Dulce maldad

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Dulce maldad » 39. Arianne

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Nos reunimos con los demás en el concurrido parque de diversiones. Estoy maravillada. El campo entero está repleto de cada paseo con señales luminosas, juegos imposibles de ganar y carteles publicitarios de horrible comida que engorda; el atardecer baña el escenario de color naranja.

La música está a tope y las personas emocionadas. Miro las atracciones con una pequeña sonrisa de felicidad. Me siento como una niña de nuevo, la última vez que asistí a un parque de diversiones tenía diez años y Theo, cinco.

Ese día hizo un berrinche porque quiso subir a la montaña rusa, pero mamá no le permitió debido a su edad. Lloró mucho y solo se tranquilizó cuando le compré un helado de chocolate. Mis ojos se llenan de lágrimas ante el recuerdo.

—Arianne… —dice Asher, abrazándome—. No te traje aquí para hacerte sentir mal.

Sonrío.

—Soy muy sentimental.

Me besa en la frente.

—Te cumpliré el deseo de ganar un peluche para ti. Obtendré el más grande.

Me acurruco contra él sin dejar de reír. Es Asher quien me sujeta a pesar de todo.

—Suena como un buen plan.

—El mejor plan.

Andrew me recibe con los brazos abiertos cuando corro a él y me aferro a su cuerpo como un koala. Ashton está a su lado con una lata de cerveza en la mano y un cigarro en los labios. No hay vistazos de Axel, pero sí de Kellan.

Paz. Quiero que este día esté colmado de paz.

—¿Les gusta la estadía en Irlanda? —pregunta Kellan—. Aquí tenemos grandes celebraciones.

Andrew me baja al suelo.

—También tienen mucha belleza —comenta, observando a una morena de curvas—. ¿Por qué no vinimos antes?

Resoplo.

—¿Dónde está Axel?

—Supongo que follándose a Audrey —contesta.

Asher niega.

—Le advertí que se lo guardara en sus pantalones. Espero que estén funcionando muy bien los métodos anticonceptivos que usa —refunfuña mi lobito—. No queremos que regrese al pueblo con un hijo. —Mira a su hermano—. Eso te incluye, idiota.

Andrew palidece y sus ojos se desorbitan. Me cubro la boca para no reírme a carcajadas.

—Ewww, no iría tan lejos. Cálmate, idiota —espeta—. Yo tomo muchas precauciones.

—La idea es divertirnos y no hablar sobre métodos anticonceptivos —masculla Kellan con la vista en mí—. Me gustaría obtener un peluche para ti.

La cara de Asher es todo un poema cuando está celoso.

—Ese es mi trabajo —responde Asher, apretando mi mano—. Ganaré un peluche para mi chica.

Kellan lo mira con una expresión aburrida.

—Veremos si puedes ganar un peluche. —Kellan desafía a Asher—. Te reto.

Asher da un paso cerca de él.

—Acepto, pero escucha bien, brujo. —La palabra suena como un insulto—. Asegúrate de no hacer trampa o patearé tu culo.

—Asher…

La sonrisa de Kellan es presumida y victoriosa.

—Soy el mejor en los tiros así que no necesito hacer trampa. —Eleva las cejas—. Nunca perdí.

Dioses… me estresa que se comporten como dos machos alfa. ¿Es muy difícil ser civilizado?

—Esto será interesante. —Se ríe Andrew—. Vamos a apostar por quién ganará el mejor premio. ¿Por quién vas, Arianne?

Pongo los ojos en blanco.

—No es una competencia.

—Claro que sí —gruñe Asher—. Tú vas primero, brujo.

—Como prefieras —dice el druida.

Kellan se dirige a la tienda de juegos sin pronunciar otra palabra y casi grito. ¡Tiene que ser una broma!

—No llevas ni una semana aquí y ya tienes un nuevo pretendiente. —Bromea Andrew.

—Kellan es mi maestro y un buen amigo.

Ashton bebe su cerveza.

—No eres su tipo —suelta.

Arrugo la nariz.

