Boulevard
Boulevard » Capítulo 11
Página 15 de 40
Capítulo 11
Hasley
Era el tercer día en que Luke no me hablaba y comenzaba a odiar mi sentimiento de necesidad.
Había estado evitando todo tipo de contacto conmigo. En las clases con la señorita Kearney llegaba tarde para sentarse hasta el fondo del salón, no lo veía en la cafetería y lo más extraño del mundo es que tampoco se encontraba en las gradas echando humo como chimenea.
Durante esos días me la pasaba encerrada en mi habitación escuchando los discos que habíamos comprado antes de la discusión. Descubrí que algunas canciones eran muy buenas, sin embargo, su banda favorita me sorprendió: era instrumental con frases enigmáticas. Una sorpresa total. Elegí de entre todas las canciones las que más me gustaron, postulándolas como mis favoritas. Letterbomb de Green Day no podía sacarla de mi cabeza.
Apoyé mi frente en el cristal de la ventanilla del auto para suspirar haciendo que este se empañara, tracé un pequeño corazón con mi dedo y esbocé una sonrisa. Estaba en camino al instituto junto a mamá, quien venía hablando sobre algunos de sus pacientes que la tenían un poco malhumorada.
—Eres psicóloga, se supone debes tenerles paciencia —informé en un canto, de manera en recordarle lo que con ello implicaba la psicología.
—Lo sé, pero créeme, algunos hacen perder mis estribos —mofó en una mueca graciosa haciéndome reír.
—Eres una psicóloga muy rara —vacilé.
—Pues vete bajando porque esta rara necesita ver los expedientes de sus pacientes —indicó sacándole el seguro al auto.
Ya habíamos llegado al instituto.
—Bien, nos vemos luego. Te quiero —me despedí, antes de cerrar la puerta. Ella me respondió con un cálido «yo igual».
Caminé a la primera clase: literatura con mi querido profesor Hoffman. Recordando bien las cosas, por su culpa conocí a Luke; si no me hubiese dejado fuera de la clase yo no estaría hambrienta de que el chico me hablará. De alguna manera extraña necesitaba su maldito humor molestando.
En el salón estaban unos cuantos chicos ya sentados esperando a que el profesor se presentara o, más bien, que no lo hiciera. Fueron los minutos suficientes para que el profesor apareciera dando los buenos días junto a sus tantos sermones. Indicó leer un libro que para mi suerte era de mi agrado y había leído millones de veces: el Ruiseñor de Hans Christian Andersen.
Algunas clases pasaron rápido y otras simplemente aburrían. La hora libre se dio cuando avisaron que la profesora María no había asistido. Corrí rápidamente a la cafetería donde estaba segura de que Zev se encontraría, pero me equivoqué. Iba a regresar de vuelta a los pasillos del instituto cuando la voz suave de Matthew gritó mi nombre.
—¡Hasley! —El chico se acercó hasta mí con una sonrisa tan única que él solo sabía hacer—. Estas buscando a Zev, ¿no es así?
—Sí —murmure un poco nerviosa por su mirada.
—Está en junta, me dijo que si te veía te dijera eso. —Hizo una mueca y rio.
—Oh, gracias —sonreí.
—Te quería preguntar si querías que almorzáramos juntos… con Zev, claro, si tú quieres, porque todavía estas en clases —habló tan rápido que sus blancas mejillas tomaron un color carmesí.
Matthew Jones nervioso y sonrojándose. ¿Acaso no podía ser eso más adorable?
—Claro, te veo aquí —sonreí intentando no ponerme como él, pero sabía que era demasiado tarde.
—Bien —asintió—. Hasta luego —se despidió, alejándose para regresar con sus compañeros de equipo.
Expulsé todo el aire cuando salí de la cafetería. Después de todo, algo estaba saliendo bien con Matt sin Luke metiendo sus narices en mis asuntos con el chico.
Sentí como algo se removió en mí al tan solo recordar al rubio. Odiaba mi maldita necesidad de querer hablarle, sin embargo, mi orgullo fue aún más fuerte y grande que eso. Decidí esperar la siguiente clase que, para mi mala suerte, era historia con la profesora Kearney. La clase que compartía con Luke.
Ojalá no lo deje entrar esta ocasión.
Al final yo fui la única quien recibió la bofetada. Había llegado tarde y la profesora Kearney me leyó su maldito reglamento. ¿Por qué siempre se fijaban cuando yo llegaba tarde y no otros? ¿Por qué los maestros me detestan?
