Dulce maldad

Dulce maldad


Dulce maldad » 29. Arianne

Página 32 de 47

Durante los siguientes tres días permanecí encerrada en mi habitación, mirando hacia la nada. Asher estuvo a mi lado, dándome consuelo y sosteniéndome en las noches cuando mis pesadillas decidieron regresar. La tristeza hace añicos mi alma y me pregunto cómo seguiré adelante a partir de ahora.

No avisamos a la policía sobre lo sucedido. ¿Qué sentido tendría?

Detrás de la muerte de mamá hay una explicación sobrenatural que nadie creería. Fue poseída por un demonio que está empeñado en lastimarme y murió protegiéndome.

Durante tres días lloré, grité y me deprimí. Pasé la misma etapa de dolor de hace cinco años cuando perdí a Theo. Sé que nada de eso revivirá a mi familia, pero estoy tan rota. Hoy decidí levantarme para seguir luchando y hacer pagar a los culpables.

«No te des por vencida. Levántate».

No me rendiré ahora y tampoco le daré satisfacción a ese monstruo. Empezaré de nuevo y enfrentaré al mundo. Tengo que hacer una elección: hundirme en mi miseria o continuar.

Y yo elijo continuar.

Theo.

Mi madre.

¿Quién será el próximo en la lista?

Mis ojos se dirigen a Asher y me estremezco de miedo. Me aterra la idea de perderlo a él también. Beso su mejilla y salgo de la cama con cuidado para no despertarlo. Me las arreglo para tragar la espesa bola de dolor que se ha formado en mi garganta cuando percibo que estoy en mi antigua habitación. Mis pensamientos me atormentan y la ira es incontenible. Un odio venenoso me absorbe.

«A estas alturas deberías saber lo que quiero, mi niña. Quiero tanto de ti y no voy a parar hasta quitarte todo. Incluso esa hermosa alma que tu madre luchaba por conservar».

Siento odio.

El tipo de odio que consume cualquier otra emoción.

Tanto odio.

El odio se convierte en un feo sentimiento que se niega a apagar. Es una llama muy viva que incendia un nuevo propósito:

Venganza.

Nunca una palabra me ha parecido tan dulce como ahora.

Camino descalza por la silenciosa cabaña, mis dedos tocan las paredes y los muebles. Tarareo suavemente Don’t Be cruel, una de las canciones favoritas de mamá. La imagino a ella acompañándome en los pasillos e invitándome a bailar.

Recuerdo su sonrisa, esos ojos verdes que se apagaron cuando murió Theo. La recuerdo como una mujer que luchó hasta el final. Porque fue una guerrera y hoy entiendo sus razones más que nunca.

Solo quiso protegerme de ella.

Mantuvo dormidos mis poderes por ella.

Tiemblo al recordarla, mi cuerpo debilitado bajo el peso de una dolorosa comprensión: ella mató a Theo por sus poderes. Y quiere hacer lo mismo conmigo.

Las lágrimas pican en mis párpados y caen por mis mejillas calientes.

La culpa se convierte en mi propio infierno personal. ¿Qué hubiera pasado si nunca decidiera ir a New Hope? Mamá seguiría con vida y el demonio no tomaría posesión de su cuerpo.

¿Cuánto de mi desesperación por respuestas contribuyó a su muerte? Permití que el demonio entrara a nuestra casa. ¿Sería diferente si hubiese sido paciente y no la hubiera presionado? Su final fue mi culpa y tengo que vivir con ello.

Ahogo un sollozo en mi palma y me sobresalto cuando siento una mano sobre mi hombro. Ashton Karlsson me mira con compasión y mi corazón se estruja. El dolor en su rostro refleja el mío. No pensé que alguna vez tendría su empatia.

—Sé que no hemos hablado mucho desde que nos conocimos, pero tienes mi apoyo —murmura—. Estoy aquí si necesitas algo.

Sus palabras me toman por sorpresa, pero no como su abrazo. Ashton me jala hacia él y me envuelve con sus brazos. Mi cuerpo se convierte en gelatina por su muestra de afecto y cierro los ojos.

—Gracias —digo—. Significa mucho para mí.

Él se aparta y me observa con una cálida sonrisa.

—Tu padre estará aquí pronto —informa y me tenso—. Quiere estar presente en el entierro de tu madre.

Temblando de rabia, aprieto los puños a mis costados. Tarde. Llegó jodidamente tarde.

—No quiero verlo aquí.

Ashton suelta un suspiro.

—Tu madre guardaba muchos secretos y ahora ya no está. Josh es el único que puede darte respuestas, él la conocía mejor que nadie.

Mamá siguió amando a mi padre a pesar de los años y jamás lo olvidó. Ella querría que él estuviera presente y me conociera, sé que sí. No me dio muchos detalles de cómo fue la relación de ambos, pero tenía fe en Josh Laroux.

Y ha llegado la hora de conocerlo.

—Está bien —musito—. Lo esperaré.

Trato de pasar por su lado, pero toma mi brazo, deteniéndome. Nos miramos fijamente. Ashton luce tímido cuando deja un sobre en la palma de mi mano.

