Dulce maldad
Dulce maldad » 17. Arianne
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Me reúno con el señor Karlsson en su oficina. Él aseguró que no le corresponde decirme ciertas cosas, pero no pierdo nada con intentarlo. Tal vez me ayude a entender un poco más las razones de mamá para preferir el silencio.
—Adelante, Arianne —murmura—. ¿En qué puedo ayudarte? Siéntate, por favor.
Me aclaro la garganta y me siento frente a él.
—Hablé con mi madre hace dos horas y aprueba que esté aquí.
Una sonrisa se apodera de su rostro.
—¿Cómo te sientes sobre eso?
Pongo las manos en mi regazo.
—Más tranquila. ¿Cómo se conocieron?
—Directa al grano —murmura—. Tienes mucho de tus padres. El físico y los ojos de Aimeé, pero tu actitud desafiante es la misma que tenía Josh. Nunca medía lo que pensaba y lo decía en voz alta sin importar las consecuencias, le encantaba romper las reglas.
Aún no me acostumbro a que hablen de mi padre con libertad, fue un misterio gran parte de mi vida.
—¿Rompió las reglas al estar con mi madre?
Suelta una carcajada.
—Rompió todas —dice con énfasis—. Siempre supe que no le importó mucho porque estaba perdidamente enamorado de Aimeé.
La amargura sube a mi garganta.
—Estaba tan enamorado que la abandonó. —Resoplo.
Arquea una ceja.
—Nunca la abandonó. Estuvo pendiente de ella a pesar del peligro que eso podría implicar. —Libera un largo suspiro—. Y si tomó la decisión de alejarse, fue porque tu madre así lo quiso.
Sus palabras son suficientes para que la confusión se agite en mi interior.
—¿Qué tanto sabes de mi familia?
—Sé hasta cómo inició todo, pero…
—No dirá nada porque no le corresponde —interrumpo.
Su sonrisa se profundiza y asiente.
—Exacto, pero puedo contarte pequeñas anécdotas que me confirman cuánto te adoran. Tus padres estaban tan felices de que vinieras al mundo, fuiste amada antes de nacer, Arianne. —Toma una pausa, sus ojos me evalúan—. Los sacrificios que hicieron fueron para ti y vas a entenderlo.
Mis manos se hacen puños en el borde de mi falda.
—¿Cuándo será el momento?
Se frota la mandíbula.
—Tu padre estará aquí las próximas semanas. No puedo decirte con exactitud cuándo será, pero vendrá y escucharás su versión, que será sincera.
—¿Cómo está tan seguro?
—Porque tenemos una amistad que supera los cien años. Lo conocí cuando apenas era un idiota que no sabía qué hacer con su vida. —Ríe con nostalgia—. Aimeé llegó para darle un poco más de sentido, pero también lo complicó por quién era.
Mi estómago se hace nudos.
—¿Quién era?
—Sabía que harías esa pregunta —recalca con los codos sobre la mesa—. Supongo que te haces una idea de que su pasado no fue nada fácil o feliz.
Asiento.
—Su familia la rechazó y controlar sus poderes casi le costó la vida. Recuerdo que estuvo a punto de incendiar los bosques de Irlanda. —Niega—. El fuego era su enemigo, pero ella definitivamente amaba la tierra.
Una niebla de tensión me invade mientras pienso en mi conexión con el fuego. El fuego saltó en mi defensa cuando el vagabundo quiso asaltarme y muchas de mis pesadillas son sobre incendios mientras mamá intenta protegerme. Ahora estoy segura de que yo los provoqué.
—Sus traumas no le permitieron conectar nunca con las llamas. Ella estaba aterrada cada vez que lo invocaba y no podía apagarlo. —La voz de Aiden me regresa a la realidad.
Me imagino que los eventos traumáticos le hicieron odiar sus habilidades. ¿Su pasado también es una razón que tuvo para que durmiera mi lado licántropo?
—¿Y mi padre cómo llevaba la situación?
La nostalgia cubre los rasgos de Aiden.
—Él era un gran soporte cuando Aimeé perdía el control. La apoyó y siempre estuvo en los tiempos más oscuros. Eran la pareja perfecta.
Miro la foto matrimonial en el escritorio. Aria vestida de novia y abrazada a su esposo.
—No pueden estar juntos —susurro.
