Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 18. Asher

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Me despierto temprano antes de que lo haga mi familia. No le comenté a papá que llevaré a Arianne con la sacerdotisa porque no lo aprobaría. Muy pocas veces recurrimos a los servicios de Lewa, solo cuando es un asunto urgente.

Ella es respetada en el pueblo, pero también muy cuestionada. La gente la acusa de ser una charlatana que dice tonterías a cambio de dinero y muchos humanos no creen en sus predicciones, lo cual es comprensible; ellos nunca se adaptarán a un mundo donde existe la magia.

Algo que me resulta curioso es que Lewa no pudo encontrar al asesino que causa estragos en New Hope. Según ella, los dioses no la ayudarán por una razón. ¿Cómo es posible que los dioses no le permitan ver quién es? Quizás sí tiene algo de charlatana después de todo.

Llevar a Arianne con ella es la mejor idea, o tal vez la peor. No quiero que se haga falsas ilusiones, pero ya es tarde. Le di mi palabra de que la vería. Anoche fue tan satisfactorio recibir su abrazo y una sonrisa como agradecimiento. Me gusta saber que ella se siente protegida a mi lado.

No la conozco con exactitud, pero tiene valor. Se atrevió a dejar su casa y vino en busca de lo que quiere. Nadie la hará cambiar sus creencias, Arianne confía en sus instintos y sé que pronto explotará su potencial. Solo necesita un pequeño empujón.

Camino hasta su habitación cuando mi madre me intercepta. Con la bata y el cabello rubio perfectamente peinado, luce como si no se hubiese quitado el maquillaje para dormir. Mantiene la elegancia en cualquier ocasión.

—¿Podemos hablar un momento, cielo? —pregunta con suavidad.

—Claro.

Hace un ademán hacia su oficina y la sigo sin protestar. Arianne ya está despierta, la oigo moverse en su habitación y sonrío. Supongo que la ansiedad no le permitió dormir demasiado, como me sucedió a mí.

—Necesito saber qué hay entre tú y nuestra huésped. —Mi madre no me da tiempo de sentarme, suelta la bomba de golpe—. Porque son muy cercanos, ¿no? Te he notado sobreprotector con ella.

Mi mirada se vuelve fría.

—¿Y cuál es el problema si así fuera?

—Ella es peligrosa, su madre también lo es y todo su maldito linaje —dice en su tono entre afable y molesto—. Gracias a la diosa Luna no es tu compañera porque no lo soportaría.

La rabia hace que mi cuerpo se ponga rígido y a la defensiva.

—Hablas como si la conocieras muy bien.

Su voz es dura y acusadora.

—Por supuesto que lo hago. Ella es hija de Aimeé Lane y he visto a esa mujer quemar una aldea. Ni hablar de su… —Se calla, como si estuviera arrepentida por las cosas que acaba de decir.

—¿De quién hablas, mamá?

Niega con la cabeza.

—Ella es muy hermosa y tiene todas las cualidades que atrae a un chico como tú. No conoce tu pasado y tampoco le asustan las cosas que piensan de ti.

El enojo emerge al recordar que esas mismas palabras fueron dichas por mi amiga.

—Suenas igual que Julianne.

—Porque ambas tenemos razón. —Me sostiene la mirada—. Tu vida es importante y no es justo que la arriesgues por alguien como ella, no sabes la gran responsabilidad que significa enredarte con la hija de Aimeé.

La irritación mueve un tic en mi mandíbula.

—¿Y tú sí sabes? ¿Por qué no me lo dices?

—No te advertiría si no supiera cuán peligrosa es. —Hace una pausa—. Espero que superes tu capricho cuando se vaya de la Fortaleza. Hay chicas mejores que ella y no resultan un peligro.

—Soy un adulto, no necesito tu permiso para poner mis ojos en una chica.

No deja que mi tono abrupto la perturbe, se mantiene erguida y sin retractarse de sus palabras.

—Me darás las gracias con el tiempo.

—Esta conversación es patética al igual que tu falta de empatía. Su hermano fue asesinado por un licántropo, no supo quién era hasta que llegó al pueblo y se siente sola. ¿No te pusiste a pensar por un segundo que somos los únicos que podemos ayudarla?

