Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 19. Arianne

Página 22 de 47

Mientras mi respiración recupera su ritmo normal, trato de comprender qué ha ocurrido hace minutos. Asher me lleva a una cueva ubicada en el bosque. Dos faroles se encienden apenas ingresamos y observo asombrada el lugar espacioso. Hay una colchoneta con sábanas limpias, almohadas y una pequeña cómoda. Me tapo los ojos cuando Asher regresa a su forma humana y busca ropa. Está como los dioses lo trajeron al mundo y mis mejillas se sonrojan.

—No es nada que no hayas visto antes. —Se burla—. A mí no me molesta que mires.

Aparto las manos de mis ojos lentamente y asimilo ruborizada su desnudez. Odio actuar como una mojigata, pero no puedo evitarlo. Sus músculos son afilados y definidos en una masculinidad muy pronunciada. Los tatuajes en su piel lo hacen ver aún más atractivo. Mi boca se seca mientras Asher se coloca un bóxer gris y noto la mata de vello entre sus piernas.

Oh, dioses…

De repente, encuentro muy interesante el farol que ilumina la oscura cueva. Hay una cascada de agua que rompe el constante silencio de este lugar. Wow… es un sueño. Asher está vestido cuando regresa a mi lado y mantiene sus ojos sobre mí.

Su atención me calienta la sangre y las mejillas. Sin embargo, no sé decir si me mira con deseo o preocupación. No puedo interpretar su penetrante mirada. Luce campante y no veo ningún rastro de sangre en su cuerpo. Mi ceño se frunce, pero él responde a mi pregunta no formulada.

—Los licántropos podemos curarnos rápidamente. También somos capaces de regenerar partes de nuestros cuerpos si han sido cortadas.

—Vaya, eso es impresionante —musito—. Me imagino que rompes muchísima ropa al año.

Él se encoge de hombros.

—Antes de cambiar a mi forma lobuna suelo desnudarme, pero la ocasión de hoy no lo ameritaba.

—¿Por qué te atacaron de esa forma? Ellos te habrían matado.

—No sucedió nada malo. —Me sonríe—. No te preocupes.

—Estaba tan asustada.

Asher se vuelve hacia mí. Lo tengo tan cerca que puedo sentir su aliento caliente en la mejilla.

—Estoy bien, bonita —afirma con voz ronca.

Amo que me diga bonita, pero no voy a admitirlo en voz alta.

—Estuviste en mi mente —expongo, aún sorprendida—. Si no fuera por ti, tal vez hubiese incendiado el bosque.

—Me hago una idea exacta de lo que está pasando entre tú y yo.

—¿De qué se trata? —pregunto—. Es como si pudiera sentir la forma que late tu corazón.

Su mirada se dirige al techo y suelta un largo suspiro.

—Y yo sentí tus emociones.

Hay algo aquí que no puedo explicar. Es casi como si estuviéramos vinculados de alguna forma.

—¿Volverá a suceder? —cuestiono.

Una sonrisa levanta sus labios.

—¿Qué cosa?

Me toco la sien.

—Escuchar tu voz en mi mente.

Abrocha los botones de su camisa blanca y veo su imponente tatuaje de lobo en el pecho, queda demasiado bien en su cuerpo.

—Probablemente —dice con simpleza.

—¡¿Probablemente?! —Mi voz alterada hace eco en la cueva—. Esto es serio, Asher. Te escuché en mi cabeza y apagué un incendio gracias a ti, dame algo más que esa respuesta.

Se agacha y ata los cordones de su bota de combate.

—¿Qué quieres oír? Porque estoy seguro como el infierno de que no te gustará mi teoría.

El enojo bulle en mi sangre y tuerzo la boca con disgusto.

—¿Qué teoría? ¿Eh?

Hace un sonido de protesta.

—Ya habrá momento para preocuparnos, debemos volver a la Fortaleza. —Se frota la mandíbula—. Apuesto a que mi familia vio el momento que incendiaste el bosque. Hay cámaras.

Quiero insistir en el tema y exigirle que me dé respuestas. ¿Por qué la calidez en su mirada desapareció? Está tenso y frío. Algo cambió entre nosotros.

—De acuerdo —cedo con los hombros hundidos—. ¿Tienen una rivalidad con la familia Persson?

Asiente.

—Mi padre es el alcalde del pueblo y eso nos beneficia. Se encarga de arreglar cualquier desastre y controla todo New Hope. Gracias a él nunca descubrieron nuestra naturaleza. A los Persson no le gusta su forma de gobernar, ellos siempre quieren más.

—¿Y qué es lo que quieren?

