Dulce maldad
Dulce maldad » 38. Arianne
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Kellan y yo meditamos casi toda la tarde en el bosque. Según él, es necesario porque debo relajar mi mente y tener en cuenta mis verdaderas prioridades. Mañana empezaré a entrenar realmente y me siento impaciente. Quiero ser capaz de controlar mis habilidades y usarlas en los momentos indicados.
Cuando vuelvo a la finca, Asher me ha preparado un baño de burbujas en la tina. Hay música relajante y una copa de vino. Termino de desnudarme y me hundo en el agua caliente mientras el olor a flores impregna el aire.
Soy una chica afortunada.
—¿Cómo estuvo el entrenamiento? —pregunta desde la puerta.
Mantengo mis ojos cerrados.
—Bien —respondo—. Josh tiene muchos planes para mí.
—¿Qué hay del druida?
Estiro las piernas y enderezo mi columna mientras se acerca.
—Me agrada —digo—. Es amable y muy paciente conmigo.
Gimo en éxtasis cuando sus dedos masajean mis músculos tensos y luego toca mis piernas bajo el agua. Hago un sonido vergonzoso que lo hace reír. Las estúpidas hormonas delatan mis ganas hacia él. He tenido pensamientos tan… sucios y eróticos que harían sonrojar a cualquiera.
¿Quién me culparía? Nadie. Absolutamente nadie se resistiría a un chico como Asher Karlsson.
—Kellan te ayudará con tus habilidades de druida, pero yo… —Acaricia mi cuello con su nariz y me chupo el labio inferior—. Te enseñaré todo lo relacionado con tu sangre de licántropo.
—Mmm… quiero saber en qué consisten tus lecciones.
Mis piernas se abren por voluntad propia mientras acaricia mis muslos internos.
—Combate físico, pero no solo en un campo de batalla. También en la cama, Arianne.
Una ráfaga de fuego revienta en mis venas, como si mi sangre hubiera sido reemplazada por lava. Tener esa boca sobre mí generó más expectativas de lo que podría pasar una vez que estemos sin ropa en una misma habitación.
—Oh, dioses…
La punta de su dedo roza mi intimidad y abro los ojos de golpe. Su expresión se oscurece con la satisfacción. Disfruta tener poder sobre mi cuerpo y mi mente; es el dueño de mi placer.
—Mis hermanos quieren ir a un parque de diversiones mañana —murmura en tono sereno, sin verse afectado como yo—. ¿Crees que tienes tiempo? Quieren conocer la ciudad.
La música sensual me altera más de lo previsto. Alcanzo su nuca, mis labios buscan los suyos con desesperación.
—Mmm…
—Arianne…
Hundo los dientes en mi labio inferior y sostengo su muñeca instándolo a más mientras un gruñido escapa de su garganta. Empezó y me niego a que me deje sin terminar. Sus dedos se mueven en mis pliegues, alterándome, quemándome.
—Iré —hablo temblorosa—. Suena como un buen plan entre amigos.
—Ajá.
Mi columna se arquea en la bañera con un largo gemido angustiado.
—Asher…
Me agarra el mentón y saborea mis labios mientras sus dedos se mueven en mi interior. Se come mis gritos, gemidos y toda reacción que despierta en mi cuerpo. Lo necesito, lo necesito más que nunca.
—Pronto —susurra entre besos—. Pronto, bonita.

Los hermanos Karlsson están presentes en el comedor para el desayuno al día siguiente. Me siento al lado de Asher mientras Audrey me sirve una taza de café con pan tostado. Por el rabillo del ojo, veo a Julianne sentada en la silla con la gracia de una gacela. Lleva un vestido corto, el cual se le sube, revelando más de sus largas piernas bronceadas. Axel la mira sin disimulo. Genial.
—Espero que estén cómodos aquí —murmura Josh—. Y agradezco el apoyo que le ofrecen a Arianne.
Me siento allí congelada, anticipando lo que dirá después. Me cuesta creer que tiene interés en mí. Sé que tuvo sus razones para abandonarnos, pero mi rencor hacia él no quiere irse aún. Los siguientes días determinarán cuánto le importo.
—Necesitaba vacaciones —dice Andrew—. Estaba cansado de ese pueblucho.
