Dulce maldad
Dulce maldad » 9. Arianne
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Conseguí un motel donde hospedarme como había sugerido el misterioso chico de ojos avellana. Me siento más tranquila porque esta noche tendré una ducha de agua caliente y una cama cómoda. Despejaré mi mente para dejar los pensamientos impulsivos de lado. Ya estoy aquí, lo importante es armar un buen plan para revelar qué sucede en este lugar.
Suspiro mientras permanezco bajo la ducha. Paso el acondicionador por mi enredado cabello y cierro los ojos. La habitación está llena de vapor y mis pensamientos son un completo lío que nubla mi mente.
Dejé atrás a mi madre, regresé al pueblo donde mi vida fue arruinada y conocí al chico más hermoso que he visto en mi vida. Su rostro persiste en mi mente, el sonido de su voz, su sonrisa, sus ojos avellana y la forma en que su nuez de Adán se movía cuando hablaba. Quise prolongar ese momento y aferrarme a su chaqueta mientras lo escuchaba reír. No entiendo el motivo de mis emociones tan extremas. Probablemente nunca volveré a verlo y será un recuerdo más.
Un precioso recuerdo…
Sacudo la cabeza y salgo del baño con una toalla alrededor de mi cuerpo cuando termino la ducha. Me visto con mi viejo pijama favorito y me siento en la cama con las piernas cruzadas. Las cartas que le robé a mi madre del sótano están frente a mí, listas para ser leídas.
Se me pone la piel de gallina mientras recojo una al azar y leo. Es del año 2017.
Mi querida Aimeé…
Al igual que todas, escribir esta carta ha sido más que difícil. Vivir el presente sin ti es mi peor condena. Ayer fue el cumpleaños de nuestro hijo y estuve ahí, los vi desde la distancia con unas terribles ganas de acercarme y abrazarlos, pero no podía.
Recordé por milésima vez nuestro acuerdo y que al final del día cada sacrificio valdrá la pena. Sigo trabajando muy duro mientras pienso en las recompensas y el futuro de nuestros hijos. Te prometo que nadie volverá a hacerte año, y a ellos tampoco. Serán felices como nosotros nunca pudimos.
El dolor me aprieta el corazón y trato de digerir lo que leo. ¿Quién hizo daño a mi madre? ¿Y por qué temía que a sus hijos les pasara lo mismo?
Continúo en la Orden porque me dará los medios suficientes para encontrarla y destruirla. Serás libre, Aimeé. Te prometo que lo serás.
Te amo hoy y siempre.
Josh L.
Me pongo de pie y camino en círculos alrededor de la habitación. Me muerdo la uña, enredo un mechón de cabello entre mis dedos en un gesto nervioso y mi corazón se acelera con cada nueva revelación. Me arde el cuerpo de rabia y arrojo las cartas en una esquina. Las lágrimas se amontonan en mis ojos, pero no voy a llorar. Ya no.
Mamá pensó que estaba protegiéndome al ocultar miles de secretos, pero se equivocó. Ella no me ayudó, sino que me expuso al mundo con la ignorancia, no me dio ningún arma para enfrentarme a lo que venía.
Me dejó vulnerable y sola. Muy sola.
Pero yo le demostraré que estuvo equivocada al pensar que no podría manejar lo que significan mis orígenes. Un lobo no pudo matarme hace cinco años y haré que se lamente.
Conocerá a Arianne Laroux.
Me duermo con ese pensamiento y las llamas más vivas que nunca en mi interior. No me iré a New Hope sin respuestas, nunca me dejaré vencer por el miedo. Ya no.

Al día siguiente me detengo en una cafetería cercana al motel. Analizo las últimas observaciones que encontré en internet sobre este pueblo. Mierda, una de las víctimas del lobo vive a dos cuadras. Hablaré con Amelia Boston y luego buscaré a Aulus Persson.
Una suave música clásica suena en los altavoces mientras desayuno una taza de café caliente con donas. La mañana recién empieza y me queda mucho por hacer. Lo principal es buscar un lugar donde quedarme porque el motel no es barato y me quedaré sin dinero si pago cuarenta dólares todas las noches. Me conviene más buscar un alquiler por tiempo indefinido.
—No eres de aquí, ¿verdad? —pregunta una mujer con un delantal celeste pálido y desgastado que rodea su cintura, mientras me regala una sonrisa amable y brillante.
Deduzco que es la dueña del local. Prepara unas donas deliciosas y su café es exquisito.
