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Boulevard » Capítulo 18

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Capítulo 18

Luke

—Daliaah será mi cita —dijo André.

—No, no lo será —contradije caminando entre los asientos de la sala—. Eres una mierda para flirtear.

Tal vez André era lo demasiado puto, o yo lo demasiado amargado para verle el trasero a las chicas. Eso lo consideraba enfermizo, pero para él aquello lo denominaba un placer estético de la vida. La jodida marihuana estaba quemando sus pocas neuronas y las estaba sustituyendo por muchas hormonas.

Y lo último era real. Él no sabía flirtear. Siempre terminaba sacando como conversación el verano de hace unos meses donde tuvo que cuidar a los perros de su vecina —los cuales— una vez vieron un gato y él tenía enredada sus correas alrededor de sus brazos y, por pura ley, los perros corrieron y consigo, arrastraron por todo el vecindario al chico.

Solo faltaba que su tema de conversación fuera algo: ¿Te gusta el porno? ¿Con historia o sin historia?

O tal vez ya lo había hecho.

No sé cómo es que siempre terminaba haciendo coito con una chica diferente cada fin de semana.

—¿Por qué no? Es linda y aparte tiene un buen cuerpo —declaró levantándose del asiento donde se encontraba.

—André, por favor —mofé.

Daliaah, una de las porristas del equipo de rugby, alguien que no combinaba con André. Absolutamente nada. André no era feo. Más bien parecía como uno de esos tipos que se miran tiernos, pero son unos hijos de puta. La señorita Martens le daba un aire a Emma Roberts, solo que con cabellera castaña. Mi querido amigo estaba interesado en ella, pero por ser una cara bonita.

—Me coqueteó aquella fiesta en la noche cuando esperaba su vaso de alcohol. Oh, vamos Luke, solo consígueme una cita con ella, no te costaría mucho —jadeó suplicante.

—Por el amor a Dios, apenas me vea saldrá corriendo, ¿crees que quiera entablar una plática con el drogadicto del instituto? —farfullé cansado y me puse de rodillas en el suelo.

—Sabes que no eres eso.

—Pero todos piensan que sí.

—¿Y eso afecta en lo que realmente eres? Tú y yo sabemos que no es así.

Preferí no decir nada, solamente vi por debajo de los asientos como él se volvió a sentar, pero esta vez en uno de los peldaños de las escaleras de la sala.

Di un suspiro largo y levanté el envoltorio de chocolate que había debajo de uno de los asientos para ponerlo en la bolsa de basura. Estúpida gente que tiende a dejar su miserable basura. ¿Por qué demonios estaba limpiando su mugre? Oh cierto, es mi castigo.

Era viernes. Y me la estaba pasando de maravilla. Claro.

Me senté sobre mis piernas y saqué dos rollos blancos de mi bolsillo, llevé uno directamente a mis labios y lo encendí, al momento que este desprendió su olor, la mirada del moreno fue directamente a mí.

—¿Qué haces? ¡Se encerrará el olor! —reprendió un poco asustado.

—Sí, bueno, yo odio este maldito lugar —rechiste y sin dudarlo lleve el joint a uno de los asientos y con la parte encendida lo hundí en él causando que se quemara y un agujero quedara plasmado ahí.

—Estás loco —André dijo y se cubrió el rostro.

—¿Quieres? —ofrecí.

—Sí. —Se quitó las manos de la cara y se levantó para coger el otro rollo. Eché una risa.

Nos quedamos en silencio mientras apreciábamos el humo salir de nuestras colillas. Después de casi cinco años de amistad habíamos hecho que el silencio se volviera parte de nuestra tranquilidad en ambos. El chico era la única persona que consideraba mi amigo. Aunque no me gustara que lo supieran.

Quería que creyeran que no tenía. Porque odio que sepan mis cosas. Creo que nos entendíamos más con solo compartir miradas, porque después de terminar de consumir todo, las preguntas y nuestros lamentos salían al aire.