Asher le lanza una mirada crítica.
—Recuerda que estamos aquí por Arianne, idiota. No por diversión.
—¿Qué pasó con el Asher que conozco? —pregunta Julianne, haciendo un mohín—. Antes eras divertido y no un cascarrabias. Ahora cargas con una horrible energía negativa sobre ti.
Bajo la mirada hacia mis manos, apretadas firmemente en mi regazo. Ella se refiere a mí y no tengo argumentos para contradecirla. He arrastrado a Asher a mi mundo y ya no puedo cambiarlo.
—¿Divertido? —bufa Asher—. Nunca encajé con tu grupo de amigos, sabes que me hacían sentir demasiado miserable y raro en los encuentros.
Andrew se echa a reír.
—Estoy de acuerdo. Lucías como un pavo degollado y regresabas con un humor de demonios a la Fortaleza.
—Escuchar a papá discutir es más entretenido —secunda Axel.
Julianne los ignora y escupe más de su veneno.
—Le rogaré a la Diosa Luna para que sus compañeras no sean brujas inestables, chicos —dice con deleite—. Aria perdería la cabeza. Se puso tan mal cuando supo que Asher está destinado a la descendiente de Abigail.
Suelta una risa como si fuera la cosa más divertida que jamás haya comentado. Mira alrededor de la mesa, esperando que los demás se rían con ella, pero nadie lo hace.
Ridícula.
—Ya has dicho suficiente —espeta Asher. Su cara se distorsiona por la rabia.
—No te enojes, tonto. Solo era una broma. —Julianne se remueve nerviosa en la silla—. ¿Qué pasa con el sentido del humor? Se murió estos días…
Ignorando el dolor en mi pecho, obligo a mis ojos a volver a Julianne. No permitiré que me haga sentir menos. ¿Qué importa su opinión de todos modos? Es solo una niña mimada y resentida.
—Y yo siento pena por tu compañero —espeto antes de que pueda detenerme y me pongo de pie—. Soportar a una psicópata obsesiva como tú durante la eternidad será una completa tortura para él. ¿Qué harás con las chicas que lo miran? ¿Vas a matarlas también? ¿Les arrancarás los ojos? ¡Espera! Te comerás sus órganos, porque el único demonio aquí eres tú.
Julianne me observa con la boca abierta y el silencio se extiende en la mesa; su cara está pálida como la de un fantasma, y tartamudea.
—No sé por qué diría algo así. —Mira a Asher que tiene los labios apretados y la mandíbula tensa—. Tal vez la psicópata es ella, al menos mi abuela no devora niños.
Se me llenan los ojos de lágrimas, pero parpadeo y las empujo. No voy a llorar, eso significaría que ha ganado y no puedo dejar que ocurra.
—No dirijas la conversación a otra dirección porque estamos hablando de ti, Julianne —continúo—. Sí, tengo sangre de un demonio, pero puedo asegurar que soy mucho mejor persona que tú. No mato a las novias de mi mejor amigo por celos.
Axel se atraganta con un pan y los demás observan el combate como una partida de ping-pong. La expresión de Asher es… indescifrable.
—Estás demente —jadea Julianne al borde del pánico—. Estás loca.
En mis labios se forma una sonrisa de triunfo. Cayó, ella sólita acaba de cavar su propia tumba.
—No tanto como tú.
—Uh… —dice Axel.
—Bueno, paren con el escándalo —manifiesta Josh—. No es momento.
Doy la vuelta y empiezo a alejarme. Oigo a Asher llamándome, pero no freno, moviendo las piernas tan rápido como puedo. Quiero desaparecer. ¿Cuándo será el día en que me ponga a discutir sin quebrarme?
—Arianne, detente —suplica Asher cuando estamos fuera del comedor—. ¿Puedes parar un segundo, por favor?
—¿Qué?
—¿Estás bien?
—Estoy bien. —Me cruzo de brazos como niña pequeña y aparto la mirada de él. Odio que las palabras de esa hueca me duelan—. ¿Por qué no dijiste nada cuando mencioné a tus exnovias muertas? Estabas muy callado.
Un dolor estropea los rasgos de su rostro finamente esculpido. Le toma unos latidos responder.
