Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 16. Asher

Página 19 de 47

No presiono porque su reacción no será ligera. Al contrario, ella explotará como una bomba nuclear si le cuento todas las cosas que pienso de su regreso al pueblo. ¿Puede sentir lo mismo que yo? ¿La manera en que los latidos de nuestros corazones se acompañan en cada bombeo? ¿La reacción de su cuerpo? ¿El sonrojo de sus adorables mejillas? ¿Y cuando muerde su labio mientras me mira?

El destino la trajo a New Hope nuevamente. Sé lo que está sucediendo, pero no puedo admitirlo en voz alta. Ella huiría en casos extremos y perderé cualquier progreso que he logrado. Al menos ya no se encoge cuando le hablo y su confianza se eleva poco a poco.

Arianne es una criatura frágil en estos momentos y quiero tratarla con delicadeza porque me aterra romperla. Anoche pude darme cuenta de que su amuleto es de protección, un escudo que oculta su esencia del resto. Mi lobo no logró reconocerla por esa razón.

Su madre se encargó de dormir el licántropo que hay en ella con algún hechizo y no me sorprendería. Es una druida poderosa y respetada. Mi padre ha dicho que la señora Lane tiene años de experiencia. Hacer un conjuro que duerme el lado licántropo no le resultaría complicado, cuando tiene todos los medios gracias a la magia.

—¿Cuándo crees que podré ver a las personas que mencionaste más temprano? —Arianne rompe el silencio—. Los videntes y oráculos.

Toco el tronco de un viejo árbol roble. Sus ramas son abundantes al igual que el follaje. Mamá mencionó que tiene casi cien años y es nuestra posesión más preciada, venir aquí para pensar es relajante.

—Primero debo organizar el encuentro —le explico—. Son muy selectivas cuando ofrecen sus servicios.

—¿Llevará mucho tiempo?

Le indico que se siente a mi lado y lo hace no antes de dudar. Ella no bajará la guardia conmigo muy pronto. Será un trabajo duro ganarla, pero no me rindo con facilidad. Nunca.

—El que sea necesario. —La miro.

Sus hermosos ojos verdes combinan con el ambiente, tan puros y llenos de vida como las hojas en verano.

—Estoy muy cansada de esperar.

—Un par de días no es nada en comparación con cinco años —expongo—. Paciencia.

Tira un hilo suelto de su suéter.

—¿Qué hará exactamente la persona que nos ayude?

Mi cabeza descansa en el tronco y observo el cielo con un suspiro.

—¿Sabes lo que es un vidente?

—Un poco.

—Un poco —repito—. Hacen predicciones, encuentran elementos ocultos y desconocidos sin ninguna explicación científica. Sus conocimientos se basan en la magia, Arianne.

—¿Es una fuente confiable?

Nos ayudó a encontrar varios cuerpos en el pasado, así que sí.

—Por supuesto —afirmo—. Ten por seguro que tendremos alguna pista que nos guíe a Theo.

El silencio persiste.

—No me haré ilusiones, no creo en nada de eso.

Mis hombros se sacuden por la risa.

—Maldición, eres druida y licántropo. —Niego con la cabeza entre risas—. Supongo que también presenciaste algún evento sobrenatural, ¿no? Creí que tenías la mente más abierta.

Cuando la miro de nuevo, sus labios están presionados por el disgusto.

—Estoy procesando con lentitud, entiende que tu mundo es nuevo para…

—También es tu mundo. —Me inclino hacia adelante, mis codos doblados en mis rodillas—. Lograrás cosas increíbles cuando aceptes lo que eres sin prejuicios.

Desvía los ojos hacia la mariposa que rodea un helecho.

—Tú creciste sabiendo que eres un licántropo —susurra—. Yo hace semanas me enteré de que podía usar el fuego y romper cosas con un pensamiento. ¿Imaginas mi conmoción? ¿El miedo que sentí al experimentar algo que no es normal?

—Claro que imagino lo difícil que fue para ti. De lo contrario, no tendría ningún interés en ayudarte —declaro cuidadosamente—. No quiero que te dejes llevar por la desesperación ni el dolor.

—¿Por qué me ayudarías? —inquiere.

Las pestañas oscuras enmarcan sus brillantes ojos verdes y revolotean mientras me mira. El calor de su escrutinio quema mi pecho con un profundo deseo que no puedo detener.

—Siento la necesidad de protegerte desde que te he conocido —admito, mi voz grave—. No puedo dejar de pensar en ti, Arianne.

Sus mejillas se ruborizan en un bonito rojo y se muerde el labio mientras evita mis ojos. Qué linda.

—Oh —es todo lo que dice.

