Ciudad de las nubes

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Seymour

Justo cuando la primera nieve se adhiere a las montañas sobre el pueblo, Idaho Power corta la luz de la casa de doble ancho. Al tanque de propano del jardín delantero todavía le queda un tercio de combustible, de manera que Bunny calienta la casa encendiendo el horno y dejando la puerta abierta. Seymour carga su tablet en la pista de hielo, le da a su madre casi todo el dinero que gana.

MATHILDA: esta noche hace frio he estado pensando en ti

SEYSMO6: aki tb frio

MATHILDA: cuando esta asi de oscuro me dan ganas de desnudarme y salir corriendo para notar el frio en la piel

MATHILDA: luego volver a la cama calentita

SEYSMO6: en serio?

MATHILDA: tienes k darte prisa venir ya no aguanto +

MATHILDA: tenemos k decidir la mision

El día de Navidad Bunny le hace sentarse en la mesa de la cocina.

—Me rindo, bichito. Voy a vender. A buscar un sitio para alquilar. Después del año que viene ya no vas a estar y no necesito media hectárea para mí sola.

Detrás de ella, el gas llamea azul dentro del horno abierto.

—Sé que este sitio ha sido importante para ti, quizá más de lo que soy consciente. Pero ha llegado el momento. Están buscando una limpiadora en la Sachse Inn, está más lejos, ya lo sé, pero es un trabajo. Si tengo suerte, entre el sueldo y la venta de la casa podré pagar la deuda y tener lo bastante para arreglarme los dientes. Quizá incluso ayudarte con la universidad.

Del otro lado de la puerta corredera las luces de las casas parpadean detrás de una bruma helada. Dentro de Seymour se ha ido acumulando una espantosa respuesta sensible: cien voces que hablan a la vez en el sótano de su cabeza. Come esto, ponte esto, eres un inepto, estás fuera de lugar, tu dolor desaparecerá si compras esto ahora mismo. Simio el Truño, ja, ja. Fuera, en el suelo debajo del cobertizo de las herramientas, aguardan la Beretta de Pawpaw y su caja de granadas de mano repartidas en veinticinco separadores. Si contiene la respiración le parece oír las granadas tintinear ligeramente en sus compartimentos.

Bunny apoya las palmas en la mesa.

—Vas a hacer algo especial con tu vida, Seymour. Lo sé.

Es de noche y está en la esquina de Lake y Park con el cortavientos puesto. Las luces navideñas motean los canalones de la casa piloto de Eden’s Gate a intervalos perfectamente espaciados. Se han instalado cámaras ocultas bajo los aleros, y adhesivos con forma de escudo brillan en la esquina inferior de las ventanas, y cerrojos de apariencia complicada protegen las puertas delantera y trasera.

Sistemas de seguridad. Alarmas. Entrar y dejar algo sin ser visto no es factible. Pero el lado oeste de la agencia inmobiliaria y el este de la biblioteca, observa, están a poco más de un metro de distancia. En el espacio entre ambos edificios apenas hay sitio para un contador de gas y una franja de nieve helada. Meter a hurtadillas un explosivo en la agencia inmobiliaria puede ser imposible. Pero ¿y en la biblioteca?

SEYSMO6: he encontrado un sitio

MATHILDA: un objetivo?

SEYSMO6: una mision, mi manera de alterar maquinaria para concienciar a la gente y k empiece el cambio de verdad

MATHILDA: k se te ha

SEYSMO6: para k me acepteis en el kampamento

MATHILDA: ocurrido?

SEYSMO6: para tenerte

El PDF que envía Mathilda por Pryva-C está lleno de erratas y diagramas chapuceros. Pero el concepto queda claro: detonadores, ollas a presión, móviles prepago, todo duplicado en previsión de que la primera bomba falle. Seymour compra una olla a presión en Lakeport Drug y otra en Ridley’s y dos cerrojos en la ferretería Bergesen y los coloca por dentro de la puerta de su dormitorio y de la del cobertizo.

Desenroscar las granadas es más fácil de lo que había imaginado. El relleno explosivo del interior parece inocuo, pequeños copos rubios de cuarzo. Usa una antigua báscula postal de Pawpaw: quinientos gramos en cada olla.

Sigue yendo a clase. Sigue fregando suelos en la pista de hielo. Su vida no ha sido más que un prólogo y ahora es cuando empieza.

