Dulce maldad

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Dulce maldad » 6. Asher

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Otra noche bochornosa.

La luna ilumina a los jóvenes escandalosos que disfrutan la fiesta organizada por mis hermanos. Axel y Andrew aman alborotar todo New Hope. Algunos fines de semana invitan a sus amigos más cercanos para pasar el rato en nuestra piscina, y nadie falta porque hay comida y bebida gratis.

El bajo golpea las paredes con una rítmica canción de Post Malone. Festejan sin sentido mientras yo soy un hombre marcado y amargado por su patético destino. Quiero que se larguen de mi casa, pero no arruinaré la fiesta de mis hermanos; ellos están empeñados en disfrutar de sus vidas antes de que sean amarrados como sucedió con mis padres.

Los licántropos no llevamos una vida tradicional como los humanos.

Ashton está a mi lado con un cigarrillo entre los dedos, es dos años menor que yo y me siento identificado con él porque tampoco le entusiasman las fiestas. Prefiere invertir su tiempo en libros o películas. No ha vuelto a ser el mismo desde que terminó con su novia. La ruptura le rompió el corazón.

—¿Cuál es el punto de estas tonterías? —pregunta y exhala el humo del cigarro por su boca.

—Aprovechan porque después no volverán a ser libres —respondo, mientras me encojo de hombros—. Ya sabes, el cambio de forma implica encontrar a tu compañera y aparearse.

—No hay nada de malo en eso. —Arruga la nariz.

—Axel y Andrew no piensan lo mismo.

Miro a mis hermanos coquetear con chicas en las piscinas. Andrew besa a una morena mientras Axel lleva a la pelirroja dentro de su habitación. Mamá enloquecerá cuando regrese. Asistió a una gala benéfica con mi padre, y no le gusta que los extraños invadan su casa. Esto terminará en problemas.

—Hay asuntos más importantes que perder el tiempo en fiestas —refunfuña Ashton—. El asesino sigue suelto y Aulus no regresó al pueblo. Simon Persson quedó a cargo de la manada.

Una sonrisa curva mis labios. Simon es un incompetente inmaduro. Sus últimas decisiones han sido muy desacertadas, está más ocupado en mis asuntos y no presta atención a su propia manada. No llegarán a ninguna parte, menos con ideales machistas y misóginos.

Ellos rechazan a la diosa luna y creen que sobrevivirán sin sus compañeras.

—¿Ese imbécil? Apuesto a que habrá más muertes por culpa de los animales —murmuro con ironía—. Años, Ashton. Pasaron años y nunca pudimos detener la masacre…

Le da otra calada al cigarro.

—Ya sabes lo que dicen, hermano. Vivimos en un pueblo maldito.

Ese dicho nos ha perseguido desde que el pueblo fue fundado, pero lo peor es que no son mentiras. Nada es casual en mi mundo sobrenatural. Hay muchas leyendas vivas que nos atormentan.

Mi celular emite un pitido en el bolsillo de mi chaqueta y verifico la pantalla para ver el nombre de Julianne. Tengo varios mensajes de ella que no respondí. Enloquecerá si no lo hago pronto.

—¿Qué tan lejos has llegado con ella? —pregunta mi hermano al ver mi cara de fastidio—. ¿Tuvieron sexo?

—Sí.

Me mira fijamente un segundo antes de soltar una risa.

—Te lanzaste un alacrán encima.

—Gracias. —La cerveza se siente increíblemente amarga en mi garganta.

—Todos sabemos cómo es Julianne de posesiva contigo —prosigue—. Espero que pronto encuentre a su compañero porque de lo contrario se aferrará a ti, Asher. Es peligrosa…

Contemplo a los adolescentes en la piscina y aparto el mechón de mi cara. Algunas mujeres marchan hacia nosotros, pero Ashton y yo las ignoramos. No puedo apartarme fácilmente de la chica que jugó conmigo bajo la lluvia cuando teníamos cinco años, aquella que me defendió de los insultos y sus brazos fueron un consuelo en mis peores momentos.

Julianne es importante en mi vida.

—Cuando ella me mira, no ve a un asesino, ni un animal con rabia como muchos de los humanos me consideran. Ve lo que soy realmente y necesito a una amiga que me escuche, me apoye y no me juzgue.

Ashton resopla.

—Crees que la conoces, pero no sabes hasta dónde va a llegar para conseguir lo que quiere. Ella no es buena, Asher.

—¿Y yo lo soy? —cuestiono—. Julianne sabe que solo puedo ofrecerle mi amistad, no pasará a más de eso.

Mi hermano fuma lo que queda de su cigarro y suspira, sabe que ni yo me creo esa mentira.

