Boulevard
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Capítulo 7
Hasley
Luke me miró apenas entré al salón de clases, derrochaba concentración y sumo cuidado con cada uno de mis movimientos, con sus brazos firmemente flexionados por detrás de su cabeza mientras su espalda se encontraba perfectamente apoyada al respaldo de la silla. Yo solté un suspiro y con la absurda idea me dirigí hasta su lugar, dejando caer mi mochila al suelo para luego sentarme. Luke alzó una ceja, pero no mencionó nada. Llevaba un beanie color crema y de alguna manera me pareció adorable, sus ojos resaltaban más con aquel color. Se veía pacífico sin abrir la boca para decir cualquier incoherencia, y es que ya en tan poco tiempo sabía que podía llegar a ser un completo idiota.
Me fijé bien que una chamarra de cuero cubría sus hombros y esta vez fui yo quien arqueó una ceja, un poco interrogativa y confundida, porque no estábamos en la época de frío. Por el contrario, había calor y él no usaba mucho de esas.
—¿Por qué traes eso? —cuestioné, apuntando con mi dedo índice aquella prenda.
Luke me dio una mirada con los ojos entrecerrados y se incorporó, uniendo sus manos apoyando los codos sobre el pupitre.
—Ha ocurrido un accidente con la lavadora —pronunció, separó sus manos y con una de ellas bajó la parte que cubría su hombro. No pude evitarlo, solté una risa y él negó varias veces—. Metí un calcetín rojo que pintó de rosa las otras prendas.
—Jamás debes combinar la ropa de color con la blanca —indiqué aún riendo. Él se encogió de hombros y mordió sus labios—. ¿Tu madre no te lo ha dicho? ¿Por qué lavas tú?
—Haces muchas preguntas, ¿ya te lo he dicho? —devolvió. Solamente asentí sin culpa alguna—. Y no, es la primera vez que lo hago. Mis padres salieron de viaje y tenía que ver por mí solo sino, ¿quién lo haría?
—Tienes razón —esbocé una sonrisa y regresé mi vista al frente.
Me gustaba pensar en Luke como una persona independiente, me agradaba demasiado la idea, tenía la imagen de no necesitar la ayuda de nadie pero quizás para las tareas domésticas sí.
Todo estaba en silencio, hasta que volvió a hablar.
—Necesito tu dirección —pronunció suave y lento.
—¿Mi dirección?, ¿para qué? —pregunté, girándome para mirarle a los ojos.
Él se acercó a mí quedando a una distancia corta. Me incomodé.
—¿Piensas que llegaré mágicamente porque adiviné en donde queda tu casa? —Su voz ronca hizo que me estremeciera sin razón. Al ver mi confusión, él rio con gracia—. ¿Lo has olvidado?
—¿Olvidar qué?
—Lo has olvidado.
Él suspiró y dejó caer su espalda al respaldo de la silla nuevamente, arrastrándola hacia atrás para poder estirar bien sus largas piernas por debajo de la mesa. Su gesto cambió a una expresión seria. Hizo una mueca y pasó sus manos por su delicado rostro. Relamió su labio pasando la punta de su lengua sobre su arito.
—Has prometido venir conmigo el sábado, o sea, mañana —destelló, mirándome sin expresión.
Su recuerdo, obligándome a prometer que iría el sábado con él, vino a mi mente. ¡Mierda! Entreabrí los labios y maldije en mi interior.
—Cierto —asentí—. ¿Pretendes pasar por mí?
—No sabrás a dónde llegar si te digo.
—¿Es algún lugar de mal agüero? —indagué, queriendo obtener un poco de información sobre el lugar donde me quería llevar con él a solas.
—No —respondió.
—¿Cómo sé que es verdad? —pregunté.
—Weigel, ¿confías en mí? —preguntó.
—No —respondí, segura.
—Excelente —carcajeó.
Y es que en realidad estaba siendo sincera. Apenas lo conocía hace algunas semanas y la información que tenía de él era nula: solo su mal humor, su música pesada y sus cigarrillos. Oh, también que no sabía lavar la ropa y terminaba metiendo un calcetín de color con su ropa blanca.
Luke se llevó las yemas de sus dedos hasta la comisura de sus labios. Escuché que gruñó, en unos segundos la parte posterior de su labio donde se encontraba su piercing empezó a sangrar.
—¿Qué has hecho? —gemí horrorizada por ello.
