Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 7. Arianne

Página 10 de 47

Cinco años atrás…

La luz de la linterna nos permitía ver con claridad en el sombrío bosque y caminamos sin soltarnos las manos. Pasaron horas y mamá aún había regresado a la cabaña. ¿Por qué demoraba tanto? Ya me preocupaba.

El bosque era un lugar aterrador. Los árboles eran muy altos y las enredaderas parecían cobrar vida. Los animales se movían entre las ramas, mirándonos con cautela. Recorrimos durante diez minutos hasta que nos encontramos cerca de un claro, donde había más árboles marchitos, torcidos, sin hojas y ennegrecidos. En esa zona la vegetación murió por completo al igual que mis esperanzas de encontrar a mamá. Mi frente se arrugó cuando sonó un aullido aterrador, Theo se detuvo abruptamente con los ojos bien abiertos.

—¿Escuchaste eso? —preguntó.

Mi pecho pareció contraerse alrededor de mi corazón mientras una descarga de miedo atravesó mis venas. Me giré y la linterna iluminó su rostro, mi pequeño hermano estaba asustado y nervioso. Al ver su expresión, me arrepentí de inmediato por convencerlo de hacer esta locura.

—¿Qué cosa? —pregunté.

—No lo sé —balbuceó—. ¿Un l-lobo?

Coloqué uno de mis brazos alrededor de sus hombros para acercarlo a mí.

—No te sucederá nada malo mientras esté contigo. ¿De acuerdo?

Me miró inseguro, pero asintió.

—De acuerdo.

¿Dónde estás, mamá?

El aullido sonó más fuerte y abracé a Theo mientras mi piel se erizaba de puro terror. ¿Era cierto lo que decían los habitantes de este pueblo? ¿Había algo sobrenatural en el bosque? ¿Hombres lobo que asesinaban?

Mis propios pensamientos me alteraron y comencé a rezar en silencio.

—¿Lo escuchaste de nuevo? —Mi hermano volvió a peguntar.

—Es hora de volver a la cabaña, amigo —respondí tratando de conservar el aliento.

Sus ojos azules se llenaron de lágrimas.

—¿Qué hay de mamá?

—Ella regresará pronto con nosotros, no te preocupes. —Mi garganta oprimió el dolor que me causaba pensarlo.

—Alguien nos está observando. —Theo empezó a temblar.

—Seguro es una lechuza inofensiva. —Traté de convencerme a mí misma, pero sabía que era mentira.

—¿Dónde está? —cuestionó Theo—. Tengo miedo, Ari.

Tenía ocho años y percibía tantas cosas…

—Shh… —susurré—. Tal vez es el viento o algún roedor.

Yo estaba segura de que no era ningún roedor, mucho menos una lechuza. No era nada que se encontrara entre los árboles, ni algo manso; esa cosa quería lastimarnos.

—Ari…

De reojo, vi una masa que se desplazó a una velocidad inhumana. Mis instintos me ordenaron una sola cosa.

—¡Corre! —le grité con angustia a Theo.

Veía borroso debido al sentimiento de pánico. El miedo me paralizó cuando escuché un gruñido amenazador. Entonces cometí el peor error, me giré para ver qué demonios era esa cosa, y tropecé con una piedra, cayendo de golpe. La linterna voló lejos y no pude distinguir nada. Me arrastré para recuperarla y lo primero que vi al levantarla fue un enorme lobo que estaba sobre mí, enseñándome sus colmillos puntiagudos.

Me defendí con mi antebrazo, lo pateé, pero mi pequeño hermano intervino y la bestia se fijó en él.

—¡¿Qué estás haciendo, Theo?! —Lloré, desesperada—. ¡Detente ya! ¡Theo!

Grité, lloré y supliqué, pero el animal no se detuvo…

Me despierto con el pecho agitado y la frente pegajosa de sudor. Mi almohada está húmeda por las lágrimas y los latidos de mi corazón retumban hasta mi sien, punzando todo en el recorrido. Han pasado cinco años, pero mis pesadillas siguen más vivas que nunca.

No recuerdo muchos sucesos de esa noche porque mi mente se encargó de bloquearlos como instinto para disminuir el dolor. La habitación entra en foco poco a poco y agito la cabeza. ¿Qué hacía mi madre fuera de la cabaña? Theo y yo fuimos a buscarla. ¿Dónde fue? ¿Cómo pudo dejarnos solos en un lugar donde los lobos acechaban constantemente? Esa noche fui encontrada paralizada en el bosque, llorando y repitiendo el nombre de mi hermanito…

La rabia se acumula dentro de mí. El veneno se ramifica en cada extremidad desde mi conversación con Aulus. La necesidad de saber qué pasó es tan amarga que hasta me cuesta respirar. Examino mis manos con detenimiento. Son suaves, pequeñas y con las uñas pintadas de verde. No hay rastros del fuego que vi ayer, tampoco noto nada raro. ¿Acaso mi cabeza me traicionó e imaginó cosas? Me resulta irreal que de las palmas brotaran llamas.

