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Boulevard » Capítulo 9

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Capítulo 9

Hasley

—Esto es basura —susurré al instante que mis pies tocaron el suelo de aquella casa.

—Venga, Hasley, anímate —Zev chilló por lo bajo.

Me limité a rodar los ojos, entrando completamente con él de su brazo, esquivando a todas las personas para poder llegar a donde fuese el destino que mi amigo quisiera.

—¿Crees que haya venido? —pregunté acercándome a su oído.

—¿Lo dudas? Por el amor a Dios, Hasley —dijo irónico negando varias veces con la cabeza—. Matthew no se pierde estas fiestas, aparte nos invitó o, para ser exactos, a ti. ¿Crees que no me he dado cuenta de que solo me está utilizando? Pero realmente no me molesta mientras no te haga daño, claro.

Miraba a Zev con el entrecejo fruncido, no me esperaba que él dijera aquello. Solía pensar que era muy ingenuo con sus amistades, pero creo que estuve equivocada todo este tiempo. Después de todo yo soy la única ingenua porque no se me había cruzado por la mente de que eso podía ser una razón por la sorprendente amistad que se formó entre ellos dos. Dejaba de concentrarme en todo y esperaba por Zev, a que se detuviese en algún lugar. A los minutos, llegamos junto a Dylan y otros chicos.

Matt nos invitó a una fiesta que habían realizado los integrantes de su equipo de baloncesto, al parecer para celebrar algo. No sé qué pretendían estos chicos al hacer fiestas en días de clases pero casi todo el instituto asistió y ni uno tenía cara de que les preocupase que mañana habría escuela. Asistí por dos cosas: una de ellas es que Zev insistió en que lo acompañara ya que no salía mucho y con lo estricta que era mi madre prácticamente le rogó para que me diese permiso, y la segunda tenía nombre y apellido: Matthew Jones.

—¡Esto está a reventar! —Dylan alzó los brazos un poco mareado por el alcohol.

Podía contar la cantidad de vasos ingeridos con tan solo oler.

—No creo que solamente haya personas del instituto aquí. —Un chico rubio, de nombre Eduardo, opinó mirando a su alrededor—. Les recomiendo que no vayan al patio trasero, hay chicos vendiendo droga.

—¿Droga? —pregunté incrédula recibiendo un asentamiento de cabeza por parte suya.

Por un instante, Luke vino a mis pensamientos pero fueron borrados cuando Zev habló.

—No te separes, ¿bien? —se dirigió a mí.

—Sé cuidarme —refunfuñé.

Algunos rieron, pero el rizado me miró serio. Odiaba su sobreprotección. Tendría que estar a su margen si quería salir viva de aquí.

Fue todo lo contrario.

Empezaron a platicar sobre cosas sin sentido, como los partidos, equipos, chicas y problemas que algunos tenían con sus novias, comiéndose el tiempo tras vasos y más vasos con alcohol en ellos. Mi niñero ya perdería la cordura y sería yo quien cuidaría de él, de eso estaba segura. Se sumergían en su plática y decidí dejarlos, probablemente Zev se daría cuenta dentro de media hora… o nunca.

Caminé entre todos los chicos que olían a alcohol, sudor, cigarrillos y, puede ser, a semen… ¿Acaso el semen tenía olor? Eliminé, en definitiva, aquella pregunta tan absurda y me concentré en mi camino; busqué la mesa donde había varios tipos de bebidas y decidí llenar mi vaso con un poco de ponche. Fresa, a juzgar por el color. Me apoyé en la mesa mirando al frente, sería parte de todo aquel grupo de chicos bailando si supiera bailar. Observé mi vaso por unos cortos segundos, los hielos chocaban entre sí creando pequeños movimientos en el líquido. Con esto podía confirmar cuán aburrida me encontraba.

Suspiré hondo y regresé hacia donde dejé a Zev. No supe si yo fui la distraída o la otra persona, pero mi ponche se derramó sobre mi blusa causando que los hielos me dieran un escalofrío al hacer contacto con mi piel.

—Yo he sido el culpable. —Matthew levantó las manos con una sonrisa tímida y no pude evitar que la comisura de mis labios formase una sonrisa.

—Yo… —Me callé.

Sentí mis mejillas calentarse al grado de taparme la cara.

—En serio, lo siento tanto. Ven.

