Dulce maldad

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Dulce maldad » 15. Asher

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Ya no hay sonrisas cálidas o miradas tímidas. La hostilidad reemplazó sus gestos dulces y cualquier signo de amabilidad desapareció cuando supo quién soy realmente.

Un licántropo.

El tipo de criatura que arruinó su vida y siente un profundo rechazo hacia nosotros. No debería importarme, pero lo hace. Hay una conexión entre nosotros que me impulsa a estar cerca de ella, es ridículo lo mucho que deseo protegerla y ayudarla. La pequeña Laroux despierta mi instinto más sobreprotector.

Me ofrecí a ser parte de su viaje en la búsqueda de pruebas. Ella es ingenua, impulsiva e ignorante a varias cosas de este mundo. Muchos podrían usar esas debilidades en su contra y no pienso permitirlo.

Seré su guía el tiempo que permanezca en New Hope.

No la dejaré sola.

Quiero ganarme su confianza y demostrarle que estoy siendo sincero.

Mi familia sería incapaz de lastimarla como lo hizo ese monstruo, no somos su enemigo.

Arianne no puede disimular el hambre que tiene por información. Decirle que conozco su historia fue suficiente para atraerla como una hormiga al pastel y estoy seguro de que hay alguien ahí afuera que usará la misma táctica para que caiga en la trampa.

Su madre le mintió por razones que temo descubrir. Arianne es druida y licántropo. ¿En qué podría perjudicarle? Son partes de ella que puede controlar si aprende. Mi familia lo logró durante siglos. ¿Por qué Aimeé Lane no hizo el intento?

—Cierra la puerta —solicita papá.

Sigo su orden mientras lo veo sentado en su escritorio con la camisa de su traje arrugado y el estrés tallado en su rostro. Me pregunto cuándo decidirá tomarse un descanso, el hombre no lo ha tenido en años. Debería ir a alguna playa con mamá cuando al fin logremos develar el misterio del asesino.

—¿Es sobre Arianne? —inquiero.

Une las yemas de sus dedos en un aire pensativo, sus cejas oscuras se elevan.

—Sí, pero también hay un asunto que quiero hablar contigo y Ashton.

La puerta de la oficina vuelve a abrirse y entra mi hermano con el rostro inexpresivo.

—¿A qué se debe esta agradable reunión? —Ashton bosteza—. ¿No pudo ser mañana?

Me siento en la silla con las piernas estiradas y Ashton se mantiene de pie; estamos en problemas.

—¿Qué sucede? —insto de nuevo.

Papá mira entre los dos.

—Hay grabaciones de ustedes muy cerca del territorio Persson. —Se dirige a Ashton y su tono es una de sermón—. Tú fuiste visto más de una vez y quisiera saber qué demonios buscan. Y más vale que digan la verdad.

Joder… fuimos tontos al pensar que mi padre no lo notaría. El semblante de Ashton es serio cuando responde.

—Alicia Keller está desaparecida desde hace más de un mes. Su familia asegura que tenía cita con un desconocido el sábado veinte de marzo. Salieron juntos, pero ella nunca apareció. Hay carteles de ella en cada rincón del pueblo porque aún no fue encontrada muerta, como las demás víctimas.

Papá asiente.

—Sospechan de los Persson. —Asume.

Es mi turno de hablar.

—Los Persson tienen especial fascinación por mantener vigilado a una pequeña tienda de la manada. Es como si alguien estuviera ahí y sospechamos que se trata de Alicia.

—¿Por qué no pidieron mi ayuda antes? —pregunta papá.

—Eres muy… correcto y si los alertamos trasladarán a Alicia —dice Ashton—. Pensamos que actuar en secreto sería mejor.

Mi padre empuja su silla y se frota la mandíbula.

—Soy la máxima autoridad de este pueblo y si conocen la posible ubicación de una víctima debieron acudir a mí en primer lugar —masculla molesto—. Pude conseguir una orden de allanamiento en menos de cinco minutos y desmantelar cualquier delito de los Persson.

—¿Pudiste? —indago.

