que reflexionará por su cuenta.

El día que eso suceda estaré lejos, Ashton no es el tipo que la soportará por mucho tiempo. Mamá nunca se sintió completa en su matrimonio y cuando sus hijos la dejen sola en la Fortaleza, caerá en depresión. Toda su vida se basa en tratar de protegernos a su retorcida manera.

—Ya no hablemos de ella. ¿Cómo están las cosas en New Hope? ¿Alguna novedad?

—Simón y sus hermanos declararon en contra de Aulus —informa—. También detuvieron a varios de los elegidos, las descripciones que ofrecieron coinciden totalmente con este tirano. Más cargos serán aplicados a sus antecedentes y está siendo buscado por las máximas autoridades.

Escuché lo mismo muchas veces estos días.

—Aulus se ha burlado de cualquier autoridad existente. Se ríe en nuestras caras.

—Los agentes de Irlanda están al tanto y han puesto una recompensa millonaria a su cabeza. Caerá más pronto de lo que crees.

Cuenta con el apoyo de un demonio que murió hace trescientos años y está entre nosotros. Nadie logró atraparla desde entonces. Dudo que Aulus caiga muy fácilmente, pero no le diré lo que pienso a papá.

—La seguridad aquí tiene que aumentar. Arianne es su mayor objetivo.

—Ella no está sola, cuenta con tu apoyo, el de tus hermanos y su padre. La cuidarán muy bien, pero no olviden tomar precauciones. Hay peligros en cualquier parte.

—Mi radar siempre encontrará a ese imbécil —gruño.

Oigo su risa.

—Te dejo, Asher. Supongo que tienes cosas que hacer —dice—. Estaremos en problemas si no me pones al tanto de lo que sucede allá.

Sonrío.

—Te quiero, papá.

—Y yo a ti.

Cubro mi cuerpo con las últimas prendas de ropa. Luego voy al baño para refrescar mi rostro y lavarme los dientes. La sonrisa viene a mis labios cuando pienso en Arianne desnuda y dispuesta en mis brazos. Pensé que al tenerla así, mis deseos hacia ella se calmarían, pero me equivoqué.

Sentirla piel contra piel intensificó mis ansias, la necesidad de poseerla es más fuerte. Quiero tenerla en todos los sentidos, reclamar cada centímetro de su cuerpo, marcarla y demostrarle al mundo que nos pertenecemos. A cambio me entregaré a ella pieza por pieza, le bajaré la luna y las jodidas estrellas. Pondré el mundo a su disposición si eso significa hacerla feliz. Todo lo que deseo es verla feliz.

Nadie arruinará el objetivo de este viaje.

Nadie.

Ni siquiera Julianne o la arpía de mi madre.

Llego a su puerta y entro a la habitación sin tocar.

Error.

Julianne está en ropa interior mientras posa para la cámara de su celular. Mi cuerpo se pone rígido y retrocedo, pero ella está mirándome con una sonrisa satisfecha. Es una mujer hermosa y una parte importante de mi vida.

Aunque ya nada volverá a ser como antes.

—Tenía que presumir a mis seguidores la vida que llevaré mientras esté aquí —comenta—. Dublin es mejor que el pueblo mediocre donde vivimos.

No voy a soportar su presencia durante meses. La arrastraré al aeropuerto si es necesario, pero no se quedará muchos días. Su molesta presencia ya ha ocasionado suficientes problemas.

—No vas a quedarte por mucho tiempo, te irás la próxima semana.

Hace un puchero.

—No vine con intenciones de molestar a tu compañera o entrometerme en la relación. —Se acerca hasta que estamos cara a cara, pero no reacciono. No despierta nada en mí—. Necesito vacaciones como todos, permanecer en el pueblo es estresante con tantas muertes.

Agarro su delgado brazo y la aparto.

—Entonces vete a París, Londres, Berlín, Buenos Aires, Roma, a cualquier país —espeto, frustrado—. Tienes muchos lugares en el mundo para explorar. Aquí la pasarás encerrada, nadie se preocupará si estás aburrida o no.

El dolor cruza sus finos rasgos, maldita sea no debí escuchar a Arianne. Estaríamos más tranquilos con Julianne a miles de kilómetros de distancia. Será un dolor en el trasero, lo veo venir.

—¿Por qué eres tan cruel conmigo? —inquiere en voz baja—. Sé que estás estresado por todo lo que ha ocurrido, pero no tengo malas intenciones, Asher. Quiero acompañarte en un momento difícil y recuperar la amistad que perdimos.

Mierda. Es insoportable oírla hablar.

—Tú no quieres mi amistad.

Su rostro se arruga ligeramente y las lágrimas emergen. No me sentiré culpable, la conozco lo suficiente para saber que intenta manipularme.

—Lo aceptaré mientras no me apartes —musita—. Sé lo que pasaste cuando nadie más te vio por quien eras, pero yo sí. Creí en ti desde el principio y estuve ahí. ¿Echarás todo a la basura porque tu compañera no me aprueba como tu amiga?

La escucho, incapaz de detener la creciente rabia que hay en mi interior.

—No metas a Arianne en esto. Ella ha sido muy amable al aceptar que vinieras.

Las lágrimas se filtran de sus ojos y solloza.

—¿Amable? Esta mañana me amenazó con quemarme —balbucea temblorosa—. Vi el fuego en sus manos, Asher. Ella no soporta la idea de que tuvimos algo.

No me trago sus mentiras. Sé cómo es desde que éramos niños.

—¿Y tú no hiciste algo para provocar esa reacción en ella?

Sus ojos se estrechan y sus fosas nasales se estremecen como si estuviera a punto de gritarme. No voy a defenderla. No cuando ayer ventiló las cosas que hicimos. Arianne le siguió el juego, pero no es el punto aquí.

Julianne no es una blanca paloma.

—No puedo creer que dudes de mí. ¿Qué tan rotos estamos?

Toco el pomo de la puerta, cansado y estresado a causa de esta conversación.

—Explora la ciudad, conoce gente, captura miles de fotos y presúmelo en tus redes sociales —enfatizo—. Haz lo que quieras, pero no intentes sabotear mi relación con Arianne. Sé que mi madre y tú armaron un complot.

Se pone tensa y juro que su cuerpo está a punto de derrumbarse. No se defiende inmediatamente. ¿Cómo lo haría? No tiene argumentos que la respalden.

—Asher…

—Si te importo como afirmas, respeta a Arianne.

Me voy antes de que organice otro teatro donde ella trata de convencerme de que no es mala y sus intenciones son puras. No pienso perdonarla tan fácilmente esta vez, no cuando se puso de acuerdo con mi propia madre para complicarme la vida.

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