—Ser animales salvajes —dice con la mandíbula tensa—. Piensan que los licántropos somos dioses y los humanos seres inferiores. Les gusta aterrorizar, Arianne. Ni siquiera reclutan a mujeres. Según ellos, debilitan a la manada.

Me tenso, mi corazón late rápido. Odio siquiera haber pensado que podría confiar en Aulus.

—Eso es asquerosamente machista.

—Lo sé —concuerda Asher—. La policía ha encontrado muchas mujeres en el bosque. Son violadas y luego asesinadas. Mi padre sospecha de los Persson, pero no tenemos pruebas para acusarlos.

Me doy cuenta de que estoy apretando mis manos cuando registro el dolor.

—Estoy segura de que esos monstruos están relacionados con la muerte de Theo. Necesito ir a esa manada para investigar más a fondo.

La expresión de Asher se ensombrece.

—Hablaré con mi padre antes —escruta—. Primero debemos averiguar qué busca Aulus de ti.

Examino mis dedos como si en cualquier momento las llamas vayan a aparecer de nuevo.

—Mamá tampoco quiere verme cerca de él y aseguró que le arruinó la vida. ¿Qué tanto lo conoce?

La mirada de Asher permanece en la mía.

—Eventualmente tenemos que buscarla.

El miedo me quema los ojos ante la posibilidad de que se niegue.

—¿Tenemos? —balbuceo.

—Iremos juntos a Chicago —sentencia Asher.

Mi aliento se convierte en bocanadas de aire y lo observo atónita. Se toma tantas molestias conmigo.

—¿Por qué me ayudas?

Asher arquea una ceja.

—¿Quieres saber la verdadera razón?

Alzo los hombros.

—Sí.

—Tus emociones son una gran debilidad —dice en voz baja—. Eres demasiado transparente y le muestras a todos tus objetivos. Por eso, Aulus se acercó a ti en primer lugar y te hizo promesas de contarte lo que quieres. Él sabía que caerías muy fácilmente sin problemas porque eres una presa fácil, un par de mentiras fueron suficientes para endulzarte el oído y funcionó. Viniste a New Hope a buscarlo. ¿Sabes lo que hubiera sucedido si caías en sus garras? Estarías muerta, Arianne.

Un aliento entrecortado abandona mis labios.

—No soy una presa fácil.

La risa de Asher es irónica.

—¿Segura? Confiaste en mí sin mucha resistencia —me recuerda—. No tuve que presionar tanto y tampoco insistir. Me dijiste todo porque encontré tu punto más débil: tu hermano. Siéntete aliviada porque no soy igual a ese tirano, pero ten en cuenta que muchos no serán amables contigo. Aulus, por ejemplo, te comerá viva.

La molestia surge en mi estómago.

Wow, ahora debo darte las gracias —digo con amargura.

Asher suspira.

—No espero que lo hagas, pero necesito que veas la realidad de una vez. No todos quieren ayudarte, Arianne. Entiende que tu poder es atractivo para muchos por las razones equivocadas. Eres una híbrida, controlas el fuego y estoy seguro de que puedes hacer otras cosas que aterrarían a cualquiera cuando cambies de forma.

Me quedo viéndolo como una estúpida sin encontrar palabras para responderle. Puede leerme como a un libro abierto sin necesidad de que abra mi boca. Odio ser vulnerable, odio que mi sed hacia la información me impulse a confiar en cualquiera. Odio ser débil.

—Regresemos a la Fortaleza —añade—. Debemos averiguar qué quiere Aulus y planear el viaje a Chicago.

Aclaro mi mente y le doy un asentimiento. ¿Qué puedo decir? No hay nada que debatir porque la razón le pertenece.

—Bien.

—Vamos. —Asher y yo salimos de la cueva—. El tiempo es crucial.

Hay una distancia considerable entre Asher y yo. Un profundo iceberg en el océano que es casi imposible descongelar. Su cuerpo está tenso y no volvimos a hablar durante el camino a la Fortaleza, desde que escuché su voz en mi cabeza, volví a sentir el rechazo que había quedado en el pasado. El tipo de rechazo que no soporta tocarlo o estar muy cerca de él. ¿Por qué? No lo sé… Mi cabeza sigue en negación a pesar de que Asher demostró ser diferente estos días. Es amable, atento y dulce. Nunca me trató como menos y cuida mi seguridad.

Enfrentó a cinco licántropos porque uno habló mal de mí.

No me gusta pensar tanto ni hacerme teorías, pero hay una fuerza magnética que aumenta esta atracción. Mi corazón se acelera por su presencia y mi cuerpo cosquillea.

La motocicleta se estaciona frente a la Fortaleza y Asher baja.