—Sé que Julianne no te agrada, pero es una acusación muy fuerte.
Mi risa carece de humor.
—Sus celos no son normales. ¿La has visto? Actúa como una loca cuando nos ve juntos.
Se queda quieto, procesando mis amargas palabras.
—Me ha dicho que ayer quisiste quemarla por la misma razón.
Lucho para mantener bajo llave la ira que puede explotar muy fácilmente. Soy una dinamita.
—Y tú le creíste.
—No es así…
—¿No? —Me río alto—. ¿Entonces por qué la justificas?
—En ningún momento lo hice. —Su voz es suave, tan suave en comparación con la mía. Él no cree en mi palabra porque Julianne siempre será su amiga—. Sé que sientes celos, pero…
¿Celos? ¿En serio?
—Pero nada —lo interrumpo—. Tus hermanos han dicho que está obsesionada contigo y lo que sucedió es una prueba. Hace lo que sea para hacerme sentir mal porque me odia, cree que ninguna mujer es la correcta para ti excepto ella. ¿No te das cuenta de su locura? Es peligrosa. Lo que siente por ti no son sentimientos buenos o desinteresados, y pasará por encima de cualquiera para tenerte. Le da igual que yo sea tu compañera, Asher.
Un pequeño gruñido se dispara fuera de su pecho y pasa las manos varias veces por su cabello en un gesto frustrado. La rabia crece dentro de mí, retorciéndose y apuñalándome cuando miro hacia la puerta.
Julianne está ahí sonriendo.
—Bonita…
Me trago las lágrimas.
—No me llames así. —Levanto las manos en el aire—. Iré a entrenar sola y no me sigas. No quiero verte ahora, porque me pondré más violenta.
—Ari, por favor…
Le doy la espalda y camino directo al bosque, donde mis entrenamientos se llevan a cabo. Tiemblo de rabia por culpa de mi imprudencia, no debí lanzar una acusación como esa sin pruebas. Apuesto a que Julianne está muy satisfecha, pero su triunfo no durará para siempre.
Yo no seré como sus víctimas.
Golpeo un tronco y miro fijamente el árbol. Las ramas empiezan a moverse y romperse. Las hojas vuelan y caen sobre mí como gotas de lluvia. Si me concentro lo suficiente, estoy segura de que puedo hacer algo más que moverlas.
Mis deseos se cumplen y las hojas me rodean como mariposas, flotan a mi alrededor y sonrío. Chasqueo los dedos mientras las veo disolverse en pequeños fragmentos.

Hago flexiones de piernas, casi cien abdominales, salto y corro durante una hora por el bosque. Josh verifica el tiempo en su reloj y me presiona cuando cree que no es suficiente. La luna llena hará presencia en los próximos treinta días y quiero aumentar mi masa muscular.
Mi metabolismo siempre ha sido alto a causa de mis genes, pero no me vendrá mal ejercitarme y tener más resistencia. Mi cuerpo también se convertirá en un arma poderosa, al igual que mi mente. Nunca le daré entrada a Abigail.
No le daré la oportunidad de romperme.
Sobreviviré al cambio, seré invencible y Abigail se lamentará por haber pensado en la absurda posibilidad de poseerme. Si no me busca, lo haré yo. No me esconderé toda mi vida.
Kellan alinea varios troncos de madera sobre la tierra y los quemo uno por uno. Su cara podría ser fácilmente un meme por la forma en que abre la boca y los ojos. Encantador.
—Nunca he visto a nadie aprender tan rápido como lo haces tú. —Se toca los labios con un dedo índice—. Tu nivel es superior, pero no debería sorprenderme. Las mujeres druidas siempre destacaron sobre los hombres en cuanto a poderes y conocimientos. Podrías ser fácilmente como Morrigan, la diosa de la muerte y destrucción.
El orgullo hincha mi pecho por el halago.
—Quiero hacerla pedazos.
Sus labios se alzan en una sonrisa.
—Lo lograrás.
Frunzo el ceño al ver que un anciano avanza hacia nosotros lentamente. Su espalda está curvada y camina como un jorobado, tiene el cabello canoso hasta los hombros y una túnica blanca que llega al suelo. Se mantiene de pie gracias al bastón que sostiene su tullido cuerpo. Su rostro arrugado se conmociona cuando encuentra mis ojos y luego sonríe con ternura. ¿Me conoce?
