Dulce maldad
Dulce maldad » 41. Arianne
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Se supone que Julianne regresaría al pueblo, pero no ha hecho sus maletas y tampoco hay rastros de ella. Se esfumó. ¿Qué está mal? Sé que discutió con Asher, aunque mi lobito no mencionó nada del tema.
Ha sido una intensa semana de entrenamiento y me siento optimista. Tener a personas que me apoyan y creen en mí lo hace más fácil. Las preocupaciones siguen, sobre todo, porque el ambiente ha estado tranquilo y tengo la seguridad de que planean algo que me tomará desprevenida.
No puedo descuidarme.
Asher y yo caminamos juntos después de terminar el entrenamiento. El sudor baja por mi espalda tras horas de ejercitación. No tuve mucho tiempo estos días, regreso cansada a la finca, me baño y duermo. A veces mis pesadillas vuelven a torturarme, pero mi lobito está ahí, sosteniéndome.
—Llevamos más de un mes juntos —dice Asher—. Deberíamos celebrarlo.
Destapo la botella de agua y bebo. Un mes de besos, abrazos y toqueteos, pero nada de sexo. Aún no estoy lista para dar ese paso. Disfruto la tensión sexual, la expectativa de sus manos en mi cuerpo cuando me da placer. Solo nos divertimos y experimentamos.
—¿Cómo?
—Mis hermanos irán de nuevo a un club nocturno esta noche —responde—. Sería buena idea unirnos a ellos. Claro, si tienes ánimos.
Sonrío.
—Nunca fui a un club nocturno y tampoco sé bailar.
Se acerca a mi boca con dulzura y mordisquea mis labios.
—Habíamos quedado en que te enseñaría absolutamente todo.
Toco los músculos duros debajo de su camiseta y me pongo de puntitas para profundizar el beso. Mis pies dejan de tocar el suelo cuando me levanta por la cintura.
—Me encantan tus lecciones.
—Te encanta todo de mí.
—Mmm… sí.
Sus labios están sobre los míos con un hambre voraz que no creía posible. Me siento mareada, la forma que lo necesito es desesperada. Ambos estamos besándonos, lamiéndonos, mordiéndonos. Mis gemidos terminan en una pequeña risa y miro sobre su hombro. Algo capta mi atención entre los arbustos.
—Asher, espera. —Estoy empujándolo, pero él sigue besándome—. Alguien está observándonos.
Mis ojos buscan a esa persona, pero no está. Se ha ido tan pronto como lo noté. No creo que hayan sido alucinaciones, sé lo que vi.
—¿Estás segura? —pregunta Asher—. Porque no veo nada y tampoco huelo algo extraño.
Avanzo hacia los arbustos y no identifico a nadie, solo hay hojas y ramas. Estás siendo paranoica, Arianne.
—Olvídalo, tal vez fue un mapache. —Le agarro la mano—. Vamos, regresemos a la finca.
A medida que nos alejamos, hay un pequeño ardor en mi collar que delata el peligro. Estoy tan acostumbrada al fuego, que no lo percibí antes.
Mierda.

Audrey me presta unos de sus tantos vestidos para la ocasión y le doy las gracias. Es rojo, me llega hasta los muslos y enseña mis hombros desnudos. Se utiliza sin sostén, pero es cómodo. Después de cenar, a las diez de la noche, salgo de la habitación arreglada y maquillada.
No tengo experiencia en estas cosas, pero por cómo Asher me ve bajar por la escalera, estoy satisfecha con mi trabajo. El maquillaje es básico: rubor, labial rojo, rímel y sombra en los ojos. Mi cabello castaño está suelto. Los tacones altos le añaden unos perfectos centímetros a mi estatura.
—Hola. —Sonrío.
Los ojos de Asher se calientan cuando examina mi cuerpo. Viste un Jean oscuro con camisa blanca, arremangada hasta sus codos. Sencillo, pero caliente como el infierno. Ashton tiene casi el mismo aspecto, pero su camisa es negra. Se ven tan guapos.
—Mierda, te ves hermosa. —Asher me protege con su cuerpo para ocultarme de su hermano y me echo a reír. Idiota cavernícola—. No la mires mucho, Ashton.
Su hermano resopla.
—No lo haré porque eres capaz de arrancarme los ojos.
—Buen chico. —Bromea Asher, mordiéndome la barbilla—. Ese labial…
—¿Te gusta?
—Mmm… sí. Voy a mancharlo esta noche.
