Dulce maldad
Dulce maldad » 22. Asher
Página 25 de 47

No era el momento oportuno para decirle la verdad, pero ella tarde o temprano lo sabría. El deseo salvaje crece entre nosotros y se vuelve más intenso con cada intercambio de palabras. Arianne me mira y es suficiente para desordenar mi mundo.
Sus hermosos ojos verdes me suplican y quiero perderme en ella desesperadamente. En otra ocasión renunciaría, pero escuché sus pensamientos. Me necesita y disminuyo su dolor cuando estoy cerca. ¿Qué pasará si mantengo las distancias? Nos condenará a una eternidad llena de dolor hasta el punto de volvemos locos a ambos. Es así como funciona el lazo. Si nos resistimos, el sufrimiento es inevitable. No solo físicamente, también psicológicamente.
Locos, amargados, incompletos e infelices. Arianne puede darle la definición que más le guste. Papá me dijo que muchas parejas se opusieron al lazo y tuvieron un final terrible.
Su rechazo me lastimó, pero no la obligaré a aceptarme. Sé que debo ser paciente, aunque eso signifique que mi pecho duela. Respetaré sus decisiones y no cuestionaré ninguna. Tampoco intentaré convencerla de que seremos buenos juntos como sugirió papá.
Ella se dará cuenta sola, tomará el camino correcto que la traerá directo a mí y yo la esperaré con los brazos abiertos.
Lanzo la tercera piedra al lago y me paso la mano por el pelo. Cuando me siento inquieto, dejo libre al lobo que hay en mí. A diferencia de los ridículos mitos, podemos cambiar cuando queremos sin la ayuda de la luna llena.
Salimos en las noches para cazar porque si estamos mucho tiempo en nuestra forma humana es desesperante. Los bosques están llenos de diferentes aromas. Desde flores silvestres, hasta el cadáver de un animal. Puedo ver en la oscuridad, identificar cualquier cosa con mi olfato y escuchar a millas de distancia.
Amo esta parte de mí y no creeré lo contrario porque una chica no me acepta. Una sonrisa pinta mis labios y sacudo la cabeza. Qué iluso fui, realmente creí que ella me aceptaría de buena gana y no le importaría lo que representa mi naturaleza.
Idiota.
Sí, Arianne llegó para desordenar mi mundo, más de lo que ya estaba. Me negué a poner mi interés en alguien más desde que mi tercera cita terminó muerta, pero conocí a una chica en la carretera y es mi compañera. Mi alma gemela.
¿Por qué no pude ser condenado a la soledad? Sería fácil para evitar problemas y no sufrir decepciones.
—Me pregunto lo mismo. —El sonido de una rama rompiéndose me hace mirar sobre mi hombro y Arianne sonríe con una mueca—. No entiendo qué clase de brujería tiene tu especie.
Llevo los ojos a la luna, quien se burla de mí en cada oportunidad.
—También es tu especie —remarco—. ¿Qué haces aquí? Ya es tarde.
Arianne suspira.
—No podía dormir, fue uno de los días más caóticos que he tenido —musita con amargura—. Descubrí quién es el asesino de mi hermano y también que soy compañera de un licántropo. Esas revelaciones le quitan el sueño a cualquiera.
Trago con esfuerzo.
—No le des importancia a lo que he dicho.
Me frunce el ceño.
—¿Qué?
—No te obligaré a hacer nada que tú no quieras. —Miro mi reflejo en el agua del lago—. No me convertiré en un problema que te quite el sueño en las noches.
Ari tartamudea.
—Sé que mi reacción estuvo fuera de lugar, pero me aventaste una dinamita, Asher. Siento un rechazo que no puedo evitar.
—Lo sé y por la misma razón no te forzaré a nada.
Sus ojos verdes se alzan para encontrarse con los míos.
—¿Por qué me siento tan desesperada a tu alrededor?
—¿Desesperada?
A pesar de la oscuridad, vislumbro el sonrojo en sus mejillas.
—Como si estuviera en celo —acepta avergonzada.
Una pequeña sonrisa roza mis labios. Si supiera que esto es apenas el comienzo…
—Es porque tu alma responde a la mía —le explico con suavidad para no asustarla—. Tú eres mía y yo soy tuyo. Eres mi compañera, mi alma gemela. Llámalo como desees, sucede cuando dos licántropos están destinados y el lazo nos une.
