Ciudad de las nubes

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Nota del autor

Este libro, concebido como un himno a los libros, está construido sobre los cimientos de muchos otros libros. La lista es demasiado larga para incluirlos todos, pero aquí van algunas de las luces más brillantes: El asno de oro de Apuleyo y «Lucio o el Asno» (un epítome escrito posiblemente por Luciano de Samósata) cuentan la historia de un necio que se convierte en asno con mucha más gracia y habilidad que yo. La metáfora de Constantinopla como arca de Noé de los textos de la Antigüedad está sacada de El código de Arquímedes, de Reviel Netz y William Noel. Descubrí la solución de Zeno a la adivinanza de Etón en Voyages to the Moon [Viajes a la Luna], de Marjorie Hope Nicolson. Muchos de los detalles de las experiencias de Zeno en Corea son de Remembered Prisoners of a Forgotten War [Prisioneros recordados de una guerra olvidada], de Lewis H. Carlson; El giro, de Stephen Greenblatt, me introdujo en la cultura de los libros del Renacimiento temprano.

Esta novela está en deuda sobre todo con una novela de hace más de mil ochocientos años que ya no existe: Los prodigios más allá de Tule, de Antonio Diógenes. De ella solo se conservan unos pocos fragmentos de papiro, pero un resumen del argumento escrito en el siglo IX por el patriarca bizantino Focio sugiere que Los prodigios era un gran relato viajero, lleno de subtramas entrecruzadas y dividido en veinticuatro libros. Al parecer se basaba en fuentes tanto académicas como fantásticas, mezclaba distintos géneros, jugaba con la ficcionalidad y es posible que incluyera el primer viaje literario al espacio exterior.

Según Focio, Diógenes afirmaba en un prefacio que Los prodigios era en realidad la copia de una copia de un texto descubierto siglos antes por un soldado de los ejércitos de Alejandro Magno. El soldado, decía Diógenes, estaba explorando las catacumbas debajo de la ciudad de Tiro cuando descubrió una arqueta de madera de ciprés. En la parte superior de la arqueta estaban escritas las palabras: «Desconocido, quienquiera que seas, abre esto y maravíllate», y cuando la abrió encontró, grabado en veinticuatro tablillas de madera de ciprés, el relato de un viaje alrededor del mundo.

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