A principios de febrero está cargando tres móviles prepago modelo Tracfone de Alcatel detrás del mostrador de alquiler de patines de la pista de hielo cuando, al levantar la vista, encuentra a Janet con su cazadora vaquera.

—Hola.

Lleva parches de rana nuevos en las mangas. Su gorro es de esa lana de aspecto tan suave que no quieres quitártelo nunca, la clase de lana que él nunca ha tenido. Tiene mejillas bronceadas de esquiadora y al mirarla Seymour tiene la sensación de que ha madurado diez años desde el décimo curso, como si su Enamoramiento de Janet fuera una era de vida humana sobre la tierra extinguida hace mil años.

—Hace mucho que no te veía —dice Janet.

Haz como si no pasara nada. No pasa nada.

—No le conté a nadie lo que hiciste. Por si te lo estabas preguntando.

Seymour mira hacia la máquina de refrescos, a los patines en sus cubículos. Mejor no decir nada.

—La semana pasada vinieron dieciocho alumnos al Club de Concienciación Medioambiental, Seymour. Pensé que querrías saberlo. Hemos conseguido que la cafetería desperdicie menos comida y que use servilletas de bambú, porque el bambú es sustentable o como se diga.

—Sostenible.

En la pista de hielo, adolescentes con sudaderas ríen al otro lado del cristal de seguridad. Diversión; es lo único que preocupa a la gente.

—Eso, sostenible. El día 15 vamos a ir a Boise a hacer una sentada. Podías venir, Seymour. La gente empieza a hacernos caso.

Esboza una sonrisa ladeada y tiene los ojos azules casi negros fijos en Seymour pero ya no tiene ningún poder sobre él.

SEYSMO6: he hecho 2 con las instrucciones ke me mandaste

MATHILDA: 2 tartas

SEYSMO6: ja si 2 tartas

MATHILDA: estas tartas komo se cocinan

SEYSMO6: moviles prepago, las tartas se cocinan al quinto tono de llamada kmo en el PDF

MATHILDA: 2 numeros diferentes? 1 para cada?

SEYSMO6: 2 tartas 2 moviles 2 numeros diferentes como en las instrucciones

SEYSMO6: aunke en cuanto este la primera la otra tb

MATHILDA: kuando?

SEYSMO6: pronto

SEYSMO6: igual el jueves, anuncian tormenta, he pensado k habra menos gente

MATHILDA: …

SEYSMO6: sigues ahi?

MATHILDA: mandame los 2 numeros

El miércoles vuelve a casa después de clase y encuentra a Bunny haciendo cajas en el cuarto de estar a la luz de una linterna. Lo mira, un poco bebida, nerviosa, alguien que cree estar en el umbral de algo nuevo.

—Vendida. La hemos vendido.

Seymour piensa en las ollas, guardadas con el compuesto B debajo del banco en el cobertizo de las herramientas y le nadan anguilas en el estómago.

—¿Han…?

—La han comprado después de verla en internet. En efectivo, de hecho. Van a tirar la casa. Probablemente solo les interesa la parcela. ¿Te imaginas tener dinero suficiente como para comprarte una casa por ordenador?

Se le cae la linterna y Seymour la coge y se la devuelve y se pregunta qué verdades se comunican sin palabras una madre y un hijo y qué otras no.

—¿Puedo llevarme el coche mañana, mamá? Te dejo en el trabajo por la mañana.

—Claro, Seymour. Sin problema. —Alumbra una caja con la linterna—. Dos mil veinte —dice mientras Seymour se marcha por el pasillo—. Va a ser nuestro año.

SEYSMO6: despues de cocinar las tartas adonde voy

MATHILDA: al norte

MATHILDA: llama al numero k te dimos

SEYSMO6: al norte

MATHILDA: si

SEYSMO6: a canada?

MATHILDA: tu ve al norte y luego t daremos instrucciones

SEYSMO6: pero a la frontera?

MATHILDA: lo vas a hacer genial k guerrero tan valiente

SEYSMO6: y si hay algun problema

MATHILDA: no lo habra

SEYSMO6: pero x si acaso

MATHILDA: llamas al numero

SEYSMO6: y vendra alguien

MATHILDA: todos aki

SEYSMO6: nervioso

MATHILDA: estaran orgullosos

MATHILDA: felices

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