—Mis padres harán muchas preguntas así que mantén la calma —sugiere—. Déjame a cargo de todo.

Peino mi cabello con los dedos cuando me quito el casco y lo dejo sobre el asiento.

—¿Estamos en problemas? —pregunto—. Uh… quemé el bosque y dijiste que hay cámaras.

Asher no le da mucha importancia al tema mientras ingresamos a la inmensa mansión.

—Mi padre lo entenderá, sabe que los Persson no son nada civilizados.

Los padres de Asher están reunidos en la sala. Aria se precipita hacia su hijo y lo abraza mientras me dirige una mirada acusatoria. Bueno, la señora me odia sin duda.

—¿Estás bien, querido? —pregunta, angustiada—. Pude sentir tu dolor, mi instinto de madre nunca falla.

Me hago pequeña cuando me observa en busca de respuestas. Está viéndome como si fuera mi culpa. ¿Qué he hecho para recibir esa expresión de su parte?

—Fuimos atacados por los Persson, pero estamos bien —responde Asher, apartándose de su madre—. Arianne me salvó.

Aiden me evalúa con una sonrisa y es suficiente para no sentirme tan mal a causa de su esposa.

—Las cámaras lo captaron todo y fue muy impresionante verlo —me dice—. Te falta aprender, pero con la persona adecuada lograrás que tus poderes te respondan. Pasaron años desde que vi a una druida como tú.

—Estuve a punto de incendiar el bosque —susurro.

Sacude la mano y se echa a reír, pero a su esposa no parece hacerle gracia.

—No sucedió y es lo importante. —Le echa un vistazo a su hijo—. Ven a mi oficina, Asher. Tenemos que hablar. Sé que hay más cosas que debes decirme.

—Le hicimos una visita a Lewa —expone Asher.

Tengo ganas de echarme a llorar al recordar lo que dijo sobre Theo, pero no lo haré. A estas alturas mis lágrimas no sirven de nada.

—¿Por qué razón harían eso? —protesta Aria—. Los servicios de Lewa son accesibles para asuntos de la familia.

—Buscábamos el paradero de Theo —aclara Asher.

Quiero estar sola para hablar con mi madre y decirle que Theo está muerto. Necesitamos tener una seria conversación.

—A mi oficina —insiste Aiden.

¿No debería escuchar yo también? Asher me lee los pensamientos una vez más.

—Ve a descansar, Arianne —pide suavemente—. Prometo que te mantendré al tanto de todo.

El sonido de su voz me relaja y asiento, mientras sus padres están mirándonos como si fuéramos dos extraterrestres.

—Está bien.

—Te veo luego.

Se dirige a la oficina con su padre mientras Aria no pierde la oportunidad de hacer un comentario que me hace sentir incómoda. Acceder a quedarme aquí fue una mala idea, no dudo que me encontraría más a gusto con Ethan y Lily en la cabaña.

—El fuego significa caos y destrucción. Mi madre solía decir que las brujas que controlaban este elemento estaban condenadas y también aquellos que las rodeaban. Has perdido mucho, ¿no es así, Arianne?

La confusión sube a mi garganta y lucho para calmar mis rápidos latidos.

—No soy una bruja.

Su sonrisa no es amistosa.

—Los druidas fueron masacrados por los romanos hace siglos porque hicieron sacrificios humanos. Muchos sacrificios donde utilizaron a niños y la magia de manera equivocada. No quedaron vivos en esa guerra, hay pocos sobrevivientes de tu especie en este mundo. —Da vueltas a mi alrededor—. No son santos de mi devoción por todo el mal que causaron y me preocupa que seas tan cercana a mi hijo.

Un dolor ensordecedor palpita en mi cabeza.

—No quiero lastimar a Asher.

La incertidumbre cruza su expresión por un momento, luego se vuelve rígida y fría.

—Eso es lo que tú crees, niña. Pregúntale a tu madre qué consecuencias sufrió por parir a hijos híbridos. —Su boca forma una mueca—. Ten en cuenta que nos arriesgas a todos mientras permanezcas aquí, no me quedaré quieta para ver cómo arruinas años de supervivencia por culpa de tus caprichos.

Inhalo una respiración temblorosa.

—Señora…

—Mi esposo y mi hijo te apoyan, pero tendrás una enemiga en esta casa si uno de los míos sale herido. —Casi escupe las palabras—. Ten una buena tarde, Arianne.

Mis ojos comienzan a arder e intento parpadear para alejar las lágrimas, mientras me deja sola y aturdida. Dioses… no me esperaba que su odio llegue a niveles extremos. ¿Una amenaza? Ni siquiera sé usar mis poderes y tampoco sería capaz de lastimar a alguien.