—Tienden a resecarse, es normal —comentó pasando el dorso de su mano por su labio lastimado—. ¿Me darás tu dirección?
Dudé unos segundos pero finalmente accedí. Saqué de mi mochila una hoja de papel y un lapicero para anotar mi dirección. La tinta se plasmaba en aquella hoja mientras sentía la mirada de Luke en cada movimiento que hacía.
—Ten. —Se la tendí. Él me miró con una sonrisa triunfante y la agarró—. ¿A qué hora pasarás por mí?
—Cierto.
Sacó su celular y empezó a buscar algo. Pensé que me ignoraba, pero cambié de pensamiento cuando dirigió su vista hacia mí y volvió a hablar:
—A las cinco, ¿está bien?
—Por supuesto —respondí.
—Weigel, ni un minuto más ni un minuto menos. Suelo ser puntual. —Me guiñó un ojo y volvió su vista al frente. Rodé los ojos.
La maestra Kearney entró con sus labios rojos y saludó a todos. Aquella mujer pelirroja con pecas era envidiablemente hermosa. Era joven y tenía que soportar las palabras y susurro de adolescentes hormonales. Volteé hacia Luke para ver si formaba parte de aquel grupo de estúpidos, pero me llevé una sorpresa al encontrarlo con su mirada vacía —algo normal en él— al frente mientras intentaba poner atención a lo que sea que la profesora estuviese explicando. Sonreí internamente y regresé mi vista a donde se encontraba antes.
La clase pasó tan rápido que ya me veía corriendo entre los pasillos del instituto buscando a Zev, hasta que me topé con uno de sus amigos que me informó que el entrenador lo llamó a una junta porque los partidos ya comenzarían y habría uno próximamente, al igual que no podría salir temprano porque se quedaría con el mismo a ver las fechas. Le di las gracias y gruñí. Saqué mis auriculares y los conecté a mi reproductor de música.
Me tendría que ir sola.
??
Pedirle permiso a mi madre después de estar castigada fue uno de los retos más difíciles, después de dos horas de súplica desde el celular, ella accedió de manera quejosa, diciéndome que solo esa vez me lo permitiría y no habría próximas. Chillé como niña pequeña cuando lo dijo y le respondí con muchos te quiero, los cuales ella desechó.
Ahora me veía buscando por debajo de mi cama el otro par de mi zapato. Me parecía increíble que perdiera mis cosas en mi propia casa, tenía en claro que era demasiado despistada, así como también los adjetivos que me ponía Luke eran verdaderos. Realmente solía ser muy idiota en ocasiones.
Al momento de alzar la cabeza, no me fijé en la repisa, lo que causó que me golpeara.
—Auch, auch —me quejé sobándome la zona adolorida.
Todo era culpa de Luke, si él no me hubiera dicho que fuese puntual no estaría como un torbellino buscando mis tenis apresurada. Faltaban quince minutos para que dieran las cinco y realmente me sentía irritada. Me rendí tirándome en la cama mirando al techo. Mi celular sonó avisando que un nuevo mensaje había llegado, iba tomarlo cuando el timbre de la puerta hizo presencia. No podía ser Luke, faltaba unos minutos para la hora y Zev lo descartaba.
Me puse de pie con pesadez dirigiéndome a la puerta principal para abrir. Puse los ojos en blanco al ver de quien se trataba.
—Igual a mí me agrada verte —ironizó.
—Cállate, Luke —demande. Él solo rio. Quiso dar un paso al frente pero, al instante, se lo negué al ver que llevaba consigo un cigarro encendido en mano—. No puedes pasar con eso a mi casa, ¡la impregnarás de ese feo olor!
Luke elevó ambas manos en forma de inocencia y dio un paso hacia atrás. En unos segundos, escaneó mi cuerpo para detenerse en mis pies.
—Lindo calcetín de Pucca —carcajeó.
—Al menos yo no lo meto con la ropa blanca —me burlé en un mofo y él me regaló una sonrisa lánguida—. ¿Es posible que se te pierda el otro par en tu propia casa?
—Cuando eres distraída… sí. —Traté de ignorarlo y me di la vuelta para seguir con mi búsqueda—. ¿No es aquel que está por ese florero rojo de suelo?
Miré a Luke que apuntaba el florero de tulipanes que se hallaba en la esquina cerca de las escaleras. Rápidamente corrí a él y lo cogí. Tomándome mi tiempo, me lo coloqué y volví de nuevo al chico.