Jadea de nuevo.
—¿Será así todo el tiempo?
—Es duro al principio, pero después se vuelve más fácil. Cuando nos vemos por primera vez, sentimos esta conexión como ningún ser humano. Amor instantáneo, los corazones laten al mismo ritmo, hablamos telepáticamente y no podemos vivir sin el otro.
Ari se toca el pecho.
—Almas gemelas.
—Es lo que somos —susurro.
—Oh, dioses… —Se tambalea y la sostengo—. ¿Qué pasa si uno de nosotros se rehúsa?
Me tenso.
—Explícame por qué me buscaste —pregunto a cambio.
Evita mis ojos.
—Te necesito cerca.
—Exacto. —Le rozo el brazo con un dedo y ella vuelve a suspirar—. Es porque nuestros cuerpos están conectados y exigen que termine cualquier distancia. Si luchas será aún más doloroso.
El enojo estropea sus lindos rasgos.
—Entonces no tengo elección.
—Por supuesto que la tienes. —Me aparto—. Te dije que no estás obligada a nada.
Ella me toca el pecho y esta vez la conexión es más fuerte. Siente curiosidad, agotamiento y frustración. Me odia, pero también me desea tanto que no puede respirar.
—¿De verdad? Porque me muero por besarte —acepta. Me río alto y ella me golpea en el pecho—. ¡No es gracioso, Asher!
—No, tienes razón —digo—. Es adorable.
Se cubre el rostro con las manos.
—Oh, dioses…
—Todo esto es nuevo para ti y será mejor que no luches. —Le pongo un mechón de pelo detrás de la oreja—. Te prometo que no me aprovecharé de la situación, mucho menos te lastimaré. Estás a salvo conmigo, Arianne.
¿Lo sientes?
Asiente con los ojos brillosos por las lágrimas.
—Sí.
Beso su frente.
—Ve a descansar. Mañana nos ocuparemos del verdadero problema, que es Aulus.
Retrocede algunos pasos y se dirige de nuevo a la cueva con la cabeza agachada, pero luego me lanza una sonrisa sobre su hombro.
—¿Asher?
—¿Sí?
—Tienes razón, no creo que sea tan malo, no contigo —susurra y sonrío las próximas horas.

ARIANNE
Después de perder la cordura en la manada Persson, duermo como un corderito a salvo de los lobos gracias a Asher. Todavía sigo aturdida, pero ya no me duele la cabeza y despierto más motivada.
Un cabo suelto menos.
Tengo al asesino de Theo en mis manos y es mi única prioridad. Asher me prometió que partiríamos a Chicago después de hablar con sus padres y hoy mismo organizaré las maletas. Estoy lista para enfrentar a mamá y ansiosa de escuchar su versión. Ya no hay razones para que me mienta porque la verdad siempre sale a la luz. No importa cuánto luche, descubriré cualquier secreto que conserve.
—¿Cómo empezó esta fantástica historia cursi? —inquiero—. Ya sabes, el de dos licántropos unidos para siempre.
Asher camina a mi lado con la mochila sobre su hombro. El bosque está fresco y húmedo a causa del rocío. Me resulta increíble cómo puedo percibir cada detalle, incluso veo la pequeña mariquita que duerme dentro de una flor.
Hermoso.
—Es obra de la diosa Luna —responde Asher—. Dicen que ella se enamoró de un lobo solitario hace milenios, pero no pudieron estar juntos. No quiso que nadie experimente el mismo dolor así que ocupó el lugar de Cupido.
Me burlo.
—¿Cupido?
—Se encarga de que cualquier licántropo en el mundo encuentre a su otra mitad para evitar corazones rotos. El amor duele, Arianne —susurra—. Duele y mucho. La diosa Luna nos ahorró pasar por ese sufrimiento.
¿Debería darle las gracias? No, gracias. Quiero elegir mis propias experiencias.
—Pienso que es una dictadora —me opongo—. No nos hizo ningún favor. Al contrario, está obligándonos a cumplir con su capricho. ¿Quién estaría feliz con la idea de pertenecer a una persona como objeto el resto de su vida? ¿Dónde quedan las ganas de experimentar y vivir sin estar ligada a ningún alma? El libre albedrío se fue al carajo.