—Haz lo que consideres adecuado, pero no seas ciego. La niña que conociste hace tiempo dejó de existir. Julianne es una mujer adulta y te quiere. No le importa que la diosa luna tenga otros planes —manifiesta con seriedad—. Encontrará la manera de atraparte, y digo esto porque vi cómo es realmente. Es soberbia, egoísta, cruel y posesiva; un ser tóxico que te meterá en problemas. Tenlo presente, hermano.

El malestar se instaura en mis entrañas. Axel escoge ese momento para unirse a nosotros con una sonrisa. Andrew está rodeado de chicas que ríen por sus bromas tontas. Él es muy bueno relacionándose con los humanos. Posee un encanto natural que nadie podría resistirse.

—¿Los amargados se juntaron? —Ríe mi hermano—. ¿Quieren conocer a Ramona? Ella me ha preguntado por ti, Ashton.

Apunta en dirección a la piscina y observamos a una rubia que le guiña un ojo a Ashton.

—Dile a tu amiga que no estoy interesado —enfatiza mi hermano, avergonzado.

Axel gira los ojos con fastidio.

—Ya me esperaba esa respuesta. —Me mira—. ¿Qué hay de ti, Asher? Ella puede ofrecerte lo que buscas, ya que andas en abstinencia por culpa de tu mala fama.

—Lárgate, imbécil. No necesito que me hagas ningún favor —respondo tajante.

Agarro su brazo y lo lanzo lejos de nosotros. Su carcajada resuena mientras se avienta en la piscina. Debe entender que no todos vivimos con la necesidad sexual como él o Andrew. No negaré que antes era muy activo, pero últimamente nada ni nadie logró satisfacerme.

Y entiendo la razón.

Papá siempre ha dicho que solo alguien puede llenar el vacío que sentimos.

El sable arremete contra mi contrincante. El humano se defiende, pero soy mucho más rápido cuando lo derribo de un solo golpe y lo desarmo en segundos. Mi instructor aplaude impresionado al ver mis habilidades insuperables.

Aún no encuentro un oponente digno en este pueblo y gané todos los duelos. La esgrima es un deporte que disfruto muchísimo, pero estos últimos meses se ha vuelto aburrido. Lo practico con mi padre desde que era un niño e invierto mi tiempo ocasionalmente en él para olvidar mi rutina. Es lamentable que deba dejarlo porque son todos cobardes y no se atreven a enfrentarme como un verdadero hombre, solo por quien soy.

Me quito la careta y acepto la botella de agua que me ofrece el instructor. Luce orgulloso a pesar de mi decepción. Consideraré la opción de asistir a otro club fuera del pueblo o simplemente combatir contra mi padre, él lo hace más emocionante.

—Tus técnicas son superiores a cualquiera que he visto —comenta el maestro—. Nadie es tan rápido como tú y sé que pierdes el encanto cuando ganas todas las batallas. Tus compañeros son incapaces de pelear porque te temen, Asher.

—Por supuesto, lo entiendo —murmuro con la garganta seca—. Buscaré un lugar que esté dispuesto a ofrecerme lo que busco.

Cari se rasca la nuca y no refuta. Es inútil que lo haga.

—Mándale saludos a tu padre de mi parte.

Salgo del club, ya vestido con ropa informal y la mochila sobre mi hombro. La fotografía de una chica desaparecida pegada a un poste me provoca un nudo en el pecho. No es la primera y tampoco será la última, esta pesadilla terminará cuando desenmascaren al verdadero responsable.

Mi malhumor se pone peor cuando veo a Julianne recostada contra mi motocicleta. Sabía que no se quedaría tranquila, no si ignoré sus últimos diez mensajes.

—Asher —dice con una sonrisa—. Sabía que estarías aquí.

—¿Necesitas algo, Julianne?

Ella se hace a un lado cuando me acerco a mi motocicleta. Quiero llegar a casa lo antes posible. Ashton y yo quedamos en que espiaremos a la manada Persson en busca de pistas sobre Aulus.

—Ignoraste los mensajes que te envié.

Suspiro pesadamente.

—Estuve ocupado y sin ánimos. Hay días donde no quiero hablar con nadie, no lo tomes personal.

—Siento que estás evitándome. —Su voz suena triste y apagada—. ¿Hice algo malo?

La culpa burbujea dentro de mí, pero no me disculparé por precisar espacio. A Julianne le encanta ser el centro de atención mientras que yo prefiero ser invisible ante el ojo humano.

—No, no hiciste nada malo —respondo—. Solo… no puedo hacer esto.

—¿Qué cosa?

—Salir con tus amigos. No me gusta lidiar con ellos.

—Serían tus amigos también si les dieras una oportunidad. —Sus ojos marrones adquieren un brillo comprensivo y me toca la mejilla. Es un gesto cargado de ternura.

—Ellos no están interesados en conocerme.

La tristeza se arremolina en su mirada.

—No te obligaré a relacionarte con ellos, pero creí que sería genial si mis mejores amigos se llevasen bien.

