Costumbres en común
Introducción de Julio Martínez-Cava
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Una respuesta proporcionó un valioso ejemplo de tal particularidad. El charivari más reciente en Abzac (Gironda) «s’adressait à un homme d’âge mûr qui allait épouser une jeune fille que l’on savait enceinte et qui avait une conduite plus que douteuse». Se celebró una procesión en la cual había tres carretas tiradas por burros. En la primera iba una cabra, con el lema: «Viande à bas prix»; en la segunda, «un vieillard complètement perclus»; en la tercera, «un jeune homme déguisé en nourrice faisait le simulacre d’allaiter un énorme poupon et au moyen d’une paille de seigle fendue imitait les cris du nouveau-né». Cuando el charivari podía alcanzar tales alturas en la década de 1930 no hay motivo para sorprenderse de que en alrededor del 16 % de las respuestas se señalara que a veces terminaba en violencia: por ejemplo, Dax (Landas), Thèze (Bajos Pirineos), Conques (Aveyron), Remiremont (Vosgos). Cabe preguntarse cuál habría sido el porcentaje en 1837.
Dejemos ya las segundas nupcias. ¿Y el 7,5 % de los casos que (al parecer) quedaban fuera de esta categoría? Esto tiene que indicar sencillamente aquel puñado de respuestas donde el encuestado iba más allá de las preguntas del cuestionario y añadía información no solicitada. De Conques: «Quand une femme a blessé son mari au visage, on conduit tous les ânes ou mulets de la contrée, en procession dans les rues de la localité». Se habían dado charivaris en Echire (Deux-Sèvres) cuando uno de los prometidos «avait eu certaines atteintes au point de vue galanteries, enfant naturel, etc.». De Dampniet (Corrèze) llegó un ejemplo valioso:
En el pueblo de la Jubertie una familia compuesta por el padre, la madre y los hijos vivía con un cierto desahogo. Una mujer sexagenaria apareció para turbar esa felicidad apacible. El padre se chifló por ella. Pero, no pudiendo casarse él mismo con «la bella», quiso darla por esposa a su propio hijo de 26 años y de espíritu un poco simple. Este accedió a casarse con la sexagenaria.[1379]
Este charivari tuvo tonos violentos y trágicos: el padre trató de ahogarse y (al no conseguirlo) provocó un incendio contra uno de sus organizadores. Sin duda, el asunto tenía que salir forzosamente a relucir, aunque no encajase en los términos del cuestionario, toda vez que había ocurrido solo dos meses antes —en abril de 1937— y había causado mucha preocupación al alcalde.
Otra respuesta merece citarse. Se trata de una respuesta que quizá fue fruto de una ocurrencia tardía:
El callabari se hacía algunas veces a personas que no eran viudos y viudas: por ejemplo, a los curas, los maestros de escuela, los funcionarios residentes en los pueblos cuando la población debía compadecerse de ellos.[1380]
(Tarbes, Altos Pirineos).
Estos datos echan por tierra la supuesta estadística del «92,5 %».
[1189] El título original de este ensayo reza «Rough music», expresión inglesa para referirse al fenómeno que en castellano denominamos genéricamente como «cencerrada». Puesto que el autor hace alusión al debate terminológico sobre el uso de charivari y rough music, se ha traducido esta expresión, salvo en contadas ocasiones, por «cencerrada», mientras que se ha respetado charivari para mantener la distinción que hace Thompson de los dos términos. (N. del E.).
[1190] El Oxford English Dictionary ofrece un uso antiguo de rough music en 1708, pero lo define como «la armonía de hacer tintinear ollas y sartenes», en Cotgrove, R., A dictionarie of the French and English tongues, 1611. Es probable que términos regionales tales como skimmington, lowbelling, hussiting y riding the stang se utilizaran de forma más general, y para ellos, veáse Wright, J., The English dialect dictionary, 6 vols., 1896-1905.
[1191] Para las fuentes francesas, véase la bibliografía en Le Goff, J. y J. C. Schmitt (eds.), Le charivari, École des Hautes Études en Sciences Sociales, París, 1981, pp. 435-442. En lo sucesivo esta obra se cita como Le charivari. Para Italia, Del Vecchio, A., Le seconde nozze, Florencia, 1885, esp. pp. 290-301. Para Alemania, Hoffman-Krayer, E. y H. Bachtold-Staubli, Handworterbuch des Deutschen Aberglaubens, Berlín, 1931-1932, artículos dedicados a Katzenmusik, Haberfeldtreiben, Thierjagen, etc.; Phillips, G., Ueber den Urspring der Katzenmusiken, Friburgo de Brisgovia, 1849, y las aportaciones de Ian Farr y Ernst Hinrichs en Le charivari.
[1192] Véanse Alford, V., «Rough music or charivari». Folklore, LXX (1959), p. 507; Usener, H., «Italische Volksjustiz», Rheinisches Museum für Philologie, LXI (1901), y la sección de aportaciones en Le charivari sobre la Europa antigua y medieval. Saintyves, P., «Le charivari de l’adultére et les courses à corps ñus», L’Ethnographie, 1935, pp. 7-36, ofrece un amplio estudio de los castigos y las humillaciones por adulterio, pero hay que estar de acuerdo con Lévi-Strauss en que, en lo que se refiere a los rituales del charivari, la mayoría de sus ejemplos no hacen al caso. Sin embargo, hay notables semejanzas en los rituales citados en Persia y el norte de la India (Saintyves, pp. 22 y 28), y también en el ritual brutalmente sádico que Gorki presenció en Crimea: véase Bricteux, A., «Le chátiment populaire de l’infidelité conjúgale», Revue Anthropologique, XXXII (1922), pp. 323-328. Para Hungría, véase Dómótór, T., en Acta ethnographica academice scientarum hungaricae, Pest, 1958, pp. 73-89.
[1193] Anuales E. S. C., 1972. Algunos pasajes de aquel artículo se repiten en este capítulo.
[1194] Véase el resumen del debate en Le charivari, pp. 401-403.
[1195] Véase el admirable ejemplo de observación que es la novela de Thomas Hardy The mayor of Casterbridge, 1884. Un diccionario del dialecto de Leicestershire añade: «Atizadores y tenazas, canillas y cuchillas de carnicero, calentadores de camas y ollas de hojalata, carracas y silbatos, carracas, y vejigas con guisantes dentro, cuernos de vaca y bandejas de té», así como «chillidos y siseos»: Evans, A. B. y S., Leicestershire words, phrases and proverbs, 1881. Compárense Diderot y D’Alembert, Encyclopédie, París, 7, 1753, p. 208: «Bruit de dérision, qu’on fait le nuit avec des poéles, des bassins, des chauderons, & c.»; Van Gennep, A., Manuel de folklore français contemporain, París, 1946, 1, 2.a parte, p. 616: «Chaudrons, casseroles, sonnettes, cloches à vaches, grelots de cheveaux ou de mulets, faux, morceaux de fer et de zinc, trompes en come», etc. Compárese para Italia, Gabrieli, G., «La “Scampanata” o “Cocciata” nelle nozze della Vedova», Lares, II (1931), pp. 58-61.
