Dulce maldad
Dulce maldad » 42. Asher
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Al día siguiente despierto en la cama sin muchas ganas. Después de lo que sucedió anoche, no volveré a salir nunca más. Hoy me encargaré de preparar yo mismo las maletas de Julianne y la obligaré a subirse a ese jodido avión.
Anoche creí que moriría después del ataque, pero Arianne le salvó la vida con su toque. Nunca dio las gracias, ni le prometió que cambiaría su actitud. Simplemente se perdió en su forma lobuna y no volvimos a verla.
Este viaje es un infierno por su culpa.
—Hoy no quiero entrenar —protesta Arianne.
Le sonrío mientras quito el cabello castaño de su rostro. Regresamos del club y caímos agotados en la cama sin hacer comentarios. Josh no está contento por lo ocurrido, pedirá explicaciones que le daré con mucho gusto. Si patea mi culo también lo aceptaré, me lo merezco por no haber detenido a Julianne antes.
—Mereces un descanso. Convenceré a tu padre para que no te moleste.
Hunde su rostro en la almohada y cierra los ojos nuevamente.
—¿Puedes hacer eso por mí? Estoy muerta de sueño.
—Claro, descansa.
Arianne vuelve a dormirse mientras me doy una ducha rápida. Quito el apestoso olor del club que siento en mi cuerpo, me visto y voy a la cocina por el desayuno. Encuentro a Andrew sentado en un taburete mientras mastica sus cereales con leche. Está despeinado, en bóxer y con aspecto perezoso.
—¿Qué haces despierto tan temprano? —pregunto.
—Tenía hambre —contesta—. ¿De qué te sorprendes? Siempre he sido madrugador.
—Ajá, como sea. ¿Y Axel?
Se traga el cereal con una sonrisa burlona.
—Agotado, parece que anoche tuvo un intenso trío.
Hago una mueca y camino al refrigerador para tomar un plátano.
—Por supuesto que lo hizo. ¿Julianne regresó?
—Nop.
Me pongo tenso inmediatamente y cierro la puerta del refrigerador. Son las siete de la mañana y esa chica ya está en problemas. ¿Le sucedió algo malo? ¿Qué pasa si es capturada por nuestros enemigos?
—Despierta a los demás y diles que saldremos a buscarla —refunfuño—. No podemos abandonarla ni dejarla sola a su suerte por mucho que nos desagrade.
Andrew protesta.
—Volverá pronto. ¿Crees que se olvidará de ti fácilmente?
—Cámbiate y llama a los demás.
Andrew rueda los ojos y termina su cereal para después seguir mi orden. Julianne me escuchará. Tenemos problemas más graves que ocuparnos de ella. ¿Cómo puede ser tan egoísta?
Mastico el plátano cuando Kellan entra a la cocina con una impresionante rubia de ojos grises. Su rostro parece de porcelana y su cabello es tan amarillo como el sol. Tiene aspecto de ángel. Pienso que es su hermana, pero ella huele como un licántropo. Sí, es licántropo.
—Ella es Emmie —explica Kellan—. Está aquí porque una de ustedes ha generado problemas en su clan.
Frunzo el ceño en confusión. ¿Quién podría ser?
—¿Una de nosotros?
La rubia sonríe.
—Tenemos a una de ustedes en nuestro territorio. —Su voz es baja y suave—. La encontramos anoche en su forma lobuna, devastada.
Trago saliva por la tensión que recorre mi cuerpo. Habla de Julianne.
—No sabía que hay un clan cerca —murmuro.
—Hay cientos de clanes en Irlanda —expresa Kellan—. No solo de licántropos, sino de otras especies.
—¿Julianne está bien?
La rubia rueda los ojos.
—Ella dice ser parte de ustedes. Quisimos matarla por pisar nuestro territorio, pero rogó por su vida.
Una maldición brota de mis labios. Se acabó, se larga hoy mismo.
—Lamento mucho los inconvenientes —me disculpo—. Si me das unos minutos, iré por ella.
