Dulce maldad

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Dulce maldad » 13. Arianne

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Me despierto en la comodidad de unos brazos fuertes y me envuelve un aroma a cítricos. Gimo, hundiéndome más en la sensación de protección. Escondo mi rostro en su camiseta y ruego en silencio que no me suelte nunca.

¿Dónde estoy? Poco a poco soy consciente de mi entorno, cuando oigo voces desconocidas y una risa ronca que me obliga a abrir los ojos.

Pretendo moverme, pero los brazos me impiden hacerlo.

—Shh… quédate quieta. Estás a salvo.

Soy depositada sobre algo cálido mientras mi cabeza se enfoca. Grandes ojos azules con largas pestañas se encuentran con mi mirada. Un chico de cabello rubio platino se cierne sobre mí y toca mi mejilla.

—Ella está bien, Asher.

¿Asher?

Aguanto la respiración en el instante que me encuentro con el rostro de Asher Karlsson. Luce preocupado y alarmado, la emoción nada en sus hermosos ojos. Va más allá de la sorpresa desconocida.

—¿Recuerdas lo que sucedió? —pregunta.

Me apoyo sobre mis codos en el húmedo pasto con una mueca de dolor.

—Yo… salí a caminar —respondo, avergonzada de mis acciones—. Me detuve un momento aquí y fui atacada por un oso salvaje.

—Quedaste inconsciente —habla el chico de ojos azules que no conozco—. Te golpeaste con una piedra al caer.

Las manos me tiemblan y la sangre se siente muy caliente en mis venas. Estoy conmocionada por lo que vi esta noche, esperaba algo extraño y lo logré. No puedo borrar la imagen del lobo blanco de mi mente. ¿Por qué tuve que tropezar con esa maldita piedra?

—¿Qué pasó con el oso? —cuestiono; mi estómago está hecho nudos—. ¿Y el lobo?

Asher me ayuda a levantarme con una mano en mi cintura.

—Olvídate de ellos —manifiesta Asher—. Lo que importa es que te encuentres bien. ¿Cómo pudiste venir al bosque en medio de la noche? Debiste llamarme, te di mi número por esa razón.

Mi cuerpo se siente rígido y adolorido. Mi cabeza palpita y una gota de sangre cae por mi sien.

—Yo… —Me callo sin energías para formular una oración.

Tampoco quiero admitir que fui lo suficientemente necia por venir sola a un bosque donde asesinaron a mi hermano, y omito comentar que vi a la bestia de ojos rojos.

—Atraes a las bestias, ¿eh? —Se burla Andrew.

Me río de lo irónico que suena.

—Al parecer es uno de mis talentos —concuerdo—. ¿Qué hacen aquí?

Asher se rasca la nuca.

—Estás en nuestro territorio, Arianne. Hay cámaras en el bosque que alertan la presencia de los intrusos.

Oh, mierda. Me hago una idea de que vieron todo, ¿incluso a la bestia?

—Auch —me quejo con una mueca.

—Te llevaremos a casa —insiste Asher sin soltarme.

Niego.

—Yo… no estoy en condiciones.

—Y con más razones debes venir con nosotros. —El rubio me sonríe con la palma extendida—. Soy Andrew Karlsson, por cierto. Encantado de conocerte finalmente.

¿Karlsson? ¿Acaso están relacionados? Lo veo entonces… Comparten varios rasgos: nariz perfecta, mandíbula cincelada y sonrisa deslumbrante. Las diferencias están en la altura y el cabello, ya que Asher es un poco más alto y Andrew tiene el cabello rubio casi blanco.

—Hola, Andrew. Soy Arianne —me presento y acepto su mano.

Su sonrisa es juguetona.

—No es de extrañar que Asher esté tan interesado en ti.

Mis mejillas llamean y aparto la mirada. ¿Asher le habló sobre mí?

—Suficiente, idiota —masculla Asher—. Dejemos de perder el tiempo.

