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Boulevard » Capítulo 27

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Capítulo 27

Hasley

Los dedos de Luke rozaban mi mano, haciendo de aquel intencional, cortando la pequeña brecha entre ellas, las entrelazó. En su otra mano llevaba un cigarrillo, dando pausadas caladas para expulsar después el humo. No me gustaba el olor, pero cuando el humo se combinaba con su perfume me resultaba de alguna forma maravillosa.

—Pareces chimenea —comenté meciendo nuestras manos.

—Y te encanta —sonrió de lado.

—Narcisista —ataqué.

—Lenta. —Se acercó hasta mí oreja y la atrapó entre sus dientes causando que diera un gélido gruñido.

—No hagas eso, me da cosquillas —reprendí, pero él no me hizo caso—. ¡Luke!

Se alejó de mí y por un instante creí que se daba por vencido, pero me equivoqué, aún con nuestras manos entrelazadas, me jaló hasta su cuerpo, con su otro brazo me abrazó enterrando mi cabeza en su pecho, sentí el frío metal de su arito hacer contacto con la piel trasera de mi oreja y dejó un pequeño beso allí. Hacía cosquillas y enviaba pequeñas sensaciones a través de todo mi cuerpo, estaba erizando mi piel, dio una pequeña risa y mordió mi lóbulo.

—Ya detente —jadee, pero él seguía sin obedecer—. Pushi…

Al instante que dije aquello, se separó de mí, me miró con el ceño fruncido y torció los labios.

—Ni se te ocurra —advirtió—. Suficiente tengo con la perra de mi prima llamando y enviándome mensajes las veinticuatro horas diciéndome así para que lo hagas tú también.

—Pushi suena a nombre de gato —confesé—. ¿Por qué te dice así?

—Es una larga historia —gruñó.

Se quedó en silencio durante unos segundos para después soltar una carcajada.

—¿Qué es divertido?

—Jane lo es —respondió—. Siendo honesto, he pasado gran parte de mi infancia junto a ella, es mi única prima y la quiero a pesar de todo —admitió alejándose de mí—. Puede ser muy cínica y dura, pero es una gran chica, quizá juega con los sentimientos de los chicos, aunque tiene sus razones, es por eso dejo que haga de su vida una mierda. Sin embargo, la defiendo de cualquier cabrón.

Antes de que pudiese pensarlo dos veces, la pregunta salió de mi boca.

—¿Es por eso que nunca le dijiste a Zev que lo engañaba?

Mierda.

Quise meterme ahí mismo una cachetada por estúpida. Luke me miró aturdido y movió sus labios de un lado a otro, pensando en mi cuestionamiento, hizo lo mismo los últimos diez segundos y habló:

—Con que ya lo sabes… vaya.

—No como yo esperaba, pero sí, lo sé.

—Pues sí, preferí no decirle a Zev porque Jane me lo suplicó. —Dio un suspiro—. Ella siempre me ha ayudado en lo que puede, por eso me vi con la obligación de callarme.

—Entiendo…

—No, no entiendes, amor.

—¿Por qué lo dices?

—Porque los sentimientos que se sienten en cada tipo de relación son diferentes, y los míos con Jane no se comparan al de nosotros. Este último es más fuerte.

Sonreí.

Luke tomó una última calada para tirar la colilla al suelo y aplastarla, seguido, palpó sus bolsillos y sacó una pequeña bolsa. Supe que era al ver el polvo blanco dentro de ella.

—Si sigues así, te matará —sentencié.

No mencionó nada, solo me regaló una curvatura de labios. Se burlaba. Le di una mirada fulminante y bufé volcando los ojos. No entendía por qué Luke quería eso. De hecho, en ocasiones, no entendía nada de lo que viniese de él. Si de algo no me equivoqué, es que la palabra incógnito lo definía demasiado bien.

—De acuerdo pero, ¿mínimo puedes evitar hacerlo en frente de mí?

Tenía razón. Podía hacerlo, pero no lo haría porque ambos sabíamos que él no querría que yo me fuese.

—Yo no te estoy reteniendo, te puedes marchar —agregó jocoso.

Luke se sentó sobre la acera de aquella calle vacía donde se podía sentir el ligero viento. Me percaté que cogió sus llaves, tomando el amuleto en forma de periquito con su cola plana para coger un poco y esnifar. La regresó a su bolsillo. Relamí mis labios y tragándome todo el orgullo me senté a su lado.

—He oído de ti últimamente por los pasillos del instituto —mencionó para romper el silencio y con un toque irónico finalizó—. Eso es nuevo.

—¿Sobre mí? —pregunté, extrañada, volteando a verlo.