Me sonrojo por el comentario porque Ashton nos mira fijamente.
—Axel salió con Audrey —informa mi cuñado—. Estoy preocupado por él.
Para nadie es secreto en la finca que Axel y Audrey están juntos. Sus gemidos escandalizan a cualquiera y nunca mantienen las manos quietas. Ella es linda y me agrada, pero a Ashton no. ¿Quién le agrada realmente al gran Ashton Karlsson?
—¿Y Andrew? —pregunto.
—Se fue con ellos y Julianne también.
¿Qué? Esa arpía arruinará mi noche, lo veo venir.
—Ella debería estar en New Hope —gruñe Asher—. ¿Qué demonios espera?
Ashton se burla.
—Quizás que le propongas matrimonio.
En sus sueños… pienso y Asher ríe.
—¿Aún quieres ir, bonita? —pregunta Asher.
Me cruzo de brazos.
—Por supuesto que sí, no cambiaré de opinión por esa arpía. —Tuerzo los labios—. No arruinará mi noche.
Besa mi oreja.
—Esa es mi chica. —Mira a Ashton—. ¿Qué hay de malo con Axel? Dijiste que te preocupas por él.
—Está muy apegado a esa humana —responde Ashton con recelo—. Es peligroso.
—¿Por qué? No te agrada, ¿verdad? —cuestiono.
—Exactamente.
Mi ceño se frunce en confusión.
—¿Hizo algo que te moleste?
—Manipula a Axel —dice Ashton—. Siempre están follando y él mencionó que no quiere encontrar a su compañera, pareciera que ha desarrollado sentimientos por ella.
Contengo mi propia respiración.
—¿Qué licántropo no quiere encontrar a su compañera? —cuestiona Asher—. Esto es malo.
—Muy malo —concuerda Ashton—. Vayamos de una jodida vez.
Asher une su mano con la mía.
—Quédate a mi lado siempre.
Sonrío.
—No querría ir a ninguna parte donde no estés tú.

Llegamos al famoso club irlandés llamado el Infierno Infinito. Lo primero que noto es el olor. Aquí no solo hay humanos, también licántropos. Ashton me abre la puerta de la camioneta mientras Asher pone una mano en mi espalda baja.
Hay mucha gente en la fila esperando para entrar. Dudo que logremos pasar en los próximos minutos. Los hombres que custodian la puerta nos miran de pies a cabeza y con una mirada reprobatoria, por lo que me pego más a Asher.
—Extranjeros —es lo primero que dicen cuando nos ven.
Mi ceño se frunce.
—¿Hay algún problema con eso? —pregunta Asher.
El bastardo se ríe con sus ojos en mí, y Asher gruñe. No quiero que se meta en ninguna pelea.
—Esperen en la fila como todos —ordena el custodio—. Hay más de doscientas personas antes que ustedes.
Lo sabía. Ashton rebusca en su bolsillo y mis ojos se abren cuando saca varios billetes.
—Son dólares americanos —dice mi cuñado—. Doscientos para ser exactos, más de lo que vale una entrada aquí. ¿Vas a dejarnos pasar o seguirás siendo un imbécil?
Mi mandíbula cae abierta. Pienso que el neandertal le dará una paliza, pero a cambio su boca se inclina en una sonrisa de tiburón. Listo, comprado.
—Adelante. —Cede mientras acepta los billetes—. Me encanta que entiendan rápido.
Se hace a un lado y entramos mientras varios gritos indignados se dirigen a nosotros. El dinero compra al mundo, aunque mucha gente no lo apruebe. La música me revienta los tímpanos, cuando salgamos de aquí estaré sorda. El ritmo de la pista electrónica empieza a acelerar y las personas saltan mientras bailan. Es una locura.
—Buscaré a Axel —manifiesta Ashton—. Andrew está ahí.
Apenas lo nombra, Andrew se acerca a nosotros con una amplia sonrisa como si hubiese sido invocado y me abraza. Me río cuando da vueltas conmigo aferrada a él.
—¡Andrew! —chillo por encima de la música alta.
Me deposita en el suelo muy suavemente.
—Te ves hermosa, corazón. —Me mira los ojos—. Estoy disponible si mi hermano no te cuida.
—Lo tendré en cuenta. —Bromeo.
Asher lo golpea en el hombro.
—Cuida tu boca. ¿Has visto a Julianne?