—Ella no es nuestro problema.

—El mío sí. —Le sostengo la mirada—. Ten la decencia de ser empática por una vez en tu vida.

—Asher…

—No, mamá. No volveré a tener esta conversación, te lo advierto —gruño—. Preocúpate por ti misma que tu aprobación es el menor de mis intereses.

Cierro la puerta con brusquedad y sacude las paredes. Me froto el rostro para calmar esta ira latente que pulsa en mis venas, no puedo creer sus actitudes. Desde que llegó Arianne disimuló su disgusto, pero ahora sus modales desaparecieron. ¿Por qué le molestaría tenerla aquí? Ari es tan dulce.

Después de calmarme, la busco en su habitación y toco la puerta. Me preocuparé por mamá después, la visita que le haremos a Lewa ya no puede esperar.

—Hola. —Ari me recibe con una sonrisa—. Estoy lista.

Es difícil respirar cerca de ella, más cuando luce tan increíblemente hermosa con el cabello suelto y sus grandes ojos verde esmeralda. Mirarla podría convertirse en mi deporte favorito.

—Iremos en mi motocicleta —murmuro, y avanzo mientras me sigue.

—¿No te cansas de conducir esa cosa?

Sonrío.

—Me gusta sentir el viento golpear mi cara, no me aburriría.

—¿Le has puesto un nombre? —inquiere.

—No. ¿Quieres sugerir uno? —Bromeo.

Wow… —Se posiciona a mi lado—. Creí que eras el tipo de chico que le pone nombres a sus objetos valiosos.

Pongo los ojos en blanco.

—Mi motocicleta es especial, pero no llegó a ese punto.

Su risita llena el espacio silencioso de la sala.

—Podrías llamarla Amanda o algo parecido. Le queda bien —dice—. Tiene la A que tanto ama tu familia.

Se me escapa una carcajada.

—Tu madre comparte la misma obsesión, se llama Aimeé y tú Arianne.

Se encoge de hombros.

—Simple coincidencia.

—Ajá.

Llegamos al garaje donde mi motocicleta está estacionada. Arianne se pone el casco sin que le ordene mientras rebusco la llave en mi bolsillo.

Una vez que ambos nos acomodamos, arranco directo al pueblo.

Voy a una velocidad mínima solo para disfrutar la sensación de sus brazos en mi cuerpo y su mejilla en mi espalda. Huele tan bien que es inevitable no imaginarla en otros escenarios indecentes donde tengo el placer de probarla.

Concéntrate, Asher.

Me trastorna, no puedo dejar de pensar en ella desde que llegó al pueblo y siento que hay un vínculo entre nosotros. Mi lobo sigue perezoso, pero está a gusto con su presencia. Quiere asomarse y acariciarla como yo.

—Un lugar tan bonito y podrido —habla Arianne.

—Sabemos mantener las apariencias —respondo y miro un segundo el espejo retrovisor.

Sus dedos aferrados a mi chaqueta tocan mi estómago y siento cómo se calienta mi abdomen.

—¿En todos estos años no pudieron sospechar de alguien? Es imposible que no encuentren un culpable en un pueblo como este.

Frunzo el ceño mientras miro la carretera llena de hojas.

—Sospechamos de alguien, pero no hay pruebas —expongo—. La otra manada de New Hope no es confiable.

—¿Qué otra manada?

Dudo antes de contestar.

—Los Persson.

Noto el momento exacto en que su cuerpo se vuelve completamente tenso. Algo cambia en ella.

—¿Aulus Persson?

Al oír ese nombre, me estremezco y freno de golpe en la carretera. Arianne chilla mientras el humo que suelta el caño de escape nos invade y se quita el casco. Me bajo de golpe, la intriga me carcome.

—¿Cómo demonios conoces a Aulus? —inquiero—. ¿Dónde escuchaste su nombre?

Me mira con ojos amplios y aterrorizados.

—Mi… madre me advirtió sobre él —balbucea—. Dijo que es peligroso y no quiere que me acerque a ese hombre.

Maldigo mientras miro el amplio bosque frente a nosotros.

—¿Lo has visto en persona?

Arianne se abraza a sí misma.

