Boulevard
Boulevard » Capítulo 34
Página 38 de 40
Capítulo 34
Luke
Nunca fui una persona que se arrepintiera de las cosas que hacía, muchas veces uno aprendía de sus errores, el tener que lamentarse por algo que hiciste en tu pasado está bien, es cierto que no puedes revertir lo hecho, sin embargo, ese sentimiento te hace humano.
Siempre acepté mis decisiones y estuve consciente de sus repercusiones, a pesar de los problemas que en algún pasado tuve con Hasley. Actualmente todo marchaba de maravilla y ni hablar en el ámbito familiar, la relación con mi padre mejoraba con el paso del tiempo, no podía sentirme mejor. Pol se encontraba en la ciudad desde hace algunas semanas atrás y eso significaba una sola cosa: pronto partiría con él.
—¿Estás seguro de lo que harás?
A mi lado, André cuestionó mientras encendía un cigarrillo. Lo miré.
—Sí —afirmé, asintiendo varias veces, convincente de mi decisión—. No puedo echarme hacia atrás. Es decir, en menos de un mes dejaré Sídney, lo que menos quiero es que haya secretos entre Weigel y yo, honestamente anhelo que las cosas marchen muy bien entre nosotros para que no haya disgustos, malentendidos o que ella se tenga que enterar por terceras personas.
—¿Cuándo tienes pensado decírselo? —él inquirió, dándole una profunda calada a su cigarrillo.
—Mañana por la noche —respondí—, quería saber si me podrías ayudar, te necesito.
Me sentía lo suficiente nervioso como para darme cuenta que las palmas de mis manos empezaban a sudar al mismo tiempo que mi pierna se movía de manera inquietante.
André le dio pequeños golpes a la colilla con su pulgar, causando que las cenizas se desprendieran y fuesen arrastradas junto al aire.
—Por supuesto, siempre he sido tu gata —masculló entre dientes.
A mí se me hizo graciosa la escena, por lo que maullé, arrugando mi nariz y hacerle un ronroneo por lo bajo, él me dio un golpe en el hombro ocasionando que yo me quejara, y agregó:
—Un día te patearé el culo.
—Tranquilo. —Me reí. Retomé la plática abandonada de hace unos minutos, tomando una postura seria—. Solo consígueme la furgoneta de nuevo.
—Oh, vaya, ¿a dónde la llevarás? Aunque la pregunta más importante aquí es, ¿iré a tu cita?
—La llevaré a una puta cascada porque ella quiere ir a una. —Torcí mis labios, fingiendo estar asqueado—. Le diré todo lo que quiera saber, pero necesito una canción que Zach siempre solía cantar y es con la que ahora me siento tan identificado, te pido de favor que dentro de la caja del vinilo metas una carta que te daré. Y no, no te llevaré. Me ayudarás porque no tengo aquel disco de esa banda y mañana estaré con ella, así que te ordeno que me lo encuentres, al rato te paso el nombre —solté todo sin hacer ninguna pausa, casi como si alguien me estuviese apurando—. Maldita sea, estoy muy nervioso.
—Demonios, pensé que me bañaría en la cascada —pronunció con un disfraz de decepción. Yo lo miré mal—. Pero está bien, cuentas con mi apoyo, jamás creí verte en tal estado, porque… ¿una carta?
Tosí, cubriendo mi boca con el dorso de la mano.
—Sí, la cargo en mi mochila —respondí—. Son algunas cosas que debe saber una vez que me haya ido de Australia. Le pediré que la lea cuando me encuentre lejos, solo de esa manera no intentará impedir que me vaya.
El moreno asintió y maldijo al cielo.
—Habrá algo más importante, ¿no es así? Quiero decir, tu actitud no es la misma que otras veces, estás actuando más raro de lo normal.
Le dediqué una mirada, André lo sabía. A él no podía mentirle, conocía a la perfección cada una de mis facetas, mis acciones, mis oraciones y mi comportamiento ante cualquier sentimiento absurdo que me invadía.
—Sí, creo que es hora —declaré, dando un frío suspiro, dejando que el aire saliese con lentitud.
—Joder, ahora tengo más miedo de enamorarme —dijo horrorizado.
—Cállate, André.
—Cállate tú —atacó—. Pareciese que le pedirás matrimonio. —Rio entre la oración—. Sabes que lo que me pidas yo lo haré, eres como mi hermano y solo quiero verte feliz. Cabrón, me pondré sentimental.
Ambos nos reímos y luego hubo un silencio para nada incómodo, me confesaría ante Hasley de una manera tan extraña y que jamás me imaginé.
Tenía miedo.
Tenía miedo de decirle todo. No pensaba en cómo reaccionaría al enterarse de que yo sabía sobre aquella fotografía, la cual causó que toda la tormenta se desatara. No podía si quiera imaginármelo, tenía que darme el valor para poder confesarle que aquella noche que fui a su casa con André y Jane, la llamada que recibí era de Matthew reclamándome sobre la foto.
La risa de André me sacó por completo de mi burbuja y lo miré extraño.
—¿De qué te ríes? —cuestioné.
—De nada. —Se encogió de hombros y volvió a reír.
—Eres un maldito raro —admití, desviando mi vista al suelo y robarle un cigarrillo.
—Aun así, tú me quieres, imbécil —mencionó, haciendo tronar su lengua.
Solté una risilla por lo bajo y después nos quedamos en silencio.
Quería a André, lo hacía en serio. Se había vuelto más que mi mejor amigo, era mi hermano y mi cómplice en todo, él en serio me ayudó muchas veces y jamás me dejó solo en ningún momento.