—No —dice Andrew—. Ella insistió en venir con nosotros, pero siguió por su cuenta una vez que llegamos aquí. ¿Sucede algo?
—Debería estar en New Hope —murmuro.
Andrew resopla una risotada.
—Qué ingenuos son. Ella no se irá de aquí a menos que la arrastren. —Me guiña un ojo—. Yo la obligaría a subir un avión.
—Estoy pensando seriamente en hacer lo mismo —dice Asher—. Me tiene harto.
—Bueno, ya no pensemos en esa loca y bailemos. —Me ofrece su mano—. ¿Te la puedo robar un momento, hermano?
Le doy una sonrisa de angelito a Asher y cede sin muchas ganas.
—Bien, iré a comprar las bebidas.
Andrew y yo nos mezclamos en la pista de baile para disfrutar una canción de Travis Scott. Me enseña algunos pasos que me provocan risas incontrolables. Lo adoro, él y sus hermanos son lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Asher se une después con nuestras bebidas y bailamos en un círculo. No pienso en mis entrenamientos, la loca de Julianne o lo que me espera con Abigail. Simplemente disfruto como una adolescente normal de dieciocho años.
Veo desde lejos a Axel en la pista, con Audrey y un chico muy atractivo. Los tres comparten besos lujuriosos mientras se toquetean en un baile sensual. Andrew se pierde con una hermosa rubia y eso me deja sola con mi lobito.
Ashton fuma casualmente en una esquina sin ánimos de unirse a la diversión. Es un alma tan vieja. ¿Quién viene a un club si no es para bailar?
—Me hace feliz que la estés pasando bien. —Asher besa mi nariz.
—Tú me haces feliz.
Observo cómo las luces de colores alumbran sus rasgos faciales, y alborota las mariposas de mi estómago. Es tan hermoso. Memorizo cada detalle sin pudor y mis labios ansiosos le besan el cuello mientras sus manos bajan a mi trasero para apretarlo.
Se me escapa un gemido.
—Quiero llevarte a una cama después. —Su voz profunda me hace sudar—. Desnudarte y hacerte cosas muy sucias.
—¿Sí? ¿Como cuáles?
Sus manos se arrastran dentro del vestido y toca mi ropa interior. Soy un chocolate derritiéndose, mis piernas débiles se abren invitándolo a acariciarme donde solo él sabe.
—Primero, te arrancaré este vestidito —dice en un tono ronco y excitado—. Después besaré cada centímetro de tu cuerpo y te haré gritar mi nombre mientras te llevo a otro mundo.
Le sigo el juego, mi mano dirigiéndose dentro de su pantalón.
—¿Qué mundo?
—Uno lleno de placer, Arianne. Uno donde no querrás a ningún otro hombre más que a mí.
Se inclina y me besa. El beso no es dulce o lento. Es ardiente, hambriento y desesperado. Mi boca se abre para darle paso a su lengua y me come entre largos gemidos necesitados.
La combinación de su aroma, sus gruñidos, las luces y la oscuridad me provoca hambre, tanta hambre. Sin despegar su boca de la mía, me lleva a un rincón oscuro donde presiona mi espalda contra una pared, me levanta y mis piernas le rodean la cintura.
El vestido corto sube a mis muslos, dándole acceso a mi ropa interior y gimoteo cuando nos frotamos.
—Dioses, Arianne… —se queja—. No puedo soportar un minuto más sin estar dentro de ti.
Mi risa agita mis pechos y Asher los mira sin disimulo.
—¿Qué tal si me llevas a ese mundo como prometiste?
Su rostro se tensa cuando traga saliva.
—Estás matándome aquí, amor.
Hundo mi rostro en su cuello y ahogo mis gemidos mientras sus manos permanecen en mis caderas. Inserta su dedo en mi ropa interior y encuentra mi clítoris.
No puedo más.
Me muerdo los puños y mis ojos revolotean hacia la pista de baile donde la veo. La mirada marrón de Julianne se encuentra con la mía y me quedo paralizada. Hay celos, frustración y rabia en su rostro.
Por un momento pienso que va a darse media vuelta e ignorar lo que hacemos Asher y yo, pero su siguiente movimiento no lo predigo.
Me aparta violentamente de Asher y me ataca.
Genial.
Sabía que esta loca arruinaría mi noche.
—¿Qué demonios te pasa? —grita Asher.
Un segundo estoy en sus brazos y al siguiente con Julianne sobre mí.
