Ciudad de las nubes

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Quince » Biblioteca pública de Lakeport » Seymour

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Seymour

Con los protectores auditivos puestos, escucha. En algún punto de No Ficción tintinea un radiador; el hombre herido respira al pie de la escalera; fuera, en la nieve, chisporrotea una radio de policía. La sangre le late en los oídos. Nada más.

Pero ha oído golpes en el piso de arriba, ¿o no? Recuerda el todoterreno de la policía deteniéndose en la acera. A Marian dejando caer las cajas de pizza en la nieve. ¿Qué hacía trayendo pizzas a la biblioteca poco antes de la hora de cerrar?

Hay alguien más.

Con la Beretta en la mano derecha, Seymour repta hacia el hueco de la escalera donde el hombre herido yace de costado y con los ojos cerrados, dormido, o algo peor. La purpurina del vello de su brazo emite destellos. A Seymour se le ocurre que tal vez se ha colocado allí a modo de barricada.

Contiene la respiración, pasa por encima del cada vez más espeso charco de sangre, por encima del hombre, y sube. Quince escalones, el borde de cada uno cubierto con tiras adhesivas antideslizantes. Bloqueando la entrada a la Sección Infantil hay algo inesperado: una pared de aglomerado pintada de color oro, un oro que es casi rojo en el resplandor del letrero de SALIDA. En el centro hay una puertecita en arco y, encima de ella, una única línea de palabras escritas en un alfabeto que no reconoce.

Ὦ ξένε, ὅστις εἶ, ἄνοιξον, ἴνα μάθῃς ἃ θαυμάζεις

Seymour apoya la palma de la mano en la puertecita y empuja.

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