Dulce maldad
Dulce maldad » 11. Asher
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Me prometí que no volvería a estas fiestas, pero por cosas del destino decidí asistir y no ignoré los mensajes de Julianne. Creí que sería otra estupidez aburrida y me equivoqué.
La vi de nuevo, a ella.
Arianne.
Demanda mi atención como un imán. A pesar de que hay más de cincuenta personas en la fiesta, ella destaca más que cualquiera con el adorable vestido floreado y los ojos verdes esmeralda. Me atrae, me empuja a estar en su espacio.
No tiene sentido. Bueno, sí. Ella es preciosa y su aroma desconocido es tan dulce.
No me mira como si fuera un bicho raro o el despreciable asesino. Quizás porque no sabe quién soy realmente y pronto cambiará de opinión cuando escuche los rumores, todos lo hacen y dudo que sea la excepción. Ni siquiera debería pensar en la posibilidad de ser su amigo o hablarle, está fuera de los límites.
Lo correcto sería mantener las distancias, pero hay algo en ella que me impide olvidarla. Además, es hija de Josh Laroux. Esa es información que definitivamente no puedo ignorar. ¿Cómo no la reconocí antes? Vi su rostro en la televisión y los periódicos hace cinco años, el día que murió su hermano Theo.
—Es una sorpresa tenerte aquí. —Julianne observa hacia donde está mi completa atención—. Al parecer alguien hizo que cambiaras de opinión y no fui yo.
Sigo mirando a Arianne, que sonríe de alguna broma que suelta el humano rubio, pero sus ojos me buscan como yo a ella. ¿También lo siente? ¿Qué es esta extraña conexión? Mi lobo hubiese gruñido ferozmente si se tratara de mi compañera. En cambio, se mantuvo dormido desde que nos vimos en esa carretera. ¿Por qué?
—No sabía que estaría aquí. —Bebo un trago de cerveza.
—Entonces la conoces —insiste Julianne celosa—. Te invité a esta fiesta porque quiero arreglar nuestras diferencias.
Lo que menos necesito ahora son sus escenas.
—La ayudé con un problema que tuvo —digo sin muchas explicaciones—. Es nueva en el pueblo.
—Lily me comentó que está quedándose con ella y Ethan en su cabaña, por si te interesa conocerla más.
Contengo mis palabras para no recordarle sobre nuestra última conversación. Amigos, somos amigos. ¿Me veré en la obligación de repetírselo? Al parecer, sí.
—Me interesa y mucho —respondo—. Es linda.
—Es linda, sí —repite como si no pudiera creerlo—. Supongo que ella no sabe que el pueblo te desprecia y eso te encanta, amas la idea de que no esté al tanto de tu trágico pasado.
Mi rostro se contorsiona por la rabia, lo dijo bastante alto para que el resto lo escuche.
—Wow. Eso fue muy bajo de tu parte, Julianne.
Se tapa la boca con la palma de su mano, pero ya es tarde.
—No quise decir eso.
Retrocedo con una sonrisa fría. No le creo nada.
—Mira, quédate en esta fiesta con tus amigos hipócritas. Ya me cansé de ser parte.
No hace el intento de detenerme y lo agradezco. No me agrada la tensión que se forma cuando estamos en el mismo lugar. ¿Es una señal de que nuestra amistad es historia? No quiero creer que sí.

Busco a mi padre en su oficina porque necesito contarle las noticias. Debe saber que la hija de Josh Laroux vino al pueblo. ¿Busca algo? ¿A alguien? Tengo la certeza de que su regreso está relacionado con el asesinato que ocurrió hace cinco años: la muerte de Theodore Laroux.
Leí notas donde su hermana afirmó con mucha seguridad que el responsable era un hombre lobo y nadie le creyó. Excepto mi familia y yo. Desde ese día nos encargamos de investigar sin descanso los crímenes.
Años sin capturar al culpable.
Años…
—Adelante, hijo —indica mi padre cuanto toco la puerta.
Firma y lee algunos papeles sin mirarme. Hay un vaso de whisky sobre el escritorio y un cigarro, detalle que muestra el estrés al que se somete.