—No —dice Aiden—. Hubo muchos factores que fueron una piedra en el camino.
El peso de sus palabras se hunde en mi corazón como una dolorosa decepción.
—¿Te refieres a los poderes de mi madre o al hecho de que alguien la persigue?
Frunce el ceño.
—¿Cómo llegaste a esa conclusión?
Me encojo de hombros.
—Mi madre y yo nos mudamos más de cincuenta veces desde que tengo memoria —mascullo—. No le gusta acercarse a las personas y actúa como si el resto del mundo fuera un monstruo. No confía en nadie, ni siquiera en ella misma.
Fue difícil aprender a convivir con una madre que le tiene fobia a la sociedad. Siempre la he visto de esa forma. Jamás quiso relacionarse con nuestros vecinos y prefiere los lugares aislados antes que las ciudades. No me dio la oportunidad de entablar amistades, me encerró en una jaula.
—Aimeé es una mujer precavida.
—Tanto que prefiere mantenerme en la ignorancia.
Se reclina en su silla.
—No apruebo que te haya mentido sobre tu licantropía, el hechizo no durará por siempre.
Parpadeo.
—¿Hechizo?
—Durmió lo que eres gracias a sus conocimientos. ¿Tomabas algo a menudo? Hierbas, tés…
La bombilla se enciende en mi cabeza.
—Un licuado de frutas con hierbas, casi todos los días.
Se limita a sonreír.
—No la he visto en casi veinte años, pero recuerdo a la perfección cómo es. Tan sabia y astuta. —Me observa con la atención de un halcón—. La hierba se mezcla con tu sangre y esencia. Es un conjuro que camufla tu aroma de criaturas sobrenaturales, un escudo al igual que tu amuleto.
Enderezo mi postura al mismo tiempo que muevo los dedos incómodamente en mi regazo. A la voz maliciosa le encanta restregarme que mamá manipuló mi vida como quiso y yo nunca me hubiera dado cuenta si no le ponía límites. ¿Dónde estaría si seguía creyendo en sus palabras? ¿Atrapada en esa cabaña como si fuera una jaula? ¿Resignada sin descubrir las verdades que ocultan la muerte de Theo? ¿Sin defensas cuando ese alguien a quien tanto le teme nos atrape?
Tengo poderes. Y quiero usarlos como una herramienta, como un arma.
—Sé que cambiaré de forma tarde o temprano.
—La luna hará su llamado y tú responderás. —Su semblante es serio—. Estás en una casa llena de licántropos y te ayudaremos en lo que sea posible.
—Tengo miedo —admito.
Cuando sonríe no puedo evitar pensar que es idéntico a Asher, una versión mayor de su hijo.
—Es normal estar asustada —dice—. No es un proceso ligero, pero eres la hija de Josh y Aimeé. Sobrevivirás.
No hace que me sienta mejor.
—Agradezco su hospitalidad y amabilidad. Me ha dicho más de lo que mi madre está dispuesta.
—Lo correcto es que camines sin los ojos vendados.
Un nudo agudo se aloja en mi pecho.
—Gracias.
—Si hay algo en lo que pueda ayudarte, no dudes en decírmelo.
Me levanto.
—Por supuesto. Tenga un buen día, señor.
—Lo mismo, Arianne.
Cierro la puerta al salir y siento un peso menos en mis hombros. Mamá dijo que confía en los Karlsson y yo también, aunque me mantengo cautelosa. No quiero otorgarles mi confianza y luego decepcionarme. Algo muy común que sucede en mi vida.
Al doblar en una esquina, veo a la señora Karlsson con una taza de té en su mano. A diferencia de su esposo, sus ojos azules destellan de hostilidad y aprensión. No le agrado, probablemente me vea como una intrusa en su casa.
—Buenas tardes, señora Karlsson —saludo.
—Buenas tardes. —Su respuesta es seca y avanza sin echar otro vistazo.
No le gusta que esté aquí, definitivamente.
—Hey, Arianne. —La voz de Andrew me hace parpadear—. Únete a nosotros para ver una buena película. Tenemos cerveza, refresco y palomitas dulces.
El olor a azúcar quemado trae un exquisito aroma a mis fosas nasales. Andrew sostiene un bol de palomitas en sus manos y me sonríe. Es tan humano que nadie creería que tiene dos naturalezas.