Asher no está ofendido con mi opinión.
—Puedes experimentar miles de cosas al lado de la persona correcta.
Resoplo.
—Qué aburrido.
Mi espalda golpea el tronco de un árbol cuando me obliga a retroceder varios pasos. Quiero preguntarle cuál es su problema, pero pierdo el aliento. Mis ojos absorben cada centímetro de su musculoso cuerpo, el rastro de barba en su mandíbula cincelada, el cabello negro azabache y la mirada avellana más expresiva que he visto nunca.
Pero sus labios…
Dioses, pienso la forma en que esos labios anoche lamieron mi piel e imagino lo bien que se sentirá probarlos. Mi sangre hierve porque quiero recorrer su cuerpo con mis dedos, abrazarlo y besarlo hasta que me duela.
Su sonrisa está llena de suficiencia al oír mis pensamientos y susurra en mi oído.
—Tu corazón se acelera cuando estoy cerca.
Trago saliva y hablo, mi voz es como un graznido.
—Es porque me asustas.
Se acerca tanto que nuestros labios se rozan.
—Tu cuerpo dice lo contrario: las mejillas rojas, el pecho agitado y la forma que muerdes tu labio, bonita.
Mi nariz se arruga con disgusto y lo empujo porque detesto que escuche mis pensamientos. Sabe que ardo por dentro, sabe cualquier cosa que expreso. Soy una inexperta que no puede ocultarse, pero él sí.
Ventajas de ser un licántropo experimentado.
—¿Sabes lo que es espacio personal? Quítate, Karlsson.
Sus brazos me aprisionan contra el árbol.
—Oblígame. —Se lame los labios.
Me deslizo fuera de su agarre.
—Has demostrado que eres más fuerte que yo, lobito —digo en tono burlón—. Tal vez me asesines aquí mismo, pero tus partes masculinas no saldrán ilesas. Solo quítate.
Asher suelta una carcajada a mis espaldas mientras avanzo rápido hacia la Fortaleza Karlsson. Estoy molesta e irritada con él. Anoche dijo que no se aprovecharía, pero sigue tomando ventajas de cómo me siento por culpa del lazo. Soy vulnerable y transparente. No puedo esconderme.
—Sin duda, naciste para las batallas —comenta—. Es una pena que pierdas.
Me detengo y lo miro con mis cejas fruncidas. Mi boca se tuerce en algo que no es una sonrisa.
—¿Cómo estás tan seguro de que perderé?
Sus ojos son calientes y desafiantes.
—Porque estoy en ventaja, aunque no te guste. —La seriedad regresa en su tono—. Soy el ganador y a ti te encanta, bonita.
Pasa por mi lado y camina con una arrogancia que me provoca ganas de patearlo en la entrepierna. Odio estar en desventaja, odio que mi corazón salte en su presencia, odio que me sonroje las mejillas con un simple «hola».
Odio ser su compañera.

Hay un aire denso cuando llegamos a la Fortaleza Karlsson. Todos están reunidos en la sala y me siento avergonzada por traer puesta la misma ropa de ayer. Aiden luce nervioso, Aria enojada y los hermanos de Asher muy curiosos al vernos llegar juntos. Estuvimos desaparecidos como dos amantes en fuga casi veinticuatro horas y no quiero imaginar qué pasa por sus mentes. Probablemente cosas sucias, muy sucias.
—¡Ya era hora! —espeta Aria con la frente arrugada y rostro demasiado expresivo—. ¿Saben que el pueblo estuvo en evacuación ayer? ¡Alguien provocó un incendio forestal!
Me lanza una mirada mordaz que me congela en el lugar. Sabe que fui la responsable, hay cámaras en el bosque que lo demuestran. Mierda, si antes me odiaba, ahora supongo que mucho más.
—Señora, yo… —pretendo explicarme.
Asher intercede por mí.
—Aulus es el jodido asesino que buscamos, Arianne lo reconoció cuando vimos el entrenamiento que tenían en manada. Él mató a Theo.
Nadie se muestra sorprendido, ya esperaban que ese monstruo sea el asesino. Aunque Aria no está dispuesta a callarse y arremete de nuevo contra mí.
