Dulce maldad
Dulce maldad » 40. Arianne
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Al día siguiente, Asher sí está presente en el entrenamiento con Kellan. Se mantiene bajo un árbol con los brazos cruzados sobre su pecho. Espero concentrarme con él aquí. Es muy fácil distraerse cuando se encuentra cerca y me mira de esa forma.
Como si quisiera comerme…
—Te quiero concentrada en el entrenamiento —dice Josh—. No necesitas distracciones, ni dramas como la amiga de tu lobo.
Asher se rasca la nuca en un gesto nervioso y se ve avergonzado. A Josh no se le escapa ni un detalle.
—Me haré cargo de ella, señor. Se irá pronto.
—Eso espero —masculla Josh—. Arianne necesita invertir su energía en los entrenamientos. La luna pronto hará un llamado y ella debe responder.
Su expresión hace que una energía peligrosa recorra mi cuerpo. Me pongo mal solo de imaginar que mis huesos van a quebrarse en la transformación. ¿Voy a soportarlo? Porque no son minutos, habló de horas donde la agonía predomina.
«Todo saldrá bien…». —La voz de Asher en mi cabeza es como un bálsamo.
Kellan me ordena que me siente en el suelo y obedezco.
—Conectaremos con la tierra —explica el druida—. Recuerda que la naturaleza está en todas partes. Puedes darles uso a las plantas, los árboles y las flores. Presta atención.
Toca la tierra húmeda y vibra por el contacto de sus manos. Algunos árboles se derriban después de segundos y los animales del bosque huyen al percibir el alboroto. Kellan me alienta cuando mis dedos rozan el suelo.
—Tu turno —espeta Kellan—. Inténtalo.
—No sé si pueda controlarlo —musito con sinceridad. Una gota de sudor se desliza por mi nuca.
—Estás asustada de tu magia. —Kellan saca sus propias conclusiones—. No lo hagas, Arianne. Ámala y verás cómo responde a ti. Es tu amiga y aliada. Vamos, cuenta hasta tres.
Cierro los ojos y permito que la avalancha de emociones venga a mí. Es como una chispa electrizante y alteraciones en mi piel, es maravilloso.
Uno.
Dos.
Tres segundos bastan para que la tierra empiece a vibrar.
Siento el poder fluir en mi torrente sanguíneo, siento que hiela mi sangre y se mezcla con mis emociones. El viento mueve salvajemente las hojas de los árboles y amenaza con destruir todo a su paso. Mierda, soy un desastre.
—Contrólate, Arianne —alienta Kellan—. Tú puedes con esto y más, no temas.
Mis manos tiemblan y no oigo nada más que no sea el sonido de mi respiración. Mi mente se pone en blanco y mis oídos se llenan de zumbidos. Se me escapa un grito cuando un árbol se derrumba a escasos centímetros de mi cabeza.
Carajo.
—Arianne… —dice Asher.
Josh se mantiene en silencio y analiza la situación. Le resta importancia al hecho de que estoy haciendo vibrar la tierra que nos rodea y aterrorizo a los animales. Derrumbaré montañas y provocaré un volcán si no me tranquilizo.
—Cierra tus ojos y contrólate —ordena Kellan y lo hago—. Respira, Arianne. Cuenta hasta cinco.
¡Cálmate! Me grito a mí misma. La adrenalina crece y mis brazos tiemblan por el temor al fracaso. No puedo…
—He dicho que cuentes —gruñe el druida—. Cuenta ya, Laroux. ¿No sabes contar?
Mantengo los ojos cerrados, respiro, mido el ritmo de mi respiración, cuento hasta cinco y todo se calma. Escucho el silbido del viento, pájaros en el cielo y aplausos por parte de Kellan. Asher sonríe orgulloso mientras Josh es una estatua cuando los miro.
—Nada mal para ser tu primera vez —felicita Kellan.
—¡Sí! —Suelto un pequeño chillido de felicidad y alivio, mientras sacudo el polvo de mis pantalones—. La próxima lo haré mucho mejor.
—No dudo que sí. —Kellan encorva los hombros—. Tus pensamientos son una atracción a lo negativo, pero necesitas ser optimista cuando entrenas y repetirte que puedes lograr cualquier cosa.
