Dulce maldad
Dulce maldad » 28. Arianne
Página 31 de 47

La respiración abandona mi cuerpo con la fuerza de un tsunami y el torrente de lágrimas arden en mis ojos. La sal en ellas pica mis mejillas mientras Asher es el soporte para mantenerme de pie. Soy incapaz de manejar esto, soy incapaz de hablar. Estoy tan aterrada que podría hiperventilar.
Ese monstruo no es mi madre. Alguien más está dentro de su cuerpo. ¿Pero quién?
Mirando una vez más sus ojos, me doy cuenta de que existe la posibilidad de que nunca más vuelva a verla. Me aferro a este sentimiento de dolor y malestar en mi interior que amenaza con destrozarme. Mi pecho palpita por la fuerza de mis sollozos y un ruido de impotencia rasga mi garganta.
Estoy deshecha.
—¿Quién eres? —exijo, encorvando los hombros—. ¿Qué le has hecho a mi madre?
Observo cómo sus ojos se oscurecen. La expresión que hay en ellos de repente me pone muy nerviosa, las venas verdosas sobresalen en sus sienes y me asusta que sus vasos sanguíneos estallen. Está poseída.
¿Es ella?
—Mírate, tan desafiante. —Una carcajada retumba en la habitación, pero no puedo escuchar la voz de mamá—. Sabía que serías mucho más fuerte. —Inhala con deleite—. Y tu poder es… apetitoso, querida. Estaba ansiosa de conocerte.
Los brazos de Asher me sostienen como grilletes cuando me muevo. La conmoción y el miedo me retuercen el pecho. Siento unas garras en mi corazón descuartizando mi cuerpo miembro por miembro. ¿Dónde está mi madre?
Tiene que ser un demonio, un demonio que se apoderó de su cuerpo.
—¡¿Quién eres?! —repito, mi voz es un grito iracundo—. ¡¿Qué le hiciste a mi madre?!
Con la oscuridad en sus ojos, acecha lentamente hacia mí mientras se mantiene suspendida en el aire. Su cuello traquetea cuando inclina la cabeza a un lado y su lengua está partida por la mitad como la de una serpiente.
Me aterra.
Ella me aterra.
—¿No te habló de mí? Qué lástima. —Hace un mohín decepcionante—. Pensé que lo haría el día que me llevé a tu hermanito.
La atmósfera empeora y mi odio se alimenta desde lo más profundo de mi ser. Ella se llevó a mi hermano. Un grito rabioso brota de mi boca y las ventanas emiten un pitido cuando los vidrios explotan. Las llamas serpentean en mis palmas como olas furiosas. No reprimiré nada, la quemaré viva.
Asher y sus hermanos me miran impactados. Están sorprendidos y asustados por mi reacción.
—Ahí está el poder que tu madre quiso reprimir tanto. —Se burla el demonio—. ¿No es precioso, Arianne? ¿Sientes la energía que te mantiene viva? Solo disfruta lo invencible que eres. Una druida y licántropo con sangre de demonio. Mi mayor orgullo.
Las chispas suben por mis brazos y mi cabello. No ardo, pero ella sí. La haré arder.
—¡Mataste a mi hermano! —gruño con los dientes rechinantes—. ¡Y estás en el cuerpo de mi madre! ¡¿Quién eres?!
Empuja aire a través de sus dientes como un siseo y vuelve a reír. Asher aprieta mi hombro, recordándome que sigue aquí con sus hermanos.
—Saquemos nuestros culos de aquí —dice Andrew con la voz temblorosa.
—Creo que me haré pis encima —añade Axel.
Ashton los regaña, pero no escucho. Miro al demonio que se apoderó de mi madre y me ha robado la felicidad. Este monstruo es el causante de mi ruina, es el principio de todas mis desgracias.
—Tu madre siempre quiso protegerte de mí, pero fracasó. —Se rasca el brazo con sus largas uñas que generan sangre en la piel. La vista me incomoda y provoca dolor—. Ella se empeñó en ocultar tu potencial y dormir tus habilidades. ¡Mírate! Los humanos se arrodillarán ante ti y los dioses te temen. Perteneces a mi lado, querida.
La rabia me hace dar un paso cerca con dos esferas de fuego en mis manos. Una parte de mí quiere esconderse en el armario y llorar como niña pequeña mientras me lamento por la vida que me tocó. Mi cerebro grita que corra, pero ya no tengo nada que perder.
Ella me arrebató todo. Y haré lo mismo.
—No me llames querida, monstruo repugnante —escupo—. Te mataré. Pagarás por haberme quitado a mi familia. Pagarás cada lágrima que he derramado, lo juro por mi vida.
Su expresión se vuelve dura y cruel. Una mueca de decepción acentúa sus labios muertos.
—¿Te atreves a desafiarme?
—¿Tú te atreves a detenerme? —contraataco.
Le lanzo una esfera de fuego en la cara, pero se apaga antes de que llegue más lejos. Al ver que sus ojos inyectados en sangre se dirigen a Asher, me arrepiento de inmediato. Mi compañero libera un grito perturbador mientras se derrumba al suelo de rodillas. Como si no fuera suficiente, me siento de la misma forma y me desenfoco.