Parpadeo confundida cuando me guía hacia una camioneta Jeep y mi piel cosquillea donde él me toca. ¿Qué les hace a mis hormonas?

—Yo traje mi auto —digo—. Me voy.

Lucho para zafarme, pero no me deja.

—No correré el riesgo de que otra criatura del bosque te ataque. Vienes con nosotros y no está en discusión, Arianne.

La expresión en su rostro me dice que no acepta un no como respuesta. Este chico me volverá loca.

—He dicho que no abandonaré mi auto aquí.

La risa de Andrew hace eco en el bosque.

—¡Bastante ruda, eh! —Continúa riéndose y mira a Asher—. Tenías razón, también es muy sexy.

¿Qué…? De repente, mi cuerpo es depositado sobre un hombro y chillo como una niña pequeña. Asher me carga como si fuera un simple saco de patatas, sosteniendo mi cintura para que deje de moverme.

—¿Qué estás haciendo? —grito—. ¡Bájame ahora mismo!

Me ignora y pasamos de largo mi auto que se encuentra estacionado a poca distancia. Nos dirigimos al Jeep y me coloca en el asiento del copiloto. Me gana en fuerzas así que es inútil luchar.

—Ponte el cinturón —ordena.

Me cruzo de brazos.

—Esto se llama secuestro, ¿sabes? No puedes llevarme a un lugar en contra de mi voluntad.

Sacude la cabeza con una sonrisa socarrona.

—Deberías darme las gracias, estoy protegiéndote.

—¿Quién puede asegurarme que no eres un monstruo como el resto de las criaturas que habitan este bosque?

Andrew chifla.

—Eso es algo que deberás averiguar tú misma, Arianne. —Asher me guiña un ojo y cierra la puerta en mi cara.

Aprieto los puños a mis costados con un leve gruñido de protesta. Me asusta cometer otro error por culpa de mi imprudencia, vi lobos esta noche y nadie me lo quitará de la cabeza. ¿Qué tal si son ellos? La paranoia pondrá mi mundo de cabeza.

Andrew se acerca con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta.

—No hay nada raro —informa—. Podemos irnos.

Se desliza dentro del auto sentándose en la parte trasera. Asher gira la llave dándole vida al motor, luego nos alejamos dejando una capa de humo.

—¿Qué pasa si roban mi auto? —inquiero.

—Nadie lo robará —asegura Andrew.

Examino el bosque por medio de las ventanas.

—¿Adónde me llevan?

Asher me echa un vistazo.

—La Fortaleza Karlsson.

Una ola de agotamiento se apodera de mí. En New Hope hay mucho más de lo que puedo imaginarme. Necesito estar sola para pensar con claridad. Mi decisión apresurada traerá consecuencias, pero ya es muy tarde para huir.

Me doy cuenta de que estamos acercándonos a una enorme mansión instalada en la colina y la luna llena ilumina cada centímetro. La maleza es espesa y los árboles crecen muy juntos unos con otros. Es… hermoso.

—Vaya, esto es sorprendente —comento—. No sabía que existía algo parecido.

—Tenemos un montón de sitios similares —dice Andrew—. Son las ventajas de ser los dueños del bosque.

—¿Dueños del bosque?

—Somos los dueños de New Hope —agrega Asher.

No me impresiona porque ya había escuchado antes que tienen dominio en el pueblo. Son hijos del alcalde, y sinceramente me asusta el hecho de involucrarme con personas influyentes.

Mierda.

¿Cuántas ventajas me dará? En cualquier caso… ¿Por qué me ayudarían? ¿Qué obtienen a cambio? Me parece tonto asustarme, pero luego recuerdo los rumores donde son satanizados y me recorre un escalofrío.

Basta, Arianne.

Pasamos del bosque a una propiedad con el césped bien cuidado. Me doy cuenta de que nos acercamos a la mansión rodeada de farolas y un enorme portón de metal. La fuente con un lobo aullando inmediatamente me pone a la defensiva, tengo la impresión de que estoy en la guarida de esas bestias.