—Seh —chasqueó sacando de su pantalón una cajetilla y cogió un cigarro.

Al parecer Luke consumía de todo, no le importaba en dónde y cuándo, solo lo hacía como si de un dulce se tratase.

El tabaco no me extrañaba. Ante los ojos de la sociedad eso era algo común, lo cual solía ser triste, sin embargo, el que quisiera consumir todo al mismo tiempo aun así fuese un día al mes, era mucha carga para su débil cuerpo.

—Así que le has dado un buen golpe en la cara a Matthew. —Me miró esbozando sonrisa.

—Algo así —musité apenada—. Dicen que se ve más atractivo con él.

—Quizá —confesó y fruncí la cara.

—¿Debería sentirme mal?

—No. —Me sonrió de lado—. Pero al menos ya entiendo porque tu nombre resonaba por todos los pasillos nuevamente.

—Creen que soy patética —reí sin ganas.

—¿Sabes? —Él me miró—. Deja que se reían de lo patética que creen que eres, al final de cuentas todos terminamos igual. —Dio una calada a su cigarro y dejó escapar el humo—. En un boulevard de los sueños rotos.

Nuestros ojos se quedaron fijos durante varios segundos, para después mirar hacia al frente y él volver a dar una calada, inflé mi mejilla izquierda y comencé a dar pequeños golpes a mi rodilla con la yema de mi dedo índice. Aún no entendía sobre el significado de su frase.

Luke

—¿Qué piensas hacer? —André indagó.

—Explotar tu gran trasero —respondí.

—Quiero conservar mi trasero sino te importa —dijo divertido.

—¿Tienes un encendedor? —pregunté mirándolo—. El mío se ha ido a la mierda.

—¿Para explotar mi trasero? —Arqueó una de sus pobladas cejas.

—No seas imbécil —farfullé.

Él dio una estruendosa carcajada y buscó en su bolsillo trasero de su pantalón.

—Una cita con fuegos pirotécnicos —mencionó estirando su brazo con el encendedor en sus manos, lo tomé sin quitar mis ojos de los suyos—. Eso es raro, Luke, ¿a dónde irán?

—Hablas mucho, André —reproché pasando mis manos por el rostro—. La voy a llevar a las afuera de la ciudad, sino regreso en veinticuatro horas es porque estoy en la cárcel.

—Prometo sacarte. —Alzó una de sus manos y reí negando.

—Bien, entonces me voy —avisé poniéndome la cazadora y el casco.

André alzó su pulgar sonriente y me subí a la motocicleta, le di una última mirada al chico y aceleré para dirigirme a la casa de Weigel. El aire daba directamente a mi rostro, debería ponerme el casco, pero lo detestaba, era demasiado incómodo conducir con él puesto.

Las cosas con mi padre se habían vuelto un poco menos tensas y más cómodas, los insultos en la casa cesaban, pero me seguían obligando a ir a mis citas de psicología. Blodie hacía las cosas bien, el hecho de que me gustase consumir marihuana se trataba de mí y no lo demás. Dependencia quizás. Es por eso que palabras llenas de sentimientos no harías que yo cambiase de opinión tan fácilmente.

Es difícil dejar algo cuando ya estás acostumbrado a ello.

Pensaba en que a veces las cosas dan un giro de una manera tan inesperada, que ya te encuentras en el borde de tu vida, es el momento exacto en donde te encuentras pensando en ti, pero ese no era mi caso, en el borde de la mía, me encontraba pensando en Weigel.

Esfumé todo tipo de pensamientos cuando detuve la moto en frente de la casa de la chica, me quité el caso y guardé bien la cajetilla que se asomaba en la parte superior de mi bolsillo comenzando a caminar hasta la puerta, con mis nudillos di unos cuantos golpes suaves, la puerta se abrió revelando a una mujer con los mismos ojos de la chica, ella me sonrió.

—Señora Bonnie —pronuncié con la comisura de mis labios un poco elevados.

—Buenas noches, Luke —asintió—. Hasley está arriba, ahora baja, ¿vas a pasar?

—No, gracias —negué tratando de no sonar tan grosero.

—Vaya… —La mujer iba a hablar cuando la voz de su hija sonó a sus espaldas.

—Ya estoy lista —avisó.

La pelinegra salió cuando su madre se abrió paso, solo aportaba consigo unos tejanos junto a un suéter gris, era tan sencilla, ante mis ojos era la chica más linda, y no sabía por qué la veía de tal modo, o tal vez sí, amaba todo de ella. Amaba a Hasley.

—Espero y se cuiden —Bonnie sentenció y asentí.

