Ciudad de las nubes

Ciudad de las nubes


Veinte

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VEINTE

EL JARDÍN DE LA DIOSA

La ciudad de los cucos y las nubespor Antonio Diógenes, folio Υ

… bebí del río de vino, la primera vez en busca de valor, la segunda, de arrojo, y volé hacia el palacio del centro de la ciudad. Sus torreones perforaban el Zodiaco y [¿dentro?] arroyos claros y [¿alegres?] serpenteaban en jardines fragantes.

… estaba la diosa, de mil pies de altura, atendiendo los jardines con su [túnica caleidoscópica], levantando parcelas enteras de bosque y cambiándolas de sitio. Alrededor de su cabeza volaban en círculo bandadas de búhos y había más posados en sus brazos y hombros, y estudiaban sus reflejos en el escudo centelleante que llevaba la diosa atado a la espalda.

… delante, a sus pies, rodeado de [¿mariposas?] blancas, en un atril tan ornado que debía de haberlo construido el dios mismo de la forja, lo vi: el libro que según la abubilla contenía la [¿solución?] a mi pertinaz dilema. Aleteé hasta situarme encima, [me dispuse a leer, cuando la diosa se inclinó. Sus enormes pupilas se cernieron sobre mí, cada una grande como una casa. Con solo un dedo habría podido expulsarme del cielo].

—Te conozco —dijo con quince árboles en cada mano—, cuervecillo. Eres un farsante, una criatura de barro, no tienes nada de pájaro. En tu corazón sigues siendo un pobre humano, expulsado a patadas de la tierra, con [la llama del hambre dentro]…

—… solo quería [ver]…

—Lee todo cuanto quieras el libro —contestó—, pero, si lees hasta el final, entonces te volverás como nosotros, libre de deseos…

… nunca podrás volver a tu forma anterior. Adelante, pequeño —dijo la diosa titilante—. Elige…

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