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Capítulo 32

Hasley

Palmeé nuevamente mis mejillas e hice bizcos frente al espejo. Al darme cuenta de lo ridícula que me veía, solté una carcajada. Cubrí mi rostro con ambos manos y eché un fuerte suspiro.

Me alejé del espejo y observé por completo mi cuerpo de pies a cabeza.

Jamás fui una persona que tuviese baja autoestima o menospreciara mi físico, sí, como la mayoría de las personas, cada vez que solía escuchar comentarios negativos hacia mí, no podía evitar preguntarme si estos eran ciertos. Yo tenía en claro que no poseía las mejores curvas, a decir verdad, mi cuerpo no se trataba de un noventa, sesenta y noventa, tal vez todo era un setenta porque todos sabían que mi complexión se resumía a un peso muy bajo. Lo único que me ayudaba era mi rostro.

Dios, qué triste.

Recordé cuando Luke me dijo hace unos días atrás que solía tener una pésima combinación de colores. Tejanos azules de mezclilla, tenis blancos y blusa de colores sólidos, ¿qué había de malo en ello?

Hoy, a diferencia de otros días, portaba un vestido casual de color azul marino, era corto y de tirantes, se abombaba sin exageración en la parte de abajo y arriba era un corte en v que le daba un toque elegante.

Mamá insistió mucho en que me lo pusiese. Recuerdo que lo había comprado hace un año para que fuéramos a la boda de Amy, su amiga. Desde aquella vez, el vestido no volvió a ceñirse en mí. Tenía suerte, aún me quedaba.

—¡Diane, ya ha llegado!

El grito de mi madre desde la planta baja explotó mi pequeña batalla frente al espejo. Fruncí mi ceño y me di la vuelta para ir por mis cosas. Celular y cartera.

Luke platicaba con mi madre al pie de las escaleras, él vestía un pantalón negro junto a una camisa de botones desfajada casi del mismo color que mi vestido y su característica chamarra negra.

Ambos dirigieron su vista hacia mí y esbocé una sonrisa de oreja a oreja. Al principio creí que el chico diría algún comentario por el cual yo rodase los ojos, sin embargo, él curvó sus labios al mismo tiempo que ladeó su cabeza, haciéndolo lucir como un niño pequeño.

Yo quise morir de ternura.

—¿Ocurre algo? —le pregunté.

Él negó.

—Con todo el respeto a tu madre aquí presente, no sé si eres tú o soy yo, pero cada vez que te miro, me enamoro más de ti —confesó—. Te ves perfecta.

Ahí estaba de nuevo ese ardor en mi rostro y la revolución en mi estómago ante sus palabras.

No pude sostenerle la mirada, por lo que me vi con la necesidad de bajarla hasta mis pies. Desde que lo tenía a mi lado solo se había encargado de darme tantos cumplidos casi como si fuese algún reto.

Él subió las escaleras que me faltaban por bajar y acercó su boca a mi oído, el roce de su piel contra la mía solo aumentó el estado en el que me encontraba.

—Vamos, sabes que me gusta ver ese efecto en ti —musitó.

Alcé mi vista, encontrando sus ojos azules y reprimir una sonrisa.

—Te gusta solo porque eres tú quien lo crea.

—Y se siente fantástico.

Guardé silencio y él me cogió de la mano, invitándome a que lo siguiera. Mi madre nos miraba con dulzura.

Aún no entendía la manera en que la mujer se había vuelto un poco cercana a Luke, dándole una parte de su confianza en este corto tiempo que nosotros habíamos comenzado a salir, no como una pareja oficial, pero tomando la iniciativa.

—Estará de regreso antes de las nueve de la noche —el chico le indicó—. Prometo cuidarla en cada instante.

—De acuerdo —asintió—. Confío en ambos, no vayan a romper mis reglas.

—Nunca —él negó.

—Hasta pronto, mamá.

—Te espero, mi vida.

Al salir de casa, mi campo de visión se centró en el carro plateado que estaba en frente de nosotros. No pude evitar juntar mis cejas y darle una mirada interrogativa a Luke.