Él me cogió de la mano y, definitivamente, quise gritar de la emoción. El chico me pasó un trapo para que me pudiera secar. Esto quedaría pegajoso, aunque mi obsesión con el chico ganaba y no me importó en lo absoluto. Matthew me indicó que me sentara en una silla para que estuviese más cómoda y pudiera limpiarme bien.

—¿Quieres ir arriba para limpiarte mejor? La casa es de un amigo y la conozco como la palma de mi mano —ofreció mirándome con aquellos ojos que tanto me gustaban y no me cansaría jamás de verlos.

—No, gracias —reí retirando mi vista de él hacia mi blusa, la cual era tallada por un trapo azul.

—Estarás pegajosa y eso no es nada cómodo —insistió.

—Lo soportaré, en serio no te preocupes. —Alcé mi mirada y él hizo un mohín.

—Bien, para ser honestos te tropecé a propósito para tener una excusa con la cual pudiera hablar contigo y sin muchas personas. No me fijé en el ponche —confesó Matthew.

Eso podía sonar y ser estúpido, pero en él era todo lo contrario.

«Soy tan patética», gemí en mis adentros.

—No sé qué decir al respecto.

—Solo acepta mi ayuda. —Él hizo énfasis en la última palabra causando que soltará una risa tan boba.

Finalmente, asentí poniéndome de pie. En el camino pude fijarme en que Zev me vio, pero no reclamó nada. Subimos las escaleras y nos detuvimos en una de las puertas. Matt me indicó que entrara y así fue para después cerrar la puerta tras él. Era una habitación, no un baño como yo esperaba. Lo miré, tenía una sonrisa traviesa y me sentí incómoda ante su gesto.

—El baño está en aquella puerta.

—Gracias —murmuré, dirigiéndome.

Rápidamente me limpié lo mejor que pude tratando de quitar el líquido que ya se estaba poniendo pegajoso. Me observé en el espejo por unos segundos, las ojeras eran tan visibles que ni con maquillaje se quitaban. Salí del baño y Matthew miraba su celular en el centro del cuarto.

—Listo —avisé.

Él giró sobre su eje y guardó su celular en el bolsillo de su pantalón, sonrió haciendo que sus finos labios se viesen delgados y más rojos de lo común. Matt se acercó a mí y soltó una risita. No me alejé.

—Me siento menos culpable —susurró cerca de mis labios.

Sentí como los vellos de mi piel se erizaban, acortó un poco la pequeña brecha causando que mi respiración se entrecortara y me pusiera nerviosa. Su nariz rozaba la mía, obligándome a cerrar los ojos, sabía lo que pasaría a continuación y no quería que se detuviera.

No. No.

Oí como la puerta se abrió de golpe, dejando que mis tímpanos se llenaran de la música ruidosa que albergaba la casa. Él se separó y maldije miles veces al causante que estropeó el momento.

Mis manos se hicieron puños y quise golpearlo apenas lo vi. Luke se apoyaba de lado en el margen de la puerta con su mirada tan típica. Esto se estaba volviendo tan común en él para mí, desde que lo conocía había estado encontrándomelo en casi todos los lugares a los que yo iba. Podía comprender sus apariciones, pero en ocasiones todo parecía tan a propósito y jamás lo descartaría. No me imaginaba que él asistiese a fiestas así, por su forma de ser podía creer que no era de aquellos chicos que iban de fiesta en fiesta todos los días, mucho menos en días de escuela.

Su cabello se revolvía, vestía con unos pantalones y un suéter negro.

—Buscaba un baño, lo siento por… —Él dejó la frase en el aire como si estuviese pensando en algo—. No, la verdad no siento nada, solo busco un baño en esta estúpida casa y me he equivocado de puerta.

—Pues aquí hay uno. —Matt indicó sonando lo más amable y paciente. Luke no le respondió y caminó sin mostrar la cara hasta el baño en donde yo había salido hace unos minutos atrás—. No creo que se haya equivocado.

—Lo mismo pensé —apoyé pero, a diferencia de él, fastidiada.

El rubio salió del baño y se posicionó en frente de nosotros dos.

Quería golpearlo.

Elevé mi vista para dejarle en claro con mi cara de que me comenzaba a estorbar. Ay, no. Mis labios se separaron de la impresión: el lado izquierdo de su cara mostraba un claro moretón cerca de su ojo, al igual que un pequeño corte en su labio. Me acerqué a él para poder verlo mejor, podía suponer que no tenía muchos días.