André Evans era un increíble humano.
—Hey —me llamó, captando mi atención—. Eres el hermano que nunca tuve. Gracias.
Curvé la comisura de mis labios ante un gesto de sinceridad.
—El único que tendría que agradecer soy yo —contradije—. Tú eres quien me ha hecho un favor al ser parte de mi vida.
—Dios, ¿este es el momento en donde nos besamos? —vaciló en un murmuro.
—Creo que sí —chasqueé.
Él arrugó su entrecejo.
—Ugh, no. Realmente me gustan las chicas, pero te lo agradezco.
—Y yo honestamente estoy enamorado de una, lo siento, pero no cabes en mi corazón.
Nuestras carcajadas se apoderaron del espacio y me sentí feliz. Últimamente era así. En mi interior, todo se completaba poco a poco, se unía y el vacío comenzaba a llenarse, hacía tiempo que no lo sentía, pero ahora las cosas habían cambiado y todo se acomodaba tan bien que llegaba a preguntarme si era real.
Y la respuesta: sí, esto era real.
Hasley
Cogí mis cosas para guardarlas y salir del aula sin apuros, al momento de intentar pasar hacia el otro lado mi mochila, mi pulsera se atoró con unos cuantos hilos que salían de ella, maldije por lo bajo debido al incidente. Me sentía tan estúpida.
—¿Ocurre algo?
La voz de Luke causó que me sobresaltara, obligándome a alzar mi mirada hacía él. Solté un gruñido.
—Ocurre esto —farfullé, haciendo un movimiento con mi cabeza para enseñarle el problema que tenía a mi lado.
Él dio una pequeña risa.
—Déjame ver —murmuró, acercándose más a mí y ponerse de cuclillas, tomando una mejor posición.
Luke observó durante varios segundos el desastre y escuché que musitó algo, sin embargo, no pude entenderlo. Estuvo durante varios minutos así, tratando de desenredar cada uno de los hilos atrapados. De pie, nuevamente, sacó su encendedor del bolsillo de su chaqueta ocasionando que yo le diese una mirada aterrada. Él solo negó con su cabeza indicando que me tranquilizara, se puso de cuclillas otra vez y empezó a quemar los hilos con suma delicadeza de no quemar mi piel.
—Listo —avisó irguiéndose con una sonrisa, acercó sus labios a mi frente y le dio un beso—. Estas muy tensa, ¿a qué se debe?
—Proyectos finales —bufé. Miré su cuello y fruncí mi ceño—. ¿Y tú collar?
—Se ha reventado —dijo sacándolo de su bolsillo, él lo depositó en mi mano y lo aprecié detalladamente.
Dejé caer mi cabeza su pecho, aún observando el collar, me sentía cansada y sin ganas de absolutamente nada, quizá me enfermaría. Él acarició mi cabello con sus dedos, enredándolos y jugando varias veces.
Entonces, recordé que Luke no tenía las dos últimas horas de clases, es decir, estuvo esperando por mí durante ciento veinte minutos por mí. Dios, con lo que él odiaba el instituto, más en sábado, no lo culpaba, todos detestábamos ese sistema escolar.
—¿Qué estuviste haciendo durante dos horas? —indagué. Inflé mis mejillas y lo miré, alejándome un poco de su cuerpo.
Luke desvió sus ojos al techo, danzando con ellos en una vacilada y regresar a los míos, antes de responderme, jugueteó con su arito en el labio, atrapándolo entre sus dientes.
—Ya sabes lo que hacemos los chicos cuando tenemos el campo libre —inició—, flirtear con otras chicas y tratar de obtener el número de ellas para tener una cita más tarde.
Fruncí mi ceño y lo empujé del hombro.
—No es gracioso.
—Lo sé, pero verte celosa me encanta —dijo sin descaro.
Puse los ojos en blanco.
—Me caes mal —bromeé. Luke esbozó una sonrisa lánguida.
—Me amas —chistó—. Estuve con Annie, al final le invité una gaseosa en forma de agradecimiento por haberme pasado las tareas, sino hubiese sido por ella habría reprobado.
No la conocía del todo, ella y yo ni siquiera habíamos hablado y el simple hecho de que estuviese ayudando a Luke no me daba buena espina, es decir, el chico estuvo soltero durante largos varios años, no me parecía agradable que justamente ahora estuviese buscando algún tipo de relación amistosa, pero tampoco quería comportarme controladora. Él también podía tener amigas.
Repetí su explicación en mi mente y escogí las mejores palabras sin sonar a la defensiva o una celosa compulsiva.
—Genial. Está bien.
Me convencí, asintiendo y sonriendo voluntariamente.
Luke carcajeó, dándose cuenta de que estaba conteniendo mis ganas de decir algo más. No se tragaba en lo absoluto mi respuesta.
—¿Estás celosa?
—No te rías.
—Joder, es patético que lo estés, ¿quieres saber por qué?
La diversión seguía en su rostro.
—Hey, detente —me quejé, agregando en voz baja—. No da gracia.
—Hasley, es estúpido. No importa con cuántas chicas me hable o si les gusto. ¿Crees que querría perder a la chica que me ha gustado desde los diez años? No hay necesidad de sentir esas mierdas, te amo a ti, a quien quiero a mi lado por siempre es a ti, nunca tengas esas ideas de que te dejaré por alguien más —confesó—. Mi vida tiene nombre y apellido, y es el tuyo.
—¿Diez años? —me sorprendí, dejándome boquiabierta.
