Doctora Maza
Capítulo 6
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Capítulo 6
Por el camino Elvira no puede apartar la mirada de la silueta de Silvia y, a su vez, de la de Bárbara, que camina por delante de ambas. La encargada las conduce hasta una puerta y la abre cediéndoles el paso, ella entra detrás.
Elvira Trejos mira a su alrededor con cierta confusión, está en una especie de vestuario y hay dos hombres quitándose la ropa.
—He olvidado mencionar que a la sala roja se accede sin ropa —le dice Silvia con gesto seductor—, pero si crees que es mucho para la primera vez, podemos ir a otra más suave, solo tienes que decirlo.
La directora tiene el pulso por las nubes y una excitación tan desquiciante que no hay nada que pueda detenerla en ese momento, ni siquiera la incertidumbre de no saber lo que le espera al otro lado o el extraño temor repentino que siente porque a Silvia Maza no le guste su cuerpo.
—Puedo con ello —dice Elvira tajante.
—Pues no se hable más —zanja Bárbara y las tres comienzan a desnudarse.
Cuando acceden a la famosa sala roja, Elvira Trejos teme que el corazón se le pueda salir por la boca. Sus ojos van directos hacia la enorme cama redonda que ocupa el centro de la sala, donde varias personas se dan placer tanto en grupos grandes como en otros más reducidos.
—Te lo dije, aquí puedes hacer lo que quieras —le susurra Silvia pegada a su espalda.
El roce de sus pechos tensa a Elvira, que tiene que controlar el impulso de girarse y empujarla sobre la cama. Bárbara es la que toma el control y, colocándose en medio de ambas mujeres, les pone una mano en la baja cintura y las invita a caminar hacia la zona de los sofás. Todavía no han llegado cuando Bárbara se detiene y bloquea el paso a Elvira con su cuerpo desnudo.
—¿Te apetece algo entre las tres o la quieres para ti sola?
Su pregunta va acompañada de una caricia que la encargada hace sobre su sexo sin que Elvira se lo espere. Mira a Silvia, y al ver que ella arquea una ceja, Elvira responde.
—Me apetece —dice turbada.
Bárbara sonríe y se dirige hacia una vitrina cuyas estanterías están llenas de juguetes eróticos y vuelve con un arnés. Entre las dos acorralan el cuerpo de Elvira Trejos, Silvia por detrás y Bárbara por delante calentándola con ese bulto que le va resbalando entre las piernas. La encargada la besa y al mismo tiempo siente la presión del cuerpo de Silvia Maza en su espalda, pegada a su piel ardiente mientras le acaricia los costados con las uñas. La directora jadea y se refriega contra Bárbara hasta que esta, rompe el beso y ladea la cabeza para besar a la doctora Maza.
—Silvia me ha dicho que querías mirar —le susurra Bárbara y Elvira nota una corriente recorrerle el espinazo—. ¿Quieres ver cómo me follo a Silvia? ¿O prefieres que sea del revés?
Elvira se acaba de poner tan sumamente cachonda que no puede pensar, cualquier idea le parece buena, pero imaginarse a Silvia rendida ante las embestidas de Bárbara, la está poniendo enferma.
—Tú a ella —zanja, y Silvia Maza le dedica una sonrisa socarrona que le corta el aliento.
Bárbara coge a Silvia de un brazo y con gesto dominante, la atrae hacia ella, se coloca a su espalda y apoya la barbilla sobre su hombro mientras Elvira las mira como un animal hambriento.
—¿Cómo quieres que lo haga? —pregunta Bárbara.
Elvira mira a Silvia desconcertada y la doctora, que está al borde del colapso, coge la mano de Bárbara y la coloca sobre su sexo.
—Me da igual cómo me lo haga, Elvira, pero decídete ya porque necesito que me folle de una vez.
—¿De verdad te da igual todo? —pregunta la directora para asegurarse.
—Sí —afirma la doctora.
—¿Por detrás también? —pregunta boquiabierta y Silvia se le acerca.
Elvira piensa por un momento que por fin la va a besar, pero en el último instante, la doctora Maza desvía la cara y le roza la mejilla con la suya para susurrarle.
—¿Quieres que me ponga a cuatro patas para ella? —pregunta seductora.
La directora nota como sus fluidos le chorrean por los muslos y asiente con la boca seca.
—¿Qué harás tú por mí después? —sigue susurrando la doctora, esta vez rozándole el cuello con los labios.
—Lo que quieras —afirma Elvira desesperada.
—Bien, espero que llegado el momento lo recuerdes.
Silvia se gira y después de dedicarle una mirada fogosa a Bárbara, se sube a cuatro patas en el sofá y le ofrece su trasero a la encargada.
—Acércate —le pide Bárbara a Elvira.
La directora, que no está segura de que las piernas la sostengan, se coloca justo al lado de Bárbara y la mira.
—Separa un poco las piernas —ordena Bárbara, y Silvia, que la ha escuchado, gira la cabeza hacia atrás porque quiere verlo.
Bárbara coloca su mano sobre el sexo húmedo de Elvira y hunde los dedos entre sus pliegues. La directora contiene la respiración y jadea cuando el ardor y el cosquilleo le recorren todas las terminaciones nerviosas. La encargada se empapa bien con sus fluidos y los utiliza para lubricar a Silvia una y otra vez. Repite hasta que considera que es suficiente y, cuando Elvira está al borde del orgasmo, Bárbara la abandona y penetra a Silvia con delicadeza hasta que se hunde completamente en ella.
La doctora contiene la respiración unos instantes y se tensa, al principio le duele como siempre que practica sexo anal, pero cuando logra pasar esos segundos iniciales, se relaja y comienza a disfrutar.
—¿Estás bien? —se asegura Bárbara y Silvia afirma con una sacudida de cabeza.
Elvira no puede respirar ni pensar, sus ojos se han clavado en las dos mujeres y, cuando Bárbara comienza a moverse con precisión mientras masturba el clítoris de Silvia para doblar su nivel de placer, la directora no tiene más remedio que comenzar también a tocarse, acompasando los movimientos a la intensidad de los jadeos de la doctora Maza para correrse al mismo tiempo que ella. Elvira Trejos lo logra, y cuando ambas se deshacen de placer, se da cuenta de las ganas que tiene de estar a solas con la doctora Maza y tenerla en exclusiva para ella.