—¿Ahora qué hiciste?

Honestamente creo que había querido preguntar eso desde que llegó a mi lado y vio el gran moretón en una esquina de mi labio. Esa era otra ventaja de nuestra amistad. Saber en qué momento y cuándo preguntar algo que me haría tensar. Y eso, Weigel no lo sabía todavía. ¡Demonios! ¿Por qué siempre se tenía que meter en mis pensamientos? Estúpida pelinegra, boba e ingenua.

—Ya sabes, él gritando, yo culpándome, mi mamá solo mirando, yo diciéndole lo tanto que arruinaba mi vida, él lo miserable y mal hijo que soy… Y creo que no puedo evitar meter el tema de Zach… —murmuré mirando con melancolía mis dedos de la mano.

—¿Por eso te golpeó?

—Me dice algo para que no me sienta mal, pero a la vez veo venir su golpe en alguna parte de mi cuerpo, ¿eso a que va?

—Viejo loco… —susurró y me miró—. Lo siento, sé que después de todo es tu padre.

Me encogí de hombros y fruncí mis labios.

—Fue porque descubrió que no he ido a psicología esta última semana, o creo que, porque vio un poco de marihuana en uno de mis calcetines, o porque la perra de Jane le dijo que dejé varado el cine durante dos días.

—¿Sabes si tu prima tiene novio? —preguntó frunciendo las cejas e ignorando lo demás.

—No lo sé, ¿por qué?

—La he visto con un chico últimamente, en la fiesta donde conocí a Daliaah para ser exactos —informó.

Me quedé pensando unos segundos, hasta ahora no sabía nada sobre alguna conquista —o presa como me gustaba llamarlos a mí— que ella tuviera. ¿A quién enredarás esta vez, pequeña ramera?

—Quien sea lo va a votar cuando consiga lo que quiera —dije tajante. Miré la muñeca de André que era adornada por varias pulseras de colores y a mi mente vino algo que me hizo sentir un poco emocionado—. André, ¿te hablas con tu tío el que tiene una deshuesadora de autos?

—Pues la última pelea que tuve fue cuando fumamos en su Jeep y lo multaron por encontrar un rollo debajo de su asiento que tú dejaste. —Me fulminó con la mirada y le sonreí cínico—. Pero creo que si intento dirigirle la palabra lo mínimo es que me insulte y no intente golpearme con uno de sus feos puños, ¿por qué?

—¿Crees que tenga una furgoneta?

—Tiene dos, ¿quieres una en específico?

—Una al estilo hippie.

Hippie —repitió pensativo—. Creo que hay una con dibujos de colores todos ñoños, ¿sirve?

—Demasiado.

—Te la consigo, pero quiero a cambio mi cita con Daliaah —condicionó y quise meterle un golpe. Aunque le regalé una sonrisa lobuna.

—Quiero lavada por dentro y fuera esa furgoneta, y un consejo, el naranja no es para ti. —Me levanté del suelo y tome el trapo—. Limpia los residuos del joint.

—¡Eres un cabrón! ¡Ni siquiera trabajo aquí! —gritó levantándose.

—¡Qué limpies! —Le regresé aventándole el trapo—. ¡Y quita ese asqueroso chicle que hay debajo del asiento F-7!

??

Zev picaba con el tenedor su cóctel de frutas mientras hablaba con la chica. Fumar un poco de hierba me estaba dando la fuerza para hacer lo siguiente. Zigzaguee entre las mesas de la cafetería hasta llegar a la mesa donde ellos dos se encontraban.

Era un alivio que el moretón que tenía hace unos días atrás ya no se viera, sino, tendría que escuchar a la chica con sus preguntas.

—¿Interrumpo algo? —mencioné con las manos en mis bolsillos una vez estuve en frente.