—Oye… —Un brazo me rodea el hombro y miro a Andrew—. ¿Qué te dijo mi madre? No escuché a tiempo.

Trato de darle una sonrisa, pero se siente forzada.

—No le gusto.

Andrew resopla y me conduce hacia los pasillos.

—Mmm… no me sorprende de ella. Es muy sobreprotectora, no lo tomes personal. Cuando te conozca, se dará cuenta de que eres encantadora.

Me hundo un poco más a su costado.

—¿Crees que soy encantadora?

Su sonrisa es sincera.

—Claro que sí, corazón. Quise salvarte como sea cuando el oso te atacó esa noche. —Sus ojos azules se vuelven cálidos—. Fue valiente de tu parte correr, pero también muy tonto. Solo pensé que te veías jodidamente tierna y adorable.

—Es por mi altura, ¿verdad?

Andrew se ríe a carcajadas mientras me da un empujón travieso.

—Oh, sí. Me recuerdas a un pequeño pingüino inofensivo, pero no te subestimo. Puedes patear mi culo y hacerme pedazos. Asher dijo que tienes poderes.

Inflo mis mejillas y suelto el aire. No me agrada que me consideren una amenaza.

—Soy más torpe que habilidosa, nunca te haría daño.

Andrew me revuelve el cabello.

—Lo sé, corazón. Solo bromeo.

Entramos a la sala de juegos donde hay varios sofás y una enorme televisión de pantalla plana. Me recuerda a los proyectores que están en los cines. Axel sostiene el control con una mano y con la otra hurga el pote de helado gracias a una cuchara. Ashton quita la atención de su libro al verme llegar y rueda los ojos. Bien, tengo dos enemigos en la casa.

—Alguien se unió a nosotros —anuncia Andrew, empujándome hacia el sofá—. Come lo que quieras. —Señala la mesa llena de comida chatarra—. ¿Sabes jugar?

Agito la cabeza y tomo una bolsa de papas fritas.

—Uhm… no. Mi madre es anticuada y me daba muy poco acceso a la tecnología —explico—. Ella dice que son cosas del diablo.

—Será un placer enseñarte. —Axel me guiña un ojo—. Siéntate en mi regazo si quieres.

Mastico las papas fritas y me siento al lado de Ashton.

—No, gracias.

Axel me saca la lengua y regresa su atención a la pantalla donde asesina a varios zombis.

—Mi propuesta sigue en pie si cambias de opinión —dice Axel.

Andrew se une a él donde empieza la discusión sobre quién es mejor.

Me enfoco en Ashton curiosa porque prefiere leer un libro en una sala de juegos. ¿No es más atractivo matar zombis con sus hermanos? Su actitud me hace sospechar que es introvertido, como yo.

—Escuché que casi incendiaste el bosque —comenta sin apartar la vista del libro—. Nos esperan muchos problemas contigo.

No es simpático como Aiden, definitivamente heredó la frialdad de su madre.

—¿Por qué no te agrado? —pregunto—. ¿Hice algo mal?

Se relaja en el sofá y una sonrisa de superioridad asoma sus labios.

—Tu presencia me da igual. ¿Por qué me agradarías? No te conozco.

Mis mejillas se tiñen de rosa porque tiene un punto.

—Es solo que eres tan… idiota.

Su sonrisa se ensancha y cierra el libro.

—¿Idiota porque no te miro embobado como Asher? ¿O quizás porque no te doy la misma atención que mis hermanos? —Gira los ojos en señal de exasperación—. No a todos nos interesa tu patética historia de chica perdida, con una madre loca que nunca le dijo nada sobre su naturaleza.

Está jugando conmigo, buscando intimidarme. No caeré en su trampa por mucho que explote de ira.

Hey, cálmate —dice Andrew y reprime a su hermano.

—Déjalo, Andrew. Es un idiota —recalco y vuelvo a comer las papas.

Sus hermanos silban y ladran carcajadas. Ashton aprieta los labios en una línea helada y me ignora.

—Ella definitivamente es una de los nuestros. —Axel palmea un lugar a su lado y esta vez tomo la oferta—. Ven aquí, Arianne. Ashton no aprecia la buena compañía.

Me explican cómo usar el control y de qué se trata el juego. Andrew mantiene un brazo a mi alrededor haciéndome sentir relajada e incluida, mientras la presencia de Ashton queda en el olvido, como el trágico día que tuve por las revelaciones de Legwa.

ASHER

Todo tiene sentido mientras me alejo para procesar mis emociones abrumadoras. El deseo desenfrenado, su aroma a flores, los constantes sueños con sus sonrisas y ojos verdes, el instinto animal que anhela mantenerla cerca y la fuerza de la naturaleza que me dice a gritos que ella es mía.