—¿Cómo podrías afirmarlo? No lo conoces.

Me da una sonrisa brillante en la que enseña dientes y hasta hoyuelos. Dioses, es guapo cuando sonríe.

—Eres tan inocente. —Lame sus labios—. ¿Tú qué opinas, Andrew? ¿Arianne es el tipo de alguien como Kellan?

El rubio le da una evaluación a mi cuerpo y hace un ruido de negación. Auch.

—Ella no, pero nosotros sí.

Esperen… ¿qué?

Ignoro los comentarios y observo cómo empieza la lucha por ganar el premio más grande. Asher y Kellan ya están en la cabina de juego. Los animales de peluches que cuelgan llaman la atención de los niños. Hay flores, objetos lindos, perfumes y cualquier tipo de baratija que aman las personas.

Una vez que pagan, el vendedor le ofrece tres bolas a cada uno para disparar al objetivo. Kellan es el primero en intentarlo y sorpresivamente lo logra. Le guiña un ojo a Asher, quien niega con fastidio. Varias chicas lo halagan mientras él elige un peluche de oso panda. Me ruborizo cuando se acerca a mí y me lo tiende.

—No era necesario —susurro—. Quizás alguien más lo quiere.

Kellan me sonríe.

—Consérvalo como un regalo de bienvenida.

Abrazo el peluche a mi pecho. Es demasiado lindo y no podría negarme.

—Gracias.

Asher carraspea y frunce el ceño. Kellan le resta importancia a la tensión que está construyéndose. No me digan que se pondrán a pelear o me muero aquí mismo. Par de cavernícolas.

—Mi turno —dice Asher con arrogancia.

Hace una pausa y arroja las bolas, golpeando los objetivos casi imposibles con facilidad. El vendedor mira su temporizador y confirma que Asher lo hizo más rápido que Kellan. Fantástico. Mi aliento viene rápido en el momento que debe escoger el premio. No es un peluche normal, pero sí uno con un inmenso significado.

El peluche es un lobito gris.

—Bonita —dice, mirándome con una sonrisa—. Será nuestro primer lobito.

Mis sentidos enloquecen con el golpe de sangre a través de mi sistema y siento mi corazón derretirse por el detalle inesperado y precioso. ¿Algo mejor que esto? Lo dudo.

—Tú sí sabes cómo conquistar a una chica —susurro.

En ese momento, todo a nuestro alrededor es olvidado. Asher posa su mano en mi cintura y me acerca a su cuerpo para darme un beso arrollador. Suspiro contra sus labios, completamente hechizada por él. Inclino mi frente en la suya, tomándome mi tiempo para no perder el equilibrio.

—Solo contigo —responde y quita su boca de la mía—. Siempre será contigo.

—Aww… —Andrew hace un mohín—. Cualquiera puede ver lo cachondos que están. Huelo a los licántropos en celo. ¿Tú no, Ashton?

El amargado le da una fuerte calada a su cigarro sin quitar sus ojos de mí. Es escalofriante que le recuerde a su exnovia. La chica que Aria no aprobaba. ¿Me hubiera llevado bien con ella si la conocía? Apuesto a que sí.

—Ocúpate de tus asuntos —masculla Ashton.

Andrew hace un mohín.

—Aburrido.

Asher me aleja de sus hermanos y Kellan.

—Sigan por su cuenta, nosotros iremos a la rueda de la fortuna.

—¡Recuerda mis consejos, hermano! —grita Andrew a nuestras espaldas.

—¿Qué consejos? —inquiero.

—Nada interesante.

Asher se ríe y juntos nos acercamos a la rueda de la fortuna. No hay tantas personas, así que nos dejan subir de inmediato cuando él paga por los dos. Una barra de hierro se presiona flojamente a través de nuestros regazos, poco a poco nos elevamos y siento que las nubes me acarician el rostro.

—Dime que no le temes a las alturas. —Asher me mira con una sonrisa de niño travieso.

—Soy Arianne Laroux. No olvides con quién hablas. —Bromeo—. ¿Por qué me trajiste aquí, Asher?