—No es simple.
—Lo sé. —Suspira—. La parte más difícil es fingir que puedes superar tus mayores miedos, pero en tu caso no lo necesitas, Arianne. Sé que podrás.
Una sonrisa sentimental se insinúa en mis labios mientras la alegría se abre paso en mi corazón. Es bueno saber que alguien cree en mí.
—Gracias.
—Tienes mucha ira acumulada —habla Josh—. Necesito que te la quites de encima.
Frunzo el ceño.
—¿Cómo?
Asiente a Kellan.
—Haz tu trabajo.
El rubio a mi lado sonríe de manera siniestra, que me genera escalofríos. Observa a Asher, quien detiene los dedos en la pantalla del celular y une las cejas.
—Tus emociones son tu mayor motivación. Solo imagina que intentan matarte y el interruptor de tus poderes se encenderán —masculla y mira a Asher—. Necesito pedirte un favor.
—¿Qué? —La voz de Asher suena cortante.
—Quiero que te quedes quieto.
Entonces todo sucede demasiado rápido.
Kellan se abalanza sobre mí, curvando sus manos alrededor de mi garganta. ¿Qué demonios? Ni siquiera tengo oportunidad para defenderme. Él me acorrala y me empuja hacia un árbol, retorciéndome un brazo detrás de la espalda, y aplasta mi cara contra el tronco. El choque me roba el aliento, pero solo un segundo antes de que la ira me domine.
—Huelo tu miedo, Laroux. —La voz de Kellan suena oscura—. Defiéndete o muere.
Asher tiene pensamientos sobre matarlo y destriparlo, pero se queda quieto, mirando con atención el entrenamiento.
—Suéltame —siseo, intentando moverme.
Grito cuando Kellan dobla aún más mi brazo izquierdo.
—Defiéndete.
—¡No puedo! —exclamo—. ¡No puedo!
—¿En serio quieres matar a Abigail cuando eres una patética niña con miedos? ¡Demuestra lo contrario!
Mi pecho se expande con rabia.
—¡Jódete!
Su boca susurra en mi oído:
—Hazlo tú.
Me remuevo y mi codo impacta en su estómago, lanzándolo lejos. Kellan vuela y choca contra un árbol. Muevo la mano e imagino que es un muñeco vudú que podría quebrar muy fácilmente.
Un mal repentino revuelve mi vientre, pero no paro. No hasta que Kellan se quiebra los huesos y grita que me detenga. Su cuello se expone como si hubiera sido partido y contorsionado.
«Concéntrate, Arianne. Respira, concéntrate».
«Respira».
«Es Kellan».
«Respira».
Y lo hago. Doy un paso atrás con las manos en alto y los ojos bien abiertos. Su cara está drenada de su color habitual y se lo ve muy pálido. Dioses… ¿Qué hice? Se toca la parte posterior de la cabeza y cuando mira, sus dedos tienen sangre, mucha sangre.
Mierda.
—¿Te sientes bien? —titubeo.
Kellan me mira con una expresión insegura y temerosa. Asher tiene un semblante serio y sorprendido. ¿Me creció otra cabeza o qué?
—Tus ojos… —dice Asher.
Por alguna razón, la pizca de miedo se acurruca en mi columna.
—¿Qué pasan con mis ojos?
—Se vuelven negros cuando usas tus poderes psíquicos.
El horror me hace tropezar, el ladrillo de pánico me golpea y tartamudeo. No me gusta hacia dónde se dirige esto.
—¿Eso es malo? —pregunto con la voz temblorosa.
Josh me da una mirada seria y luego la aparta.
—Es una señal de que la oscuridad tiene más efectos en ti.
El terror se arremolina en mi vientre, pero trato de no alterarme. Él dijo que tener la luz y la oscuridad es una ventaja.
—¿En qué me afecta?
Josh se rasca la barbilla.
—Todo depende de cómo uses tus habilidades —masculla él—. No me concentraría en eso y tampoco me preocuparía si fuera tú, mientras tengas claras las prioridades.
Mi nariz se ensancha cuando inhalo un aliento tembloroso.
—Quiero entrenar, porque vencer a Abigail será la mejor venganza que tendrá mi familia.