Arianne es mi compañera.

El tiempo se detuvo cuando el lazo apareció rodeándonos como uno solo. Sentí el momento en que Arianne dejó de respirar y me dio acceso a sus pensamientos. El muro se derribó, enseñándome qué hay dentro de su cabeza. Confusión, preocupación y también el más crudo rechazo que he experimentado. Mi lobo no la reconoció antes por la negación que Arianne siente hacia los licántropos, dudo que ella logre aceptar que existe un vínculo entre nosotros.

El destino nos obliga a estar juntos.

Mi padre me habló sobre las compañeras cuando era un niño y desde entonces la he buscado en muchos rincones. Creí que jamás tendría este privilegio por ser el causante de varias muertes, pero apareció Arianne luciendo tan increíblemente hermosa e inocente.

Cuando empiezo a conocer a las chicas, mueren de maneras muy misteriosas. He llegado a la conclusión de que alguien sabotea mis relaciones. ¿Por qué? No lo sé. El destino está riéndose en mi cara una vez más para recordarme que no merezco ser feliz.

Arianne rechazará la conexión, lo veo en su rostro y sus ojos. No estará feliz con la idea y prefiero no mencionarle nada. No quiero que se sienta presionada, obligada o incómoda. Quiero ganarla con paciencia y amabilidad, le demostraré que soy digno de ella.

—Impresionante —murmura papá, haciéndome parpadear—. Ella es impresionante.

Miro la grabación que enseña la tablet Muestra a Arianne aterrada, pero decidida mientras las llamas fluyen de sus palmas. El fuego destruye árboles y partes del bosque donde ahora quedaron solo cenizas. Ella lo hizo.

Luce peligrosa con el ceño fruncido y brillantes ojos verdes que destacan su lado licántropo. Es cautivadora y poderosa, demasiado poderosa.

—¿Entonces fuiste la motivación? —Papá apaga la tablet y se enfoca en mí con los dedos unidos—. Te defendió de los Persson.

Mi sonrisa es orgullosa.

—Sí, pero esa no es la parte más interesante. —Me toco los labios—. Me siento increíblemente atraído hacia ella. También puedo escuchar sus pensamientos y su olor es adictivo para mí, aunque no pueda distinguirlo. Los Persson me atacaron y Arianne estaba muy asustada. Sus poderes aparecieron porque quería protegerme. Todo estaba saliéndose de control, pero pude comunicarme con ella telepáticamente. Eso es posible…

—Ella es tu compañera —me interrumpe mi padre.

Mi corazón truena en mi pecho al confirmar que esto es real, pero me emocionaría más si Arianne estuviera feliz con la noticia. Algo que no pasará.

—Cuando encuentras a tu otra mitad, la reconoces en ese mismo instante, pero con Arianne fue diferente. Ella me confunde.

Papá se inclina en su silla con una calma que me transmite. Ojalá pudiera ser tan sereno como él. Muy pocas cosas lo alteran o perturban, realmente lo admiro.

—El amuleto que trae oculta su olor —explica—. Ahora que sus poderes son mucho más notables, es imposible mantenerlos dormidos. Su loba exige salir y su alma se siente atraída hacia la tuya.

—Ella odia a los licántropos por lo sucedido con su hermano. Me rechazará.

Me sirve un vaso de whisky que acepto con mucho gusto.

—Solo necesita tiempo —asegura—.

Intenta ser su amigo y demuéstrale que no eres malo como cree. Vamos, eres un Karlsson. Podrás convencerla de que serás un excelente compañero.

Las emociones se atoran en mi garganta.

—No es el único problema. —Disfruto el trago amargo en mi garganta—. Arianne conoce a Aulus. Las buscó, a ella y a su madre.

Su rostro palidece.

—Mierda…

—Sí, mierda —gruño—. Necesito averiguar qué demonios quiere ese bastardo de ella. Cuando fuimos atacados por sus peones más temprano, ellos sabían el nombre de Arianne. La tienen como un objetivo.

—Una criatura como ella no pasará desapercibida. Si es lo mitad de poderosa que su madre, habrá más interesados en usarla. Arianne tiene el tipo de poder que muchos anhelan.

Desearía que esos imbéciles tengan su merecido de una vez por todas. ¿Cómo pueden seguir intactos, sin pagar sus crímenes? Si le tocan un solo cabello a Arianne, conocerán lo peor de mí.

—Los Persson son un grave problema —manifiesto—. Saben que Ashton y yo acechamos sus territorios. A partir de ahora serán más cautelosos y no cometerán ni un error.