—Quiero pasar un momento con mi chica —responde—. Solo mira nuestro entorno.

Hago lo que me pide y casi pierdo el aliento ante la hermosa vista. El sol se oculta, dando paso a la noche y miro hacia abajo a los visitantes del parque. Veo a adolescentes de mi edad caminando de la mano y niños divirtiéndose con sus padres, todo es normal.

El atardecer ruboriza mis mejillas y el viento despeina mi cabello.

Asher está observándome hipnotizado.

—Estoy tan jodido —susurra.

Nos movemos de nuevo arriba, hasta detenernos en la parte superior. Estamos muy alto. Giro mi cabeza hacia un lado, encontrándome con su hermosa mirada. Su cabello salvaje alborotado hace resaltar sus marcados pómulos.

—¿Por qué?

Se humedece los labios y escanea mi rostro.

—Cada vez que te miro siento que eres irreal. —Sonríe nervioso—. Tenía ocho años cuando mi padre me habló sobre mi compañera y desde ese momento te he buscado en el rostro de muchas chicas, pero ninguna era la correcta. Apareciste tú y me sentí tan fascinado. Dios, Arianne, eres mejor de lo que esperaba.

Siento sus manos en mis brazos, siento su piel contra mi piel y contengo la respiración. No me muevo ni una pulgada.

—Es curioso porque también estoy totalmente fascinada.

Una sonrisa tira de sus labios.

—¿Ah sí?

La rueda de la fortuna sigue detenida en lo más alto y parece que no bajaremos en un par de minutos.

—A veces pienso que eres un ángel enviado del cielo. Llegaste en el momento que más te necesitaba. Siempre estás ahí, reconfortándome en todo. Y la forma que me siento hacia ti, no tiene nombre. Me encanta que seas protector conmigo; eres dulce, paciente y comprensivo. El mejor compañero del mundo.

Ambos sonreímos. Su mano derecha va a mi cintura, y la otra en mi nuca, su boca muy cerca de la mía.

—Entonces lo nuestro es más que oficial.

Toco las orejas de mi lobo de peluche a medida que la rueda de la fortuna desciende.

—Creí que estábamos comprometidos hasta el final.

—Habló la chica que rechazaba su vínculo conmigo.

Bajamos del carrito y caminamos de la mano por el parque de diversiones.

—Todos cometemos errores. ¿Puedes culparme por cambiar de opinión?

—Soy irresistible. No puedo culparte.

Caemos en un silencio fácil, viendo los juegos y las personas que nos rodean. Asher después compra un algodón de azúcar y lo compartimos con varias miradas sobre nosotros. Parecemos dos idiotas enamorados. No tengo idea de dónde han ido los demás, pero puedo ver a Axel besar a Audrey en una esquina, que parecen estar teniendo sexo en público a pesar de las miradas reprobatorias.

Qué asco.

Uno de mis peluches se me cae al suelo y alguien me ayuda a recogerlo. El olor a perfume caro, uñas largas pintadas de amarillo y cabello rubio me generan disgusto. Mis ganas de tener un día normal se fueron al demonio.

—Qué tiernos son —dice Julianne con falsa dulzura—. Me da diabetes cuando los veo juntos.

La rabia hierve y puedo sentirla en mi puño mientras las llamas me pican la palma.

—¿Qué haces aquí, Julianne? —gruñe Asher—. ¿No tienes nada mejor que hacer?

Julianne hace un mohín.

—El ama de llaves, Audrey, me invitó a venir. ¿No puedo? Fue muy grosero de tu parte no decirme nada, Asher. Estoy aburrida en esa finca.

Su vida debe ser aburrida porque está empeñada en arruinar la mía. ¿Cuán triste es? El chico que ama nunca va a corresponderle y eso la amarga.

—Entonces no es tu lugar —interfiero—. Deberías estar donde eres realmente feliz.

Sus ojos se posaron en los míos con disgusto.

—No estoy hablando contigo.

Dioses, denme paciencia.

