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Capítulo 8

Hasley

Estaba inmóvil bajo el cuerpo de Zev quien me aplastaba en el césped del campo del instituto. Como todos los domingos, se suponía que entrenaba con su equipo pero todos se encontraban tirados bebiendo un poco de agua. Una bola de flojos, no había otra forma de describirlos.

—Realmente hueles pésimo —me quejé por vigésima vez.

—Es tu castigo por no haber ido al juego de Matthew. —Sacudió su cabello haciendo que unas gotas cayeran en mi cara.

El sudor de mi mejor amigo se colaba por mi ropa y por más que le reclamara, él decía que me lo merecía. Al parecer estaba más indignado él que Matt por no haber asistido al juego.

—Te he dicho que de verdad no podía.

—Te he pedido que me digas el por qué y no me has dicho. — Zev atacó—. Parecía la pareja de él.

Su comentario causó una fuerte carcajada en mí, imaginándome a Zev apoyando a Matthew desde las gradas. No resultaba ser una escena muy agradable que digamos, pero sí chistosa. Tal vez otro día tendría la oportunidad de verlo y poder reír mientras grababa aquel espectáculo.

—En serio quería ir, pero las circunstancias me lo impidieron. —Hice una mueca.

Después de haberle dicho a Zev que no podría ir me arrepentí, Luke estuvo después de un humor insoportable. Sin embargo, lo que había dicho de la luna era cierto, creo que jamás había visto algo tan hermoso como eso. Terminó contándome que el nombre lo sacó de una de sus bandas favoritas y me comentó que me llevaría a un viaje de la buena música un día de estos. Luego su humor se puso de los mil demonios cuando por fin me atreví a hablar sobre su marca en la muñeca.

«Creo que fue una gran equivocación».

—¡Nguyen! —La voz del hombre que se hacía llamar entrenador hizo que Zev se quitara encima de mí y todos se levantasen del césped—. ¿Qué hacen de flojos? ¡Muevan sus traseros y pónganse a entrenar! ¡Tienen que ganar un partido la próxima semana, perezosos apestosos! —Siempre solía llamarlos así y siempre terminaba burlándome cada vez que les gritaba—. ¡Nguyen!

—¡Voy! —Zev me miró, susurrando— Ese hombre está loco.

—¡Nguyen, quiero su trasero aquí!

—¡Le dije que ya voy!

—¡Quiero que grite así cuando ganemos!

Siempre me parecía cómica la relación que solía tener Zev con el entrenador David, gritándole y él devolviéndoselo. Sin embargo, creo que era algo que los hacía sentir bien y lograr que los entrenamientos fuesen sencillos.

El equipo del instituto estaba dividido en dos grupos: el capitán mandaba al grupo A, que era el de Zev y el subcapitán al equipo B, quien era Neisan.

Mi mejor amigo se puso una venda en la muñeca y le dio una señal a su grupo. Segundos después el balón salió volando, provocando que todos empezaran a correr. El entrenador venía hacia las gradas donde yo me encontraba sentada y me miró.

—¿Crees que ganemos? —me preguntó mientras tomaba un poco de agua.

—Sí. —Mecí mis piernas.

—Hasley, ¿podrías pasarme la mochila que tienes a un lado? —pidió indicando mi lado derecho.

—Es Hasley, no Hasley —corregí por décima ocasión pasándole lo pedido.

Solía cambiar el orden de la S y la L en mi nombre, era algo que odiaba, pero igual algo a lo que ya me acostumbraba viniendo de aquel hombre.

—Lo sé, lo sé.

Dijo lo de siempre, meneando su mano para alejarse y detener a los chicos.

Minutos más tarde, el chico de rizos dorados se acercó hasta mí quitándose el vendaje. Estaba demasiado sudado haciendo que sus rulos desaparecieran pegándose a su frente.

—Te juro que huelo el olor de Jones, jamás vuelvas a dejarme solo —dramatizó recordando el tema.

—Oh, ¡supéralo!

—Nunca. Neisan y Dylan se han burlado de ello. Ha sido muy vergonzoso, Hasley.

—Para recompensarlo, vamos al cine —propuse deseando que dejara a un lado su trauma.

—¿Y tú pagas todo?

—Y yo pago todo —bufé, rendida sin otra opción.

—Perfecto —sonrió—. Después del entrenamiento vamos y puedo elegir la película que yo quiera.