—Estará bien —afirmé y la mujer me miro, sostuvo mi mirada por un largo tiempo para después sonreír, ella giró sobre su mismo eje y se adentró a la casa, sin antes, despedirse cariñosamente de su hija.

Hice contacto visual ahora con Hasley y tomé de su mano para caminar hasta la moto, me subí primero poniéndome el caso para después ella hacerlo, sus manos se entrelazaron delante de mi abdomen, así los dos obteniendo seguridad por parte del otro. Al acelerar, sentí como apoyaba su mejilla sobre mi espalda, a causa de eso, mis ojos se cerraron, dando un suspiro los volví a abrir, sonreí, aunque ella no pudiese verme y comencé mi recorrido.

El camino tardo unos veinte minutos. Era el mismo lugar en donde la había traído aquella noche en la furgoneta, en donde le había confesado lo enamorado que estaba. Bajamos y empecé a buscar la bolsa entre los arbustos hasta que di con ella, hurgué dentro para sacar algunas cosas, sentía la mirada de la chica sobre mis acciones. Al tener todo en el suelo, su voz se hizo presente.

—¿Esos son…?

—Sí —afirmé antes de que pudiese completar su pregunta—. Habías dicho que nunca has encendido fuegos pirotécnicos, así que esta noche, será tu primera vez.

Levanté uno y se lo extendí, su mirada estaba llena de entusiasmo, lo tomó de entre mis manos y lo examinó unos cuantos segundos, me acerqué a ella en una sola zancada.

—Bien, hay que meter esta parte en el pasto —señalé la parte inferior—, para que la parte superior apunte al cielo, y ya solo se enciende el mechón.

—¿Cuántos has traído?

—Menos de diez, ¿quieres encenderlos todos o uno por uno? —pregunté levantando unos cuantos más del suelo.

—Primero la mitad —indicó.

—Me parece perfecto. —Esbocé una sonrisa—. Son ocho, comienza a posicionarlos en una fila.

Obedeciendo lo hizo, reí al ver lo tan infantil que se veía, blanqueé los ojos empezando a ayudarla. Al terminar, le indiqué que se alejara un poco, saqué de mi bolsillo el encendedor de André y encendí cada uno.

Me levanté rápidamente y me puse detrás de Hasley, bastó tan solo unos segundos para que estos comenzaran a dispararse hacia el cielo, eran de colores diferentes, azul, rojo, amarillo y rosado.

—Otra vez, otra vez —rogó una vez que estos terminaron de esparcirse—. Pero esta vez yo quiero encenderlos.

—¿Segura? —Alcé una de mis cejas y, ahora, ella asintió—. Bien.

Repitiendo todo el proceso le pasé el encendedor, me aseguré de que lo hiciese con cuidado, cuando terminó con todos, la tomé de los hombros y la llevé a unos cinco metros lejos, los fuegos volvieron a explotar, creando un contrastante entre ellos.

—¡Esto es hermoso! —chilló riendo.

Dejé de prestar atención al cielo y me concentré en mirar a la pelinegra con una sonrisa siendo plasmada en mi rostro. Me sentía malditamente feliz. La risa de Hasley era uno de mis sonidos favoritos, la manera en que sus ojos se achicaban, sus pómulos se abultaban y sus labios se movían eran una de las tantas cosas que me gustaba y amaba de ella.

¿Cómo una persona puede llegar a ser tu fuente de felicidad?

No tenía una respuesta clara, pero sabía que era de alguna forma tan incomprensible, solo constaba en que esa persona fuese feliz para que tu igual, que ella sonriese para que tú tuvieses una razón de hacerlo también.

Sus ojos veían fijamente las luces de fuego que se esparcían por el cielo, creando pequeñas semejanzas de constelaciones, su mirada era entretenida, el iris de sus pupilas y alrededor creaba un hermoso arco iris, desprendían mucho brillo. Era la iridiscencia más hermosa que hubiese visto y, lo más único, es que estaban claramente en sus ojos, luciendo aún más lindo de lo que ya eran y haciéndola a ella perfecta.

Di un suspiro y la rodeé con mis brazos por detrás, ella hecho su cabeza sobre mi pecho y puse mi barbilla sobre esta misma.

—Gracias. —Pude escuchar que susurró.

—De nada —murmuré. Bajé la cabeza hasta su oído y volví a hablar—. Aunque creo que soy yo quien debe darte las gracias.

—¿Porqué?

—Por darme esperanzas, porque cuando estoy contigo me siento malditamente completo —confesé—. Porque esta noche soy demasiado feliz, y tú eres la razón de que me sienta así. Te amo tanto, Hasley Diane Derrick Weigel.

Besé detrás de su oreja.