Estoy furiosa. Dejo salir cada milímetro de ira reprimida y es mi turno de atacar con todas mis fuerzas. Jamás imaginé que ella reaccionaría de esta forma, pero se ha delatado sólita. Está volviéndose loca viendo a Asher junto a mí. Ignoro los gritos de las personas en el club y golpeo a Julianne, un círculo se ha formado a nuestro alrededor y la música suena a todo volumen aumentando mi adrenalina. Estoy a horcajadas sobre ella, gruñendo como una salvaje.
Mi instinto animal ha sido liberado.
Mi mano se cierra en puño y le doy un fuerte puñetazo en el rostro. Julianne me gruñe furiosamente e intenta atacarme, pero no es rival para mí. Grita cuando mis manos empiezan a quemarla. Llamas arden en mis palmas. Hace un pobre intento de darme una bofetada, pero me muevo con facilidad dejándola en el suelo con mi pie sobre la base de su garganta.
Una presión más y estará muerta.
—Detente, Arianne —suplica Asher, preocupado—. Se ha terminado.
Julianne chilla debajo de mí.
—Maldita zorra.
Trato de atacar nuevamente, pero los fuertes brazos de Asher se tensan alrededor de mi estómago. Lucho para salir de su agarre, golpeando mi cuerpo hacia atrás y adelante, pero es inútil; es demasiado fuerte.
—Tú eres mejor que esto —susurra en mi oído mientras dejo de luchar—. Cálmate.
Noto cientos de ojos sobre mí y la vergüenza no tarda en venir. Me rebajé a pelear como una perdedora, igual que ella. ¿Qué me pasa? Asher quita el cabello que cae sobre mi rostro y me sonríe.
—Lo siento por eso —me disculpo, ignorando las miradas curiosas.
Axel y Ashton ayudan a Julianne a ponerse de pie que no para de lloriquear. Su labio está partido y un rasguño cubre la mitad de su mejilla. Dioses, es horrible. Quedó mucho peor que yo.
—¿Te crees superior? —chilla—. Juro que te mataré, estúpida. Esto no se quedará así.
Asher se tensa a mi lado.
—¿Te has escuchado, Julianne? Suenas como una psicópata —le dice Asher y ella tiembla.
No digo nada esta vez y me aferro a mi lobito. Asher está molesto y dolido. Defendió muchas veces a Julianne hasta por encima de mí, pero ella lo único que ha hecho fue decepcionarlo. Nunca fue su amiga, solo es una hipócrita obsesionada con alguien que jamás va a amarla.
Los hombres de la seguridad se acercan y nos ordenan que salgamos del club. No protestamos y nos dirigimos hacia un callejón oscuro. Julianne se queja de que acabo de arruinar su ropa cara y su cabello. ¿Está hablando en serio? Fue ella quien me provocó.
—¿Dónde está Audrey? —pregunta Asher, mirando a Axel cuando nos detenemos en un callejón.
Axel se encoge de hombros.
—No lo sé —responde su hermano—. Ella simplemente desapareció cuando vio a Ashton.
De acuerdo, no me gusta cómo suena eso. Estoy empezando a desconfiar de Audrey al igual que Ashton. Asher posa sus ojos en Julianne y pregunta entre dientes:
—¿Era necesario armar ese espectáculo tan patético?
Julianne no se inmuta por su tono brusco.
—Sé lo que está haciendo —responde—. Ella quiere echarme en cara que es feliz a tu lado.
—Asher y yo estamos juntos. ¿No puedes aceptar eso? —musito en un tono dulce e inocente que la irrita más aún—. Cuando amas a una persona quieres verla feliz a pesar de todo, no importa con quién.
—Disfrútalo, porque dudo mucho que duren —escupe Julianne con veneno—. Yo me encargaré de ello.
La sonrisa viene a mis labios porque esto es muy entretenido. Me encanta presionarla, me encanta cómo cae en mi trampa sin que haga mucho esfuerzo. Ya tengo a la asesina en mis manos.
—¿A qué te refieres exactamente? —exige Asher—. No quise creer las acusaciones de Arianne, pero tú estás dándome muchos motivos. ¿Por qué demonios no lo entiendes? No puedo ni quiero estar contigo.
Julianne está a punto de llorar y presiona una mano sobre su pecho como si doliera.
—Odio que me trates así desde que ella apareció. —Solloza—. Eres muy importante para mí.
Asher sacude su cabeza.
—Si te importara, respetarías mi decisión.
