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Capítulo 33
Hasley
—¿Por qué las plantas crecen mejor con abono? —Neisan preguntó al aire—. El abono es desecho, si me echo basura encima, ¿sería más guapo?
Yo fruncí mi ceño ante su cuestionamiento extraña y lo miré mal. El estado de confusión se presentó en mí. Seguía sin entender muchas cosas sobre él, creía conocerlo, aunque en realidad me daba cuenta con el tiempo que Neisan era alguien raro por completo.
—¿Más?
—Sí, no es por ser narcisista, pero feo no estoy.
Puse los ojos en blanco y suspiré.
—Inténtalo, al lado de los baños hay un bote grande, deberías apresurarte, no querrás que alguien te gane.
—Buena estrategia —dijo, regalándome un guiño—. No soy tan estúpido como aparento.
«Deja de engañarte», pensé.
Sin decirle más, decidí llevar mi cabeza sobre mis brazos, los cuales descansaban encima de la mesa. Esperaba por Luke, en la mañana, antes de entrar a literatura, me había dicho que terminando el horario de clases lo acompañaría a un sitio, no tenía idea alguna de qué se trataba, sin embargo, aquí me encontraba en las mesas del patio trasero junto a Neisan.
Por su parte, el chico no tuvo problemas en aceptar a mi petición de que estuviese conmigo durante media hora. Él iría a entrenamiento a las tres. Ambos ganábamos.
Seguía triste por la noticia de que Luke se iría de Australia antes de finalizar el año. A pesar de que querer platicarlo con alguien, prefería guardármelo y tratar de lidiar con este tormento que consumía lentamente. Un porcentaje de mí estaba siendo egoísta al querer suplicarle para que no se fuese mientras otro cierto porcentaje veía de forma positiva esta gran oportunidad que él tenía.
«Es por su bien, Hasley», me regañé.
Resoplé cansada y volteé hacia el castaño, aún con mi cabeza entre mis brazos. Me sentí desconcertada al fijarme en lo que realizaba. Una hoja de papel blanca. Figuras.
—¿Origami?
Él volteó a verme y dibujó una sonrisa en su rostro.
—Algo así. En el origami no se usa tijera.
—Pero no estás usándola.
—Lo sé, pero normalmente suelo ocuparlas, en este momento no me sirven. —Se encogió de hombros—. Listo, he finalizado.
—¿Es un elefante?
Me erguí. Neisan asintió y me acercó la figura de papel.
—Te lo regalo.
La comisura de mis labios se elevó. Cogí su pequeño y significativo obsequio, apreciándolo desde todos los ángulos que se me fuesen posibles.
—¿Desde cuándo sabes hacer esto?
—Mmm… ¿trece años? —dudó—. No sé, veía a mi padre hacer barcos con el periódico después que terminaba de leer y los ponía en el centro de la mesa que se hallaba en la sala, en ocasiones jugaba con ellos. Me llamó la atención lo peculiar que es transformar el papel en diferentes figuras.
—¿Qué otro talento ocultas? —acusé, mirándole con los ojos entrecerrados.
Se quedó pensando, proyectándose una vez más su vida. Aunque no pudo responderme porque la voz de una tercera persona nos interrumpió.
—Perdón por hacerte esperar —Luke habló—. La profesora Caitlin habla demasiado y cuando toca temas de política no hay absolutamente nadie que la detenga.
—Te apoyo en eso —Neisan chistó.
Howland elevó sus cejas y asintió, dándole un saludo y al mismo tiempo la razón a mi amigo.
—Descuida, gracias a eso he descubierto que tengo un deportista con el don de hacer origami —hablé orgullosa—. Me ha regalado un elefante de papel.
—Genial, origami.
—¡Que no es origami! —el castaño farfulló—. Da igual, mejor me voy, nos vemos luego, Hasley. Hasta pronto, Luke.