¿Genial? Escuché comentarios nefastos dirigidos hacia mí y ellos no se molestaron en disimular el desprecio. No me quedaré cerca de personas que me hacen sentir el odio que emanan sus ojos.

—No puedo.

—¿Entonces qué quieres? Podemos salir solos tú y yo. —Sus palabras revelan desesperación—. A cualquier lugar que desees.

—Mira, responderé tus mensajes cuando llegue a casa, pero debo irme. —Beso su mejilla—. Ashton y yo tenemos asuntos que resolver.

—¿Puedo acompañarte?

Mierda. La urgencia que tiene de estar conmigo cada instante está empezando a molestarme. Quizás mis hermanos no se equivocaron al suponer que Julianne no dejará de insistir.

—Es un asunto familiar —mascullo y subo a mi motocicleta—. Te llamaré.

—Asher…

Arranco sin darle otra chance de hablar y me alejo sin mirar atrás, no quiero encontrarme con su mirada dolorosa.

Ashton me espera en el bosque, cerca del clan Persson. Nos mantenemos detrás de las vallas repletas de alambres de púas. Un límite que marca muy duro qué territorios les corresponde. A diferencia de nosotros, ellos no viven en una gran mansión; las cabañas son sencillas y se encuentran rodeadas de árboles.

Podría apostar que la manada está compuesta por más de diez licántropos, en su mayoría hombres. Un número muy alto comparado al de los Karlsson. No somos tradicionales como ellos, nos hemos mezclado bien en el mundo de los humanos y a ellos les cuesta disimular el instinto animal.

—¿Qué te tomó tanto tiempo? —pregunta Ashton, frustrado—. Te advertí que es un asunto importante.

—Julianne me buscó fuera del club esgrima —me encojo de hombros—. Se puso un poco intensa.

Hace un sonido de disgusto en la parte posterior de su garganta.

—Te encanta sufrir con esa amistad sin sentido.

Tuerzo mi boca en una mueca.

—No seré un imbécil con ella ni le prohibiré buscarme, es mi amiga…

—Ya no gastaré mi aliento en ti, mucho menos decirte lo alarmante que es esa chica —señala el clan Persson frente a nosotros—. Vine aquí durante dos noches y noté cosas.

Aclaro mi garganta y olvido cualquier tema relacionado con Julianne.

—¿Qué tipo de cosas?

Sube la pendiente rocosa y sigo sus pasos sin esperar órdenes. Estamos en la cima de una pequeña montaña que nos da una excelente vista del clan Persson. Todo se ve muy tranquilo, nada fuera de lo normal. La mayoría son hombres que trabajan. Rompen maderas con hachas, entrenan y comen.

—¿Cuántas cabañas notas en total? —pregunta Ashton.

Miro con más detenimiento la zona.

—¿Dos?

—Exacto ¿qué más puedes ver?

—Un garaje y ¿un granero?

—Sí. —Los ojos azules de mi hermano se iluminan—. Ayer vi a Simon ingresar con comida en el granjero. Hace lo mismo durante el día y la noche, como si alguien estuviera ahí.

—Tal vez se trata de un animal…

Pareciera que retiene una carcajada.

—¿Le llevas hamburguesas bien elaboradas y una botella de Coca Cola a los animales? —cuestiona mi hermano, mientras sus ojos dan un giro brusco brillando en un intenso azul—. ¿Por qué custodiar la puerta del granjero? Es porque hay alguien importante ahí.

Mi pecho palpita al escucharlo y no aparto mi atención del bendito granjero. Ashton siempre ha sido inteligente y muy observador, imposible no confiar en sus instintos.

—¿Papá lo sabe?

—No —responde—. Lo más adecuado es actuar por nuestra cuenta, él tiene la costumbre de involucrar a terceros.

Sí y puede salir mal. Los Persson suelen esperar que mi padre haga sus movimientos por poseer una gran influencia en el pueblo, no suelen esperar que sean sus hijos.

—Gracias por decírmelo. —Miro a mi hermano—. Si es lo que sospecho, servirá para demostrar que los Persson están involucrados en los asesinatos y podré limpiar mi imagen.

—Siempre contarás con mi apoyo, hermano. —La sonrisa de Ashton regresa.

—Gracias.

—Seguiré observando desde las sombras —dice mi hermano—. Mostrarán lo que ocultan en ese granjero muy pronto.

—Tú deberías ser el próximo alfa —susurro—. El puesto te quedará mucho mejor que a mí.

Sus ojos destellan con emociones no dichas.

—Nuestro padre quiere que seas tú.

—Ni siquiera me interesa la patética política. En cambio, a ti sí —recalco—. El puesto es tuyo, Ashton.

—Aiden jamás cambiará de opinión. —Sonríe nostálgico—. Buena suerte intentándolo, hermano.

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