—Papá. —Me siento en la silla—. ¿Qué me puedes decir de Josh Laroux?
El bolígrafo en el papel se detiene de golpe y me mira con el ceño fruncido.
—No lo veo hace años debido a su trabajo —responde, encorvando su postura—. Es el hombre más ocupado que conozco.
Observo la fotografía familiar que se encuentra colgada en la pared, mis padres tienen una relación a la que muchos aspiran. Se apoyan, se aman y son incondicionales.
—¿Cómo reaccionó a la muerte de su hijo?
—Estaba devastado —dice confundido—. Su familia es la principal razón para ser líder de La Orden. ¿Por qué tantas preguntas, Asher?
Conocí al hombre cuando era un niño y mi padre me habló de él muchas veces, Josh es admirable por todos los sacrificios que ha hecho.
—¿Y si te dijera que su hija está aquí?
Papá se pone pálido.
—¿Qué…?
—La conocí ayer. Se llama Arianne y tiene un amuleto celta en el cuello.
Suelta una cantidad de maldiciones explícitas cuando se acerca a la ventana con el cigarro entre los dedos; las venas en su cuello sobresalen.
—Me informaron que Aulus regresó al pueblo y la hija de Josh Laroux está aquí. ¿Crees que es una coincidencia?
Una sensación de frustración y tensión recorre la habitación.
—¿Cuándo regresó Aulus?
Papá fuma su cigarro.
—Hace menos de una semana.
Y Arianne llegó ayer. No hay razón para que estén conectados… ¿O sí?
—La hija de Josh… —Mi voz sale ronca y sacudo la cabeza—. No reconozco su olor y ese jodido amuleto indica que no es humana.
Mi padre asiente.
—Por supuesto que no lo es —masculla—. Josh nunca fue humano y Aimeé Lane tampoco. Arianne es una mezcla de ambos.
Mi aliento se acelera con esa afirmación.
—¿Una mezcla de ambos?
—Sí —repite mi padre—. Tráela con nosotros, Asher. Alguien como ella no debería estar sola en New Hope. Su vida corre peligro si cae en las manos equivocadas.

ARIANNE
Veo el conejo de felpa tirado en las baldosas y sonrío con cariño. Theo piensa que no lo encontraré, pero sus huellas lo delatan. Mamá se enojará cuando vea sucio el piso blanco. Se demora horas en limpiarlo mientras nosotros lo manchamos en segundos cada vez que jugamos a las escondidas.
Pobre mamá, trabaja mucho en la casa.
Camino silenciosamente por las escaleras sin alertar mi presencia, el conejo de felpa sigue colgado en mi mano. Busco en la habitación de mamá y bajo su cama. Mmm… sin rastros de mi hermano, pero sé dónde encontrarlo. Es predecible. Evito reírme mientras abro las puertas del armario, Theo está escondido entre las ropas de mamá y sus grandes ojos azules son brillantes cuando me mira derrotado.
—¡Ahí estás! —Me río entre carcajadas—. ¡Atrapado!
Sale del armario muy enojado.
—¡No es justo! —Da un pisotón al suelo y me arrebata el conejo de felpa. Se llama Fofo—. ¡Cuenta de nuevo, Ari!
—Ahora te toca a ti. ¡Yo gané!
—¡No quiero, no quiero! —insiste—. ¡Cuenta de nuevo! ¿Por favor?
Jamás me negaría a ese puchero adorable que hace mi hermano de seis años.
—Claro, pero encuentra un mejor escondite la próxima vez.
Asiente con un saludo military abraza a Fofo.
—Tú lo pediste. Nunca me encontrarás, Ari. Nunca.
Lo rodeo con mis brazos y empiezo a hacerle cosquillas. Su risita calienta mi corazón. Mamá está viéndonos desde la puerta con amor.
—No me pongas a prueba, campeón. Siempre te encontraré. —Le doy un leve empujón—. Ahora corre.