Es Josh quien lo recibe con un abrazo.
—Connan, es bueno que hayas podido unirte a nosotros —dice Josh—. Ella es Arianne, mi hija.
Ah. Es el abuelo de Kellan, la garganta del anciano se mueve espesamente cuando traga.
—Por un segundo creí que ella era. —Sonríe con tristeza—. Aimeé se fue muy pronto.
Un aliento de dolor sale de mis labios y me presento.
—Mucho gusto en conocerlo, señor Connan.
Me hace sentir incómoda por la forma en que me mira fijamente.
—Qué jovencita tan… encantadora.
Kellan rueda los ojos.
—Lo estás haciendo de nuevo, abuelo.
Junto las cejas. ¿Hacer qué? El anciano levanta una mano temblorosa a mi rostro y me tenso.
—Connan tiene la habilidad de ver auras —explica Josh—. Las puede identificar gracias a los colores que desprende el estado emocional de los humanos o cualquier criatura sobrenatural.
Me trago la ola de nervios.
—¿Qué colores puede ver en mí?
Connan me mira con sus ojos nublados. ¿Cuántos años ha vivido? ¿Cientos? ¿Miles? Su cara grita que tiene muchas historias que contar y me gustaría escucharlas algún día. Es increíble que alguien como él siga vivo, los druidas fueron perseguidos siglos atrás. Sacrificados, fusilados, asesinados en la horca.
—Gris. Es una mezcla entre el blanco y negro —dice Connan—. Puede representar depresión, tristeza, soledad, estrés, deseos de venganza, oscuridad y luz.
Siento a mi corazón rebotar contra el pecho, soy tan obvia que no podría ocultar mi sufrimiento.
—Luz y oscuridad —masculla Josh—. Sabes lo que eso podría significar.
—¿Qué? —balbuceo.
—Eres nieta de Abigail. Es difícil que tu aura conserve un mismo color.
Connan asiente.
—Cambia con el transcurso del tiempo y por las acciones de uno. El tuyo estuvo sucio desde esa masacre.
¿Qué masacre?
—Nunca sabes cuándo callarte, viejo parlanchín —masculla Kellan en tono cansado.
Reprimo una carcajada.
—Mi parte favorita del día es dejar en evidencia a las personas. —Sonríe Connan con la vista fija en Josh—. Aimeé haría lo que fuera para verte interactuar con tu hija, estaría muy feliz.
El cazador suspira.
—Connan…
—Te escuché hablar de ella muchas veces —dice el anciano muy feliz—. Tu aura cambiaba cuando hablabas de tu familia, pero ahora el negro predomina. Tu luto es eterno, Josh.
Las lágrimas rozan mis ojos y llevo mi atención hacia otro lado.
Todos tenemos maneras diferentes de lidiar con el dolor.
La frase más real que he oído. Josh no lo demuestra mientras yo sí con la rabia. Soy transparente y él una tumba de secretos.
—Tu alma está condenada por la venganza, Laroux —añade Connan.
Kellan lo toma por el brazo y nos ofrece una sonrisa de disculpa.
—Le gusta incomodar a la gente, sepan disculpar.
Sorbo por la nariz.
—No es nada.
Connan codea a su nieto.
—Tienes que pasarte por mi cabaña algún día para tomar el té —me dice Connan—. Te encantará oír cómo era la pequeña Aimeé Lane, una rebelde con muchas causas.
Me echo a reír con las lágrimas en mis párpados.
—Será un placer.
—Vamos, abuelo —instruye Kellan.
Josh y yo nos quedamos en un perpetuo silencio. Recojo una rama del suelo con una incomodidad que pesa. Esta es la segunda vez que hablamos a solas, siempre estoy acompañada por Asher o sus hermanos. Debo aprender a ser civilizada si quiero avanzar.
—¿Alguna vez intentaste rehacer tu vida? —inquiero.
—No —contesta distante—. Mi vida no volvió a ser la misma desde que perdí a mi familia.
—Tu familia.
—Mis padres y mis hermanos —expone con melancolía—. Los perdí cuando era muy joven, tenía veinte años.