Suprimo la sonrisa que quiere salir.

—La confianza es lo más importante si vamos a ser un equipo —manifiesto—. Pregúntame cualquier cosa, te ayudaré en lo que necesites. ¿Está bien?

Asiente.

—Está bien.

—Es hora de recordarte las otras condiciones. —La estudio—. Si haremos esto será bajo mis términos, ¿de acuerdo? Debes seguir mis órdenes sin importar en qué situación nos encontremos.

Resopla.

—No eres mi jefe.

—De ninguna manera —concuerdo—. Pero tengo más conocimientos que tú en esta área y cuando te dé alguna orden, no significa que quiero controlarte. Mi prioridad es protegerte.

La línea de tensión de sus hombros se alivia.

—Puedo hacerlo.

—Seremos un gran equipo si confiamos en el otro. ¿Eso también puedes hacer, Arianne? ¿Confiar en mí?

Su mirada oscila entre la duda y el miedo. Sé que somos dos extraños que se vieron hace menos de una semana, pero necesito que me considere su aliado. No la defraudaré.

—Lo intentaré —dice.

Esbozo una sonrisa.

—Bien, me conformaré con esa respuesta.

—No puedo creer que haré esto.

Una ráfaga de viento sopla su cabello castaño y las hojas crujen recordando que los dos estamos solos en medio del bosque. Pierdo la concentración mientras la observo. Su espalda sigue recostada contra el árbol y mira fijamente el cielo, su olor es reconfortante y su piel desprende un cálido olor a flores cuyo nombre no logro recordar.

Ella no tiene idea de cuán lejos puede llegar su poder. Existen muchos druidas en el mundo, pero no me he enterado de muchos casos que sean híbridos, como lo es Arianne.

—¿Qué?

—Confiar en un idiota como tú.

Mantengo mi sonrisa de satisfacción.

—Este idiota salvará tu trasero, bonita.

ARIANNE

Al mediodía decido unirme al almuerzo con el resto de la familia Karlsson. No quiero ser descortés ni dejar una mala impresión. Lo correcto es evaluar el territorio enemigo porque, sin importar cuánto Asher intente convencerme de lo contrario, ellos no son mis amigos.

Cuando empujo las puertas dobles e ingreso, cada ojo me observa con impresión. El señor Karlsson solicitó mi presencia más temprano y no pude rechazarlo. El comedor es enorme como el resto de la mansión, con grandes ventanales que enseñan el bosque y una mesa que podría abarcar a más de veinte personas. Son una familia numerosa.

El apetitoso aroma de carne recién horneada, ensalada y ajo provoca que mi estómago haga un pequeño ruido que delata mi hambre. Me ruborizo, pero afortunadamente nadie comenta al respecto. Asher se pone de pie y desliza una silla a su lado.

—Gracias —susurro.

Él sonríe en respuesta. Su madre levanta una copa en mi dirección y bebe un sorbo mientras me siento, el resto de los Karlsson comen una vez que me acomodo.

—Me alegra que te hayas unido a nosotros —comenta Aria—. Puedes comer lo que quieras, querida. Siéntete como en casa.

El señor Karlsson me observa con una ceja enarcada. Andrew está encantado con mi presencia.

—¿Eres vegana o vegetariana? —pregunta con amabilidad—. Porque eso sería un problema ya que el menú está repleto de producto animal.

Niego.

—Me gusta la carne.

Suspira de alivio.

—¿Tienes alguna preferencia? Comemos de todo. —Sonríe.

No lo dudo. Los cubiertos son de cristal y acero inoxidable. La cantidad de comida que hay en la mesa podría alimentar a miles de personas: carne asada, tartas, lasaña, ensalada, langosta… pero al final me decido por las pastas con salsa.

Agarro una pequeña porción, pero Asher llena mi plato como si supiera que estoy siendo tímida. Después me sirve un vaso de zumo ante la atenta mirada de su familia.

—Gracias —musito, evitando a los demás.

Me guiña un ojo.

—No es nada.

Comemos en silencio durante varios minutos hasta que la señora Karlsson decide hablar.

—¿Qué tal tu noche, Arianne? —pregunta—. ¿Es de tu agrado la habitación que te asignamos?

Asiento mientras enredo las pastas en mi tenedor. Están deliciosas.

—Sí, dormí bien. Gracias por la atención.

—Es bueno que estés cómoda porque pasarás mucho tiempo aquí —informa—. No sabemos cuándo llegará al pueblo tu padre. Sus viajes duran un largo período, no tiene un trabajo fácil.

—Definitivamente no —concuerda su esposo—. Sus viajes alrededor del mundo son constantes, no permanece en el mismo lugar durante mucho tiempo. Ser cazador de La Orden es una responsabilidad muy grande.