Intentar bloquear el dolor que brota en mi corazón con los recuerdos es una lucha imposible de ganar. Theo sigue muy vivo dentro de mi mente y no puedo olvidarlo, la culpa es como un pedazo de vidrio cortando cada centímetro de mi piel. El sufrimiento es eterno.
Anoche no pude dormir porque la cantidad de cosas que pasaron en estos días me tuvieron dando vueltas en la cama. El monstruo de ojos rojos no volvió a acecharme, pero lo veo en mis pesadillas. Otro día en el que no obtengo respuestas y el chico misterioso, Asher Karlsson, parece conocer a mi padre.
Asher…
Su nombre significa problemas y probablemente se trate de un potencial asesino. Por las cosas que me contó Lily de él; es sospechoso de algunos crímenes en New Hope. Fantástico, el primer chico que tiene mi interés quizás es un homicida. Oh, eso no es todo. Sabe quién es Josh Laroux y tengo como propósito del día buscarlo para que me cuente cualquier información.
Extiendo las piernas en un cómodo sillón del patio y contemplo el amanecer. Un coro de pájaros ha comenzado una melodía dulce y me encanta cómo los rayos del sol iluminan mi piel. Anhelo que este minuto de paz dure el resto del día, aunque es imposible. Mi vida es un mapa de desdichas.
—¿Noche difícil? —pregunta Ethan.
Lo miro con una sonrisa. Su cabello revuelto le da un aspecto somnoliento y sus ojos lucen cansados.
—Sí —contesto—. Tuve una pesadilla.
Se sienta a mi lado con un bostezo.
—¿Quieres hablar de ello?
Mi estómago cae. No quiero hablar de esto con él, ni de cualquier otra cosa personal para el caso.
—Realmente no.
Su mirada es cálida y comprensiva.
—Si necesitas algo puedes decírmelo. —La amabilidad llena por completo su voz—. Somos amigos a partir de ahora.
Mi sonrisa demuestra la emoción que siento. Él y Lily son mis primeros amigos.
—Gracias.
—Iré a la cafetería de mi suegra a desayunar. Lily no despertará hasta el mediodía —murmura—. ¿Te gustaría acompañarme?
Asiento.
—Me encantaría, pero antes necesito que me hagas un favor.
—Claro.
—¿Dónde puedo encontrar a Asher Karlsson?
Su expresión se torna amarga y preocupada.
—¿Aún te interesa después de las cosas que dijimos anoche? —Se ríe—. Vaya…
Un escalofrío se extiende por mi piel. Asher me provoca demasiadas emociones y me confunde. Deseo tenerlo muy cerca, aunque por varias razones más, no solo porque me atrae.
—Fue agradable conmigo.
—¿Asher agradable? —bufa—. Lo dudo.
—Veo que no eres su fan.
Encoge los hombros.
—No me gusta su actitud con los demás. Es arrogante e imprudente —masculla—. Si ocurre un desastre, Asher probablemente sea la razón.
Interesante. ¿Podría ser…? Detente, Ari. No todos son hombres lobo.
—Oh.
—No sé por qué quieres verlo, pero me veo en la obligación de advertirte que Asher es peligroso.
Lo hace sonar como si fuera el mismísimo Michael Meyers. Conmigo fue lo opuesto a sus descripciones: amable, atento y simpático. Si quisiera lastimarme, ya lo habría hecho en la carretera cuando estaba sola. Para juzgar a Asher necesito escuchar su versión de los hechos si es que me lo permite.
—Aprecio que te preocupes por mí. —Le toco la mano a Ethan—. Pero necesito ver a Asher por una razón importante.
Se ahorra cualquier pregunta al ver mi cara seria.
—Hay un club de esgrima en el pueblo, Asher suele practicarlo.
—Te debo una, Ethan.
Su sonrisa es sin ganas.
—No olvides mi consejo.
—Hecho. —Estiro los brazos—. ¿Vamos por ese café? Tengo hambre.