—¿Era una excusa para quemar casi el bosque entero? ¡Cientos de árboles fueron destruidos y algunos animales murieron! —exclama sin piedad—. ¿Cómo supo que se trata de él?
¿Es en serio? A esta mujer no le importa mi dolor, ni se pone un segundo en mis zapatos. Mi reacción no fue la indicada, pero no estaba pensando. Me dejé llevar por la rabia.
—Yo lo vi esa noche, nunca olvidaré al monstruo de pelaje gris y ojos rojos que le desgarró el cuello a mi hermano.
La cara de Aria se conserva apática, pero no contesta.
—Tienes que detenerlo, papá. No podemos permitir que llegue a Arianne —masculla Asher—. Él sabe que ella quemó su manada.
Aiden gruñe.
—Por supuesto que lo sabe. Hacerlo caer no es fácil como crees, Asher.
—Diablos, no. —Andrew enciende la televisión de pantalla plana—. Vean esta estupidez.
La imagen muestra a la manada Persson con restos de cenizas en las cabañas y árboles caídos. Me pongo rígida cuando Aulus se limpia las falsas lágrimas con un pañuelo que le tiende la periodista. Es un excelente actor, me conmovería si no supiera quién es.
—El incendio fue provocado —escupe con desdén y mira directamente a la cámara. Simón está detrás de él—. Fueron dos bravucones que no pueden seguir en libertad. Yo los vi.
—¿Reconoció a los delincuentes? —pregunta la periodista.
—Sí. Hablo de Asher Karlsson y la chica que llegó al pueblo. Ellos quemaron mi casa con intenciones de matarnos.
Mi rostro demuestra conmoción mientras el de Asher solo furia. Aria libera un grito colérico que lastima mis oídos.
—¿Ven lo que lograron? —chilla y observa a su hijo—. Querías pasar desapercibido, pero acabas de conseguir lo contrario. Felicidades, cariño.
Asher no se mueve, pero leo sus emociones y está muy enojado.
—Aria, basta. —Aiden suena agotado—. Aulus tiene a la prensa de su parte y la opinión pública lo favorece. Muchos lamentan su pérdida. ¿Creen que es buena idea arrestarlo ahora por presunto homicidio sin pruebas?
El resentimiento fluye a través de mí, llenando mi cuerpo de indignación. ¿No hay pruebas? ¿Acaso mi palabra no cuenta?
—Yo lo vi —insisto—. Juro por mi vida que fue él.
—Y creemos en ti —enfatiza Aiden—. Pero las cosas no siempre funcionan como uno espera. Es tu palabra contra la suya, Arianne. ¿Qué vas a declarar? ¿Que te atacó en su forma lobuna? No tienes evidencias exactas.
—Papá…
—No, Asher. —Lo corta su padre—. Solo hay dos formas de detener a Aulus y es encontrando a sus víctimas o pruebas forenses que lo involucren. Nadie nos tomará en serio si insistimos en que todo lo hizo cuando era un licántropo. —Me evalúa—. ¿Recuerdas cómo terminó Amelia?
La acusaron de estar loca y nunca le creyeron…
—Esto es injusto —susurro. La bilis quema mi garganta.
—Lo siento, Arianne. No hay nada que puedas hacer por el momento —determina Aiden—. Te recomiendo que prepares tus maletas porque mañana mismo regresas a Chicago.
Oírlo hablar con esa frialdad, es como un bate de béisbol en mi pecho.
El peso de sus palabras roba el aire de mis pulmones y aprieta mi corazón viciosamente. Dioses, duele saber que debo soportar que el asesino de mi hermano siga libre.
No lo permitiré.
—Ari… —trata de decir Asher.
Subo las escaleras corriendo mientras mi rabia detona. Creí que encontraría apoyo en esta familia, pero volví a equivocarme. ¿Cuándo aprenderé? Soy la única que vela por mis intereses.
No le importo a nadie.
Nadie.

Empaco mis maletas como sugirió Aiden porque esta situación es desesperante.
Mamá tampoco me respondió hoy y estoy al borde del colapso. No es habitual en ella que me ignore, no cuando es la persona más desconfiada que conozco y jamás me perdería el rastro. Tengo un mal presentimiento sobre esto.