—No la maté porque Kellan es mi amigo. —Le sonríe al druida—. Recordé que tiene como huéspedes a varios extranjeros.
Qué amable de su parte.
—¿Simplemente quisieron matarla por pisar su territorio? —cuestiono.
La rubia se encoge de hombros.
—Es una extranjera —dice—. No confiamos en los extranjeros.
—¿Dónde queda tu clan? —inquiero.
—A veinte minutos de aquí. —Se cruza de brazos—. Quiero que vayan por ella, y la saquen de mi territorio. La mataré si escucho un segundo más sus lloriqueos.
—Demasiado.
—Hermano, puedo…
Andrew se queda en silencio cuando ve a Emmie. Estudia a la rubia y sus ojos se abren en algo diferente. Todos somos testigos de lo que sucede aquí porque esto es entretenimiento en su máxima expresión. Emmie luce roja como un tomate y Andrew parece nervioso.
—¿Tú quién eres? —le pregunta Andrew, dando un paso cerca de ella.
—Ella es Emmie —respondo—. Su clan tiene a Julianne como prisionera.
Algo pasa por el rostro de Andrew y Emmie lo mira de la misma forma. Idiotizada.
Pasan segundos donde ambos se miran confundidos, pero ella es la primera en romper el hechizo.
—Solo tres personas pueden ir conmigo —aclara Emmie, agitada—. No nos gustan los extranjeros.
Mi hermano lame sus labios.
—Me ofrezco como voluntario.
¿Qué demonios sucede aquí? ¿Es lo que pienso? Arianne ingresa a la cocina con ojos somnolientos y bosteza. Joder. Prefiero que siga dormida, no quiero que lidie con la mierda de Julianne.
—¿Por qué tantos gritos? Me despertaron.
—Julianne fue capturada por un clan y debo ir por ella —comento. Tuerce los labios en disgusto y observa a Emmie con una ceja arqueada. Andrew babea como un perro necesitado.
—¿Y tú eres…?
—Es Emmie —la presenta Kellan—. Una vieja amiga que matará a Julianne si no van por ella.
La risa de Arianne suena fuerte y alegre. Qué mala.
—Por favor, hazlo.
—Me agradas —murmura Emmie—. ¿Qué eres tú exactamente? Arianne se encoge de hombros.
—Druida o licántropo, puedes usar el término que prefieras.
Las dos se echan a reír y me sorprende lo rápido que congenian.
—¿Él es tu compañero? —le pregunta Emmie a Ari.
—Sí. —Arianne aprieta mi mano—. ¿Se nota mucho?
—Demasiado. —Evalúa a cada presente—. ¿Quiénes irán? Ya no la soportamos.
—Mi hermano y yo —respondo.
—Quiero unirme —dice Arianne.
Mierda…
—Amor, no creo que sea buena idea.
—Prometo comportarme.
—Está bien, pero no caigas en sus provocaciones.
—Lo prometo.
Salimos de la cocina y seguimos a Emmie a su camioneta aparcada. Ella se despide de Kellan y le agradece por recibirla. Ya me duele la cabeza de tanto pensar en Julianne, qué dolor en el trasero tan grande. La quiero en otro continente.
—Dudo mucho que seas confiable —espeto, antes de subir al auto. Andrew suspira.
—Ella es confiable.
—¿Cómo demonios lo sabes?
Él mira a Emmie.
—Sé que es confiable, ¿de acuerdo?
Arianne y yo compartimos una mirada extraña y subimos al auto. Puedo hacerme una idea exacta de lo que sucede aquí. Andrew está aquí en Irlanda no solo por Arianne, sino porque su lobo lo quiso así.
El destino…
Emmie es como nosotros y puedo entender por qué Andrew no deja de mirarla.
—No estás marcada —comenta Andrew, mientras Emmie conduce y nos aleja del parque.
—No. —Su respuesta es cortante y fría—. Aún no ha llegado mi hora y mi padre es el Alfa de nuestro clan.
