Boulevard

Boulevard


Boulevard » Capítulo 19

Página 23 de 40

Capítulo 19

Hasley

—¡Déjame ganar! —chillé una vez más oprimiendo cualquier botón de aquel control, brincando en la cama como niña chiquita haciendo un berrinche.

—Jamás en la vida —Matthew carcajeó a un lado de mí, y volvió a ganar.

—¡Esto es un chiste! —farfullé dejando el control con cierto enojo sobre su cama.

Él volvió a reír y se puso de pie, me crucé de brazos dándole una mirada con el entrecejo fruncido. Habíamos decidido venir a su casa después de clases, se supone que veríamos películas, pero ahora nos encontrábamos jugando algunos de sus videojuegos favoritos en su habitación.

Era como la quinta vez que me ganaba y en menos de una hora, era un asco para esto, ni siquiera sabía qué botón servía para disparar, estaba un poco frustrada porque él solo sabía reír cada que me quejaba. Aunque no podía negar que me divertía un poco escucharlo reír, nuestra relación estaba yendo con mejor postura, ya no estaban muchas sus excusas, se había vuelto más cercano que antes y cada que me veía seguía coqueteando aunque fuera su novia.

Matt se inclinó un poco hacia mí, clavando sus ojos verdes a mis iris azules con detenimientos, su mirada era sarcástica y divertida, yo seguí con mi posición sin moverme, él no apartó su mirada de mí. Con su dedo índice tocó mi nariz y soltó una pequeña risa.

—Vamos, no seas tan gruñona —murmuró burlón—. Jugaremos una vez más y te dejaré ganar, pero quiero un beso.

—¿Esa es tu condición? —cuestioné arqueando una ceja.

Él frunció los labios y ladeó la cabeza como si estuviese pensando en algo sumamente importante.

—Sí —afirmó, una de sus tantas sonrisas coquetas se plasmó en su rostro.

—Eres un malvado —susurré entrecerrando los ojos.

—Uh-huh —musitó.

Acercó su rostro hasta el mío y besó mis labios, su toque era suave y lento, unas de sus manos se posicionaron sobre mi mejilla, con su pulgar dio varias caricias a esta y se separó un poco.

—Te dejaré ganar dos veces solo porque me ha encantado este beso —confesó con una pequeña sonrisa y volvió a besarme.

Mis manos se fueron hasta su cuello y profundicé el beso, él soltó un gruñido y me separé esbozando una sonrisa satisfactoria.

—Pero que no sea el mismo juego —advertí.

—Hecho —concluyó, irguiéndose de nuevo y alzar su mano. Matthew caminó hasta su consola y me miró—. ¿Cuál quieres jugar?

Me levanté de la cama y caminé hacia él, poniéndome a su lado y observando todos los videojuegos que tenía.

—Me llama la atención este —mencioné pasándoselo.

—Perfecto —sonrió.

Sacó el disco y lo intercambió con el otro, regresé de nuevo a la cama y me senté en posición de flor de loto tomando el control entre mis manos, Matt se puso a un lado mío y suspiró. Esperamos a que cargara y seleccionamos lo indicado, volvíamos a jugar y yo con mis quejas. Maldita sea la hora en que escogí este juego, me estaba desesperando y a eso al chico lo entretenía.

—Eres un asco en esto, Has —murmuró entre risas.

—Cállate —refunfuñé exaltada.

Aunque después de todo, se dejó ganar y a pesar de que yo lo sabía, me puse alegre, mirándole con superioridad y sacarle la lengua de una forma infantil.

—¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó, tirándose de espaldas a la cama.

—No sé —copié su acción—. ¿Podemos ir a comprar algo de comida?

—No es mala idea —indicó—. Después podría irte a dejarte hasta tu casa, ¿está bien?

—Por supuesto —asentí. Nos quedamos en silencio así, hasta que él se acercó hasta mí y comenzó a hacerme cosquillas—. ¡No! ¿Qué haces? ¡Detente! —Comencé a gritar y mi respiración se agito, sus dedos se movían con rapidez por todo mi cuerpo, estaba quedando sin aire—. ¡Matthew, ya!

—¡Es divertido! —carcajeó. Yo trataba de alejarlo, pero era imposible, tenía mucha fuerza y me ganaba más que le triple, después de tantas súplicas para que se detuviera, lo hizo, levantándose de encima de mi cuerpo y la cama—. Bien, vamos por comida, bebé.