—Así es —respondo en voz baja y cautelosa—. Vengo desde Chicago por asuntos familiares.
Asiente y me sirve más café en la taza cuando le doy mi aprobación.
—Imaginé que venías desde lejos con esa cara. Luces cansada, querida.
Una sonrisa se desliza por mis labios.
—Fueron muchas horas de carretera y la cama del hotel es muy dura. —Hago una mueca—. Busco un lugar donde quedarme.
La mujer me da una expresión compasiva.
—Acabas de encontrar a la persona indicada para que te ayude con ese problema. —Me guiña un ojo—. Mi sobrina Lily vive a menos de diez cuadras en un complejo de cabañas y busca una compañera de cuarto que le ayude con los gastos. Estoy segura de que se llevarán muy bien, tiene tu edad.
Me cubro la boca porque no me lo creo. Las personas en este pueblo tienen un gran corazón. La humanidad no está perdida.
—¿De verdad? —respondo sorprendida.
—Claro, chica. —Sonríe la mujer—. Te daré su dirección y dile que vas de parte de Carolina Ramírez. De cualquier forma, la llamaré para avisarle.
Me levanto con la emoción a flor de piel y aprieto su mano a modo de agradecimiento.
—Muchísimas gracias, Carolina. Puede llamarme Arianne.
Palmea mi espalda.
—No es nada, Arianne. Disfruta tu desayuno.
Me siento de nuevo y la veo seguir con sus labores en la cafetería. Soy una persona naturalmente desconfiada por mi falta de vida social, pero no pierdo nada con intentar ser amable. Es esencial aprender cómo debo relacionarme con el resto si quiero lograr mis propósitos.
Le pago a la señora el desayuno y vuelvo a darle las gracias cuando me entrega la dirección donde debo ir, su sobrina Lily vive en una avenida llamada Genver. Es un día soleado y animado, poco se parece al pueblo en el que anoche tuve el incidente con mi viejo auto.
—Gire a la izquierda sobre la avenida Genver —me advierte el GPS.
Avanzo lentamente con las manos en el volante y en busca de un cartel que me indique la dirección que busco.
—Recalculando —me dice la voz computarizada—. Gire a la izquierda sobre la avenida Genver.
—Vete al infierno —gruño golpeando el volante—. No hay ninguna avenida Genver.
Suspiro mientras analizo mi entorno. El lugar está rodeado por árboles y mucho césped. Todo es verde y la mayoría de las casas son cabañas. Me quito el cinturón y salgo a la calle pavimentada. Dioses, se siente tan bien estirarse.
No puedo creer la presencia de la naturaleza en este lugar. El olor de la hierba cortada me reconforta. El aire es caliente y pegajoso, los niños juegan con el aspersor en un césped bajando la calle mientras sus madres gritan que se cuiden. Toco el amuleto en mi cuello con un nudo en la garganta. Theo podría ser uno de esos niños.
—¿Eres nueva? —Una voz suave me saca de mi ensoñación.
—Uh… sí —digo volteándome y mirándola fijamente.
Es una chica de unos veinte años tal vez. Su cabello es rubio y sus ojos azules lucen amables. Me queda el consuelo de que los habitantes de New Hope son acogedores.
—¿Puedo ayudarte en algo? —indaga.
—Busco la avenida Genver —respondo.
Sonríe.
—¿Eres turista? —Las preguntas siguen.
—¿Por qué?
Me lanza una expresión incrédula.
—Ya nadie visita New Hope —explica como si fuera demasiado obvio—. Los lobos sueltos nos han dado mala fama.
Cada parte de mí se estremece ante la mención de los lobos.
—¿Lobos?
—¿Acaso no usas internet? —murmura.
Si supiera que sé todo lo relacionado con lobos, pero muerdo mi lengua para evitar hacer comentarios.
—¿Cómo puedo llegar a la avenida Genver? —insisto—. Necesito llegar allí.
—Se encuentra a dos cuadras de aquí —dice, mientras se retira—. Suerte, espero que dures mucho.
Frunzo el ceño cuando percibo algunos ojos mirándome como si estuviera loca. Sí, probablemente lo estoy. Mi antigua terapeuta exigiría que me internen si supiera que regresé al pueblo que le mencioné cientos de veces como el origen de mis traumas.
A la mierda. Regreso al auto y conduzco durante cinco minutos más.
—Usted está acercándose a su destino —indica el GPS.
