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Boulevard » Capítulo 10

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Capítulo 10

Hasley

—Joder, mi cabeza ya no la soporto —Zev se volvió a quejar por décima vez mientras sobaba su sien con las yemas de sus dedos.

Al parecer tenía resaca y no quería ver ni la luz del día. Sus ojos estaban cubiertos por unas gafas de sol, sus ojeras se apoderaban de su cara y, a pesar de que intenté ponerle un poco de maquillaje, no se ocultaban. Como era de esperarse me había regañado por haberme ido y dejarlo solo sin avisar; según él, me buscó hasta en el más mínimo rincón de la casa. No siguió, pues tan fuerte se volvió la jaqueca que decidió darle punto final a su propia discusión.

—Solo falta una clase, trata de no caer rendido al suelo —lo animé, bromeando.

—Y es Andrea, la maestra con la voz más chillona del instituto —dramatizó.

—¡Hola, plebeyos! —Neisan saludó en un grito golpeando a la mesa.

—¿Qué te ocurre, imbécil? —Zev gritó cabreado y apretó con sus brazos su cabeza.

—Hola, Neisan —le devolví el saludo en una sonrisa agradable.

—Creo que a alguien no se le quita la resaca imperdonable —el chico rio y lo apoyé—. Te vengo avisar que el entrenador ha llamado a todo el equipo.

—¿Ese hombre quiere matarme? No tengo humor de soportar sus gritos de mujer menopáusica. —Mi amigo levantó la cabeza y gimió.

—Al menos te has salvado de Andrea —pronuncié en una risita por lo bajo.

—Prefiero arrancarme la cabeza antes de elegir entre ellos dos —gruñó levantándose de la mesa—. ¿Me esperarás?

—Oh no, iré a otro lugar —murmuré apenada.

Y sí, iría con Luke.

Había pasado casi toda la noche pensado sobre lo que me propuso. Después de darle vueltas al asunto, decidí que lo mejor sería tratar de convivir con el chico. Desde el día en que habíamos cruzado palabras eso es lo que quería: saber más de él a pesar de los insultos que me dirigía o lo grotesco e insípido que se comportaba. Sí, demasiado esfuerzo estaba haciendo al intentar amoldarme a sus cambios de humor. Lo peor de todo es que yo misma me contradecía. Este es el efecto Luke.

—¿Con quién? —Zev inquirió, sin quitar su cara de mal humor que se podía ver a kilómetros con un claro letrero: tócame y lo último que verás y sentirás será mi puño en tu rostro.

—Con Luke. —Mi voz sonó tan firme, transmitiéndole que lo que dijera él no haría que cambiara de opinión.

No me gustaba mentirle y muchos menos para esconder algo que no le hacía daño a nadie.

—Solo porque tengo una resaca de los mil demonios no discutiré, mantente al margen —bufó con molestia, tomando su mochila del suelo.

—Oh vamos, Zev, tú sabes que el chico no es tan malo —Neisan susurró haciendo que lo mirase extrañada.

—Cállate, Neisan, tu voz aumenta más mi dolor —mofó Zev, tendiendo su mano y luego cubrir sus ojos.

—¿Has intentado tomar una aspirina?

—¿Tú crees que no? Me tomé la caja entera —gruñó.

Los dos siguieron discutiendo mientras se alejaban del lugar y sus voces se hacían cada vez inaudibles, dejándome sola en aquella mesa con una sola pregunta dando vueltas en mi cabeza: ¿por qué dijo eso Neisan?

Sabía que Zev conocía a Luke, eso me lo dejó en claro Nguyen el día en que me pidió que me alejara del chico y, por otra parte, porque él solía reunirse en el campo con su equipo y el entrenador por alguna junta. Luke permanecía casi todo el tiempo en las gradas, existía la posibilidad de que ellos hubieran cruzado palabras y tal vez Zev era la persona que podía responder algunas de mis preguntas, pero tan solo pronunciaban el nombre del rubio mi amigo se alejaba cabreado. Tendría que alimentar mi propia curiosidad. No me iba a quedar esperando a que algo relevante pasara por parte de ellos dos para que mis preguntas tuvieran respuestas, yo misma tendría que buscarlas en dos libros que no eran fáciles de abrir y empezaría con el más difícil: Luke.

