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Capítulo 6
Hasley
Al principio creía que al estar con Luke no presenciaría demasiado verlo consumir tabaco o uno que otro rollo de marihuana, quizás porque se sintiese incómodo o al menos tendría un poco de respeto pero, claramente, me equivoqué. Él lo hacía cada vez que tenía tiempo o simplemente cuando nadie lo viese.
Me encontraba de nuevo a su lado en las gradas. La hora de almorzar inició hace cinco minutos y obligué a mi estómago que no me pidiese comida para tener más tiempo con él. Me arrepentí. Me arrepentía. Confirmaba que Luke actuaba demasiado insípido. No me quería quejar, porque bien podría ponerme de pie e irme de aquí sin tener que soportar más el olor de eso y su actitud tan irritable. No lo hice. Quería seguir allí hasta que pudiese comprender un poco de lo que habitaba en él.
—Esta mierda ya no sabe igual —Luke se quejó tirando el pequeño rollo blanco al suelo y aplastarlo con su zapato, volviendo su vista al frente sin interés alguno—. Me jode.
—Entonces ¿por qué lo sigues consumiendo? —Lo miré con los ojos entrecerrados, sin entender sus palabras ni sus acciones.
—Su efecto es maravilloso —jugueteó.
Llamó mi atención el hecho de que lo haya dicho sin esbozar una sonrisa, como si sus pensamientos estuviesen fuera de lugar o lejos de la conversación en la que nos sosteníamos.
Decidí no responderle y mirar al frente. Repitiendo mi pensamiento que se presentó algunos minutos atrás, tal vez podía admitir que me empezaba a agradar la compañía del chico de algún modo, dejando a un lado todo lo que soltaba con ciertas partes de abruptas y jocosas oraciones hacia mí u otras personas. Él me denominaba como su chicle. Ya habían pasado dos semanas que nos hablábamos, seguía sin saber nada de él, simplemente hablaba y se quejaba de todo lo que odiaba. Si alguien era bueno para quejarse, ese era él.
—¿Cuál es tu última clase? —De repente preguntó, sacándome de mi burbuja y obligándome a mirarle. Él ahora lo hacía con detenimiento y su rostro neutro.
—Ciencias sociales, ¿por qué? —soné confundida.
—Me tengo que ir —avisó, cogió su mochila y bajó las gradas rápidamente sin darme tiempo de quejarme.
Miré atónita su espalda y un poco abrumada por sus movimientos.
Bufé cansada, frustrada y enojada, entre sus derivados. Me puse de pie perezosamente, dirigiéndome a la cafetería. Probablemente Zev estaría enojado. De acuerdo, realmente no me preocupaba, él siempre solía actuar tan paranoico y dramático. Señor del drama lo apodaban.
«Tú no te quedas atrás», mi subconsciente jugó.
Entré por las puertas pesadas de la cafetería y caminé a la mesa en la cual se encontraba Zev y Neisan. Él no estaba tan enojado como su —no tan pronunciado— ceño fruncido aparentaba. Sin embargo, no fue una excusa para darle paso a su sermón acerca de mi irresponsabilidad y lo preocupado que lo ponía al no llegar a desayunar.
—Estoy pensando seriamente en sacar a Xavier del equipo —farfulló Zev hacia Neisan.
—Hazlo, ya es hora —apoyó el chico, engullendo su fritura. Se encogió de hombros dejando en claro que no le importaba la decisión que tomase—. Realmente es molesto.
—¿Por qué lo van a sacar? —intenté colarme en su plática.
—Se preocupa nada más por él —gruñó el rizado, haciendo notar su ceño fruncido—. No ve por los demás del equipo o siquiera coopera, como si tuviese uno. Es solo él y su gran ego.
—Oh, ya.
Zev me miró de mala gana.
—Ve a comprar algo de comer, Hasley —replicó—. Después andas quejándote porque te duele el estómago y soy yo quien tiene que aguantar tus ataques.
—Cállate —jadeé—. Después lo haré, tengo clases y no pienso llegar tarde de nuevo —indiqué levantándome. Los dos me miraron confundida, antes que dijera algo y finalicé—: Hasta luego.
Giré sobre mi eje y caminé a pasos rápidos fuera de la cafetería. Apoyé las manos sobre mis rodillas estando en frente de mi casillero. En realidad no le mentía a Zev, tenía clases y él sabía que no podía darme el lujo de no asistir. Después de unos minutos, al intentar regularizar mi respiración, abrí el casillero metiendo y sacando algunas cosas que me tocaban de mi siguiente clase.