Me despedí, agitándole mi mano. El dueño de ojos azules frunció sus labios y lo miró de reojo cerciorándose de que desapareciese de su campo de visión, regresó a mí y su gesto serio me atacó.
—Así que… —inició arrastrando sus palabras y, con la voz firme, prosiguió—, un elefante de papel.
—¿Sí?
—Es feo —declaró.
En mi cara, se mostró la incredulidad.
—No lo es —defendí.
—Sí, sí lo es —insistió—. Ni siquiera parece un elefante, se asemeja a una bola que ha tenido una pésima suerte de ser transformada en… ah, sí, nada.
Abrí mi boca indignada y la cerré al instante. Ya entendía. Conocía esa actitud, siempre que se encontraba celoso lanzaba duras críticas a su oponente, a lo que él sintiese que era una amenaza para lo nuestro.
Quería arruinar mi perspectiva del detalle que Neisan me había otorgado. Quizás esto no se comparaba en magnitud a lo de Zev cuando nos dio los boletos de la película sin haberlos pedido o a la vez que asistí con Matthew y él decidió cancelar todas las funciones. Luke estaba celoso.
—¿Acaso eso que huelo son…?
—No, ni se te ocurra —sentenció sin dejarme terminar.
—No se me ha ocurrido, es como realmente estás.
—Te equivocas.
—Claro —ironicé, alargando la a en un canto.
Rodó sus ojos y relamió sus labios.
—Supongo que no te molestará el que yo invite a salir a Annie —atacó.
—¿Annie?
—La chica de la USB —recordó—. Gracias a ella no reprobé, tal vez debería hacerlo como una muestra de agradecimiento, ¿no crees?
Ya. La pelirroja de la cual me habló días antes.
—¡Es diferente! ¡A Neisan lo conozco desde hace tiempo! —Elevé la voz—. Tú desde hace dos semanas.
—¿Y eso lo vuelve un problema o qué?
—No lo harías.
—Rétame.
Solté un grito y cogí mis cosas.
—Hazlo. No querrás verme enojada.
—¿Amenaza?
—Claro, Pushi.
—Me voy a la mierda —siseó—. ¿Vienes conmigo?
—Dios, sí. Me encantaría ir a la mierda contigo.
De mal humor, me puse de pie. Él me sujetó de la mano y caminamos a través del instituto con el estacionamiento siendo nuestro destino. Por ese día, llevaba consigo la moto.
—¿A dónde iremos? —inquirí.
Luke me puso el casco para después repetir lo mismo con el suyo.
—Lo sabrás cuando lleguemos.
Sin decir otra cosa o yo intentar protestar, nos montamos.
Luke se tomó su tiempo manejando, sin prisa y evitando soltarle algún insulto a cualquier conductor que se interpusiese en su camino. Lo felicité por ello. Mejoraba cada día. En el lapso que tuve a una distancia corta su cuerpo, me fijé en que el olor de su ropa desprendía nicotina, pero no percibía el de hierba.
Un sentimiento de alegría me invadió.
Luego de unos minutos, Luke aparcó cerca de unos edificios que se encontraban en una zona transitada de la ciudad. Mis ojos escanearon alrededor, tratando de averiguar la razón de su parada.
Me quité el casco, colocándolo en la rendija de la moto y voltear hacia el chico con una ceja enarcada, agregando:
—¿Y bien?
Él despeinó su cabello, pasando una mano sobre este.
—¿Recuerdas que me haría un nuevo tatuaje?
—¿Te lo harás?
Echó una pequeña risita, comenzando a caminar. Yo lo seguí.
—Sí —afirmó— y tú me ayudarás a escoger el diseño.
—¿De verdad?
—Joder, Weigel —masculló—. Vuelves a hacerme otra pregunta y juro que te dejaré fuera del local. No me imagino como estarás ahí dentro cuestionando cada cosa, por favor, evita interrogar el por qué los tatuajes se hacen con agujas.
Arrugué me entrecejo, regalándole una mirada colérica.