Después de escucharla me dejó pasar y mi suerte fue aún peor cuando me di cuenta de que el único asiento libre era el del lado de Luke. Quería tirarme del quinto piso, pero resultaba imposible porque solo eran cuatro. Caminé indecisa, con los nervios hasta la punta de mi lengua. Dejé caer mi mochila al suelo para sacar mi libreta para apuntar. El problema es que no tenía idea en que tema o qué estábamos haciendo y preguntarle a Luke era una opción tachada con marcador negro muy grueso, así que opté por la más sensata.
—Disculpa —susurré estirando mi brazo para tocar con mi dedo el hombro de mi compañero que se encontraba en frente de mí.
—Mmmm, ¿sí? —Él sonrió coqueto. Era Josh, el chico de piel pálida con cabello color negro azabache.
—He llegado tarde, por lo que has visto, y no sé qué están haciendo —expliqué un poco dudosa—. ¿Podrías decirme?
—Claro —afirmó y me sentí feliz hasta que continuó—: Pero, ¿qué gano yo?
—¿Disculpa? —solté anonada.
—¿Qué ganó yo si te explico todo? —Él levantó una ceja y sonrió de una manera que comprendí rápido. Abrí la boca para responder, pero alguien más lo hizo.
—Un maldito golpe en tu estúpido rostro de metrosexual si no quitas tus repugnantes ojos de encima de ella, ¿escuchaste, jodido idiota? —Luke habló entre dientes con un tono tan seco y duro.
Josh levantó las manos en forma de inocencia y se giró de nuevo para mirar hacia al frente o fingir prestar atención a la profesora. Miré lentamente a Luke sin saber qué decir o cómo reaccionar ante lo que había hecho, pero él no dijo nada al respecto. Mordí el interior de mi mejilla y fijé mi vista en mi libreta. Luke no volvió a mencionar nada y, por lo tanto, yo tampoco. La clase terminó y la profesora dejó tarea, una que no sabía de qué trataba. Empecé a recoger todas mis cosas y a guardarlas en mi mochila para pasarla, como de costumbre, por encima de mi cabeza. Sin quedarme otro segundo cerca del chico, salí del salón de clases.
Me sentía un poco incómoda por lo que había pasado. Luke llegaba a ser un poco extraño, pero agradecía que le hubiera contestado al chico; lo más probable es que yo le hubiera respondido con un patético: «eso fue grosero». En ocasiones mis buenos hábitos se revelaban cuando más necesitaba mi lado grotesco.
Era hora del almuerzo. Fui directo a mi casillero para poder guardar todas mis cosas e ir a la cafetería. Busqué con la mirada el cabello rojo o rizado de alguno de los dos chicos, hasta que los visualicé en una de las mesas de en medio. Caminé directo hacia ellos con una sonrisa.
—Hey —saludé tomando asiento.
—Hola, Hasley —Matthew me sonrió tomando una de sus papas fritas.
—¿Has oído que están planeando fiestas? —Zev preguntó—. Dicen que cada grado hará la suya.
—Y… —pronuncié para que siguiera.
—Y, bueno, somos del mismo grado, podemos hacer una —el pelirrojo siguió.
—¿Si saben que los dos son capitanes de los equipos más importantes del instituto? —inquirí—. Harán que nadie haga su fiesta y ustedes tendrán que ver por casi todo el alumnado.
—Estoy acostumbrado a eso. —El chico se encogió de hombros y estaba en lo correcto. Él ya era un amo en las fiestas, sin embargo, mi mejor amigo no.
Preferí no decir más, Matthew cada vez que me veía me guiñaba un ojo y yo me veía con la necesidad de bajar la mirada para así cubrir mi rostro sonrojado de él. Zev avisó que iría por más jugo de uva y supe que mi nerviosismo me traicionaría. Fue así hasta que el chico que estaba en frente de mí habló.
—¿Te llevas con Luke? —Su pregunta me sorprendió.
—Algo así —dije en un titubeo.
Él solo asintió, entonces era mi turno para preguntar.
—¿Lo conoces?
Rio un poco y suspiró.
—Saber de su existencia, sí; ser amigos, no —chistó un par de veces y me miró—. Pero he oído unas cosas que hablan de él, como que se droga y asiste a terapia.
—Me gustaría decir que no es verdad, pero así es. —Fruncí los labios. No entendía por qué estábamos hablando de Luke, pero era más confuso que fuese con Matt.
—Bien, dejando el tema de Luke —el chico prosiguió y comió una de sus papas fritas—. He estado pensando y me gustaría que saliéramos —dejó escapar tan fácilmente. Si hubiese estado tomando agua, creo que la habría escupido. Él se dio cuenta de cómo sonaron sus palabras y rápido se retractó—, como una cita… de amigos.