—Cuando fui con mi madre al supermercado. Ella estaba asustada de él y me hizo jurar que nunca me acercaría. —Traga saliva y carraspea—. La segunda vez que lo vi me encontró en un callejón. Fui asaltada y usé el fuego por accidente; me preguntó si era la primera vez que jugaba con fuego.

La rabia es cruda e impotente por la realidad que esto implica. Mi padre tenía razón, necesitamos proteger a Arianne porque querrán buscarla para cumplir sus objetivos malévolos. Dudo que las intenciones de Aulus sean buenas. Ese monstruo busca algo de ella y necesito saber qué es.

—¿Qué más te ha dicho? —presiono.

Ari está sin aliento.

—Me dio su dirección y aseguró que sabría la verdad si lo buscaba. ¿Qué hay de malo con él?

Mi cólera se expande ante la incapacidad para determinar con quién más estoy enfadado. Con Aulus o con Arianne por no mencionar esto antes.

—Aulus es todo lo que está mal en el pueblo —le digo tajante—. Creemos que él y su manada mataron durante años a mujeres y niños. Ellos son los principales sospechosos.

Se tambalea, con la preocupación palpable en su rostro. Calmo mi ira y me recuerdo que ella no tiene la culpa de nada. Es ingenua y Aulus se aprovechó de su desesperación.

—Estuve a punto de confiar en un asesino —susurra.

Suspiro.

—No hay pruebas aún.

Tira de su amuleto sin soltarlo.

—Es un psicópata porque mi amuleto me lo advirtió, no lo busqué por esa razón.

Mierda… Me pone enfermo pensar en todas las barbaridades que podría haberle hecho si Ari hubiese ido a la manada Persson. ¿Y si se convertía en otra chica desaparecida? Probablemente nunca la encontraríamos como al resto de las víctimas.

—Y no lo harás —advierto—. No te acercarás a él bajo ninguna circunstancia, no sabes de todas las cosas atroces que está siendo acusado.

—No entiendo qué quiere de mí.

Miro la hora en el reloj que adorna mi muñeca.

—Lo averiguaremos pronto. Te juro que esto no se quedará así. —Señalo mi motocicleta—. Ahora tenemos que ir con Lewa, el tiempo se acaba y ella no es paciente.

Estaciono mi motocicleta en un garaje cercano cuando llegamos y exploramos el mercado. Arianne observa con curiosidad cada objeto mientras nos dirigimos al puesto de la sacerdotisa Lewa Pogba. Emigró de Haití y practica una de las religiones más antiguas del mundo: el vudú.

Su reputación es mala porque la gente tiene prejuicios. Muchos han utilizado el vudú para fines malignos, he oído casos donde hay sacrificios de animales y humanos de por medio. El principal objetivo de esta religión siempre fue ayudar, pero muchos corrompieron su magia. Incluso en las películas de Hollywood lo hacen ver de esa forma.

El barrio del pueblo está lleno de actividad. Es un lugar vibrante y colorido, algunos músicos tocan en una esquina y los vendedores nos ofrecen baratijas, pero no compramos nada. Quiero ver a Lewa de una vez. Me intriga saber qué dirá.

—Tenía trece años cuando vine por primera vez a New Hope —comenta Arianne a medida que caminamos entre la masa de gentío—. Mi madre un día simplemente recogió nuestras cosas sin dar explicaciones y dijo que iríamos de campamento a un pueblo maravilloso.

Mis cejas se juntan mientras estudio su rostro. Aún sigo nervioso por la revelación de que Aulus estuvo buscándola. Sospecho que sus poderes tienen mucho que ver. ¿Qué otra cosa Arianne tiene para ofrecer además de sus habilidades?

—¿Recuerdas lo que hicieron? —indago.

—Un poco —responde Arianne—. Mi madre estaba muy ansiosa y rara. De hecho, el viaje fue en vano.

—¿Por qué?

—No hicimos nada. Ella nos hospedó en una cabaña y desapareció por horas —musita. Algo parpadea en sus rasgos, está afligida—. Mi hermano y yo estábamos muy angustiados así que decidimos salir a buscarla en el bosque durante la noche de luna llena.

Dioses… Ya sé qué siguió después.