—Esta mañana envié a dos oficiales y no encontraron absolutamente nada en la manada. Rebuscaron hasta el último rincón y no había nadie en contra de su voluntad. Sin rastros de mujeres como siempre.

Ashton gruñe.

—¿Ves por qué no fue buena idea involucrarte? Estoy seguro de que Alicia fue trasladada a otra parte, debimos ir personalmente.

—¿Y darles más motivos a los Persson para atacarnos? —sermonea papá—. Tenemos que ser discretos y hacer las cosas bien. Me enteré que Simon y Aulus se enfrentaron esta mañana.

Ashton juega con un bolígrafo del escritorio.

—Pronto se darán cuenta de que está mal apoyar a ese tirano —murmura mi hermano.

—Seguiremos con la búsqueda de Alicia y no le quitaremos el ojo a los Persson —manifiesta papá con la vista en mí—. Hay algo que necesito saber, Asher.

—¿Uhm?

—La hija de Josh. ¿Qué pasa con ella?

Mi corazón se detiene unos latidos.

—Intento ayudarla —respondo.

Mi hermano se echa a reír.

—¿Solo eso?

—No puedo explicar con exactitud cómo me siento cuando estoy cerca de ella, pero quiero ayudarla. Es peligroso que esté sola —expongo—. Dijo que cumplió dieciocho años hace semanas. ¿Sabes lo que eso significa?

—Cambiará de forma pronto. —Mi padre vuelve a sentarse—. Y no es mi única preocupación hacia la hija de Josh. He visto a Aimeé quemar una aldea hace años con un simple parpadeo, Arianne es igual de poderosa o incluso más, al ser una híbrida.

Maldita sea. No he conocido a nadie que sea licántropo y druida a la vez.

—Me mantendré cerca de ella y le mostraré cómo funciona nuestro mundo. Es evidente que no tolera lo que somos y debo ayudarla a entendernos.

—Su sed de venganza es peligrosa —prosigue papá—. Mantenía vigilada o estaremos en serios problemas, Aimeé no fue sincera con ella por razones fuertes.

Me pongo recto en la silla, Ashton escucha en silencio y sin hacer comentarios.

—¿Qué tipo de razones?

—No lo sé con exactitud, pero sí estoy seguro de algo. Aimeé jamás haría algo sin ninguna justificación. Es la mujer más cautelosa y honesta que he conocido. Adora a su hija —su tono baja—. Si Arianne vino al pueblo significa un mal presagio y debemos permanecer alertas.

ARIANNE

Despierto entumecida al día siguiente. Mi cabeza sigue confundida mientras observo el techo con el pecho adolorido, este malestar aumenta a medida que me pierdo en mis pensamientos.

Quiero llamar a mamá y gritarle que conozco sus secretos. ¿A esto le temía? Estoy resentida y no por los descubrimientos. Me duele que haya omitido esta información durante dieciocho años. ¿Cómo lograré lidiar con mi vida ahora?

Tengo dos naturalezas, soy druida y licántropo.

¿Ahora qué haré? ¿Seré un animal que cambia de forma cuando aparece la luna llena? No estoy lista y dudo que lo esté en mucho tiempo. Asher asegura que no es malo, pero los Karlsson crecieron con este conocimiento. Yo no.

La tristeza me invade cuando recuerdo que los únicos que pueden ayudarme a saber más son los licántropos.

Sigo quieta, inanimada, cuando la puerta se abre y entra Andrew. Aparece en mi campo de visión sonando los dedos en mi cara. Su sonrisa derretiría a cualquiera, pero me siento tan indiferente en su presencia.

—Buenos días, corazón. —Su voz tiene el mismo toque de alegría que escuché anoche, como si nada estuviera mal en el mundo—. Fuimos más temprano por tus cosas en la cabaña de tu amiga.

Me pongo recta inmediatamente con la postura rígida. ¿Cómo se atreven a disponer de mis cosas?

—¿Por qué harían eso? No me quedaré aquí demasiado tiempo.

Andrew se sienta en la cama con una almohada en su regazo. Es tan guapo, su belleza es angelical; nunca conocí a nadie con su atractivo.