Solté una risa por lo bajo al oír la elección de sus palabras para poder definirlo. Actuaba conmigo de una forma boba y me gustaba tal cual. Si aceptaba, tendría una cita con él. Aún fuera de amigos, saldría con Matthew Jones y eso, para muchas, era un gran paso.
—Claro. —Traté de que mi voz sonara firme, ocultando la emoción calando mis huesos.
—Podríamos ir al cine y después a comer —propuso—. ¿Te apetecería?
—Sí —le sonreí cálidamente—. ¿Podría ser el sábado a las siete?
—El sábado a las siete será —confirmó, tomando por la pajilla de su jugo—. ¿Después me darías tu dirección?
Asentí. A los segundos Zev regresó y no solo con su jugo, traía otro poco de comida, así que fue inevitable robarle el hot dog recibiendo un quejido por parte de él.
Empezamos a hablar sobre algunas cosas que salieron, tema tras tema, mientras me limitaba a reír por las experiencias que Matthew contaba, pero se vio interrumpida cuando uno de sus amigos del equipo de baloncesto le avisó que su entrenador lo estaba llamando. Despidiéndose entre disculpas se marchó, dejándome con Zev, el cual solo servía en este instante para molestarme y poner mis mejillas completamente rojas. Fue poco el tiempo cuando sonó la campana indicando que cada quien regresaba a sus clases. Al final Zev me acompañó a mi clase entre trompicones y burlas en todo el camino.
??
Mis pies se movían con velocidad entre los pasillos del instituto tratando de esquivar a cualquiera que se interpusiera en mi camino. La primera hora del día era historia y no quería volver a llegar tarde para escuchar a la profesora con sus reglas que se deben respetar al pie de la letra.
Hoy mi día empezó bien cuando me di cuenta de que Luke todavía no había llegado, tomé uno de los asientos de adelante dejando caer mi mochila al suelo.
El salón empezó a llenarse y segundos después la profesora entró con Luke detrás de ella. Mordí mis labios al fijarme que su mirada estaba pérdida en algún punto no específico. La mujer acomodó todo en su escritorio y se puso en frente.
—Muy buenos días, chicos —saludó con una sonrisa—. Solicito que dejen sus trabajos en dos pilas a un lado de mi escritorio, califico y los entrego —indicó tomando un marcador de su escritorio y voltearse para escribir algo en la pizarra. La mayoría comenzó a levantarse de su lugar para dejar lo pedido por ella.
Bajé la cabeza sintiéndome culpable. Esto arruinaría mi calificación. Tal vez debí poner más empeño en tratar de entenderle a la tarea en casa, pero siendo honesta conmigo misma no me apetecía hacerla.
Sentí la mirada de alguien a mis espaldas y no tuve que voltear para saber de quién se trataba. Mi sensación me decía que era Luke. Mordí el interior de mi mejilla y saqué mi libreta para poder anotar lo que la profesora había escrito. Tarea en el salón de clases. Bien, si quería recuperar algo, tenía que hacerla lo suficiente bien para alcanzar la nota intermedia.
Minutos más tardes todos estaban haciendo la tarea o eso fingían. Se trataba de encontrar algunos puntos en el libro y anotarlos en la libreta, algo fácil de hacer, pero con mucho esfuerzo de escribir. La profesora empezó a dar los trabajos llamando a uno por uno para que fuera a buscarlo y decirle en qué fallaron o qué tan suficiente había sido.
—Hasley Weigel —la mujer me llamó con su voz suave.
Si mi estado emocional hubiese estado descontrolado, literalmente estaría en el suelo. Mi boca se abrió por sorpresa y miré en donde ella se encontraba. Por un segundo mi mente pensó que me llamaba por no haberlo entregado, pero no era así. Ella sostenía una carpeta mirándome. Yo no había entregado nada, ni pagado para que me lo hicieran. Me levanté de mi asiento un poco insegura con mi cabeza hecha un torbellino de dudas y preguntas.
—¿Sí? —pregunté en un susurro no muy segura.
—Muy buen trabajo. —La profesora me regaló una sonrisa extendiendo la carpeta hacia mí.
—Pero… yo —Quería decir que yo no había entregado nada, pero mi lado ambicioso me gritaba «no seas tonta y tómalo». Decidí hacerle caso a mi otro yo.
Asentí con la cabeza y caminé de regreso a mi lugar. Probablemente alguien que no fuera yo diría que era suerte y seguiría como si nada hubiese ocurrido pero, a diferencia de mí, me sentía como una ladrona que no ha robado. ¿Acaso eso tiene sentido?