—Tu padre es un Alfa sobreprotector —dice Ari.
Emmie nos mira a través del espejo retrovisor.
—Demasiado sobreprotector.
—¿Cómo encontraron a Julianne? —pregunto.
—Al parecer estaba muy perdida en el bosque.
Mi mandíbula se tensa y aparto la mirada, enfocando mis ojos en la ventana. Joder… La idea de que sea la verdadera culpable me aterra más que nada. ¿Qué ha cambiado? ¿Dónde quedó esa chica que compartí la mayor parte de mi vida?
—¿Le han hecho daño? —pregunto.
—Solo ha recibido un puñetazo en la nariz por llorona. —Se burla Emmie.
Andrew sonríe nervioso y noto la forma en que aprieta sus manos. Sí, mis sospechas han sido confirmadas. Él sabe que Emmie es su compañera. Al menos algo bueno salió de esta salida.
Poco a poco nos acercamos a una especie de campamento rodeado de árboles y colinas.
—Mantén a tu chica cerca de ti —dice Emmie, deteniendo el auto—. Aún no lleva tu marca y es presa fácil para otros licántropos.
—¿Eso es un problema? —pregunta Ari.
Aprieto su mano.
—Un grave problema. Pero si otro intenta reclamarte, lo haré pedazos.
Nos emparejamos de por vida. El destino de Arianne es estar a mi lado por siempre. Ambos hemos confesado nuestros sentimientos y no permitiré que otro bastardo la reclame. Un macho Alfa es capaz de matar a cualquiera que intente tomar a su compañera.
—No te preocupes. —Ari besa mi mejilla—. Si otro me reclama, voy a romper sus huesos.
Mis labios se curvan en una sonrisa.
—Chica lista.
—Lobito celoso.
Bajamos del auto y seguimos a Emmie. Todos los ojos se posan en nosotros a medida que nos acercamos al campamento. Percibo que hay una enorme fogata, las llamas parpadean a través de una maraña de ramas; la madera arde ruidosa con el fuego y hay cerca de cincuenta hombres y mujeres alrededor.
Licántropos.
—Olsen. —La voz de Emmie suena imponente—. Él es Asher Karlsson.
Olsen es un hombre gordo y bastante robusto. Tiene la cabeza rapada y un piercing en la nariz.
—Tu chica ha llorado por su príncipe azul. —Se burla, mostrando sus dientes amarillos.
—Ella no es mi chica —aclaro.
Olsen se encoge de hombros y mira a Andrew.
—¿Y este niño bonito quién es?
—Mi hermano —respondo, tajante—. Vinimos por la chica. Luego nos iremos y este asunto quedará olvidado.
Olsen niega con la cabeza.
—¿Con qué derecho vienes a exigir tal cosa en mi campamento?
El resto de los licántropos están mirándonos en silencio. El desprecio en sus ojos confirma que no les agradamos.
—Porque Julianne no les pertenece —gruño al borde de la ira.
Emmie suspira con cansancio.
—No seas idiota, Olsen. Solo entrega a la Barbie y esto termina.
Olsen gruñe.
—Síganme.
Andrew mira a Emmie y vuelve a sonreír como idiota.
—Mujer, eres tan caliente.
Emmie se sonroja.
—Cierra la boca.
Seguimos a Olsen hacia la cabaña. Una vez que estamos dentro, la veo; Julianne está en una silla amordazada con sus ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Empieza a gritar cuando me ve, pero su voz está amortiguada por la mordaza.
—Tranquila, Barbie —masculla Olsen en tono burlón y me mira con sus ojos brillando—. Tu príncipe ha llegado, pero ha traído a su princesa con él.
La expresión de Julianne cambia cuando ve a Arianne. Su pulso se trastabilla y sus ojos se amplían imperceptiblemente con sorpresa. Por un momento, luce insegura sobre qué decir.
—¿Podrías quitarle la mordaza? —le digo a Olsen y este asiente.