Tomé mi mochila después de que el timbre sonara, indicando que la última clase ya había empezado. A pasos flojos y pocos interesados caminé hasta el aula de ciencias sociales.

Una hora más tarde, el profesor Sullivan indicó que daba por terminada la clase y que nos podíamos retirar. Cerré mi libreta y la metí a mi mochila junto a mis otras cosas, la pasé por encima de mi cabeza como era de costumbre y caminé hasta la puerta, aunque alguien me empujó.

—¡Fíjate, animal! —vociferé al chico que ni tomó en cuenta mi insulto, al contrario, solo se giró y soltó una risa—. Lo voy a golpear.

—Refunfuñona —dijeron atrás de mí, acompañado de una risita que pude intuir de quién se trataba.

Me giré para ver a Luke apoyado en la pared mientras intentaba mantener el equilibrio de su mochila encima de su cabeza, lo que me evitaba ver su cara. Solo gruñí y él volvió a echar otra risa, bajó su mochila aun sosteniéndola a la altura de sus rodillas y me miró.

Otros días no me tomaba la molestia de observarlo porque no me interesaba; en cambio hoy preferí hacer la excepción. Se veía demasiado bien en aquella chaqueta negra con una camisa blanca debajo, sus tejanos tan comunes y su cabello despeinado. Regresé a su rostro y todo tipo de atracción a su ropa se esfumó cuando miré sus ojos, los cuales no tenían el azul intenso que solían poseer, tenían un contraste apagado y opaco. No me importó, resaltaban de igual manera por los círculos oscuros que descansaban debajo de ellos, las ojeras sobresalían ante su blanca piel.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté.

—Estaba pasando —habló obvio y moviendo su brazo que sostenía su mochila— pero ya que te veo, ¿decidiste o te sigo molestando?

—Empezaste a molestar desde que me dijiste refunfuñona —respondí rodando los ojos.

—Bien —mofó frunciendo sus labios—. Lo siento. —Me tomó de sorpresa lo que dijo, dejándome bloqueada sin poder mencionar algo. Mis ojos viajaron a los suyos sin entender sus disculpas, él solo suspiró y bajó la cabeza volviendo a hablar—. Soy un imbécil.

Luke jadeó, levantando su mochila a la altura de su hombro y se alejó. Mis piernas se movieron por inercia a la dirección donde se había ido con pasos rápidos, pero pude divisarlo un poco retirado saliendo de las instalaciones. Sus piernas largas le daban ventaja. Esquivé a algunos estudiantes que iban saliendo y reduje mi paso al fijarme que se detuvo afuera del instituto.

—No eres un imbécil —murmuré a sus espaldas cuando estuve cerca de él—. Iba a decirte que sí iré.

Luke se giró y me miró un poco calmado, algo que me extrañó. Por la manera en que dejó el lugar, pensaba que estaría enfadado por lo que yo dije. Su semblante estaba neutro y solo asintió para comenzar a caminar a dirección contrario del estacionamiento.

—¿No traes tu moto?

—No suelo traerla al instituto —respondió con la mirada baja.

Maldita sea Luke y sus cambios de humor.

—¿Está muy lejos dónde quieres ir? —insistí.

—Creo que jamás vas a dejar de preguntar, ¿cierto? —Él soltó una risa y eso me hizo sentir entrar un poco en confianza. Y repetía: sus cambios eran un vil desastre para mi hábito de tratar a las personas. Yo negué causando que levantara la cabeza y entrecerrara los ojos—. No es muy lejos, a unas tres o cuatro cuadras, solo intenta ignorar los metros.

—Gran consejo —me burlé.

Luke empezó a decirme que llegaba a irritarlo con mis quejas y berrinches, fue en el momento en que le dije que estaba cansada cuando me tomó de la mano y comenzó a correr conmigo sin soltarme, al parecer le divertía mis gritos que eran inútiles diciéndole que se detuviera porque sus carcajadas eran como un sonido ya extraído de la naturaleza. Me gustaba como sonaba.