La comida se siente ácida en mi boca con la conversación. No aprecio pensar que mi padre prefirió el trabajo antes que su familia.

—Criar a una familia también es una responsabilidad muy grande —digo con amargura.

El señor Karlsson rebana tres porciones de pan en la bandeja.

—Cuando escuches sus razones, entenderás muchas cosas.

Mis cejas se unen.

—¿Usted no puede decírmelo?

—No me corresponde —contesta y mastica un trozo de pan—. Pero estoy seguro de que nunca debes juzgar sin escuchar las versiones.

Como más de la pasta, pero no logro disfrutar su sabor. Me gustaría terminar esta conversación.

—¿Podemos comer en paz? —interfiere Asher y pone uno de sus brazos en el respaldo de la silla que ocupo—. Arianne ha tenido muchas revelaciones desde que llegó al pueblo y merece un descanso.

Axel apoya un brazo en la mesa y sonríe.

—No queremos asustar a la chica. —Bebe su jugo—. ¿Cómo era tu vida antes de venir aquí, Arianne? ¿Te gustan las fiestas?

Me siento aliviada por el cambio de tema. Hablar sobre mi padre me genera dolores de cabeza y malestar. Nunca tendré una buena opinión de él a menos que me hagan cambiarla, necesito conocerlo para juzgar.

—Yo… no suelo asistir a ninguna —respondo, encogiéndome de hombros—. Realmente no me importan.

Andrew hunde la cuchara en su sopa.

—Somos expertos en la diversión —asiente hacia Axel—. New Hope es un chiquero, pero tiene grandiosas fiestas que disfrutarás. Me encargaré de llevarte a todas antes de que regreses a tu aburrida vida de niña tímida.

Lo miro a través de la mesa y niego con una sonrisa. Mi prioridad es conocer más a fondo los secretos de mi familia, las fiestas ni siquiera están en mi mente.

—Lo aprecio, pero tengo otras ocupaciones —murmuro.

Me limpio los labios con una servilleta y me pongo rígida cuando choco con la mirada azul de Ashton. La frialdad en ellos me genera escalofríos. ¿Por qué me observa como si me odiara?

—Estaremos cerca si decides unirte —dice Axel.

Desvío mi atención de Ashton.

—Gracias, chicos.

—No eres nuestra prisionera, puedes ir al pueblo o salir a caminar —espeta el señor Karlsson—. No estás privada de tu libertad. Queremos mantenerte cerca hasta que llegue Josh porque es lo más adecuado, lamento si anoche te dimos otra impresión.

Sus palabras liberan algo de la carga que tenía sobre mis hombros. Mi intención era quedarme con Lily en la cabaña, pero el dinero no me durará por siempre. Aquí soy una invitada y Asher prometió llevarme con personas que podrían encontrar la ubicación de Theo.

Quiero darle el beneficio de la duda.

—Es muy gentil de su parte, señor Karlsson —musito.

—Eres hija de un gran amigo —dice—. Josh haría lo mismo si cualquiera de mis hijos se encontrara en una situación similar.

No hay dudas de que son leales el uno al otro. Me pone más tranquila que el señor Karlsson sea un hombre decente y empático. Me hace sentir segura, como su hijo Asher.

—Nosotros seríamos un grano en el culo que destruiríamos el mundo —masculla Axel en tono burlón—. Danos un poco de fuego y convertimos a New Hope en cenizas para descubrir la verdad.

Los hermanos se ríen a excepción de Ashton.

—Tocan a uno de los nuestros y están muertos —dice Asher.

Respeto que sean tan unidos y tengan lealtades incuestionables. Me pongo triste al pensar que Theo y yo compartimos la misma conexión de hermanos, su pérdida nunca dejará de dolerme.

—¿Recuerdan a Dixon? —Axel habla con entusiasmo—. El idiota que hicimos pedazos por hablar mal de Ashton.

—Oh, sí. Casi lo ahogamos en el lago. —Andrew suelta una carcajada—. El perdedor se mea en los pantalones cada vez que nos ve.

—¿Y por qué demonios no lo haría? —Asher gira los ojos—. Estuvieron a punto de matarlo.

—Ustedes son un grave problema —añade el señor Karlsson.

—Terminen la comida que se enfría —regaña Aria.

La mesa es un completo alboroto con conversaciones entretenidas y más anécdotas de los hermanos. Me río cuando hacen algún chiste malo o se burlan de ellos mismos. Nunca estuve en un ambiente tan… familiar y animado. La soledad es una gran amiga, pero fácilmente podría acostumbrarme a esto.