—¿Comprendes? Joder, eres demasiado adorable, tus mejillas están rojas —declaró.
—Mi mente apenas está procesando —admití—. Quiero besarte.
—Hazlo —animó.
Me puse de puntitas y le di un beso en los labios, pequeño y corto.
—Eres el mejor.
—Tú lo eres —devolvió—. Amor, cambiando de tema, quería hablar contigo.
—¿Sobre? —contesté dubitativa.
—¿Podría pasar por ti en la noche? Tenía pensado pedirle permiso a tu madre. —Llevó su mano a mi cabello y sujetó un mechón—. Pero si te sientes muy presionada por el instituto puedo posponer todo.
Lo observé.
—No, salir contigo me hace bien —admití y me regaló una sonrisa.
—¿Estás segura de ello? —cuestionó, elevando una de sus cejas—. No quiero ser el causante de que repruebes…
—Lo estoy, Luke —interrumpí—. Todo saldrá bien con mis proyectos si me mantengo al día, en serio, no hay por qué preocuparse.
—Está bien —suspiró.
Dejó de jugar con mi cabello y cogió mi mentón para atraer mis labios a los suyos. Fue uno suave y detallado, tanto que sentí hasta la más minúscula célula de su piel moverse sobre la mía, como si tratase de grabar la textura de mi labio, el sabor y lo más minucioso que había en ellos. Se separó unos centímetros para mirarme tan determinante que sentí mis piernas flaquear, como si viera todo en mí con tan solo observar mis ojos, grabando mi mirada, el color y la dilatación de mis pupilas, y eso hice yo también.
—Te amo —pronunció sentimental—. En serio lo hago, no tienes una idea de cuánto, ni del miedo que siento al imaginarme de arruinar algo. Te amo, Hasley Weigel.
—Yo igual te amo, Luke Howland —confesé con una sonrisa abrazándolo con fuerza. Él me tomó de la cintura y dio una pequeña vuelta haciendo que yo riese—. ¡Detente!
Acató lo indicado por mi parte y nos separamos. Luke tenía una gran sonrisa en su rostro la cual llegaba hasta sus ojos, estaban entrecerrados, pero lo que más amé fue el hoyuelo que se hizo presente en su mejilla, amaba ver eso de él, amaba la manera en que su nariz se movía o cualquier característica que se manifestaba cuando reía.
Su sonrisa era la más lúcida ante mis ojos.
Pasó su brazo por mis hombros y me atrajo a él, presionándome contra su cuerpo para comenzar a caminar por los pasillos entre la multitud de alumnados que iban de punta a punta para ir a sus casas, me rodeaba con tanta facilidad haciéndome sentir tan diminuta, mencionando que igual sacaba dos cabezas de altura. Luke Howland era una persona muy alta para su edad.
Alcé mi vista hasta su rostro, la suya iba al frente, pude apreciar su nariz, su cabello, sus pestañas que se abatían y el piercing que era atrapado por sus dientes.
—¿Quieres ir a tu casa o vamos a otro lugar? —propuso, sus dedos comenzaron a moverse rítmicamente sobre mi hombro.
—Creo que sería mejor ir a casa. —Creé una mueca—. Así le podría avisar a mi madre que saldré más tarde contigo.
—Me parece perfe… —él no pudo terminar porque su celular comenzó a sonar—. Demonios, cuanto odio los celulares —murmuró alejando su brazo de mí para poder sacar el pequeño aparato y ver la pantalla, escuché como insultó por lo bajo y contestó—. ¿Valdrá la pena? Porque si no es así juro que llegaré a golpearte —mofó hacia la otra persona, hubo un pequeño silencio y frunció el ceño—. Voy saliendo, ¿por qué? —Rodó los ojos—. Dímelo… no, ¡joder André!
Nos detuvimos en un peldaño de las escaleras, Luke soltó un suspiro, viéndose irritado por lo que su mejor amigo le estuviese diciendo.
—¿Qué pasa? —pregunté impávida, siendo innecesario porque él solo agitó su mano en forma de espera.
—¿Quién? —Sonó ecuánime—. ¡Solo dímelo! ¿¡Entonces para que mierdas me hablaste!? —vociferó y di un pequeño salto por la forma en que lo dijo—. ¡André! ¡Si no me ibas a decir nada de…!
Y repentinamente guardó silencio, su rostro se puso serio, pero todo su cuerpo se tensó. Conocía a Luke, en el tiempo que llevábamos juntos, podía asegurar que se salió de su órbita, el espacia en donde se hallaba había colapsado.
—¿Estás seguro de eso? —Su voz tembló, cerró los ojos y tomó una bocanada de aire.
—Cariño —lo llamé.
Siendo brusco, guardó su celular nuevamente y pasó ambas manos por su cabello frustrado, estaba enojado, lo demasiado para que yo pudiese ver como la vena de su cuello se hacía presente quedando sobresaltada, su rostro se tornó de un color rojizo y soltó unas cuantas obscenidades al aire.
—¿Dónde está ese maldito imbécil? —demandó.
Su celular volvió a sonar, pero esta vez lo ignoró.
—¿De quién hablas? —pregunté un pasmada por su cambio tan repentino.
Luke me ignoró por completo y comenzó a caminar con grandes zancadas hasta la salida del instinto, iba a una velocidad demasiado rápida que tuve que apresurar mi paso para poder alcanzarlo y preguntarle con más autorización sobre su actitud, él llegó a la salida y empezó a buscar entre el tumulto de estudiantes a alguien, no entendía absolutamente nada.