Termino el desayuno y me dirijo al centro del pueblo en busca del club de esgrima. No me toma mucho tiempo encontrarlo ya que es el único, pero los nervios chispean y me muerdo el labio para controlarme. ¿Qué dirá cuando me vea? ¿Creerá que soy una acosadora? He tenido pensamientos sobre él, pero no todos son inocentes. Mi corazón se acelera en su presencia, mi pulso se vuelve errático. Y su olor… ¿Por qué me siento tan cautivada por su aroma?
Mi celular suena en mi bolso y el dolor me atormenta cuando veo de quién se trata.
Mamá.
Debería colgar porque dirá más mentiras, pero hago lo opuesto y le respondo.
—¿Mamá?
—Dioses, Ari, pensé que nunca me responderías. —Solloza—. Estás en New Hope.
Me conoce muy bien.
—Sí y no me iré si eso es lo que pretendes.
—Sabía que era inútil intentarlo —dice—. ¿Encontraste lo que buscabas?
—Aún no, pero estoy segura de que pronto sí.
—Pierdes tu tiempo, Arianne.
—No renunciaré a esto tan rápido, si algo aprendí es que las cosas llevan su tiempo.
—Cariño…
—¿Por qué me llamas? No vas a convencerme de volver.
—Estás cometiendo un grave error.
Me duele la cara por cómo aprieto mi mandíbula. La rabia me invade y oírla insistir que desista hace que florezca en mí una frialdad mortal.
—Ahórrame el trabajo y dime qué sucede.
—No quieres saberlo. —El llanto le quiebra la voz—. Nunca te quites el collar.
Otra vez con los misterios.
—Estaré bien, mamá. Me sorprende que no hayas llamado a la policía.
El sonido de su risa es triste.
—No puedo luchar contra el destino —susurra y añade—: Por favor, no permitas que ella ni Aulus te lastimen. No cometas los mismos errores que yo.
—Mamá…
—Sé que me equivoqué contigo, pero no dudes de mi amor por ti. No confíes en todos, mucho menos en Aulus. Te amo, cielo.
La llamada finaliza y cierro mis ojos brevemente. ¿Ella? ¿A quién se refiere? La voz de mi madre cargaba un miedo particular. ¿Pero de qué?
Tras una sacudida de cabeza, guardo el celular en mi bolso y observo el letrero que indica el club de esgrima. Me pregunto si tendré suerte de ver a Asher y hablar con él de mi padre. Sin mucho miramiento me acerco al puesto de recepción, del cual se encarga un hombre que noto cabizbajo.
—Hola —saludo. El hombre levanta su mirada de la laptop para evaluarme—. Busco a Asher Karlsson, me dijeron que puedo encontrarlo aquí.
—¿Quién lo busca?
Si le digo mi nombre, ¿Asher aceptará verme?
—Arianne Laroux —musito sin pensarlo—. Necesito verlo, es urgente.
Pellizca el puente de su nariz.
—El señor Karlsson está en un combate ahora mismo.
—¿Puedo esperarlo? —suplico—. Por favor.
Frunce el ceño, pero accede.
—Puedes observar el combate.
—Genial, gracias.
—Segundo piso —señala.
Admiro la instalación cuando subo las escaleras. Alfombras decoran el suelo, mientras que los muebles y las escaleras son de madera. La tapicería reluce los colores marrón, verde, negro y azul. El lugar es viejo, pero muy elegante, con una enorme cúpula en el techo que muestra el cielo.
Cuando estoy cerca del salón donde se practica esgrima, veo a dos contrincantes con sus sables. Apostaría a que el chico más alto es Asher Karlsson. Se mueve con rapidez y desarma al otro tirador dejándolo aturdido en la colchoneta.
La sala está en silencio.
—Muy bien, Karlsson. —El instructor le palmea la espalda—. Has hecho un excelente trabajo.
Se saca la careta con una sonrisa.
—Gracias, Cari. Creo que deberías darles un nivel más avanzado a tus estudiantes.
El entrenador rueda los ojos, pero no se lo toma a mal. De hecho, lo felicita por ser tan bueno en lo que hace. Los espectadores murmuran cuando Asher se aleja y aprovecho para acercarme a él, que saca con prisa una botella de agua de su mochila y bebe un largo trago.