—Nosotros sabemos trabajar en equipo y ellos no. —Me saca el vaso y vuelve a llenarlo—. Confía en mí cuando te digo que vamos a solucionarlo.

—La visita que le hicimos a Lewa fue extraña —continúo—. Dijo que Theo está muerto, pero no quiso decirnos dónde está el cuerpo. La noté diferente… Ella se veía jodidamente aterrorizada.

—¿Lewa aterrorizada? —Papá frunce el ceño.

—Sí. ¿Crees que miente?

—¿Por qué lo haría? Lewa es una mujer incorruptible —destaca—. No me sorprende que el niño esté muerto. Pasaron cinco años, Asher. Las esperanzas de vida son muy pocas.

La tristeza me escuece el corazón. No hay ni hubo ningún caso donde los desaparecidos de New Hope regresan con vida. ¿Por qué Theodore Laroux sería la excepción?

—Ella seguirá buscando el cuerpo y más respuestas. Pensé en acompañarla hasta Chicago para hablar con su madre. Aimeé es la única que puede ayudarla.

Asiente.

—También Josh, pero aún no puedo decir con exactitud cuándo estará aquí —masculla—. Hay muchos problemas y nos centramos en cada uno. Lo principal es averiguar qué demonios quiere Aulus de Arianne, iremos a su manada ya mismo.

ARIANNE

Me preparo un baño de espuma en un intento de apartar el estrés que me ha generado el día. Hago cualquier cosa para ignorar la horrible verdad que reveló Lewa más temprano. No quiero pensar y tampoco recordar que mantener esperanzas es estúpido. Theo está muerto, pero no puedo superarlo aún. Necesito más pruebas y la confirmación de que nunca volveré a verlo. Encontrar su cuerpo me ayudará a cerrar este ciclo de mi vida. Darle un cierre a una etapa que me mantuvo en la oscuridad.

Y encontrar al lobo que le arrebató su oportunidad de vivir una vida plena, será liberador.

Quiero hacerlo pedazos.

Voy a cazarlo y le arrancaré la cabeza para colgarlo como adorno en uno de los árboles del bosque. El odio en mí se transforma en fría y pura ira. La rabia golpea mi sangre mientras mis pensamientos se llenan de resentimiento.

Lo mataré, lo despellejaré mientras esté vivo.

Restriego el jabón por mi cuerpo y pienso en los siguientes movimientos. Asher me ha dicho que Aulus es el principal sospechoso de los asesinatos. Iré a la manada Persson y lo haré arder con mis llamas.

Lo obligaré a decirme con detalles qué sabe sobre mi vida y mi familia.

Me dirá todo.

Incluso sus más oscuros secretos.

Mamá omitió mucha información, pero me ama. Prefiero creer en ella, sé que su intención es cuidarme y Aulus es un extraño que alerta a mi amuleto; no puedo confiar en él. Lo golpearé hasta que sangre y su lengua me diga cada palabra que desee. No le daré oportunidad de mentir.

Me quedo dormida en el borde de la tina con el agua caliente rodeándome. Estoy tan agotada que deseo no despertar nunca, pero una voz ronca interrumpe mi paraíso de descanso. Abro los ojos de golpe y encuentro a Asher observándome. Mantiene su mirada en mi rostro a pesar de que las espumas han desaparecido y mi cuerpo desnudo es visible a través del agua transparente. Doy un grito ahogado y me cubro los pechos con mis brazos. La mortificación sube por mis mejillas con un rojo intenso invadiéndolas.

Oh, dioses. Qué vergüenza.

—Toqué varias veces la puerta y nunca respondiste —murmura, tendiéndome una toalla—. Temí que te pasara algo.

Se la arrebato de las manos y él se voltea sin que yo se lo pida, como un caballero.

—Estaba cansada —digo.

—Bien, te daré un par de minutos para que te cambies. Necesitamos hablar.

—De acuerdo.

Abandona el baño y rápidamente aprovecho para vestirme con la ropa que dejé sobre la cómoda de la esquina. Me toma cinco minutos encontrarme con Asher en la habitación, está parado en el balcón y me uno a él. Mi cabello sigue húmedo, pero el suéter conserva mi cuerpo más cálido de lo normal.

—Hablaremos con Aulus dentro de una hora —informa con los codos sobre la barandilla del balcón, sus ojos fijos en la luna—. Mi padre le exigirá explicaciones.

Mi pulso se dispara porque es mi oportunidad de encarar a ese bastardo.

—¿Puedo ir?

—No. —Su respuesta es inmediata.

Entrecierro los ojos.

—¿Por qué?

