Dulce maldad
Dulce maldad » 21. Asher
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Estamos en problemas.
Busco algunas ideas en mi mente para explicarle lo sucedido a mi familia. Los Persson probablemente atacarán a mi clan cuando sepan que estoy involucrado, incluso puedo ser llevado a juicio y me impondrían un castigo. Solo espero que no haya ningún licántropo muerto por el ataque de Arianne, sus poderes no tienen límites.
Necesita aprender a usarlos o pronto no será capaz de controlarlos. Es impresionante la forma en que puede quemar una manada con un pensamiento, aunque sus poderes no se han desarrollado completamente. Ella debe tener una motivación para darles uso.
Y el odio no es la mejor.
Estoy tan enojado que apenas puedo ver bien. Mis ojos se hinchan por el calor en mi pecho y me toco la cabeza en un gesto de dolor. Cuando Arianne me dio las descripciones del licántropo que mató a su hermano, supe al instante que se trataba de Aulus, pero no quise confirmarlo hasta estar seguro.
Si él asesinó a Theo, no hay dudas de que lo hizo con miles de personas más. Logró zafar todos estos años con su mirada de arrogancia y mentiras. Tuvo la audacia de amenazar a mi padre de revelar el secreto si avanzábamos con la investigación en su contra y se atrevió a presentar una campaña para ser el próximo alcalde de New Hope.
¿Cómo pretende gobernar un pueblo que se encargó de destruir? Si Arianne lo acusa, Aulus mentirá una vez más. Es tan jodidamente listo que siempre encuentra una forma de salir victorioso y con las manos limpias.
La rabia ruge en mi interior con solo pensar que jugó con nosotros y arruinó vidas. Ahora tiene la osadía de querer presentarse como alcalde mientras muchas madres lloran por sus hijas desaparecidas y niños muertos. No puede continuar burlándose de nosotros.
—Lo he visto de lejos acechándome —habla Arianne en voz baja—. Creí que eran imaginaciones mías, pero siempre me espió. Estuvo pendiente de mí y de mamá, el hombre de ojos rojos.
—Ese bastardo de mierda… —gruño. Es el sonido de la rabia contenida, de la furia, del disgusto—. Él vendrá detrás de ti nuevamente, tenemos que detenerlo.
Si Aulus mató hace cinco años a Theo, busca a Arianne por la misma razón. ¿Pero cuál?
—La que más me preocupa es mi madre. —La voz de Arianne suena pequeña y asustada—. Él también tenía mucho interés en ella. Está en peligro.
Rechino los clientes.
—Iremos a Chicago esta misma semana. Lo prometo.
Suelta una respiración temblorosa.
—No responde mis llamadas o mensajes. ¿Y si le pasó algo? Jamás debí irme y dejarla sola. Fui tan egoísta.
La atraigo hacia mí y se hunde en mi abrazo.
—Todo estará bien, Arianne. Lo prometo.
Las lágrimas caen en cascadas por sus mejillas mientras le aliso el cabello.
—Me siento fuera de control. Yo… quise matarlo cuando lo reconocí.
No la juzgaré por actuar de esa forma, ese monstruo le arrebató a una de las personas que más ama.
—Haría lo mismo en tu posición. Asesinó a tu hermano.
Permanecemos abrazados los siguientes minutos, su pequeño cuerpo aferrándose a mí sin ganas de soltarme. Mi corazón palpita y mi estómago se agita. Debo cuidarla, ella necesita todo lo que tenga para ofrecerle.
Y no hablo así porque compartimos un lazo. En caso de que ella se rehúse a la unión, seguiré apoyándola y no soltaré su mano. Juntos terminaremos con la pesadilla, mataremos al monstruo. Porque también me importa ser su amigo, por más que duela.
—¿Qué es este lugar? —pregunta, apartándose con una sonrisa—. Me encanta que sea tan… ermitaño.
Mi sonrisa es despreocupada, este lugar es mi guarida secreta favorita. Vengo aquí cuando tengo ganas de pensar y olvidarme de los problemas. La cueva es fresca y hay una cascada donde me baño. Tengo al menos tres cajas con ropas y suministros.
—La armé cuando tenía diez años —explico—. A veces me alejo demasiado cuando cambio de forma y no quiero regresar a casa.
—Es lindo. ¿Hay mucha ropa y comida?
Me rasco la barbilla.
—Lo necesario.
Barras de cereales, bebidas dulces en latas, alimentos que no se pudren con el transcurso del tiempo. De vez en cuando lavo mis ropas, sábanas y sacudo los muebles. Los faroles iluminan por completo la cueva. No me preocupa sufrir algún robo. Nadie se acercaría a esta zona del bosque, está muy oculto.