—Recuérdalo siempre. —Me apunta con un dedo y llama a Kellan—. El entrenamiento ha terminado por hoy. Ven conmigo, muchacho.
Kellan me lanza un extraño vistazo y sigue a mi padre sin despedirse. ¿Acaso Lucifer reencarnó en mí?
—¿Fue tan terrible? —le pregunto a Asher.
Se vuelve hacia mí con una sonrisa enroscada en su rostro.
—Un poco turbio.
La mueca curva mi labio.
—Un poco —repito.
—Si te hace sentir mejor, me resulta muy sexy que puedas romper huesos con tu mente.
Mi risa se convierte en una carcajada y niego con la cabeza. Solo Asher diría algo así para animarme.
—¿No te asusta?
—¿Por qué? —responde con un resoplido—. ¿La oscuridad tiene más efectos en ti? Esa mierda ni tú te lo crees, Arianne. He visto lo puro que es tu corazón. Eres real, buena y amable. No importa el linaje que llevas, solo tú.
Mis ojos revolotean para encontrar los suyos y una sonrisa florece en mis labios.
—Me gustaría que pronto acabe y solo seamos nosotros. Estos meses a tu lado me han enseñado a apreciar más los buenos momentos de la vida. He vivido muchas pesadillas.
—Tenemos años, muchísimos años. —Me besa la mano—. Viviremos miles de aventuras, bonita.

Le hago una visita al anciano Connan en su cabaña cerca del bosque. Necesito escuchar sus anécdotas sobre cuando conoció a mamá y quizás tenga una respuesta a la oscuridad que me acecha como las sombras.
Asher quiso acompañarme, pero me negué. No está muy lejos y quiero estar sola. Él también debería ocuparse de sí mismo, realmente no me agrada que haya dejado todo por mí. Espero que recupere sus rutinas cuando regrese a New Hope, lo mismo sus hermanos.
La cabaña de Connan es pequeña y hecha de pajas. Los grandes árboles sirven como manto y lo protegen del sol. Es humilde, pero linda. Me toco el collar mientras miro mi entorno para asegurarme de que no hay peligro.
No hay alerta. De lo contrario, mi amuleto quemaría.
Toco la puerta y es abierta por el anciano druida. Su sonrisa es gentil mientras me recibe con un abrazo que acepto torpemente. No entiendo su afecto, pero lo aprecio; le recuerdo mucho a mamá.
—La muchacha encantadora. —Sonríe—. Pasa, pasa.
Ingreso a la cabaña sin rechistar y miro lo que hay dentro. Sin tantos muebles modernos, pero sí muchas pinturas de dioses celtas y velas. Cuenta con una habitación, baño y cocina. Suficiente para una persona.
—¿Puedo servirte algo? El té de menta es mi especialidad.
—Me encantaría.
Señala un sofá con mantas.
—Siéntate, siéntate —dice, moviéndose gracias al bastón.
Lo miro preparar el té en una vieja cocina que funciona a leña mientras me siento en su sofá. Veo un perico verde con plumas azules posado en la ventana, sus pequeños ojos me miran con curiosidad y froto mis brazos. La cabaña es muy fría.
—¿Qué te trajo aquí, muchacha? Sabía que pronto vendrías.
Mis dedos se aferran al amuleto en mi cuello.
—Uh… bueno, tengo preguntas que quizás responderías.
Asiente y aplica hojas de menta en el té. Espero no arrepentirme por beber esa cosa.
—¿Sobre tu aura y tu madre? —inquiere—. Puedes hacerme todo tipo de preguntas y responderé con gusto lo que esté a mi alcance.
—Tuve un entrenamiento con su nieto más temprano —explico—. Utilicé mis poderes psíquicos y mi padre ha dicho que la oscuridad tiene más efecto en mí. No quiso responderme qué tan malo es, pero me preocupa.
Connan se acerca y me ofrece una taza de té con menta. Huele muy bien y no luce mal como imaginé, el toque dulce sube a mi nariz.