Abrí la carpeta para poder ver el trabajo impreso, a un lado, en la pestaña de la carpeta tenía escrito con bolígrafo negro mi nombre. Aquella caligrafía tan descuidada era difícil de olvidar. Por encima de mi hombro volteé hacia el propietario de aquella letra. Luke tenía la mirada y concentración en su libreta, sin alzar la cabeza e ignorando como siempre a todos a su alrededor.
No entendía a este chico. Quería levantarme e ir directo a preguntarle qué era lo que pretendía, porque yo no entendía nada sobre sus acciones. Me dejaba de hablar por días y luego hacía una buena causa hacia mí. ¿Quién se creía?
Estaba tan confundida y creando preguntas con respuestas empleadas por mí que no me di cuenta de que la clase había terminado, hasta que vi cómo varios chicos se levantaban para dejar sus libretas en una esquina. La tarea. ¡Demonios! Dejando lo único que tenía escrito en ella, me levanté y la deposité junto a las otras.
Rápidamente busqué con la mirada a Luke, aunque ya no estaba en el salón. Corrí directo hacia la puerta en busca del chico, dando con su caballera y su ancha espalda que era cubierta por un buzo negro. Por un segundo pensé que iría a las gradas, pero me equivoqué cuando me di cuenta de que se dirigía al patio trasero; apresuré mis pasos para poder alcanzarlo, casi no había muchos alumnos por acá y podía suponer por qué venía.
—¡Luke! —grité tratando de que se detuviera. Y así fue, él detuvo su paso y dio media vuelta.
—Weigel —pronunció cuando me vio.
Que satisfacción era oír eso.
—¿Has sido tú el que ha hecho pasar su trabajo por el mío? —inquirí una vez que estuve cerca de él.
—¿Es una afirmación o pregunta? —Elevó una de sus cejas.
—Pregunta. —Soné un poco dudosa de ello.
—A veces tu estado de inteligencia me sorprende. —Y aquí íbamos con sus toques de ironía. Fruncí mis labios y él rio pasando uno de sus dedos por su labio donde yacía su piercing—. Sí, he sido yo.
—¿Por qué? —pregunté demasiado confundida y es que realmente así estaba. Él relamió sus labios y suspiro.
—Creo que me sentí culpable —confesó—. Si no le hubiese respondido al idiota de ayer te hubiera dicho lo que querías saber, pero no pude evitar quedarme callado.
—¿Acaso eso no afectará tu calificación?
—Sé cómo recuperar la nota. —Me guiñó un ojo.
Asentí no muy segura. En cierto punto, Luke me seguía preocupando y era algo que odiaba por el simple hecho de que él no quería eso y hacía que lo sacara de quicio. O ambos lo hacíamos.
—Gracias —pronuncié.
—Uh-huh —musitó sin importancia.
Se dio la vuelta y sacó del bolsillo de su pantalón un cigarro para encenderlo y comenzar a caminar lejos. Quería decirles a mis piernas que dieran la vuelta para ir a mi siguiente clase, pero ya me veía a lado de Luke con él mirándome extraño. No sabía que estaba haciendo.
—Lo siento —murmuré. Adiós dignidad y estúpido orgullo.
—¿Por? —Su voz sonó confundida y estaba claro por su entrecejo fruncido.
—Por tratar de imponer algo en tu vida —susurré un poco incómoda mirando el suelo mientras seguíamos caminando.
—Solo… déjalo ir —Sacudió su mano y rio—. Es grandioso que te preocupes por mí.
—Lo hago por todos —recalqué para darle a entender que él no era el único por quien me preocupaba.
—Una pregunta —dijo deteniéndose y con ello, también yo. Su mirada, difícil de descifrar, no era vacía, pero tampoco divertida. Tenía un pequeño toque de sentimiento con disfraz de seriedad— ¿Ellos se preocupan por ti? ¿Por qué darles importancia cuando no lo hacen?
—Mi madre me lo ha enseñado —respondí—. Es bueno ayudar a los demás, aunque ellos no lo hagan.
—Eso es algo estúpido —jadeó, abrió su boca para volver hablar pero fue interrumpido por el sonido de un celular. El suyo. Sacó del bolsillo de su buzo el pequeño aparato y observó la pantalla dando un bufido para llevárselo al oído—. Estoy en clases, ¿qué demonios quieres? —Farfullo a la persona del otro lado de la línea—. Oh, yo tengo una mejor idea, ¿por qué no mejor me pagas todo? —Su voz estaba llena de sarcasmo, él rodó los ojos y bufó—. Llevas dos meses sin pagar entrada con tus citas, todo por mí. Deja de ser un cabrón aprovechado y paga —Luke rio, tomó una calada de su cigarrillo y luego expulsar el humo—. André, ojalá tu próximo condón salga defectuoso. Aparte, hoy no trabajo.