—Quiero perderme del mundo —susurra Ari—. Estoy harta de pensar.
Me quito las botas de combate antes de ponerme cómodo en el colchón cubierto con mantas.
—Ven aquí. —Pongo ambos brazos encima de mi cabeza—. Pasaremos la noche juntos, mañana vamos a preocuparnos por el resto. Estás muy estresada.
La humedad brilla en sus ojos verdes.
—Soñé con él cinco malditos años. —Se frota los brazos como si tuviera frío—. Hoy vi de nuevo la cara de ese asesino.
Quisiera regresar a la manada y matar a Aulus, pero uno de los dos debe mantener la calma. Ari me necesita cuerdo porque ella está a punto de perder la cabeza. Sus labios tiemblan y el dolor se refleja en su hermoso rostro.
—Ven aquí —le ordeno por segunda vez que se acueste a mi lado, si continuamos hablando de Aulus se pondrá peor.
Escucho los líos que hay en su cabeza, siento sus temores y la forma en que su corazón aumenta la velocidad. Tendrá un ataque de pánico si no logro que se tranquilice. He notado que Arianne es inestable cuando se trata de sus emociones.
—Yo…
—Silencio —la corto y cierra de golpe la boca—. Ya no pienses más. Respira, Arianne.
Sigo el rastro de lágrimas que corre por sus mejillas y luego asiente. Se ve tan increíblemente dulce e inocente. Es preciosa. Cabello castaño ondulado, grandes ojos verdes y pequeña nariz. No es alta y eso me encanta. Estoy seguro de que su cuerpo encajará con el mío a la perfección.
El lobo en mi interior quiere marcarla de una maldita vez, pero debo ser paciente. Prefiero esperar a conocernos mejor y ganarme su confianza. La mayoría de los lobos son conocidos por ser dominantes y posesivos. Mi padre es una prueba de ello, pero yo siempre me he sentido diferente.
Cuando Arianne al fin se tumba en la colchoneta, se aferra a mi cuerpo. Puedo sentirla relajada y segura. Hay un vínculo entre nosotros, eso está más que claro. Somos las piezas de un mismo rompecabezas.
—¿Sabes lo que significa el triskel de tu amuleto? —pregunto, con la intención de distraerla con algo.
—Equilibrio entre la mente y el cuerpo —responde con interés—. Para los druidas simboliza aprendizaje. Aún me cuesta creer que mi madre es una de ellos.
—¿Nunca actuó de forma rara?
—Ella tiene conocimientos que personas comunes no. Es muy buena utilizando las plantas medicinales.
—Tu madre es una curandera.
—Puede ser.
—¿Qué le dirás cuando la veas?
—Exigirle que me diga la verdad. Odio que me oculte tantos secretos.
—Tuvo sus motivos.
—¿Qué motivos, Asher? Todo hubiera sido más fácil si fuese consciente de las cosas que me rodean. Llegué al pueblo con lo poco que sabía y sed de venganza —dice con la respiración agitada—. ¿Está mal que la odie en algunas ocasiones?
Me hipnotizan los mechones castaños de su pelo enredados en mi dedo.
—No. Estás enojada.
—Estoy furiosa —susurra.
Me apoyo en uno de mis codos para mirarla mejor.
—Hoy puedes llorar y maldecir lo que quieras, pero recuerda que no estás sola.
Me observa por debajo de sus largas pestañas y sonríe con tristeza.
—Estoy tan agradecida de contar con tu apoyo.
No respondo y mantengo los ojos en el techo preguntándome si creerá lo mismo cuando sepa que somos compañeros.

ARIANNE
Me despierto entre brazos fuertes y cálidos. Poco a poco me incorporo para encontrar a Asher dormido. Su pecho sube y baja suavemente al ritmo de su respiración. La noche ha llegado y las luces que proyectan los faroles iluminan su rostro.
Estoy cómoda y no quiero levantarme, me apetece observarlo el resto de la noche. Es tan guapo que fácilmente podría competir con cualquier modelo que aparece en las tapas de revistas como GQ.
Me encanta su rostro, pero me gusta aún más que sus rasgos duros se suavicen cuando me mira. ¿Por qué estoy tan fascinada con él? Ha pasado una semana, pero esta atracción solo crece en su presencia. Es tan fuerte que deseé tener mucho más de él: sus besos, su cuerpo contra el mío, todo… ¿Por qué? Me siento curiosa al respecto porque ha sido muy extraño desde que nos conocimos. Es difícil respirar en su presencia, o incluso pensar.