—Es de Pol. Me lo ha prestado para poder llevarte a… ¿nuestra cita?

—Sí, Luke, es una cita.

—Bien, eso suena demasiado ñoño, pero a ti te gusta, así que me voy a sacrificar y lo llamaré como tal. —Mordió su perforación y frunció sus labios—. ¿Tengo que abrirte la puerta?

Sus mejillas se ruborizaron y no pude pedirle al cielo que me diera más de su parte. Solté una risa por su estado y ejercí fuerza en el agarre de nuestras manos.

—No me molesta si quieres o no abrirla, al final solo es una acción que no significa nada, dudo que hacerlo o negarte a ello repercutirá en tus sentimientos hacia mí —le expliqué—. No quiero que veas estos gestos como una obligación.

—Joder —maldijo—, ¿quieres dejar de decir cosas que solo aumentan el amor que siento por ti?

Luke haló de mi mano, atrayéndome a su cuerpo y envolverme en un abrazo. Mi rostro chocó contra su pecho, mis fosas nasales captaron el aroma de su perfume y ahí mismo fue cuando noté la diferencia.

Ya no percibía el olor a hierba, simplemente era su colonia. Esa varonil que hace meses atrás se perdía entre el olor de la marihuana o nicotina. En mi cara, se dibujó una sonrisa de oreja a oreja, llenándome por completo de felicidad.

—Tenemos que irnos —avisó.

Me alejé de él y acepté.

Después de todo, abrí la puerta por mi propia cuenta. Luke subió y me miró dudoso, alcé mis cejas esperando a que hablara.

—¿Te gustan las comedias románticas?

—¿Acaso me estás dando un spoiler de lo que será nuestra cita?

—¿Crees que haré lo mismo que todos suelen hacer? No, Weigel. Si le llamarás cita a esto, tiene que ser diferente a lo que estás acostumbrada, lo suficiente para que nunca lo olvides y nadie pueda repetir.

—¿Haremos algún ritual? —vacilé.

Su entrecejo se frunció para posteriormente poner los ojos en blanco.

—Eres patética —atacó.

—¿Entonces no es un ritual? —insistí.

Amaba molestarlo de esta manera, sobre todo si se trataba de hacer preguntas innecesarias una tras otras, sabía perfectamente que eso lo irritaba y lo conocía tan bien que luego de varias palabrerías, él diría:

—Cállate, Weigel.

Pero para su desgracia, ya tenía conocimiento de lo que significaba.

—Yo igual te amo, Luke.

La comisura de sus labios se curvó y negó con su cabeza varias veces. Él optó por ya no responderme y encendió el motor del carro, iniciando con su trayecto y sus ojos sobre la calle.

Iríamos al cine. Eso fue lo que me dio a entender, aunque su destino parecía ser otro. Apreté mis dientes, diciéndole a mi subconsciente que no intentase ni por un segundo soltar lo que comenzaba a maquinar.

Mi vista iba de un lado a otro, observando por la ventana los edificios y locales, la zona en donde nos encontrábamos era casi el centro de la ciudad. Estábamos muy lejos de lo que yo suponía era nuestro destino.

Minutos después, Luke aparcó el carro en el estacionamiento de la plaza más grande de Sídney, justamente en aquella donde se hallaba el casino, ese sitio en el cual los fines de semana, como hoy, muchas personas venían a perder en lugar de ganar dinero. Llegué a la conclusión de que quizás habíamos venido hasta aquí por el cine, pues tenía una zona VIP principal a comparación de otros.

—¿Sabes? —llamé la atención del chico—. Por momento creí que iríamos al de tus padres.

—Así es.

Volteé a verlo confundida.

—¿Regresaremos?

Luke echó una risa y se acercó a mí, cogiéndome de la mano nuevamente.

—Eres demasiado lenta.

—¿Debí entender algo?

—Mis padres son dueños de los cines Village, es decir, de la cadena de estos. Creí que sería demasiado obvio cuando nos referimos a la palabra «dueño», somos la competencia de los Luxurs.

Mi boca se abrió sorprendida.