[1196] Peacock, E., A glossary of words used in … Manley and Corringham, Lincs., English Dialect Society, 1887, p. 208.
[1197] Véanse Courtney, M. A., «Cornish folk-lore», Folklore Journal, V (1887), pp. 216-217; Rowse, A. L., A Cornish childhood, 1942, pp. 8-9.
[1198] Para una buena descripción de este ritual, en el que se rompían objetos de loza arrojándolos contra la puerta de los recién casados, véase Mayhew, H., German life and manners as seen in Saxony at the present day, 1864, I, p. 457.
[1199] Véanse Chase, A. T. en American notes and queries, I, p. 263, septiembre de 1888; Walsh, W. S., Curiosities of popular custom, Filadelfia, 1914. Se organizaban numerosos shivarees en Ohio, Indiana, Illinois, Kansas y Nebraska. Todas las parejas casadas podían esperar un shivaree, que solo era posible evitar ofreciendo bebidas y hospitalidad a la multitud. Para esto y para cosas más vigorosas (y a veces violentas), véase Bryan Palmer en su excelente estudio «Discordant music: charivaris and whitecapping in nineteenth-century North America», Labour/Le Travailleur, III (1978); Young, A. D., «English plebeian culture and eighteenth-century American radicalism», en M. y J. Jacob (eds.), The origins of Anglo-American radicalism, 1984; y Wyatt-Brown, B., «Charivari and Lynch law», en su South honor: ethics and behaviour in the Old South, Nueva York, 1982, cap. 16. Las cencerradas alegres con que se celebraban las bodas también emigraron a Nueva Zelanda, bajo la forma de la llamada tin-canning y de vez en cuando se practica todavía. Me fueron dadas amablemente muchas reminiscencias orales de la llamada tin-kettling cuando daba clases en la Universidad de Auckland en 1988. Este material se halla ahora en poder del profesor R. C. J. Stone.
[1200] Baring-Gould, S., The red spider, 1887, II, pp. 78, 109; Brown, T., «The “stag-hunt” in Devon», Folklore, XLIII (1952), pp. 104-109. Cf. Ginzburg, C., «Charivari, associations juveniles, chasse sauvage», en Le charivari, pp. 131-140.
[1201] Hasta hace poco una horrible y diabólica máscara con cuernos usada en semejantes rituales se conservaba en Dorset: véase Dewar, H. S. L., «The Dorset Ooser», Dorchester, 1968. (Véase la lámina XXVI).
[1202] Carrington, F. A., «Of certain Wiltshire customs», Wilts. Archaeological Magazine, 1 (1854), pp. 88-89.
[1203] Porter, E., Cambridgeshire customs and folklore, 1969, pp. 9-10.
[1204] Brockett, J. T., A glossary of North Country words in use, Newcastle-upon-Tyne, 1829.
[1205] Addy, S. O., A glossary of words used in the neighbourhood of Sheffield, 1888, pp. 185-186; Wright, T., The archaelogical album, 1845, pp. 54-56.
[1206] Axon, W. E. A., Cheshire gleanings, Mánchester, 1884, pp. 300-301; Mrs. Gutch, County folk-lore: East Riding of Yorkshire, 1912, pp. 130-133.
[1207] Mrs. Gutch, op. cit. Otros ejemplos de tales recitados o nominys se encuentran en Easther, A. y T. Lees, A glossary of the dialect of Almondbury and Huddersfield, 1883, pp. 128-129; Blakeborough, R., Character, folklore and custom of the North Riding of Yorkshire, 1898, p. 89; Ratcliffe, G., Sixty years of it, Londres y Hull, s. f. [c. 1935], p. 2; Oliver, G., Y Byrde of Gryme, Grimsby, 1866, pp. 207-208; Miller, T., Our old town, 1857, p. 198; Axon, op. cit., p. 301; Cooper, E., Muker: the story of a Yorkshire parish, Clapham, 1948, p. 84; Yorkshire notes and queries, ed. de C. F. Forshaw, Bradford, I, 1905, p. 209; N & Q, 9.a serie, I, 11 de junio de 1898, p. 479; Folk-lore Journal, I, (1883), pp. 394-396. [«Here we cum, wiv a ran a dan dan; / It’s neather fo’ mah cause nor tha cause / that Ah ride this stang / But it’s fo’ Jack Nelson, that Roman-nooased man. / Cum all you good people that live i’ this raw, / Ah’d he’ ya tak wahnin’, for this is oor law; / If onny o’ you husbans your gud wives do bang / Let em cum to uz, an we’ll ride em the slang. / He beat her, he bang’d her, he bang’d her indeed; / He bang’d her afooar sha iwer stood need. / He bang’d her wi neather stick, steean, iron nor stower, / But he up wiv a three-legged stool an knockt her / backwards over. / Upstairs aback o’ bed / Sike a racket there they led. / Doon stairs, aback o’ door / He buncht her whahl he meead her sweear. / Noo if this good man dizzant mend his manners, / The skin of his hide sal gan ti the tanner’s, / An if the tanner dizzant tan it well, / He sal ride upon a gate spell; / An if the spell sud happen to crack, / He sal ride upon the devil’s back; / An if the devil sud happen ti run, / We’ll shut him wiv a wahld-goose gun; / An if the gun sud happen ti missfire, / Ah’ll bid y good neet, for Ah’s ommast tired»].
[1208] La nominy (los tradicionales versos ramplones que acompañaban la cabalgata) no es lo mismo que las sátiras o las rimas hechas para la ocasión y que Martin Ingram trata, junto con la cencerrada, en «Riding, rough music and mocking rhymes in Early Modern England», en Reay, B. (ed.), Popular culture in seventeenth-century England, 1985.
[1209] Grey, E., Cottage life in a Hertfordshire village, Saint Albans, s. f., pp. 160-162.
[1210] Hardy, J. (ed.), The Denham Tracts, 1895, II, p. 5. [Lamb significa «cordero», en inglés. (N. del T.)].
[1211] Colección Robert White, Newcastle University Library, Bell/White 3. Mi agradecimiento a Dave Harker. [«He neither took stick staff nor stoure / But he up with his fist and he knocked her owre / He struck so hard and it sank se deep / The blood ran down like a new slicked sheep»].