El pesar me retuerce el pecho y jadeo. Estoy helada y quieta, supongo que no es un cascarón vacío como lo consideraba. Todos tenemos una historia que contar.
—Lo siento. ¿Cómo ocurrió? Lo respetaré si no quieres decírmelo.
Afloja su corbata en un intento de respirar.
—Provengo de una familia de licántropos. Mi hermano Jasper atacó a nuestra manada, no podíamos ni vernos la cara. Él me odiaba porque mi padre me escogió para ocupar su lugar.
—Te escogió para ser el Alfa.
Josh asiente.
—En 1895, mi manada fue atacada por licántropos desconocidos. Mujeres fueron violadas, niños secuestrados y hombres torturados. —Su voz se apaga—. Mi familia murió esa noche y no pude hacer nada. Jasper decidió dejarme vivo como castigo, me obligó a ver cada acto repulsivo que hicieron. Se alió con un clan enemigo para destruirnos.
Exhalo fuertemente.
—Lo siento. —Es todo lo que puedo decir.
—Me sentí culpable por ser el único sobreviviente, incluso odié a mi raza. Los odiaba. Me convertí en un lobo sin manada y busqué mi camino lejos de mi aldea. En el viaje, conocí a Balton. Él era cazador y sabía que yo era un licántropo. Balton practicaba ocultismo y me dijo que podía ser parte de ellos con una condición.
Ocultismo.
El ocultismo se conoce desde la antigüedad. Las personas que lo practican, tienen el don de la adivinación y la capacidad de descubrir los secretos del mundo. Un arte interesante y verídico que muy pocos creen.
—Hice un juramento de lealtad donde prometía acabar con todos los licántropos que dañan a los humanos —masculla y traga saliva—. Una vez que fui parte de ellos, regresé a la aldea y cacé a Jasper. Lo maté sin remordimiento, quería venganza.
Sus palabras hacen eco en mi mente y es inevitable sentirme identificada. También busco venganza. Es lo que anima a despertarme todos los días. Ver muerta a Abigail me mantiene con los pies en la tierra.
—Lo tuviste.
—Sí y no, lo siento en absoluto —responde—. Mi vida se ha basado en proteger la humanidad de bestias salvajes, pero conocer a tu madre me dio nuevos propósitos. Una familia a quien amar y fallé en cuidarlos por culpa de mis miedos.
Escuchar esta parte de su vida me hace sentir cercana a él. Tenemos mucho en común, más de lo que imaginé.
—Aún puedes recuperar el tiempo perdido, Josh.
Me toca el hombro como algo que parece muy cercano al afecto.
—Trabajaré muy duro para ganarme tu cariño y confianza.

ASHER
Julianne ha hecho cosas cuestionables, cometió errores como todos, pero nunca pasó por mi mente que ella fuese una asesina. No la creo capaz de llegar a esos extremos.
Me quiere y está enamorada de mí, pero es Julianne. Mi mejor amiga, la chica con quien veía películas de terror y fumaba cigarros a escondidas cuando era un niño. No hay manera de que haya planeado cinco homicidios.
Mierda, soy un imbécil. Cada vez que la miro, veo a esa niña que he conocido por años. Los recuerdos están ahí y me niego a creer que es una homicida por celos.
No lo acepto.
—Te llevas el premio al licántropo más idiota del mundo. —Se burla Andrew—. ¿En serio le dijiste que actuó por celos?
Un agudo dolor me atraviesa.
—Arianne me quebrará los huesos si le dirijo una palabra. —Miro las calles de Baggot por medio de la ventana—. No quiere verme.
Se supone que hoy empezaban nuestros entrenamientos de combate, pero se niega a estar cerca de mí. Al mediodía la escuché reír en la biblioteca con su maestro druida y mi sangre hirvió por culpa de los celos. Pasarán mucho tiempo juntos.
Sí, soy un idiota por sentirme así cuando mi mejor amiga está aquí. Una amiga con quien tuve relaciones sexuales.
—Haría lo mismo en su posición. —Andrew mastica snacks desde el sofá—. Defendiste a una amiga que te follaste. —Se ríe y le lanzo una mirada de odio—. ¿Qué? Tiene razón en enojarse.