Quería la risa de Luke para tono de llamada.

Nos fuimos deteniendo en unos de los tantos callejones que habían en aquella colonia y no dudé en sentirme incómoda, los edificios que se hallaban entre aquel callejón estaban un poco viejos. Le preguntaba si aquel lugar era seguro pero, como siempre, solo recibía un «¿Puedes dejar de hacer preguntas, Weigel?».

Llegamos al fondo del callejón y pude ver una tienda pintada de negro, azul y rojo. Afuera tenía varios carteles de artistas y discos, entonces supe que era una tienda de discos. Luke se aferró a mi mano y entramos al local. Por dentro lucía mucho mejor, era dividida de dos formas, rustica y urbana; las secciones tenían diferentes colores. Cabe mencionar que olía a lavanda mezclada con olor a tabaco. Entendía por qué Luke amaba este lugar. El chico caminó hasta el fondo de la tienda y nos detuvimos en una sección que le pertenecía a la parte rustica.

—¿El viaje a la buena música? —inquirí.

—Así es —asintió. El hoyuelo en su mejilla se hizo visible haciendo que sus ojos tomaran un poco de brillo, a pesar del color opaco que tenían—. Me siento bien al enseñarte mis gustos musicales…

Él dejó la frase en el aire y no la continuó, empezó buscando algún disco. Metía y sacaba algunos diciendo uno que otro «estos no valen la pena», «buena afinación de voz, pero letras sin sentido».

—¿Sueles escuchar mucha música? —Traté de sacar algún tema en específico para no sentirme excluida en su burbuja.

—El mayor tiempo sí, más cuando estoy en casa —habló encogiéndose de hombros sin dejar de buscar—. A veces es bueno ignorar la mierda que suele hablar la mayoría de las personas en el mundo.

—Lo he sentido como una indirecta —murmuré. Él negó.

—¿Acaso has visto que he reemplazado tu voz quejona con unos auriculares?

—¿No? —dudé.

—Claro que no, Weigel. —Chasqueó su lengua unas cuantas veces negando—. Empecemos con The Doors. —Luke sonrió orgulloso de ellos mientras me daba un disco.

Se veía tan emocionado, con una sonrisa que lo hacía ver tan adorable que, por unos instantes, olvidaba su mal temperamento. Hablaba de más y más bandas mientras me las mostraba; algunos me los pasaba y otros los dejaba de nuevo en su lugar. Veía las imágenes de los discos, unos eran tétricos mientras otros me daban escalofríos.

Dirigí mi vista a uno en frente de mí, la imagen llamó mucho mi atención y, por primera vez, me sentí orgullosa de conocerlos al leer su nombre.

—The Fray… —susurre tomándolo con mi mano libre.

—¿Los conoces? —Luke preguntó a mi lado quitándomelo.

—Sí, he escuchado un par de canciones de ellos, especialmente Fall Away —expliqué mirándolo.

—Mencionaste que no conocías a nadie, a excepción de uno, el día en que te enseñé la lista. —Elevó sus manos y me miró incrédulo.

—¡Acababa de despertar! ¡En las mañanas no soy tan inteligente! —Me traté de defender.

—¿Solo en las mañanas? —Sus labios esbozaron una sonrisa burlona y yo lo empujé con una de mis manos—. A mi hermano le gustaban.

—¿El mismo con el que ibas al callejón? —Arqueé una ceja intentando que hablara.

—Sí —afirmó—, los amaba demasiado. Veo que después de todo sí sabes de buena música.

—Te puedo llegar a sorprender —susurré.

—Vaya que sí —rio dejando el disco en donde lo cogí.

No supe descifrar si había sido sarcasmo o ironía. Así que decidí ignorarlo y seguir mirando los estantes llenos.

—¿Has escuchado sobre The Offspring? —preguntó mirando con interés, pero negué con la cabeza—. Mierda, Weigel, necesitas escucharlos.