—¿Bebé? —cuestioné burlona por la manera en que me había llamado.

—Sí, bebé —afirmó, mirándome con sarcasmo y diversión. Carcajeé.

Me puse de pie, acomodando mi blusa y mi cabello.

—Es chistoso el apodo.

Matthew se encogió de hombros restándole importancia, apagó todo y fue hasta el baño para salir en tan poco tiempo, tomó su celular que yacía entre las sabanas y se puso a un lado de mí, caminó hasta la puerta de su habitación y me miró.

—Son más chistosos los apodos de animales —confesó. Salí primero que él y cerró la puerta detrás—. Esos de osito, leoncito, gatito o iguanita.

—¿Iguanita? —inquirí soltando una risa—. ¿Quién le dice a su pareja iguanita?

—Lo he escuchado, créeme. —Solamente negué divertida y llegamos hasta la sala—. ¿Y tú mochila?

Miré detrás de mí y gruñí. Era cierto.

—Ugh.

—Tranquila, iré por ella. Yo la llevo.

Sin esperar alguna respuesta por parte de mí salió regresando a su habitación, solté un suspiro pesado y mordí mis labios. Apoyé todo mi peso sobre unas de mis piernas y comencé a tararear una canción, Matthew regresó con mi mochila sobre si hombro y esbozó una sonrisa.

—Okay, vamos —indicó abriendo la puerta y salir.

En el camino comenzamos a hablar de muchas cosas, desde la escuela hasta los gustos particulares de cada uno con entretenimiento, murmuraba cosas sin sentido y después explotaba entre carcajadas, ¿qué ocurría con él? Sin duda alguna me hacía reír causando que cubriera mi boca con ambas manos para después tratar de calmarme y recuperar mi ritmo de respiración normal.

—¿Qué vamos a comer? —pregunté, enrollando mis brazos alrededor de su torso.

—Mmmm, no sé, ¿pizza? ¿Quieres helado? ¿O comida china?

—Comida china —pronuncié y arrugué la nariz negando.

—¿No te gusta la comida china? —preguntó, con los ojos abiertos e incrédulo. Yo negué y dramatizó más sus acciones—. ¿Cómo no te puede gustar la comida china?

—Solo no me gusta. —Rodeé los ojos—. Mejor compremos pollo empanizado.

—La comida china es deliciosa, pero me gusta más la japonesa —indicó, aun metiendo el tema. Yo reí—. Está bien, vamos por pollo, ¿podemos comer en tu casa?

—Claro —accedí—, pero tengo que avisar a mi mamá, no sé si esté en casa.

Matt sonrió de oreja a oreja y me envolvió en un gran abrazo.

—Te quiero, Has.

—Yo también.

??

—No toques esa pieza, es mía —advirtió, apuntando una de las tantas que había.

—¡Por Dios, Matthew! —reí—. ¡Hay muchas!

—No me importa —mencionó como un niño pequeño, portando una posición mejoren el sillón—. Estás advertida, Hasley Weigel.

Volqué los ojos divertida y puse toda mi atención en la película que habíamos puesto, Matthew igual estaba con su mirada fija mientras seguía comiendo. Le había avisado a mi mamá y me dijo que no se encontraba en casa porque seguía viendo más expedientes, quería terminarlos en la oficina ya que no quería hacerlo en casa puesto que solo llegaría a dormir, me cuestionó sobre quién era y solo le respondí con alguna que otra mentira que me echó en cara, pero al final aceptó.

El chico terminó de comer la última pieza y se quejó de que había comida tanto, me levanté del sillón y recogí todo para llevarlo a la cocina con Matt siguiéndome.

—Vengo a lavarme las manos —anunció cuando le di una mirada interrogativa. Le indiqué dónde y él fue hasta ahí, después de tirar las cosas a la basura, me lavé las manos cuando terminó—. ¿Puedo cambiar la película? Me aburrió esa.

Asentí, él salió de la cocina y yo me quedé, abrí el refrigerador en busca de un poco de refresco y beber de este, regresé de nuevo a la sala para encontrarme con Matthew terminando de poner la película.

—¿Cuál has puesto?

—Una de comedia de Adam Sandler —pronunció—. Tienes demasiadas de él.