—Te lo explicaré con un diccionario si es necesario —dice en tono juguetón—. No puedes estar sola por ahí, menos cuando eres hija de Josh Laroux y parte de nosotros.

La tensión enrolla mi cuerpo.

—No soy parte de ustedes.

Andrew me da una expresión fastidiada.

—Repítelo hasta que te lo creas —murmura, poniéndose de pie—. No hará más fácil que ignores tu realidad, corazón.

—Me llamo Arianne.

Pone los ojos en blanco.

—Muy bien, Arianne. Deberías entender que no somos los malos aquí. Si quisiéramos verte muerta, ya lo estarías. Anoche te salvé la vida de ese oso. De nada, por cierto.

Se me seca la boca. ¿Por qué no lo deduje antes? El cabello blanco lo delata.

—Oh, wow… gracias. No lo vi venir.

Supongo que no todos son unas bestias salvajes que matan a niños inocentes.

—¿Cómo lo verías? Fui jodidamente veloz. —Se echa a reír—. No podía permitir que una cosita linda como tú muriera tan joven.

Sonrío mientras me ruborizo. Andrew no es desagradable, ciertamente.

—Gracias de nuevo.

—No es nada. Termina tu baño y búscanos en el comedor, que te espera el desayuno.

La conversación de anoche me agotó y mi energía aún no se recargó para enfrentarlos.

—¿Puedo desayunar aquí? Soy tímida.

Andrew me tiende una sonrisa con dientes brillantes.

—Por supuesto, corazón. Como prefieras. —Se encamina a la puerta—. Traeré una bandeja para ti.

—Eso sería genial.

Me guiña un ojo antes de retirarse y me levanto. No es propio de mí rendirme tan fácilmente, necesito verles el lado positivo a las cosas. Ya no estoy en la oscuridad como antes y presiento que me acerco a la verdad sobre Theo. Encontraré su cuerpo.

Sacudo la cabeza cuando veo mis maletas en una esquina. ¿Cómo Andrew logró convencer a Lily y Ethan?

Diez minutos después, termino mi baño y me envuelvo en una toalla. Las gotas de agua caen por mi cabello mientras voy a la habitación para vestirme. Estoy a punto de abrir mi maleta cuando una voz ronca habla:

—Traje tu desayuno.

Doy un grito ahogado y sostengo con fuerza la toalla alrededor de mi cuerpo. Asher está parado en la puerta con una bandeja de comida. Se detiene en seco al verme semidesnuda y sus ojos avellana se agrandan.

—¿Qué demonios? —exijo con voz chillona—. ¡Deberías tocar antes de entrar!

Se fija en mi rostro ruborizado y su boca se curva en una sonrisa. Sin decir una palabra, se gira y sale de mi habitación. ¡Imbécil! Me quedo en shock con mi cuerpo tembloroso, avergonzada, vulnerable y enojada.

Dioses…

Rápidamente elijo ropa cómoda, porque volverá pronto. Me aseguro de estar bien seca y peinada. Ato los cordones de mis zapatillas y después abro la puerta. Asher sigue de pie ahí sin disimular la diversión. Se ve increíblemente apuesto con el cabello negro alborotado y los botones de su camisa desabrochados que enseñan su amplio pecho.

Lo miraría más de cerca si no estuviera tan avergonzada por ser atrapada casi desnuda.

—Andrew me informó que no querías desayunar con los demás.

Hago un ademán para que pase y acepto la bandeja.

—Uh… bueno. No los conozco y prefiero ser precavida.

Sus hombros se tensan.

—¿Cuántas veces debo repetirte que no vamos a lastimarte?

Me ubico en la cama con la bandeja en mi regazo. El desayuno consiste en pan tostado con mantequilla y café caliente. El pote de frutas trae de regreso la tristeza que intento reprimir. Extraño a mamá.

—Considerando todas las cosas que he pasado por culpa de un licántropo, no habrá palabras suficientes que me relajen en presencia de ustedes.

—Lamento mucho que hayas pasado por ese evento tan horrible. Ni siquiera puedo imaginar lo que se siente.

Mi risa es agria.