De pronto la tensión se podía sentir, el ambiente se puso incómodo, Hasley miró a Zev quien tensó la mandíbula y desvió su mirada hasta el pequeño botecillo de gelatina que tenía a un lado. Me di la satisfacción de sentarme al lado de la chica que me miraba aturdida, en mi rostro se plasmaba una sonrisa clara haciendo presencia de mi hoyuelo.

—No puedes venir así de la nada, estoy con Zev no puedo ir contigo —murmuró en un aludido solamente sonoro para nosotros dos, pero yo no tenía planeado susurrar.

—No vengo por ti, Weigel… —reí mirándola con una sonrisa lobuna y su cara se tornó de un color rojo—. Vengo por él.

Apunté con mi dedo a Zev y su rostro de vergüenza fue sustituido por uno anonadado. Ella frunció su entrecejo remarcándolo lo suficiente para darme a entender que no entendía absolutamente nada por parte de mis palabras.

—¿Qué? —Su voz y la del castaño pronunciaron al mismo tiempo sonando tan confundidos.

—Sí, necesito hablar contigo, Zev —dije con la voz demasiado tranquila y mirándolo fijamente sin rechistar.

—¿Conmigo? ¿Para qué? —El chico dejó a un lado la gelatina sin quitar su rostro de ingenuo, al igual— o inclusive peor —que el de la chica.

—¿Quieres que te lo diga en frente de ella? —Miré a la chica de arriba abajo y chisté. Su boca se abrió en forma de indignación. Zev le dedicó una mirada durante unos segundos para volver a mí. Él frunció los labios para luego poner su rostro neutro.

—¿En este instante? —preguntó. Hasley le echó una mala mirada.

—Sí —confirmé levantándome—. ¿Traes tu celular? —pregunté sacando el mío para mirar la pantalla sin busca de algo en específico.

—Creo que eso es obvio —él masculló de mala forma.

Rodeé los ojos y me di la vuelta para dirigirme atrás del edificio de la cafetería. Ya no escuché nada por parte de la chica, la cual se encontraba demasiado aturdida en esos instantes. Lo más probable que a mis espaldas le estuviera dando una mirada acusadora a Zev velozmente. Miré sobre mi hombro como el chico tomaba su mochila y venía hacia mi dirección dejándola ahí sola con el signo de interrogación plasmado en su cara.

Cuando crucé hasta la puerta trasera de la cafetería, salí sin preocupaciones. Antes de que esta se cerrara, Zev la empujó, permitiéndome mirar su cara de fastidio. Podría jurar que estaba cabreado, confundido —quizás— todos los estados emocionales, excepto los derivados del agrado y felicidad.

—Bien, ¿qué quieres? —soltó bruscamente ladeando la comisura de sus labios.

—Sé que no querrás, pero básicamente necesito tu ayuda.

—Yo me largo —dijo pasando a mi lado, pero con todo el valor lo tomé del brazo y lo regresé—. ¿Qué te ocurre…?

—El tema es sobre Weigel, así que te aconsejó que mantengas tu trasero un poco frío. —Lo miré desafiante y él a mí.

—Mira, no sé qué quieras de ella, pero si no te has dado cuenta tiene novio y ambos se quieren. —Alzó ambas cejas y dio un suspiro a lo que yo solo reí. Tal vez él esperaba que me doliera, pero creo que había visto y escuchado lo suficiente para saber que aquello era completamente falso.

—Oh, espera… ¿Tú también crees en sus palabras basuras? ¿Aquellas que de seguro uso para acercarse a ti y así llegar a Weigel?

—Sé que solo fui un pasamanos, pero Hasley es feliz y eso me alegra, conozco a Matthew para saber lo que le conviene a mi amiga, sé quién es él y quién eres tú —indicó mirándome fulminante.

—No, Zev, no sabes nada. Puedo decir con mucha seguridad que la conozco más que tú.

—Solo sé que Hasley no debería de tenerte como amigo.