—No lo entiendes. —Suspiro—. Esto es muy difícil para mí, me siento como un imbécil haciéndola sufrir, yo… no sé qué creer.
—Si fuera tú, investigaría —murmura mi hermano—. Averiguar si Julianne está detrás de todos los asesinatos por los que te acusaron injustamente.
Joder, suena terrible si lo dice así.
—Sería más razonable que Aulus fuese el responsable —espeto—. Es un potencial asesino en serie. Julianne solo es una chica…
Ashton le arrebata el paquete de Doritos a Andrew y pone los ojos en blanco.
—¿Piensas que Aulus se despertó un día y simplemente planeó la muerte de todas tus novias para arruinarte la existencia? Te recuerdo que el imbécil solo actúa de noche en su forma lobuna.
No sería tan estúpido para atacar en plena luz del día.
Pensé lo mismo hace horas y no tiene lógica.
—¿Dos de ellas no fueron atacadas por animales salvajes? —cuestiona Andrew—. Pudo ser Julianne definitivamente. También tiene forma lobuna. Todo ha sido planeado, Asher.
Un escalofrío se arrastra por mi columna vertebral. Ninguna chica volvió a salir herida desde que decidí mantenerme soltero y distante de las humanas, pero apareció Arianne y despertó los profundos celos de Julianne.
Contengo el aliento.
—No hay pruebas y nunca sospechaste de ella, eso hizo que los crímenes sean perfectos —prosigue Ashton—. Lo que podemos hacer es tomar ventajas de sus sentimientos hacia ti. Caerá más pronto de lo que crees porque está desesperada y celosa con la aparición de Arianne. El amor nos hace débiles, ¿no?
Nervios, aprensión y miedo se arremolinan en mis tripas. Me asusta pensar en lo que podría pasar si mis hermanos tienen razón. Nunca perdonaré a Julianne si es culpable.
—Obsesión —corrige Andrew.
—Ya. —Ashton me da una sonrisa maliciosa—. Déjame a cargo, ella caerá en mi trampa como sea. Siempre quise desenmascararla.
Una sonrisa juega en mis labios.
—Estás disfrutando esto, ¿eh? Adelante, Sherlock. Investiga qué mierda hay detrás de esto.
—La voy a hundir —afirma mi hermano.
Andrew silba con emoción.
—Primero quiero que vayas y te disculpes con tu chica —ordena—. Habla con ella, dile cuanto lo sientes. Haz tu magia.
—¿Mi magia?
Andrew eleva una ceja rubia y se encoge de hombros.
—Ya sabes. —Hace una pausa—. Bésala, hazla gemir, tócala, busca una manera de convencerla.
Me paso la mano por el pelo.
—Espero no fracasar en el patético intento. Está muy enojada.
—No lo harás. Las mujeres aman nuestro lado cursi, aman tener la razón, no lo olvides —continúa Andrew—. Ahora ve a buscarla, ponte una camiseta sexy que la haga babear y dile que tiene toda la razón, también invítala al parque de diversiones. Iremos pronto, Axel ya está ahí con Audrey.
Niego. Axel no cambiará sus hábitos de promiscuos.
—¿Ya se lio con el ama de llaves? —pregunto.
Andrew ríe.
—Es Axel.
Me dirijo a la puerta con un suspiro.
—Buscaré a Arianne.
—Suerte con ella —dice Ashton.
Que no se note el sarcasmo.
Camino por los pasillos de la inmensa finca con las dudas acechándome en cada terminación nerviosa. Han sido días llenos de estrés y no quiero lidiar con mi amiga obsesionada. Debo ser el soporte que Arianne necesita y estar ahí para ella.
Mi familia tampoco está en sus mejores momentos. Papá carga con una gran responsabilidad como alcalde y mamá ha estado inmersa en sus propios problemas, como estropear las relaciones de sus hijos porque nunca fue realmente feliz con su compañero.
La vida siempre será un laberinto cargado de pruebas.
Me llama la atención que la habitación de Julianne se encuentra medio abierta y oigo el sonido de la ducha correr. Ralentizo mis pasos, frunciendo el ceño por la idea que pasa por mi cabeza. No es bueno invadir la privacidad de nadie. Jamás, pero no me deja muchas alternativas.