—¿Pueden detenerse un momento? —espeta Axel, sonando molesto—. Vámonos de aquí, algo raro…
Las palabras mueren en su boca cuando cuatro hombres nos acorralan en el callejón oscuro. Asher no pierde tiempo, y me posiciona detrás de su espalda, a modo de protección.
—Vaya, vaya —dice uno de los hombres y me mira—. Ha sido muy fácil atraparlos.
Un extraño malestar invade mi estómago y quiero moverme, pero no puedo. Estoy paralizada debido al mal presentimiento, ellos desean algo y tengo la sensación de que ese algo soy yo.
—Retrocedan si valoran sus vidas —advierte Asher—. Aquí no hay nada que les interese.
Mi piel se eriza cuando los ojos de los maleantes se posan en mí y trago saliva. Sospechas confirmadas: soy el objetivo.
—Te equivocas, chico —habla el hombre mirándome—. Hay una recompensa a cambio de entregar a la druida.
Mi voz es temblorosa cuando pregunto:
—¿Recompensa?
—Cada licántropo en Irlanda está cazándote, es mucho dinero —masculla—. Ven con nosotros y te prometo que nadie saldrá herido.
Asher pierde el control. Veo sus potentes patas, sus gruñidos, su pelaje negro y su energía. En menos de un segundo ha cambiado de forma.
Ashton también.
Ambos hermanos lucen feroces e iguales en su forma de lobo. Pero a diferencia de Asher, los ojos de Ashton son azules cuando me mira.
Él también quiere protegerme.
Asher se abalanza sobre las amenazas, gruñendo agresivamente y con los colmillos relucientes. Axel y Andrew también cambian de forma y la batalla real entre licántropos empieza. Julianne está encorvada cerca de una pared con los ojos en shock.
Necesito hacer algo.
Debo hacer algo.
La furia y el terror me están dando fuerzas y la adrenalina fluye.
En mis manos se forman pequeñas bolas de fuego y las lanzo hacia el imbécil que ataca a Asher. Un aullido de dolor me hace saber que di en el punto donde yo quería.
«Bien, bonita, bien».
Oigo la voz de Asher en mis pensamientos y sonrío orgullosa. La desesperación siempre ha sido mi mejor motivación. Nadie se acerca a mí cuando ven lo que puedo hacer.
Los colmillos de Asher se clavan en el costado de su rival y el lobo aúlla. Julianne cambia de forma sorprendiéndome y una punzada de envidia me invade. Ella lo hace con tanta facilidad y ayuda a los Karlsson.
Es hermosa en su forma lobuna. Su pelaje es marrón claro como el de Axel. A diferencia de los machos, ella es un poco más pequeña. Los Karlsson la superan en tamaño, pero Julianne no se ve débil peleando. Es fuerte y difícil de vencer.
El fuego fluye en mis manos y se me ocurre una idea. Miro al suelo y formo un círculo de fuego a mi alrededor como campo de protección, así nadie podrá atacarme. Me enorgullezco al darme cuenta de que puedo controlar mis poderes.
«Puedo hacerlo».
Por el rabillo del ojo veo a Asher luchar, gruñendo rabioso, desesperado y atroz. Tengo que admitir que da miedo, pero no todo es color de rosas. Más hombres aparecen en el callejón y sostienen armas que lucen letales.
Armas con balas de plata.
Mierda.
Levanto mis manos con las llamas ardiendo y los ojos de los hombres se abren desmesuradamente. La pelea se detiene y los Karlsson al igual que Julianne mantienen a sus enemigos en el suelo.
—Les daré una oportunidad para huir. —Mi voz suena alta y sin miedo—. Si se van ahora mismo, olvidaré que me han atacado y no morirán achicharrados. ¿Qué dicen?
—No negociamos con brujas —dice uno de ellos y ruedo los ojos con fastidio.
¡Odio que me llamen bruja! Me recuerda a Abigail. Yo no soy ni de cerca como mi fastidiosa abuela.
—Druida. —Lo corrijo irritada—. La palabra correcta es druida.
El hombre que apunta su arma hacia mí se mantiene imperturbable. Él es un licántropo como todos, pero no cambiará de forma. Su mejor defensa es el arma que sostiene.
—Escucha, druida —masculla con sarcasmo—. Si quieres salvar a tus amiguitos, obedece como una buena perra y ven con nosotros.
Asher gruñe ante el insulto.
—Cuida tu lenguaje si quieres vivir, patán. Soy capaz de quebrar tus huesos.