—Estás en todo tu derecho, pero ¿irás todo sudado?

—No seas tonta, me cambiaré en tu casa —mencionó, revolviendo mi cabello con una de sus manos y, a la vez, regalándome un guiño.

Antes que pudiese reclamar, Zev se dio la vuelta y comenzó a correr hacia el campo. ¿Qué? Genial, mi madre estaría en casa y saldría con sus preguntas bombas sobre si él y yo teníamos una relación y se lo ocultábamos.

En todo el transcurso, todos corrían en el orden como les tocó: el grupo A atacaba al B y viceversa. El entrenador David ordenó que se acercaran y empezó a explicarles la técnica. Todos prestaban atención y repetían lo que él decía.

—Entonces si hay un oponente a la derecha, ¿a quién le tienes que dar pase? —el entrenador cuestionó otra vez.

—Al de atrás —respondió Zev.

—¡No, no y no! ¡Al de tu izquierda!

—¿A Jason?

—¡No! Bueno, si… ¡No! Sea quien sea, pero al de tu lado contrario en el que esté el oponente.

—¿Sea quien sea? ¿Y si es otro oponente?

—¿Qué? —preguntó incrédulo—. ¡Zev!

—¡Lo siento, estoy nervioso!

—¿Y dices ser capitán del equipo?

—¡Usted me nombró como tal!

Era como la tercera vez que volvían a repetir todo porque Zev no entendía que si tenía un oponente de un lado le iba dar pase al de su lado contrario pero, claro, solo si se trataba de su equipo. ¿Tanto le costaba entender?

Gruñí cansada. Sabía que esto tardaría un poco más de lo común, todos se ponían nerviosos y tensos en los juegos iniciales de la temporada. Saqué mi celular y conecté mis auriculares para dejar que la melodiosa voz de Michael Bublé inundará mis tímpanos.

??

—¡Te prometo regresar temprano! —le grité a mi madre antes de cruzar la puerta.

Corrí tras Zev y subí al auto, yendo hacia el centro comercial. El camino era un poco largo, pero se nos hacía corto cuando íbamos hablando de cualquier babosada que saliera tema tras tema. Las calles estaban vacías y un poco frías, común en un domingo. Normalmente se llenaba de gente los viernes y sábados porque las personas salían a clubes nocturnos. Zev venía hablando de lo entusiasmado e igual de lo nervioso que lo ponía el próximo partido; sabía que el entrenador y sus compañeros confiaban en él y eso lo hacía entrar en presión.

—¿Cuáles crees que estén? —preguntó refiriéndose a la cartelera.

—Realmente no he revisado la página web. —Quité mi suéter de mi cintura y lo pasé por mis brazos sintiendo la calidez.

Él hizo un ruido por lo bajo para luego hacer una mueca causando que yo riese. Caminamos a la parte del centro comercial donde se encontraba el cine; el olor a palomitas llegó a mis fosas nasales causando que se me antojaran.

—Definitivamente me volvería gay por Adam Sandler.

Empecé a reír imaginando a Zev besando una foto del actor; el chico poco a poco eliminó su gesto y plasmó una pequeña sonrisa. Aunque todo tipo de emoción que habitaba en mí se borró al instante cuando me di cuenta de quién estaba detrás del mostrador.

Esto no podía ser real. El destino jugaba conmigo de una muy mala manera.

Luke al verme, se quitó con rapidez el gorrito de color café con diseños amarillos y lo arrojó por encima del mostrador. Mi cara lo miraba con un sentimiento de sorpresa y al mismo tiempo de incredulidad.

—¿Qué haces tú aquí? —demandé cuando llegué hasta donde él.

Su cara cambió de un rostro vacío a una sonrisa lánguida, como si no le sorprendiese mi presencia en absoluto.

—Estoy trabajando, hago algo productivo con mi vida, Weigel, y es algo que tú deberías de hacer. ¿No crees? —atacó, alzando una de sus cejas por lo alto.

—¿Desde cuándo? —inquirí con una voz ecuánime aún sin poder creer esto.

—No tengo por qué darte explicaciones. —Rodó los ojos—. ¿Viene por algún reembolso, consultar saldo o algo más?

Entrecerré mi vista para darle a entender que no bromeada, pero él me ignoró. Iba a hablar cuando Zev pasó en frente de mí y me interrumpió.