[1212] James M. Carpenter reunió su colección a finales de la década de 1920 y comienzos de la de 1930. Mi agradecimiento a Roy Palmer y a Malcom Taylor (bibliotecario) por copias de los documentos en Cecil Sharp House: los originales están en la Biblioteca del Congreso. Para la censura de lo obsceno en las canciones populares por parte de los coleccionistas de finales de la época victoriana y de la época eduardiana, véase Gamman, V., «Folk song collecting in Sussex and Surrey, 1843-1914», History Workshop Journal, 10 (1980), y «Song, sex and society in England, 1600-1850», Folk Music Journal (1982), pp. 219-220. [«If the gun should happen to miss, / We’ll scale him to death with a barrel o’ red-hot piss»].
[1213] Wright, J., English dialect dictionary, 1903, V, artículo dedicado a Shimmington. [«Now Jimsy Hart, if thee disn mend thy manners, / The skin of thy ass we’ll send to the tanner’s; / And if the tanner, he on’t tan un well, / We’ll hang un ’pon a naail in hell; / And if the naail beginth to crack, / We’ll hang un ’pon the devil’s back; / And if the devil urnth away; / We’ll hang un there another day»].
[1214] Axon, op. cit., pp. 330-331, citando a Hulbert, C., History and description of the county of Salop, 1828. [«Ran a dan, ran a dan, ran a dan, / Mrs Alice Evans has beat her good man; / It was neither with sword, spear, pistol, or knife / But with a pair of tongs she vowed to take his life»].
[1215] Véanse especialmente Ingram, M., «Ridings, rough music and the “Reform of Popular Culture’’ in Early Modern England», Past and Present, 105 (1984), y Underdown, D., Revel, riot and rebellion, Oxford, 1985, passim.
[1216] Silla que se usaba para castigar a las arpías, los comerciantes tramposos, etc., a los cuales se ataba a ella para exponerlos a las burlas de los espectadores o bien para sumergirlos en un estanque o un río. (N. del T.).
[1217] Véase Ingram, «Ridings», p. 82, cuya transcripción corrige la que aparece en Folklore, XLI (1930), pp. 287-290.
[1218] Somerset County Herald, 24 de agosto de 1946; también 23, 30 de agosto de 1952. Mi agradecimiento a John Fletcher por indicarme esta y otras fuentes.
[1219] Roberts, G., The history and antiquities of Lyme Regis and Charmouth, 1834, pp. 256-261.
[1220] Véase, por ejemplo, N & Q, 4.ª serie, XI (1873), p. 455, que hace referencia a una ocasión en Bermondsey (Londres) «hará unos treinta años».
[1221] Udal, J. S., Dorsetshire folklore, Hertford, 1922, pp. 195-196, que cita el Bridport News, noviembre de 1884.
[1222] Véase Phythian-Adams, C., «Ceremony and the citizen: the communal year at Coventry, 1500-1700», en P. Clark y P. Slack (eds.), Crisis and order in English towns, 1500-1700, 1972.
[1223] Strype, J., Ecclesiastical memorials relating chiefly to religion and the Reformation, 1822, III, p. 409. Cabalgar de espaldas, con la cara hacia la cola del caballo, era un castigo que infligían por perjurio, corrupción, etc., los tribunales en Londres y la Star Chamber en el siglo XVI y comienzos del XVII: véase Ingram, «Riding, rough music and mocking rhymes».
[1224] Cartas de Nehemiah Wharton, Archaelogia, XXXV (1853), pp. 310-334.
[1225] PRO, WO 30/17, pp. 68-69. Véase también Young, op. cit., p. 190, para el uso de este castigo militar en Louisbourg (1746) y Boston Common (1764).
Los soldados negros seguían recibiendo este castigo en la guerra de Secesión: Wiley, B. J., Southern negroes 1861-1865, New Haven, 1965, pp. 317-318.
[1226] Puede que el caballo de madera haya sido una forma permanente de maquinaria punitiva civil en algunos lugares, junto con la picota y el cepo. Un pleito que hubo en Newcastle-upon-Tyne en 1654 giró en torno a un hombre que acusó a otro de ser «un bajo bribón pordiosero que cien veces ha engañado al Parlamento y merece cabalgar el caballo de madera, en la Sandhill»: Tompkins v Clark, 1654, Style 422, ER 82, p. 829.
[1227] Sherborne, Dorchester and Taunton Journal, 1845, noticia dada en el Somerset County Herald, 23 de agosto de 1952.
[1228] Véase Hay, D., P. Linebaugh y E. P. Thompson, Albion’s fatal tree, 1975. Compárese Davis, N. Z., «The rites of violence», Society and culture in Early Modern France, Stanford, 1975.
[1229] Entre ejemplos de entierro: Leicester Herald, 17 de abril de 1833 (un patrono impopular es objeto de una cencerrada por parte de los tejedores de punto, su efigie es paseada en un patíbulo, ejecutada a tiros, colocada en una tumba y luego quemada); Hampshire and Berkshire Gazette, 4 de febrero de 1882 (un hombre que ha plantado a una mujer después de cortejarla durante varios años: su efigie es paseada por el pueblo, las campanas tocan a muerto, la efigie es ahorcada, descolgada de la horca, fusilada y quemada); Gloucester Standard, 8 de octubre de 1892 (se interpreta la «Marcha fúnebre» durante la cencerrada dirigida contra los «esquiroles» en una disputa que afecta a los zapateros).
[1230] Young, A., «Pope’s Day, tar and feathers and Cornet Joyce, Jun» (de próxima aparición), comenta fuentes tanto norteamericanas como inglesas; Burne, C. S., «Ouy Fawkes Day», Folklore, XXIII, 4 (1912). [El 5 de noviembre se conmemora en Inglaterra el fracaso de la llamada «conspiración de la pólvora». En 1605, Guy Fawkes y unos cuantos católicos más trataron de volar los edificios del Parlamento de Londres, pero fueron traicionados, detenidos y ejecutados. La noche del 5 de noviembre se parece a nuestra verbena de San Juan, pues es costumbre encender hogueras y fuegos artificiales. (N. del T.)].
[1231] La cencerrada a menudo florecía el 5 de noviembre, cuando era costumbre hacer efigies de «cualquier malhechor, persona de mala vida o persona impopular» del pueblo y quemarlas delante de sus casas (ejemplo, una pareja no casada): Trans. Devon Assoc., LXVI (1934). Véase el excelente ensayo «“Please to remember the fifth of November’’: conflict, solidarity and public order in southern England, 1815-1900», en Storch, R. E., Popular culture and custom in nineteenth-century England, 1982, esp. pp. 82-84. John Fletcher, famoso mago de Pilton, ha recogido muchos ejemplos de cencerradas de Guy Fawkes durante el siglo XIX en Somerset, Glastonbury, Wells y Bridgewater, donde eran especialmente bulliciosas.