—Podría interpretarse de varias maneras. —Se coloca a mi lado mientras bebo su té. Es dulce, delicioso y provoca una relajante sensación en mi garganta. ¿Uno de sus ingredientes también es magia?—. El poder nos vuelve ambiciosos, niña. Queremos mucho más cuando lo probamos, tu abuela sucumbió a él sin arrepentimiento. Tu madre, en cambio, se negó porque estaba completamente aterrorizada de ser parecida a la mujer que la trajo al mundo. Aimeé fue un alma noble, que no cumplió con las expectativas que Abigail tenía para ella.
La tristeza se filtra de su voz y perdura en el aire.
—Mi madre no era amada por mi abuela —susurro.
—No. —El pesar está presente en sus ojos—. Quiso manchar su alma cuando era una niña, pero Aimeé se encargó de complicarle la misión. Tuvo una lucha difícil con tu abuela que la volvió loca, la rompió parte por parte hasta que dominó su cabeza. A Abigail le tomó casi cuarenta años tener lo que quería.
Mi madre sufrió tanto, no disfrutó al amor de su vida el tiempo suficiente y tampoco a sus hijos. Fue torturada durante años por la persona que debió protegerla.
—Ella amaba sus habilidades curativas y las plantas medicinales.
Hizo florecer las rosas y margaritas en el porche de nuestra cabaña en Chicago. Ella tenía la capacidad de dar vidas.
—Era muy buena. —Sonríe Connan—. El fuego nunca fue de su agrado, le recordaba a ella.
Bebo mi té y agacho la cabeza.
—Me siento muy conectada al fuego, es mi elemento personal.
—Lo sé. Hablé con ella varias veces al respecto —dice, sorprendiéndome—. Aimeé estaba convencida de que saldrías perjudicada si no calmabas tu inclinación hacia las llamas. Por eso decidió dormir tus poderes cuando ya no podía controlarte, eras un pequeño volcán desde los cinco años.
Le tiendo una sonrisa.
—Quemé casi todas las casas donde vivíamos.
—Las mudanzas eran constantes.
Nos reímos de nuevo, unidos por quien fue mamá una vez.
—Lamento que no me haya dicho cosas de mi vida, pero entiendo su miedo. Su madre hizo cosas atroces.
El anciano pone su arrugada mano en mi hombro.
—Estoy seguro de que el fuego no te destruirá, pero sí te hará más fuerte. Tu madre estaba equivocada sobre ti. Nunca serás como ella o Abigail, solo serás Arianne. La chica por quien los mismísimos dioses se arrodillarían.

ASHER
Cuento los minutos para que Arianne regrese a la finca. No me agrada que pase mucho tiempo sola, no cuando su cabeza es objetivo de demonios.
Pero me pidió espacio y voy a respetarla. Lo que menos deseo es abrumarla, ya tiene bastantes preocupaciones.
Los días estresantes no terminarán tan pronto como deseamos. Esto es solo el inicio. ¿Qué hay de mí? Le entregué el diario de Julianne a Ashton y se tomó la molestia de investigar la medicación que consume mi amiga, lo cual no tiene sentido porque somos licántropos.
Aunque según él, Julianne toma en excesivas cantidades para que funcione una hora o más. Le ayuda a calmar su ansiedad. En cuanto a la psiquiatra, no averiguó mucho. La mujer es incorruptible, pero cederá. Es un asunto serio que podría resolver los crímenes de personas inocentes y mi nombre estará limpio.
—También la he vigilado algunas noches y me pareció curioso que desaparezca dos veces por semana —continúa Ashton—. Se encuentra con alguien.
—¿Algún novio?
—Lo dudo. —Se mofa—. Está demasiado obsesionada contigo.
—¿Dónde está ahora?
—Salió de compras con Audrey.
La tensión me llena de dudas y sospechas. Si tuviera algún pretendiente, lo sabría porque Julianne es muy obvia. Me preocupa pensar que nos meterá en graves problemas.
—Hablé con sus padres más temprano y Julianne les prometió que volverá la próxima semana a New Hope.
Ashton traza la tapa de la agenda que robé.
—Veremos si lo hace —masculla—. No confío en esa chica, Asher. Deshazte de ella.
El escalofrío invade hasta mis costillas y le quito la agenda. Tendré que devolverla en su lugar pronto o Julianne se dará cuenta.
—Estoy en eso. ¿Dónde están Axel y Andrew?