Entramos dentro y lo primero que observé fue la estética del lugar: era limpio y con varios diseños de dibujos colgando en la pared, las cosas acomodadas y la luz blanca le daban una buena imagen. Yo no iba a tatuarme y me hacía sentir en confianza plena ante lo que veías.
—¡Luke! —saludó un hombre con perforación y un brazo completamente tatuado.
—¡Ernest!
—Creí que cancelarías —confesó.
—Para nada, solo que he tenido asuntos que arreglar y me vi con la necesidad de correr la fecha —explicó él—. Hoy estoy desocupado.
—Fantástico. Solo va una persona antes de ti e iniciamos, ¿está bien?
—Tómate tu tiempo, miraré un rato los diseños.
—Genial, regreso.
Luke volteó a verme y esbozó una sonrisa lánguida, se acercó a mí, envolviéndome con sus brazos y depositar un beso sobre mi cabeza. Apoyé mi mejilla derecha sobre su pecho e inhalé con profundidad.
—¿Me ayudarás? —pidió.
—Sí —acepté.
Él me llevo hasta un mostrador, ahí yacían varios álbumes con bocetos de los tatuajes, cogí uno y le eché una hojeada. Había muchos de diferentes tamaños, formas y alguno que otro contenía tinta de color.
Ladeé mi cabeza y una surgió.
—Hace unos meses me dijiste que la ruleta de tu pecho tenía un significado, ¿cuál es?
Tragó saliva y desvió sus ojos hasta los míos. Se quedó en silencio, escogiendo las palabras correctas para dictármelas, ante eso, yo mordí mis labios, formando una línea recta y prestándole atención.
—Es un juego de azar, es decir, nunca sabes lo que te tocará, simplemente pasa y listo. Puede darte beneficios o desgracias. Ganas o pierdes. Así es la vida, cruel y justa. Una puta ruleta.
Ahora que me lo explicaba, todo en mi mente se acomodaba, alineando su respuesta y la manera en que resultaba lógico. Me arrepentí mil veces haberle dicho que solo llenaba su cuerpo de tinta sin ningún sentido.
—Qué interesante. Una ruleta… ¿y el otro que tienes a lado?
—Es la fecha de nacimiento de mi madre en número romanos.
—¡Qué tierno! —elevé mis labios.
—Algunas cosas son para siempre, Weigel —sentenció—. El pasado y los tatuajes son parte. Te marcan y se quedan.
Llevé mi mano a mi boca, mordisqueando la uña de mi dedo pulgar, pensando.
«Te marcan y se quedan», volví a repetir en mi interior.
Yo quería que Luke estuviese conmigo para toda la vida de las mil formas posibles que existiese. Sonaría descabellado y tenía conocimiento de que nosotros los jóvenes cometíamos errores, pero por primera vez deseaba algo de verdad.
Entonces, en ese pequeño espacio en el que nos encontrábamos y con mi mente contactándose a mi corazón, dejé salir lo que estaba sobre la punta de lengua:
—Vamos a tatuarnos juntos.
Sentí la mirada de Luke sobre mí y llené de aire mis mejillas.
—¿Qué has dicho? —Incrédulo, me preguntó.
Yo lo miré.
—Me gustaría tatuarme contigo. Algo para los dos —hablé en voz baja—. No pido que sea grande, solo que signifique… lo nuestro.
Él reprimió una risa sin éxito y sus labios se curvaron de lado.
Pensaba que posiblemente me metería en problemas con mi madre. Si llegaba a verlo, podría empezar a pedir perdón desde antes que mencionaron una palabra. Me castigaría. Aunque lo que más me preocupaba era que culpara al chico de mi decisión, pensando que él había sido la mala influencia para que yo lo hiciera.
—¿Tienes algo en mente? —demandó—. ¿Y en qué sitio lo quieres?
—Queremos —corregí.
—Me agrada.