—¿Llevaremos todo? —pregunté al ver que ya eran muchos y mi presupuesto se reducía a mi domingo que mamá me dio.

—Pagaré la mayor parte —sonrió de lado divertido y mi rostro se formó a uno confundido—. Hey, tómalo como un pequeño regalo de este ser desalmado.

—¿Regalo? —reí.

—Ajá.

—¿Por qué?

—Cállate, Weigel, haces muchas preguntas y sinceramente me estás estresando —espetó sobándose con sus dedos la sien.

—Tú las procreas —defendí enfadada.

Luke me miró unos segundos mientras jugaba con su piercing para luego girarse y seguir observando. Me aburría, él solo hablaba sobre sus álbumes favoritos y yo no entendía nada. Está bien. Todas las bandas que ponía en mis manos no las conocía, mis gustos musicales eran muy diferentes a los de él, no era amante a la música en onda de hoy en día, si es que aquellas bandas lo eran.

El rubio tomó entre sus manos uno y sonrió girándose a mí, sus ojos azules brillaban haciéndolo lucir inocente y no pude evitar apreciar lo lindo que se veía con sus mejillas coloradas.

—Dejé lo mejor para lo último, te presento a Pink Floyd. —Su voz se oía emocionada y eso me causaba ternura—. Estoy seguro de que no tendrás una canción favorita de ellos, quiero que los escuches. The Dark Side of the Moon es mi álbum favorito —gimió dando unos saltitos como un niño pequeño haciéndome reír—. Juro que si dices que no te dio ganas de seguir escuchándolos, espero y lo pienses dos veces. Te recomiendo Any Colour You Like y Brain Damage.

Cogí el disco y aprecié la imagen, era la misma de su playera de aquella vez: el triángulo y un arcoíris saliendo en un lado de este. Mordí mi labio cuando volteé para leer los títulos de las canciones que al parecer parecían un poco abstractos.

—¿Por qué los amas tanto? —inquirí arqueando la comisura de mis labios.

Necesitaba que hablara un poco más. Me gustaba descubrir más allá de los sentimientos de las personas y Luke parecía alguien lleno de ellos, a pesar de ser una completa roca por fuera.

Adoraba verlo hablar de lo que más amaba.

—Trasmiten tanta tranquilidad a través de sus canciones y eso es algo sorprendente en ellos. Cuando los escuches entenderás. —Me guiñó el ojo y siguió caminando entre los estantes.

Pasé mi lengua por mis labios y lo seguí, estábamos en otro pasillo con más discos alrededor. Luke se detuvo y saco dos.

—Green Day, creo que ellos no podían faltar y sobre todo este álbum. —Me entregó uno y pude notar la imagen de este. Sin duda eran muy raros, volteé hacia los temas y leí. Todo tuvo un poco de sentido al leer el cuarto título—. American Idiot uno de mis favoritos, pero ¡Dookie no puede quedarse atrás!

—Dookie suena al perrito que sale en el canal para niños —contesté.

—Weigel, por el amor a Dios, ¡concéntrate! —me regañó, quitándome los discos y caminando lejos de ahí.

Lo seguí y nos detuvimos en el mostrador. Luke puso los discos encima para que el chico los pasara por la máquina y nos dijera el costo. Como él había dicho, pagó la mayor parte. Con su cabeza indicó que tomara la bolsa, le hice caso y nos dirigimos a la salida. Luke sostuvo la puerta para que saliera primero y después él.

—¿Se supone que tengo que escuchar todo esto en un solo día? —cuestioné.

—Trata de hacerlo. —Él se detuvo y se puso en frente de mí, tomándome de los hombros para agitarme—. ¡Es un buen viaje a la buena música, Weigel!

—Pues deseo detenerme de este viaje porque muero de hambre. —Elevé ambas cejas y quité sus manos.

—Aburrida… —se burló y sacó la lengua—. Hay un puesto aquí cerca —indicó volviéndome a tomar de la mano y caminar conmigo.

Luke aumentó la velocidad conmigo esquivando a las personas, no supe qué tanto recorrimos hasta que nos detuvimos en un puesto de comida. Miré a Luke incrédula y arrugué mi nariz.