[1232] Deposiciones y carta en PRO, afidávits del King’s Bench, KB 1.30 (Easter 40 Geo. III, n.° 2). Para cartas anónimas de tono amenazador, véase mi «The crime of anonymity», en Hay, Linebaugh y Thompson, op. cit.
[1233] Exeter Flying Post, 2 de octubre de 1817; Radford, U., «The loyal Saddler of Exeter», Trans. Devon. Assoc., LXV (1933), pp. 227-235.
[1234] Halifax Guardian, 20 de enero de 1844. Doy las gracias a Dorothy Thompson.
[1235] Hampshire Chronicle, 11 de febrero de 1782. Doy las gracias a John Rule.
[1236] Chanter, J. R., «North Devon Customs», Trans. Devon. Assoc., II (1867-1868), pp. 38-42.
[1237] J. P. Carpenter a Portland, 22 de junio de 1800, PRO, HO 42.50.
[1238] Grose, F., A classical dictionary of the vulgar tongue, 1788.
[1239] Brand, J., Observations on popular antiquities, 1813, II, p. 112; Hone, W., The every-day book, 1826, I, cols. 1386-1388; Malcolmson, R. W., Popular recreations in English society, Cambridge, 1973, pp. 77-78.
[1240] El difunto señor G. Ewart Evans me prestó amablemente una cinta de una crónica que le hizo la señora Flack de Depden Green, cerca de Bury Saint Edmunds, en 1964, la cual le dijo que estas cosas eran muy comunes hasta 1920 en las bodas. Se reunía gente «de toda clase» y les invitaban a entrar a tomar una copa. La citada señora recordaba una sola ocasión en que se usó contra supuestos transgresores. En Londres y en otras partes los empleados de las carnicerías formaban bandas y golpeaban cuchillas de carnicero con canillas (produciendo un sonido parecido al de las campanas) y se presentaban en los banquetes de boda y no se iban hasta que les daban dinero o cerveza: Chambers, R., The Book of Days, 1878, I, p. 360.
[1241] Véase Ingram, «Riding, rough music and mocking rhymes», pp. 94-96. La caza del whoset o hooset parece ser prima de la costumbre de disfrazarse de animal en Navidad, por ejemplo, el caballo encapuchado en el este de Kent o el souling o recogida de dádivas la víspera del Día de Difuntos en Cheshire: véanse Maylam, P., The hoodert horse, an East Kent Christmas custom, Canterbury, 1909, cap. 4; Alford, V., The hobby horse and other animal masks, 1978.
[1242] Wilson, T., The Pitman’s pay, and other poems, Gateshead, 1843, pp. 56-63. [«They myed me ride the stang, as suin / As aw show’d fyece at wark agyen»].
[1243] Newcastle Chronicle, 7 y 21 de mayo de 1785, 4 de noviembre de 1792; Sunderland Herald, 12 de febrero de 1851; Henderson, W., Notes on the folklore of the Northern counties of England and the borders, 1879, p. 30. En febrero de 1783, al terminar la primera guerra con los norteamericanos, los marineros bajaron a tierra con permiso y se vengaron de los soplones que les habían delatado a las patrullas de enganche forzoso haciéndoles cabalgar el stang por las calles: las mujeres les arrojaron abundantes huevos podridos, escamas de jabón, barro, etc. Uno fue tratado tan severamente en el stang que luego murió: «The press gang in the northern counties», Monthly Chronicle of North Country Lore and Legend, V, 47 (1891).
[1244] Así ocurría especialmente en el caso de los esquiroles y también de los transgresores sexuales si eran atrapados en flagrante delito: Woodman, W., «Old customs of Morpeth», History of the Berwickshire Naturalists’ Club, XIV (1894), p. 127. Hay casos infrecuentes de expulsión de la ciudad de una víctima en la Inglaterra del siglo XIX (por ejemplo, Tongue, R. L., Somerset folklore, p. 181, para una vieja «malvada» que fue expulsada de la ciudad en un zarzo al que habían atado latas vacías y acompañada por una banda típica de cencerrada, práctica que era más común en el Nuevo Mundo).
[1245] «Ocht yt’s richt’ll no be wrang, / Lick the wife an ride the stang».
[1246] Trotter, R. de B., Galloway gossip: the Stewartry, Dumfries, 1901, p. 442. Mi agradecimiento a Roy Palmer.
[1247] Wyatt-Brown, op. cit., p. 447.
[1248] Puede que a ello contribuyera una mayor firmeza en obligar a cumplir la ley y también una mayor vigilancia policial.
[1249] Véanse Palmer, op. cit., y Wyatt-Brown. Canadá tenía vigorosas tradiciones de charivari que procedían de las tradiciones inglesas y francesas y eran aplicables a muchos propósitos. Véase también Palmer, B., Working-class experience, Toronto, 1983, pp. 41-45. Los charivaris acompañaron la rebelión del Bajo Canadá en 1837 y a menudo contaban con el apoyo de jóvenes patricios que usaban complicadas máscaras y disfraces. Todavía en 1846 la primera ordenanza que aprobó la ciudad de Kingston, Ontario, tenía por objeto «suprimir la inútil y necia costumbre llamada charivari». (Actas en los Archivos de la Ciudad de Kingston).
[1250] Moodie, S., Roughing it in the bush; or Life in Canada, 1852, I, pp. 230-231. Mi agradecimiento a Robert Malcolmson.
[1251] Roberts, op. cit., p. 260.
[1252] N & Q, 5.a serie, V, 1876.
[1253] Bickley, A. C., «Some notes on a custom at Woking Surrey», Home Counties Magazine, IV (1902), p. 28.
[1254] Para suicidios provocados por cencerradas, véanse Caledonian Mercury, 29 de marzo de 1736 (motivo: pegar a la esposa); Northampton Herald, 16 de abril de 1853: intento de suicidio de un peón casado que había engendrado el hijo de una joven soltera.
[1255] Cf. Belmont, N., «Fonction de la derision et symbolisme du bruit dans le charivari», Le charivari, p. 18.
[1256] Véase Ashby, M. K., Joseph Ashby of Tysoe, 1974, pp. 150-151.