Recostada en mi habitación, exploro las redes sociales, donde encuentro el Instagram de Lily. Estoy en la obligación de explicarle por qué me fui de repente, no quiero que piense mal o se preocupe. Interactuamos muy poco, pero ella y Ethan son agradables, me gustaría volver a verlos mientras permanezca aquí.

Sigo a Lily en Instagram y después le envío un mensaje asegurándole que me encuentro en perfectas condiciones. Curioseo sus fotos con una pizca de envidia. Su vida está llena de amistades, aventuras, diversión, moda y amor. Dudo que haya pasado tragedias o el tipo de sufrimiento que no puedes soportar. Parece perfecta, pero necesito parar con mis prejuicios. La mayoría de las personas nunca se muestran como realmente son en las redes sociales. Esto podría ser solo una fachada.

Me creé una cuenta hace meses porque secretamente disfruto mirar cómo el resto del mundo vive una vida normal. Una realidad fuera de mi alcance y un sueño imposible. Muerdo mi labio cuando la dichosa red social me muestra como sugerencia a cierto licántropo de cabello oscuro y ojos avellanas.

@Asher_Karlsson Las fotos que comparte son de animales, el bosque, sus hermanos y muy pocos de él. Una en particular me quita el aliento: Asher sin camisa con los abdominales definidos y los tatuajes que relucen en su piel. Me atrevo a aceptar que no es solo su atractivo lo que me gusta de él, también su espíritu, porque me da la impresión de que no le teme a nada ni a nadie. Y quiere protegerme.

Mis dedos se deslizan por la pantalla y toco el estúpido corazón sin querer. Lo quito rápidamente, aunque es inútil. Lo verá en sus notificaciones y sabrá que estuve acosándolo.

Qué vergüenza. Qué tonta soy. Negándome a sentirme mal por una tontería, decido marcar el número de mamá. Sigo enojada con ella, pero nunca dejará de preocuparme. La amo con todo de mí.

—Anoche soñé que no volvías a casa —dice cuando contesta—. Llamé muchas veces y nunca respondiste.

Observo la ventana mientras presiono el celular contra mi oreja.

—Estoy bien, mamá. Fueron días intensos, de mucha investigación.

—¿Te llevaron a algún lugar?

—Por supuesto que sí, pero eso ya lo sabías, ¿no? Temías que viniera aquí porque descubriría lo que soy.

La habitación permanece en un silencio mortal, excepto el sonido de los pájaros a poca distancia.

—¿Y qué eres, Arianne?

El pesado sonido de mi pulso palpita mientras admito algo que suena irreal incluso para mis oídos:

—Druida y licántropo, no soy completamente humana.

La respuesta de mamá es tajante.

—No.

—¿Por qué me mentiste, mamá? ¿Le temías a esto? Al principio tal vez me hubiese costado aceptarlo, pero jamás te odiaría. No importa lo que hagas.

—Sí importa, cielo. Esa no es la única verdad que omití, te falta tanto por saber y aprender.

—Puedes decírmelo.

Oigo su respiración temblorosa y puedo jurar que siento su miedo.

—Jamás lo haría por teléfono.

La rabia hace hervir mi sangre por culpa de su actitud, es una cobarde.

—No regresaré a Chicago.

—Lo sé, no era mi intención insistir. Sé que estás a salvo con los Karlsson. —Mi corazón frena sus latidos—. Aiden es un gran hombre.

Mis nervios crepitan, mi corazón martilla debido a la conmoción.

—¿Cómo sabes que estoy aquí? —Fuerzo las palabras a pesar de que cuestan.

—Oh, mi niña. Me hubiese encantado decirte tantas cosas, pero nunca fui lo suficientemente valiente. —Se quiebra—. El día que descubras el secreto solo recuerda lo mucho que te amo.

—Mamá…

Tose y el sonido me alarma. Es como si luchara para recuperar el último gramo de su aliento. ¿Está enferma? Es imposible.

—Debo colgar, Arianne, pero me ha puesto muy feliz saber que encontraste tu destino. Te amo.

La conversación termina. El dolor y la tristeza se aferran a mi corazón como un fiel recordatorio de que los secretos aún no terminaron. Lo que más me genera impotencia es que mamá nunca me lo dirá directamente a la cara.

Yo tengo que unir por mi cuenta las piezas del puzle. Siempre sola.

Mi celular suena indicándome que tengo dos nuevas notificaciones de Instagram, pero una en particular me roba una sonrisa.

@Asher_Karlsson ha empezado a seguirte.

Oh, mierda.

Y como me encantan los problemas, también decido seguirlo.

Ir a la siguiente página

Report Page