—¡Te dije que no entraras con eso! —grité.
Después de discutir unas cuantas veces con Luke sobre mi torpeza y su prepotencia, terminamos saliendo de mi casa. Mencionó que nos transportaríamos de la forma antigua, la cual era caminando. Me quejé un par de veces y me ignoró, dejando por completo a la deriva mi propuesta de tomar un taxi y acortar más el camino. Le grité que a él esto se le hacía más fácil por sus malditas piernas que eran demasiado largas y se tomó a burla mi palabrerío.
—¿Qué tan lejos está? —inquirí, sonando quejosa nuevamente y así cabrear aún más a Luke, quien solo dio un suspiro pero no se dignó a responderme.
Habíamos caminado mucho y según él, estaba cerca. Luego de unos minutos, él me tomó de la muñeca sacándome del camino.
—Entra por aquí. —Luke señaló una abertura en aquella barda de madera fea y podrida.
—¿Estás seguro? —dudé.
—Vamos, Weigel —apuró. No muy decidida y bajo presión, lo hice—. Ahora cierra los ojos.
—¿Qué?
—Sé que no confías en mí, puedo entenderte —apoyó—. Pero juro que no te haré daño, solo ciérralos y los abres cuando te diga.
Suspiré profundo y cerré los ojos. Sentí como Luke me tomó por los hombros indicándome el camino. Mi labio inferior temblaba y no sabía si se trataba de los nervios o el frío que creía que sentía cada vez que caminaba. Luke se alejó de mí y entré en pánico. Creí que fue eterno.
«Tranquila».
—Abre los ojos —indicó. Dudosa, mi campo de visión se apoderó de la imagen más bella—. ¡Bienvenida al boulevard de los sueños rotos, Weigel!
Mi boca se abrió completamente. Estaba en un lugar que parecía como un callejón. Y no, no uno cualquiera; se llenaba de tupidos árboles de color lila. Había visto en fotos aquellas plantas, pero no creía que se dieran aquí; había otros de color verde con plantas rojas y el piso estaba combinado entre arena y un césped verde muy brillante que parecía artificial. Un lugar perfecto, algo inefable.
—Es hermoso —articulé.
—Más que eso —Luke halagó orgulloso de aquel lugar, tomándome de nuevo la mano me haló—. Ven.
Me guio más adentro de aquel lugar y poco a poco veía que en donde estábamos se volvía perfección.
—Cuando la luna se pone encima de aquel árbol —apuntó a uno frondoso de color lila, que parecía el más grande de todo el callejón— su luz se proyecta hacia aquel cristal que está allí. —Me fijé por detrás de mí, un rectángulo de cristal colgaba entre dos árboles—. Crea los colores de un hermoso arcoíris.
—¿Hay más? —curiosa, cuestioné.
En realidad, me interesaba saber más.
—Demasiado, por ahora solo debes disfrutar del lugar —confesó, apretando más el agarre de nuestras manos y esbozar una sonrisa.
—¿Cómo sabes de este lugar? —inquirí meciendo nuestras manos durante unos segundos. Luke no le tomó importancia a ello, seguía con su mirada perdida a su alrededor.
—Venía con mi hermano cada domingo o cuando nuestros padres peleaban —mencionó sin importancia, encogiéndose de hombros.
—¿Ya no vienen más?
Sí, preguntaba demasiado. Sin embargo, no podía culparme; si bien sabía él que yo me pintaba sola para mis cuestionamientos, no podía mostrarme esto, decirme sobre su vida y esperar a que yo me quedase callada.
Soltó nuestro agarre y me sentí un poco vacía.
—Yo sí, mi hermano ya no —murmuró un poco inquietante.
—¿Porqué? —pregunté.
—Niñerías.
—Oh, entiendo —cedí—. ¿Cómo me dijiste que se llamaba el lugar?
Me volteó a ver y arrugó su nariz.
—Boulevard de los sueños rotos, al menos así le puse.
—¿Le pusiste?
—El lugar no tiene nombre como tal —explicó, creando una mueca disgustosa.
Ahora entendía cuando me dijo que no sabría cómo llegar.
Luke comenzó a caminar y lo seguí, cada paso que daba en el callejón me gustaba más. Todavía seguía sin superar aquel hermoso lugar. Dios, ¿podía vivir aquí?