—Fueron atacados por el lobo —asumo.

Asiente.

—Mi madre apareció en la comisaría muy destrozada. —Se quiebra—. Gritó el nombre de Theo y me preguntó qué sucedió, pero no pude ser capaz de responderle. Estaba en shock.

Cierro los ojos como si el dolor fuera mío y la atraigo a mi cuerpo para darle consuelo. Fue un caso que no olvidaremos en mucho tiempo: Theo, el niño desaparecido como muchos en New Hope y sin rastros de su cuerpo. Recuerdo a mi padre muy aturdido y dolido. Hizo muchas llamadas ese día, movió a las autoridades y les exigió que encuentren al niño. Desafortunadamente, Theo nunca apareció, pasaron cinco años y el caso sigue en las mismas instancias.

—Lamento que hayas pasado por eso.

Me da una sonrisa temblorosa.

—Todo se puso muy raro después de la muerte de Theo. Permanecimos un mes aquí, pero su cuerpo no apareció. Mamá dijo que debíamos volver a Chicago. —Su voz está llena de pesar y tristeza—. Estaba muy molesta con ella, no podía creer que renunciara tan rápido.

Mi pecho se encoge al ver su rostro cargado de agonía. Ella se pone triste cada vez que habla de Theo y la entiendo. No soportaría si algo malo les sucede a mis hermanos. A veces tenemos nuestras diferencias, pero haría cualquier cosa por mi familia.

No volvemos a hablar porque no hay palabras que puedan consolarla. Nos dirigimos a una zona ruidosa con más personas que tratan de vendernos sus mercancías. Veo muchos colores en las residencias, velas para oraciones y figuras de santos. Me detengo frente a una puerta y chirría cuando la abro, mientras la pequeña mano de Arianne se entrelaza con la mía y por un momento me olvido de cómo respirar.

—¿Tienes miedo? —le pregunto.

—Este lugar es escalofriante.

Aprieto su mano y seguimos avanzando.

—Estoy a tu lado, nada malo va a pasarte.

Siento sus ojos sobre mí, pero hago de cuenta que no lo noto. La habitación es una especie de cueva repleta de velas. Hay varias plantas con macetas y en la pared se encuentra tallada la imagen de un santo que desconozco. El incienso nubla la habitación, el polvo se asienta ante la falta de luz.

—Asher Karlsson —dice una voz suave y gentil—. Estaba esperándote. ¿Cómo estás?

Una presencia sale de las sombras y beso el dorso de su mano. La sacerdotisa Lewa Pogba, conocida como Mambo Lewa, es una mujer sabia y amable. Está vestida con una túnica marrón y blanca que roza el suelo. Su piel es oscura al igual que sus ojos. Su cabello es largo con rastas que llegan hasta su cintura, las argollas adornan sus orejas y varios anillos sus dedos.

—Es bueno volver a verla, Mambo Lewa. —Suelto su mano—. Gracias por acceder a vernos.

Sus cejas oscuras se arquean cuando mira a Arianne.

—¿Quién es esta dulce chica? —pregunta.

—Soy Arianne Laroux, es un placer conocerla. —Ari extiende su mano, pero Lewa no acepta—. Uh… vinimos aquí porque necesitamos sus conocimientos para encontrar a alguien.

Retiro lo dicho. Lewa solo es amable con algunos clientes.

—¿Vivo o muerto? —cuestiona la sacerdotisa.

Arianne exhala.

—No lo sabemos con certeza. —Su voz suena asustada—. Está desaparecido desde hace cinco años. Se llama Theodore Laroux.

Lewa no muestra ni una pizca de compasión.

—¿Qué darán a cambio de mis servicios? ¿Si saben que Legba pide un precio para dejarlos hablar con los Loa?

Carajo, olvidé mencionar esa parte. ¡Mierda! Papa Legba es un dios supremo del vudú haitiano que actúa como guía entre los sacerdotes y el mundo espiritual. Solo él puede darnos acceso a los Loa, espíritus que tienen muchos conocimientos. Siempre pide algo a cambio de su valiosa ayuda. A veces son tonterías como cigarrillos, licores y hasta flores, dependiendo de cuán costoso sea el favor.