Asher se roba cualquier capacidad de sentido común. ¿Qué me hace? Y no olvidaré el dato más grande: podemos comunicarnos a través de nuestros pensamientos. Oigo los latidos de su corazón y en ocasiones percibo cómo se siente.
No hay nada convencional, Asher no es un chico guapo más.
Oigo un siseo cerca de la entrada y me estremezco. No debería estar asustada, pero es imposible cuando los faroles parpadean y un impetuoso escalofrío cubre mi piel. Justo cuando pienso que este día no puede empeorar, estoy enfrentada a la locura absoluta que es mi mente.
Veo al protagonista de mis pesadillas. Está vestido con su gorra de béisbol, hay sangre en su cuello y sus ojos lucen muertos como él. La palidez en su cara y labios violetas me hacen parpadear para confirmar que no estoy loca.
—¿Theo? —balbuceo—. ¿Theo?
Lentamente sus labios se estiran en una sonrisa siniestra y su cabeza cae de lado en un crujido aterrador.
—Tú serás la siguiente.
Entonces siento un dolor penetrante y grito tan fuerte que algunas piedras caen del techo de la cueva. Asher está a mi lado en el siguiente minuto y trata de tranquilizarme, pero no lo logra. El pinchazo en mi pierna me entumece y aprieto los dientes. El siseo se arrastra por el suelo y vuelvo a gritar horrorizada al ver de qué se trata.
Una serpiente, acaba de morderme una serpiente.
—Mierda… —dice Asher—. ¿Qué carajos?
En un rápido movimiento, aplasta la cabeza del animal y lo arrastra afuera. Después regresa a mí mientras examina mi pierna herida. El color púrpura se forma donde hay dos pequeños agujeros con sangre en mi tobillo derecho.
Trato de ahogar los sollozos, pero las lágrimas salen sin que pueda contenerlas. Me duele. El calambre y la parálisis apenas me permiten moverme.
—Duele… —suelto un quejido.
Asher toca la zona adolorida y chillo. Pronto mi tobillo tiene el doble de su tamaño, una pelota amoratada se forma y los sollozos sacuden mis hombros. Creí que estábamos a salvo aquí.
—Por supuesto que lo estamos —responde Asher a mis pensamientos—. Es la primera vez que entra una serpiente. Nunca había sucedido.
Muerdo el interior de mi mejilla para contener el gemido que el dolor arrastra por mi garganta.
—Al parecer atraigo las energías negativas —musito.
—No pienses en eso. Cierra los ojos y relájate. El dolor pasará eventualmente, recuerda que eres druida y licántropo. Está en tus genes sanar rápido.
Miro de nuevo mi tobillo hinchado. ¿Qué clase de animal era ese? El peso de sus dientes me provocó hasta sangre y mis benditos genes están demorando en ayudar.
—Me duele —vuelvo a quejarme—. ¿Cuánto tardará en curarse?
—No entres en pánico.
—Imposible.
—Arianne…
—Asher, me duele.
Sus ojos avellana encuentran los míos.
—Respira… —murmura, pero en vez de ayudarme, me pone más sensible—. Ya pasará, no te desesperes. Respira, Ari.
Pienso en mamá que solía decirme lo mismo cuando era una niña y no controlaba mis poderes.
—Auch —lloriqueo.
Asher suspira con cansancio y pone mi tobillo sobre su muslo. Masajea la zona amoratada y mi aliento sale disparado por el dolor. Maldita serpiente. ¿Cómo pudo aparecer e interrumpir el momento que tuve con Theo? Lo vi. Mi hermano dijo que sería la siguiente. Un escalofrío me sacude hasta los huesos y me tenso. ¿La siguiente en qué?
—No te curas de inmediato porque aún no has cambiado de forma y las células regenerativas tardan en actuar —declara—. Que estés demasiado tensa tampoco ayuda. ¿Qué hay de tu lado druida?
Tomo bocanadas de aire como una mujer embarazada a punto de parir.
—Atropellé a un venado antes de que me encontraras en la carretera y lo curé con mi toque.
Me escucha atento y sorprendido.
—Bien. —Asher me consuela—. Ahora toca tu tobillo y haz la misma magia. Tú puedes, Arianne.
Mis dedos hacen contacto con la herida y la suave luz toca mi piel. Es brillante, cegadora y cálida. Siento cómo mi cuerpo reacciona, absorbe la luz, elige aceptar una sensación de frescura que se escurre por la mordedura. Repara los daños sufridos y mi tobillo regresa a su tamaño normal.
—¿Ves? Te dije que podrías lograrlo.
Mi corazón se derrite.
—Aún me duele un poco —exagero, apoyándome sobre mis codos.
Eso hace que una de sus cejas se arquee.