[1257] Los recopiladores de folclore a menudo encontraban esta reticencia de todo punto impenetrable, especialmente en las cuestiones sexuales. No eran solo forasteros desde el punto de vista geográfico, sino que lo eran también desde el social (toda vez que eran personas distinguidas o de clase media). Algunos informadores me han pedido que no mencionara los nombres ni detalles de personas que fueron objeto de cencerradas hace cincuenta años o más, porque sus hijos o sus nietos todavía viven en el pueblo. Otros investigadores me han hablado de la misma resistencia.
[1258] «Suyo» todavía tiene este significado en Yorkshire. Véase el English dialect dictionary de Wright para la expresión «own-born parish» y para el significado de own como «reconocer, identificar; admitir un conocimiento».
[1259] Baring-Gould, op. cit., II, p. 78.
[1260] N & Q, 1.a serie, IX, 17 de junio (1854), p. 578.
[1261] Bickley, op. cit. El mismo autor, en una novela, Midst Surrey Hills: a rural stay (1890), dedica un capítulo a una reconstrucción de uno de tales «tribunales» de taberna. Para una consulta en la herrería, véase Hardy (ed.), The Denham tracts, II, p. 4. Para el tribunal «Cooistrin» en el sur del país de Gales, véanse Sikes, W., British goblins: Welsh folklore &c, 1880, y Gillis, J., For better, for worse, Oxford, 1985, p. 133.
[1262] Véase Hardy, The mayor of Casterbridge, cap. 36.
[1263] Véase, por ejemplo, N & Q, 2.ª serie, X (1860), p. 477. Un informador de edad avanzada, el señor Gustavus Pettit, de Leamington Spa, que presenció una cencerrada cuando era niño, en los últimos años del pasado siglo, me dijo que oyó a unos peones adultos planeando la cencerrada en un lavadero comunal de un grupo de cottages: véase también Coventry Evening Telegraph, 10 de septiembre de 1970.
[1264] Algunos califican el charivari de «ritual de degradación» o inversión. Para ser efectivo debe tener la fuerza de un juicio impersonal o comunitario: «El denunciante debe identificarse ante los testigos de tal manera que durante la denuncia estos no le consideren como una persona privada, sino como una persona conocida públicamente. No debe presentarse como alguien que actúa de acuerdo con su experiencia personal y única. En vez de ello, hay que considerar que actúa en su capacidad de figura pública, una figura que hace uso de la experiencia que la comunidad posee y ha verificado». Garfinkel, H., «Conditions of successful degradation ceremonies», Amer. Jour. of Sociology, vol. 61, marzo de 1965, p. 423.
[1265] En Gran Bretaña siguió existiendo cierto interés entre los folcloristas. Sin embargo, las disciplinas académicas inglesas han mostrado hasta hace poco mucha hostilidad contra el folclore, que para ellas es «una mezcla de erudito coleccionismo de curiosidades y fantasía de chiflados»: TLS, 16 de septiembre de 1969. Hasta la importante obra de Keith Thomas Religion and the decline of magic (1971) contiene solo una referencia de paso a la cencerrada. El renacer del interés de los estudiosos llegó de la otra orilla del Canal, con Claude Lévi-Strauss, Mythologiques I. Le cru et le cuit, París, 1964, y con el importante artículo de Natalie Z. Davis «The reasons of misrule», Past and Present, 50 (1971). Mi primer intento de escribir el presente capítulo apareció en Francia, pero no en Gran Bretaña, en Annales E. S. C., en 1972. Desde entonces los fenómenos han sido visibles en un número creciente de estudios, en ambas orillas del Atlántico, y estuvieron de moda durante algún tiempo: véase Shorter, E., The making of the modern family, Nueva York, 1975, pp. 218-227.
[1266] Brown, op. cit., pp. 104-107; Baring-Gould, op. cit., II, p. 78; Baring-Gould, A book of folklore, 1913, pp. 251-252.
[1267] N & Q, 4.ª serie, III, 26 de junio de 1868, p. 608; ibid., 4.ª serie, XI, 15 de marzo de 1873, p. 225; ibid., 4.ª serie, III, 5 de junio de 1869, p. 529; Tongue, op. cit., p. 181.
[1268] Roberts, op. cit., pp. 256-257.
[1269] Brockett, op. cit., artículo dedicado a Riding the stang.
[1270] Henderson, W., Notes of the folk-lore of the northern counties of England and the Borders, 1879, p. 29.
[1271] Alford, «Rough music or charivari», op. cit.
[1272] Van Gennep, op. cit., I, p. 202. [«Aux maris battus par leur femme; aux avares, notamment des la période enfantine; aux parrains et marraines chiches de dragées et de sous; aux étrangers qui, venus s’installer aux même de passage, ne paient pas le bienvenue; aux filles folles de leur corps; aux femmes adultères; aux ivrognes invétérés, brutaux et tapageurs; aux dénonciateurs et calomnieteurs; aux maris qui courent trop le guilledon; bref, à tous ceux qui, d’une manière ou d’une autre, excitent contre eux l’opinion publique de la communauté locale»].
[1273] Ibid., I, 2.ª parte, pp. 614-628.
[1274] Se cita un caso en el Franco-Condado, ibid., p. 619, nota 2. En Diderot y D’Alembert, Encyclopédie, París, 1753, p. 208, se da por sentado que el charivari lo ocasionan «personnes qui convolent en secondes, en troisiémes noces; & même de celles qui épousent des personnes d’un áge fort inégal au leur».
[1275] Lévi-Strauss, op. cit., pp. 293-295. Véase también Fortier-Beaulieu, P., Manages et noces campagnardes dans … le department de la Loire, París, 1937.
[1276] Véase el «Apéndice II», p. 681.
[1277] Davis, N. Z., «The reasons of misrule: youth groups and charivaris in sixteenth-century France», Past and Present, 50 (1971). La autora cita un caso solamente (p. 45, nota 13) ocasionado por pegar a la esposa, en Dijon, en el mes de mayo de 1583.
[1278] Véanse especialmente las aportaciones de André Burguière y Nicole Castan en Le charivari.
[1279] Sin embargo, Capp, B., «English youth groups and The Pinder of Wakefield», en P. Slack (ed.), Rebellion, popular protest and the social order in Early Modern England, Cambridge, 1984, ofrece algunas pruebas sugestivas.
[1280] Ingram, «Riding, rough music and mocking rhymes», p. 169, y «Ridings», pp. 90-91; Davis, N. Z., «Charivari, honneur et communauté a Lyon et a Genève au XVIIe siècle», Le charivari, pp. 221-228.
[1281] La crónica de suicidios y vendettas relacionados con el charivari que insinúa Alford, «Rough music or charivari», pp. 510 y 513-514, contrasta con crónicas más románticas de algunos autores populares. Compárese la violencia psíquica del «vito» tal como la describe Pitt Rivers, J. A., The people of the Sierra, 1954, pp. 169 ss.
