Dulce maldad
Dulce maldad » 10. Asher
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Sueño con ojos verdes, pestañas espesas, cabello castaño ondulado y una hermosa sonrisa tímida. Sueño con la chica que vi en la carretera la noche anterior. Es absurdo lo mucho que se metió en mis pensamientos después de haber escuchado su voz en solo una oportunidad.
Es una desconocida, una chica al azar que espero tener el privilegio de volver a ver. Es tan estúpido lo mucho que ansío escuchar su risa o apreciar el rubor en sus lindas mejillas. Me siento idiota.
No quise decirle mi nombre por miedo a que se aleje como los demás. La deseaba cerca para oír el sonido de su respiración y la forma en que su corazón late.
Libero una respiración mientras trato de concentrarme en el gimnasio. Cuando termino de correr en la cinta, hago más de cien abdominales, flexiones de brazos y levantamiento de pesas.
No sirve, nada me ayuda a olvidarla.
Arianne.
Repito su nombre en mis labios como un loco obsesionado. De repente, siento la urgencia de salir a buscarla en todos los moteles del pueblo y preguntarle si puedo ayudarla en algo más. ¿Qué demonios me pasa?
Golpeo el saco de boxeo con un gruñido exasperado. ¿Acaso no aprendo la lección? Ninguna chica está a salvo cuando pongo mis ojos en ella, me persigue una maldición.
—¿Estás bien? —La voz de mamá me interrumpe y detengo mis golpes en el saco—. Tus nudillos lucen horribles, cielo; tómalo con calma.
Miro mis manos magulladas para notar la sangre en los nudillos. Estoy demasiado perdido como para prestarle atención, de todas maneras, el dolor no dura mucho ya que mis heridas se cierran gracias a mis habilidades regenerativas.
—No es nada, mamá.
Ella se relaja al ver que no hay evidencias de sangre.
—Julianne me comentó que anoche la dejaste sola sin ninguna explicación de adonde ibas.
Pongo los ojos en blanco mientras me acerco a la nevera de la esquina y recojo una botella de agua, ya se estaba tardando en nombrarla.
—¿Hay algo que Julianne no te diga?
—Es tu amiga y se preocupa por ti.
—Se preocupa hasta el punto de agobiarme e invadir mi privacidad.
—No seas duro con ella.
—Y tú no deberías apoyar sus locuras —debato, alterado—. ¿Sabes que tiene la idea absurda de que seamos compañeros a pesar de que no hay un lazo entre nosotros? Quiere algo más que una amistad.
Mamá asiente con una expresión neutra.
—No puedes culparla por enamorarse de ti, se conocen de toda la vida.
La indignación me carcome por dentro.
—¿Es una broma, mamá?
—De ninguna manera. Eres un chico muy atractivo, inteligente, carismático y honesto. Eres un Karlsson —masculla—. ¿Por qué te desagrada tanto que te ame?
Mi risa es agria.
—Porque jamás podré corresponderle. ¿Qué clase de pregunta estúpida es esta?
Sus labios se tuercen.
—Ella ha estado a tu lado en los momentos más duros. Sostuvo tu mano y fue la única amistad que no se alejó de ti, sería injusto de tu parte maltratar su amor.
Bebo un poco más de agua y devuelvo la botella a la nevera. Tengo que salir de aquí cuanto antes o me dará un ataque de ira. Mamá siempre apoyará y justificará a Julianne, la considera una hija más.
—Mis ánimos para continuar con esta conversación son nulas.
Mamá no se rinde.
—Entiendo que quieres seguir las tradiciones como cualquier otro licántropo, pero ten en cuenta que tu otra mitad, tu compañera, puede tardar siglos en aparecer. Conocí a tu padre cerca de los cuarenta años.
—¿Qué estás tratando de decir?
—Que no deberías privarte de darte una oportunidad con Julianne.
—Haré de cuenta que no dijiste eso y olvidaremos el asunto.
—Quiero que seas feliz, Asher. —Mira sus manos—. Yo no tuve la misma libertad cuando era joven. Disfruta al máximo, ese es mi consejo para ti.
Entrecierro los ojos, ya que muy pocas veces habla sobre cómo fue su vida antes de conocer a papá.
—¿Aspirabas a algo más, mamá?
Su sonrisa es agria.
—Claro que no —asegura, pero sé que miente—. Debo hacer una llamada, nos vemos en el almuerzo.
Limpio el sudor de mi frente mientras la veo irse con sus tacones ridículamente altos. ¿A qué vinieron esos comentarios? Mi madre, al igual que todos, conserva sus propios secretos oscuros.
—Ninguno de nosotros se salvará de sus sermones. —Ashton ingresa al gimnasio con una mañeada en la mano—. Es la madre más sobreprotectora del mundo.
Suelto un bufido cargado de fastidio.