—¡Al fin! —bufo.
Detengo el auto frente a una cabaña agradable. Hay un río cerca de la famosa avenida Genver. Me cuesta creer que sigan existiendo lugares tan ecológicos. Es hermoso, pero no olvido que aquí suceden tragedias que te marcan por siempre.
Saco las dos maletas de mi auto y las arrastro hasta el porche. Toco la puerta, rogando en silencio que mi compañera de cuarto me reciba con los brazos abiertos. Estaré jodida si me rechaza. Ya no quiero dormir en los asientos de la chatarra.
—Me imagino que tú eres Arianne. —La puerta se abre y soy recibida por una hermosa pelirroja de ojos marrones—. Mi tía Carolina me habló sobre ti.
Casi sollozo de alivio.
—Mucho gusto, Lily —respondo—. ¿Entonces estás de acuerdo en que sea tu compañera de cuarto?
—¡Por supuesto! —exclama y me permite pasar—. Pensé que moriría sola aquí. Eres más que bienvenida, Arianne.
—Gracias.
Me ayuda con las maletas y cierra la puerta.
—Perdona la indiscreción. ¿Puedo saber qué hace una chica como tú en New Hope?
Observo el interior de la cabaña. La decoración es femenina con muchos posters de One Direction en las paredes. Me gusta.
—Vacaciones —miento. ¿Qué otra respuesta podría ofrecer?
Lily se echa a reír.
—¿En serio? No hay nada atractivo en New Hope, excepto los Karlsson.
Elevo una ceja.
—¿Quiénes son los Karlsson?
Su suspiro rebosa de placer.
—Los Kardashian del pueblo —dice a modo de broma—. Son la familia más atractiva que podrás conocer. Aiden Karlsson es el alcalde y su esposa Aria la primera dama. Tienen cuatro hijos varones.
—Oh, bueno…
—Este pueblo es pequeño, pero entretenido —continúa y ahora tiene toda mi atención—. Nunca faltarán noticias de que hablar.
—¿A qué te refieres?
—Desapariciones, sucesos extraños —responde y me estremezco—. Créeme, siempre estarás distraída.
—¿Algo más que deba saber?
—La familia Karlsson es una celebridad aquí, son muy respetados, pero… —Se detiene—. Cuando hay un desastre, ellos están involucrados.
—Definitivamente son más famosos que los Kardashian —concuerdo.
—Tienen mucho dinero y los hermanos… —Hace una pausa y suspira—, son el sueño húmedo de toda chica.
—Estás exagerando, ¿no lo crees?
—¡Por supuesto que no! —chilla—. Cuando los veas me darás la razón.
Sacudo la cabeza. Ahora solo quiero buscar a Aulus antes de que termine el día.
—Ojalá pronto tenga el placer. —Le sigo la corriente—. ¿Puedes mostrarme mi habitación?
—Por supuesto —Lily me guiña un ojo—. Sígueme.
Mientras me guía hacia las escaleras, aprecio la decoración del espacio. La cabaña no es grande ni pequeña, tiene el tamaño perfecto. Hay dos habitaciones y la mía está en el segundo piso. Es de madera con un toque elegante, los muebles son sofisticados, el salón principal está compuesto por una chimenea y una alfombra de felpa, con una iluminación natural cálida que le da el toque justo.
—No dudes en hablarme si necesitas algo —dice Lily—. ¡Ah! Olvidé mencionar que mi novio Ethan también vive aquí, pero no te preocupes por él. Es un gran chico.
La miro aturdida.
—¿Estás segura de que no seré una molestia? Tu tía dijo que necesitas ayuda con los gastos y pensé que vivías sola.
Sacude la mano.
—La cabaña es grande para tres personas —destaca—. Ethan apenas vive aquí porque entrena mucho y yo amo tener compañía femenina. Relájate, tonta.
Me siento en la cama.
—Odiaría incomodarlos.
—No lo harás. —Lily rueda los ojos—. Me encargaré de que tu estancia en New Hope sea buena. Te presentaré a mis amigos e iremos a algunas fiestas. Puede que sea un apestoso pueblo, pero sabemos divertirnos aquí. ¿Hecho?
Una sonrisa se dibuja en mis labios porque me gusta la idea. Sé que vine aquí por otras razones, pero no vendría mal su ayuda para integrarme a la comunidad. Al fin y al cabo, necesito poder hablar con los habitantes para descubrir más sobre este pueblo maldito.
—Hecho.