¿Qué demonios le había dicho André?
Guardé su collar dentro de mi mochila y agitada, intenté tomarlo del brazo, sin embargo, fallé. Visualizó su objetivo y se dirigió a este, todo tuvo sentido cuando pude divisar a la persona.
Oh, mierda.
Esto no era nada bueno y no habría resultados concurrentes con raciocinios lógicos para su defensa.
—¡Luke, detente! —ordené inútilmente, evitando cualquier agresión de su parte, pero la rabia lo estaba controlando.
—¡Tú! —farfulló por encima de todos los parlantes—. ¡Eres un gran hijo de puta!
Matthew no tuvo ni oportunidad de siquiera poder mirar bien a Luke, cuando el puño de este dio directamente contra la esquina de la boca del pelirrojo haciendo que se tambalease, aunque el equilibrio estuvo de su parte y exitosamente no cayó al suelo, se tocó la parte golpeada mirando incrédulo a Luke.
—¿Qué es lo que te ocurre, idiota? —espetó incrédulo Matthew por el golpe.
—¡Eres un cobarde! —ladró—. ¡Un gran cínico!
Lo empujó ejerciendo gran fuerza, pero el chico no cedió a caerse.
—¡¿De qué estás hablando?! —ahora, él gritó igual de enojado.
De pronto, todas las personas se encontraban alrededor de ellos admirando la escena que se montaban, caminé lo suficiente para estar más cerca y así evitar que Luke le diera otro golpe al chico.
—¡Maldito seas, Matthew Jones! —farfulló.
Los ojos del rubio desprendían fuego y lanzaban dagas hacia Jones, quien al quitarse la mano de la zona afectada pude ver cómo un poco de sangre brotaba de su labio. Jadeé horrorizada.
—¡Deja tus idioteces y sé directo! —pidió cansado.
—¡Te voy a matar, gran cínico de mierda! —abucheó, y atrapándolo de la camisa lo estampó contra la pared.
—¡Luke! —chillé—. ¡Detente, por favor!
—¿Quieres que te diga? ¡¿En serio quieres?! —masculló junto a una risotada carente de humor—. Trataste a Hasley como infiel cuando tú lo fuiste primero.
Al oír aquellas palabras ser pronunciadas, mis ojos se abrieron y la incredulidad se plasmó en mi rostro. No sé si había escuchado bien. ¿Matt me había engañado? Miré al pelirrojo incrédulo por la declaración del rubio, sus ojos verdes viajaron de mí hacia los de Luke.
—No sé de qué estás hablando —acezó, tratando de quitarse al chico de encima.
—¡Claro que lo sabes! —ladró—. ¡Te metiste con mi prima Jane! ¡Y sabes que sí lo es porque tú escuchaste cuando ella lo dijo el día del cine! ¡Estuviste engañando a Hasley con mi prima! ¡Lo sabías, lo hiciste y aun así tuviste el maldito descaro de humillar a la chica que te quería!
Escéptica, di unos cuantos pasos hacia atrás. Ahora entendía por qué Jane actuó tan indiferente y tensa el día que fui a verla para poder hablar de Luke. ¿Por qué me había hecho eso Matthew? Lo miré dolida, en una microscópica parte de mi pecho había una decepción, pensé muchas cosas buenas de él y nunca fue así.
No es como si yo hubiese actuado de la mejor manera, no era un ejemplo ni una justificación de lo que pasó, pero es horrible cuando crees tener expectativas de alguien y resulta ser peor que tú, sobre todo cuando has sido quien tuvo toda la carga de los problemas y se sacudió como si no tuviese ningún pecado por el cual ser apedreado.
—Hasley —me habló.
—No, ni se te ocurra pronunciar de nuevo su nombre —Luke le amenazó.
—Detente —indiqué—. No vale la pena, solo suéltalo y olvida todo, por favor.
El aludido me miró y apreté mis labios indicándole que parase. Solo quería que todo quedara atrás, que ya no se tomara en cuenta. Las cosas pasaban por algo y quizás así era por esta ocasión, tal vez fue para darme cuenta de quién era realmente Matthew y poder tener a mi lado a la verdadera persona que amaba. Entonces, ya no importaba nada del pasado.
Luke asintió y a regañadientes soltó al chico, mirándolo con asco y alejándose a una distancia adecuada de él. Cuando creí que todo terminaría, el chico de tez pálida habló:
—Sí, sí lo hice —afirmó en voz alta obteniendo la mirada del rubio—. ¿Y sabes qué, Luke? ¡No sabes cuánto lo disfruté!
—Bastardo —masculló.
Por un segundo, pensé que se daría la vuelta y lo ignoraría. No fue así.
Dio dos pasos grandes y le proporcionó un gran golpe. Esta vez, Matthew no se quedó de brazos cruzados, él se lo devolvió. De pronto, los dos se encontraban golpeándose. No sabía qué hacer, estaba congelada ante todo esto, tenía que actuar rápido antes que uno de los dos se hiriera de gravedad. ¿Por qué nadie se metía a separarlos? ¿Y los integrantes del equipo de baloncesto?
—¡Deténganse! ¡Luke, basta!
—¡Tú no te metas, Weigel! —espetó el más alto.
—¡Hasley!
Una tercera voz. Por el rabillo del ojo me cercioré de que se trataba de Neisan.
—¡Matthew suéltalo! —gemí ahogándome—. ¡Basta!
—¡Aléjate!