Quiero terminar con el misterio, cerrar este ciclo de mi vida que me ha hecho sentir miserable. Ya no puedo más.
Tengo un minuto para encontrar lo necesario antes de que Julianne termine su ducha. Un último vistazo a la puerta del baño y después voy primero por la maleta abierta. Su ropa está despilfarrada, hay muchas tangas, prendas que utilizan las modelos en una pasarela. Nada incriminados Después siguen los cajones donde guarda sus productos de maquillaje, skin care, perfumes, lociones y una agenda. El corazón se me acelera, trago saliva en mi árida garganta. Las páginas tienen escritos nombres de médicos y una psiquiatra conocida del pueblo. Lo sé porque mi padre quiso enviarme a terapia con ella más de una vez. ¿Qué? No sabía que Julianne tenía trastornos.
Encuentro una pequeña y vieja fotografía donde estamos abrazados. Siempre tiene esa expresión de enamorada cuando me mira, mientras la mía es indiferente. Nunca pudo ser correspondida. Paso a las siguientes, pero no hay nada revelador. Excepto mi nombre completo en cada renglón de las hojas.
Asher Liam Karlsson Olsson.
Asher Liam Karlsson Olsson.
Asher Liam Karlsson Olsson…
La inquietud me desborda. Esto no es normal, no hay nada normal aquí. La estremecedora sensación me hace maldecir cuando percibo que la ducha de Julianne terminó y rápidamente guardo la agenda en mi bolsillo para salir de la habitación.
Mi corazón martillea bajo mi camiseta y cierro la puerta discretamente. El temor me empaña junto con la decepción y comprensión.
Julianne está obsesionada conmigo.
Siempre lo estuvo.

ARIANNE
Disfruto mi mañana con Kellan y sus lecciones. No pienso en Asher o cualquier drama que se relacione con su amiguita. Invertir tiempo en los verdaderos problemas es más productivo. Hablé con mi padre, quemé cincuenta troncos y moví objetos por medio de mis poderes psíquicos.
Pronto seré capaz de hacer más cosas, como manipular los siguientes elementos que aún no utilicé.
Estoy entusiasmada.
—Abigail es una leyenda que aterrorizó Irlanda hace siglos atrás —comenta Kellan, sentado en su escritorio—. Hizo conjuros de las artes oscuras sin mucha práctica. Logró que miles de humanos la sigan a su causa, devoró almas y se ha vuelto imparable desde entonces. Mi abuelo dijo que es invencible porque cuenta con alguien que la respalda. Una fuerza mayor que le otorga poderes a cambio de los sacrificios que ella ofrece.
—Su señor. ¿Quién es él?
Levanta una ceja.
—Ese es el problema. Nadie lo sabe —responde—. Dicen que es un ser superior que se alimenta desde las sombras. No tiene orígenes, ni antecedentes. No hay absolutamente nada escrito sobre él, pero cuenta con seguidores en cada parte del mundo.
El miedo se afianza. ¿De dónde salen estos fenómenos? El mal nunca se acaba.
—Si acabamos con él, terminaríamos con muchos problemas. —Kellan se ríe—. Pero es imposible. Tiene a sus sectas que hacen el trabajo sucio, no se involucra.
Dejo escapar un suspiro tembloroso.
—Wow…
—Él no es nuestro problema, Abigail sí —destaca—. Necesitamos tener ventajas sobre ella como el uso de la luz, los dioses quieren asegurarse de que no uses tus poderes con fines destructivos.
No puedo evitar reírme, no seré un ser de luz como esperan.
—¿Fines destructivos? Quiero cortar la cabeza de una bruja desgraciada que resulta ser mi abuela. No sé si llamarlo fines destructivos, pero estoy haciéndole un favor a la humanidad.
Kellan se ve genuinamente decepcionado.
—Tu especie es única, Arianne —dice—. Tienes las habilidades de tus padres y tu abuela. Licántropo, druida, demonio, ¿algo más que agregar?
Me encojo de hombros.
—Tal vez mañana resulto ser un unicornio. —Bromeo.