Mira a sus amigos y libera una carcajada.
—¿Quebrar mis huesos? —bufa—. Las perras como tú lamen mis bolas a menudo.
Mis pensamientos se tornan más violentos, llenos de sangre y muerte. El hombre sostiene su cabeza y su arma vuela lejos de su agarre. Oigo sus huesos crujir y sus amigos retroceden como si yo fuera un demonio. Me mantengo en mi lugar, más quieta que una estatua. Sé que mis ojos cambiaron a negro porque están a punto de mearse en sus pantalones.
—¿Quién quiere ser el siguiente? —Sonrío como un querubín adorable y los gritos del hombre se detienen.
Silencio.
—Nadie morirá hoy si me dicen el nombre de la persona que ha puesto la recompensa. —Miro a un rubio de ojos azules—. ¿Quieres hacer los honores, querido?
Él traga saliva y su voz suena temblorosa cuando habla.
—No sabemos su nombre, pero puedo decirte que no es irlandés. La recompensa proviene de Estados Unidos.
Aulus o Abigail.
—Bien —digo con calma—. Ahora retrocedan lentamente y olviden que me han visto aquí. Dejen sus armas en el suelo.
Obedecen y dejan caer sus armas en el suelo. Los Karlsson liberan a sus contrincantes.
—No recibimos órdenes de bruja —insiste uno.
—Oh, dios… —me quejo, mirándolo—. ¿Eres imbécil?
Y como si fuera un estúpido suicida, intenta abalanzarse sobre mí, pero Asher se interpone. El tipo lo apunta con su arma y mi mundo se detiene.
La descarga eléctrica que sale del cañón lanza lejos al amor de mi vida y su cuerpo impacta contra la pared de ladrillos. Puedo sentir su dolor y me deja sin aliento. Es cruel, violento y despiadado. Cuando el hombre pretende disparar nuevamente, la persona que menos espero salva a Asher.
Julianne.
Pero esta vez no es herida por descargas eléctricas, sino con balas de plata.
—¡Vámonos! —grita uno de los hombres. Aprovechan mi conmoción para cambiar de forma y huir del callejón como unos cobardes.
Salgo de mi círculo formado por fuego y de inmediato ayudo a Asher. Sus hermanos hacen lo mismo, manteniéndose en sus formas. Sé que, si intentan cambiar, quedarán desnudos.
—¿Asher? —balbuceo angustiada y toco su pelaje negro—. ¿Estás bien, lobito? ¡Dime que sí!
Él acaricia mi mano con su hocico y habla en mi mente:
«Julianne está herida».
Observo a la rubia y mi pecho duele al verla inmóvil en el suelo. Un charco de sangre se forma a su alrededor y jadea debido al dolor.
—Oh, dioses… —digo.

ASHER
Julianne está muriéndose.
Como puedo, empiezo a cojear lentamente hacia ella. Quiero pegarle a algo, quiero destruir todo a mi vista. Quiero encontrar a quien hizo esto y destrozarlo. Julianne cambia a su forma humana y queda desnuda mientras tiembla, pero no me importa. Todo lo que deseo es ayudarla.
—Asher… —jadea.
Estoy momentáneamente congelado… aturdido por lo que veo. Su cabello rubio se tiñe de un rojo brillante por las heridas. Su rostro está tan hinchado que es irreconocible, la sangre cae lentamente de su nariz y tose. La bala de plata está matándola, maldita sea.
Miro a Arianne.
«Debemos ayudarla».
Asiente con los labios temblorosos y después somos testigos de cómo sus manos desprenden brillantes luces cuando toca a Julianne, pero mi amiga se aparta con disgusto.
—No me toques —dice débilmente.
Arianne la obliga a mantenerse quieta. ¿No puede ignorar su orgullo por unos minutos?
—Vas a morir si no me dejas —musita Arianne—. ¿Quieres morir? Porque apartaré las manos si lo deseas.
Julianne tensa los labios y niega.
—Bien —susurra Arianne—. Cierra la boca y déjame hacer mi trabajo.
El callejón oscuro es iluminado por los poderes de Arianne mientras mis hermanos y yo la miramos fascinados. Vuelvo a comprobar lo que dije hace días.
No importa cuánto intente convencerse de que la oscuridad tiene más efectos en ella. Arianne Laroux es la chica más pura que he conocido. Incluso es dulce a pesar de su oscuridad. Una dulce maldad.