[1282] Musée National des Arts et Traditions populaires, París, MS B 19, canción de Thónes, (Alta Saboya). Véase Shorter, op. cit., p. 221 para una variante. [«Dis done vielle carcasse / Veux-tu-pas nous payer / La dime des tes noces / Aux enfants du quartier. / Si tu fais la rebelle / On vient t’avertir, / Que pendant la semaine / On battre Charivari!»].
[1283] Véase Ian Farr y Ernst Hinrichs en Le charivari.
[1284] Hoffman-Krayer y Bachtold-Staubli, op. cit., artículo dedicado a «Katzen-musik».
[1285] Véase Dominique Lesourd en Le charivari.
[1286] Tekle Dömötör, op. cit.
[1287] Véase especialmente Palmer, B., «Discordant music».
[1288] De la crónica literaria más completa de un skimmington riding, en Butler, S., Hudibras, 2.ª parte, canto II, ed. de J. Wilders, Oxford, 1967, pp. 142-149. La segunda parte de este poema se publicó por primera vez en 1663. Esta sección continúa diciendo: «Cuando las esposas su sexo cambian, igual que liebres, / y cabalgan en sus esposos, igual que pesadillas, / y en mortal batalla vencidos, / de sus privilegios son desposeídos, / y por el derecho de guerra igual que muchachas / condenados a la rueca, los cuernos y las ruedas; / porque cuando los hombres por sus esposas son acobardados, / sus cuernos, por supuesto, se comprenden». [«When Wives their Sexes shift, like Hares, / And ride their Husbands, like Night-mares, / And they in mortal Battle vanquish’d, / Are of their Charter dis-enfranchizd, / And by the Right of War like Gills (a) / Condemn’d to Distaff, Horns (b), and Wheels (c); / For when Men by their Wives are Cow’d, / Their Horns of course are understood». (a) Gills: chicas, muchachas; b) Horns: cuernos, símbolo del cornudo; c) Wheels: ruedas, los tornos para hilar (al igual que las ruecas) son símbolos del trabajo de las mujeres y de papeles femeninos)].
[«Is but a riding, used of course / When the grey mare’s the better horse; / When o’er the breeches greedy women / Fight, to extend their vast dominion»].
[1289] «A Punishment invented first to awe / Masculine Wives, transgressing Natures Law. / Where when the brawny Female disobeys, / And beats the Husband till for peace he prays; / No concern’d Jury for him Damage finds, / No partial Justice her Behaviour binds; / But the just Street does the next House invade, / Mounting the neighbour Couple on lean Jade. / The Distaff knocks, the Grains from Kettle fly, / And Boys and Girls in Troops run houting by».
[1290] Malcolmson, R. W., Life and labour in England, 1700-1780, 1981, p. 105.
[1291] Misson de Valbourg, H., Memoirs et observations faites par un voyageur en Angleterre, París, 1698, p. 70, y Misson, H., Memoirs and observations in his travels over England, 1719, p. 129.
[1292] Chappel, J. A. V. y A. Pollard (eds.), The letters of Mrs. Gaskell, Mánchester, 1966, pp. 29-31. Mi agradecimiento a David Englander.
[1293] Rowbotham, S., «The trouble with “Patriarchy”», New Statesman, 21-28 de diciembre de 1979, reimpresión en Rowbotham, Dreams and dilemmas, 1983, pp. 207-214.
[1294] Véase Schochet, G., Patriarchalism in political thought, Nueva York, 1975.
[1295] Se encuentran ejemplos en la mayoría de los CRO, especialmente en las órdenes de reclusión en las casas de corrección. Para gran número de órdenes de encierro de personas «disolutas y desordenadas» (de ambos sexos), véase, por ejemplo, Hants. CRO, QS B/XVIb/2/5, calendarios de presos en casas de corrección, abril, julio y octubre de 1723. O en la década de 1760, un magistrado excepcionalmente celoso en Cirencester (Thomas Bush) encerraba con frecuencia a personas por jurar (generalmente hombres), por desobedecer a sus maestros (aprendices), por ser «bribones y vagos» y (Ann Rundle, encerrada el 28 de julio de 1766) por «ser una persona muy lasciva, ociosa y desordenada y negarse a prometer que guardaría buena conducta». Gloucester CRO, Q/SG 1763-6. Todo esto era normal; véase Innes, J., «Prisons for the poor: English bridewells, 1555-1800», en F. Snyder y D. Hay, Labour and crime, 1987, esp. pp. 84-85, 99, 114, nota 21.
[1296] PRO, KB 2.1 (primera parte), afidávits, Anne (Misc.): Regina v Willliam Copsey.
[1297] Silla colocada en el extremo de una tabla oscilante, en la cual se ataba a las arpías, etc., o a los comerciantes no honrados y se les sumergía en el agua a modo de castigo. (N. del T.).
[1298] «Mary la esposa de John Morris de Gosport siendo condenada según su propia confesión reconociéndose culpable […] de ser una regañona habitual y perturbadora de la paz de sus vecinos sufrirá el castigo de la ducking stoole en la ciudad de Winchester». Hants. CRO, QM/5, libro de actas, 6 de octubre de 1724.
[1299] Instrumento de castigo consistente en un marco de hierro que se colocaba en la cabeza e impedía mover la lengua. (N. del T.).
[1300] Gaskell, C. M., «Old Wenlock and its folklore», The Nineteenth Century, febrero de 1894.
[1301] Ibid. Véase también Gillis, J., op. cit., p. 131.
[1302] Paul, G. O., Address to His Majesty’s justices of the peace for the county of Gloucester, Epiphany General Quarter Sessions 1809, Gloucester, 1809, pp. 129, 135. Sin embargo, aunque la forma y la teoría permitían esta discriminación sexista, a finales del siglo XVIII la práctica era más clemente. Paul recopiló cifras para indicar el número de «transgresores criminales» que había en las cárceles y correccionales de los condados en los dieciséis años que terminan en 1807: 241 varones encarcelados por «bastardía» (seguramente por no pagar las órdenes de paternidad presentadas contra ellos) y 39 mujeres. Había también 213 personas encarceladas (se supone que todas eran varones) por abandonar a su familia y dejarla a cargo de la parroquia. Las leyes sexistas continuaban a disposición de los magistrados vengativos y los funcionarios encargados de las leyes de pobres, pero se estaban usando con menor frecuencia. También se había aceptado el parecer de que la flagelación de mujeres en público era «un delito contra la decencia común» y, de acuerdo con Geo. III, c. 45 (1792), este castigo ya no podía infligirse a las mujeres condenadas por bribonas y vagabundas: véase ibid., pp. 8, 35.