—Que la diosa Luna nos ampare —contesto, riéndome—. Escuchaste eso, ¿eh?
Asiente.
—Sí y fue vergonzoso. En tu lugar me habría lanzado de un puente.
Me siento en el suelo con las piernas estiradas y Ashton sigue mi ejemplo.
—A veces me pregunto por qué sigo quedándome aquí —admito—. Debí aceptar la oferta de papá y estudiar Ciencias Políticas en la universidad de New York.
—Eso significaría rendirse y no está en tu sangre —murmura—. Elegiste quedarte para limpiar tu nombre.
Observo la ancha ventana que enseña el bosque. New Hope es mi hogar, pero también es el lugar donde empezaron mis desgracias y estoy agotado.
—Lo veo muy improbable, ¿sabes? Demostrar mi inocencia es como un sueño imposible de cumplir.
Ashton me da una mirada molesta.
—¿Cómo te atreves a dudarlo cuando estamos tan cerca de desenmascarar a los Persson? No puedes rendirte ahora, imbécil. Lo tienes prohibido.
Mis cejas se fruncen automáticamente.
—¿Sabes algo que aún no me has dicho?
Me regala una sonrisa oscura.
—Duplicaron la seguridad para el granjero que custodian. —Se lame los labios—. Mi teoría es que el prisionero trató de escapar.
—¿Cómo sabes que es prisionero? No logramos identificar el olor.
—Intuición, hermano. Cometerán otro error y ahí estaré para verlo…

ARIANNE
Vuelvo a la cabaña con un humor de los mil demonios. Sé que esto llevará tiempo, pero estoy desesperada. No me quedaré encerrada aquí. Considero que ir a la fiesta del lago que mencionó Ethan, servirá para conocer a más personas y obtener algún dato importante.
Buscar a Aulus me da miedo, pero también intriga. Lo dejaré para mañana porque explotaré. Además, la voz desconfiada está molesta conmigo y no quiere que acuda a ese hombre, y quizás debería escucharla.
Llega la noche, me maquillo y cambio a una ropa menos diaria. Ethan me mira sorprendido cuando me reúno con él en la sala y Lily chifla al ver mi aspecto. Sus reacciones espantan las inseguridades que sentía hace minutos.
—Dime que cambiaste de opinión —implora Ethan.
Jugueteo con mis dedos.
—Sí, y espero no arrepentirme.
Lily me tiende su mano y acepto. Su vestido, a diferencia del mío, es más revelador. Es azul con un acentuado escote. Yo traigo puesto algo floreado y cursi.
—Le caerás muy bien a mi amiga Julianne —afirma Lily—. Ella es una gran chica.
Ethan tose para disimular su risa.
—A Julianne no le agrada nadie excepto ya sabes quién.
Lily empuja ligeramente a Ethan y él se echa a reír.
—No seas un idiota con Julianne.
—¿Idiota? Solo destaco un hecho —bufa Ethan.
—Olvídate de ella y mejor concéntrate en Arianne. Haremos que se sienta como en casa.
Si supieran que repudio a todo lo relacionado con este pueblo, jamás lo podré ver como un hogar.
—Bien. —Ethan me mira—. ¿Vamos?
Dioses… Será la primera fiesta a la que asistiré en mi vida. ¿Qué demonios diré? No soy muy sociable y me cuesta mucho hablar con extraños, de hecho, es un milagro que siga viva después de conocer a mis compañeros de cuarto.
—Yo… no creo que sea buena idea —musito.
Lily enlaza su brazo con el mío.
—Es una gran idea —recalca—. No dudes en decirnos si te sientes incómoda. Te traeremos de regreso sin dudar.
Le doy una sonrisa agradecida.
—Gracias.
—Iremos en mi auto —dice Ethan.
Diez minutos después entramos a la fiesta. Observo insegura a los invitados que beben y bailan a gusto cerca del lago una vez que llegamos. Las chicas visten bikinis mientras los chicos pantalones cortos. ¿Quién se tira al agua a estas horas en una zona tan oscura? Podría haber una serpiente o un lobo en el peor de los casos.
Sí, soy paranoica.
Alguien estaciona su auto y enciende los estéreos, puedo reconocer la canción de Black Eyed Peas Pump It. Por un momento me siento una chica normal que la pasará increíble con sus amigos.
—Vamos por esos tragos. —Ethan nos abre la puerta.
Lily se ríe y enlaza su brazo con el mío.
—Te presentaré a las chicas.
Dudo un momento.
—Yo… no creo que sea buena idea.
—Deja de decir eso. —Lily pone los ojos en blanco—. No seas tímida.
Ethan se dirige a buscar nuestras bebidas mientras continúo mi evaluación. Hay una gran multitud reunida en torno al fuego, otros cantan y bailan. Algunas chicas me miran con curiosidad cuando Lily me presenta, me siento inhibida por cómo sus ojos empiezan a recorrer mi cuerpo.