—El precio lo discutiremos después —refuto, sonando firme—. Vamos, Lewa, nunca te negaste a ayudarnos.

Sacude la mano cubierta de pulseras y accesorios extraños.

—Eres afortunado porque me agradas, Asher.

Sonrío.

—Estaré eternamente agradecido. —Beso de nuevo su mano y el gesto la complace.

Lewa asiente e indica que nos sentemos en dos sillas cerca de la mesa repleta de velas y rosas negras. En la pared veo un pequeño muñeco vudú con su cuerpo atravesado por agujas. Calaveras, murciélagos muertos y una gallina viva que picotea maíz, todo muy encantador. También hay una bola de cristal en la mesa con cartas de tarot.

—Lo que puedo hacer es un hechizo de rastreo —murmura Lewa y sostiene una hoja afilada mientras mira a Arianne—. Al ser un familiar tuyo, necesitaremos una gota de tu sangre que nos guiará directo al desaparecido.

El rostro de Ari florece con esperanza.

—Por supuesto, hagámoslo.

Aprieto los labios ante el comentario y aparto los ojos hacia una pared. No me equivoqué cuando deduje que Arianne es una presa fácil, caerá ante la primera promesa que le haga cualquier depredador. Con más razón debo protegerla.

—Bien —dice Lewa con satisfacción, y la miro—. Permíteme, niña.

Toma la mano de Arianne y pincha el cuchillo en su palma. Cuando la gota de sangre cae en un pequeño bol con agua, se mezcla, volviéndose de un tono más oscuro.

—Hagan silencio, no pronuncien ninguna palabra porque sería un insulto a Legba —ordena la sacerdotisa.

Nadie habla, Arianne presiona la mano contra su pecho sin ninguna mueca.

—Tu servidora más fiel viene a ti humildemente en busca de un favor, Legba —empieza Lewa con respeto—. Por favor, abre la puerta para mí y permíteme ver dónde está Theodore Laroux. Te daré las gracias cuando regrese y seguiré leal como siempre.

Repite las oraciones una y otra vez. Balbucea un idioma que desconozco mientras sus hombros tiemblan y su boca se tensa. Los ojos de Arianne se abren en absoluto horror y reprimo el impulso de reírme, está aterrada.

—Por favor, Legba. Muéstranos una señal. Dime dónde está Theodore Laroux… —suplica Lewa y junta sus palmas—. Legba, estoy a tus servicios.

Los ojos de Lewa se vuelven blancos y lanza su cabeza hacia atrás en un grito aterrador que me pone los vellos de punta. La gallina en la esquina se altera con ella y aletea en el espacio reducido. Arianne me sostiene la mano con tanta fuerza que duele.

Los segundos pasan y puedo sentir la tensión abordando mi cuerpo. Si la chica a mi lado me pide huir como alma que lleva el diablo, no dudaré en tomarle la palabra. Estoy poniéndome nervioso.

Cuando Lewa expulsa el sexto grito, sus ojos se abren de golpe y cae al suelo en absoluto shock. Encorva la espalda contra la pared, su rostro conmocionado mira a Arianne con cautela y miedo. Nunca la había visto en este estado, la mujer tiene contacto con espíritus y le asusta una chica inofensiva.

—¿Qué sucede? —Me levanto con Arianne aferrada a mi mano—. ¿Lewa?

Lewa niega, sus ojos están húmedos por las lágrimas no derramadas. Su voz es rasposa cuando encuentra el valor de hablar:

—Lo siento, pero temo que la respuesta no les gustará.

El ambiente se inunda con nada más que tensión.

—¿A qué te refieres? —exijo, Arianne frunce el ceño.

La postura de Lewa nos indica que sería una mala idea acercarnos. La mujer sostiene con fuerza la hoja afilada en su mano. ¿Qué carajos? Va a atacarnos si no dejamos su tienda.

—Theodore Laroux está muerto —Su respuesta es cortante y sin empatía.

Arianne la mira con conmoción. Un sollozo de lamento sale de sus labios y sus ojos se empapan de lágrimas. Todo lo que puedo escuchar es el eco de su respiración como si estuviéramos en un túnel oscuro sin luz ni ventilación.