—Jamás podrías.

Un ceño fruncido oscurece su rostro.

—Mi familia es fundadora de este pueblo —responde mordaz—. Durante siglos buscamos el bienestar de sus habitantes, mi padre se postuló como alcalde y se desvive por las personas. ¿Crees que lo arruinaríamos? Eso implicaría revelar el secreto que tanto hemos luchado por ocultar.

Una parte de mí sabe que tiene razón, pero me niego a confiar ciegamente.

—El asesino ensució el apellido de mi familia. —Asher coge un pedazo de fruta del pote cuando no contesto—. Supongo que escuchaste sobre nuestra reputación.

Mastico la tostada con mantequilla y asiento.

—Sí.

—Mi padre es el alcalde corrupto que obtiene todo gracias al dinero y yo… —Inclina la cabeza como si buscara las palabras adecuadas—. He sido acusado de los asesinatos que ocurrieron.

Muerdo otra tostada con mis ojos bien atentos a él.

—Uh… ¿Te refieres a tus novias muertas?

De acuerdo, eso fue directo. La mirada de Asher no contiene ni una pizca de emoción.

—¿Qué más has oído de mí, Arianne?

Me encojo de hombros.

—Que eres un completo cretino.

Niega con la cabeza y suelta un suspiro de frustración.

—¿Te asusta lo que represento?

Bebo el café.

—¿Crees que tú me asustas? Por favor, he visto y presenciado cosas peores.

Me estudia con una expresión ilegible.

—Mmm… —dice con aparente burla—. Creí que estarías en la cama y llorarías por lo que eres.

Mis dientes rechinan.

—No me conoces.

—No es necesario que te conozca, eres más transparente que el cristal. —El colchón se hunde con su peso cuando se sienta a mi lado—. Veo la negación en tu rostro, Arianne. Es una pena que no puedas hacer nada para cambiarlo, simplemente es imposible renunciar a esa parte de ti.

Sus palabras son suficientes para encender mi irritación y dejo a un lado la bandeja de comida. Ya no tengo apetito.

—¿Y pretendes que lo acepte con una gran sonrisa? No pasará.

—Lo sé, pero pienso que tu esfuerzo por mantenerte en la negación es inútil. No cambiará nada.

—Tu opinión no me importa, Asher.

En su rostro se dibuja una sonrisa.

—Supongo que tampoco te importa lo que tengo para decirte.

Trata de levantarse, pero mi mano en su codo lo detiene.

—¿Qué cosa?

—Mmm…

—¿Mmm qué? —presiono—. Dime a qué viniste.

Él baja la cabeza y su olor invade mis sentidos: huele a cítricos combinados con menta y aire fresco.

—¿Cuál es la palabra mágica?

Me trago la onza de orgullo y enojo.

—Por favor…

Mis facciones se endurecen mientras observo su rostro presumido. La sonrisa resplandece en sus labios húmedos. Por un segundo me pregunto cómo se sentirían rozando los míos y el pensamiento me avergüenza al instante. ¿Qué me pasa?

—Bien. —Se ubica de nuevo a mi lado—. Sé que tu principal propósito es encontrar el cuerpo de tu hermano. Leí informes donde fue declarado muerto, pero nunca encontraron nada que lo confirme.

Me vuelvo rígida por sus palabras.

—Creen que el animal devoró cada parte de él —susurro con tristeza.

La habitación permanece en silencio por varios segundos.

—Si las autoridades no consiguieron nada, podríamos recurrir a otro tipo de recursos.

Parpadeo varias veces, considerándolo.

—¿De qué recursos hablamos?

—Bueno… —Asher hace una pausa—. Videntes, adivinas y oráculos. Son personas que vivieron durante años en New Hope y están al tanto del mundo sobrenatural. Todo es posible.

Siento cómo me invade una emoción inesperada.

—Eso sería increíble.

Apunta la bandeja.

—Termina tu desayuno y hablaremos con más detalles después, es mi primera condición.

Engullo con más ganas el resto de las tostadas.

—¿Habrá más condiciones?

Una ceja oscura se alza con diversión.