[1303] Al menos, eso supongo. El asunto todavía no se ha investigado plenamente.
[1304] Véanse Thomas, K., op. cit., pp. 528-531; Underdown, D. E., «The taming of the scold: the enforcement of patriarchal authority in Early Modern England», en A. Fletcher y J. Stevenson (eds.), Order and disorder in Early Modern England, Cambridge, 1985.
[1305] Un ejemplo de esta presencia y esta confianza femeninas se puede sacar de las celebraciones del día de la coronación de la reina Ana en la ciudad encajera y pañera de Honiton (23 de abril de 1702): trescientas mujeres y niñas en buen orden, de dos en dos, con tres mujeres tocando el tambor, y una guardia de veinticinco hombres jóvenes a caballo, recorrieron la ciudad de las diez de la mañana a las ocho de la noche, lanzando vítores y agitando varas largas y blancas adornadas con cintas blancas y azules (los colores de la reina) y encaje de bolillos: Poynter, F. N. (ed.), The journal of James Yonge, 1962, p. 210, Parecidas procesiones con varas conmemoraban a veces los aniversarios de las sociedades de ayuda mutua femeninas y Thomas Hardy, en el segundo capítulo de Tess, la de los D'Urberville, puede que tuviese razón al decir que el club «había caminado durante cientos de años».
[1306] Underdown, op. cit., p. 135. Véase también Underdown, D., Revel, riot and rebellion, Oxford, 1985, esp. pp. 102-103.
[1307] Read’s Weekly Journal, 16 de abril de 1737.
[1308] N. & Q., 4.a serie, IV (1869), p. 105 (Somerset, 1826); ibid., 5.ª serie, V (1876), p. 253 (Lancashire, ¿finales del siglo XVIII?); ibid., 2.ª serie, X (1860), p. 363.
[1309] Infidelidad conyugal: ambas partes, atadas espalda contra espalda sobre un burro, Wright, W. H. K. (ed.), The western antiquary, Plymouth, 1882, p. 31; contra un comerciante en carbón con «ideas relajadas sobre los privilegios de la vida matrimonial» en Market Rasen, Lincolnshire, 1872, Stamford Mercury, 19 de enero de 1872; contra un palafrenero que había sido infiel a su esposa al poco de casarse en Northallerton (Yorkshire) en 1887, York Herald, 1 de marzo de 1887; contra un joven que había abandonado a su querida en un pueblo de Hampshire en 1882, Hants and Berks Gazette, 4 de febrero de 1882; y muchos otros.
[1310] Menefee, S. P., Wives for sale, Oxford, 1981, pp. 117, 126-127, 183; Northern Standard, 4 de noviembre de 1882; Bury Times, 12 de noviembre de 1870; Briggs, K. M., The folklore of the Cotswolds, 1974, pp. 116-117.
[1311] «There is a man in this place / Has beat his wife!! / Has beat his wife!! / It is a very great shame and disgrace / To all who live in this place, / It is indeed upon my life!!».
[1312] N & Q, 2.a serie, X (1860), p. 477.
[1313] Bucks Herald, 27 de julio de 1878. Según una creencia popular mantenida con tenacidad, el marido tenía derecho a castigar a su mujer con tres golpes, y nada más, y con un palo que no fuera más grueso que su propio pulgar.
[1314] Documentos varios en Berks. CRO, D/EW1, L.3. Mi agradecimiento a John Fine, que me informó sobre ellos.
[1315] Porter, op. cit., pp. 9-10.
[1316] Véase Ginzburg, C., «Charivari, associations juveniles, chasse sauvage», en Le charivari. En mi artículo publicado en Annales E. S. C. me opuse al estructuralismo formalista de la interpretación del charivari que Lévi-Strauss hace en Le cru et te cuit.
Ginzburg me critica a su vez por mi empirismo amorfo y mi obsesión con las funciones manifiestas y trata de demostrar que hay algo en común entre nuestras posiciones en las formas y las funciones de los ritos. Acepto su corrección.
[1317] Citado por Ingram, «Riding, rough music and mocking rhymes», p. 174.
[1318] Las pruebas sobre quiénes tomaron parte no son concluyentes y variaban según el delito. Mientras que los hombres llevaban un stang o «cabalgaban un skimmington», a menudo las mujeres hacían acto de presencia para abuchear y golpear sartenes (véase la lámina XXIII). Cuando los casos comparecían ante los tribunales, los acusados eran casi siempre varones: así, un caso habido en Burton (Oxfordshire) en 1803, donde 15 peones fueron acusados y 5 encarcelados: Oxfordshire CRO, QSM I/7; en un caso ocurrido en Warwickshire, 1811, los acusados eran dos carpinteros de carros, un agricultor, un granjero, un peón, un zapatero y un velero: Warwicks. CRO, QS 32/3, legajo 3.
[1319] Las mujeres dirigían cencerradas con frecuencia en el siglo XVIII: en 1747, en Billingshurst, un hombre que maltrataba y hacía pasar hambre a su esposa fue expulsado de la casa por una cencerrada de mujeres, las cuales le envolvieron en una manta y lo arrojaron al estanque (citado en Sussex Agricultural Express, 28 de octubre de 1848). En 1748 un comerciante de Islington azotó a su esposa con varas «hasta que la sangre le llegó a los talones»; la mujer obtuvo «una orden contra él y, al comparecer ante el juez de paz, […] fue enviado a la cárcel, lugar al que fue conducido mientras dos tercios de las mujeres de la ciudad le arrojaban objetos, abucheaban y golpeaban»: Northampton Mercury, 11 de julio de 1748. En algunas partes de las Tierras Bajas de Escocia las mujeres hacían cabalgar el stang a quienes pegaban a su esposa y apresaban ellas mismas al transgresor: Forsyth, R., The beauties of Scotland, Edimburgo, 1806, III, p. 157.
[1320] Redwood, C., The vale of Glamorgan, 1839, pp. 289-295, citado en Gillis, op. cit., esp. pp. 133-134. Pero las cencerradas «patriarcales» continuaron durante mucho tiempo en partes del centro y el norte del país de Gales: véase Rodernberg, J., An autumn in Wales, 1856, trad. y ed. de W. Linnard, Cowbridge, 1985.