Uno de ellos, me empujó, ocasionando que cayese al suelo de lado. Mi cabeza se golpeó contra el pavimento y me mareé. Mi rodilla dolía ante el acto. Los gritos dejaron de oírse y capté un sinfín de advertencias. Me puse de pie a pesar del dolor, segura de que sangraba mi zona afectada, mi mente se nubló y el grito desesperado de Luke cerca de mí se proyectó.
—¡Hasley!
Y cuando alcé mi mirada, capté solamente la de Luke con un terror indescriptible en sus ojos, al borde del colapso y la demencia. Entonces, recordé cuando aprecié sus orbes azules minutos antes.
Lo último que sentí fue una gran oleada de aire atravesar mi cuerpo al instante que algo me golpeaba de un lado. Mi cabeza chocó y mi cuerpo se congeló convirtiéndose todo en negro.
Luke
El odio me estaba controlando, cuando André los nombró a ambos, todos mis sentidos se fueron y perdí la cordura. Quería destrozarlo con mis propias manos a ese imbécil. ¿Quién se creía? ¿Qué pensaba que Hasley era? ¿Por qué lo había hecho? Tenía la certeza que la engañaba, que de alguna manera no la estaba tomando en serio en ese momento como su novia, pero jamás imaginé que fuera con mi prima, se metió con mi maldita prima.
Ella me las pagaría.
—Detente —pidió Weigel—. No vale la pena, solo suéltalo y olvida todo, por favor.
La volteé a ver y ella apretó sus labios.
Cavilé muy bien las cosas. No quería que hubiera más problemas, lo mejor sería dejar todo por la paz. Asentí y regañadientes liberé a Matthew de mi agarre dándole un gesto asqueado para largarme de ahí. Sin embargo, el idiota no tenía pensado dejar las cosas así.
—Sí, sí lo hice —afirmó con la voz dura causando que lo mirase de nuevo—. ¿Y sabes qué Luke? ¡No sabes cuánto lo disfruté!
Mi cuerpo se enerva de rabia al escucharlo.
Sabía que lo había hecho por venganza, porque me metí con Hasley aún ella siendo su novia, pero el descaro era lo único que tenía ante las palabras que había escupido. Utilizó a Jane.
Maldito él.
—Bastardo —siseé.
Di dos pasos grandes y golpeé su mejilla, pero enseguida me lo devolvió. Yo no medía mi fuerza, estaba descargando todo, desde que lo vi cerca de ella, cuando me mostró esa risa burlona, el día que la besó. Todo.
—¡Deténganse! ¡Luke basta! —La voz de Hasley sonó.
—¡Tú no te metas, Weigel!
—¡Hasley!
La voz de Neisan gritó y recé al cielo para que la alejara de nosotros, lo que menos quería era que recibiese un golpe de nuestra parte.
—¡Matthew, suéltalo! ¡Basta!
—¡Aléjate! —este farfulló y la empujó.
Atisbé como la chica cayó a trompicones sobre la calle.
Lo cogí del cuello de su playera y lo estrellé contra el suelo, él gimió y quise repetirlo pero entonces alguien me alejó.
—¡Ya fue suficiente! —Zev gramo.
Miré por encima de mi hombro para darme cuenta de que Neisan me sujetaba. Me deshice de su agarre y arrematé al castaño.
—¿Ahora quién es tu verdadero amigo, imbécil? —gruñí—. Al final te volvieron a engañar.
Él dio un paso al frente retándome y Neisan se puso en medio de los dos.
—Ya.
Le hice caso pero no porque quisiera, sino porque mis sentidos se despertaron al instante que escuché los gritos de las personas que estaban a nuestro alrededor, ya no hablaban de la pelea entre Matthew y yo. Era sobre algo más.
Volteé en busca de Hasley y di con ella, mi cuerpo se tensó, la angustia comenzó a accionar en mi cuerpo. Ella se sobó la cabeza y su mirada chocó con la mía. Preocupación, pasmo, temor, fueron las primeras características en mi rostro mientras el suyo solo mostraba confusión.
—¡Hasley! —gramé.
El miedo no me dejaba pensar bien. Iba a ocurrir un desastre y no estaba listo para ver. Mis piernas se movieron, corriendo en dirección a ella, repetía en mi cabeza solo una cosa:
Aquí estoy, siempre estaré para evitar que caigas.
Pero quizá llegué tarde. Llegué tarde una vez más. Y la mirada perdida de mi ángel se esfumó cuando cerré los ojos.
Hasley
Me incorporé poco a poco en el colchón y me sobé mi cabeza, con mis ojos escaneé mí alrededor y me di cuenta de que me encontraba en la habitación de un hospital. Observé las palmas de mis manos que tenían pequeños raspones, quité la sabana que había sobre mí y pude divisar que mi rodilla estaba vendada, me había lastimado más de lo pensado.
Bajé de la camilla hasta que mis desnudos pies tocaron el frío suelo causando que diera un tambaleo. Pude ver que el bolso de mi madre yacía en el sillón que se encontraba a lado de la camilla junto a una sudadera negra de hombre, supuse sería de Luke.
¿Dónde estaban?
A pasos lentos, comencé a caminar hasta la puerta para poder salir al pasillo, pero la aguja que estaba enterrada en mi mano hizo que me detuviera, sin mucho éxito me la quité y gemí por el dolor que aquello causó. Salí hacia el pasillo desolado, salvo que había unas cuantas personas afuera, empecé a caminar, aunque mi recorrido no fue mucho. Mi madre venía junto a… ¿Zev?
—¡Mi amor! —Mi madre se alegró.