—Eso suena muy normal, me encantaría. —Sonrío.
Frunce el ceño.
—¿Muy normal? ¿Creíste que somos bestias sin razonamiento?
Me siento tonta por mis prejuicios.
—No tengo el mejor concepto de los licántropos.
—Oh. —Andrew asiente mientras nos dirigimos hacia el ruido de donde proviene la televisión—. El primero que viste fue un monstruo, pero nosotros somos como cualquier ser humano. La única diferencia es que podemos cambiar de forma. Somos abogados, médicos, vamos a universidades y también follamos.
Arrugo la nariz.
—Gracias por aclarar mis dudas. Eres un encanto.
Me guiña un ojo.
—Puedo enseñarte otras cosas que te demuestran lo normales que somos.
Lo golpeo en el hombro.
—Eww… no.
Una carcajada brota de su pecho. Es fuerte y desinhibida. Atrae la atención de sus hermanos cuando nos reunimos con ellos en la sala. Asher está concentrado en su celular, pero una amplia sonrisa forma sus labios cuando percibe mi presencia.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunta, interesado.
Me acomodo a su lado porque es el único lugar disponible. Ni loca me siento cerca de Ashton. Ese chico me asusta.
—Arianne creía que vivíamos como los jodidos Picapiedra. —Se burla Andrew.
Pongo los ojos en blanco.
—No me esperaba la mansión, ni una vida tan lujosa para personas que son parte animal.
Ashton resopla a mi izquierda. El cigarro entre sus dedos me hace asfixiar a causa del humo desagradable. ¿Acaso a sus hermanos no les molesta? Con mi sentido del olfato, el aroma es más fuerte.
—Tú también eres parte animal, bruja —dice.
Lo miro boquiabierta.
—¿Bruja? ¿Perdón?
Sus hermanos se ríen a excepción de Asher.
—Ya, cállense todos y veamos la película. —Enciende la televisión y escoge una clásica película de terror: La casa de cera—. Sean amables con Arianne, ¿bien? Es nuestra invitada.
Me muerdo el labio y me concentro en observar la TV plana en la pared. Aún estoy avergonzada por darle me gusta a su foto en Instagram. Tonta, Arianne.
Las palomitas crujen en la boca de Axel cuando habla.
—¿Escucharon, chicos? El Alfa habló y pide respeto para su compañera.
Mi corazón toca mis costillas mientras el resto de mi cuerpo cosquillea a causa de los nervios. ¿Qué ha dicho? Asher le lanza una almohada en la cara y Andrew suelta una carcajada.
—Cállate, imbécil —advierte Asher—. Si no vas a ver la película, vete a la mierda y no molestes.
Axel levanta la mano en alto, Ashton le da otra calada al cigarro y el humo llega a mí. Toso y me acerco un poco más a Asher, disipando cualquier distancia entre nosotros.
—Silencio, chicos, o nunca empezaremos —dice Andrew.
Afortunadamente nadie vuelve a hablar y la película empieza con un raro evento de una familia. Ya la he visto antes, pero sigue provocándome escalofríos como la primera vez. ¿Por qué los personajes son tan tontos? ¿Cómo se les ocurre ir con el primer extraño que ofrece ayuda?
Aunque pensándolo bien, soy la menos indicada para juzgar. Hice lo mismo con Aulus y vine al pueblo sin la menor idea de nada. Confié en una familia y estoy en la casa de unos desconocidos, pero ellos no tienen los rostros desfigurados como Vincent y tampoco hay esculturas de cera en la Fortaleza. Cuando la primera víctima cae, me estremezco al ver la pérdida de sangre y mi cuerpo se presiona contra Asher.
—¿Asustada? —pregunta y come un puñado de palomitas.
Niego.
—Conduje más de veinticuatro horas en una carretera desierta y me defendí de un ladrón, esta película tonta no me asusta.
—Shhh —me regaña Axel—. El próximo que hable se irá.
Le saco la lengua y los hombros de Asher se sacuden mientras ríe.
—Ya, lo siento.
Andrew me ofrece una lata de Sprite y la acepto con una sonrisa. Él definitivamente es mi favorito de sus hermanos, ha sido más que amable y acogedor conmigo. Que haya salvado mi vida le suma puntos.
—Gracias. —Sonrío.
Me guiña un ojo como respuesta.