—No entiendo mucho de qué se trata la esgrima, pero eres bueno en lo que haces.
Permanece inmóvil como una estatua ante el sonido de mi voz y su mirada avellana me atraviesa. Oigo el silbido de la sangre en mis oídos cuando da un paso cerca. Soy consciente de ese adictivo aroma que quisiera inhalar sin pudor. En cambio, lo miro en silencio con mi pecho agitado.
—Arianne.
—Hola. —Mi voz sale como un débil jadeo.
—¿Qué haces aquí?
Observo cómo su nuez de Adán se mueve cuando traga. Lame una gota de sus labios y tapa la botella.
—Vine por respuestas.
Su boca esculpida se inclina en una media sonrisa.
—Me lo imaginaba.
—Podríamos comer algo juntos… —digo nerviosa—. Y después terminar la conversación de anoche.
Corre una mano por su cabello húmedo a causa del sudor. Dioses… ¿De dónde salió tanto valor? Estoy hambrienta de conocer a mi padre.
—¿Estás invitándome a salir?
El calor de la vergüenza pinta mis mejillas.
—Es exactamente como suena.
La diversión destella en sus ojos.
—Me daré una ducha y después estaré muy ocupado.
—No me importa esperar —musito.
Coloca la mochila sobre su hombro y camina hacia lo que parece ser el baño.
—¿Qué tanto quieres saber? —cuestiona y abre la puerta.
Por supuesto que conoce mis verdaderas intenciones. Vine a buscarlo por mi padre.
—Lo que sepas de Josh Laroux. —Entro con él a la habitación.
Sus cejas se alzan.
—Estás en el baño de caballeros —advierte.
Me encojo de hombros.
—No me iré hasta que aceptes mi invitación.
Mi respiración aumenta cuando me dedica una sexy sonrisa.
—Eres muy obstinada, Arianne.
Nos miramos uno al otro con escepticismo, nuestros ojos fijos en el otro.
—¿Es un sí?
—Déjame pensarlo un poco más.
Idiota.
Como si fuera lo más natural del mundo, me da la espalda mientras se quita el uniforme.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto.
Me mira sobre su hombro.
—Estás en el baño de caballeros —me recuerda—. Si quieres salir, ahí tienes la puerta.
Pero no lo hago. Mi pecho sube y baja mientras veo su uniforme caer al suelo. El vistazo de su trasero desnudo enrojece mis mejillas hasta que las siento en llamas. Mi piel está muy caliente, el hormigueo se instala entre mis piernas. Cuando se voltea a mirarme, rápidamente me tapo los ojos con las manos.
¡No lleva ropa interior! ¿Qué demonios?
—¿Es en serio?
Escucho su risa grave y ronca.
—¿Te incomodo?
No contesto.
Un minuto después, oigo el sonido de una cremallera cerrarse y aparto las manos de mis ojos. Ahora está poniéndose una camiseta negra y expone su tonificado torso. Lo que más me llama la atención son los tatuajes que cubren su costado derecho. Son runas celtas. También tiene un lobo en el pecho.
Dioses…
La voz de Asher me saca de mi ensoñación:
—¿Te gusta lo que ves?
Mi pulso truena y mi piel sigue caliente.
—No seas arrogante. He visto mejores.
En un parpadeo, él se ha movido tan cerca que siento su aliento cálido. El aroma a cítricos se impregna en el aire mientras me roba un suspiro. Su atención se desplaza a mis pechos y luego se encuentra con mis ojos. Su expresión ardiente es demasiado intensa, como mirar fijamente el sol.
—Dame cinco minutos y te diré lo que quieres —susurra.
Mi corazón parece que tendrá un paro cardíaco.
—Hecho.
Me saca del baño con gentileza.
—No te vayas.
—No lo haré.
Me mira un breve segundo antes de que cierre la puerta y apoyo mi espalda contra la pared. ¿Es buena idea confiar en él? Definitivamente sí. Mi collar no quema cuando Asher está cerca, pero con Aulus sucede lo contrario.