Me di cuenta que sus estaban muy hinchados y rojos. Estuvo llorando.
—¿Qué tanto tiempo he dormido? ¿Qué hora es? —pregunté.
—Dos horas y media, van a dar las seis de la tarde —respondió—, ¿te sientes bien?
—¿Qué hace él aquí? —demandé por la presencia del rizado.
—Mejor vamos adentro, cariño.
Fruncí mi ceño, confundida, pero obedecí a su petición. Me di la vuelta para volver a la habitación que me hacía sentir más enferma, no odiaba los hospitales, aunque no era mi lugar favorito para pasar una noche.
—¿Y bien? —inquirí.
—Hasley… —Zev inició.
—No, tú cállate —emití de mala gana—. Ni siquiera sé qué haces aquí. ¿Mamá?
—Si Zev está aquí es porque se preocupa —dijo poniéndose a su lado.
La miré incrédula para después soltar una risa irónica.
—¿Preocuparse? —Di un gran suspiro y sacudí mi cabeza varias veces, ella no sabía nada sobre lo ocurrido en los últimos meses—. Solo quiero saber dónde está Luke.
—Te lo voy a decir.
—Solo escúchalo —añadió ella—. Por favor, amor.
—Bien —accedí sin ninguna otra opción.
La habitación se quedó de un completo silencio.
—Estoy esperando.
Zev dio un suspiro y con eso un paso hacia mí.
—Estaba presente cuando vi como caíste al carril contrario —comenzó a hablar—. El camión iba a impactar contra ti, estaba a unos cuantos metros, ya no podía detenerse, estaba muy cerca y… Luke se metió.
—¿Qué? —murmuré, sentí mi cuerpo entrar en pánico.
—Te alejó dejando como único objetivo del choque su cuerpo… Él fue quien terminó impactándose.
—¿Y cómo está? —gemí con cierto temor, Zev bajó su mirada y mi cuerpo se heló. Miré a mi madre quien se cubrió la boca al instante y supe que no era nada bueno—. ¡¿Qué pasó?!
—Hasley… él no pudo… —Zev negó—. Vino al hospital en un estado muy grave, fue infarto cerebral.
—No… —Di unos cuantos pasos atrás y dirigí mi vista a la mujer—. Esto no…
—Lo han reportado como muerto hace una hora y media —ella declaró en un aludido.
Mi cuerpo se congeló en ese instante, sentí la impotencia viniendo y todo lo que viví junto a él fue un claro caleidoscopio pasando en mi mente, fueron segundos, tan pocos. Todo, absolutamente todo se presentó. Desde el día en que mis ojos y los suyos se conectaron aquella vez que caí de las gradas, las veces que corríamos al callejón, sintiendo tan real su primer toque y su primer beso, sus palabras susurrando los te amo cerca de mi oído y sus caricias.
Su mirada fue lo último que se proyectó antes de que yo cayese al suelo. Mis lágrimas no salían debido a que aún seguía en shock, todo se hizo oídos sordos ante mí, ya no escuchaba, ya no veía, ni siquiera sabía si seguía respirando, el dolor en mi pecho me estaba consumiendo. Perdí la noción de todo. Quería creer que esto era una mentira, un terrible y espantoso sueño, que estuviese todo en mi mente, pero sabía que no era así, el dolor se presentaba para recordarme que me encontraba pisando tierra a la realidad.
—Hasley. —Escuché la voz de mi madre a mi lado, mientras con una de sus manos me movía—. Hasley, cariño, mírame.
Lentamente giré mi rostro a ella, en sus mejillas se deslizaban una que otra lágrima y vi mi vista nublarse. Pronto me derrumbaría.
—Dime que es mentira —susurré aún con esperanzas mientras sostenía mi corazón entre mis labios.
—Mi amor. —Arrastró las palabras con tanta tristeza pura—. De verdad, lo siento…
Y fue peor, mucho peor escuchar aquello. El peso en mi cuerpo se hizo más grande, mis manos estaban frías y cayó la primera lágrima.
—No… No, no, no —repetía entre balbuceos—. Eso no es cierto…
«Caería primero por ti para bloquear tu dolor».
Esto no era real, él debía de estar conmigo a mi lado.
Comencé a gritar todo lo que podía, lloré lo suficiente para que mi alma dejara de doler, pero no funcionaba, no se detenía, seguía lastimando en lo más remoto de mi interior, me estaba quemando sin prender fuego, era como tratar de comer cristales rotos. Hería. Hería tanto que querías sacarte el corazón para acabar con esta maldita mierda, y no tenía palabras para poder describir con una exactitud lo que estaba sintiendo en ese momento, porque no había, no se podía. Ni siquiera la palabra más fea o dolorosa podía caber en un significado gigante a este sentimiento.
—¡Él prometió estar conmigo! ¡Él no está muerto! —Sentí mi garganta arder al pronunciar aquello—. ¡No es verdad! ¡Luke!
Me veía tirando los objetos que había a mi alrededor, tuve la facultad de percibir el olor metálico de la sangre, sabía que me había lastimado, sin embargo, no me importaba tanto en ese momento, porque aún tuviese heridas físicas, nada se comparaba a la emocional y sentimental. Mierda. Todo me daba vueltas, mi cabeza dolía y seguía viendo las imágenes de Luke recorrer mi mente, su sonrisa desvaneciéndose con mis lágrimas, escuchaba sus carcajadas y repitiendo mí apellido miles de veces. Era una tortura, una bonita y triste tortura.