[1321] De Sturton por Stowe, en la colección James M. Carpenter en Cecil Sharp House. [«Ran, tan, tan! / The sign of the old tin kettle, and the old tin pan. // Old Abram Higback has been paying his good woman; / But he neither paid her for what or for why, / But he up with his fist, and blacked her eye. // Now all ye old women, and old women kind, / Get together, and be in a mind; / Collar him, and take him to the shit-house, / And shove him over head. // Now if that does not mend his manners, / The skin of his arse must go to the tanners; / And if that does not mend his manners, / Take him and hing him on a nail in Hell. // And if the nail happens to crack, / Down with your flaps, and at him piss»].
[1322] Shorter, op. cit., p. 235.
[1323] Ibid., p. 218.
[1324] Esto procede de un escrito en favor de la víctima de una cencerrada. Berks. CRO, D/EW 1.L.3.
[1325] N & Q, 6.a serie, VI (1882); ibid., 5.ª serie, V (1876).
[1326] Véase el «Apéndice I», p. 679.
[1327] En Gorton, Mánchester, se administró el riding the stang al «descubrirse que un pintor vivía armoniosamente con dos mujeres en una casa», N & Q, 5.ª serie, V (1876).
[1328] Thompson, F., Lark rise to Candleford, Oxford, 1954, pp. 145-146.
[1329] Un skimmington riding vengativo se aplicó a un jardinero y su esposa y al hermano de esta en Oakhill (Somerset) en 1900: la esposa y su hermano eran alemanes y la gente del pueblo se negaba a creer que él fuera el hermano de la mujer: Shepton Mallet Journal, 31 de agosto de 1900.
[1330] Información del difunto Bob Hiscox de Pilton, Somerset, que obtuve en 1975 y hace referencia a acontecimientos ocurridos hacia 1910.
[1331] Rollison, D., «Property, ideology and popular culture in a Gloucestershire village, 1660-1740», Past and Present, 93 (1981), reimpresión en Slack (ed.), op. cit. Para otro caso bien documentado (pero enigmático), véase Kent, J. R., «Folk justice and royal justice in early 17th-century England: a “Charivari” in the Midlands», Midland History, VIII, 1983.
[1332] Allan, D. G., «The rising in the West, 1628-1631», Econ. Hist. Rev., 2.a serie, V, i (1952-1953); Sharp, B., In contempt of all authority, Universidad de California, 1980, que arguye (p. 105) que nunca hubo un «líder» que fuese «Skimmington», del mismo modo que jamás existió un general Ludd o una Rebecca.
[1333] Warwickshire Quarter-Sessions Proceedings, ed. de H. C. Johnson y N. J. Williams, Warwick, 1964, pp. xiii-xiv.
[1334] Bloom, J. H., Folklore, old customs and superstitions in Shakespeare land, 1930, p. 53.
[1335] Bucks Herald, 13 de julio de 1878. Una mujer de Warwickshire fue objeto de una cencerrada por hacer que procesaran a su propio hijo por haber cogido 6 chelines y 9 peniques de su monedero: Leamington Chronicle, 16 de julio de 1870. Doy las gracias a Chris Ryan.
[1336] Bedfordshire CRO, QSR 23, 1817, pp. 230-231.
[1337] PRO, KB 11.59.
[1338] Véanse, por ejemplo, Haigh, W. E., A new glossary of the dialect of the Huddersfield district, Oxford, 1928, p. 118; Bland, J., Bygone days in Market Harborough, Market Harborough, 1924, pp. 102-103.
[1339] Boyer, A., Political state of Great Britain, LIII, 1737, p. 116.
[1340] Véase, por ejemplo, Richardson, R., Death, dissection and the destitute, 1987, p. 138.
[1341] Contra un «zapatero remendón» que predicaba en Towcester, 1767, Northants. CRO, Quarter Sessions Grand File, 1767. La historia de los primeros tiempos del metodismo proporciona numerosos ejemplos de cencerradas dirigidas contra predicadores y miembros destacados: información facilitada por John Walsh. El rector de Fillingham fue objeto de una cencerrada y se hizo cabalgar su efigie en el stang antes de quemarla: Stamford Mercury, 23 de mayo de 1884.
[1342] En Soham (Cambridgeshire) el 1 de abril de 1853, Día de los Inocentes, se celebraron simulacros de bodas mormonas delante de los domicilios de los creyentes locales, en las cuales siete «novias» montadas en burros fueron casadas con un solo «esposo»: Millenial Star, XV (1853), p. 269. Mi agradecimiento a F. C. Harrison.
[1343] Bucks. Herald, 19 de octubre de 1878.
[1344] PRO, KB 1.33 (primera parte), Rex v James Attwood, John Sashand and Henry Rickett: afidávit de James Attwood.
[1345] Hoja suelta en KB 1.30 (segunda parte), Mich. 41 Geo. III, n.° 1: afidávit de Joseph Stoner (1800) y documentos en el expediente 41. Para el trasfondo de este caso, véase Hay, D., «Crime, authority and the criminal laws in Staffordshire, 1750-1800», tesis doctoral, Universidad de Warwick, 1975, pp. 309-314.
[1346] Véase Bickley, op. cit.
[1347] Woodforde, J., The diary of a country parson, 1949, p. 53. Para un caso en Oxfordshire provocado por una disputa eclesiástica, véase Cox, J. C., Churchwardens’ Accounts, 1913, p. 53.
[1348] Minchinton, W. E., «The beginnings of trade unionism in the Gloucestershire woollen industry», Trans. Bristol & Gloucs. Arch. Soc., 1951, pp. 134-135; Randall, A., «Labour and the industrial revolution in the west of England woollen industry», tesis doctoral, Universidad de Birmingham, 1979, esp. pp. 300-301, 541; Snell, F. J., The chronicles of Twyford, Tiverton, 1893, pp. 186-187, 191-192, 232-233. Para los tejedores de felpa de Banbury, véanse Money, J., Experience and identity, Birmingham and the West Midlands, 1760-1800, Mánchester, 1977, pp. 240-241; Spillman, R., 25-26 de agosto de 1793, en PRO, HO 42/26.
[1349] En mayo de 1725 más de cien hombres y mujeres (¿tejedores?) se reunieron en Stroud para derribar la workhouse, llevaron a un overseer por la parroquia montado en un palo y amenazaron con hacer que uno de «los gentlemen» montara en el palo si daban con él: PRO, Assi 5.44 (i). Para un episodio relacionado con una barrera de portazgo, también en Stroud, véase SP 36.32.
[1350] Webb, S. y B., The history of trade unionism, 1920, p. 28. En 1743 se dio cuenta de un caso en Southwark en el que un sombrerero sin contrato de aprendizaje fue sometido al stang con tanta violencia que murió: Sherborne Mercury, 18 de octubre de 1743.
[1351] Annual Register, 1770, p. 74.