Se acerca con un cuchillo a Julianne y corta el pedazo de tela.
—¡Asher! —Llora Julianne, removiéndose en la silla—. Por favor, sácame de aquí.
—¿En qué demonios estabas pensando anoche? Debiste irte con nosotros.
Su rostro se retuerce con dolor y traga saliva.
—Yo…
—No me importan tus excusas. Te llevaré a la finca, prepararé tus maletas y no me iré del aeropuerto hasta que subas a un puto avión. Ya has creado suficientes problemas.
Se vuelve más blanca que un muerto y solloza. Su cabello rubio es una maraña desastrosa y la sangre cae lentamente de su nariz. La lastimaron.
—Nunca entenderás lo que siento por ti, ¿no?
—La única que no entiende eres tú. —Arianne decide interferir—. Asher ha encontrado a su compañera y esa soy yo.
Julianne hace una mueca. La miro y la cálida expresión que solía llevar es reemplazada ahora por una fría, sin corazón, una que no he visto nunca en su rostro. Sus palabras destilan odio cuando vuelve a hablar.
—No desapareceré de su vida solo porque tú me lo pides. Yo soy…
—Tú ya no eres nadie, Julianne —la interrumpo con la respiración agitada—. Te consideraba mi mejor amiga, pero acabas de destruir nuestra amistad.
—Por favor, Asher. —Solloza Julianne—. No hagas esto.
Andrew suspira dramáticamente, pasándose la mano por el pelo.
—Terminemos con este asunto. —La sonrisa de mi hermano es siniestra—. Queremos que tú confieses.
Olsen se palmea el estómago.
—Esto será interesante.
Emmie y Arianne miran a Andrew. Entonces mi hermano saca un pequeño cuchillo de plata del interior de su bolsillo. ¿De dónde lo sacó tan rápido? Olsen gruñe al ver el arma blanca.
—Tranquilo, amigo. —Andrew no deja de sonreír—. No es para ti, mi hermano ha dejado claro que tiene asuntos con la rubia.
Julianne llora, negando con la cabeza.
—¿Qué te he hecho, Andrew? Nunca me metí contigo, sabes que me agradas.
Andrew le devuelve una expresión de fastidio.
—Has matado a las exnovias de mi hermano y no puedo permitir que hagas lo mismo con Arianne —dice serio—. Si ella muere, mi hermano pasará una eternidad desolado y más solo que un perro callejero.
—Yo… no sé de qué hablas —balbucea Julianne, mirándome—. ¿Por qué me acusan de algo que no hice? ¿Tienen pruebas?
—Deja de ser tan ridícula y admite tus errores —dice Arianne—. Sabemos que tú mataste a las novias de Asher.
—Escucha, idiota —escupe Julianne—. Amo a Asher y sería incapaz de lastimarlo.
—Eso lo comprobaremos. —Andrew mira a Ari—. Te concedo el honor de torturarla.
Cada parte de mí se tensa y doy un paso cerca de Andrew.
—¿Qué diablos pretendes?
Me observa con una expresión aburrida.
—Cállate y observa. —Le tiende el cuchillo de plata a Arianne—. Hazlo, sé que lo disfrutarás.
Para mi sorpresa, Arianne sonríe y acepta.
—Arianne…
Ari da un paso cerca de mí.
—¿Confías en mí? —pregunta contra mis labios.
Me toma dos segundos responder.
—Sí.
—Entonces déjame hacer esto.
Maldita sea, no puedo creer que estoy accediendo. Julianne empieza a gritar y a removerse en la silla. Le aterra más que nada ser lastimada. ¿Y si Arianne pierde el control? Ella no es buena controlando la ira. Mataré a Andrew cuando nos vayamos de aquí. Maldito sea, lo mataré.
—Confío en ti.
Arianne mira a todos los presentes de la cabaña.
—Necesito un poco de privacidad.