—Nosotros no queremos hablar contigo. —Asher me arrastra a otra dirección—. Diviértete sola, Julianne.

—Asher…

Pasamos de largo, haciendo caso omiso de sus ruegos. ¿No le agota arrastrarse como una sanguijuela? Tiene todo para disfrutar una vida fantástica: viajes, chicos, amigos, fiestas o ir a la universidad. No entiendo su necedad.

—Hablaré con sus padres hoy —masculla Asher—. Esta situación no puede seguir así.

—Es una adulta, dudo que sus padres decidan por ella.

Me atrae a él con uno de sus brazos en mis hombros.

—No, no lo hacen, pero le quitarán ciertos beneficios como sus tarjetas o cualquier tipo de apoyo. Los padres de Julianne son buenos con comparación con ella. —Me besa—. Haré que se vaya, Arianne. No permitiré que perturbe tu paz, eres lo más importante.

Cerramos el día viendo una serie sobre adolescentes que dan educación sexual en un instituto. Se me cierran los ojos cuando llegamos al quinto capítulo y Asher se ríe. Está a mi lado en la cama con un bol de palomitas y gaseosas. Los peluches que me regalaron en la feria descansan a nuestros pies.

—¿Cansada? —pregunta.

Bostezo.

—Un poco, mañana debo entrenar temprano con Kellan —respondo—. Conocí a su abuelo, por cierto. Es un druida muy viejo que puede ver el aura de las personas. Dijo que la mía es gris, la mezcla entre blanco y negro.

—Luz y oscuridad —susurra Asher.

Levanto mi cabeza de su pecho.

—¿Sabes cómo funciona?

—He oído algunos casos. Mis padres tienen muchos amigos sobrenaturales. —Sonríe—. Videntes, otros tipos de cambiantes y hasta vampiros. El resto de mi familia es una locura que no podrías manejar, somos muy numerosos.

—¿Conoces a tus tíos y primos?

—Claro. —Me frota la espalda—. La mayoría de ellos viven en Suecia, pero sí, los conozco. Son licántropos de sangre pura, que superan los cien años.

Wow. Yo dudo que tenga otras familias en el mundo —digo en voz baja—. Josh es todo lo que tengo.

Junta las cejas.

—¿Qué hay de mí?

Alzo mi hombro en un encogimiento.

—Eres mi pareja.

Asher se arrastra sobre mí y ataca mi cuello con sus labios.

—No, soy algo mucho más que eso, bonita. Soy el hombre que te protegerá con su vida entera.

La sequedad en mi garganta me hace despertar. Estoy muerta de sed y también sudorosa por el calor en mi espalda. Mi cuerpo sigue sensible por las horas de orgasmo que Asher me dio con su lengua y sus expertos dedos, mis mejillas se ruborizan al pensarlo y aparto el edredón.

El reloj indica que pasó la medianoche. El televisor parpadea débilmente en la oscuridad mientras reproduce los créditos de la serie. Nos quedamos dormidos después de explorarnos sin cansancio, cada toque es un secreto compartido porque le doy una parte de mí que nadie jamás ha tenido. Somos magia, besos en la oscuridad con la luz de la luna. Somos Asher y Arianne, algo único.

Me desprendo muy despacio de sus brazos para no despertarlo y cubro mi cuerpo con una bata. Las lechuzas cantan en una rama cerca de la ventana y las miro con una sonrisa. Son dos criaturas preciosas de color blanco.

Ajusto la bata en el instante que algo capta mi atención. Una figura se mueve entre las sombras con aire sospechoso y mi respiración se estremece cuando la reconozco. Es Julianne… Entra al porche, pero antes mira sobre su hombro para asegurarse de que nadie la siga o algo más.

¿Qué demonios hace despierta a esta hora? ¿De quién se oculta? ¿Tuvo una cita? ¿Hablaba con alguien? Y la pregunta más importante… ¿Amiga o enemiga? La última cuestión fue tonta de mi parte.

Por supuesto que somos enemigas, lo ha demostrado desde que llegué a la vida de Asher.

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