—¿Qué te pasó?

—Un pequeño accidente que ocurrió ayer. —Luke tocó la herida y me miró.

—¿Te duele? —Sonaba preocupada y en realidad lo estaba.

No entendía mis emociones con este chico.

—No —musitó sin despegar su vista de la mía.

—Bien, voy abajo —Matthew interrumpió—. Ojalá te recuperes, Luke.

Miré al chico pelirrojo, un poco decepcionada, aunque solo me dedicó una sonrisa a medias y salió de la habitación dejándome sola con el más alto. No quería que se fuera. Regresé mis ojos a Luke.

—¿Estabas a punto de dejarte besar por él? —demandó antes de que yo pudiese pronunciar algo.

—Creo. —Mordí mi labio y me alejé.

—No lo vuelvas a hacer.

—¿Perdón? —pregunté.

—No lo hagas, tómalo como un consejo, Weigel. —Se encogió de hombros y puso todo su peso sobre una de sus piernas.

—No me hacen falta, sé lo que hago —espeté irritada.

—No seas tan tonta, sé lo que te digo pero si no quieres tomarlo para añadirlo a tu block de consejos, me vale un carajo. Tienes suerte de que no sea de las personas que dicen te lo dije. —Luke tenía un filo en sus palabras.

Me sorprendía lo directo y crudo que sonaba, manteniendo siempre sus palabras claras y sin colarse ningún tartamudeo. Me llegaba a sorprender que tuviese las palabras correctas y soltar todo lo que pensaba, sin enseñar algún rostro de arrepentimiento.

—Te detesto. —Por fin después de unos segundos en silencio, fue lo único que salió de mi boca, sin quitarle o sumarle nada a él.

—El sentimiento es mutuo. —Pasó su lengua por su labio, estaba lastimado y observó mi blusa. Estiró uno de sus brazos y sus dedos rozaron la tela.

—¡No toques! —reprendí alejándolo de mi pecho.

—Quítate la blusa —murmuró mirándome a los ojos.

—¿Qué dices?

No podía comprender lo que me pedía, de hecho, no entendía los monosílabos de este chico. Tenía que adivinar qué era lo que intentaba decir con ellos, pero resultaba serían fácil. Él no me ponía nada en bandeja de plata.

—Sigues húmeda y a causa de eso te puede pillar un resfriado, te daré mi suéter —explicó— y no te niegues, porque terminaré siendo yo el que te quite la blusa y te lo ponga a la fuerza. ¿Entendiste, Weigel?

¿Se preocupaba por mí?

A este chico yo nunca la entendería. Me dijo tonta hace unos minutos atrás y ahora trataba de cuidarme, vale, sostenía mis ganas de querer golpearlo. Preferí no decir nada al respecto, Luke se quitó su suéter para tendérmelo, dudé unos segundos causando que arqueara una de sus cejas, lo tomé de mala gana y fui al baño.

—¿A dónde vas? —lo escuché preguntar.

—Al baño. ¿Piensas que me quitaré la blusa en frente de ti?

Luke rodó los ojos y se acercó a la ventana.

Sin tardar, quité mi blusa rápidamente y pasé mis brazos entre el suéter de Luke. Su olor se impregnó en mis fosas nasales, me parecía de una forma extraña que me agradara, la prenda albergaba comodidad y me hacía entrar en calor. Quedaba fuera de lugar aclarar que me quedaba demasiado grande.

Salí y la mirada del rubio me escaneó de pies a cabeza una vez que volteó de nuevo.

—Te ves tan diminuta. —Los ojos de Luke se veían cautelosos y muy en el fondo notaba que escondía una sonrisa.

—Es claro que tú eres más… —Mi voz se fue apagando cuando me fijé con mucho cuidado en sus brazos.

Mi cuerpo se estremeció.

La piel de sus brazos era presa de unos claros moretones, los hematomas se podían ver fácilmente debido a su piel pálida; los círculos eran diluidos por tres colores. Me acerqué al chico hasta el grado en que dejé de oír cualquier ruido alrededor de nosotros, la música que hace unos segundos me atormentaba fue sustituida por los latidos de mi corazón y los suyos, aunque sonase muy increíble, acompañada de su respiración entrecortada al igual que la mía, mis ojos no daban crédito a lo que mostraba como un tatuaje.