Asher nota mi pánico porque apoya suavemente su mano sobre mi pierna para reconfortarme.

—Estás muy tensa —susurra—. Juro que no te lastimaremos.

El subidón brusco de mi pecho desciende con cuidado.

—Está bien —tartamudeo.

Una vez que los portones se abren, la camioneta sigue su curso hasta que nos detenemos frente a la casa más grande que he visto en mi vida. Tiene inmensos ventanales de cristal y elegantes puertas de madera. Se ven las luces encendidas y eso me tranquiliza, no se ve como la típica mansión terrorífica que muestran las películas. Es lo opuesto: bella y cálida.

Los hermanos bajan de la camioneta y sigo el mismo ejemplo. Mis ojos aún sorprendidos me frenan a contemplar la mansión. Es como si estuviera en la realeza, no pensé que este tipo de riqueza existiría en New Hope. El pueblo es tan… simple.

—¿Vamos? —La sonrisa de Asher aligera mis hombros tensos.

Miro su mano extendida y acepto con un gesto. En cuanto nuestros dedos se entrelazan, el calor incrementa alrededor de mi cuerpo. Hay como una especie de conexión entre nosotros, un hilo que nos ata.

Andrew nos mira curioso, pero no hace ningún comentario mientras ingresamos a la sala de estar. El ambiente silencioso no hace nada para calmar mis nervios, observo la pintura en una de las paredes: se trata del cielo oscuro con la luna llena asomando. También hay varias artesanías con formas de lobos. ¿Por qué veo tantas referencias a esas criaturas? Puedo hacerme una idea, pero mi mente se niega a aceptarlo. Miro el enorme cuadro familiar de un matrimonio feliz y sus hijos. Reconozco las miniaturas de Asher y Andrew, ya eran lindos desde niños.

—Somos una familia numerosa. —Se ríe Andrew—. Y eso que aún no conoces a mis tíos y primos, les hacen competencia a tres equipos de fútbol.

Me aclaro la garganta sin soltar la mano de Asher.

—Oh. —Es todo lo que me atrevo a decir.

Asher me guía por los amplios pasillos. Todo aquí fue hecho para impresionar, sin duda. Desde los muebles finos, las pinturas que probablemente están valuadas en millones, los techos abovedados y el suelo de mármol; me siento fuera de lugar por mi aspecto sencillo.

El ruido de unos tacones altos me hace levantar la mirada. Desde las escaleras, veo a una mujer rubia y ridículamente apuesta, con rasgos muy finos. Tal vez está a finales de los treinta.

—Mamá. —La recibe Asher—. Ella es Arianne Laroux.

La mujer mira nuestras manos entrelazadas con una ceja arqueada.

—Bienvenida a nuestro hogar, señorita Laroux —manifiesta en tono serio—. Mi nombre es Aria Karlsson.

¿La madre de Asher? Oh, dioses… Ahora comprendo de dónde vienen los genes perfectos. Ella es impresionante. Tiene puesta una camisa blanca y una falda rosa con tacones negros, lleva pendientes de perlas y un collar de diamantes. Su aspecto grita dinero.

—Un p-placer, señora Karlsson.

—¿Quieres tomar algo? —Su voz es suave y cálida, su amabilidad me intimida aún más.

—Se lo agradezco, pero estoy bien.

Ella observa a sus hijos.

—Por favor, tráela a mi oficina, Asher —ordena cortante—. Y tú, Andrew, llama a tu padre.

El rubio asiente.

—Por supuesto, mamá.

Andrew obedece mientras su madre baja los últimos escalones. Asher y yo la seguimos cuando se dirige hacia una puerta. Mi pulso tamborilea en mis oídos y se me seca la boca, la ola de nervios agita mi corazón.

Una vez que llegamos a su oficina, la señora Karlsson se acomoda detrás del escritorio y apunta la silla frente a ella.