Julianne luce aterrada y desolada. Su cuerpo se sacude debido a los sollozos y las lágrimas caen de sus ojos. Le dará un ataque.
—Asher, no… —Intenta rogar, pero es tarde. Abandono la cabaña, dejándola sola en manos de Arianne.
Una vez que todos estamos fuera, agarro la camisa de Andrew y lo estampo contra la pared de la cabaña.
—¿Qué mierda tienes en la cabeza?
Tiene el descaro de reírse. Imbécil.
—Oh, vamos. No exageres, sabes que Julianne merece una lección.
Emmie y Olsen nos observan con curiosidad.
—¿Estará todo bien? —pregunta Emmie—. Arianne lucía muy… emocionada de lastimarla.
Trago saliva.
—Todo estará bien, solecito. —Andrew la observa con una sonrisa y se aparta de mi cuerpo—. ¿Puedo tener una charla con tu padre?
Olsen da un paso depredador cerca de Andrew.
—Nuestro Alfa está ocupado —masculla.
—Pero este asunto es importante —enfatiza Andrew—. Él debe saber que su hija ha encontrado a su otra mitad.
Emmie abre la boca en estado de shock.
—¿Qué? —grita.
Andrew le guiña un ojo.
—Sé que estás sintiéndote de la misma forma que yo —afirma mi hermano—. Como si quisieras arrancarme la ropa.
Emmie está más roja que un tomate y por un momento olvido lo que Ari está haciendo en la cabaña. Lo mejor sería escuchar de qué hablan, pero ha dejado claro que necesita privacidad. Andrew no deja de mirar a Emmie y pienso que en cualquier momento tendrá un orgasmo visual.
—¿Cómo sabes que ella es tu compañera? —indago.
Me observa como si fuera un estúpido.
—Porque estoy más duro que un maldito acero —responde—. ¿No te ha pasado con Arianne?
—No, su olor era muy confuso. ¿Lo olvidaste?
Abre la boca para decir algo, pero escucho un grito desgarrador. Un grito que retuerce mis entrañas. Miro la cabaña y maldigo cuando noto que el viento empieza a formarse en forma de huracán a nuestro alrededor, revolviendo las hojas del campamento.
Es Arianne.
Está usando sus poderes.
Mierda.

ARIANNE
Minutos antes.
Julianne está nerviosa y asustada. Solo hay miedo en sus ojos marrones mientras observa el cuchillo en mi mano. Un simple corte bastará para herirla de la manera más mortal. Sé que es una medida extrema, pero es la única forma de que confiese. Odio que actúe como si fuera una blanca e inocente paloma que no daña a nadie.
Es una asesina. Mató a cinco chicas inocentes.
—¿Qué tramas, maldita demente? —pregunta tartamudeando mientras se remueve en la silla.
Mantengo mi rostro inexpresivo.
—Eres la persona más patética del mundo. Jamás he conocido a alguien que se arrastre tanto. Porque eso es lo único que haces; arrastrarte por un chico que no te quiere.
Su rostro se vuelve rojo y puedo ver un destello de furia en su mirada.
Ups, golpe bajo.
—Asher es mío. —Enfatiza cada palabra—. Siempre fuimos muy unidos, al menos hasta que tú llegaste. ¿Sabías que con él perdí mi virginidad? Disfruté cada segundo de ello. Jamás olvidaré la forma en que hicimos el amor.
Mis manos se aprietan alrededor del cuchillo y un gusto amargo se instala en mi boca. Ella solo está provocándome para herirme y está funcionando. Imaginarla con Asher me llena de rabia y celos. La odio, pero no le daré el gusto de verme dolida.
—Escucha, Julianne. Espero que hayas disfrutado mucho tus fantasías con Asher, porque no volverá a ocurrir. ¿Sabes por qué? Te odiará cuando sepa que eres una asesina, una enferma que ha matado a sus exnovias.
Traga saliva y niega con la cabeza.
—Él no me odiará porque soy inocente —afirma—. Soy inocente y no podrás alejarme de él.