Eché una risa. Lo que diría sería tan cínico, pero no era más que la verdad.

—Ella y yo somos de todo, no somos novios, pero si más que amigos. —Tal vez tenía que parar, decirle a mi subconsciente que se callara y no dijera de más, pero fue imposible porque las palabras salieron por sí solas—. He aquí es donde vas y le dices al imbécil ese que tu mejor amiga lo está engañando con el «drogadicto», porque eso hacen lo amigos, ¿no es así, Zev?

Su mirada se emanó de enojo, estaba conscientemente preparado para el golpe en mi rostro, sin embargo, nunca llegó. Zev estaba rojo de la cara como quisiera golpearme de mil maneras o, mejor aún, matarme.

—Es mejor que te calles ya, Howland, o te juro que tendrás el otro lado de tu cara con un moretón. Si las drogas no te matan, yo lo haré —amenazó tomándome del cuello de la camisa. No me intimidaba, creo que de igual manera lo conocía para saber sus puntos débiles.

Bueno, él si se había dado cuenta del hematoma casi invisible.

—¿Sabes? Creo que tienes razón, es mejor que te vayas. Hablemos cuando dejes el resentimiento por un lado —escupí entre dientes y lo empujé zafándome de su agarre.

—Eso en mí no existe —él rio. Pero de esas risas amargas, que no tienen nada de gracia, al contrario, son esas risas de odio. Si es que existían.

Y una vez más, mi subconsciente habló por mí:

—Zev, ambos sabemos que hay demasiado resentimiento en el aire, aún no superas que mi prima te haya engañado —finalicé con desdén y me di la vuelta para alejarme de allí.

??

Relamí mis labios y respiré hondo.

Traté de concentrarme en aquella falda corta con piernas largas y cabellera castaña. Esto costaría trabajo, sería difícil. Y todo por la jodida furgoneta hippie con colores ñoños.

Sobé mis sienes para luego emprender mi camino hacia la chica. Solo rezaba porque no huyera a penas me viera en frente de ella, o peor aún, caminar a su dirección. Estaba a unos cuantos pasos de ella cuando se dio la vuelta y chocó con mi pecho haciendo que diera un paso hacia atrás y me mirara cautiva. Era más linda de cerca.

—Lo siento —dijo ella disculpándose.

—No te preocupes. —Intenté sonar despreocupado. Metí mis manos a los bolsillos de mis tejanos y le sonreí—. De hecho; venía a hablar contigo, ¿se puede?

La castaña me miró con sus grandes ojos verdes y llevó los dedos de su mano por detrás de su oreja.

—¿Conmigo?

Estúpida.

—Sí, contigo. —Intenté sonreír, pero al parecer no funcionó porque supe que mi cara fue una sarcástica.

—Bien, ¿para qué? —Sonaba tan educada que me daban ganas de salir corriendo y decirle a André que no podía estar con alguien así.

Al menos algo había salido bien hasta ahora, no ha intentado huir o algo por el estilo. Una ventaja y un poco de esperanza para conseguir esa furgoneta. Aunque siendo honestos, molestaría a André para que me la diera aún no consiguiera su patética cita con esta chica que me daban ganas de ir al baño y meterme los dedos a la garganta.

—Seré directo; a un amigo le gustas y quiere que le regales una cita —solté y traté de retractarme, pero lo hecho, hecho estaba y no había un botón en la vida que dijera reversa.

Así que solo me quedé mirando su rostro aturdido que todavía intentaba analizar lo que acababa de decir y lo que ella escuchó. Permaneció así por unos largos segundos. Quería hacer rodar los ojos, pero me limite.

—¿Nos conocemos? —Fue lo único que pronunció.

—Creo que lo hicieron en una fiesta, sin embargo, no recuerdo cuál, es un chico moreno con cabello ondulo color azabache, estúpido, con aires de superficial y pésimo ligando… —Describí intentando que recordara algo. Qué gran amigo era.