Después de eso, colgó la llamada y devolvió su celular al bolsillo de su buzo. Lo miré y alcé una ceja.
—¿André? —pregunté un poco intrigada.
—Sí, un… —Él dejó la frase buscando una palabra para definirlo.
—¿Amigo? —pregunté intentando a completarla.
—No es mi amigo, Weigel. —Sonó burlón retirando el cigarro de sus labios para luego tirarlo al suelo y aplastarlo—. Solo es un conocido.
—Oh. —Fue lo único que dije.
El ambiente se volvió un poco incómodo y mis ganas de querer salir corriendo eran una de las principales ideas que gritaba mi subconsciente. Con Luke todo se mantenía un poco tenso, querer hablar de algo implicaba saber qué tema era conveniente tocar solo por él. Al final fue él quien terminó hablando.
—Ven —él sonrió causando que el famoso hoyuelo se marcara en su mejilla. Tomó mi mano y corrió conmigo un poco más atrás, llegamos a un árbol frondoso y alto para meternos debajo de este—. El aire aquí es fresco, me gusta la tranquilidad que hay.
Él tomó asiento en el pasto en frente del tronco, con una de sus manos indicó que me sentara. Hice caso a su petición y me senté haciendo que mi espalda se apoyara en el tronco del árbol. Luke seguía con la sonrisa en sus labios habiéndolo lucir un poco indefenso.
—Escuché algunos discos —informé mirándolo.
—¿Algunos?, ¿cuáles?
—Las últimas dos bandas —confesé, puliendo una sonrisa de oreja a oreja.
Comenzamos a hablar de cuáles me gustaron más y qué pensaba de cada canción, así como de los artistas. Luke me mencionó pequeños datos curiosos, la historia de las letras, de cómo se inspiraron los compositores, así como también el significado de los vídeos. Era grandioso verlo sonreír y escucharlo hablar con mucha emoción.
Me dijo sus estrofas favoritas y el porqué de ellas, aunque no entró muy a fondo en ciertos temas, fueron suficiente para que pudiese comprender al menos un poco de sus sentimientos, así como el estado de ánimo que cada una de ellas le transmitía.
Se acostó en el pasto mientras seguíamos hablando sobre las canciones que habían sido buenas, aunque para él todas eran asombrosamente geniales, sin defectos. Un gran fan, sin duda. Adoraba cómo hablaba con entusiasmo sobre las canciones o tarareaba el coro de alguna, su voz era linda. Intentaba dar el ritmo de alguna palmeando con sus manos. Luke podía llegar a ser entretenido y una gran persona cuando podías conocer sus gustos o lo que solía agradarle. La música era un tema demasiado bueno para poder entablar una buena conversación con él.
—¡La música es genial!
Reí al ver que chillaba de emoción como un niño pequeño. Si de algo jamás me cansaría, sería de verlo sonreír.
—Eres como un incógnito, como algo desconocido, escondes tanto que no quieres dar a conocer —murmuré.
Me di cuenta que pensé en voz alta cuando Luke se incorporó para mirarme directamente. Sentía de nuevo venir una discusión.
—Sin embargo, contigo dejo de ser tan incógnito —él habló cálidamente. Me había equivocado sobre mi pensamiento.
—A cuestas —siseé.
Él frunció el ceño como si algo le molestara.
—Realmente lo haces. —Pasó su dedo pulgar por su labio y trago saliva para crear una sonrisa sin despegar sus labios—. Mañana vienes conmigo después de clases, ¿sí?
Mi mente estaba trabajando demasiado rápido que no sabía que responder, no tenía que hacer a menos de ir a casa y esperar a que mi madre llegara muy tarde.
—Bien —accedí.
Luke sonrió y se levantó del césped tendiéndome su mano, la cual tomé y me ayudó a levantarme.
—¿Qué clase tienes a continuación? —preguntó.
—Geometría —respondí— ¿y tú?
—Deportes —gruñó causándome gracia, porque su lugar favorito eran las gradas y no le apetecía ir al campo.
Saber que ya volvía a hablar con él y no tener que evitarlo me hacía sentir bien. En estos días que no interactuamos me había dado cuenta de que el chico ya estaba siendo una pequeña parte de mi vida. Solía ser una gran persona cuando se mostraba como era en realidad y no como otras veces, con su disfraz de insípido.
Él se movía demasiado rápido en su mundo, que quemaba tratar de seguirlo.