—Lo encontré en la habitación de tu madre. Es para ti, Arianne.

—¿Lo leíste?

Parpadea lentamente.

—No —afirma y suena ofendido—. No me corresponde a mí leerlo.

—Gracias.

—No estás sola. —Me ofrece asentimiento antes de retirarse.

Seco las lágrimas con la manga de mi suéter y abro el sobre con manos temblorosas. Hay una nota muy vieja dentro y también una carta. Es como si mi madre supiera que su muerte llegaría. Sollozos silenciosos, pero potentes me sacuden cuando leo la primera línea:

En 1787, una mujer fue quemada en la hoguera. Los habitantes aseguraron que era una bruja y responsable de la desaparición de niños inocentes. Abigail Sanders, la maldición de New Hope.

A medida que leo, me estremezco a causa del pánico, consciente de que son revelaciones muy importantes. ¿Bruja? ¿Asesinato de niños? Otra lágrima gotea sobre la hoja cuando paso a la carta mientras mi cuerpo se mece en oleadas de temblores. Reconozco la letra de mi madre. Es su letra.

Mi hermosa y adorada Arianne…

Si estás leyendo esto es porque ya no estoy a tu lado y te he fallado. Me costó mucho encontrar las palabras correctas para decirte cuánto lo siento por mentirte durante años. Solo quería protegerte y esa era la forma. Lamento haberme equivocado.

Sé que estás haciéndote miles de preguntas y espero poder responderte algunas en esta carta. Desde hace años no he tenido control de mi cuerpo, mucho menos de mi mente. No era yo cuando fuimos a New Hope. He luchado, pero no fue suficiente. Mi magia es insignificante en comparación con la de mi madre.

Soy hija de Abigail Sanders.

Cubro mi boca con una mano, sintiéndome impactada. ¿La bruja que mencionan en la noticia? Me obligo a mí misma a recobrar la compostura y continúo leyendo la carta:

Cuando fuimos ese día al bosque, fue porque ella tomó posesión de mi cuerpo. Quería robarse el alma de mis hijos, pero el plan ha fracasado. Lograron llevarse a Theo, pero a ti no, cariño. Me usaron para obtener lo que querían.

Ella y su fiel servidor, Aulus Persson.

He vivido con esta culpa y vergüenza durante años. Si Theodore está muerto es mi responsabilidad. La magia de Abigail se ha vuelto oscura debido a su ambición. Se volvió en contra de la naturaleza y ahora quiere encontrar un lugar en el mundo.

Hay tantas cosas que deberías saber y me hubiera gustado tener más tiempo juntas. Siempre quise protegerlos, por eso nunca te dije quién eres realmente. Pensé que, si permanecías ignorante a todo sería lo mejor.

Siento no ser lo que necesitabas, siento mucho no haber creído en tu potencial.

Tu padre tenía razón cuando me dijo que nunca debí reprimirte, pero sí enseñarte. Ya es tarde para arrepentimientos. Sé que me harás sentir muy orgullosa una vez que desates la verdadera magia que hay en ti.

Eres una Laroux Lane, la mezcla de una druida y un licántropo. La híbrida más poderosa en este mundo. Dentro de ti hay alguien que va a cuidarte y ahora que estoy muerta podrás liberarla. Escucha a la luna, no le temas.

En cuanto a la magia que posees, es más grande de lo que crees. Eres fuerte y valiente. No estás sola, cariño. Sé que nunca te hablé sobre tu padre, pero él es un gran hombre. Me gustaría que le dieras una oportunidad. Te amo y espero que algún día me perdones.

Siempre estaré contigo adonde sea que vayas.

Con amor.

Mamá.

Las lágrimas no quieren detenerse y aprieto la carta contra mi pecho. Es mucha información que procesar. Mamá está diciéndome que fue poseída por una bruja cuando fuimos al pueblo y mataron a mi hermano para robar su alma. Cuando mencionó que me cuidara de «ella» se refería a Abigail, la bruja que murió quemada en la hoguera de New Hope.

Me pongo de rodillas y presiono la cara entre mis manos. Estoy deshecha. Soy descendiente de una bruja que poseyó el cuerpo de mi madre. El demonio que vi hace tres días es mi abuela, llevo su sangre.

Soy nieta de Abigail Sanders.

La bruja que mató a mi hermano y ahora quiere mi alma también. Tengo sangre de demonio en mis venas.

Corro al baño y la repulsión hace que se me salga el estómago por la boca. Mis palmas están húmedas mientras me apoyo contra los azulejos y proceso las palabras de mamá. Aulus fue cómplice de Abigail. Mató a Theo ese día y lo entregó a su señora para que se alimentara de su alma.

Mi hermano fue devorado por una bruja.

Una parte de mí se apaga mientras me coloco bajo la ducha y lloro mis frustraciones. Hace tres días vi cómo cubrieron el cuerpo de mi madre con unas sábanas y fue llevada a la morgue. Hoy es su funeral. Me despediré de ella para siempre.