«Nos estamos destruyendo de la forma más hermosa y bella que hay ¿te das cuenta? Estamos creando nuestro propio boulevard, solo que este tendrá un final para uno de nosotros y déjame decirte que no me arrepentiré».
Ahora sabía cuál era el final, comprobé por mí misma también el verdadero dolor del alma y me daba cuenta de la destrucción divina que él me estaba proporcionando sin la menor de las intenciones.
Entonces, el recuerdo más doloroso y bello que tenía en mi memoria, me atacó. Quemándome el pecho y oyendo como mi corazón crujía.
«Te dije que te amo y siempre lo haré, en esta vida y en mil más. Hasley, lo hago y no me arrepiento, y si eso implica dar mi vida por ti, lo haría, lo haría sin pensarlo porque la mía siempre será la tuya, porque siempre se tratará de ti, siempre ha sido así».
Se sintió como un balde de agua fría, como si estuviese caminando entre filosos cristales y agujas, penetrando de una forma inhumana y bestial mis sentimientos, mi cuerpo y mi corazón. Mi respiración comenzó a dificultarse, mi aliento se sentía frío y mi cabeza demasiado grande, un dolor invadió mis sienes mientras cubría con una mano mi boca.
Di unos cuantos pasos hacia atrás hasta que la pared me detuvo, me deslicé al suelo y ahí, destrozada, pasé mis manos por mi cabello, jalándolo, intentando sentir algún otro dolor que no fuese esta jodida mierda, no quería que nadie me tocase, o siquiera se atreviese a decir que me calmara, porque no serviría de nada.
No lo haría.
«Rompe mi corazón si quieres, pero no te vayas. Nunca lo hagas».
Él no lo rompió, pero si se fue, se fue de mi lado y para siempre.
—¡Luke! —grité todo lo que pude.
Repitiendo su nombre muchas veces con temor a que dejara de existir igual.
Él ya no estaba más. No estaba más a mi lado, y jamás lo volvería a estar. Nunca volvería a sentir su áspero cabello entre mis dedos, su sonrisa lobuna cuando decía algo en lo que estuviera bien y yo mal, sus abrazos haciéndome sentir protegida y tan pequeña, jugando con su pequeño arito de metal en su labio, no volvería a sentir su escasa barba de algunos días rozando alguna parte de mi rostro, no volvería a jugar con mis dedos o besarlos mientras decía algún cumplido, ni mucho menos volvería reír conmigo.
Pero, sobre todo, lo que dolía más, era que ya nunca más en mi vida escucharía su angelical voz pronunciando mi apellido de distintas formas.
—Necesito verlo —rogué, cruzándome la idea de gatear por el suelo—. ¡Quiero estar con él!
—Sí, si lo verás, pero no en este estado, Hasley… —mi madre murmuró.
—¡Quiero verlo! ¡Maldita sea! ¿¡Qué tengo que para poder ver a quien amo!?
Ella me miró con lágrimas y asintió, cogió mi mano y nos dirigimos afuera, mi labio inferior temblaba y mi corazón latía rápidamente. Estaba tan perdida en esta pérdida que no me percaté que mi madre se encontraba hablando con unos señores y un doctor, entonces supe que eran los padres de Luke, por primera vez podía verlos, y mi alma dolió. Dolió al recordar que él quería que yo los conociera.
—Es esta habitación. —Mamá señaló.
Temiendo, me adentré. Me acostumbré, tomándome mi tiempo, a la tenue luz que me proporcionaba el cuarto.
Así fue que lo vi. Un cuerpo yacía en aquella camilla, siendo cubierto por una sábana blanca, mi pecho se oprimió al tan solo saber que él se encontraba justamente al frente mío. Temblorosa, me acerqué y siendo tan cobarde, bajé la tela blanca.
Mi mundo se vino abajo.
Me paralicé y mi vista se nubló de nuevo, no, Dios mío, no…
Su rostro. Su hermoso rostro que tanto amaba, sus labios que ya jamás volvería a sentir, ese hoyuelo cada que sonriese, o la manera en que los fruncía y arrugaba la nariz. Nunca.
Vi la imagen muerta del amor de mi vida.
—Por favor, vuelve…
Tenía la esperanza que él me respondiese lo que fuese, pero sabía que no lo haría, ya no lo volvería a hacer y eso aumentó más el dolor. Pasé mis dedos por su cabello, por su perfecto cabello, grabándome el espesor de este, tratando de tatuármelo con el sentido del tacto.
Las yemas de mis dedos rozaron su fría piel, estaba muy pálida, abracé su cuerpo, recordando todos sus abrazos y lo tan protegida que estos me hacían sentir, su pecho no subía ni bajaba. A diferencia de tantas, esta vez no oía el latir de su corazón.
—No me dejes… Prometiste estar conmigo.
Mis lágrimas se resbalaban y tenía la intuición de que estas quedaban impregnadas en la piel desnuda de su torso. Mierda, cuanto dolía. Lo había repetido tantas veces, pero eso nunca me llenaría o haría entender qué tanto estaba doliendo, era un infierno lo que estaba viviendo en ese momento. Me moría en vida.
—Hasley… —La voz de mi madre sonó a mis espaldas.
Me incorporé para verla y negué varias veces, apretando mis dientes.
—Se fue… me dejó.
Se acercó a mí, poniendo su mano en mi mejilla y proporcionarme unas caricias, me dio una mirada sombría y dio una respiración profunda.
—A él ya no le dolerá más.
Después de decirlo, sus ojos inundaron.
—¿De qué hablas? —musité.