Doy un paso cerca.
—Bueno, veremos cuán inocente eres. —Me posiciono detrás de ella y tomo un mechón de su cabello rubio—. ¿Sabes quién soy, Julianne?
—¿Una perra psicópata al igual que todas las mujeres de tu familia?
Me encojo de hombros.
—Tal vez.
Analizo atentamente su reacción. Está nerviosa y su piel se llena de escalofríos, sin pronunciar ni una palabra.
—Soy nieta de Abigail Sanders y heredé todas sus habilidades —murmuro—. Si quiero puedo hacer que tu corazón se parta dentro de tu pecho. Un simple pensamiento bastará.
Julianne me observa con horror. Su pecho sube y baja debido al miedo.
—Estás loca.
—Ni siquiera necesito usar esto para lastimarte —enfatizo, lanzando el cuchillo hacia un lado de la habitación—. Puedo herirte con otras medidas.
Respira profundamente y se queda en silencio.
—He roto una puerta con solo pensarlo —continúo—. Mi madre fue una druida muy noble, ¿pero mi abuela? Es demasiado oscura y disfruta haciendo el mal. Si te mato ahora mismo, no lo sentiré en absoluto.
Julianne lucha contra las cuerdas.
—Me han dicho que ni siquiera puedes controlar tus poderes —espeta con una risa nerviosa y el sudor cae por su mejilla—. Eres una estúpida que dejó morir a su hermano.
La rabia me hace avanzar hacia ella.
—Cierra la boca —digo, mi voz es baja.
Admitiré cualquier insulto, menos que involucre a Theo en esto. Él es sagrado. Todo lo relacionado con mi hermano es sagrado.
—La única asesina eres tú, zorra estúpida. —Se burla—. Tu hermano murió por tu culpa y tu madre también.
Eres una bruja psicópata igual que tu abuela, los demonios como tú deben arder en el infierno.
«Cálmate, Arianne. Respira. Respira».
«No caigas en su juego. Ella no merece nada».
«Respira».
«Respira».
«Respira».
—¿Crees que me importa lo que tú digas? —inquiero—. No vales la pena como persona, Julianne. Sé que aparentas ser un pobre corderito, pero a mí no me engañas. Mataste a esas chicas que se acercaron a Asher por tus celos enfermizos.
Levanta la barbilla a modo de desafío.
—¿Tienes pruebas de lo que dices? —escupe entre risas neuróticas—. Soy inocente y Asher lo sabe, no hay nada malo en mí. Tú en cambio eres un bicho raro con poderes del infierno. Eres defectuosa y jamás serás feliz con él. Yo me encargaré de eso.
Mi mente se apaga, abrumada por la ira. Estoy parpadeando, esforzándome para respirar, pero no puedo. Todo a mi alrededor cambia muy drásticamente. Entonces empiezan a surgir raíces de la tierra bajo mis pies y el viento silba con fuerza. Julianne grita con horror e intenta moverse para escapar.
—¡Maldita bruja! —chilla. Cuando las palabras salen de su boca, choca contra la pared debido a mi energía. Choca con tanta fuerza que su cabeza sangra. Su cara está blanca como la tiza y empieza a gritar por ayuda.
Las raíces de los árboles rodean sus piernas, brazos y cuello, robándole el suministro de aire. Estoy impresionada, acabo de conectar con la tierra como elemento y se siente increíble. La adrenalina golpea mi pecho.
—Déjala ir, Arianne. —Oigo la voz de Asher a mi espalda, pero niego—. Vamos, detente. Ella no vale la pena.
Mis pulmones y corazón apenas pueden latir debido a la ira. Mis dientes están apretados y miro a Asher, que luce confundido y nervioso. Andrew tiene la boca abierta y Olsen mantiene a Emmie detrás de su espalda. Sé que parezco el mismísimo demonio, pero no planeo detenerme; estoy cansada de los juegos de Julianne. ¿Y qué más da si soy una bruja? Es mi naturaleza.