—Siéntate, querida —musita, con una sonrisa casi forzada.

Acato su orden y Asher se mantiene de pie con los brazos cruzados.

—Me recuerdas a tu padre. —Me examina con curiosidad—. A excepción de los ojos verdes.

Nunca nadie me ha dicho algo como eso. Respira. Por el rabillo del ojo veo a Asher tomar asiento, mientras la intensidad de mi pulso me hace respirar con dificultad.

—Cuando mi hijo comentó que estabas en el pueblo, no quise creerlo —continúa la señora Karlsson—. Mírate, aquí estás.

—¿Cómo conoce a mi padre? ¿Quién es usted?

Sonríe mostrando sus dientes blancos y rectos.

—Soy Aria Olsson de Karlsson, hija de Robert Olsson y esposa de Aiden Karlsson —responde con altivez—. Somos los fundadores y primeros habitantes de New Hope.

Jadeo por la falta de aire.

—¿Es hija de un hombre que vino aquí en el año 1693? —inquiero con incredulidad—. ¿Está diciendo que tiene cuatrocientos años?

Una risa seca proviene de su garganta.

—Digamos que sí.

—Obviamente usted no es humana —afirmo—. Oh, dioses…

Me mira con una ceja levantada sin verse impresionada.

—No eres ignorante sobre New Hope.

—Investigué este pueblo por cinco años —respondo fría—. Sé lo que hay aquí, no soy ninguna tonta.

—¿Puedes adivinar qué somos realmente? —Aria sonríe.

El silencio se instala en la habitación, hay un desafío entre nosotras. Miro mi entorno y distingo lo mismo que vi al principio: pinturas de lunas llenas, lobos, símbolos celtas como el de mi amuleto…

La respuesta es tan obvia.

—Lobos… —balbuceo—. Ustedes son…

—Preferimos el término licántropo —me interrumpe Asher—. Solo los ignorantes se refieren a nosotros de esa forma.

Licántropo.

No puedo respirar.

No puedo.

No puedo.

El pánico se arremolina en mis pulmones y punzadas de terror aprietan mi pecho. Trato de levantarme, pero mi cabeza se siente pesada. Mi mundo se reduce a nada, me trajeron a su guarida de monstruos.

—Mierda… —maldice Asher.

Estoy vacía y perdida en el dolor.

Tan perdida.

—¿Arianne? —Distingo la voz de Asher en medio de la oscuridad.

Sacudo la cabeza cuando intenta tocarme. No. Odiaría su contacto ahora mismo, es uno de ellos.

Es un licántropo. La misma especie de ese monstruo que arruinó mi vida.

—No me toques. —Me encojo en la silla con mi voz ahogada—. Ustedes son repugnantes.

La señora Karlsson mantiene la expresión impasible. Asher me mira, su expresión está dividida entre alarma y conmoción.

—Es comprensible que pienses de esa forma —murmura Aria—. Conozco tu historia.

Las lágrimas caen como grandes gotas por mis mejillas.

—No sabe lo que hemos pasado mi familia y yo desde que ese animal mató a mi hermano.

—Claro que sí. —Aria une sus dedos sobre el escritorio—. Tu madre dejó atrás su magia y tu padre durante años ha intentado encontrar al responsable. ¿Qué me dices de ti? No puedes superar los traumas que te persiguen.

El horror se arrastra sobre mi piel.

—Tómalo con calma, mamá —dice Asher.

Su madre no se inmuta.

—Ella necesita saber quién es.

—Según usted, ¿quién soy?

—Una chica con habilidades capaz de destrozar a cualquiera. Puedes controlar la magia relacionada con la naturaleza. —Mira el collar en mi cuello—. Eres poderosa.

Mi mente se queda en blanco.

—Esto es patético —digo.

—Es cualquier cosa, menos patético —espeta alguien y entra a la habitación—. Tienes habilidades por ser hija de una druida y un licántropo.

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