Su carcajada retumba por la biblioteca y me uno a él. Soy inmediatamente golpeada por su juventud, no puede ser mucho mayor que yo. Su piel es impecable, sin manchas, la línea de su mandíbula afilada y fuerte. Sus ojos son de la más pálida tonalidad de gris que he visto y su cabello es rubio; debo admitir que es muy guapo.
—Me recuerdas mucho a mi viejo yo, aunque no soy una especie peculiar. Mis poderes se manifestaron cuando tenía cinco años —comenta con humor—. Odiaba ir a la escuela porque sufría bullying.
Hago una ligera mueca. Nunca me relacioné con humanos, pero sé que pueden ser muy crueles. La amabilidad y la empatia están muertas estos días.
Explotamos de nuevo en risas mientras me cuenta cómo quemó su calzoncillo accidentalmente y otros objetos porque no podía controlarse, pero su abuelo Connan lo ayudó a ser un excelente druida. No solo controla los cuatro elementos, también es bueno con las plantas medicinales, igual que mi madre.
Me gustará llegar a ser así, sin duda. Pero mi sonrisa se desvanece cuando la puerta de la biblioteca se abre y veo a Asher. Sus ojos avellana miran acusatoriamente entre Kellan y yo. ¿Ok?
—Arianne —susurra con cautela—. ¿Podemos hablar?
Kellan carraspea y se pone de pie con un libro en la mano.
—Te veo luego —dice el druida.
Asiento.
—Claro.
Kellan camina a la puerta y Asher le dirige una expresión mortal que me provoca ganas de reír. ¿En serio está celoso? Qué idiota. Me aclaro la garganta y traigo su atención a mí, hay una desesperante distancia entre nosotros que me lastima. No puedo moverme, no puedo respirar. Mis ojos son capturados por la intensidad de su mirada avellana.
Sigo tensa por la discusión de esta mañana, a la defensiva. Espero que no diga excusas patéticas para justificar a su amiga o reventaré. He tenido demasiado de Julianne Nelsson y su maldita inclinación a molestarme.
Debí aventarla del avión. Lamento mucho haber sentido la mínima pena por ella. No lo merece.
—Nunca quise herirte —empieza Asher—. Si hay una forma de arreglarlo, tienes que decírmelo porque estoy muriéndome aquí. Lo siento, Arianne.
Bajo la vista a mis manos.
—No hay nada que sentir aquí. Lancé una acusación sin pruebas y entiendo tu reacción. Es estúpido molestarme porque la defiendes. La conoces desde hace años, mientras yo llegué a tu vida hace tan poco…
—Hey, no. —Me frena con las manos en mis mejillas—. Lo que siento por ti nunca va a compararse con Julianne. ¿Entiendes? Te convertiste en una parte esencial en mi vida cuando te vi esa noche en la carretera.
Mi pecho tiene espasmos por la forma en que lo dice, con tanta convicción. Mi corazón se abre, florece y le da paso a las mariposas que revolotean en mi estómago. Adoro a este hombre.
—No puedo estar molesta contigo cuando dices cosas como estas.
Una sensual sonrisa se dibuja en su cara.
—Bueno, mi trabajo ya está hecho.
Mi puño conecta con su brazo.
—Idiota.
Sorprendiéndome, pone una mano en mi cuello y me besa la boca mientras me posiciona sobre el escritorio. Mis piernas le rodean la cintura y le correspondo con la misma pasión desenfrenada que nos define cuando estamos cerca. Muero por sus labios, su toque embriagador y sus suspiros.
—Mis hermanos y yo tenemos un plan. —Me da un beso—. Ellos tampoco creen en Julianne. —Más besos—. Nos propusimos encontrar pruebas de sus crímenes. —Último beso—. Sé que suena irreal incluso, pero varios de sus actos la incriminan.
Me aparto apoyando una mano sobre su hombro.
—¿Te refieres a algo en específico?
Suspira y apoya su frente en la mía.
—No quiero agobiarte con mis problemas. Ahora solo importas tú —me dice—. Vamos a olvidar el malentendido y pasemos el día juntos en un parque de diversiones.
Compartimos una sonrisa.
—¿Parque de diversiones?
—Sí.
—Genial. Kellan acaba de hacerme una invitación para ir también. —Bajo del escritorio y lo conduzco a la puerta—. Vamos, quiero que ganes un peluche para mí.