Siento su dolor, cada golpe y los crujidos de sus huesos cuando se rompen. Mi mundo se ha convertido solo en dolor. Apago las llamas y mi boca se abre como la de un pez fuera del agua. Me falta el aire.
—Para… —jadeo con los ojos inundados de lágrimas—. ¡Dije que pares! ¡¿Qué demonios quieres de mí?!
Los hermanos de Asher se preparan para el cambio, pero levanto la mano deteniéndolos. No quiero que nadie más salga herido.
—A estas alturas deberías saber lo que quiero, mi niña. —Sonríe el demonio—. Quiero tanto de ti y no voy a parar hasta quitarte todo. Incluso el alma que tu madre luchaba por conservar. Ella creía que eras pura e inocente, se revolcaría si viera la misma oscuridad que percibo en ti.
¿Creía?
Asher vuelve a gritar y me arrastro hacia él para ayudarlo. Sostiene sus costillas mientras el resto de sus huesos se quiebran. Gotas de sudor por el dolor humedecen su frente y jadea con los ojos cerrados. ¿Cómo puede soportar tanto?
—¡¡Basta!! —espeto y observo al demonio—. ¡¡Ya basta, por favor!!
Con un movimiento de mi muñeca, un trozo de vidrio vuela y la apuñala en el estómago. Mi pulso aumenta y mis venas se inflaman con el sentimiento de venganza. Puede que sea el cuerpo de mi madre, pero no es ella.
Mamá jamás me lastimaría.
El demonio por un instante pierde el soporte que la mantiene en el aire. La sangre se escurre de su nariz y un extraño líquido nauseabundo sale de sus labios. Su boca tartamudea mientras grita con ira porque se debilita.
Mi madre está luchando contra ella.
—Lucha, pelea y niega lo que eres. Nunca podrás vencerme, niña. —Su voz es brusca y severa—. Nada ni nadie impedirá que tome lo que me pertenece. Tú me perteneces.
Entonces con la misma rapidez su presencia desaparece y el cuerpo de mi madre cae al suelo en un estruendo. Me congelo, mi pecho encogiéndose hasta que siento que va a terminar con mi poca cordura. Corro hacia ella justo cuando sus ojos se cierran lentamente y presiono la herida en su estómago.
No expulsa sangre roja.
Es negra.
Con el corazón en la boca, entro en pánico al ver su estado. Mamá sostiene mi mano mientras balbucea incoherencias y llora en silencio.
—Voy a curarte, mamá. Aguanta, aguanta. —Lloro—. Por favor, aguanta.
Escupe un gran flujo de sangre cuando Asher y sus hermanos se unen a mi lado.
—Arianne… —dice Asher con voz gruesa—. Ella…
—¡No! —lo interrumpo—. Ella no va a morirse porque voy a curarla. Soy una druida, puedo sanarla. Voy sanarla.
Toco su cuerpo, cualquier huella con rastros de sangre, pero mamá poco a poco se vuelve más fría. Escupe sangre negra y una lágrima rueda por su mejilla. Un mido de impotencia surge de mi garganta. Voy a perderla y no podré hacer nada. ¿Por qué carajos mis poderes no funcionan?
—Luché, te juro que luché, cariño. —Tose de nuevo con una sonrisa triste—. Luché tanto, pero no fue suficiente.
Mi pecho tiembla con la fuerza de mis sollozos mientras la abrazo. No importa lo que sucedió hace semanas. No importa si peleamos y sentí que la odiaba. No importa nada excepto que se recupere. Ella debe recuperarse, no puede abandonarme.
No puede…
—Shh… todo estará bien. —La consuelo con un hipo—. Estoy aquí, mamá. Lo siento tanto, nunca debí irme.
El gorjeo que expulsa me indica que perderá la lucha y grito a todo pulmón. El sufrimiento me consume y dudo que sobreviva. No sobrevivirá. Sus ojos cansados pasan de Asher a mí y luego sonríe dulcemente.
—Nada de esto es tu culpa, cielo. Sé feliz, sé feliz…
Las lágrimas me ciegan cuando su cabeza cae a un lugar donde no puede verme y sus ojos abiertos no parpadean. Me fijo en sus latidos, pero no tiene. No puedo sentir ni un signo de vida. Nada. Está fría. Tan fría.
—Bonita, por favor…
—¡No! —Mi energía empuja a Asher y abrazo a mamá—. ¡Debemos hacer algo! ¡Tiene que haber una forma de salvarla! ¡Muévanla, maldita sea! ¡Necesita ir a un hospital!
—Ella…
Me niego a escuchar.
Bajo la cabeza al pecho de mi madre con la esperanza de escuchar sus latidos. Paso los dedos por su cabello, trato de reanimarla, pero es inútil. Todo es inútil. No tengo idea de cuánto tiempo permanezco así, solo sé que estoy destruida y apenas puedo mantenerme con vida. Mi cabeza palpita tan fuerte como mi desgarrado corazón.
Noto cómo alguien abraza mi espalda y besa mi cabeza.
—Lo siento, corazón —susurra Andrew.
Mi corazón deja de martillar, mis gritos se vuelven silenciosos y lloro tanto hasta que me quedo muda.
La he perdido.
Perdí a mamá.