—¿Qué? —jadea Arianne—. ¿Dónde está su cuerpo?

Una ráfaga de aire azota la puerta cuando se abre y Lewa nos pide a gritos que nos larguemos de aquí.

—Si fuera ustedes, olvidaría este asunto —ordena Lewa con aprensión goteando de su boca enojada—. Váyanse y no regresen. No puedo ayudarlos y Legba tampoco. No hay ninguna deuda que pagar, largo.

Mantengo a Arianne detrás de mi espalda, negándome a moverme otro centímetro. Ella lloriquea, su dolor atraviesa mi corazón. Quiero patear el trasero de Lewa por lastimarla.

—Sé más específica —amenazo a Lewa—. ¿Sabes lo que sucede cuando un licántropo te muerde?

Veo el miedo en sus ojos negros, pero su expresión es impasible, sin revelar nada.

—¿Quieres saber qué pasa? —Mira un segundo a Arianne y luego se vuelve a mí. Su cara desborda malicia, sus fosas nasales dilatadas y su mandíbula tensa—. Es un ser defectuoso como su familia. Hay una oscuridad infinita dentro de ella, una que consume y no te suelta. Aléjate antes de que sea demasiado tarde, Asher. Te arrastrará a su infierno.

Ignoro la pequeña ondulación de miedo en mi pecho ante sus palabras. ¿Arianne arrastrarme a su infierno? Lewa dice tonterías cuando quiere.

—Pero… —tartamudea Arianne—. ¿Dónde está su cuerpo?

Lewa gruñe de frustración.

—Es todo lo que obtendrás de mí, niña. Olvida este asunto o terminarás como tu madre. ¿Por qué crees que ella nunca te dijo nada?

Un viento violento nos empuja fuera de la tienda y la puerta se cierra en nuestras caras. Congelado, me quedo de pie con incredulidad y los músculos tensos. Me sorprende cuando varios cerrojos suenan y Lewa grita que no regresemos. ¿Qué mierda…? Jamás se había comportado así. Siempre fue muy servicial y accesible, pero acaba de actuar como si hubiera visto al mismísimo diablo.

—Hay algo malo en mí —susurra Ari y juntos observamos cómo la herida de su mano sana—. Soy defectuosa, Asher.

La atrapo en un fuerte abrazo que la hace llorar ruidosamente en mi pecho. Mi corazón se rompe por ella e intento respirar a través del nudo en mi garganta. Creí que Lewa nos ayudaría, pero le ha provocado más dolor que alivio. Otra esperanza se desvanece ante sus ojos.

—No hay nada malo en ti, bonita. Lo prometo.

Las lágrimas empapan mi jersey mientras la sostengo. Es todo lo que puedo hacer por ahora.

—Ella me miró como si fuera repugnante —continúa Arianne, angustiada—. Creí que me mataría.

Apoyo la barbilla en su cabeza.

—Estaba asustada y es extraño. —Le acaricio el cabello—. Nunca nos ha mentido, pero si quieres podemos buscar otras opiniones.

Arianne niega.

—No. Hay una sola persona que puede decirnos la verdad.

Me aparto y evalúo sus ojos hinchados.

—Tu madre —digo.

Da un paso atrás para dejar espacio entre nosotros.

—Sí. —Se limpia de golpe las lágrimas—. Me dirá la verdad como sea. Se acabaron sus mentiras.

ARIANNE

Los implacables recuerdos giran detrás de mi cabeza como un ciclo sin fin. No puedo alejar las palabras de la sacerdotisa, su reacción, su grito y su mirada de odio. Aún persiste en mi mente como un puñal directo a mi corazón.

Theodore Laroux está muerto.

Es un ser defectuoso como su familia.

Te arrastrará a su infierno.

Olvida este asunto o terminarás como tu madre. ¿Por qué crees que ella nunca te dijo nada?

Mi madre una vez más tiene el poder de desmantelar todas las infamias, pero supongo que su respuesta seguirá siendo firme. No está lista ¿No le importa que me exponga a la boca de lobos sin ningún arma a mi favor? ¿Por qué insistir en guardarse una verdad que podría ayudarme? Soy su hija. ¿Acaso sus miedos superarán el amor que siente por mí? Supongo que sí.

