Día 99. Lunes 22 de junio de 2020

Pese a haber sufrido de insomnio anoche, dormir muy mal y levantarme tarde hoy, me sorprendí de descubrirme con buen humor.
Creo que la alegría se debía a todas esas ideas sueltas propias de Urano en Tauro que después de un cortocircuito de neuronas durante la mala noche, ya en la mañana había decantado en una idea muy clara de qué voy a hacer de aquí en más.
Puedo identificar la próxima acción correcta por el bienestar que genera un pensamiento que sobreviene a mi mente. Fue así como hoy, encontrándome asombrosamente de buen humor tuve una idea, y esa idea se tradujo en una oleada de entusiasmo irrefrenable que recorrió mi cuerpo entero. Conclusión: debo hacer aquello.
No es una idea nueva. En realidad la he anotado hace más de un año en mi frasco de proyectos posibles. ¿Frasco de proyectos posibles? Bueno, esa es una historia muy larga. Pero intentaré resumirla.
Una vez, una amiga y lectora mexicana, Alejandra, me contó que anotaba en un papelito cada logro que tuviera en el año y lo metía en un frasco que abría cada 31 de diciembre.
La noche del Año Viejo mientras releía cada papelito de éxitos del año, se preparaba para recibir el Año Nuevo con gratitud y contento por todo lo conseguido.
A mí me encantó tanto la propuesta que intenté reproducirla adaptada a las Cosas Que Quiero Hacer Antes de Morirme. En otras palabras: proyectos posibles.
Tengo un frasco de vidrio con una pegatina que dice: «Ama lo que haces» y en él guardo papelitos con una breve descripción de esos proyectos.
La idea que tuve hoy y que me llenó de energía fue empezar a grabar podcasts.
Como la verborragia no solo es literaria, también es oral, -es decir, me encanta hablar- y afortunadamente tengo un marido aficionado a las minucias del sonido, grabar esos podcasts es algo absolutamente viable y que podría servir para transmitir mi mensaje a las personas que no leen.
No, no. No les voy a hablar de conspiranoia, ni del presidente bigotes. Voy a hablar de mi área de expertise: el mundo de los amigurumis, recomendación de buenos libros, y el oficio artesano en general.
Además todos los días recibo consultas sobre algunos temas puntuales. Por ejemplo hoy me preguntaron qué me parecía mejor, si un trabajo estable o iniciar un emprendimiento. Este último es un tema que he tocado muchísimo en publicaciones de redes sociales, ya que el artesano es un emprendedor per se.
Además, después de veintitrés días hablando de mi rebeldía innata y mi naturaleza solitaria supongo que habrá quedado bien clara mi postura respecto a la pregunta formulada: desde mi perspectiva siempre será mejor ser emprendedor que empleado, pese a las penurias que debe afrontar el segundo. Creo que es más deseable ser lobo que oveja.
Y aunque he trabajado diez años en relación de dependencia, con la comodidad de no tener que resolver grandes dilemas, ni hacerme cargo de las responsabilidades, prefiero morirme emprendedora pobre, que empleada con salario. He dicho.
A decir verdad, esa pregunta me llevó a reflexionar en el tema y dar una respuesta personal que se manifestó en un audio de tres minutos: un mini podcast.
En vez de responder a una persona, puedo hablarle al mundo grabando esas reflexiones. Una idea fantástica, ya anotada y vertida en mi frasco de proyectos, pero por alguna razón desconocida, recién hoy el entusiasmo hizo eco en mi cuerpo poniéndome de excelente humor el día de hoy.
Es más, pienso en ella ahora y ya estoy sonriendo.
En este día noventa y nueve de cuarentena tenía pensado hablar de otro tema –rumiado en mis horas de insomnio-, pero también, por motivos desconocidos, el rumbo de la escritura desembocó en el derrotero de los podcast.
Es la magia de sentarme frente a la pantalla y que el hada de las letras me vaya conduciendo.
Me encanta la reflexión de Julia Cameron en El Camino del Artista cuando dice que hacer arte es un acto de entrega a algo más grande.
Lo he dicho millones de veces, pero nunca me canso de repetirlo: escribir es una actividad espiritual. Puedo levitar mientras lo hago. Puedo sentir como una energía poderosa toma posesión de mi ser, conduciéndome, guiándome.
Puedo llegar a escribir párrafos enteros que deleitan mi mente intelectual, sin tener conocimiento de donde provienen, aunque sé que no de mí. Es como transcribir un dictado, que al releerlo me permite advertir la voluntad que lo habita, y darme cuenta que no me pertenece. Es de eso más grande.
Ser artista es ser canal. Transmitir un mensaje. Amo mi trabajo de mensajera. Es el único momento en que me da placer ser oveja del rebaño celeste. Es a lo único a lo que puedo hincar mis rodillas en tierra y además sentir que es un gran honor ese acto de sumisión.
Sólo soy díscola con los poderes de este mundo. Del verdadero Poder, soy vasalla. No esclava, porque el Poder auténtico jamás aprisiona. Solo los amos terrenales intentan algo tan burdo como eso.
Que buena reflexión. Me gusta mucho. Siento la oleada de bienestar recorriendo mi cuerpo.
Es una señal. Es un signo de que estoy alineada a eso más grande. Me encanta.
En fin. El hada de las letras se ha quitado gafas y se levantó de su asiento. Hasta aquí hemos llegado por hoy.
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