—Es un asunto político y diplomático —explica—. Mi padre hará algunas preguntas y trataremos de resolver el altercado de hoy, también lo interrogará para saber cómo conoce a tu madre.

Mi cuerpo irradia ansiedad e impaciencia, no puedo quedarme aquí sin hacer nada.

—Seré muy útil si voy —musito—. Puedo reconocer al lobo que atacó a Theo esa noche.

—¿Cómo? ¿Vas a obligarlos a cambiar de forma? —El tono burlón me hace perder la paciencia y regreso al interior del cuarto.

Él viene detrás de mí, agarrándome del codo.

—Lamento si estoy siendo imbécil —se disculpa y me suelta—. Aulus es un excelente manipulador y no quiero exponerte. Lo de Lewa fue una experiencia terrible.

—Lo tengo bajo control, Asher. No me voy a romper.

Pone las manos en mis hombros con un suspiro pesado.

—Tengo otro plan para averiguar si el licántropo se encuentra en la manada Persson. Ellos entrenan todas las mañanas en el patio y cambian de forma. Podremos verlos juntos y es muy probable que logres reconocer al culpable. No les daremos chance de prepararse o engañarnos, lo mejor es actuar desde las sombras.

Asiento con un pequeño movimiento de cabeza. Él conoce mejor que yo este territorio y lo adecuado es escuchar sus instrucciones; necesito pensar antes de actuar. Basta de ser ingenua y creer que todo se solucionará de la noche a la mañana.

—Está bien.

Sonríe sin ganas.

—Uno de mis hermanos te traerá la cena —me dice mientras se dirige hacia la puerta—. Hablamos mañana.

—Buenas noches —musito y lo veo irse.

Me siento en la cama y me abrazo a mí misma. Algo ha cambiado entre nosotros, se nota en sus gestos y su tono. No lo sé… Como si le costara mirarme. ¿Por qué presiento que escuchar su voz en mi cabeza es la razón? ¿Por qué está distante?

Estoy tan estresada en este momento, que mis sentimientos se sienten como un gran golpe en mi corazón. Desearía que todo termine lo antes posible, pero pido demasiado; los problemas apenas empiezan.

Hay una persona que puede ayudarme.

Mamá.

Marco y espero durante minutos, pero me envía al buzón de voz. Insisto cinco, diez veces más y tengo el mismo resultado decepcionante. Mamá no contesta.

—He perdido la cuenta de las veces que marqué tu número —le digo con preocupación y dejo otro mensaje en el buzón de voz—. Por favor, mamá. Responde.

Millones de escenarios aterradores cruzan por mi mente cuando el silencio persiste. ¿Estará bien? Debo regresar a Chicago cuanto antes. Necesito escuchar su versión de los hechos, no quiero estar disgustada con ella toda mi vida.

Abrazo una almohada y ruego que esté bien.

Tiene que estar bien.

ASHER

Aulus nos recibe en su manada con una irritante sonrisa que me encantaría borrar a golpes. Casi treinta licántropos lo rodean como protección mientras los Karlsson somos cinco. Mi padre, mis hermanos y yo.

Miro fijamente a cada idiota con la mandíbula apretada y dispuesto a matarlos ante la mínima provocación. Reconozco al grupo que me golpeó más temprano y me tienden sonrisas de suficiencia. Sus ojos están vacíos y helados, no veo ningún signo de humanidad en ellos.

Son monstruos como su líder, unas basuras que no merecen respirar el mismo aire que nosotros. ¿Hasta cuándo les perdonaremos la vida? Son un desperdicio de la naturaleza y han hecho mucho daño, el mal debe cortarse de raíz.

—Qué grata sorpresa tenerte aquí, querido Aiden. —La voz de Aulus gotea sarcasmo—. ¿Qué trae al gran alcalde a mi humilde manada? Estoy a tus servicios.

—Vamos al grano, Aulus. Sé que no te gustan los rodeos como a mí. —Los ojos de mi padre taladran al tirano. Una fría mirada que haría sentir insignificante a cualquiera—. Tus hijos atacaron en manada al mío e insultaron a su compañera. Fue un ataque cobarde y violaron las reglas.

Hay un coro de jadeos sorprendidos y de horror. Incluso mis hermanos están desprevenidos con la noticia. Que Arianne sea mi compañera la vuelve intocable, estoy en mi derecho de matar a quien sea para protegerla. No me importará derribar a esta manada de abusadores.

—Han sido beneficiados una vez más por la diosa Luna. —Aulus suprime la rabia y la envidia que siente y fuerza otra sonrisa con dientes—. Una druida y un licántropo juntos, qué interesante.