Odiaba geografía, no entendía por qué me la daban sino le necesitaría para mi carrera. Hay cosas que todavía y que, probablemente, nunca entendería del instituto.
Al finalizar el día, recibí el glorioso ruido de la campanilla, siendo una melodía perfecta. Alcé mi cabeza que se posaba en el libro abierto con la imagen de Henry Parkes.
—Lo lamento —musité.
Guardé todo rápidamente, tanto que no me importó si la pasta de mi libreta se arruinaba. Con la punta del pie empujé la silla saliendo del salón e iba pasándome la correa de mi mochila por encima para que quedase de lado y sin querer choqué con alguien.
—Uhm, lo siento —me disculpé, alzando mi mirada.
Sentí mi boca secarse al momento que mi corazón se detenía en un microscópico tiempo y después bombeaba a una velocidad increíble.
—No te preocupes —mencionó la persona, dando una risilla.
Tragué saliva dificultosamente al oír la suave voz como el terciopelo de Matthew, acariciando mis oídos y, a la vez, sin poder evitar sentir mis mejillas arder de la vergüenza. Sus ojos verdes conectaron con los míos, fueron segundos que creí horas hasta que me fijé que lo miraba embobada sin pudor.
—Quería preguntarte algo —mencionó nervioso, rascando su nuca junto a una mueca apenada.
—¿Qué cosa? —hablé tímida.
—Si querías venir conmigo por un helado hoy, ¿ya saliste de clases? —En su rostro se formó una fina sonrisa segura que tanto lo caracterizaba.
«Esto no podía ser real».
Sentía una pequeña mujercita bailando en mi estómago de la alegría que me llenaba. Se me hacía drástico ver cómo Matthew se fijó en mi existencia un día y al otro me invitaba a salir. No sabía si realmente se había dado cuenta de mi presencia unos días antes o semanas atrás. Era la mejor amiga de Zev Nguyen y Luke era un claro ejemplo de que sí podían saber sobre mí.
—Claro —contesté sin pensarlo y luego me arrepentí de lo desesperada que soné.
Él echó una risa.
—Bien, solo voy a dejar esto en mi casillero —apuntó unos libros que yacían debajo de sus brazos— y paso por ti. ¿Te veo en el tuyo?
—Sí, ahí nos vemos en unos minutos —titubeé.
Asintió gustoso y se dio la vuelta alejándose por el pasillo. Dejé salir el aire de mis pulmones y salí corriendo directo a mi casillero. Dentro de mí un montón de emociones crecían, no asimilaba el escenario de hace unos minutos atrás. ¡Por Dios!
Preferí guardar todo lo que no ocuparía y escogí las materias que me habían dejado tarea. Al cerrar el casillero, di un brinco de pánico al ver a Luke apoyado de un lado mirándome fijamente.
—Mierda, Luke —maldije, llevando mi mano a mi pecho—. Me espantaste.
—Weigel —me llamó.
—¿Qué quieres? —cuestioné apurada, necesitaba que Luke se fuera antes de que Matt viniera.
—Quería enseñarte algo. —Se encogió de hombros.
El hecho de que él le hubiese restado importancia al asunto, me dio la iniciativa de hacerlo yo también.
—¿Podría ser otro día? —rogué, suplicando en mi interior que no se pusiera de un carácter pesado y comenzara con sus oraciones o acciones de chiquillo terco.
—¿Por qué? —quiso saber, ladeando su cabeza.
—Hoy realmente no puedo.
Miré a los lados del pasillo asegurándome de que Matthew no estuviera a unos cuantos metros cerca de nosotros y presenciara la escena que teníamos el chico y yo.
—¿Esperas a alguien? —preguntó.
—Puede ser.
—Será rápido —aseguró con un semblante un poco irritado.
Quizás ya se estaba enojando por mi forma de estar negándolo y no darle ninguna explicación. No tenía idea de qué hacer, tal vez esto era algo con lo cual me podría acercar a él, pero de igual manera Matthew fue quien me invitó primero a ir por un helado. Ambas cosas no se veían todos los días.
Tallé mi cara y suspiré.
—Luke, de verdad no puedo —me exasperé.
—¿Qué es tan importante que no puedes acompañarme a que te enseñe un poco de mi mierda?