Mi mente es un torbellino de rabia y rencor hacia la mujer que me trajo al mundo. Todas las pistas que he encontrado me aseguran que ella ya sabía qué sucedió con Theo y prefirió guardárselo. Mamá sabía que Theo está muerto.

Mis esperanzas se rompen y duele más que nada. Fui muy ingenua por tener la mínima ilusión de que él podría estar vivo. Soy una tonta, los milagros no existen. ¿Qué se supone que haré a partir de ahora? Quisiera darle una sepultura decente y llorar su muerte como se debe. Lewa habló con tanta determinación que fue imposible no creerle. Mi corazón presiente que fue honesta, ahora necesito saber por qué me tenía tanto miedo. ¿Qué tipo de bicho raro soy?

El cielo sobre mí es azul cristalino con nubes blancas flotando y aves extienden sus alas libremente. Recuesto mi cuerpo en el pasto mientras un rayo de sol traspasa las hojas de los árboles. Asher está a mi lado y juntos admiramos el hermoso espacio azul.

Estoy tan agradecida con él por no dejarme sola en mi mundo de locuras. No cuestiona mis decisiones y opina cuando es necesario. Tampoco hace promesas de que todo estará bien. Él me escucha y me apoya.

Irónico, encontré consuelo en los brazos de una criatura que odio.

Asher es diferente…

—¿Estás bien? —pregunta.

El aroma exótico de su colonia inunda mis fosas nasales y me encuentro a mí misma apretándome contra él. Asher inhala.

—Sí —respondo—. Gracias por estar ahí.

Juntos miramos el cielo.

—Te cuidaré mientras permanezcas en New Hope.

Busco su mano y la aprieto.

—Gracias —susurro—. Apenas te conozco, pero me siento bien a tu lado. Es muy extraño.

Noto que Asher me estudia con una intensidad que acelera mi corazón. Sus gruesas pestañas negras tocan sus mejillas cuando parpadea y sus labios me tientan a probarlos. ¿Qué se sentirá ser besada por un chico como él?

Me sonrojo por los pensamientos lujuriosos y aparto la mirada. No está de más recordar que nunca fui besada y que tampoco tuve sexo. Asher es el primer chico que demuestra interés en mí.

—Ari.

El aliento queda atrapado en mi pecho.

—¿Sí?

—¿Tienes algún novio esperándote en Chicago?

Me echo a reír por la pregunta inesperada.

—No.

—¿Por qué?

—Nunca estuve interesada, ¿sabes? Solo me importaba encontrar a Theo.

Sus ojos se suavizan y se acerca un poco más. Su aliento mentolado acaricia mis labios.

—Podría hacerte cambiar de opinión.

¿Está coqueteando conmigo?

—Yo…

El sonido de carcajadas nos hace saltar y rápidamente nos posicionamos con las posturas rígidas. La adrenalina me sacude cuando veo a cinco chicos. Lucen entretenidos y burlones, pero reconozco a uno en especial. Lo conocí esa noche que Ethan y Lily me llevaron a la fogata. Se llama Simón y preguntó cómo sabía sobre los lobos.

Ahora está frente a mí dispuesto a golpearnos.

—Retrocede, Persson. —La voz de Asher es una ruda advertencia—. Lárgate, estás en mi territorio.

Simón sonríe, negando con la cabeza. Un respiro me atraviesa los dientes y la sangre escapa de mi rostro. Persson.

—¿Tú y Ashton pensaron lo mismo cuando nos espiaban detrás de los muros? —reprocha Simón—. ¿Pensaste en las reglas cuando pisaste nuestro territorio sin consentimiento?

La mandíbula de Asher se tensa.

—No crucé ningún muro.

—Eso no cambia lo que hicieron —intercede un chico de cabello verde—. Las autoridades fueron a nuestra manada e inspeccionaron cada rincón. ¿Adivina qué, Karlsson? No encontraron jodidamente nada, por mucho que intenten acusarnos de mierdas sin sentido.

—¿Mierdas sin sentido? —pregunta Asher con una calma exasperante—. No taparán sus delitos con un dedo. Ustedes avalan los crímenes de su líder y juro que pagarán caro, no escaparán de la ley por siempre.

