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Problema de producción
Robert F. Young
Una de las oportunidades a ganar de viajar al pasado —o incluso al futuro, ya que estamos— es quizás aprovecharse de los logros creativos para el presente personal El concepto llamó la atención de Robert E Young e inspiró su cuento «Problema de producción», publicado originalmente en Venture SF en noviembre de 1964. También escribió sobre el viaje en el tiempo en varias otras historias, incluyendo «When Time Was New» (1964), sobre un viaje a la prehistoria, que veinte años más tarde alargó para convertirlo en la novela ERIDAHN (1983); y el emotivo relato romántico «One Love Have I» (1969), que no difiere de la anterior historia de William E Nolan.
Robert Franklin Young (1915-1986) describió en una ocasión los comienzos de su carrera como «una serie de trabajos serviles» antes de que su habilidad natural como escritor, combinada con una buena imaginación, le permitiese ganarse la vida contribuyendo a todo un espectro de publicaciones: desde el Saturday Evening Post hasta varias revistas de ciencia ficción, incluyendo la Magazine of Fantasy and Science Fiction, en la que rápidamente se ganó unos seguidores leales. Las mejores de sus primeras historias se recopilaron en THE WORLDS OF ROBERT F. YOUNG (1965) y A GLASS OF STARS (1968) y, a pesar del éxito relativo de sus novelas, que incluyen STARFINDER (1968) y THE LAST YGGDRASIL (1982), se le recuerda mejor por su obra corta satírica y ocasionalmente áspera. «Problema de producción» es una divertida muestra de su estilo.
—El hombre de Timesearch, Inc. está aquí, señor.
—Que pase —le dijo Bridgemaker al robomayordomo.
El hombre de Timesearch se detuvo justo en el umbral.
Nervioso, cambió el paquete oblongo que traía de una mano a otra.
—Buenos días, honorable Bridgemaker.
—¿Encontraron la máquina? —exigió Bridgemaker.
—Me… me temo que volvimos a fallar, señor. Pero localizamos otro de sus productos. —El hombre le pasó el paquete a Bridgemaker.
Bridgemaker agitó el brazo en un gesto de furia que incluía toda la sala.
—¡Pero me ha traído cientos de sus productos! —gritó—. ¡Lo que quiero es la máquina en sí para poder crear mis propios productos!
—Me temo, honorable Bridgemaker, que la máquina nunca existió. Nuestro personal de campo ha explorado la era pretecnológica, la primera era tecnológica y los primeros años de nuestra propia era; pero incluso aunque vieron trabajar a algunos de los antiguos técnicos, nunca vieron la máquina.
—Pero si los antiguos técnicos pudiesen crear algo sin una máquina, yo también podría —dijo Bridgemaker—. Y como no puedo, la máquina debe existir. ¡Búsquenla de inmediato!
—Sí, honorable Bridgemaker. —El hombre se inclinó y se retiró.
Bridgemaker rompió el paquete. Miró el producto, luego ajustó los controles de su máquina Ajustadora Lingüística, Duplicadora y Alteradora.
Mientras esperaba, reflexionó sobre la ironía de su vida. Desde que era un niño había ansiado desesperadamente una única vocación. Ahora que su éxito en una vocación totalmente diferente le había vuelto financieramente independiente, había concentrado todas sus energías en lograr su primer amor. Pero lo único que había conseguido por sus esfuerzos era una sala llena de productos antiguos, y aunque había incrementado su independencia financiera duplicando y distribuyendo esos productos, la frustración básica permanecía: era un artista de segunda mano y deseaba desesperadamente convertirse en artista original.
Se acercó a uno de los estantes que cubrían la sala y miró a algunas de sus creaciones putativas: Adiós a las armas, de Chamfer Bridgemaker… Cuatro pequeños pepinillos y de cómo crecieron, de Chamfer Bridgemaker… La odisea, de Chamfer Bridgemaker… Ivanhoe, de Chamfer Bridgemaker…
Se oyó un chasquido fuerte y la primera copia de Tom Swift y su locomotora eléctrica salió de la máquina Ajustadora Lingüística, Duplicadora y Alteradora.
Bridgemaker se sentó para leer su más reciente obra maestra.