Su tono de voz replicó fuerte y duro, enojado por haberlo rechazado. Quise responderle con toda la sinceridad del mundo, dándole una explicación. Sin embargo, me quedé con la palabra en la boca.
—¿Estás lista, Has? —Matt intervino, apareciendo en frente de los dos.
Luke enarcó una de sus cejas, entendiendo lo ocurría a su alrededor.
—Ah, yo…
El balbuceo me inervó, impidiéndome formular una justificación o dejar salir la sencilla respuesta que planteaba en mi mente.
—Claro que lo está —Luke habló por mí—. ¿No es así, Weigel?
Dirigí mi vista al rubio, rogándole que no dijese nada malo delante del chico que me gustaba. Sería muy injusto de su parte si lo hacía. Él movió sus ojos, creando una seña con ellos obligándome a responder.
—Sí, lo estoy —reí nerviosa.
—Bien. —Incómodo, Matthew me mostró su sonrisa.
Tratando de aligerar el ambiente, él saco del bolsillo de su pantalón una cajetilla y la sujetó, esperando a que nos fuésemos y fumarse uno lejos del plantel.
—A Weigel no le gusta el olor del tabaco —Luke pronunció esta sentencia fríamente, sin ningún tipo de expresión.
Yo lo miré incrédula. Eso fue hipócrita de su parte. De aquí, el menos indicado para que dijese eso, se reducía a él.
—Oh, ¿en serio? No tenía ni una idea —Jones se disculpó, ocultando el pequeño empaque.
—Claro, la acabas de conocer —el rubio se interpuso, rascando la punta de su nariz.
Lo asesinaría con mis propias manos. Joder, él igual lo acababa de hacer.
—Descuida, no soy alérgica. Después de un tiempo se vuelve soportable, ¿cierto, Luke?
??
El humo me fastidiaba con Luke, aparte de que era un poco jocoso cada vez que lo hacía en mi presencia. Le divertía mi mal humor y mis gestos de asco.
—Oye, sino te gusta no puedo obligarte a que inhales el humo.
—En verdad no importa —insistí.
Aquello no sirvió de nada, ignoró lo que dije y se alejó yendo a un cesto de basura cerca del pasillo. El rubio se acercó a mí y llevó su boca a mi oído.
—Eres patética —murmuró.
—Cállate —gruñí de la misma manera alejándolo con una de mis manos libres.
—El sábado vienes conmigo —él demandó firme.
—¿De qué hablas? —pregunté sin entender.
—El sábado vienes conmigo —repitió ecuánime—. Promételo, Weigel.
—Luke, yo…
Y me interrumpió una vez más.
—Promételo.
—¡Bien! Lo prometo —me rendí—. ¿Ahora te puedes ir?
Luke entreabrió sus labios para tomar la palabra, pero no pudo porque Matthew regresó junto a nosotros.
—Tiré mi cajetilla —informó apenas me miró.
—No debiste hacerlo —me apené, sintiéndome ridícula por mi actuación delante del pelirrojo.
Dios mío, quizás Luke tenía razón con ello.
—Creo que fue lo mejor. —El rubio sonrió hipócrita.
Podía decir que no le agradaba en lo absoluto Matthew, se le veía en la mirada que le daba y las oraciones despectivas que utilizaba para dirigirse a él.
—Me dijiste que ya te ibas, ¿no era así? —hablé entre dientes.
Luke no contestó y tampoco quitó su sonrisa ególatra. Metió sus manos a los bolsillos de su pantalón pasando a un lado de Matthew, empujándolo a propósito por el hombro haciendo que este se tambaleara.
—Es un agradable chico —suspiró en una risa sarcástica.
—Sí, claro.
La ironía desbordó, puesto que él pensaba así de Luke como si en realidad lo fuese, cuando le tiraba tanta basura a su persona.
Algo que me agradaba de Jones es que nunca intentaba meterse en problemas y era un gran chico, siempre tomaba las situaciones de forma relajada y sin preocupaciones. Cero dramas.
—¿Nos vamos? —inquirió.
Yo asentí con la cabeza dándole una sonrisa viéndome segura y decidida.
Por una parte, me sentía mal porque indirectamente rechacé a Luke, pero él ni siquiera me advirtió, tal vez si lo hubiera mencionado antes habría reconsiderado la petición de Matthew, aunque probablemente hubiese sido el mismo resultado.