—¿Por qué siempre mueren los que se detienen a tener sexo? —se queja Axel—. En todas las películas sucede lo mismo.
Ashton bebe un trago de cerveza y le responde.
—Apuesto a que tú serías ese tipo de personaje en una película, y no sobrevivirías por lujurioso.
—Oh, cállate, imbécil —responde el rubio.
—No me digas que vas a ofenderte si es la verdad —añade Andrew—. Piensas más con la cabeza de abajo.
Suelto una risita que capta la atención de Ashton y arquea una ceja. Él sería el chico rebelde de la película que no confía en nadie, un superviviente.
—¿Quieres que saque tus trapos sucios también? —advierte Axel.
—¿Podemos ver la jodida película o no? —gruñe Asher.
Su orden es suficiente para que el resto no vuelva a hablar y miramos la película los siguientes minutos. Por supuesto que el silencio no dura mucho ya que comentan lo que piensan al respecto o cuán estúpidas les parecen las acciones de ciertos personajes. Yo tampoco me quedo atrás, mi favorito es el chico rudo que se enfrenta a todos sin miedo. Siempre he querido ser así.
Compartimos palomitas, más refrescos y dulces. Me detengo un segundo para contemplar a Asher y me encuentro con la sorpresa de que sus ojos están sobre mí, haciéndome sentir más nerviosa que nunca. Soy consciente del calor que emana su piel, cómo su pecho se eleva con cada respiración, sus labios…
El tiempo se congela y en ese instante solo somos dos personas en la sala. Un chico y una chica.
—Bueno, búsquense una habitación —dice Axel.
La tensión se rompe y en ese instante desearía que la tierra se abra para que me trague completa. No me atrevo a mirar al resto excepto a Asher que tiene los labios apretados en una sonrisa.
Oh, dioses…
—No me quedaré a ver el final. —Me levanto avergonzada—. Ha sido un día largo y quiero descansar.
—Buenas noches —se despide Andrew mientras los demás continúan con la película.
Salgo de la sala oscura y suelto una bocanada de aire. Mi reacción es normal en una adolescente inexperta, nunca estuve cerca de chicos tan hermosos como Asher. Nadie puede culparme porque me guste, ¿o sí?
Estoy en las escaleras con dificultad para respirar cuando Asher me atrapa el brazo y me obliga a mirarlo. Su ceño fruncido examina mi cara confundida.
—¿Estás bien? —pregunta.
—Sí… estoy agotada mentalmente y me gustaría dormir.
Me suelta de inmediato y pone las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.
—Por supuesto —dice en tono suave—. Venía a darte buenas noticias, pero no hay problema si prefieres esperar hasta mañana.
—¿Qué? ¡No! Dímelo, ya que estás aquí.
Sus ojos son ilegibles.
—Chica terca.
Mi rostro acalorado arde más.
—¿Y bien? —presiono—. No me dejes con la intriga.
Asher toca la barandilla de la escalera y baja la barbilla para observarme.
—Lewa aceptó vernos mañana temprano.
—¿Quién es ella?
—Unas de las mejores sacerdotisas vudú que conozco —contesta.
Presiono una mano en mi pecho.
—¿Podremos hablar sobre Theo?
Los labios de Asher se curvan.
—Esa es la idea.
Mis brazos lo rodean antes de que pueda detenerme y Asher me sostiene con una mano en mi cintura. Estoy tan eufórica que no planeé ese movimiento, pero no me arrepiento. Estar así con él es… reconfortante, como el sol en una mañana de invierno.
—Gracias por todo.
—Deja de hacer eso.
—¿Qué?
—Darme las gracias por cualquier cosa que hago por ti.
Sus ojos queman los míos, manteniéndome suspendida como una idiota en sus brazos. Me aparto torpemente al sentir lo cerca que están nuestros cuerpos, cada célula cobra vida por su cercanía.
—Es lo mínimo que puedo hacer —musito con un suspiro—. Es la primera vez que alguien me ayuda sin pedir nada a cambio.
Se rasca la nuca.
—Ve a descansar, Arianne. Mañana nos iremos muy temprano.
—De acuerdo. —Subo un escalón con cuidado y lo miro sobre mi hombro—. Buenas noches, Asher.
La sonrisa regresa a sus labios.
—Buenas noches, bonita.