—Sé que quieres matarla, corazón —dice Andrew, intentando calmarme—. Yo también quiero hacerlo, pero no vale la pena. ¿De acuerdo? Es una persona insignificante que ha tenido demasiada atención.
Trata de tocarme, pero es el peor error. Levanto mis manos en defensa y el cuerpo de Andrew impacta contra una pared. Cae al suelo, quedando inconsciente al instante. El horror de lo que hice me golpea y tiemblo. Mi estómago pasa de tenso a estar enfermo. Mi fosa nasal se ensancha. No me muevo, no puedo. Mi mirada se traba en la de Asher. Sus profundos ojos avellana lucen ilegibles. Un tic flexiona su mandíbula. Solo uno, pero lo vi. También el miedo.
Estoy asustándolo.
Retrocedo y parpadeo otra vez. Julianne está asfixiándose. Emmie ayuda de inmediato, a Andrew. Asher ya no dice nada y me mira con los ojos muy abiertos.
—Lo siento. —Mi voz suena pequeña y asustada—. No fue mi intención lastimar a Andrew.
Mi pecho se desinfla, hundiéndose, colapsando. La verdad se apodera de los últimos restos de esperanza que tengo y los desmenuza en mil pedazos. No debería sorprenderme. Soy un monstruo al igual que Abigail.
—Lo sé, amor —susurra Asher—. Cálmate un segundo, ¿sí?
Una lágrima se desliza por mi mejilla y sus palabras me relajan. ¿Cómo puede creer en mí? Estuve a punto de matar a su amiga y lo peor es que no me arrepiento. Julianne se lo merecía. Lastimé a Andrew.
—Loca, psicópata —jadea Julianne—. Deberías estar muerta.
Asher aprieta su mandíbula.
—Cierra la boca, Julianne. Me tienes harto.
—¿Estás ciego? —chilla ella—. ¡Es un monstruo!
Ni siquiera lo pienso mucho porque salgo de la cabaña y corro con todas mis fuerzas. Corro tan rápido y nunca miro atrás. Los licántropos del campamento retroceden como si yo fuera el mismísimo demonio y no los culpo. ¿Y quién en su sano juicio no huiría o se cagaría de miedo? De reojo veo algunas cabañas destruidas a causa de los temblores que provoqué.
—¡Arianne!
Asher está siguiéndome, pero no me detengo. Corro tan fuerte como mis pies me lo permiten. Quiero desaparecer y nunca volver a este lugar.
—¡Arianne!
Me giro con las fosas nasales dilatadas. La rabia hierve a través de mi pecho, extendiéndose por mi esófago.
—He dicho que me dejes en paz —gruño—. ¡No quiero verte! ¡Lárgate de una vez!
La fuerza de mi energía lo empuja brutalmente y retrocede con los ojos ensanchados. Siento mi alma destrozarse en pedazos mientras veo el terror en su expresión, con la pena quemándome hasta las entrañas.
Le asusto. Él me teme.
—Arianne, por favor…
—¡Lárgate! —grito—. No necesito tus palabras cursis o que me prometas que todo estará bien. Soy un monstruo, ¿no lo ves? ¡Deja de creer lo contrario! Vete.
La oscuridad se desliza en mi alma y quiero ser hiriente. Quiero que le duela.
—¿Eso es lo que deseas? —pregunta con un temblor en su mandíbula—. Porque lo haré y te daré el maldito espacio que tanto quieres.
Las chispas hacen acto de presencia y sus fosas nasales se dilatan.
Nunca sería capaz de lastimarlo, pero su semblante no piensa lo mismo.
—Vete —repito.
Niega con la cabeza y retrocede.
—Bien. Búscame cuando entiendas que no eres la mala aquí.
Me derrumbo en el suelo llorando, rompiéndome, mientras lo veo irse. No lo merezco.
No merezco a nadie.
Supongo que después de todo soy un monstruo y debo vivir con ello.

Camino sola por las calles dublineses.