—Oh, creo que sí sé de quién hablas —recordó enchinando los ojos—. Creo que su nombre era algo de… Andy… Alex…

—André —corregí.

—¡André! ¡Sí, si me acuerdo de él! Lo conocí en la fiesta de Annie —exclamó con una sonrisa en sus labios y suspiré con calma. Eso sonaba demasiado bien.

—¿Entonces? ¿Aceptas o no? —insistí, solo quería que me dijera un maldito sí y eso sería estupendo.

Vamos, acepta…

—¿Él pasaría por mí?

¡Gracias! ¡Gracias!

—Claro, solo dame tu dirección o número telefónico y le digo que se ponga en contacto contigo —propuse un poco— o tal vez muy, —emocionado.

Ella asintió y sentí como mi cuerpo se relajaba. Apoyé mi hombro contra la pared y miré hacia el pasillo por el hombro de Daliaah, jugué con el arito negro sobre mi labio y desvié mi mirada hacia la derecha cuando vi como el pequeño cuerpo de Hasley se acercaba hacia los vestidores del gimnasio, llevaba la mirada cabizbaja como si quisiera evadir todo lo del frente. O evadirme a mí.

—Espérame un momento —murmuré a la castaña.

Justamente cuando la ojiazul iba pasando por mi lado para entrar al edificio, me di la vuelta dando simplemente dos pasos y tomarla del brazo haciéndola girar.

—¿Qué quieres? —mascullo sin mirarme a los ojos.

—¿A dónde vas? —mi pregunta fue tan nula, porque sus acciones eran demasiado obvias. Ella se dignó a mirarme y con la cara en alto respondió.

—Estoy buscando a mi novio —respondió remarcando con mucho éxito las últimas palabras.

Mi semblante se puso serio y mi cuerpo se tensó causando que ejerciera más fuerza en mi agarre a su brazo. El tan solo oírla decir aquella palabra me revolvió el estómago haciéndome sentir repulsión. Es de esos momentos en que no puedes hacer que se calle porque sabes que es verdad, pero eso es lo que te jode aún más, que, a pesar de todo, sea la maldita y pura verdad.

—A tu novio —repetí con sorna.

—Sí —confirmó. Miró sobre mi hombro y después regresó hacia mí—. Ahora suéltame que te están esperando.

Y con eso, ella misma se delató. La serenidad regresó a mí, aunque no toda. Solté una risa amarga y negué unas cuantas veces. Eres tan ingenua algunas veces Weigel.

—No te muevas —sentencié apuntándola con mi dedo índice. Ella frunció el ceño al no entender nada. Me dirigí hacia Daliaah quien sostenía un papelito. Me gustaba hacerle maldad unas cuantas veces a la pelinegra, así que me divertiría una vez más. Decidí decir lo siguiente en voz alta para que escuchara—. Bien, yo te llamo para avisarte, ¿está bien este fin de semana?

—Por supuesto —accedió en una sonrisa—. Hasta luego.

No tenía pensado hacer eso, pero la chica se acercó a mí dejando un beso en mi mejilla. Lo peor —o mejor de todo— es que yo le correspondí. Daliaah giró sobre sus talones para luego alejarse de allí. Me volví de nuevo a Hasley con una sonrisa ególatra, ella desvió su mirada a otro punto del pasillo.

—Mattie no está aquí —informé burlándome.

—¿Cómo lo sabes? —atacó.

—Estaba hablando con Daliaah cuando pasó a nuestro lado yéndose con sus amigos —mentí tratando de sonar tranquilo. Todos creerían que me miraría para gritarme lo mentiroso que era o lo mucho que no me creía, pero lanzó una pregunta que no me esperaba.

—¿Quién es Daliaah? —Esta vez se dignó a mirarme. Su entrecejo estaba levemente fruncido dándole un toque gracioso a su rostro haciendo resaltar sus hermosos ojos azules. Elevé la comisura de mis labios.