Recojo mi celular de la cómoda solo para comprobar que no me devolvió ninguna de las llamadas. Cierro la primera maleta y me siento en la cama mientras observo la ventana. No me gusta pensar demasiado porque el pesimismo se apodera de mis sentidos como una infección.
Cuando pienso en cosas malas, se hacen reales y me aterra pensar que mamá está en peligro.
No.
No la perderé a ella también.
—¿Puedo pasar? —Andrew está en mi puerta y me da una sonrisa comprensiva.
Descanso la mejilla en la palma de mi mano.
—Claro —contesto, mi voz apagada y sin fuerzas.
—¿Cómo te sientes?
Pongo un cojín en mi regazo.
—Horrible e inútil. Debo aceptar ver libre al asesino de mi hermano.
Se sienta a mi lado y uno de sus brazos me rodea.
—Mi padre fue muy rudo, pero tiene un punto. Lamentablemente no podemos usar tu palabra en su contra porque en la lógica humana es irreal y hasta ridículo.
Y es lo que más me frustra. Si abro la boca quedaré como una trastornada sin pruebas al igual que los testigos sobrevivientes. Terminaré peor que Amelia porque estoy acusada de quemar su manada, nadie me creerá excepto los Karlsson.
—¿Iremos a la cárcel? —cuestiono—. Nos acusó de quemar su manada en público.
—Mi padre lo solucionará.
Aviento el cojín en una esquina.
—Expuse a Asher en una situación comprometedora. —Niego—. Sé que tiene suficientes problemas con su reputación de asesino y lo ensucié mucho más.
Bosteza como si escuchar mis dramas fuera aburrido.
—Mira, Asher ya está acostumbrado a que todos lo odien en el pueblo. Un problema más no es nada.
—¡Andrew!
—Ya. —Se echa a reír y me tira de nuevo a él—. No irás a la cárcel y mi hermano tampoco. Aulus no tiene pruebas más que sus palabras para acusarlos y vamos a desmentirlo. Mañana iremos a Chicago mientras mi padre soluciona la mierda. Confía en nosotros, corazón. Te cuidaremos.
Me tiembla la barbilla por el miedo.
—Estoy preocupada.
Sonríe acostado desde mi cama.
—Ve a darte un baño porque apestas a mi hermano.
Me ruborizo por la vergüenza abrasadora y mis mejillas se incendian.
—No es lo que piensas —explico.
—¿No? —Levanta las cejas con picardía—. Estuvieron desaparecidos por horas y es normal que se apareen, son compañeros.
¿Acaba de usar esa jodida palabra rara conmigo?
—¿Todos saben que somos…?
—Compañeros, sí —dice Andrew—. Cualquiera puede notar el vínculo que hay entre ustedes. Asher te mira como si quisiera comerte, mientras que tú estás dispuesta a ser devorada.
Alcanzo el cojín y se lo lanzo en la cara. Andrew ríe a carcajadas.
—No es cierto.
Los ojos de Andrew se entrecierran como rendijas.
—Vaya, vaya. Entiendo por qué mi hermano estaba tan preocupado. —Ríe—. No te gusta el lazo, ¿eh?
Meneo la cabeza.
—Es desagradable que escuche mis pensamientos y diga que estaremos juntos el resto de la eternidad.
Su sonrisa crece.
—Cualquiera puede oler el instinto de apareamiento entre ustedes, no te negarás por mucho tiempo.
Un florero sale disparado hacia su cabeza y lo esquiva a tiempo. Nos quedamos mudos por el ataque inesperado.
—No me controlaré si vuelves a hacer un comentario como ese —protesto.
Andrew mira el florero en el suelo. Agradezco que sea de plástico y las flores artificiales.
—Uy, perdón. No volverá a repetirse.
Mi ceño se frunce cuando oigo el ruido de risas escandalosas. Una canción excesivamente obscena suena y me acerco a la ventana para verificar qué rayos pasa. Hago a un lado las cortinas para comprobar el Jeep amarillo estacionado.
La siguiente escena me corta la respiración.
Es Julianne.
Luce grandiosa con el vestido rojo y sus largas piernas bronceadas. Lleva el cabello rubio suelto y su maquillaje es sensual. Se ve feliz y a gusto con sus amigos que son iguales de guapos que ella. No me cabe en la cabeza que Asher pertenezca a ese grupo. Él es tan… reservado.