—Si tengo la tarjeta invitado, ¿aplica el descuento de dos por uno? —interrogó el rizado siendo amable.

Si no estuviera aún desconcertada, le hubiese dicho a mi amigo que yo no tenía tarjeta.

—Depende, todos los días hay promociones. Esa es los sábados. Hoy es domingo, mañana lunes.

—Esa ya lo sé —Zev murmuró—. Dame dos para Pixels.

—Bien, no parece —Luke retomó la discusión.

—Zev, ¿por qué no mejor te adelantas? —le dije.

—Pero…

—Vamos, corre, yo recibo los boletos.

Mi amigo, no muy convencido, se alejó de mala gana. Negué varias veces, sacando de mi pantalón el dinero y poder pagar. El rubio me miró por unos segundos y sonrió lobunamente.

—¿Tú vas a pagar?

—Sí, bueno, eso pasa cuando no asisto a los partidos en donde Mattie me invita —respondí dejando el dinero en su mano.

—Oh, ya le pusiste Mattie —dijo sarcásticamente—. Me das risa, Weigel. —Me limité a poner los ojos en blanco y cruzarme de brazos—. Si tanto te afecta mi presencia aquí solo te diré que de lunes a viernes trabajo de seis a diez de la noche y los domingos de una a las seis de la tarde —informó buscando el cambio.

—¿Y por qué tu horario no coincide hoy? —acusé.

—Se enfermó al que le corresponde.

Miré detrás de mí para confirmar que no hubiera nadie más esperando y así no preocuparme por seguir hablando. Luke en un segundo cambió su semblante a uno de fastidio y como si odiara el simple hecho de estar ahí en ese momento. Bien, ya éramos dos.

—Mientes —añadí.

—No me importa.

Nguyen regresó a mi lado sin nada en las manos. ¡Uhg! El dinero. Yo le extendí los boletos, esperando a que el rubio me devolviese el dinero.

—Oye… —el rizado inició—, yo no pedí boletos para esta película.

—Oh, claro que lo hiciste. —Miró al castaño falsamente.

—No, no lo hice.

—Sí, sí lo hiciste —el otro afirmó, apretando sus labios en una tensa línea durante unos segundos.

—Ninguno de los dos pidió esa, al menos yo no, y lo sé porque no me gustan las películas de terror. —Zev apoyó los boletos en frente de Luke—. Las detesto.

—Bueno, pueden exigir un cambio pero con otra persona.

—Ningún cambio porque nosotros no pedimos nada. —Se puso altanero el castaño—. Te dije Pixels.

—Si no te gusta puedes reclamar con el gerente, ahora muévanse que ya hay personas esperando —siseó.

Atisbé detrás de nosotros comprobando que efectivamente esperaban por su turno.

—Luke —llamé al rubio—, no te cuesta nada cambiar los boletos.

—Sí, me cuesta el patético tiempo de mi patética vida solo porque ustedes se equivocaron —farfulló molesto. Después de unos segundos nos dedicó una sonrisa demasiado falsa arrastrando por el mostrador con una de sus manos varias monedas—. Que disfruten su película.

—No voy a… —Zev empezó a balbucear, pero se vio interrumpido porque Luke cerró de golpe la caja registradora.

—Se acabó mi horario —habló firme causando que su mandíbula se tensara.

—Eso es mentira, aún no acaba tu horario —hablé, recordando lo que me dijo.

—Que desgracia —murmuró con un toque sarcástico—. El mío para ustedes, sí.

—¡Luke! —lo llamé.

Aunque eso no lo detuvo, él siguió caminando y, antes de que Zev y yo reaccionáramos, el rubio ya había salido de la escena.

«Ojalá lo despidan», mi mente deseó.

—Las drogas le hacen mal… —susurró el chico a mi lado sacándome de mi pequeño trance.

—Cállate, Zev —reprendí cansada.

—Yo solo quería ver la película de Adam…

—¿Sabes? Ya, déjalo. —Volqueé los ojos, quitándole los boletos.

Zev hizo un mohín indicando que no le agradaba la idea, sin embargo, caminó detrás de mí quejándose en todo el camino a la sala. No le gustaban las películas de terror, terminaba gritando y las personas callándolo.

El humor de Luke iba subiendo de temperamento con los días y mis ganas de querer darle un golpe en su rostro también. Tendría que sobrevivir con ello.

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