Formó una tensa línea sobre sus labios y le echó una mirada a Luke para luego regresarla a la mía, hice lo mismo deteniéndome en su cuerpo y escanearlo.
No quería aceptar el pensamiento que cruzaba por mi mente. Me negaba. No podía ser cierto.
Volví a mi madre y ella añadió:
—Ya no le duele.
Y entendí.
Entendí perfectamente eso. Me volví débil. Ella se refería a la vida de Luke, por lo que pasó todo este tiempo y sintió hasta su último suspiro.
—Cómo sabes… —quise formular, creando una cuestión de la cual ya sabía de su respuesta.
—Era mi paciente desde hace un año —admitió—. Él me pidió que no te dijera nada.
Ahogué un jadeo.
—Eres Blodie.
Mamá asintió, su mano se hizo puño y con él cubrió su boca.
—Algunos secretos pesan más que otros. No quería involucrarte.
No supe qué decir, así que me tiré a sus brazos, lagrimeando por estos acontecimientos, por muchas cosas, por lo que había pasado, porque era demasiado al darme cuenta de que en la mañana me besó, me abrazó, me dijo lo tanto que me amaba sin saber que sería la última vez de todo, y ahora… ahora estaba llorando porque ya no estaría más a mi lado. Por su ausencia.
Esa noche lloré, pataleé, grité, hice de todo para que pudiera eliminar cualquier tipo de dolor y volviera, pero fue en vano, porque él no regresó.
Luke
Meses atrás…
Volvía a repetirme lo tonto que se me hacía seguir viniendo a esta estúpida oficina donde aquella mujer solo me preguntaba cosas tan absurdas, sin embargo, tenía demasiado paciencia.
—No tengo ganas de hablar, Blodie —corté a la mujer.
—Luke, es Bonnie. Ya hemos hablado de eso —me corrigió por milésima vez.
Desde que mi culo tocó este asiento había estado diciéndole Blodie, ya que, se me hacía divertido y ver como suspiraba, quería sacarla de sus casillas, pero simplemente esta mujer no daba su brazo a torcer.
Aunque en realidad preferí llamarla así porque el primer día de terapia me confundí de nombre y para no joderme inicié esa pequeña aventura contra corriente.
—Su nombre me aburre. Ya hemos hablado de eso —le copié, elevando la comisura de mis labios.
Hubo un completo silencio. Me puse de pie y comencé a deambular por toda la oficina, no tenía idea de por qué demonios lo hacía si donde sea que girase veía blanco, ¿por qué demonios siempre los cubículos psicológicos eran blancos? ¿Por qué no azules, verdes o amarillos?
Observé la imagen enmarcada que tenía. Era incomodo estar cerca de la madre de la mejor amiga del ex de mi prima. Y aunque conocía perfectamente quien era su hija, no me daba muchos ánimos hablar de eso, la mujer me preguntaría sobre mi semana y no podía decirle solamente «pues he interactuado con su hija, ¿sabe que llega muy tarde a sus clases? Weigel es muy despistada», así que mejor tendría que pensar en una historia monótona.
—Usted es madre soltera, ¿no es así? —indagué sin escrúpulos.
—Sí.
Volteé a verla y me fijé que tenía una mirada orgullosa de eso, aquello me hizo levantar la comisura de mis labios, volví mis ojos a la fotografía y ladeé mi cabeza.
—Ella es bonita.
Bonnie soltó una risa mientras movía a un lado su dona glaseada, le dediqué una mirada burlona y después me dejé caer en el sillón marrón que había allí. Esto no debía de estar pasando, los psicólogos tienen prohibido entablar alguna relación sentimental con sus pacientes porque eso no era algo ético, realmente pensaba que aquello era basura.
—Quiero hacerte una pregunta —pronuncié captando su atención.
—Por supuesto, dime. —Se irguió en su asiento.
—¿Por qué dejas que me acerque a tu hija? —solté. Tenía esa duda desde hace días, ella sabía que frecuentaba últimamente con Hasley y no lo impedía—. Quiero decir, sabes lo que soy, no puedo idealizarme como una mejor persona, soy un desastre, son tan toxico que respirar el mismo aire para alguien tan inocente y buena como lo es Weigel puede llegar a ser venenoso. Estoy podrido.
La mujer pelinegra puso sus brazos por encima de su escritorio y me miró fijamente, estaba meditando sus palabras, a pesar de su silencio, habló:
—Porque lo malo a veces resulta ser tan bueno —dijo—. Luke, tú no eres un desastre, eres un gran chico, aún más de lo que tú crees. Te conozco para saber que puedes brindar cosas buenas, aparte puedo ver que ella es feliz.
—No puedes decirle que soy tu paciente —supliqué.
—Y no lo haré, es una palabra de psicóloga a paciente.
—¿Ocurre algo Luke? —Blodie cuestionó—. ¿Has vuelto a fumar? ¿Cómo vas con tu padre?
—No hay nada bueno, y sí, he vuelto a fumar, lo he hecho más de lo normal, ¿y sabe por qué? Porque esto es una mierda, porque la relación con mi padre empeora cada día más, él se ha vuelto un completo maldito y yo un jodido depresivo, a veces desearía tirarme de un puto edificio y acabar con esto. ¿Acaso Zach no me pudo llevar con él? ¿Por qué el conductor del tráiler no chocó más fuerte para que me fuese al infierno?
—Tranquilo…
No quería escucharla, solo necesitaba desahogarme, expresar lo que sentía y sacar la presión que todo esto llegaba a consumirme.