Mi celular suena, pero lo ignoro. Estoy segura de que se trata de Asher. Quiero un momento para mí misma y pensar. Perdí el control, disfruté lo que sucedió y me niego a aceptar que me equivoqué.
A la mierda con las estúpidas creencias de que soy buena. Quise ser paciente con Julianne, pero no sirvió de nada. No ocultaré lo que soy, tampoco lo reprimiré. El mundo me derribará si soy amable.
Necesito ser más fuerte.
Frunzo el ceño cuando percibo el primer cosquilleo a lo largo de mi nuca y mi cuello. Siento que estoy siendo observada y no me gusta en absoluto.
Miro mi entorno y veo a personas caminando por las calles, cientos de autos se unen a la circulación del tráfico. ¿Qué anda mal? Acelero mis pasos, y cuando doblo hacia una esquina, estoy perdida. Me agarra repentinamente un tipo muy fuerte y trato de gritar, pero ningún sonido sale.
—Silencio, druida.
Clavan una aguja en mi cuello y me sumerjo en la inconsciencia.

Una brillante luz me lastima los ojos y parpadeo lentamente. Me siento confundida y los mareos revuelven mi estómago.
¿Dónde estoy?
—La dosis de hiedra impedirá que su lobo la encuentre. —Oigo decir a Aulus—. Necesitamos cortar el lazo que la une con él. Será fácil porque aún no está marcada. Los Karlsson son unos imbéciles.
—¿Cómo? —pregunta una voz suave, pero conocida.
—Abigail se encargará de eso —masculla Aulus con suficiencia—. Será doloroso, tal vez se volverá loca, pero sobrevivirá. Se convertirá en una chica obediente, el arma perfecta.
Las risas parten mi corazón, y abro la boca para decir algo, pero nada sale. Quieren cortar la conexión que tengo con Asher. ¡Oh, dioses! No puedo permitirlo. No puedo, debo encontrar una forma de comunicarme con él.
Cierro mis ojos y me concentro en Asher. Nuestra conexión puede salvar mi vida. ¿Por qué lo aparté? ¿Por qué le hice sentir que no soy buena para él?
Asher, ¿me oyes? Por favor, escúchame. Por favor.
Lo intento por minutos, nunca dejo de decir su nombre, tratando de enviarle mis sentimientos sobre lo mucho que lamento nuestra discusión, incluso haciéndole sentir mi dolor y cualquier cosa que me ayude, pero no oigo nada.
Aturdida, miro el espacio desconocido.
Las luces de los fluorescentes me dañan los ojos y gimo por la molestia. Algo duro está presionando mi espalda y me doy cuenta de que estoy sobre una mesa metálica y amarrada. Noto el suero en mi brazo y la forma en que extraen mi sangre. ¿Otra vez el mismo proceso?
La puerta de la habitación se abre y entran varios hombres armados hasta la médula. Entre ellos se encuentra Aulus, que sonríe maliciosamente.
—Arianne Laroux. —Se burla—. ¿Cómo estás?
Me quedo en silencio, negándome a darle la satisfacción de ver mi dolor.
—Podrías colaborar y todo iría mejor, cariño. —Toca mi rostro y tiemblo por el asco que siento ahora mismo—. Vamos, no me mires así.
Le escupo. Me siento satisfecha al ver mi saliva deslizarse lentamente por su rostro. Aulus hace una mueca de asco y saca un pañuelo de su chaqueta para limpiarse.
—Eres toda una luchadora, ¿eh? —Aulus se ríe—. Eso no te servirá ahora mismo, menos con tu abuela presente. Ella odia a las niñas sin modales.
Aprieto los dientes y tiemblo de miedo cuando una mujer entra en la sala. Viste un largo vestido rojo que resalta el color de sus intensos ojos verdes. Sus uñas son puntiagudas, negras y lucen sucias. La sonrisa en sus labios me pone enferma.
—Hola, Arianne. Es un placer volver a verte.
Continuará…