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Boulevard » Capítulo 31

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Capítulo 31

Hasley

Era primero de diciembre y me encontraba en la habitación de Luke. Observaba cada disco de vinilo que yacían en esa pequeña repisaba, Luke se puso a un lado de mí y con sus labios fruncidos buscó entre ellos, sacó uno y lo leyó. No pude ver cuál era ya que se dio la vuelta y fue hasta la mesa. El reloj que tenía en su mesita de noche indicaba que eran las ocho de la noche, el tiempo pasó rápido porque se le había antojado comida rápida en el camino.

—Quiero… que escuches una canción en específico —murmuró colocando el disco.

La melodía comenzó a sonar encerrándose en la recámara de Luke. Mis ojos no se alejaban de su cuerpo en donde solo podía ver su perfil, la letra empezó con una frase característica. Él se rascó el tabique de su nariz y comenzó a balancearse de un lado a otro con una mano dentro del bolsillo de sus tejanos.

Su rostro estaba serio, sus ojos me hacían sentir cálida, en cambio, los míos comenzaban a picar, iba a llorar, estaba a punto. Agrandé aún más mi sonrisa, mis mejillas las sentí calientes, lo más seguro es que estaban coloradas. Intenté bajar la mirada, pero la mano de Luke en mi mentón lo impidió.

Sus labios se unieron con los míos, creando un beso suave, me había acostumbrado a su tacto, a la forma en que sus labios acariciaban los míos. De una forma singular y curiosa. Él se alejó para volver a crear un lindo contacto de nuestros ojos.

Comenzó a balancearse conmigo de un lado a otro, yo solté una risita porque me pareció gracioso, vino a mi mente el recuerdo de la vez que de igual manera estábamos bailando Wonderwall como dos completos tontos, porque eso éramos, unos tontos. Quizá dos tontos enamorados.

Puse mi cabeza en su pecho oyendo con una tranquilidad increíble la canción, que con cada palabra era una posibilidad de estar en cielo. O bueno, ya lo estaba junto a Luke. Sentí como su respiración chocó con mi oreja y después sus labios acariciar mi lóbulo.

Inició cantando en un murmuro causando que yo cerrara los ojos, él dejo un casto beso sobre la parte trasera de mi oreja y continuó con su tarareo meduloso, la letra de la canción me hacía sentir especial y el trato que Luke me estaba proporcionando solo complementaba la escena.

Lo quería mucho. Lo amaba con cada partícula de mi cuerpo. No quería dejarlo ir, nunca.

Abrí mis ojos cuando sus fríos dedos tocaron mi mejilla, fue suave y tierno, a pesar de la temperatura de su piel, sentí ese acto tan cálido. Tuve un contacto directo con sus orbes azules.

Escuchar la canción con su voz fue lo suficiente para que mi corazón doliera y las palabras que amenazaban con salir de mi boca ante el simple recuerdo de saber lo que ocurriría dentro de un tiempo, me traicionaron.

—No quiero que te vayas… —susurré y la primera lágrima salió dándole el paso a las otras.

—¿De qué hablas? —Me miró confundido.

—De irte lejos de Australia, con tu hermano —sollocé, él dio un suspiro.

—¿Cómo te enteraste? —cuestionó en un tono suave.

—No importa cómo, solo no quiero… —Relamí mis labios y me di cuenta de lo que estaba haciendo, me comportaba egoísta con él porque, al final de todo, Luke merecía estar lejos—. Pero sí estarás mejor no puedo impedírtelo, solo quiero que olvides todo lo que una vez te hizo daño y si para eso necesitas irte, ten la seguridad que estaré de acuerdo solo por ti, porque quiero que seas feliz…

—Hey, oye… —me interrumpió y chasqueó varias veces—. Para ser feliz te necesito a ti, ¿entiendes? Tú eres mi sonrisa.

—Pero… —Una vez más, él me interrumpió.

—Y sí, dejaré Australia —afirmó—. Pero no es para siempre, solo me voy porque iré a un centro de rehabilitación, quizá solo sea un año, pero voy a regresar.

—Te voy a extrañar.

—Todavía no me voy. —Dio una risita.

—Es que solo pensarlo me da nostalgia.

—Quiero que sepas algo —aludió—. Sí me voy fuera de la ciudad para ir a un centro de rehabilitación es por ti.

—¿Qué?

—Porque quiero ser una mejor persona para ti, porque quiero tener un futuro a tu lado por el resto de mi vida. —Él tomó una inhalación profunda y después exhaló—. Weigel, quiero algo serio contigo. Te dije que te amo, y siempre lo haré, en esta vida y en mil más. Hasley, lo hago y no me arrepiento, y si eso implica dar mi vida por ti, lo haría, lo haría sin pensarlo porque la mía siempre será la tuya, porque siempre se tratará de ti, siempre ha sido así.

Y en lugar de sonreír, mis sollozos aumentaron más. Luke me abrazó dando pequeñas caricias en mi espalda intentando calmarme, donde solamente éramos los dos. El espacio se redujo y me sentí completa. Tomó mi rostro entre sus manos y besó cada uno de mis ojos para después hacer lo mismo con mis mejillas así eliminando las lágrimas que estaban allí.