Cansada de mis propios pensamientos, me lavo la cara, los dientes y después me reúno con mamá en la cocina. Hay pan con mermelada y café sobre la mesa. Ella tararea una suave canción mientras me sirve con una sonrisa. En estos momentos en que se la ve dulce y cuidadosa me siento mal por tener tantos pensamientos cuestionables sobre ella, pero no puedo reprimirlos; no cuando tiene tanto en contra.

—Buenos días, cariño —saluda—. ¿Qué tal tu noche? Te fuiste a dormir muy temprano.

—Estresante, pero estoy bien. —Bajo las mangas de mi suéter y recojo la taza de café con ambas manos.

—Pensé que estarías de ánimos para explorar el bosque —murmura—. Hay un lago cerca que me encantaría mostrarte. La naturaleza es tan preciosa que merece ser apreciada por nosotras, es nuestra mejor amiga.

Me atrae más la idea de seguir investigando en internet, pero pasar tiempo con mamá me ayudará a entenderla.

—Me encantaría —miento—. Terminemos de desayunar y vamos.

—Claro, cariño —dice—. Mientras limpiaré el sótano.

Elevo ligeramente una ceja. Nadie limpia tanto un sótano como mi madre y no puedo evitar pensar que hay algo ahí. Le echaré un vistazo sin que lo note.

—Tómate tu tiempo, mamá —digo.

Mi apetito se disipa y miro el café con un gusto agrio en la punta de mi lengua. Es tan agotador pensar demasiado. La paciencia es una virtud y es algo que yo no tengo.

Apartamos algunas ramas mientras exploramos el bosque. La mañana es templada y húmeda. Miro fascinada los árboles de robles que forman la plantación y cubren cada centímetro de la tierra. Es precioso.

Cuando nos mudamos aquí no me había tomado la molestia de admirar este pedazo del ambiente y me arrepiento. Pagaría por tener una cámara en mi mano para capturar la belleza que nos ofrece la madre naturaleza.

No puedo evitar sentir la conexión: los árboles, las plantas, los pájaros y el aire. Mi corazón está ligero, latente por la gran energía que me aporta estar aquí. Por lo menos tengo la seguridad de que no hay ningún animal dispuesto a atacarnos.

Amo los bosques a pesar de que mi vida fue arruinada en uno.

—Cuando tenía dieciséis años conocí a un hombre muy sabio —comenta mamá—. Me enseñó tantas cosas que nunca olvidaré. Gracias a él amo lo que soy.

Alcanzo la ramita de un árbol.

—¿Y qué eres, mamá?

Su expresión es casi tímida.

—Curandera, una excelente sanadora —responde—. ¿Por qué crees que toda tu vida fuiste una chica muy sana? Nadie sabe más que yo sobre plantas medicinales.

Esbozo una sonrisa al oírla muy orgullosa de ella misma.

—¿Cómo se llamaba el hombre que te enseñó?

—Un viejo antipático llamado Connan. —Se echa a reír con añoranza—. Me ayudó a perfeccionar mis conocimientos; de hecho, él me dio los amuletos.

Toco el collar.

—Oh…

—¿Sabes el verdadero significado del trisquel? —pregunta mamá, sus ojos verdes resplandecen con entusiasmo—. En la Edad Antigua solo las deidades podían poseerlo.

—¿Por qué? —pregunto mientras observo el amuleto que extrañamente me recuerda a un trébol de la suerte.

—Es un instrumento muy poderoso —continúa mamá—. Representa a la naturaleza, los cuatro elementos, la fuerza, el valor, el equilibro entre la luz y la oscuridad. Por supuesto, también sirve como protección.

La escucho anonada por la alegría en su voz. Conocer esta parte de mamá es alucinante y una completa novedad. Ella me ha dado migajas de su pasado, una pequeña porción que no me permite ver quién es realmente.

—¿Necesitas protección? —pregunto.

Llegamos al claro resplandeciente de agua cristalina y rodeada de flores rosas. Inspiro el tenue aroma a pinos con un suspiro.