—Ella es Charlotte. —Lily sigue con las presentaciones.
—Hola —musito.
La morena de bikini rojo y cabello rosa me sonríe. La envidio por sentirse tan plena y a gusto con esa ropa, mi atuendo parece salido de un convento en comparación con el suyo.
—¿Eres nueva? —pregunta.
—Sí.
—¿De dónde vienes?
—Chicago.
Charlotte mira al resto de sus amigas y libera una risita.
—¿Vienes de Chicago para instalarte en New Hope? Dime que es una broma de mal gusto.
—Bastante, cualquiera en su sano juicio no haría eso —concuerda una.
—¿Sabes la reputación que tiene este lugar? —prosigue Charlotte.
Oh, sí que conozco su reputación…
—Eso lo hace más interesante, ¿no? Hombres lobo que devoran a humanos.
Silencio.
La mayoría me observan como si fuera una especie de extraterrestre.
—¿Qué sabes de eso? —Un chico alto y rubio se planta frente a mí. La cicatriz cerca de su ojo izquierdo me llama la atención.
Me encojo de hombros.
—Internet.
Su rostro refleja una tormenta de furia. Charlotte lo manda a callar cuando pretende hablar de nuevo. ¿Acaso es uno de ellos?
—Relájate, Simón —pide Charlotte.
Él asiente con brusquedad y acepta la cerveza que le ofrece un chico. Lily sonríe de manera tensa y me aparta del grupo.
—¿Qué fue eso? —sisea en voz baja.
—Solo dije la verdad.
—Regla número uno: nunca menciones a los lobos cuando estés aquí. —Su voz suena baja y asustada—. Nadie habla sobre ellos, menos los Persson.
Una sensación inquietante me hace temblar. ¿Los Persson?
—¿Por qué?
Lily me obliga a caminar más rápido.
—Recuerda mi consejo y estarás bien.
Me muerdo la lengua para evitar pronunciar otra estupidez. La reacción de ese chico fue inesperada. ¿Por qué tomaría a mal que comente un rumor? ¿Está involucrado en el tema?
—Lo siento —me disculpo.
Lily emite un suspiro.
—Tranquila —murmura—. No te acerques de nuevo a ellos y disfruta la noche. ¿De acuerdo? Julianne estará aquí pronto.
Ya se me fueron las ganas de cualquier otra actividad. Me resulta más atractivo quedarme en una cama y leer las cartas de mi padre. Tratar de ser normal unos minutos definitivamente no funcionó. Soy un fracaso.
La noche transcurre con normalidad y cada uno se concentra en lo suyo. Veo a adolescentes borrachos, chicas alegres y Ethan besándose con Lily. Me siento fuera de lugar porque nadie se ha dignado a hablarme.
—Te arrepientes de venir —asume Lily mientras aparta los labios de Ethan.
Hago una mueca. ¿Acaso soy muy obvia?
—No estoy acostumbrada a estas cosas —admito—. Soy introvertida, prefiero la soledad.
Ethan sonríe.
—¿Ningún chico te espera en Chicago?
Me sonrojo.
—No, las relaciones son el menor de mis intereses.
En ese aspecto tengo razón, nunca le di importancia a un chico. Estoy muy ocupada tratando de superar mi culpa y sobrevivir al dolor que significa estar cada día sin Theo. ¿Por qué debería ser feliz cuando él ni siquiera tuvo la oportunidad de vivir?
—Espero que cambies de opinión —dice Lily—. Sería muy triste que termines en un asilo.
—Probablemente sería lo mejor. —Mantengo la cabeza gacha.
—¿Y si bailamos? Vamos a sacarle el mayor partido a esta noche. Anímate, Arianne.
Me cruzo de brazos con una negación.
—Ustedes vayan, yo me quedaré cerca. —La desaprobación de mi compañera al oírme es evidente.
Ethan duda.
—¿Estarás bien?
Le ofrezco una sonrisa tranquilizadora.
—Claro que sí, chicos. No se detengan por mí.
Toma la mano de Lily y se pone de pie.
—Una palabra tuya será suficiente para irnos. ¿De acuerdo?
—Gracias.
Se reúnen con el resto de las personas a bailar mientras me quedo en una esquina. También envidio lo libres que lucen sin aparentar tener algún problema. Ellos son felices y normales, algo que yo nunca podré ser.
Me abrazo a mí misma mientras me alejo hacia el bosque. La mayoría están muy ocupados como para notarlo. Visualizo un muelle cerca del lago con luciérnagas y niebla rodeándolo. Todo parece tranquilo y no hay nada raro, pero sé que es un camuflaje. El bosque no dudará en mostrarme lo que es realmente si lo exploro con mayor profundidad, a menos que la bestia sea uno de esos chicos. Puede estar en cualquier parte.