—Oh, por supuesto que sí. —Camina hasta la puerta—. Te veo después, bonita.

Casi escupo el café mientras lo veo irse y me quedo muda. No aprecio el apodo, pero en sus labios suena lindo. Me encojo ante la ridiculez y ruedo los ojos. ¿Qué carajos sucede conmigo? Salgo de la habitación con la bandeja vacía en manos cuando termino el desayuno, intimidada por deambular en estos pasillos sin fin. La mansión gigantesca me hace echar de menos la cabaña que compartía con mamá. Me asusta rozar las artesanías y romperlas por accidente, cualquier objeto aquí vale miles de dólares.

Busco la cocina sin tener la mínima idea de dónde está. Paso por un inmenso salón donde veo a dos chicos muy guapos. Uno es rubio y el otro de cabello oscuro, lucen de mi edad. ¿Familiares de Asher? No hay dudas de que sí.

—Mira a quién tenemos aquí —comenta el rubio y puedo ver el júbilo en sus ojos avellana—. Estaba ansioso de conocer a la chica que alborotó a mi familia.

Da un paso cerca de mí, pero me aparto otro centímetro. El chico de cabello oscuro mantiene un semblante apático y aburrido. Él me hace sentir incómoda e inquieta. ¿Acaso todos los Karlsson tienen el poder de intimidarme?

—¿No planeas presentarte? —pregunta el rubio entre risas—. Vamos, no mordemos a menos que tú lo desees.

Su declaración me hace sonrojar. Qué idiota.

—Soy Arianne.

Agarra mi mano en un movimiento inesperado y deposita un beso en el dorso.

—Hola, Arianne. Soy Axel y el amargado de aquí es Ashton. Bienvenida a la familia.

—Gracias —murmuro y aparto mi mano de su alcance.

—Mi hermano Asher dijo que te daría un tour por la casa. —Axel me guiña un ojo—. Ya marcó territorio. ¿Qué piensas, Ashton?

El antipático levanta una sola ceja en respuesta.

—Que dejes de perder el tiempo, tenemos mejores cosas que hacer.

Esa es su última frase antes de que suba las escaleras sin dirigirme otra mirada. Cierro los puños a mis costados con indignación. Ashton definitivamente es el más imbécil de todos sus hermanos. Me da la sensación de que odia al mundo en general.

—El apodo de amargado le queda muy bien —digo.

Axel se ríe a carcajadas.

—Él es así con todos nosotros, no lo tomes personal. —Pone una mano en mi hombro y caminamos juntos—. Vienes de Chicago, ¿eh?

—Sí, vivo allí con mi madre.

—¿Qué sucedió con ella? Está bien si no quieres responder.

—No te preocupes —farfullo—. Vine a New Hope porque me cansé de los secretos, ya que ella nunca me dijo lo que soy.

—Licántropo como nosotros. —Ríe Axel—. ¿Cuántos años tienes?

Rodeo mi cintura con mis brazos.

—Dieciocho.

Nos detenemos en la cocina y deja la bandeja en el fregadero.

—Si no sabías nada es porque no cambiaste de forma. ¿Cómo es posible? Nadie se resiste al llamado de la luna.

Me congelo conmocionada y horrorizada. Mi pecho se siente como si hubiera sido azotado. Había ignorado esa parte importante.

El llamado de la luna…

—Yo…

—La estás asustando, idiota. —Asher irrumpe en la cocina—. ¿Puedes dejarnos a solas?

Axel levanta las manos en señal de paz.

—Olvidé lo sobreprotector que eres cuando alguien te interesa. —Nos mira con una sonrisa—. Buena suerte con él, Arianne. Es un grano en el culo.

Asher apunta la puerta.

—Fuera.

—Uy… Tengan un buen día.

Me sostengo a una mesa para calmar mi respiración. No me imagino siendo un animal monstruoso, no quiero ser una de ellos.

—Hey… —Asher me sirve un vaso de agua—. Respira, solo respira.

Acepto el vaso con las manos temblorosas.

—¿A qué edad cambiaste de forma? —pregunto y tomo un trago de agua.