—Siempre —responde mamá—. El mundo es…

—Un lugar peligroso y aterrador —finalizo por ella. Recuesto mi espalda contra una enorme roca húmeda—. Solo necesito saber a qué le temes. ¿A la humanidad en general? ¿O hay alguna otra especie de peligro que desconozco?

Mamá eleva sus cejas.

—¿Quieres dar algún ejemplo?

Alzo los hombros.

—Extraterrestres, hadas, vampiros o tal vez hombres lobo. —De golpe el tono de mi voz pierde lo amable y curioso—. ¿Crees en algunas de esas criaturas, mamá? Supongo que no suena tan descabellado, como tu historia de dioses y druidas.

—¿Por qué lo arruinas todo? —pregunta, con el semblante impregnado de enojo—. No podemos tener una conversación normal.

—¿Conversación normal? Eres tú la que habla con acertijos —reprocho—. En vez de aclarar varios temas, terminas oscureciendo todo.

—Esto no va a funcionar.

—Mientras sigas omitiendo información, por supuesto que no.

Se encoge por mis palabras y se aleja de mí para regresar por donde vinimos sin pronunciar otra palabra.

—Mamá… —Intento calmar las aguas, pero no me escucha.

Veo su figura desaparecer entre los árboles y rompo la ramita en mi mano. ¿Qué me pasa? No puedo disimular el disgusto que me provoca su falta de confianza en mí. ¿Las cosas podrían haber sido diferentes si me hubiese hablado con sinceridad? Pienso mucho, pienso en todo. Estoy tan cansada de pensar para no obtener ninguna respuesta.

¿No puede alguien descender del cielo y darme respuestas mágicamente? De hecho, sí. Lo vi hace días y tengo una tarjeta con su dirección. ¿Cuánto tiempo me tomará un viaje a New Hope? Mamá se volvería loca si supiera lo que pasa por mi mente, pero también demostró que no cuento con su apoyo.

Hablaré con el único hombre que ofreció darme respuestas. ¿Valdrá la pena o será la peor decisión que tomaré en toda mi vida? No lo sé, pero estoy dispuesta a averiguarlo.

Paso los siguientes treinta minutos en el bosque solitario preguntándome qué demonios hago con mi vida. Dieciocho años y no logré avanzar. Seguí a mi madre a cualquier parte, jamás he cuestionado sus decisiones hasta estos últimos días. ¿Qué sucederá cuando el tiempo siga tomando su curso? ¿Me quedaré atrapada en este bosque sin respuestas? ¿Ver cómo mi vida nunca toma un rumbo diferente e interesante? Me niego. Quiero saber qué sucedió con Theo, conocer el resto del mundo y descubrir quién soy realmente. No puedo seguir en esta situación. Ni quiero hacerlo.

La rabia detona en mi interior junto con la impaciencia. Agarro una piedra del suelo y la lanzo con todas mis fuerzas. Observo con horror cómo un árbol cae a centímetros cerca de mí por el impacto de la roca. Los pájaros vuelan hacia el cielo y una capa de polvo me envuelve.

Oh, dioses…

La adrenalina corre por mis brazos con tanta rapidez que mis manos se estremecen. Hay una gran grieta en el suelo donde estuvo el árbol y las raíces son visibles. ¿Es posible…? Mido mi respiración para calmar el caos que se construye en mi interior. Tanto caos. Recojo otra piedra y hago el mismo movimiento para comprobar que no perdí algunos tornillos. La lanzo y el árbol vuelve a caer; el tercero también.

Cuando llego al cuarto me detengo con los ojos abiertos ampliamente. Mi respiración agitada hace contraste con el silencioso bosque. Miro el trabajo que hice derribando varios árboles y las grietas que provoqué. Yo lo hice.

Primero los sentidos agudizados, luego el fuego en mis manos. Y ahora… superfuerza. ¿Qué clase de fenómeno soy? Caigo al suelo con las palmas sobre la tierra húmeda y cierro mis ojos. Todo en lo que creí alguna vez está evaporándose como si mi pasado nunca hubiese existido. No soy una chica normal.

Regreso a la cabaña con la cabeza adolorida. Lo que acaba de suceder provocó estragos en todas mis terminaciones nerviosas, una profunda sensación de amargura me aborda; necesito un nuevo plan para afrontar mi caótica vida y ciertamente no encontraré ninguna solución aquí.

Logré conseguir algunas respuestas a través de mis sueños y Aulus se ofreció a darme más. Buscarlo es una terrible decisión, pero será un paso hacia la verdad.