—¿Celos? —pregunté llevándome mi labio inferior hacia adentro y morderlo.

—Jamás en tu vida —mintió tratando de soltar una risa, pero salió demasiado nerviosa.

Me acerqué un poco más a ella por lo cual dio un paso hacia atrás.

—Weigel… —murmuré pasando las yemas de mis dedos por detrás de su oreja haciéndola cerrar sus ojos.

Me gustaba decir su apellido. Se había vuelto un vicio. Ella se volvió indispensable para mí. Como uno de esos pequeños placeres de la vida. Aquellos que guardas y apreciabas demasiado. Sin morbo, Weigel era un placer para mí. Se ganó mi amor, y sin hacer ningún esfuerzo.

Sonreí al ver como entreabrió sus labios. Tal vez esperaba que la besara. Como esos besos culpables que solíamos darnos en ocasiones. Aunque yo no tenía planeado besarle. Quizá podría dejar que mi ADN se uniera en alguna parte de su rostro.

Me acerqué a su cara lo demasiado para poder sentir su respiración y ella la mía. Entonces cuando creyó que la iba a besar… lamí su mejilla.

Ella abrió los ojos al tope y me miró con una cara de aturdimiento, aquello se me hizo gracioso y di una carcajada.

—¡Eso ha sido asqueroso! —exclamó pasando su mano por donde mi saliva había quedado.

—Pero que juntemos nuestras babas al besarnos, ¿no? —vacilé ganando un enrojecimiento en sus mejillas.

—¡Cállate! —gritó avergonzada. Mi risa retumbaba por todo el pasillo desolado, mientras ella solo evitaba a toda costa mi mirada. Esta escena era demasiado graciosa. De pronto me miró seria—. ¿Para qué buscaste a Zev?

Sabía que no aguantaría sin preguntar o mencionar algo con respecto a eso.

—Es un asunto que prefiero tratar con él… sin terceras personas.

—¡Es mi mejor amigo, tengo derecho de saber!

—Entonces pregúntale a él —bufé volcando los ojos.

—Es lo que hice —dijo obvia.

—Entonces ríndete —acotejé. Ella me miró suplicante—. No te diré, Hasley.

—Cretinos —murmuró.

Nos quedamos en silencio. Tenía la intuición de que se daría la vuelta y se iría indignada, pero no fue así. Se mantuvo ahí mirando a un punto no en específico fingiendo que no estaba a su lado. Di un suspiro lento aún con mi mirada sobre ella.

—Weigel —la llamé después de unos segundos. Creí que me ignoraría, sin embargo, no lo hizo. Ella me miro recelosa—. ¿Estas libre este viernes?

—¿Para qué? —dijo de mala gana.

—Es una sorpresa —canturree. Me acerqué a su anatomía, esta vez, no se alejó—. Tómalo como una pequeña cita, estás en todo tu derecho de sentirte culpable, pero al menos escucharemos buena música en la radio y eso, te perdonará un pecado cuando los escuches.

Su cara se tornó a una tranquila. Sus ojos me escanearon unos segundos y se abrazó a sí misma.

—¿Valdrá la pena?

—Demasiado —asentí—. Vamos. —Tomé una de sus manos y la hice caminar.

—¿A dónde?

—Toca Kearney, y no queremos llegar tarde —dije obvio.

Los dedos de Hasley se entrelazaron con los míos y es tan irónico como pude sentir la seguridad y confianza en ella. Querría saber que pasaba por su mente en esos instantes, pero me preguntaba si podría soportarlo. Podría ser diferente a como yo lo idealizaba.

Ella tiene novio, Luke.

La di una mirada sin dejar de caminar y sus ojos encontraron los míos. Ella sonrió sin despegar sus labios.

Se la devolví, pero con el corazón en mis ojos.

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