—¿Qué haces aquí? No es el mejor momento, Julianne.
Ella hace un puchero lamentable.
—Hoy no aceptaré que vuelvas a ignorarme. ¡Te extraño! Sé que mañana te irás de viaje y no volveré a verte en días. ¿Por qué no me dijiste nada?
—Julianne…
Me siento fuera de lugar escuchando la conversación, pero no puedo detenerme. Los celos se encienden de forma irracional e innecesaria. Yo le dije que no me interesa el estúpido lazo. ¿Entonces por qué me molesta tanto verlo con otra chica?
—Ven conmigo —suplica ella—.
No quiero que sigas molesto conmigo.
La postura de Asher es incómoda.
—Lo haré si no te vas —dice Asher.
La voz de ella es baja y acusatoria.
—¿Cuándo ibas a decirme que encontraste a tu compañera?
Escucho a Andrew reír a mis espaldas, pero no le hago caso. Estoy muy concentrada en la disputa que sucede frente a mis ojos. ¿Por qué suena como si estuviera celando a Asher? ¿Acaso también está enamorada de él? Lily mencionó que Julianne es territorial y tiene sentido, lo quiere más que como un amigo.
—No te debo ninguna explicación.
—¡Por supuesto que sí! Soy tu mejor amiga y merezco más que un par de migajas. Me ignoras desde hace semanas y te irás a Chicago sin ponerme al tanto. Estoy muy angustiada, Asher. He visto la noticia donde eres acusado de provocar un incendio.
¿Mejor amiga? Ella actúa como si fuera su novia. Veo el momento en que Asher cede con los hombros hundidos.
—Está bien, hablemos.
Abraza a Asher y sus ojos marrones se posan justo en la ventana donde me encuentro espiando. Mi boca se seca y mi corazón se queda inmóvil.
Ella está restregándome en la cara que es cercana a Asher, y la odio sin conocerla.
—¡La pasaremos genial! —ronronea Julianne.
Cierro las cortinas y después oigo al auto alejarse. ¿Es por la conexión que me siento tan asquerosamente celosa? Tiene que ser eso. Asher puede hacer lo que quiera, sus acciones no significan nada para mí.
Nada.
—¿Aún no te interesa el lazo? —Se burla Andrew.
—Cállate, Andrew —gruño frustrada—. Cállate o romperé otra cosa en tu cabeza y no será suave.
—¿Quieres saber adónde van?
—No. —Miento.
—Te lo diré de todos modos. Irán a una fiesta que organizan todos los fines de semana en una casa cerca del lago —espeta con una sonrisa—. Julianne intentará integrarlo y Asher se sentirá infeliz.
Wow… No consideraba a Asher del tipo que hace cosas solo para complacer.
—¿Por qué quiere complacerla? —inquiero.
—Porque es su única amiga y no cree que merezca algo mejor.
Su tono despectivo me hace arquear una ceja.
—Parece que Julianne no te agrada.
—No, no me agrada. A mis hermanos tampoco. —Rueda los ojos—. Mamá es la única que la quiere.
Ya me di cuenta. Apuesto a que le agrada cualquier chica para Asher, menos yo. ¿Y qué importa de todos modos?
—Uhm…
—Axel y yo nos dirigimos a la fiesta. —Sonríe—. ¿Vienes o te quedarás a pensar en Asher?
—Estoy cansada, no tengo ánimos.
Se encoge de hombros.
—Tú te lo pierdes. —Avanza a la puerta.
Debería darme una ducha y dormir porque mañana nos espera un largo viaje, pero no me agrada saber que Asher es infeliz en las fiestas. Quizás mi compañía lo hará sentir mejor y regresará conmigo después.
—Espera… —Detengo a Andrew—. Cambié de opinión. Llévame a esa fiesta.
La sonrisa de Andrew es tan grande que opacaría al sol.
—Sabia elección.
Él quería esto y lo consiguió. Estoy a tiempo de arrepentirme, pero no lo haré. Menos cuando recuerdo la sonrisa triunfante de Julianne.
—Dame diez minutos para alistarme —murmuro—. Primero me daré una ducha rápida.
El rubio me guiña un ojo.
—Tómate tu tiempo.