Acerqué mi mano con delicadeza y miedo a que Luke me alejara, diciéndome cosas grotescas de que no lo tocara, pero supe que no lo haría cuando no se movió dándole acceso a mis dedos de tocarlo. Pase mis yemas por encima de los círculos amoratados como si de la porcelana más fina y frágil del mundo estuviera ante mí. Recibí un quejido por parte de Luke y retiré rápido mi mano.

—¿Te duele mucho? —pregunté por lo bajo.

—Estos de aquí solo un poco —señaló los hematomas de su brazo, restándole importancia a los demás, pero sabía que mentía.

Luke solía mentir casi siempre.

—¿Qué te ha ocurrido? —inquirí tratando de no sonar tan demandante.

—Ya te he dicho, tuve un pequeño accidente —intentó de reír, pero en lugar de eso su rostro se formó en uno adolorido.

—¿Pelea de chicos malos marcando su territorio? —bromeé recibiendo un ceño fruncido de su parte.

—A veces me preguntó por qué te sigo hablando —pronunció girando sobre su mismo eje— y siempre obtengo la misma respuesta —susurró casi inaudible.

Detestaba ser tan necia y preguntona. Me armé de valor y volví a hablar.

—Solo quiero saber qué te ha ocurrido.

—Solo fue un maldito accidente, estoy bien. —Su voz fue calmada.

—Luke…

—¡Deja de insistir, Hasley! —ladró interrumpiéndome, dándose la vuelta y quedando frente a frente.

Mi interior se removió al oír que me había llamado por mi nombre. Se sintió diferente, como si yo fuese la mala. Sin embargo, lo dijo enojado, dejando en claro que no le gustaba pronunciarlo.

—Bien —balbuceé.

Él intentó mover la cabeza indicando que lo olvidará, en un suspiro cerró los ojos y volvió a mirar.

—No quise gritarte, no me gusta hacerlo.

—Fue mi culpa —le indiqué.

—No, no lo fue. Jamás te sientas así. Nadie debería gritarte ni hacerte creer que ha sido tu culpa.

—Ya no sé qué pensar —dije en un murmullo.

—Ni yo. Ven, estar aquí no es lo mío.

Me tomó de la muñeca para salir de aquella habitación y bajar las escaleras. Luke esquivaba algunas personas o simplemente era demasiado grosero y terminaba empujándolas.

—¿A dónde vamos? —le interrogué cuando me di cuenta de que estábamos dejando aquel lugar y alejándome de la única persona que me llevaría de vuelta a mi casa.

—Lejos de aquí —mencionó sin detenerse.

Existían cosas por las cuales Luke me molestaba y una de tantas es que creía que tenía poder encima de mí o de decidir por mí.

—Pero Zev me llevará de regreso —informé, queriendo soltarme de su agarre. Él no cedió.

—Weigel, Zev será el último en llevarte a casa, está demasiado alcoholizado para tomar su auto. Dudo que la mitad de los que han asistido a esta fiesta vayan mañana al instituto —explicó sin detenerse.

Odiaba que tuviera razón. La última vez que me alejé de mi amigo fue cuando iba por el sexto vaso de refresco con licor; probablemente terminaría durmiendo encima de Dylan y creyendo que me han hecho algo malo mientras la culpa lo invadía, pero si algo le pasaba, jamás me lo perdonaría.

—¿Y si le ocurre algo? —jadeé al tan solo pensarlo—. No puedo dejarlo allí.

Luke detuvo su caminata cerca de una moto y, por ende, también yo. Él se apoyó en ella y se cruzó de brazos.

—¿Ocurrirle algo? —preguntó irónico—. Weigel, es el capitán del equipo de rugby, prácticamente las chicas se tirarían al suelo para que él no se ensucie, por favor. No le pasará nada. —No respondí, el silencio respondía más que un tienes razón. Sacó de su bolsillo un cigarrillo y lo encendió—. ¿Te has subido a una moto antes?

—Sí —confesé.

El verano pasado le habían regalado una a Nico —el hijo de Amy— por su cumpleaños. Aprovechaba cada oportunidad para usarla, llevándome a mí de pretexto. El único problema aquí es que no sabía cómo Luke se comportaba encima de una.