De todo lo que ha dicho mi padre, es lo único que comenta y me doy cuenta de que Arianne es importante para él. Sus servidores e hijos muestran la misma aberración. Siempre me pregunté cómo fueron capaces de sobrevivir sin sus compañeras. Ellos insultan la naturaleza de los licántropos, no es secreto que no podemos vivir sin nuestra otra mitad. ¿Cómo ellos sí? ¿Qué clase de pacto hicieron? No he visto que tengan amantes o relaciones fugaces. Evitan a las mujeres.

—Supongo que conoces muy bien a Arianne —dice papá—. ¿Cuál es tu interés en ella? Me encantaría saber.

Aulus tiene la audacia de reír.

—Aimeé fue una gran amiga mía. —Saca su lengua y se lame los labios—. Una mujer tan encantadora y hermosa. ¿Desde cuándo te importa mi vida privada?

Doy un paso cerca con un gruñido. No me quedaré aquí a escuchar estupideces. ¿Aimeé Lane amiga de este enfermo? Joder, no. Arianne me dijo que su madre estaba asustada cuando lo vio y le prohibió acercarse a él.

—Ten las pelotas y admite que acosas a Arianne y a su madre. ¿Qué demonios quieres de ellas? Dudo que tus intenciones sean honorables.

—No vienes a exigir nada en mi jodida manada, niño malcriado. —Mira a papá—. Controla a tu cachorro o no llegaremos a ningún lado.

¿Cachorro? Seré un monstruo despiadado si este bastardo se acerca de nuevo a Arianne.

—¿Tú controlas a tus cachorros? —habla Andrew, divertido—. Porque están encantados de meterse en nuestros territorios e insultar a la chica de mi hermano.

—Si van a desmantelar los trapos sucios, es justo que nosotros hagamos lo mismo —dice Simón—. Se creen con derecho a merodear nuestra manada e intimidarnos. También rompieron las reglas, pero no cuenta, ¿eh?

—Nosotros no secuestramos mujeres. —La voz de Ashton suena fría y acusatoria—. Alicia Keller, ¿te suena?

Simón arremete, pero sus hermanos lo detienen antes de que avance otro centímetro. Todo se vuelve un caos. Oigo amenazas, discusiones e insultos para que nunca regresemos. Aulus ordena que cierren sus bocas y todos captan con el pecho agitado, gruñendo amenazas.

—Tenemos objetivos diferentes —masculla Aulus y una sonrisa maliciosa tira de sus labios—. No entiendo el punto de querer dialogar cuando nunca estuvimos de acuerdo, Aiden. Pido de la manera más cordial que se retiren.

Papá lo mira sin emoción.

—Deberíamos intentar llevar la fiesta en paz. Hay alguien en el pueblo que nos arriesga a todos y el secreto saldrá a la luz si no lo atrapamos.

Axel mastica la goma de mascar.

—A menos que esté aquí —dice mi hermano.

Un idiota de cabello verde, llamado Oleg, enseña los clientes. Es el perrito de Simón y un bravucón de primera.

—Muéstrame las pruebas, Karlsson —gruñe Simón.

Papá les pide a mis hermanos que guarden silencio.

—No vinimos a empeorar la situación —insiste mi padre—. Solo queremos recordarles que hay límites que no se pueden romper. Respeten la ley si esperan que hagamos lo mismo.

—Mientras apliquen sus propias reglas en ustedes mismos… —Aulus suena aburrido y soso, impaciente por finalizar la conversación.

Le damos el gusto dando un paso hacia atrás.

—Muy bien —cede papá—. No crucen la línea y estaremos en buenos términos mientras encontramos las pruebas.

Aulus olfatea el aire.

—Espero que lo consigas, Aiden.

La burla me impulsa desear masacrarlo hasta que no pueda respirar, pero papá pone una mano en mi hombro al ver que me cuesta mantener la compostura.

—Acércate de nuevo a Arianne y lo lamentarás —amenazo.

Su sonrisa crece, haciendo que los colmillos sean visibles. Sus ojos dorados gritan desafío y mi padre impide que cualquier disputa suceda. No me importa que este psicópata tenga años de experiencia en las batallas.

Lo destrozaré, no quedará nada de él.

Andrew me palmea el hombro y todos nos dirigimos de vuelta al Jeep sin hacer comentarios. Ahora solo me queda hacer una cosa: Arianne debe ver a Aulus cambiar de forma.

—Sabía que había algo entre ustedes. —Andrew se ríe—. Sentí la tensión sexual en el aire. ¿Cómo supiste que es tu compañera?

Pongo los ojos en blanco.

—Es una larga historia que contaré otro día.

Ir a la siguiente página

Report Page