El pensamiento de dejar sola a mamá en este bosque me resulta doloroso. ¿Pero qué más podría hacer? ¿Aceptar su silencio y esperar a que hable cuando esté lista? Le tomará bastante tiempo y ya no quiero perderlo.

Miro la pared y veo las manecillas del reloj detenidas a las 13:00. No hay rastros de mamá en la cocina o la sala. Decido buscarla en su habitación y la encuentro acurrucada en su cama. Tiene los ojos cerrados y una manta cubre su delgado cuerpo.

—¿Mamá? —pregunto.

Se remueve, pero no contesta. El dolor que me provoca ese gesto asoma lágrimas en mis ojos. Ni siquiera encuentra el valor de mirarme o tratar de hablar conmigo como dos personas razonables. Ella prefiere esconderse, y me destruye que quiera esconderse de mí.

—Háblame si necesitas algo. —La aliento—. Estaré cerca.

El silencio sigue llenando el ambiente.

Cierro lentamente la puerta y camino por los pasillos. Cuando una idea entra a mi cabeza es difícil sacármela. Debo calcular los siguientes movimientos sin que salga perjudicada, el objetivo principal es terminar con este ciclo de situaciones tensas para tener un nuevo comienzo sin remordimientos.

Solo los dioses saben si lo lograré.

Me acerco a mi habitación con intenciones de ir a descansar, pero me detengo en seco cuando oigo el suave chirrido de una puerta que me dirige al lugar que prometí fisgonear.

El sótano.

La alfombra absorbe mis pisadas mientras voy directamente adonde quiero. Las cortinas de una ventana abierta se mecen contra el viento y se me eriza la piel por completo. Miro sobre mi hombro para asegurarme de que mamá no esté viéndome. Siento que estoy invadiendo su privacidad y no entiendo la razón.

¿Qué puede haber en el sótano? Probablemente cosas viejas e inservibles.

Desciendo con cuidado los escalones ya que el lugar húmedo se encuentra en el segundo piso de la cabaña, encuentro un interruptor en la pared y lo enciendo. No hay mucho, como imaginé. Muebles con polvo, telarañas y mohos.

Un estante con varios cajones llama mi atención y mi corazón se detiene un segundo cuando intento abrirlos, pero no lo consigo. ¿Por qué está todo bajo llave? ¿Dónde estará escondida? Empiezo a buscarla en cualquier rincón, bajo la alfombra, cerca de la ventana, las escaleras, etc.

Mis ojos se posan en un viejo espejo que muestra mi reflejo. La chica que me devuelve la mirada luce cansada, abatida y estresada. Tengo el cabello castaño despeinado, grandes ojos verdes que lucen como si no hubiera dormido en días y pareciera estar más delgada de lo normal.

Cerca del marco noto algo brillante en forma de medialuna. Sospechosamente coincide con las cerraduras de los cajones. Extiendo la mano para tirar de él y abro los cajones antes de que me arrepienta.

Me toma varios segundos, pero lo consigo. ¡Sí! Todos se abren al mismo tiempo porque están conectados de alguna manera. Con las manos sudadas y el corazón acelerado, verifico lo que hay en el primer cajón. Me sorprende encontrar varios fajos de billetes. No me refiero a una cantidad mínima, hablo de miles. Podría apostar a que aquí hay cerca de cien mil dólares.

Una corriente de sudor recorre mi frente. ¿De dónde salió tanto dinero? Ahora entiendo cómo mamá nos mantiene a pesar de no tener trabajo. Ella aseguró que los planes del gobierno nos han ayudado, pero no me lo creo. La pregunta es… ¿Quién se lo envió?

Olvido el dinero y compruebo el segundo cajón: varias fotografías estilo Polaroid de él y mamá.

Mis padres.

La emoción obstruye mi garganta mientras las lágrimas de impotencia amenazan a mis ojos. Mamá y papá lucen tan felices en la imagen. Puedo verlos abrazados en la fotografía, sonriéndole a la cámara.

La siguiente foto muestra la cara de mi padre y debo admitir que luce muy guapo. Un hombre con más de cuarenta años, pero su cuerpo es fuerte. Tiene el cabello castaño y unos increíbles ojos azules; los mismos ojos que tenía Theo.

Pudimos ser una hermosa familia feliz, pero por cosas del destino no sucedió. Deposito las fotografías en su lugar y analizo una carpeta con documentos, se trata de mi partida de nacimiento y la licencia de conducir que conseguí cuando cumplí diecisiete años.

Arianne Evangeline Laroux Lane.

Fui reconocida con el apellido de mis dos padres. ¿Por qué me emociona? Sé que fui muy amada antes de nacer, mis padres se amaban.