—Guao, ahora tiene sentido. —Relamí mis labios e hice mi cabeza a un lado—. ¿Eso significa que tienes el quíntuple de trabajo? Claro, si nos basamos en la cantidad de ellos.

—¿Ya te he dicho que hablas mucho? —chistó.

—¿Lo siento?

—Sí, como sea. Vamos.

Nos adentramos y me sentí cohibida. Él me atrajo a su cuerpo y me reprendí por no llevar conmigo un abrigo.

La fila de personas era larga, normal para un sábado.

Luke me llevó consigo y se hizo notar ante un chico que se encontraba de pie a la entrada de las puertas de cristal que dividía la parte VIP de la tradicional.

—Howland —lo saludó.

—Hey. —Él se lo devolvió, aportándole varias palmadas sobre su hombro—. ¿Está todo listo?

—De la forma en que lo pediste. Sala cuatro.

Intercambiaron otras palabras y seguimos nuestro recorrido.

Luke no se volvió a dirigir a mí, solo me fijé que tecleaba algunas cosas en su celular para luego halarme hasta la sala. Mis pies reaccionaron, volviendo a caminar. El lugar estaba en oscuras y me aferré a nuestro agarre.

De pronto, las luces se encendieron, di unos pequeños pasos y observé a mí alrededor. Sitio vacío. Pantalla encendida. Temperatura agradable. Dos asientos en medio con la lámpara encendida y un carrito de productos a un lado.

Miré a Luke.

—¿Por eso no querías llamarle cita?

—No quiero que sea común, menos repetitivo.

—¿No tendrás problemas con tu padre?

Me sonrió.

—Él lo sabe.

—¿No me mientes?

—Dios, en serio hablas mucho.

—Solo me preocupo —admití, encogiéndome de hombros—. Mi intención no es irritarte, tampoco que haya disgustos con…

—Detente —me interrumpió, llevando una mano a mi rostro—, todo está bien. Te lo prometo. Lo único que quiero es que disfrutes este momento, la ocasiones, que nos concentremos en lo que somos y en nadie más, aun así el mundo esté ardiendo allá afuera, quiero que me mires.

—¿Y tú a mí?

Su gesto cambió a uno serio y me miró en silencio por varios segundos.

—Eso no lo tienes que preguntar —murmuró—. Todo lo que veo eres tú, siempre ha sido así.

Acorté la brecha que nos dividía y sellé nuestros labios, fui yo quien tuvo la iniciativa. Él sujetó mi cintura y puso firmeza al beso, llevé mis manos a la parte trasera de su cuello y profundicé el acto. La sensación que me transmitía era única y perfecta, se alineaba tan bien podía hacerlo todo el día.

Aspiré un poco su olor y me alejé, conecté mi mirada con la suya.

—Has dejado de fumar, ¿cierto?

—Estoy intentando, hago lo mejor que puedo.

—Estoy orgullosa —musité.

Luke frunció ligeramente su ceño, atrapando el significado de mis palabras. Mi corazón bombeó sangre con un ritmo acelerado al instante en que me fijé como sus ojos se cristalizaron.

—Muy orgullosa de lo que te estás proponiendo y me hace feliz ser parte de tu progreso.

—Es difícil digerir esas palabras cuando no las escuchas por un largo tiempo.

Desvió su vista al suelo durante un momento y regresó a la mía.

—Solo sigue, vas bien.

—Me esfuerzo, tú sabes que no es fácil.

—Pero lo lograrás. Lo haremos juntos.

Sonrió a medias.

—¿No me soltarás?

—Nunca.

Luke asintió, pasando la punta de su lengua sobre su labio inferior y rascó el puente de su nariz.

Yo sabía que podríamos, necesitaba mucho apoyo y le daría todo el que él necesitara, lo quería llenar de amor, impulsarlo a mejorar en todo, le enseñaría a ser una persona que sumara y multiplicara las cosas positivas.

Éramos jóvenes. Inexpertos. Unos niños que quizá no sabían el significado de lo que era amar, los adultos siempre nos verían de esa forma y nos juzgarían. Los dos estábamos conscientes.

—Lo lograremos, Hasley Diane Derricks Weigel.

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