La cara de Asher en mi campo de visión me trae de vuelta cuando me abraza y permanecemos juntos bajo la ducha con nuestras ropas. Cierro los ojos y me apoyo pesadamente contra él. Todo se asienta de nuevo como unos crueles azotes en mi espalda, una cruda llaga que no sanará.

No importa cuánto tiempo pase.

No podré olvidar.

—Abigail es mi abuela. —Sollozo en su pecho—. Esa maldita bruja es mi abuela.

Asher me acaricia el cabello mojado.

—Shh… lo siento mucho, amor. Lo siento tanto.

Lloro y lloro mientras él me promete que nunca me dejará sola. Lloro tanto que me desmayo en sus brazos.

Las autoridades no indagan mucho en el asunto. Según ellos, mi madre murió a causa de un paro cardíaco y estuve de acuerdo en que cierren los expedientes. Ningún humano creería si les contara mis experiencias, excepto los malditos Warren si estuvieran vivos.

Asher dijo que no me preocupara de nada porque alguien se hizo responsable de todos los gastos relacionados con la funeraria. No hay velorios, ni rezos en la iglesia. Decidimos sepultarla en un cementerio ubicado en Chicago. No veo a ningún familiar cerca, lo cual no me sorprende. Siempre fuimos mamá, Theo y yo.

Los tres contra el mundo.

Mi vestido negro ajustado se aferra a mi cuerpo y sostengo una rosa blanca entre mis dedos. Me gustaría dar un discurso, pero ninguna palabra será suficiente para expresar cómo me siento. La tumba de mamá será la mejor de todas en este cementerio, hecha con mármol y rodeada de flores.

No aparto mis ojos del nublado y lamentable cielo gris. ¿Es feliz donde sea que se encuentre? Ya no más voces que la atormenten o esa culpa que no le permitió avanzar. Espero que esté bien. Me costó lágrimas y llantos interminables hacer las paces con ella.

Su prioridad siempre fue protegerme.

«Estamos aquí, bonita. Somos tu familia ahora».

Mis ojos se posan en cada uno de los hermanos Karlsson y asienten afirmando lo que dice Asher. Al lado de ellos me siento fuerte y protegida.

—Gracias —susurro.

Cuando los hombres terminan de echar tierra, leo la lápida.

Aimeé Lane. 1974/2021.

Buena madre y consejera. Siempre en nuestros corazones.

No estoy segura de si esa fecha de nacimiento es correcta, pero eso decían sus documentos. Mamá era mucho más vieja. Mis labios tiemblan cuando pienso en ella. Deberíamos estar en casa viendo televisión, comiendo las pizzas que tanto amaba y deleitándonos con las canciones de Elvis Presley.

Quiero a mamá.

Hay un profundo dolor dentro de mi pecho que me hace querer arrancar mi corazón para no volver a sentir. Un nuevo propósito me espera en este complicado viaje que se llama vida.

Mataré a Abigail Sanders.

Iré por ella y la haré pagar con creces el daño que le causó a su propia familia.

El sonido de unos costosos zapatos caros contra la tierra húmeda me hace levantar lentamente la mirada hacia un rostro familiar que he visto en fotografías Polaroid. Tiene un traje de dos piezas, el cabello oscuro revuelto, barba incipiente y unos fríos ojos azules que no demuestran ni un gramo de compasión.

Es él.

Mi padre está aquí.

—Lamento mucho conocerte en estas circunstancias. —Su voz resuena helada, carente de emociones—. No es el encuentro que hubiera planeado, pero me gustaría presentarme como se debe. Soy Josh Laroux…

—Mi padre —termino, casi escupiendo las palabras—. Por favor, ahórrate las presentaciones ridículas.

Una sola ceja es enarcada como respuesta mientras el silencio persiste en un incómodo ambiente. Los hermanos Karlsson observan el debate, curiosos de mi reacción. Soy una criatura herida y morderé a este desconocido si se atreve a acercarse.

—Podemos hablar cuando estés lista —dice Josh con lentitud—. Fue un error venir, lo siento.

Estoy luchando tan desesperadamente para no romperme y llorar como una niña estúpida resentida con su padre. Tomo un aliento e intento forzarme a hablar, pero no puedo. Él no es lo que yo esperaba. Me mira como si fuera una extraña más, no hay calidez en sus ojos. Nada.

—Arianne pasó demasiado estos últimos días —habla Asher por mí—. Necesita un respiro de toda esta locura.

Amo que siempre esté atento a mis necesidades.

—Entiendo —masculla Josh—. Estaré cerca si necesitas algo.

No respondo y él se aleja con las manos dentro de los bolsillos. Su actitud distante me lastima. Es un completo desconocido en mi vida. ¿Cómo puede ser tan indiferente a la muerte de la madre de sus hijos?

—Quizás él no lo demuestra, pero sé que también está afectado —susurra Asher—. Todos tenemos maneras distintas de expresar nuestro dolor.

Me quedo en silencio y lanzo la rosa blanca en el ataúd cubierto de tierra. Mamá ha dicho en su carta que Josh es un buen hombre, pero solo he notado indiferencia en él. Toda mi vida he crecido sin un padre y así será hasta que Josh demuestre lo contrario.

Ir a la siguiente página

Report Page