Encuentro notas de periódicos que hablan sobre New Hope y lo sucedido con Theo. Los nervios tensan todos mis músculos cuando encuentro artículos que me dejan muda. Hay declaraciones de las personas que perdieron familiares en el pueblo, noticias de protestas y más; mamá también investigó y no me dijo nada. Encuentro un libro muy antiguo de tapa dura, páginas amarillas y la portada enseña el símbolo que conserva mi amuleto. El título es sencillo con la palabra «Druidas».

Vaya, mi madre está muy metida en el tema.

El tercer cajón es toda una sorpresa. Mis dedos hacen contacto con una pila de sobres marrones sellados y me veo en la obligación de romperlos para averiguar qué son. Hago una pausa con el aliento entrecortado por la ansiedad que me genera desconocer cada cosa que puedo encontrarme allí.

Liberó una respiración profunda y chequeo.

Son cartas.

Cartas escritas con una caligrafía perfecta. Me cuesta encontrar el valor para leerlas.

Mi querida y dulce Aimeé…

Esta es otra noche solitaria donde me siento más solo y triste que nunca. Juro que intento no pensar en ti, pero fracaso miserablemente. Me pregunto una vez más cómo serían nuestras vidas si estuviéramos juntos. Supongo que muy felices, fuimos almas gemelas, aunque nos vimos en la obligación de renunciar al otro.

Dejarte ir fue la decisión más difícil que tomé en toda mi existencia. Me repito que era lo mejor, pero también hay días donde mi cabeza me tortura por no haber luchado suficiente.

Yo… no luché por ti.

Cuando cierro los ojos es imposible no imaginar escenarios donde estamos los tres juntos.

Tú, yo y la pequeña Arianne.

Cubro mi boca para reprimir el llanto que detona a través de mí y sacude mi cuerpo.

La pequeña Arianne…

Leo con mucha dificultad las siguientes líneas:

Sé que no debo acercarme a ti de nuevo, ese fue el acuerdo, pero te amo, Aimeé. Te amo como el primer día. Tengo miedo, ¿sabes? Miedo de que tal vez haya sido la peor decisión de mi vida. Mantengo mi mente concentrada en el trabajo y me recuerdo que esto es por ella, por su futuro.

Un futuro donde no vivirá escondida a causa de quién es. Confío en que tú la protegerás como se debe y harás un excelente trabajo por los dos. Si algún día necesitas algo, no dudes en llamarme, estaré para ti a pesar de la distancia.

Con amor

Josh.

El terror se asienta en cada uno de mis poros, goteando como una inyección de agua helada. De nuevo la mención de que soy algo más, ¿pero qué? Paso a la siguiente carta, deseosa de más información, y me encuentro con una que data de hace dos años.

Rompimos todas nuestras promesas a pesar de que juramos que no volvería a suceder. ¿El resultado? Un hermoso niño. ¿Acaso no notas cuán poderoso es nuestro lazo a pesar de haberlo roto? Es magia, Aimeé. No importa cuánto intentemos alejarnos.

Siempre encontramos la forma de volver a reunirnos.

Tuvimos conversaciones, hicimos un pacto, pero cada día me convenzo de que juntos somos un mejor equipo. Arianne me necesitará cuando cumpla la mayoría de edad, no podrás reprimir su naturaleza para siempre.

La luna te delatará.

Me detengo con las manos temblorosas. Estoy helada, tan malditamente congelada. Mi padre sabe quién soy e intenta convencer a mi madre de que también sea sincera.

¿Por qué rayos ella lo impide?

Encontraremos una forma de salir adelante. Yo te protegeré, a mi lado no tienes nada que temer. Confía en mí, Aimeé. Por favor… Entiendo que no desees decírselo por miedo a su reacción y piensas que te odiará, pero sabes que lo hará si continúas con la idea de que las mentiras son la protección indicada. ¿Adónde te ha llevado?

Una oscuridad sin fin de la cual no has podido salir desde esa noche en el bosque.

La noche en que murió nuestro hijo.

Mi visión se vuelve borrosa y me derrumbo. Me deslizo hasta caer al suelo con un sollozo que desgarra mi corazón. Incluso mi padre sabe qué hay detrás del asesinato de Theo y yo no, nunca lo sabré si no tomo las riendas de la situación y me embarco en la búsqueda de respuestas.

Odio esto, odio los secretos.

Agarro las cartas con mis puños y me muerdo el labio para no gritar de cólera.

Decisión tomada.

Iré a New Hope sin importar las consecuencias.

Ir a la siguiente página

Report Page