Ashton resopla.
—En alguna parte. Dijeron que esta noche irán de fiesta a una discoteca.
La irritación sube a mi pecho.
—Haré que regresen al pueblo lo antes posible. No soportaré sus culos perezosos y promiscuos. Son una carga más. —Me desplomo a su lado en el sofá—. Es peligroso que no se mantengan quietos, saben que son importantes para Arianne.
Ashton se encoge de hombros.
—Ya sabes cómo son.
—Sí. —Concuerdo con un suspiro—. Espero que maduren cuando encuentren a sus compañeras.
Mi hermano levanta ambas cejas.
—Ella te tiene hecho un idiota, lo veo en tu cara.
Una sonrisa insinúa mis labios.
—Estoy jodido, ¿eh?
—Muy jodido. Suele pasar cuando tienes a la correcta. —La melancolía entreteje sus palabras—. Fui igual con ella.
—Marianne.
—Sí.
—¿Crees que algún día volverás a verla?
La tristeza es profunda en su cara.
—Lo dudo mucho y a mí me tocará olvidarla tarde o temprano. Ella se fue de mi vida para siempre.

Regreso a la habitación de Julianne con la agenda en mi mano aprovechando su ausencia. Está más ordenado que la última vez que estuve aquí. Abro lentamente el cajón para guardar el objeto y me encuentro con algo inesperado.
Su celular.
Tiene patrón y un código demasiado fácil para descifrar.
Mi nombre y el de ella.
Bingo.
Me siento culpable por hurgar en sus cosas, pero mi curiosidad es muy grande y las sospechas crecen cada día que pasa. No me detendré hasta averiguar qué oculta. No hay nada grave en su galería, muchas fotos de ella casi desnuda y algunas mías, lo cual no me sorprende.
Registro sus mensajes para leer las conversaciones con sus amigos. Mi mandíbula se tensa al ver que en la mayoría habla mal de mi chica. ¿Qué diablos? También tiene varias llamadas con mi madre. ¿Por qué habla tanto con ella?
Sin chat incriminatorios, incluso reviso su papelera de reciclaje. Es lista, apuesto a que lo borró todo por precaución. Elimino las pestañas para no delatar mi intrusión y dejo cada objeto en la misma posición, aunque no me sirve.
La puerta se abre y entra Julianne con los ojos bien abiertos.
Maldita sea.
Al principio su rostro es felicidad absoluta, pero se desvanece al ver mi mano en sus cajones. No tengo excusa ni escapatoria.
—¿Estás hurgando mis cosas? —Me mira boquiabierta y en shock—. ¿Qué está mal contigo?
Me empuja y protege el mueble con su cuerpo. Tarde. Vi todo.
—No hay nada mal en mí, pero sí en ti —digo, sincero y relajado—. Vi tu agenda. Antes no le daba importancia a tu obsesión conmigo, pero mierda; esto da miedo.
Se queda mirándome con los ojos llorosos. ¿Esa es su mejor respuesta? ¿Llorar? No creo en sus lágrimas de cocodrilo.
—Ella te ha cegado.
Omito ese comentario.
—¿Por qué llamas tanto a mi madre? ¿A quién ves cuando sales discretamente algunas noches? —La bombardeo con preguntas—. ¿Estás pensando en traicionarnos?
Sus ojos desesperados miran los míos como un venado siendo atropellado por un auto.
—¡Estás loco! ¿Quieres que me vaya? ¿Es eso? —Alcanza sus maletas entre fuertes sollozos—. Lo haré si tanto te molesta mi presencia, pero ya no me tortures de esta forma. No cuando todo lo que he hecho fue amarte.
Agarro su delgado brazo, acercándola a mi nariz. Mi voz es una amenaza que la hace temblar y lloriquear.
—Ya no juegues el papel de víctima. No te queda —gruño—. No sé qué ocultas o qué traes en mente, pero estás advertida. Si Arianne o mis hermanos salen heridos por culpa de tus estupideces, olvídate de mí para siempre porque nunca te lo perdonaré.
Lucha contra mi agarre.
—Me estás lastimando.
La dejo ir y cae en la cama en sollozos que conmoverían hasta al mismísimo diablo, pero a mí no.
Ya no.