Cicatriz

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10. Autobús

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10. AUTOBÚS

Y entre parada y parada suben viajeros, bajan, un choque, un codazo, perdón, disculpe, ceder el asiento a ese anciano, y Sonia piensa.

Continuar. A pesar de todo, continuar. Una espiral sin fondo. Huecos, necesidades, añoranzas. Palabras, etiquetas, cajas, precios. Suben viajeros. Todo siempre en exceso. La expansión. Filtraciones. Colarse hasta en la grieta más pequeña. Pequeña sacudida, alguien protesta. Aparecer en cada resquicio. En lo que lee. En lo que escribe. En lo que viste. En lo que piensa. Su pretensión. Y el fingimiento de sumisión. De aceptación. De amor. Baja el anciano; ella recupera su sitio. Fingir que lee, fingir que escribe, fingir que viste, fingir que piensa. Fingir que Verdú. Fingir que quería verlo. Fingir que alma gemela. Fingir que madre. Fingir que hija. Fingir que hermana. Fingir asombro. Fingir enfado.

Una llovizna suave en los cristales.

Unos zapatos guardados en un armario medio vacío. Que no quiere ponerse. Que no puede regalar. Que no puede vender. Que no quiere tirar. Que quiere devolver.

Las gotas que resbalan por el vidrio.

Son preciosos, dice Knut. Color crema con una ristra de remaches plateados en el empeine. Te van a encantar, dice. Los últimos. Son muy especiales para mí. No. No le van a encantar. Siempre odió ese color en los zapatos. ¿Remaches plateados? No van nada con ella. A ella le dan igual las marcas.

Se lo dijo. Se lo advirtió. Y sin embargo ahora están en su armario.

El reproche: ¿ni siquiera vas a esperar a probártelos? La acusación: eres muy ingrata. La petición: ¿qué te supone? El argumento: los cogí para ti y voy a enviártelos.

Quedándose vacío el autobús, llenándose después, respiración de un pulmón que se hincha, se deshincha, y siempre permanece. Continuar. Con qué rapidez pasan los años.

La luz azulada en los zapatos. Una convalecencia moral, dijo él. El rastro de sudor en sus axilas. Cuánta belleza en todas las imágenes.

¿Sabes lo que decía Proust de la mentira?

Se lo ha dicho esa misma mañana. Y es hermoso. Y es cierto.

La mentira es esencial porque la verdad es incomunicable.

Ahora llueve con más intensidad. Ella se bebería quizá una o dos copas.

No puede, no, se dice.

Pero sí puede. Claro que puede.

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