—Dejaré que te acomodes. —Señala el armario—. Todo esto es para ti, ya luego nos pondremos de acuerdo con los gastos.
—Gracias, Lily.
—De nada, te veo luego.
Guardo mis cosas en el armario y ordeno la cama. Abro la ventana para contemplar el paisaje verdoso del pueblo. ¿Qué estará haciendo mi madre? ¿Habrá llamado a la policía? ¿Vendrá a buscarme? La última opción no me sorprendería. Conociéndola, estará aquí cuando menos lo espere y por esa razón debo ser rápida para hablar con Aulus.
Agradezco que mi habitación tenga su propio baño. Tomo una ducha breve y después me pongo un vestido de verano que se adapta al caluroso clima. Vuelvo a chequear los informes y me encuentro con la sorpresa de que Amelia vive muy cerca.
Correré el riesgo de hacerle una visita, aunque no sé cómo será su reacción. La muerte de su amiga es un tema delicado y no quiero abrir ninguna herida.
Mientras desciendo las escaleras para llegar hasta la sala, veo a un chico rubio muy atractivo. Trae puesto el uniforme de un equipo deportivo que desconozco y un hoyuelo se forma en su mejilla cuando nota mi presencia.
—Supongo que eres Ari —murmura.
—Y tú eres Ethan.
Me sorprende cuando me da un abrazo de oso.
—Bienvenida al pueblo de locos. —Me baja al suelo y examina mi aspecto—. Lily no me comentó que eras tan sexy.
Siento mis mejillas arder ante el cumplido.
—Gracias —respondo incómoda.
—¿Te gustaría hacer algo hoy? —pregunta—. Me encantaría darte una bienvenida decente.
—Eso es muy dulce de tu parte, pero no será necesario.
—Oh, vamos —protesta—. Esta noche habrá una fiesta en el lago. Comemos malvaviscos, bailamos y las cervezas no faltan, ¡debes venir!
Suena como un buen plan, pero me recuerdo que el objetivo no es hacer amistades.
—Voy a pensarlo —musito.
Se rasca la nuca.
—De acuerdo. ¿Ibas a algún lado?
—Voy a caminar un rato por el pueblo —miento.
—¿Quieres que te acompañe?
Mierda, si Ethan viene no podré hablar tranquilamente con Amelia y prefiero que mi conversación con ella sea privada.
—Iré sola —susurro y me dirijo a la puerta—. Gracias de todos modos.
Ethan no me detiene cuando salgo de la cabaña y camino por las calles. Todo parece normal, hay una anciana pidiendo limosnas en una esquina y no dudo en dejar algunos centavos dentro del tazón que sostiene.
—Que la diosa Luna te bendiga —dice con agradecimiento.
Le sonrío y sigo mi camino. Durante un largo período, New Hope ha sido el objetivo de los medios de comunicación. Se sintieron atraídos por los asesinatos que ocurrieron y los misterios que oculta el bosque. Rápidamente se expandió el rumor de que en este pueblo abundan lobos salvajes y espantó a los turistas. Solo una loca como yo tendría el valor de venir aquí.
Verifico por última vez la dirección de Amelia en mi celular y después me detengo frente a una pintoresca cabaña. Tomo una respiración profunda antes de tocar la puerta y ser recibida por un hombre, que ronda alrededor de los cuarenta años y viste un traje oscuro.
—Busco a Amelia Boston —comento nerviosa, ya que su rostro no expresa amabilidad—. Me gustaría hablar con ella.
El tipo frunce el ceño, mirándome de pies a cabeza.
—¿Quién la busca?
—Soy Arianne Laroux, amiga de su hija —miento con facilidad.
No está nada feliz con mi respuesta. Mierda, me echará a patadas.
—Conozco a todos los amigos de mi hija y nunca la he visto —dice él con brusquedad y me tenso—. ¿Qué quiere realmente?
Las manos me sudan y presiento que no me dejará hablar con ella.
—Quiero hacerle algunas preguntas —respondo—. Prometo que no me llevará mucho tiempo.
Aprieta la mandíbula antes de dejar salir un fuerte suspiro de irritación.
—¿Es sobre la muerte de su amiga? —inquiere y asiento—. Mi hija está intentando superarlo y le agradecería que olvide el asunto. Ni siquiera los periodistas lograron convencerla de hacer entrevistas.
—Señor… —Trato de replicar, pero cierra la puerta en mi cara.
De acuerdo. No salió como esperaba.