—Dieciocho —responde con naturalidad—. Todo licántropo cambia a esa edad.

Hago un gran esfuerzo para no retorcerme a causa del pánico. Eso quiere decir que yo también…

—Oh, dioses…

Sus ojos son ilegibles y pone el vaso que usé sobre la mesa.

—Ya llegaremos a esa parte. Ahora permíteme mostrarte los alrededores. —Hace un ademán con la mano y salimos de la cocina—. No quiero que te ofusques con tanta información. Sé que te cuesta digerirlo y sería peor si te enteraras de golpe.

—No le veo sentido cuando nada cambiará los hechos.

Las esquinas de su boca se inclinan en una sonrisa.

—Ya nos estamos entendiendo.

Asher me enseña el comedor, la sala, el gimnasio, las habitaciones más importantes de la casa, pero lo que más me gusta es la preciosa biblioteca. Mi corazón agradece el toque de confianza. No me trata como si fuera una extraña.

—Muchos consideran lo que somos como una maldición. —Asher toca un viejo libro—. Otros lo ven como una bendición, un gran don que fue otorgado por los dioses hace milenios.

El olor a libros y tinta trae una sonrisa a mis labios. Estoy en un paraíso compuesto por estantes altos que solo he visto en películas.

Hay títulos que amo con mi vida: obras de Shakespeare, Agatha Christie, Stephen King, Jane Austen, Margaret Atwood y más. También hay pergaminos y grimorios.

—Cuéntame la parte de la maldición —expreso, acercándome al estante que marca el género fantástico.

Escucho la risa de Asher a mi espalda.

—Hay varias versiones, pero la principal es que fuimos maldecidos por la diosa Luna y como consecuencia cambiamos de forma cada vez que aparece en el cielo durante las noches. Otras teorías afirman que el séptimo hijo nacido en una luna de sangre heredó esta extraña genética y lo transfirió de generación en generación. —Asher suena entretenido—. Oh, también está la ridiculez de que una mordida de licántropo infectó a muchos hace siglos. No hay un origen exacto.

Lo miro sobre mi hombro.

—¿Qué hay de ti?

—Genética, al igual que mis padres y mis hermanos —contesta, apoyándose contra un estante—. Somos licántropos auténticos de sangre pura.

—¿Y yo qué tipo de licántropo soy?

Asher se frota la mandíbula.

—Al poseer dos naturalezas, te conviertes en una híbrida de druida y licántropo.

—Nunca estuve enferma —reflexiono—. Hubo veces donde sentí que podía escuchar las conversaciones de personas que se encontraban a una larga distancia.

Asher asiente.

—Tarde o temprano despertará tu forma lobuna.

Mordisqueo mi labio inferior.

—¿Cómo mi madre pudo evitar que sucediera? Hubo tantas noches de luna llena.

—Eres joven aún, pero pronto la luna te llamará y tú acudirás a ella.

—Dioses…

—No te preocupes, tienes tiempo para prepararte.

—Vaya, gran consuelo.

Trato de alcanzar un libro, pero está demasiado alto. Cuando estoy a punto de rendirme, alguien más hace el trabajo por mí y tartamudeo como una tonta debido a su cercanía. Su pecho se presiona contra mi espalda, su esencia me rodea y mi corazón late con fuerza palpable. El calor se acumula a través de mi cuerpo como lava y es increíble, me encanta lo peligroso que se siente. Me encanta sentir a Asher cerca.

—Aún no escuchaste la parte más interesante de ser un licántropo —susurra en mi oído. Su aliento acaricia mi nuca.

—¿Cuál? —balbuceo sin mirarlo.

El libro es colocado en mis palmas húmedas.

—La luna es lo suficientemente perversa para destinarnos a nuestras compañeras en el momento oportuno. —Se aleja y mi cuerpo sufre su pérdida—. Pero esa es otra historia que no te gustará escuchar.

Me volteo y abrazo el libro.

—¿Por qué?

Su sonrisa es irónica.

—Mi intuición lo sabe —dice y cambia de tema bruscamente—. Salgamos de aquí, te mostraré el bosque.

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