—No eres el tipo de personas que piensan que la calle es su propia pista automovilística personal, ¿cierto?

Luke hizo un mohín divertido que poco a poco se formó en una risa burlona, deshizo el cruce de brazos apoyándose en la moto, se inclinó hacia el frente quedando a unos centímetros cerca de mi cara. Aun así, seguía un poco más alto que yo.

—Sí estás conmigo, me veo en la obligación de evitarlo.

Su sonrisa se hizo de lado haciéndolo lucir tímido, sus ojos se veían demasiado brillantes por la tenue luz del faro que iluminaba el vecindario y la de la luna. Después de todo, sí había algo que me gustaba de Luke: eran sus ojos. Quería tocar su rostro.

—Súbete y trata de no aferrarte a mi torso, es demasiado incómodo.

Desenganchó el casco y me lo puso; él hizo lo mismo con el suyo y perdí todo tipo de contacto visual cuando se levantó de la moto para montarse en ella. Dudé unos segundos aún insegura de dejar a Zev en aquella casa, pero bastó solo un momento para que diera un suspiro y subirme detrás de Luke. Le daba gracias al Señor por haberme puesto unos tejanos.

—Trata de ser suave —susurré enrollando mis brazos en su torso.

Él soltó una pequeña risa que causó que frunciera el ceño.

—Le he tomado doble sentido.

Luego de decir aquella oración, dio una fuerte carcajada haciendo vibrar su espalda y sintiéndolo en unas de mis mejillas que se encontraba apoyada en su ancha espalda.

—Eres un… —él me interrumpió por segunda ocasión en la noche antes que le pudiera decir lo que pensaba.

—Sujétate —avisó para emprender el recorrido, sentí que rio, aunque no sabía si era eso o por la vibración que transmitía la moto hasta su espalda.

Nadie volvió a mencionar nada. Luke seguía manejando y yo intentaba no ejercer mucha fuerza en mi agarre. El aire fresco de Sídney hacía contacto con la piel de mi rostro al grado de llegar a sentir fría mi nariz. La moto se detuvo y yo me separé de Luke desorientada.

—Esta no es mi casa —demandé al ver que se trataba de unos departamentos.

—Eso lo sé, no me has dado tu dirección, ¿piensas que la adivinaré? —habló girando su cabeza para poder verme con el rabillo del ojo.

—¡Te la he dado el día que me fuiste a buscar para ir al callejón! —chillé recordándole—. ¡Te burlaste de mi calcetín!

Dio una gran carcajada.

—¡Pucca! —mencionó en un gritó. Trató de tranquilizarse y cuando dejó de reír volvió a hablar—. No lo recuerdo, solo dámela de nuevo.

Solté un gruñido y le volví a dar el nombre de mi calle.

Minutos más tarde se detuvo, pero esta vez a diferencia de la otra pude visualizar mi casa. Toqué el suelo y retiré uno de mis mechones para depositarlos detrás de mi oreja, y observar a Luke, quién sacó de su bolsillo otro cigarrillo y lo prendió.

—Uhmm, gracias —rompí el silencio que se formó.

Él dio una calada y soltó el humo hacia arriba.

—¿No me invitarás a pasar? —vaciló.

—Oh vamos, ¿de verdad quieres? —La pregunta salió irónica porque ambos sabíamos la respuesta.

—Tienes razón, mejor no te molestes en repetirlo.

—Entonces me voy —informé indecisa.

¿Así me tenía que despedir de él? Porque no sabía cómo hacerlo.

—Weigel… —Su voz suave como el mismo terciopelo llamó mi atención, pero la llamó aún más la manera en cómo lo había hecho—. Mañana me acompañarás después de clases a un sitio.

—¿Es una pregunta o una afirmación? —pregunté levantado una de mis cejas.

—Si quieres hacer algo bueno por ti vendrás y sino entonces vete a la mierda —Luke atacó y encendió la moto.

—A veces eres tan molesto —siseé al no comprender el cambio de su actitud tan repentino.

—Bien, entonces mejor me voy para que deje de molestarte. Mañana me dices.

En un parpadear se marchó antes que yo pudiese reclamar o protestar sobre ello. Me quedé ahí parada en el mismo sitio mientras observaba como se alejaba, llevándose con él mi calma y dejándome la inquietud desgarrando mi interior junto a mi curiosidad.

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