Ella volteó a verme, su mirada era cautelosa, queriendo saber más de mi frase, y esto era por lo que odiaba la noche, me hacía decir cosas que no haría en las mañanas, pero se trataba de la chica que tanto amaba, ¿qué podría perder?

Y a pesar de que fuera muy malo amando, tuviese tantos defectos que hasta yo mismo me aterraba, aun sabiendo que estaba un poco roto, que era la delgada línea entre lo malo y echado a perder, tuviera una mala relación con mis padres, aún no tuviese un futuro asegurado, pero sobre todo que yo fuese todo lo opuesto al chico perfecto, ella susurró esas perfectas palabras, esas tan cortas y pequeñas, pero que te hacían sentir más vivo que nunca.

—Yo igual te amo, Luke Howland Murphy —Acarició desde el cabello que se ocultaba detrás de mi oreja hasta llegar a mi barbilla—. Que, si esto fuera un pecado, no me importaría, podríamos hacer del infierno un buen lugar, juntos.

Me miró tan penetrante, y solo fue unos segundos para que se acercase a mí tomando de mis hombros, y sus labios tocaran los míos.

Oír aquellas palabras ser pronunciadas por parte de ella me hizo tener todas mis esperanzas completas, tener motivos para seguir y terminar con toda esta mierda, sentía como mi presión volvía a ser la misma, y mi corazón se aceleraba. Jamás pensé que algún día me sentiría así, y aunque en momentos inoportunos no había sentido bien, honestamente hoy sí. Oh maldita sea, vaya que se sentía muy bien.

Muchos decían que era horrible, quizá hacerle caso al pesimista que dice que el amor es una gran mierda era una solución para huir de las decepciones al corazón, pero no. Hasley me hacía ser tan optimista, que ahora estoy aquí con ella, y no sé a dónde diablos ir, pero siempre dependía de quien se tratase, cómo fuera la relación y se sostuviese.

Me alejé de ella unos centímetros y con una vacía expresión junté nuestras frentes, respiré hondo y cerré los ojos.

—Weigel, somos tan perfectamente imperfectos —musité cálido.

Duramos unos cuantos minutos así, en un completo silencio, solo oyendo nuestras propias respiraciones, el aire colisionando contra nuestra anatomía. Solo los dos. Era hora de irnos. Sin decir nada, la tomé de la mano entrelazando nuestros dedos.

Me dirigí con ella a la moto, antes de colocarse el casco, Weigel se volteó, sus celestes ojos me miraron con sumo detenimiento, mi semblante estaba serio, no mostraba ni un gesto que no fuera el mismo vacío, la tomé de la cintura, y el pequeño espacio que había entre nosotros proporcionando un poco de aire fue cortado cuando me acerqué a sus labios nuevamente. Ella dio un paso hacia atrás chocando con la moto, sin detener el beso, la chica se sentó sobre esta, con mi rodilla abrí sus piernas para poder tener una mejor posición.

Delineé con la punta de mi lengua sus labios, aunque ella tomó mi piercing entre sus dientes, ganando un gruñido de frustración por mi parte, profundicé más el beso, ladeé la cabeza para tener más acceso a su boca. Subí con mis dedos su suéter haciendo contacto con su tibia piel, se puso tensa al sentir mis fríos dedos, acaricié con estos su cintura, llevé más mi toque hasta su espalda, sintiendo su columna y llegar a la parte más alta, ella gimió entre nuestros labios y, de igual manera, yo también.

Mierda, me tenía que detener.

Mordí su labio y, antes de separarme, gruñí. Retiré mi mano de su cuerpo y la observé, su rostro estaba completamente rojo, quizá de vergüenza o pena, en cambio, yo estaba caliente. Joder. Mis hormonas ya se habían alterado con tan solo un simple beso y toque.

—Perdón si te hice sentir incomoda —susurré, aunque de pronto, ella comenzó a reír y la miré confundido—. ¿Qué ocurre contigo?

—Todo está bien, Luke —pronunció.

—No, no lo está. Es obvio que tendremos sexo, pero no aquí, ¡hay tierra! —dramaticé y ella soltó una carcajada.

—¡No! —chilló y cubrió su rostro con ambas manos—. ¡Eres un idiota, Howland!

—¿Me estás negando el sexo? —Abrí la boca y fingí estar indignado—. Mi vida sexual ha estado inactiva durante un largo tiempo.

—Eres un cínico, Luke —reprendió avergonzada.

Me incliné para rozar nuestras narices, antes de volver a mi posición, dejé un beso en su frente.

—Un cínico al que amas —musité parcial.

—Uno que no ha tenido sexo durante un largo tiempo —dijo de igual manera acompañada con un timbre de diversión.

—Cállate —dije juguetón y la volví a besar.

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