Me siento en la fría madera sin que mis pies toquen el agua y contemplo la noche. Año tras año investigué sobre los famosos lobos que relatan los mitos, algunos fueron maldecidos por la luna, otros nacieron con esa genética y tienen debilidad por la plata.
Vi series y películas, leí libros que me hablan de ellos. Mi obsesión llegó muy lejos y nadie me convencerá de que son seres ficticios, fui atacada por uno y no olvidaré su mirada.
—Otra vez tú, bonita —dice una voz ronca y conocida a mi espalda.
Aparto mis ojos del agua y sonrío sorprendida al atractivo chico parado frente a mí. A diferencia de la noche anterior, no trae puesto ningún esmoquin. Luce informal con el Jean oscuro y la chaqueta de cuero, su abundante cabello me recuerda a las alas de un cuervo y sus labios llenos son apetecibles; los dioses me cumplieron el deseo de volver a verlo.
El familiar ardor de la vergüenza tiñe mis mejillas cuando noto el brillo en sus ojos avellana. Acabo de mirarlo sin descaro y me encantó. ¿Dónde quedó la sutileza?
—Hola —susurro, poniéndome de pie.
Una lenta sonrisa se desliza por sus labios como si supiera exactamente cuánto me afecta su presencia.
—Sabía que volvería a verte, Arianne. Aunque debo admitir que no me imaginaba que sería aquí, de todos los lugares en New Hope.
Aspiro una bocanada de aire para calmar la forma en que mi pulso late. Mi cuerpo vibra ante su cercanía.
—Mis nuevos compañeros me convencieron de asistir. —Encojo mi hombro—. La fiesta no está mal.
La suavidad acecha sus ojos.
—No te sientes a gusto.
Levanto la mirada hacia él. Es tan alto.
—¿Tú tampoco?
Sus labios se curvan.
—No, en absoluto.
Extiendo la mano cuando una pequeña luciérnaga descansa en mi dedo índice. Es preciosa.
—¿Cómo te llamas? —balbuceo y me odio por ello.
La risa calienta lugares extremos de mi cuerpo.
—Lo siento, anoche olvidé mis modales. —Se ríe y me ofrece la mano. La luciérnaga en mi dedo vuela hacia él—. ¿Empezamos de nuevo? Soy Asher Karlsson.
Acepto su mano y mi piel hormiguea ante el contacto. Asher es un nombre sexy para un chico atractivo como él, le queda perfecto.
—Arianne Laroux, pero llámame Ari.
Su mirada se oscurece a algo que no puedo comprender.
—¿Laroux? —pregunta—. ¿Cómo Josh Laroux?
Todo se detiene a mi alrededor.
—¿Cómo sabes el nombre de mi padre?
Frunce los labios y en ese instante Lily se acerca con Ethan. Oh, mierda. ¿Por qué ahora?
—¡Ari! —grita Lily—. ¿Qué haces aquí? Te buscamos como locos.
Aclaro mi garganta porque repentinamente me acechan las ganas de correr. ¿Cómo es posible que sepa el apellido de mi padre?
—Quería caminar y estar sola —explico tensa—. Lo siento.
Ethan observa a Asher con la mandíbula tensa, Lily está boquiabierta.
—¿Estás bien? —cuestiona Ethan y me examina en busca de alguna herida. ¿Cuál es su problema?
Asher frunce el ceño y noto lo claros que son sus ojos cuando parpadea, se asemejan al amarillo.
—¿Por qué no lo estaría? —pregunto y miro a mi compañía—. Él es Asher Karlsson.
Lily sonríe y nos mira picara.
—Sí, lo sabemos.
Ethan está a punto de reventar y Asher enarca una ceja; se nota que está incómodo también.
—Fue un placer hablar contigo, Ari —dice. Se aleja y me mira sobre su hombro—. Espero verte pronto.
—Adiós, Asher —susurro.
No aparto los ojos de él hasta que desaparece en la fiesta y una ardiente sensación calienta mi estómago. Esto no es normal. ¿Así es como se sienten las famosas mariposas que mencionan los libros? Dioses… Me falta el aliento.
—No quieres poner tus ojos en él —indica Ethan, sacándome de mis pensamientos.
Me aclaro la garganta.
—¿Por qué? —pregunto.
—Tiene una reputación que espanta a cualquiera. —Se burla Lily—. Solo Julianne está sobre él como una garrapata.
—¿Julianne? —Arrugo la nariz.
—Nunca he visto a Asher sin Julianne.
Parpadeo lentamente.
—¿Pero de qué reputación estás hablando?
—Cariño… —Lily me mira seria esta vez—. Las novias que tuvo terminaron muertas.