—Jamás había querido algo con tantas fuerzas como lo hago contigo —Luke murmuró.

—¿Si sabes que te amo? —Acaricié su mejilla.

Él no respondió, solo volvió a besarme, pero ahora de una forma intensa. Tomó mi nuca y llevé mis manos hasta su cabello, enredando mis dedos y jalando de ellos. Sentí la orilla de la cama y, después, sin darme cuenta, Luke estaba encima de mí. Era increíble como las cosas podían cambiar en un corto tiempo, de un momento melancólico a estar besándonos sobre su cama.

Sus labios besaron mi cuello y bajó hasta mi hombro, desnudando la piel de este para dejar un casto beso allí. Regresó a mi cuello y succionó causando un gemido de mi parte.

Su mano se fue hasta debajo de mi blusa y la levantó poco a poco, y esa noche no hice nada para detenerlo, prometí entregarme a él de la forma más honesta y él me tomo de la forma más bella.

??

—¿Estás segura de hacerlo? —Luke preguntó por tercera vez, yo reí y asentí.

—Estoy muy nerviosa, pero sí, sí quiero —Él dio un suspiro y miró hacia abajo.

—¿Es seguro de esto? —cuestionó volteándose para verle la cara al señor.

—Sí, chico —afirmó este.

—Bien —asintió volviendo su mirada a mí. Le di una pequeña sonrisa y me le devolvió—. No sé en qué momento dije que quería hacer esto, estoy demente.

—¿Tienes miedo? —reí.

—Sí —afirmó, pero prosiguió negando varias veces—. Me refiero a ti, Weigel. No por mí, solo no quiero que nada te pase.

Agrandé mi sonrisa e intenté ocultar mis mejillas que posiblemente ya estaban sonrojadas. Luke había dicho aquella vez que quería saltar de un acantilado, estábamos a punto de hacerlo, el aire a esa altura era muy fuerte y a pesar de que fuera cálido, transmitía un poco de frío. La marea estaba tranquila, no tenía ninguna pizca de que estuviera brava.

—Entonces… ¿Van a saltar o no? —El señor, claramente desesperado por Luke, habló.

—¡Espéreme un segundo! —Luke farfulló—. ¡Ahhhh, Dios! —chilló y di una gran carcajada, él me dio una mirada fulminante para luego ver al hombre—. Cinco minutos, que pasen los que siguen y prometo tirarme sin más idioteces.

El hombre suspiró y accedió a la petición de Luke, el chico levantó su pulgar y se alejó un poco de allí, lo seguí incrédula dándole una mirada para que me explicara que acababa de ocurrir hace unos segundos.

—Prometo que lo haré —mencionó. Buscó su pantalón y sacó de allí un rollo blanco—, solo necesito relajarme. —Sin más que decir, lo encendió para dar una profunda calada.

—¡Luke! ¡No puedes hacer eso en público! —reproché al rubio.

—Cállate, Weigel —espetó echando el humo a mi cara.

Rodeé los ojos y me crucé de brazos, Luke en este momento se estaba comportando tan insípido. Aunque todo mi mal humor se fue por la borda cuando me di cuenta de algo, últimamente me decía esas dos palabras con tanta frecuencia y me resultó gracioso.

—¿Por qué te ríes? —Luke interrumpió. Me di cuenta de que lo estaba haciendo cuando regresé mi semblante a uno serio—. Luego dices que el bipolar soy yo.

—Me he dado cuenta de algo. Es gracioso que me has dicho en repetidas ocasiones un «cállate, Weigel» a un «te quiero» —respondí arqueando una de mis cejas.

—Bueno, entonces, mis «cállate, Weigel» serán mis «te quiero» para ti. Tómalo o déjalo —se burló volviendo su vista al rollo.

—Eres un odioso.

—Cállate, Weigel —sonrió.

—Madura —murmuré.

—Mira… —Se acercó a mí—, yo no soy el que llega con la ropa manchada o al revés.

Me sonrojé una vez más y lo quise asesinar en ese instante.

—¿Si sabes que comienzas a molestar?

—Pero aun así me amas y yo a ti. He de admitir que mi vida se basa en eso y lo digo en un sentido literal.

—Ahora me intentas persuadir. Eres grandioso —reí.

—No, no —negó—, gracias a ti por seguir aquí conmigo. —Se mantuvo en silencio unos segundos y volcó los ojos—. Mucho romanticismo en un solo minuto, vamos ya.

—¡Oh! ¡Arruinas los momentos! —reproché y él carcajeó—. ¿Ya terminaste? —mofé de mala gana.

—Creo que ya. —Dio una última calada y lo aventó al mar. Estaba a punto de decirle que eso era contaminación cuando tomó mi mano y gritó—. ¡Corre, Weigel!

—¡No! ¡Detente!

Pero era muy tarde, Luke ya había saltado del acantilado conmigo. Lo único que pude escuchar fue el «no te sueltes de mi mano», antes de que nuestros cuerpos se hundieran.

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