—¿Comida rápida?

—La mejor de la colonia —sonrió con orgullo—. Pide algo, yo no tengo hambre —avisó alejándose de mí.

Me quedé mirándolo y después volteé hacia el puesto. Decidí ignorar su orden y seguirlo. Luke caminó por un callejón a espaldas de mí y sacó algo de su bolsillo para después llevárselo a la boca, sabía lo que era y me disgustaba el simple hecho de saber que estaba en lo correcto. Detestaba que Luke fumara eso sin darse cuenta de que disminuía su tiempo de vida, pero a él no le importa.

—Entiendo por qué no tienes hambre —pronuncié con mi voz un poco apagada.

Luke se giró y se quitó aquello de sus labios para dejar escapar una nube de humo. Me miraba sin ninguna pizca de culpabilidad, como si fuera lo más común del mundo y, bueno, para él lo era, pero yo no me acostumbraba a verlo en aquel estado. Él se acercó a mí quedando a unos pasos de distancia.

—Es la única forma en la que puedo liberar toda la mierda que siento —habló después de unos segundos en silencio.

—Hay otras maneras de hacerlo.

—Cierto, unos beben, otros se cortan, dibujan, cantan… Pero esta es la mía y desgraciadamente no puedo cambiarla —habló relamiendo sus labios.

—No es porque no puedas, es porque no quieres. Eso te hace daño.

—No te tiene por qué importar, Hasley —mofó.

Ahí íbamos de vuelta con el nombre.

—Tienes razón, solo intento que te des cuenta de que es malo para tu salud y tal vez cuando lo hagas sea demasiado tarde —hablé demasiado rápido, tanto que tomé una bocanada de aire al finalizar.

—No puedes llegar a mi vida y fingir que me conoces en tan pocos días para hacerme cambiar de opinión acerca de esto cuando lo he hecho antes de que aparecieras, ¿si entiendes? Deja de meterte en lo que no te incumbe —masculló entre dientes. Él hablaba en serio. Apreté mi mandíbula intentando guardar un poco el dolor que causó sus palabras, desvié mi mirada de la suya hacia otro punto que no fuesen sus malditos ojos azules—. Ve a comer, tú lo necesitas más que yo.

—Ya no tengo hambre —finalice dándome la vuelta para caminar lejos de él.

Sentía como mis ojos empezaban arder y odiaba por un instante el simple hecho de ser sensible. Me sentía mal por él, lo hacía, porque no quería aceptar el hecho de que un día acabaría mal si seguía en la misma situación; podía llegar a ser tan jocoso con sus cambios de humor y aun así no quería alejarme porque me había estado acostumbrando a él.

Le tomé cariño y me interesaba.

Aunque era verdad, yo no podía llegar así tan pronto a su vida e intentar que cambiara de opinión acerca de todo eso. A pesar de que me doliera aceptarlo no sabía mucho de él, pero sí que no era una excusa para eliminar sus problemas de tal modo.

Escuché como comenzó a decir mi apellido y lo ignoré, aumentando la velocidad de mis pasos. No quería estar por ahora cerca de él, no quería escucharlo, simplemente no quería estar presente mientras fumaba marihuana.

—Weigel, mírame. —Tomó mi brazo deteniendo mi andar, poniéndose en frente de mí. No quería hacerlo, porque si lo hacía era para meterle un puño en su maldito rostro tan perfecto—. Está bien, mira, solo quiero decirte que no puedes venir y decirle a una persona que deje de hacerlo cuando tú no lo has hecho, cuando tú no eres presa de una adicción. Eso no funciona así. —Fruncí los labios y me negué a todo lo que había dicho, no le daría la razón en ello. Jamás lo haría porque no era así. Él suspiró y vi por el rabillo del ojo que relamió sus labios—. Pensé que por primera vez alguien en la vida me entendería, pero me volví a equivocar.

Después de eso se dio la vuelta y se marchó dejándome ahí parada con mi dignidad. Sin embargo, esta vez mis piernas no se movieron para ir tras él.

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