—Las tengo por Zev —informé—. Lo ama demasiado, dice que es su actor favorito —confesé, siempre que salía una de él, iba al estreno y los días que aún seguía en cartelera, así como también las compraba después.

—Genial —jadeó.

Caminó hasta mí y me atrajo a su cuerpo con unas de sus manos, juntó nuestros labios y me llevó con él hasta el sillón de nuevo, su otra mano tomó mi mejilla para profundizar el beso, se sentó y así quedar yo encima de él, su mano que se encontraba sobre mi cintura bajó hasta mi cadera y trazar pequeños círculos sobre mi piel desnuda con las yemas de sus dedos.

—Sabes a pollo —comenté divertida y un poco incómoda.

Pero no se detuvo, al contrario, sin despegar sus labios de mi piel, recorrió desde la comisura de mis labios hasta mi cuello y bajar a mi clavícula. Poco a poco me recostó sobre el sillón quedando encima de mí, sus labios se movían sobre mi piel y succionó la parte trasera de mi oreja.

—Ya empezó la película —mencioné, tratando de que se detuviera y regresáramos a nuestras posiciones.

Sabía lo que quería. Él estaba acostumbrado a eso, pero yo no estaba lista ¿quería tener sexo con Matthew? Tal vez sí, pero en un futuro, no ahora. Le quería decir que no estaba preparada para ello y que por favor comprendiera y respetara mi decisión.

Lo tomé de los hombros soltando un suspiro, armándome de valor para sacarlo de encima mío cuando unos toques en la puerta se escucharon. Jamás me había sentido tan feliz de oír aquel sonido. Él se detuvo y gruñó a cascarrabias incorporándose, se dejó caer a un lado del sillón y me miró con una ceja alzada, me encogí de hombros respondiéndole que no sabía de quién se trataba. Me levanté acomodando mi blusa y caminé hasta la entrada.

—Hey —Luke saludó a penas abrí la puerta.

Yo fruncí mi ceño confundida por su aparición, pude observas como sus ojos estaban un poco hinchados y rojos.

—¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

—¿Podemos hablar? —pidió, regalándome una sonrisa sin despegar sus labios y a la vez mirarme con pena.

Tomé una gran bocanada de aire y miré hacia la sala, donde Matthew se encontraba con sus ojos sobre mí, observándome con severo detenimiento. Mi nerviosismo comenzó a invadir mi cuerpo cuando él se paró y a pasos decididos se acercó hasta mí.

—¿Quién es? —preguntó detrás de mí.

Oh, Dios.

Los ojos de Luke se clavaron en el chico que estaba a mis espaldas y después regresó a mí. Su semblante ahora estaba serio y vacío, sentí la mano del otro chico sobre mí hombro detrás.

—Hola, Luke —saludó este, su voz sonaba sarcástica dejando en claro que la presencia del rubio le había desagradado, lo más probable por interrumpir la escena anterior.

—Jones —pronunció y se dirigió a mí—. Entonces, ¿si podemos hablar?

Abrí un poco más la puerta y me giré para poder ver a mi novio y después al chico, los ojos verdes de Matthew me miraban con dureza, dándome a entender que le dijera no a Luke. Me sentí un poco mal y presionada por ambos, si le decía que sí, mi novio se enojaría, por el contrario, Luke no se merecía esto. Sabía que él estaba mal, no podía dejarlo así.

Miré al pelirrojo un poco apenada y él enarcó una ceja, mirándome incrédulo sin poder creer lo que estaba tratando de decir.

—Matt…

—Déjalo, Hasley —masculló—. Espero y lo que te tenga que decir sea más importante. Hasta luego.

Intenté abrir la boca, pero antes de que hablara, Matthew ya se había alejado de mi casa hecho una furia por completo, esto no debió haber terminado así, aunque lo peor de todo esto es que no me sentía tan afectada o preocupada de que mi novio se hubiera enojado.

Solté un suspiro y le indiqué a Luke que entrara, cerré la puerta detrás de mí y lo miré tratando de buscar su mirada, pero él no cedió.

—¿Qué pasó?

—He olvidado algo —murmuró apretando los labios en una fina línea con la mirada perdida en sus pies.

—¿Qué cosa? —pregunté confundida, dando unos pasos hacia él.

Luke levantó su rostro ocasionando que nuestros ojos chocaran. Se quedó en silencio unos segundos y relamió sus labios.

—Que se siente ser feliz.

Ir a la siguiente página

Report Page