Su rostro con astucia me atrapó y besó mis labios. Suave y tierno.
Comenzamos a observar imágenes e intercambiar opiniones. Luke me explicaba algunos diseños mientras yo intentaba entender, él tenía en cuenta de lo indecisa que era, por lo que vimos otros bocetos y alargaba su poca perseverancia.
Cuando creímos tener un objetivo en claro, nos dimos cuenta que era diferente lo que cada uno quería. Una pluma. Un punto y coma. Gruñí irritada y dejé caer mi cabeza sobre su pecho. Escuché como suspiró luego de unos minutos en silencio.
—Tengo una idea —murmuró, seguido arrastró consigo una hoja blanca y el lápiz que descansaba a un lado de la pila de álbumes—. No soy bueno dibujando, pero Ernest lo hará mejor al tener mínimo una idea.
Decidí no decir nada y vigilar sus movimientos. No lo ataqué con preguntas.
Se tomó todo el tiempo necesario que ocupaba y finalmente, tiró el lápiz. Mi nariz se frunció, tratando de entender por qué escribió el nombre de los colores alrededor de la silueta.
—¿Te gusta? Es una fusión de lo que escogimos, el fondo será una mancha de colores.
—Sí, me gusta —sonreí—. Tú me gustas.
Luke ocultó su rostro. Estaba sonrojado. Oh, Dios. Eso casi nunca pasaba.
—Howland, sigues —el chico lo llamó rompiendo la escena.
—Bien, será en conjunto —le avisó, señalándome a mí aún con sus pómulos enrojecidos.
—Pues iniciemos. —Se alegró—. ¿En dónde y qué van a querer?
Luke cogió mi mano junto al dibujo y se acercó a Ernest para dárselo, en el transcurso de la preparación, le explicó lo que quería.
El tatuaje se trataba de un punto y coma, sin embargo, la coma era en forma de pluma, alrededor tendría una mancha de colores, asemejando el patrón del arcoíris. Eso sería nuestro «para siempre». Muy cursi y meloso, pero nuestro.
—Será en la parte oculta del tríceps. —Alzo su vista a mí y agregó—: Se oculta mejor.
Accedí, sentándome al otro lado de manera que pudiera ver y no estorbara mediante el procedimiento.
El chico comenzó lo suyo y con su mano entre la mía, le proporcionaba pequeñas caricias, escaneé el rostro de Luke quien no demostraba dolor, a excepción de las arrugas en el puente de su nariz. Una parte de mí temía por lo que pudiese sentir y la otra no quería echarse hacia atrás.
—¿Duele mucho? —pregunté.
—Nah —soltó laxo— pero si a ti sí te duele, puedes apretar mi mano.
—¿Seguro?
—¿Arrepentida, Weigel? —retó.
—¡No! —chillé.
Él echó una carcajada y continuamos viendo el trabajo de Ernest.
Minutos más tarde, Luke me cedía el lugar. Mi turno. No rechisté, así que al mal paso era mejor darle prisa. El nerviosismo me consumía, la duda y el miedo de que algo pasara me inyectaba inseguridad.
—Estarás bien —susurró.
Fue así como me sellé a la persona que más había amado, sin culpas ni miedos, sintiéndome libre y plena ante mis decisiones, quien me amaba con toda y mi torpeza, mi insistencia, necedad y errores.
Solo éramos él y yo. Con la misma intensidad que me anhelaba, yo lo hacía. Actos, palabras y sentimientos que nos envolviesen se volvían uno solo.
—¿Qué tal? —Luke interrogó una vez que me puse de pie.
—No fue tan sufrible como me lo imaginé —vacilé. Fruncí mi ceño y proseguí—: A todo esto, ¿qué significa ambos tatuajes combinados?
Me regaló una sonrisa y respondió:
—Es la continuación de nuestros sueños, Hasley Weigel.
Esta vez, a diferencia de otras, preferí decir algo más. —Error, nuestro boulevard, Luke Howland.