Simón enseña sus colmillos afilados y sus garras se extienden. Dioses, aquí habrá una confrontación. La rivalidad es obvia.

—No hay pruebas de nada y seguirán sin aparecer.

La sonrisa de Asher es deslumbrante.

—Eso es lo que tú crees.

La atención de Simón cae en mí y se lame los labios. Es una provocación que Asher no tolera.

—Entonces es verdad que tienen a una druida en casa —dice en tono lascivo—. Qué cara tan linda. Arianne, ¿eh?

Mis uñas se clavan en el brazo de Asher, mientras un mal presentimiento me invade. ¿Cómo sabe mi nombre?

—No hables con ella, ni siquiera la mires —gruñe Asher—. Vete a la mierda.

Simón comparte una mirada con sus compañeros y luego sueltan ruidosas carcajadas.

—Ustedes, los Karlsson, son tan patéticos. —Hace una mueca y me escudriña con repulsión—. Siempre dándole importancia a las putas. Mi padre tenía razón cuando dijo que la diosa Luna es inservible por cederles el privilegio de poseer compañeras, son débiles.

Eso fue todo.

Asher cambia de forma a una velocidad impresionante. En el lapso de un segundo ha pasado de chico a bestia. Un gruñido animal brota de su garganta y da un paso cerca de Simón. Dioses… su tamaño no dejará de impresionarme, aunque ya no estoy viendo a un solo licántropo.

Ahora son cinco en contra de Asher.

Mi corazón empieza a palpitar de manera violenta contra mis costillas y lucho para respirar. El miedo me sacude junto con la adrenalina cuando la batalla empieza. Los licántropos chocan en ataques de garras, dientes y aullidos.

¿Qué demonios puedo hacer? Pedir que se detengan no funcionará, ahora son animales en busca de sangre y sin razonamiento. Lo más sensato es buscar ayuda al resto de los Karlsson. ¿Dónde están cuando son necesarios?

El sudor se desliza por mi frente mientras observo a Asher dominar el combate. Es feroz, su boca se envuelve alrededor de la garganta de su víctima y sus dientes afilados le generan mucho sufrimiento. Sus garras derriban a tres a la vez, pero no ve venir el siguiente ataque. Un licántropo de color marrón muerde sus costillas y él aúlla.

Los demás salvajes se posicionan nuevamente y lo atacan. Se lanzan sobre su espalda, manteniéndolo indefenso en el suelo. Son demasiados y estoy segura de que él no podrá soportar por mucho tiempo.

Debo hacer algo. El temor quema mi cuerpo, llenándome de horror e inquietud. Mis manos tiemblan, mi respiración aumenta y todo lo que veo es borroso después de eso.

El primer árbol se incendia y le siguen otros cinco. La emoción me golpea como una marea, pero no me detengo. El fuego se expande más alto, quemando algunas plantas del bosque. Me siento en llamas y explotaré pronto.

No puedo respirar, me es imposible. El pánico se arremolina en mis pulmones y punzadas de miedo aprietan mi pecho. Apenas soy consciente cuando la pelea se detiene y los Persson huyen como si hubieran visto a un demonio.

Quiero recuperar el control sobre mí misma, pero me cuesta. Retrocedo con la boca abierta al ver las llamas rodeándonos. Estoy aterrada y nerviosa, necesito detener esta ansiedad. Tengo calor, tanto calor.

—Arianne, mírame.

Me mantengo quieta con un esfuerzo enorme y jadeo al notar de dónde proviene la voz.

Es Asher.

Lo miro fijamente en su forma lobuna y me aferro a un árbol para no derrumbarme. No puede ser posible. No me muevo, pero mis muros se derrumban en ese instante, dándole acceso. Su voz y su presencia me calman el alma, es un bálsamo que sana mi mente caótica.

—¿Asher?

—El mismo, bonita.

Entonces, con la misma rapidez, el fuego en el bosque se apaga y caigo al suelo en estado de shock.

—Buena chica.

Mi poder acaba de hacer acto de presencia y puedo comunicarme con Asher a través de mi mente. ¿Qué carajos está pasando?

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