—Luke —lo llamé—, ¿por qué un lugar tan hermoso tendría como título la palabra roto? Se supone que sería lo contrario.
El chico me miró penetrante como si con la mirada quisiera responder.
—Esa es una excelente pregunta. Cuando un sueño muere, alimenta al boulevard.
—No entiendo. —Desconcertada, ladeé mi cabeza.
—Hasta que uno de tus sueños se rompa, lo entenderás.
Y efectivamente, no entendí pero preferí no seguir preguntando. Empecé a fijarme en mi entorno, todo lo que tenía como vista.
El sonido de mi celular, indicando que alguien llamaba, me obligó a salir de mi burbuja. Lo cogí para contestar.
Zev.
—¿Qué pasa? —contesté sin saludar.
—¿Dónde andas? —La voz de Zev sonó agitada.
—Fuera de casa, ¿ocurre algo?
—Hasley, hoy a las seis es el partido de Matthew.
Todo en mi interior se removió, como si el peso de un elefante estuviese pisando mi interior y las ganas de tirarme al suelo fueran las principales ideas en mi cabeza.
—¿Qué?
Mi voz sonó aterida. ¿Hoy era el partido? No podía ser real. Se supone que se programó la otra semana.
—¿Dónde estás? Te mandé un mensaje.
Y caí en cuenta que fue cuando sonó y Luke me interrumpió tocando el timbre. Observé al susodicho durante unos segundos quien me miraba con su expresión tan común: inexpresivo.
—Te llamo luego —colgué y lo miré con culpabilidad—. Hoy es el partido de Matthew.
—Ya —chistó, acompañándolo de una sonrisa lobuna—. Hasley, ya te puedes ir, acompáñalo, yo ya te enseñé lo que quería que vieras.
—¿En serio?
—Sí, esto no tiene mucha importancia en comparación de ir con el chico que te gusta.
—¿Y si vienes conmigo? —pregunté por la situación en la que nos encontrábamos.
—¿Y ver a una bola de idiotas como se satisfacen humillando a otros? No gracias, yo paso —respondió.
—¿No disfrutabas las desgracias de los demás?
—Lo hago. Es diferente —dijo.
—¿Seguro?
—Vete —insistió.
Mordí mi labio y preferí ya no volver a hablar. Me di la vuelta y comencé a trazar mi trayecto por el mismo camino donde habíamos venido. Sentía una pequeña presión en mi pecho y es que no sabía descifrar que era. Antes de salir del callejón, volteé hacia Luke que se encontraba de espaldas. Mi celular volvió a vibrar, lo tomé y contesté sin ver quién era. Sabía que se trataba de Zev.
—¿Hasley? —habló la voz ruidosa del rizado cuando no obtuvo respuesta al principio de mi parte.
Miraba a Luke que comenzaba a caminar y una parte de mí se removió, no podía hacerle esto, no a él cuando se estaba mostrando de una manera menos apática y más soluble conmigo. No es que fuera la mejor persona en el mundo o con la que quisiera pasar un día entero soportando sus quejas de todos, las indisposiciones con las que no contaba pero, después de todo, quizás Luke no era lo que yo tanto pensaba sino más divertido, extrovertido, curioso y entretenido de lo que no se disponía a mostrar.
Y solo, quizás, me podría retener por su indiferencia.
No sé qué diría a continuación y sería algo por lo cual me arrepentiría durante mucho tiempo, así también haciendo enojar a mi mejor amigo.
—No iré, dile a Matt que lo siento.
—Hasley… —Y colgué.
Volví mi celular al bolsillo de mis tejanos y corrí a Luke con el corazón en la boca, mi respiración agitada, así como mi ritmo cardíaco acelerado.
—¡Howland! —grité. El chico se giró y me mostró un ceño fruncido—. Quiero ver cuando la luna se ponga.
Él apretó los labios intentando reprimir una sonrisa.
—Sigues siendo patética, ¿lo sabes?
—Lo sé, pero esta patética se quedará hoy contigo. ¿De acuerdo? —espeté.
—¿Tengo opciones?
Rodé los ojos y negué divertida. Él empezó a caminar y lo seguí. Lo había rechazado una vez, no podía hacerlo dos veces. Aparte, habría más partidos.
—Gracias —susurró.
—¿Por qué? —pregunté.
—Por no dejarme solo —respondió.