—¿De verdad? Puedo ayudarte con eso.
Estoy tan excitada que me siento avergonzada cuando alcanza mi tobillo y su lengua caliente lame mi piel apenas hinchada. Mi espalda se arquea ante la sensación y no reprimo el jadeo. Sé cómo me ve en estos momentos: mejillas ruborizadas, cabello alborotado, labios entreabiertos, piernas separadas y pezones duros.
—Asher…
Sus ojos avellana pasan a amarillos y la vista es tan erótica que me muerdo el labio. Me toca los muslos después, enviando un sinfín de placer por el resto de mi cuerpo. Los dos contenemos el aliento y nos miramos en silencio, él despierta mi lado más hormonal. Que estemos solos en una cueva es una terrible idea porque mi cuerpo implora sus caricias. No simples roces o toques.
Más…
«¿Dónde quieres que te toque?» —habla en mi mente y gimo.
Me toco los labios, provocando que suelte una risa áspera. Hay una incomodidad entre mis piernas que quiero aliviar desesperadamente, esto es penoso.
—¿Qué está pasándome? —pregunto sin aliento—. Hablaste de nuevo en mi mente como si fuera fácil y tengo mucho calor en tu presencia.
Me sonrojo ante la admisión. Asher suelta mi tobillo y traza líneas en mi piel.
—Hay una razón para que te sientas de esa forma. —Su mirada calienta las partes más sensibles de mi cuerpo—. Esto es solo el comienzo.
Recojo mi chaqueta del suelo para cubrirme, como si fuera una manta.
—¿A qué te refieres? —inquiero, nerviosa—. ¿Estás haciendo algo para que me sienta así?
Se lame los labios.
—No intencionalmente.
—¿De qué se trata entonces?
Ya no hay sonrisas, ni miradas seductoras. Solo un semblante serio y cauteloso.
—Compartimos un lazo que nos unirá el resto de nuestras vidas. Tú eres mi compañera, Arianne.
No respiro.
Empiezo a tartamudear y me callo, tratando de asimilar las consecuencias de lo que eso significa. Estoy sorprendida, confusa y enojada. Casi espero haber escuchado mal, pero Asher fue muy claro.
Somos compañeros.
—Eso no puede ser posible —balbuceo.
No. No. No.
No puedo ser la compañera de Asher.
—Tú misma has visto de lo que somos capaces de hacer juntos —dice Asher. Una sombra cruza sus rasgos—. Sé que es muy abrumador, pero no es tan terrible como piensas.
Mi corazón truena como una tormenta.
—¿Que no es terrible? ¡Dijiste que estaremos unidos por el resto de nuestras vidas! —exclamo—. ¡Hablas en mi cabeza y escuchas mis pensamientos! ¿Cómo demonios no consideras que eso esté jodidamente mal?
Hay un atisbo de cambio en sus ojos que no dura lo suficiente para que lo examine. Y aunque su expresión es cuidadosamente neutral, el espacio entre nosotros se siente diferente, como si fuera insoportable estar juntos en el mismo lugar.
—Adelante, dime que es retorcido y repugnante —expresa con una calma escalofriante—. Grita cuánto me desprecias, pero nada cambiará los hechos. Soy el único que puede satisfacer tus necesidades y es imposible renunciar a nuestro lazo. He oído casos donde se resistieron a la unión y tuvieron un final terrible.
Me tapo de golpe la boca ante el choque que genera sus palabras sin tacto. Me deja sin habla y con miles de pensamientos revoltijos. ¿Compañeros? ¿Un lazo que nos une? ¿Algo que me impida tomar mis propias decisiones?
—Esto es enfermizo.
—Dile eso a miles de generaciones antes que nosotros. —Su voz es dócil.
Deseo correr y no mirar atrás. Necesito alejarme.
—Yo… no puedo hacerlo —susurro—. No puedo, Asher.
Alcanza su chaqueta, sus botas y se viste con rapidez sin mostrar un atisbo de lo que piensa. Su cabeza es un muro hecho de ladrillos. No podré entrar por más que quiera.
—No es bueno forzar las cosas. Descansa, hablaremos mañana.
—¿Adónde vas? —indago.
No me mira.
—A tomar aire fresco —dice—. Estaré cerca, no te preocupes.
Lo veo irse sin dirigirme otro vistazo y me concentro en observar mis manos con un nudo en la garganta. He rogado por años que los licántropos tengan su merecido. Los odié por quitarme a alguien que amo con mi vida y ahora me entero de que estoy destinada a uno para siempre.
No lo aceptaré, no importa lo que diga Asher.
Jamás estaré de acuerdo en ser su compañera.
Va en contra de todo lo que soy.